martes, 21 de abril de 2015

PAPA FRANCISCO: “Jesús es el rostro de la misericordia del Padre”

“Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra, que se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret.

El Padre, «rico en misericordia», después de haber revelado su nombre a Moisés como «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad», no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina.

En la «plenitud del tiempo», cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre. Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios” (núm. 1).

Francisco, obispo de Roma, siervo de los siervos de Dios, a cuantos lean esta carta: gracia, misericordia y paz.


(De la Bula “Misericordiae Vultus” -El rostro de la misericordia-, mediante la que el Papa convocó el Jubileo de la Misericordia el pasado 11 de abril).

SANTORAL (audios): San Anselmo (21 de abril)




San Anselmo fue un gran devoto de la Virgen María y decía que no hay criatura tan sublime y tan perfecta como Ella y que en santidad sólo la supera Dios. Sus últimas palabras antes de morir fueron estas: "Allí donde están los verdaderos goces celestiales, allí deben estar siempre los deseos de nuestro corazón".

lunes, 20 de abril de 2015

ENTREVISTAS: “El papa Francisco es jesuita en su espiritualidad, siente y piensa como jesuita”

Entrevista sobre el libro “Soy Jesuita, soy hijo de la Iglesia”, realizada al Pbro. José Antonio Medina Pellegrini por Manuel Muñoz en el programa “Horizonte”, de la Conferencia Episcopal Española en la emisión del Domingo 19 de abril de 2015.
Este programa se emite por Radio Exterior de España a las 01:30 horas española de la madrugada del sábado al domingo, por onda corta, para todo el mundo. Sus directores son Jesús de las Heras y Manuel Muñoz.

En la promo de esta emisión indicaban que: Nos acercamos a la figura del papa Francisco, conducidos por el sacerdote periodista argentino José Antonio Medina Pellegrini, que ha escrito un libro sobre las claves eclesiológicas del Papa Francisco.



domingo, 19 de abril de 2015

EVANGELIO DOMINICAL: Nosotros hoy somos los testigos de la resurrección de Cristo, el Señor

3º Domingo de Pascua
Ciclo B
Evangelio: Lucas 24,35-48

En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?». Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos.

Después les dijo: «Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’». Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas».

Palabra del Señor.


Las lecturas de este domingo [Hechos de los Apóstoles 3, 13-15.17-19), Salmo 5 (4), 1ª Carta de Juan 2, 1-5a; Evangelio según san Lucas 24, 35-48] nos invitan a meditar sobre el mensaje central de nuestra fe: Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, Dios hecho hombre, está vivo después de su muerte en la cruz y se hace presente en medio de nosotros, iluminándonos para que comprendamos su obra salvadora y animándonos a dar testimonio de ella. Meditemos especialmente en el Evangelio y apliquémoslo a nuestra existencia cotidiana, teniendo en cuenta también los otros textos bíblicos de hoy.

1. “Contaron lo que les había pasado y cómo lo habían reconocido al partir el pan”

Los sujetos de esta frase son los dos discípulos a quienes Jesucristo resucitado les había salido al encuentro cuando caminaban hacia la aldea de Emaús, uno llamado Cleofás y el otro seguramente Lucas, autor del relato (Lc 24, 13-34). Ellos, que no habían formado parte del grupo de los doce “apóstoles” pero eran también seguidores de Jesús, reconocieron su presencia precisamente en el gesto de partir el pan, el mismo que su Maestro había dicho en la cena pascual, la víspera de su muerte, que fuera repetido en memoria suya. Fueron de prisa a contar a los apóstoles y demás discípulos y discípulas que estaban en Jerusalén la experiencia pascual que habían tenido, y se encontraron con que también en esta primera comunidad, en la que se destaca a Simón Pedro, existía ya la certeza de la resurrección  de Cristo.     

El término bíblico “fracción del pan” denomina lo que nosotros llamamos la Eucaristía o la Misa. Cada vez que se repite en el momento de la consagración del pan y del vino aquello que Jesús dijo a sus primeros discípulos que hicieran en memoria suya, no sólo recordamos lo que Él mismo realizó, sino que se actualiza para nosotros su misterio pascual, es decir, su único sacrificio redentor y su paso de la muerte a la vida, una vida nueva que se hace presente en medio de nosotros y que en la comunión nos alimenta espiritualmente para que podamos continuar el camino de nuestra vida renovados y plenos de esperanza, aun en medio de las dificultades de nuestra existencia cotidiana.

2. “Les abrió el entendimiento para comprender las escrituras”

Los dos discípulos que se dirigían a Emaús habían sido ilustrados por el propio Jesús resucitado para comprender el sentido de las profecías que en el Antiguo Testamento se referían al Mesías prometido. Ahora reciben una ilustración similar todos los miembros de aquella primera comunidad conformada por sus discípulos y discípulas. ¿En qué radica dicho sentido? En que el Mesías tenía qué padecer, como lo recalca el Evangelio y lo dice así mismo Pedro en su discurso evocado por la primera lectura de hoy, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles que escribió el mismo evangelista.

Justamente en ello consiste el misterio pascual de Jesucristo: en su paso por la pasión y la muerte de cruz para resucitar a una vida nueva y gloriosa. No buscando el sufrimiento por sí mismo, sino asumiéndolo como la consecuencia de haberse entregado plenamente al servicio del Reino de Dios Padre, un reino de justicia, de amor y de paz en beneficio de toda la humanidad, empezando por los excluidos, los rechazados, los marginados. Su cruz fue así el testimonio de la solidaridad completa de Dios hecho hombre con todos los que sufren como víctimas de la injusticia y de la violencia, para abrirnos a todos, si nos identificamos con Él y nos solidarizamos también con ellos, a la esperanza activa en un porvenir de gozo y de vida eterna.     

3. “Ustedes deben dar testimonio de estas cosas”

Cuando Jesús resucitado pronuncia estas palabras, les está dando a sus primeros discípulos la misión de proclamar su resurrección no sólo de palabra, sino también y ante todo en los hechos. “En esto reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: en que se aman los unos a los otros”, les había dicho Jesús en la última cena al instituir la Eucaristía, como nos lo cuenta el cuarto Evangelio, procedente de la predicación del apóstol San Juan, a la cual corresponde también la segunda lectura de este domingo, tomada de la Carta que lleva su nombre y en la cual leemos: “quien dice ‘yo le conozco’ y no obedece sus mandamientos, es un mentiroso, y no hay verdad en él; en cambio, si uno obedece su palabra, en él se ha perfeccionado verdaderamente el amor de Dios”.

“Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección…”, decimos en la Misa inmediatamente después de la consagración del pan y del vino. Pues bien, este anuncio y esta proclamación del misterio pascual de Cristo tenemos que manifestarlo con el testimonio de nuestra vida, cumpliendo los mandamientos del Señor que se compendian todos en el amor a Él sobre todas las cosas y a nuestros prójimos como Él nos ha mostrado que nos ama, y realizando así lo que celebramos en la Eucaristía, tal como lo hicieron quienes formaron aquella primera comunidad cristiana y fueron auténticos testigos de Jesús resucitado.

Conclusión

Pidámosle pues al Señor que nos abra el entendimiento comunicándonos su Espíritu Santo, para que no sólo comprendamos el mensaje que nos transmiten los textos bíblicos, sino que también lo vivamos y lo proclamemos de tal modo que, como dice el verso del Salmo, brille sobre nosotros el resplandor de su rostro y demos un testimonio claro y luminoso de su resurrección.

Que María santísima, la madre de Jesús, la madre de Dios hecho hombre, a quien la Iglesia le dedica especialmente el mes de mayo que pronto comenzaremos, y que formó parte de aquella primera comunidad de creyentes en Jesucristo resucitado, nos alcance de su Hijo la gracia de ser verdaderos testigos de su mensaje pascual. Y que también san José, a quien invocamos el primer día de mayo como modelo de trabajador y patrono del trabajo, interceda asimismo por nosotros para que, siendo solidarios efectivamente con quienes esperan la realización de sus derechos humanos muchas veces negados en el ámbito laboral, demos un testimonio creíble del Reino de Dios proclamado por nuestro Señor Jesucristo, vivo y presente en medio de nosotros.

Gabriel Jaime Pérez, S.J.

EVANGELIO DOMINICAL (audios): 3º Domingo de Pascua – Ciclo B

“Aparición a los once” (Lc 24, 36-49) 

viernes, 17 de abril de 2015

CATEQUESIS DEL PAPA: “¿La teoría de género no será fruto de una frustración por no saber confrontar la diferencia sexual?”



Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 15 de abril de 2015 en la Plaza de San Pedro.


Catequesis sobre sobre la Familia


«¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días! La catequesis de hoy está dedicado a un tema central: el gran don que Dios dio a la humanidad con la creación del hombre y de la mujer y con el sacramento del matrimonio. Esta catequesis y la próxima se refieren a la diferencia y a la complementariedad entre el hombre y la mujer, que están en la cumbre de la creación divina; los próximas dos serán sobre el tema del matrimonio.

Iniciamos con un breve comentario a la primera narración sobre la creación, en el libro del Génesis. Aquí leemos que Dios, después de haber creado el universo y a todos los seres vivientes, creó su obra maestra, o sea el ser humano, que hizo a su propia imagen: “A imagen de Dios los creó: varón y mujer los creó”. (Gen 1,27). Así dice el libro del Génesis.

Como todos sabemos, la diferencia sexual está presente en tantas formas de vida, en la amplia escala de los vivientes. Aunque solamente en el hombre y la mujer esta lleva en sí la imagen y semejanza de Dios: ¡el texto bíblico lo repite nada menos que tres veces en dos estrofas (26-27)!

El hombre y la mujer son creados a imagen y semejanza de Dios. Esto nos dice que no solamente el hombre en sí es a imagen de Dios, no solamente la mujer tomada en sí es a imagen de Dios, pero también el hombre y la mujer como pareja, lo son a imagen y semejanza de Dios. La diferencia entre hombre y mujer no es contraposición, o la subordinación, pero para la comunión y la generación, siempre a imagen y semejanza de Dios.

La experiencia nos enseña: para conocerse bien y crecer armónicamente el ser humano tiene necesidad de la reciprocidad entre hombre y mujer. Cuando esto no sucede, se ven las consecuencias. Estamos hechos para escucharnos y ayudarnos mutuamente. Podemos decir que sin en enriquecimiento recíproco en esta relación -en el pensamiento y en la acción, en los afectos y en el trabajo, y también en la fe- los dos no pueden ni siquiera entender hasta el fondo qué significa ser hombre y mujer.

La cultura moderna y contemporánea ha abierto nuevos espacios, nuevas libertados y nuevas profundidades para enriquecer la comprensión de esta diferencia. Pero ha introducido también muchas dudas y mucho escepticismo.

Por ejemplo me pregunto si la así llamada teoría de género no sea también expresión de una frustración y de una resignación, que tiene en vista borrar la diferencia sexual porque no sabe más confrontarse con ella. Sí, corremos el riesgo de hacer un paso hacia atrás. La remoción de la diferencia de hecho, es el problema, no la solución. Para resolver su problema de relaciones, el hombre y la mujer tienen en cambio que hablarse más, escucharse más, conocerse más, quererse más. Tiene que tratarse con respeto y cooperar con amistad. Con estas bases humanas, sostenidas por la gracia de Dios, es posible proyectar la unión matrimonial y familiar para toda la vida.

La relación matrimonial y familiar es una cosa seria, y lo es para todos, no solamente para los creyentes. Querría exhortar a los intelectuales a no disertar sobre el tema, como si fuera secundario para el empeño en favor de una sociedad más libre y más justa.

Dios ha confiado a la tierra la alianza del hombre y de la mujer: su fracaso vuelve árido el mundo de los afectos y oscurece el cielo de la esperanza. Los señales son ya preocupantes y los vemos. Querría indicar, entre muchos, dos puntos que creo deban empeñarnos con más urgencia.

El primero. Es indudable que debemos hacer mucho más a favor de la mujer, si queremos dar más fuerza a la reciprocidad entre hombres y mujeres. Es necesario de hecho, que la mujer no solamente sea más escuchada, sino que su voz tenga un peso real, un prestigio reconocido en la sociedad y en la iglesia.

El modo mismo con el cual Jesús ha considerado a las mujeres -el evangelio lo indica así- era un contexto menos favorable del nuestro, porque en esos tiempos la mujer era puesta en segundo lugar. Pero Jesús la considera de una manera que da una luz potente que ilumina un camino que lleva lejos, del cual hemos recorrido solamente un tramo. Aún no hemos entendido en profundidad cuales son las cosas que nos puede dar el genio femenino de la mujer en la sociedad. Tal vez haya que ver las cosas con otros ojos para que se complemente el pensamiento de los hombres. Es un camino que es necesario recorrer con más creatividad y más audacia.

Una segunda reflexión se refiere al tema del hombre y de la mujer creados a imagen y semejanza de Dios. Me pregunto si la crisis de confianza colectiva en Dios, que nos hace tanto mal, y nos hace enfermar volviéndonos resignados delante de la incredulidad y del cinismo, no esté conectada a la crisis de alianza entre el hombre y la mujer. De hecho la narración bíblica con el gran cuadro simbólico sobre el paraíso terrenal y el pecado original, nos dice justamente que la comunión con Dios se refleja en la comunión de la pareja humana y que la pérdida de la confianza en el Padre celeste genera división y conflicto entre el hombre y la mujer.

De aquí se ve la gran responsabilidad de la Iglesia y de todos los creyentes, y sobre todo de las familias creyentes, para descubrir la belleza del plan creador que pone la imagen de Dios, también en la alianza entre el hombre y la mujer. La tierra se llena de armonía y de confianza cuando la alianza ente el hombre y la mujer se vive en el bien. Y si el hombre y la mujer la buscan juntos entre ellos y con Dios, sin dudas la encuentran. Jesús nos anima explícitamente al testimonio de esta belleza, que es la imagen de Dios. Gracias».

martes, 14 de abril de 2015

PAPA FRANCISCO: Síntesis de la Bula ''Misericordiae Vultus'' con la cual se convoca el Jubileo Extraordinario de la Misericordia

Ciudad del Vaticano, 12 de abril 2015 (Vis).– Ofrecemos a continuación una síntesis de la Bula ''Misericordiae Vultus'' con la que el Papa ha convocado el Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

La Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia titulada ''Misericordiae vultus se compone de 25 números. El Papa Francisco describe los rasgos más sobresalientes de la misericordia situando el tema, ante todo, bajo la luz del rostro de Cristo. La misericordia no es una palabra abstracta, sino un rostro para reconocer, contemplar y servir. La Bula se desarrolla en clave trinitaria (números 6-9.) y se extiende en la descripción de la Iglesia como un signo creíble de la misericordia: "La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia" (n. 10).

El Papa Francisco indica las etapas principales del Jubileo. La apertura coincide con el quincuagéismo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II:'' La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo este evento. Para ella iniciaba un nuevo periodo de su historia. Los Padres reunidos en el Concilio habían percibido intensamente, como un verdadero soplo del Espíritu, la exigencia de hablar de Dios a los hombres de su tiempo en un modo más comprensible. Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo''.(n. 4). La conclusión tendrá lugar "en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de 2016. En ese día, cerrando la Puerta Santa, tendremos ante todo sentimientos de gratitud y de reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo extraordinario de gracia. Encomendaremos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos a la Señoría de Cristo, esperando que difunda su misericordia como el rocío de la mañana para una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el próximo futuro. "(n. 5) .

Una peculiaridad de este Año Santo es que se celebra no sólo en Roma, sino también en todas las demás diócesis del mundo. La Puerta Santa será abierta por el Papa en San Pedro el 8 de diciembre y el domingo siguiente en todas las iglesias del mundo. Otra de las novedades es que el Papa da la posibilidad de abrir la Puerta Santa también en los santuarios, meta de muchos peregrinos.

El Papa Francisco, recupera la enseñanza de San Juan XXIII, que hablaba de la "medicina de la Misericordia" y de Pablo VI que identificó la espiritualidad del Vaticano II con la del samaritano. La Bula también explica algunos aspectos sobresalientes del Jubileo: primero el lema "Misericordiosos como el Padre", a continuación el sentido de la peregrinación y sobre todo la necesidad del perdón. El tema particular que interesa al Papa se encuentra en el n. 15: las obras de misericordia espirituales y corporales deben redescubrirse "para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina.". Otra indicación atañe a la Cuaresma con el envío de los "Misioneros de la Misericordia" (n. 18). Nueva y original iniciativa con la que el Papa quiere resaltar de forma aún más concreta su cuidado pastoral. El Papa trata en los nn. 20-21 el tema de la relación entre la justicia y la misericordia, demostrando que no se detiene en una visión legalista, sino que apunta a un camino que desemboca en el amor misericordioso.

El n. 19 es un firme llamamiento contra la violencia organizada y contra las personas ''promotoras o cómplices'' de la corrupción. Son palabras muy fuertes con las que el Papa denuncia esta "llaga putrefacta" e insiste para que en este Año Santo haya una verdadera conversión: "¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón. Delante a tantos crímenes cometidos, escuchad el llanto de todas las personas depredadas por vosotros de la vida, de la familia, de los afectos y de la dignidad. Seguir como estáis es sólo fuente de arrogancia, de ilusión y de tristeza. La verdadera vida es algo bien distinto de lo que ahora pensáis. El Papa os tiende la mano. Está dispuesto a escucharos. Basta solamente que acojáis la llamada a la conversión y os sometáis a la justicia mientras la Iglesia os ofrece misericordia."(n. 19).

La referencia a la Indulgencia como tema tradicional del Jubileo se expresa en el n. 22. Un último aspecto original es el de la misericordia como tema común a Judios y Musulmanes: "Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocerlas y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación. "(n. 23).

El deseo del Papa es que este Año, vivido también en la compartición de la misericordia de Dios, pueda convertirse en una oportunidad para "vivir en la vida de cada día la misericordia que desde siempre el Padre dispensa hacia nosotros. En este Jubileo dejémonos sorprender por Dios. Él nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida.. (…) En este Año Jubilar la Iglesia se convierta en el eco de la Palabra de Dios que resuena fuerte y decidida como palabra y gesto de perdón, de soporte, de ayuda, de amor. Nunca se canse de ofrecer misericordia y sea siempre paciente en el confortar y perdonar. La Iglesia se haga voz de cada hombre y mujer y repita con confianza y sin descanso: '' Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor; que son eternos''.

Lea el texto completo de la Bula en:

lunes, 13 de abril de 2015

PASCUA: “Contemplemos en las llagas del Resucitado la Divina Misericordia”

El papa Francisco rezó este domingo la oración del Regina Coeli, ante una plaza de San Pedro repleta de peregrinos. A continuación, el texto completo.

"Hoy es el octavo día después de la Pascua, y el evangelio de Juan nos documenta las dos apariciones de Jesús resucitado a los apóstoles reunidos en el cenáculo: en aquella tarde de Pascua estaba ausente Tomás, y en la aquella después de ocho días en cambio estaba presente Tomás.

La primera vez, el señor mostró las heridas en su cuerpo a los discípulos, hizo el signo de soplar sobre ellos y dijo: “El padre me ha mandado, también yo les envío”. Transmite a ellos su misma misión con la fuerza del Espíritu Santo.

Pero aquella tarde faltaba Tomás, el cual no quiso creer al testimonio de los otros. “Si no veo y no toco sus llagas -dijo- no creo. Ocho días después, o sea justamente como hoy, Jesús vuelve a presentarse en medio a los suyos y se dirige enseguida a Tomás, invitándolo tocar las heridas de sus manos y de su costado.

Viene al encuentro de su incredulidad para que a través los signos de la pasión pueda alcanzar la plenitud de la fe Pascual o sea la resurrección de Jesús.

Tomás es uno que no contenta y busca, quiere, verificar personalmente, cumplir una propia experiencia personal. Después de las resistencias iniciales e inquietudes, al final llega cree, aunque avanzando con dificultad. Pero llega a la fe.

Jesús lo espera pacientemente y se acerca a las dificultades y a las inseguridades del último que ha llegado. El señor proclama 'beatos' a aquellos que creen sin ver, y la primera es Santa María su madre, pero viene también al encuentro de la exigencia del discípulo incrédulo: “Pon aquí tu dedo, mira mis manos”.

Al contacto salvador con las llagas del Resucitado, Tomás manifiesta sus propias heridas, las propias llagas, las propias laceraciones, la propia humillación, en la herida de los clavos encuentra la prueba decisiva de que era amado, esperado y entendido.

Se encuentra delante de un Mesías lleno de dulzura, de misericordia, de ternura. Era este el Señor que buscaba, en las profundidades secretaras del propio ser, porque siempre había sabido que era así. Y por ello busquemos en lo profundo de nuestro corazón, para encontrar a Jesús. Porque es dulce, misericordioso y tierno. Sabemos que es así.

Encontrado el contacto personal con la amabilidad y la misericordiosa paciencia de Cristo, Tomás entiende el significado profundo de su Resurrección e, íntimamente transformado, declara su fe plena y total en Él exclamando: “Mi Señor y mi Dios”. ¡Esta expresión de Tomás es hermosa!

Él pudo tocar el misterio pascual que manifiesta plenamente el amor salvador de Dios, rico de misericordia. Y com Tomás también todos nosotros: en este segundo domingo de pascua estamos invitados a contemplar en las llagas del Resucitado la Divina Misericordia, que supera todo límite humano y resplandece en la oscuridad del pecado.

Un tiempo intenso y prolongado para acoger las inmensas riquezas del amor misericordioso de Dios será el próximo Jubileo Extraordinario de la Misericordia, cuya bula de convocación he promulgado ayer por la tarde, aquí en la basílica de San Pedro.

Esta bula inicia con las palabras: 'Misericordiae Vultus', el Rostro de la Misericordia es Jesucristo. Tengamos la mirada puesta en Él.

Tengamos la mirada puesta en Él, que siempre nos busca, nos espera, nos perdona; es tan misericordioso, no se asusta de nuestras miserias. En sus llagas nos cura y perdona todos nuestros pecados. Que la Virgen Madre, nos ayude a ser misericordiosos con los otros como Jesús lo es con nosotros”.

domingo, 12 de abril de 2015

PAPA FRANCISCO: Presentación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia

Francisco presenta a la Iglesia y al mundo el
Jubileo Extraordinario de la Misericordia
El Santo padre Francisco ha introducido este sábado 11 de abril por la tarde, en una ceremonia realizada en la Basílica de San Pedro, el Año Santo Extraordinario de la Misericordia.

Vestido con ornamentos blanco y crema, con ribetes verdes y dorados, el Papa entró acompañado por diversos prelados en el atrio o porche de la basílica, ubicado entre la explanada y el interior mismo del templo.

Delante de la puerta santa de la basílica de San Pedro el Papa entrego la bula 'Misericordiae Vultus' con la que se convoca el Jubileo Extraordinario de la Misericordia a los cardenales responsables de las basílicas pontificias: el arcipreste de San Pedro, cardenal Angelo Comastri; el acipreste de San Juan de Letrán, cardenal Agostino Vallini; el arcipreste de San Pablo Extramuros, cardenal James Michael Harvey; y el arcipreste de Santa María la Mayor, cardenal Santos Abril y Castelló.

A continuación, llegó de manera simbólica a los obispos de todo el mundo, y para ello Francisco entregó una copia de la bula también al prefecto de la congregación de los obispos, cardenal Marc Ouellet; al prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, cardenal Fernando Filoni; al prefecto de la Congregación de las Iglesias orientales, cardenal Leonardo Sandri.

En representación de Oriente, el Papa ha entregado una copia del documento al arzobispo Savio Hon Tai-Fai, nacido en Hong Kong y ahora secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. El continente africano ha estado representado por el arzobispo Barthélemy Adoukonou, originario de Benín y actualmente secretario del Pontificio consejo de la cultura. En nombre de las Iglesias orientales el Pontífice entregó la bula a Mons. Khaled Ayad Bishay, de la Iglesia Patriarcal de Alejandría de los Coptos.

A continuación el regente de la Casa Pontificia, Mons. Leonardo Sapienza, en calidad de protonotario apostólico leyó delante de los presentes algunos párrafos del documento oficial que introduce el Año santo extraordinario.

El Papa tiene en sus manos la bula 'Misericordiae Vultus'

Después de la lectura de dichos párrafos Francisco entró en cortejo en el interior de la basílica, y después de incensar al crucifico puesto en el centro, presidió la oración de las Vísperas del segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, con la participación del coro de la Capilla Sixtina.



¿Por qué un Jubileo de la Misericordia?

 Porque la Iglesia en este momento de grandes cambios ofrece con mayor intensidad la cercanía de Dios.

A continuación el Papa realizó su homilía, en la que explicó por qué fue convocado un Jubileo extraordinario de la Misericordia. La ceremonia siguió con el canto del Magnificat y concluyó con el Regina Coeli.

Les ofrezco a continuación el texto de la homilía del papa Francisco en la ceremonia de introducción del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, después de haber presentado la bula a los cardenales y obispos de todo el mundo, y del canto de las Vísperas.

«Hermanos y hermanas:

Todavía resuena en todos nosotros el saludo de Jesús Resucitado a sus discípulos la tarde de Pascua: «Paz a vosotros« (Jn 20,19). La paz, sobre todo en estas semanas, sigue siendo el deseo de tantos pueblos que sufren la violencia inaudita de la discriminación y de la muerte, sólo por llevar el nombre de cristianos.

El papa Francisco durante la homilía de la ceremonia
Nuestra oración se hace aún más intensa y se convierte en un grito de auxilio al Padre, rico en misericordia, para que sostenga la fe de tantos hermanos y hermanas que sufren, a la vez que pedimos que convierta nuestros corazones, para pasar de la indiferencia a la compasión.

San Pablo nos ha recordado que hemos sido salvados en el misterio de la muerte y resurrección del Señor Jesús. Él es el Reconciliador, que está vivo en medio de nosotros para mostrarnos el camino de la reconciliación con Dios y con los hermanos.

El Apóstol recuerda que, a pesar de las dificultades y los sufrimientos de la vida, sigue creciendo la esperanza en la salvación que el amor de Cristo ha sembrado en nuestros corazones. La misericordia de Dios se ha derramado en nosotros haciéndonos justos, dándonos la paz.

Una pregunta está presente en el corazón de muchos: ¿por qué hoy un Jubileo de la Misericordia? Simplemente porque la Iglesia, en este momento de grandes cambios históricos, está llamada a ofrecer con mayor intensidad los signos de la presencia y de la cercanía de Dios.

Éste no es un tiempo para estar distraídos, sino al contrario para permanecer alerta y despertar en nosotros la capacidad de ver lo esencial. Es el tiempo para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado el día de Pascua: ser signo e instrumento de la misericordia del Padre (cf. Jn 20,21-23).

Delante de la puerta santa de la basílica de San Pedro
 el Papa entregó la bula 'Misericordiae Vultus'
Por eso el Año Santo tiene que mantener vivo el deseo de saber descubrir los muchos signos de la ternura que Dios ofrece al mundo entero y sobre todo a cuantos sufren, se encuentran solos y abandonados, y también sin esperanza de ser perdonados y sentirse amados por el Padre. Un Año Santo para sentir intensamente dentro de nosotros la alegría de haber sido encontrados por Jesús, que, como Buen Pastor, ha venido a buscarnos porque estábamos perdidos.

Un Jubileo para percibir el calor de su amor cuando nos carga sobre sus hombros para llevarnos de nuevo a la casa del Padre. Un Año para ser tocados por el Señor Jesús y transformados por su misericordia, para convertirnos también nosotros en testigos de misericordia. Para esto es el Jubileo: porque este es el tiempo de la misericordia.

Este es el motivo del Jubileo, porque es el tiempo favorable para curar las heridas, para no cansarnos de buscar a cuantos esperan ver y tocar con la mano los signos de la cercanía de Dios, para ofrecer a todos, a todos, el camino del perdón y de la reconciliación.

Que la Madre de la Divina Misericordia abra nuestros ojos para que comprendamos la tarea a la que estamos llamados; y que nos alcance la gracia de vivir este Jubileo de la Misericordia con un testimonio fiel y fecundo».

EVANGELIO DOMINICAL (audios): Domingo de la Divina Misericordia – Ciclo B

Fiesta de la Divina Misericordia (Jn 20, 19-31) 




sábado, 11 de abril de 2015

DIÁLOGOS DE FE CON SAN JUAN PABLO II (audios): La Sagrada Familia de Jesús, María y José modelo de cada familia



DÉCIMO PRIMER PROGRAMA DEL CICLO


“Claro que sí, mis hermanos todos, yo mismo os propongo el modelo de la Sagrada Familia. El Hogar de Nazaret nos muestra cómo las obligaciones familiares, por pequeñas y corrientes que parezcan, son lugar de encuentro con Dios. No descuidéis esas relaciones y esos quehaceres: si una persona mostrara gran interés por los problemas del trabajo, de la sociedad, de la política, y descuidara los de la familia, podría decirse de ella que ha trastocado su escala de valores.

¡Esposos y padres! ¡Amaos con amor recíproco, generoso y fecundo en los hijos que Dios quiera daros! ¡Acudid a la intercesión de María Santísima y a la de su esposo San José para que la gracia del sacramento del matrimonio permanezca en vosotros, y fructifique con el amor que está en Dios y que a Dios conduce! Así sea.”

(San Juan Pablo II, Discursos en Argentina, 8 de abril de 1987, encuentro con familias en Córdoba).

SANTORAL (audios): Santa Gema Galgani (11 de abril)




ORACIÓN DE SANTA GEMA

Aquí me tenéis postrada a vuestros pies santísimos, mi querido Jesús, para manifestaros en cada instante mi reconocimiento y gratitud por tantos y tan continuos favores como me habéis otorgado y que todavía queréis concederme. Cuantas veces os he invocado, ¡oh Jesús! me habéis dejado siempre satisfecha; he recurrido a menudo a Vos, y siempre me habéis consolado. ¿Cómo podré expresaros mis sentimientos, amado Jesús? Os doy gracias…; pero otra gracia quiero de Vos, ¡oh Dios mío!, si es de vuestro agrado… (aquí se manifiesta la gracia que se desea conseguir). Si no fuerais todopoderoso no os haría esta súplica. ¡Oh Jesús!, tened piedad de mí. Hágase en todo vuestra santísima voluntad. Amén.

Rezar Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

viernes, 10 de abril de 2015

DIVINA MISERICORDIA: Sobre la indulgencia plenaria que se puede ganar el Domingo de la Misericordia

Durante las apariciones del Señor de la Divina Misericordia a Santa Faustina, Cristo aseguró varias gracias a los que se acercaran a su misericordia. San Juan Pablo II, más adelante, instituyó oficialmente la indulgencia plenaria para esta fiesta.

“Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores… El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas… Que ningún alma tema acercarse a mí, aunque sus pecados sean como escarlata”, dijo el Señor en una promesa que hizo a Santa Faustina Kowalska en una de las apariciones místicas que le concedió.

En el 2002, esta promesa de Cristo se hizo “oficial” en la Iglesia cuando, por mandato de San Juan Pablo II, la Santa Sede publicó el “decreto sobre las indulgencias recibidas en la Fiesta de la Divina Misericordia”, un don que también puede alcanzar a los enfermos y los navegantes en altamar.

En el segundo domingo de Pascua, que este año se celebra el 12 de abril, se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina.

“O al menos rece, en presencia del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, ‘Jesús misericordioso, confío en ti’)”, dice el texto del decreto.

Asimismo se concede indulgencia parcial “al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas”.
También los enfermos y las personas que los asisten, los navegantes, los afectados por la guerra, las vicisitudes políticas o la inclemencia de los lugares “y todos los que por justa causa no pueden abandonar su casa o desempeñan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria”.

Esto siempre y cuando, con total rechazo de cualquier pecado y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales recen “frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso”.

Asimismo, si ni siquiera se pudiera hacer lo antes descrito, podrán obtener la indulgencia plenaria “los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida, teniendo también ellos el propósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria”.

Jesucristo también prometió a Santa Faustina que cuando se rece la Coronilla de la Divina Misericordia junto a los moribundos se pondrá “entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso”.

Coronilla de la Divina Misericordia

En 1935, Santa Faustina recibió de Cristo las siguientes indicaciones: “Esta oración es para aplacar mi ira, la rezarás durante nueve días con un rosario común, de modo siguiente: primero rezarás una vez el Padre nuestro y el Ave María y el Credo”.

“Después, en las cuentas correspondientes al Padrenuestro, dirás las siguientes palabras: Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero”.

“En las cuentas del Avemaría, dirás las siguientes palabras: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Para terminar, dirás tres veces estas palabras: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero”.

Esta Coronilla generalmente se concluye con la siguiente oración escrita en el diario de Santa Faustina: “Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, como una fuente de misericordia para nosotros, en ti confío”.

Con la expansión de la devoción al Señor de la Divina Misericordia, son muchos los fieles que rezan esta coronilla todos los días a las tres de la tarde, la “hora de la misericordia”, y siguiendo la promesa de Cristo: “A las almas que recen esta Coronilla, mi misericordia las envolverá en la vida y especialmente a la hora de la muerte”.

Cierto día el Señor de la Divina Misericordia dijo a Santa Faustina: “Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas que recen esta Coronilla”.

En otra ocasión Jesús le pidió a la Santa: “Escribe: cuando recen esta Coronilla junto a los moribundos, me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso”.

jueves, 9 de abril de 2015

CATEQUESIS DEL PAPA: “El niño nunca es un error, es el que paga el precio de uniones inmaduras y de separaciones irresponsables”



Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 8 de abril de 2015 en la Plaza de San Pedro.


Catequesis sobre sobre la Familia



Queridos hermanos y hermanas,

en la catequesis sobre la familia completamos hoy la reflexión sobre los niños, que son el fruto más bonito de la bendición que el Creador ha dado al hombre y a la mujer. Ya hemos hablado del gran don que son los niños, hoy debemos lamentablemente hablar de las “historias de Pasión” que viven muchos de ellos.

Muchos niños desde el principio son rechazados, abandonados, despojados de su infancia y de su futuro. Alguno osa decir, casi para justificarse, que ha sido un error hacerles venir al mundo. ¡Esto es vergonzoso! ¡No descarguemos sobre los niños nuestras culpas! Los niños no son nunca “un error”. Su hambre no es un error, como no lo es su pobreza, su fragilidad, su abandono; y no lo es ni siquiera su ignorancia, o su incapacidad. Muchos niños no saben lo que es una escuela.

En todo caso, se trata de motivos para amarlos más, con mayor generosidad. ¿Qué hacemos con las solemnes declaraciones de los derechos del hombre y del niño, si después castigamos a los niños por los errores de los adultos?

Aquellos que tienen la tarea de gobernar, de educar, pero diría todos los adultos, somos responsables de los niños y de hacer lo que cada uno de nosotros pueda para cambiar esta situación. Me refiero a la pasión de los niños. Cada niño marginado, abandonado, que vive por la calle mendigando e intentando sobrevivir de cualquier manera, sin escuela, sin atención médica, es un grito que sube a Dios y que acusa el sistema que hemos construido. Y lamentablemente estos niños son presa de criminales, que les explotan para el tráfico y el comercio indigno, y los adiestran para la guerra y la violencia.

Pero también en los países, así llamados, ricos, muchos niños viven dramas que les marcan de una forma muy fuerte, por la crisis de la familia, de los vacíos educativos y de condiciones de vida a veces deshumanas. En cualquier caso, son infancias violadas en el cuerpo y en el alma. ¡Pero ninguno de estos niños es olvidado por el Padre que está en el cielo! ¡Ninguna de sus lágrimas se pierde!, como tampoco se pierde nuestra responsabilidad, la responsabilidad social de las personas y de los países.

Una vez Jesús regañó a sus discípulos porque alejaban a los niños que los padres le llevaban para que les bendijera. Es conmovedora la narración evangélica: “Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, pero Jesús les dijo: ’Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos’. Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí. ¡Qué bonita esa confianza de los padres, y esta respuesta de Jesús! ¡Cómo quisiera que esta página se convirtiera en la historia normal de todos los niños!

Es verdad que gracias a Dios los niños con graves dificultades encuentran muy a menudo padres extraordinarios, preparados para cualquier tipo de sacrificio y de generosidad. ¡Pero no se debería dejar solos a estos padres!, deberíamos acompañar su fatiga, pero también ofrecerles momentos de alegría compartida y de alegría despreocupada, para que no sean presos solo de la rutina terapéutica.

Cuando se trata de los niños, en cualquier caso, no se deberían escuchar esas fórmulas de la defensa legal de oficina tipo: ‘Después de todo, no somos una organización benéfica” o “En lo privado, cada uno es libre de hacer lo que quiere” o también “Lo sentimos, no podemos hacer nada”. Estas palabras no sirven cuando se trata de niños.

Demasiado a menudo en los niños recaen los efectos de la vida de un trabajo precario o malpagado, de horarios insostenibles, de transportes ineficientes… Pero los niños pagan también el precio de uniones inmaduras y de separaciones irresponsables, son las primeras víctimas. Sufren los resultados de la cultura de los derechos subjetivos exasperados, y se convierten después en hijos más precoces. A menudo absorben una violencia que no son capaces de “disponer”, y bajo los ojos de los de los grandes están obligados a acostumbrarse a la degradación.

También en esta época, como en el pasado, la Iglesia pone su maternidad al servicio de los niños y de sus familias. A los padres y a los hijos de este nuestro mundo lleva la bendición de Dios, la ternura materna, el reproche firme y la condena decidida. Hermanos y hermanas, pensemos bien: ¡Con los niños no se bromea!

Pensemos como sería una sociedad que decidiera, de una vez por todas, establecer este principio: “Es verdad que nos somos perfectos y que cometemos muchos errores. Pero cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos se juzgará demasiado costoso o demasiado grande, para evitar que un niño piense que es un error, que no vale nada y estar abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres”. Qué bonita sería esta sociedad.  Yo creo que a esta sociedad, mucho le sería perdonado por sus innumerables errores. Mucho, de verdad.

El Señor juzga nuestra vida escuchando lo que refieren los ángeles de los niños, ángeles que “ven siempre el rostro del Padre que está en los cielos". Preguntémonos siempre: ¿Qué contarán a Dios de nosotros estos ángeles de los niños?