El Blog de Evangelización del Cura Párroco de "Nuestra Señora de las Angustias" de Aranjuez, Madrid.

domingo 29 de enero de 2012

EVANGELIO DOMINICAL: “Este enseñar con autoridad es nuevo, hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen”


  Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Marcos 1, 21-28



En aquel tiempo, Jesús y sus -discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:

¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.
Jesús lo increpó: Cállate y sal de él.

El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:

¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Palabra del Señor.



 
El domingo pasado el Evangelio según san Marcos narraba el inicio de la predicación de Jesús y el llamamiento a sus primeros discípulos. Hoy nos lo presenta enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm y mostrando su autoridad sobre las fuerzas del mal. Tratemos de descubrir el sentido que tienen para nosotros este relato y las otras lecturas bíblicas de este domingo [Deuteronomio 18, 15-29; Salmo 95 (94); 1 Corintios 7, 32-36; Marcos 1, 21-28].
1.- Jesús enseña y obra “con autoridad”
La gente empieza a oír a Jesús en Cafarnaúm, centro de la industria pesquera de la región de Galilea. Allí, en la sinagoga, el lugar donde se reúnen los judíos para orar, escuchar las sagradas escrituras y ser instruidos en ellas, Jesús comienza a enseñar y lo primero que les llama la atención a sus oyentes es que no les habla como los “letrados”, escribas, o doctores de la Ley a los que están acostumbrados a escuchar. Éstos generalmente solían referirse a lo que estaba escrito sin ninguna creatividad personal, pero, sobre todo -como Jesús lo iba a señalar después-, no eran creíbles porque su vida no era coherente con lo que enseñaban, y utilizaban el discurso religioso para su propio provecho, sin importarles en verdad los problemas de la gente.

Jesús, en cambio, muestra una actitud distinta: enseña una doctrina nueva que invita a  reconocer al Dios cercano que nos ama infinitamente, siempre dispuesto a sanarnos librándonos de las fuerzas del mal que nos rodean y que pretenden apoderarse de nuestra existencia. Y lo que predica lo aplica en su forma de obrar, mostrando que en Él mismo se hace presente la acción salvadora de Dios. Este es el sentido del relato del milagro obrado por Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm. El término “espíritu inmundo”, que corresponde a los llamados “demonios”, considerados como fuerzas malignas (el término “demonio” proviene del griego daimon y significa “fuerza” o “energía”), podemos entenderlo hoy como “energía negativa” opuesta a Dios y por lo mismo contraria a su mensaje de liberación. Lo que nos dice el Evangelio es que Jesús tiene el poder de vencer el mal, cuyo poder no podemos controlar por nuestras propias fuerzas.
También podemos interpretar este relato como una referencia a la oposición que la enseñanza de Jesús suscitaba entre los doctores de la Ley que se veían amenazados en su posición de poder religioso por aquél “nazareno” (oriundo de Nazaret) que atraía a las gentes sencillas con su proclamación novedosa, amable, gozosa y liberadora de la llegada del Reino de Dios, totalmente diferente de las prescripciones ritualistas y meramente formales que ellos pretendían imponerle al pueblo.

2.-  Dios había anunciado que suscitaría “un profeta”

La  primera lectura de hoy evoca la promesa hecha por Dios a Moisés doce siglos antes de Cristo: “Suscitaré un profeta de entre tus hermanos, como tú”. “Profeta” es en el lenguaje bíblico aquél que habla en nombre de Dios, y Moisés había sido escogido por Él precisamente para que le hablara al pueblo de Israel comunicándole que lo liberaría de la esclavitud e invitándolo a ponerse en camino hacia una tierra nueva. Esta liberación y esta apertura hacia un nuevo porvenir habían sido una prefiguración de lo que iba a suceder con la predicación y la acción salvadora de Jesús, el Profeta por excelencia que como tal hablaría en nombre del Creador, siendo Él mismo la presencia personal de Dios en la historia humana.

Por eso los evangelistas reconocen en Jesús de Nazaret a aquel Profeta prometido como un “nuevo Moisés”, que vendría a llevar a la plenitud de su sentido la Ley promulgada por Dios en el monte Sinaí y enunciada en los diez mandamientos. Esto mismo es lo que reconocen en Jesús las gentes sencillas desde el inicio de su predicación, y lo que la primera lectura y el Evangelio de hoy nos invitan a reconocer: que Jesús nos habla en nombre del Padre Creador y nos enseña con plena autoridad, porque es la Palabra de Dios hecha carne.

3.- El sentido del celibato para servir a Dios y a la comunidad

El texto de la primera carta de san Pablo a los Corintios que nos trae hoy la segunda lectura nos invita a reflexionar sobre el sentido del celibato, es decir, del estado de quien renuncia a la vida conyugal para entregarse totalmente al servicio de Dios y de la comunidad. Esto no quiere decir que haya que despreciar el estado del matrimonio, pues también en él se puede vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, y el propio Pablo tiene en sus cartas pasajes preciosos en los que exalta el valor de la unión entre el varón y la mujer para complementarse mutuamente y construir una familia. Pero, de acuerdo con lo que Jesús había predicado, el apóstol reconoce el valor que tiene la entrega a Dios en el estado célibe como una forma específica y valiosa de seguir a Cristo para estar plenamente disponible al servicio del Reino de Dios.

Desafortunadamente este estado no siempre es vivido con coherencia, y en lugar de ser testimonio de servicio a Dios y a la comunidad, se convierte en un escándalo cuando el sacerdote, el religioso o la religiosa, se comportan en contravía de lo que debería ser una verdadera entrega al Señor. Sin embargo, de ello no se deduce que haya que abolir el celibato como una opción de vida. Este estado sigue siendo válido y valioso, siempre y cuando implique un auténtico testimonio del Reino de Dios, como afortunadamente lo podemos encontrar en muchas personas que lo viven con alegría y en forma constructiva, sin frustraciones ni desviaciones, siguiendo precisamente a Aquél que nos dio el ejemplo de una vida célibe totalmente entregada al servicio de los demás.

Conclusión

A  la luz del mensaje que nos trae la Palabra de Dios en las lecturas bíblicas de este domingo, dispongámonos a seguir la invitación que nos hace una de las estrofas del Salmo 95 (94): “Ojalá escuchen la voz del Señor, no endurezcan su corazón”. Al reconocer a Jesús como nuestro verdadero Maestro, que nos enseña con autoridad porque es Dios mismo en persona que nos habla, no nos cerremos a sus enseñanzas como lo hicieron quienes lo rechazaron, sino dejémonos transformar por su Espíritu Santo, que tiene el poder de vencer en nosotros las fuerzas del mal.-.

Gabriel Jaime Pérez, S.J.

viernes 27 de enero de 2012

CATEQUESIS DEL PAPA: "La Iglesia nace de la oración del Corazón de Jesús"

Palabras del Papa en 
la audiencia general

Queridos amigos y hermanos del blog: la audiencia general del pasado miércoles tuvo lugar a las 10,30 en el Aula Pablo VI, donde Benedicto XVI se encontró con grupos de fieles y peregrinos provenientes de Italia y del mundo. En su discurso, el papa centró su meditación en la “Oración sacerdotal” de Jesús, en la Última Cena. Ofrecemos las palabras textuales del Santo Padre:

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy centramos nuestra atención en la oración que Jesús dirige al Padre en la «hora» de su elevación y glorificación (cf. Jn 17,1-26). Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: "La tradición cristiana acertadamente la denomina la oración 'sacerdotal' de Jesús. Es la oración de nuestro Sumo Sacerdote, inseparable de su sacrificio, de su 'paso' [pascua] hacia el Padre donde es “consagrado” enteramente al Padre" (n. 2747).

Esta oración de Jesús es entendida en su extrema riqueza, sobre todo si colocamos como fondo la fiesta judía de la expiación, el Yom Kippur. Ese día, el sumo sacerdote hace primero la expiación por sí mismo, luego por la clase sacerdotal, y finalmente por todo el pueblo. El objetivo es devolverle al pueblo de Israel, después de los pecados de un año, la conciencia de la reconciliación con Dios, la conciencia de ser el pueblo elegido, "pueblo santo" en medio de otros pueblos. La oración de Jesús en el capítulo 17 del Evangelio según San Juan, está basada en la estructura de esta fiesta. Aquella noche, Jesús se dirige al Padre en el momento en que se está ofreciendo a sí mismo. Él, sacerdote y víctima, ora por él mismo, por los apóstoles y por todos aquellos que creerán en Él, por la Iglesia de todos los tiempos (cf. Jn 17,20).

La oración que Jesús hace por sí mismo es la petición de su propia glorificación, de la propia "elevación" en su "hora". En realidad, es más una declaración de plena disposición a entrar, libre y generosamente, en el diseño de Dios Padre que se cumple al ser entregado, y en la muerte y resurrección. La "hora" se inició con la traición de Jesús (cf. Jn 13,31) y culminará con la subida de Jesús resucitado al Padre (Jn 20,17). La salida de Judas del cenáculo es comentada por Jesús con estas palabras:“Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él”(Jn 13,31). No es casual que comience la oración sacerdotal diciendo: "Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique a ti" (Jn 17,1). La glorificación que Jesús pide para sí mismo como Sumo Sacerdote, es la entrada en la plena obediencia al Padre, una obediencia que lleva a la más plena condición filial: "Y ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes de que el mundo fuese"(Juan 17,5). Es esta disponibilidad y esta petición es el primer acto del nuevo sacerdocio de Jesús, que es un donarse por completo en la cruz, y justamente sobre la cruz --el supremo acto de amor--, Él es glorificado, porque el amor es la verdadera gloria, la gloria divina.

El segundo momento de esta oración es la intercesión que Jesús hace por los discípulos que estaban con Él. Son aquellos de los que Jesús puede decir al Padre: "He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu palabra" (Jn 17,6). "Manifestar el nombre de Dios a los hombres" es el resultado de una nueva presencia del Padre en medio de la gente, de la humanidad. Este "manifestar" no es sólo una palabra, sino que es realidad en Jesús; Dios está con nosotros, y así el nombre --su presencia entre nosotros, el ser uno de nosotros--, se "ha realizado". Por lo tanto, esta manifestación se realiza en la encarnación del Verbo. En Jesús, Dios entra en la carne humana, se hace cercano en modo único y nuevo. Y esta presencia alcanza su cumbre en el sacrificio que Jesús hace en su Pascua de muerte y resurrección.

En el centro de esta oración de intercesión y de expiación a favor de los discípulos está la petición de consagración; Jesús dice al Padre: "Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad" (Jn 17,16-19). Me pregunto: ¿Qué significa "consagrar" en este caso? Sobre todo debemos decir que "Consagrado" o "Santo", en propiedad sólo es Dios. Entonces consagrar quiere decir transferir una realidad --una persona o cosa--, a la propiedad de Dios. Y en esto están presentes dos aspectos complementarios: por una parte quitar las cosas corrientes, segregar, "apartar" la vida personal del hombre para ser donados totalmente a Dios; y por otra, esta segregación, esta transferencia a la esfera de Dios, tiene el significado propio de “envío”, de misión: precisamente porque entregada a Dios, la realidad, la persona consagrada existe "para" los otros, es donada a los otros. Darse a Dios significa no vivir más para sí, sino para todos. Y es consagrado quien, como Jesús, es separado del mundo y apartado para Dios en vista de una tarea y, como tal, está a disposición de todos. Para los discípulos, será continuar la misión de Jesús, ser entregado a Dios para estar así en misión para todos. En la tarde de la Pascua, el Resucitado, apareciéndose a sus discípulos, les dice: "¡La paz con vosotros! Como el Padre me envió, también yo os envío” (Jn 20,21).

El tercer acto de esta oración sacerdotal extiende la mirada al final de los tiempos. En ella, Jesús se dirige al Padre para interceder a favor de todos aquellos que serán llevados a la fe mediante la misión inaugurada por los apóstoles, y continuada en la historia: "No ruego solo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí". Jesús ora por la Iglesia de todos los tiempos, ruega también por nosotros (Jn 17,20). El Catecismo de la Iglesia Católica dice: “Jesús ha cumplido toda la obra del Padre, y su oración, al igual que su sacrificio, se extiende hasta la consumación de los siglos. La oración de la Hora de Jesús llena los últimos tiempos y los lleva hacia su consumación” (No. 2749).

La petición central de la oración sacerdotal de Jesús, dedicada a sus discípulos de todos los tiempos, es aquella de la futura unidad de todos los que creerán en Él. Tal unidad no es un producto mundano. Proviene exclusivamente de la unidad divina y viene a nosotros del Padre mediante el Hijo y el Espíritu Santo. Jesús invoca un don que viene del cielo, y que tiene su efecto --real y perceptible-- en la tierra. Ora “para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17,21). La unidad de los cristianos, por un lado, es una realidad oculta en el corazón de las personas que creen. Pero al mismo tiempo, esta debe aparecer claramente en la historia, debe aparecer para que el mundo crea, tiene un propósito muy práctico y concreto y debe aparecer para que todos sean realmente uno. La unidad de los futuros discípulos, siendo unidad con Jesús --que el Padre ha enviado al mundo--, es también la fuente originaria de la eficacia de la misión cristiana en el mundo.

"Podemos decir que en la oración sacerdotal de Jesús se realiza la institución de la Iglesia... Propiamente aquí, en la última cena, Jesús crea la Iglesia. Por qué, ¿qué otra cosa es la Iglesia, si no la comunidad de los discípulos que, mediante la fe en Jesucristo como enviado del Padre, recibe su unidad y se implica en la misión de Jesús para salvar al mundo, conduciéndolo al conocimiento de Dios? Aquí encontramos realmente una verdadera definición de la Iglesia. La Iglesia nace de la oración de Jesús. Y esta oración no es sólo de palabra: es la acción por la que Él se "consagra" a sí mismo, es decir, se "sacrifica" para la vida del mundo (cfr. Gesù di Nazaret, II, 117s).

Jesús ora para que sus discípulos sean uno. En virtud de esa unidad, recibida y mantenida, la Iglesia puede caminar “en el mundo” sin ser "del mundo" (cf. Jn 17,16) y vivir la misión confiada a ella para que el mundo crea en el Hijo y en el Padre que lo envió. La Iglesia se convierte entonces, en el lugar donde continúa la misión misma de Cristo: llevar al "mundo" fuera de la alienación del hombre de Dios y de sí mismo, fuera del pecado, a fin de que vuelva a ser el mundo de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, hemos tomado algunos elementos de la gran riqueza de la oración sacerdotal de Jesús, que les invito a leer y meditar, para que nos guíe en el diálogo con el Señor y nos enseñe a orar. También nosotros, por ello, en nuestra oración, pidamos a Dios que nos ayude a entrar, más de lleno, en el proyecto que tiene para cada uno de nosotros; pidámosle ser "consagrados" a Él, pertenecerle cada vez más, para poder amar cada vez más a los otros, cercanos y lejanos; pidámosle ser siempre capaces de abrir nuestra oración a la amplitud del mundo, no cerrándola en la petición de ayuda para nuestros problemas, sino recordando delante del Señor a nuestro prójimo, aprendiendo la belleza de interceder por los demás; le pedimos el don de la unidad visible entre todos los creyentes en Cristo --la hemos invocado con fuerza en esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos--, recemos para estar siempre dispuestos a responder a cualquiera que nos pida razón de la esperanza que hay en nosotros (cf. 1 P 3,15). Gracias.

martes 24 de enero de 2012

VIRGEN MARÍA: Nuestra Señora de la Paz


Queridos amigos y hermanos del blog: hoy, 24 de enero, recordamos y celebramos a María Santísima en su título de “Nuestra Señora de la Paz”, que es una advocación de la Virgen a la que en las letanías se la invoca como "Reina de la Paz" (Regina Pacis). En el arzobispado de Toledo, España, se celebra una fiesta el 24 de enero para conmemorar la admirable descensión de la Reina de los Ángeles a la santa iglesia Catedral de esta ciudad con el fin de manifestar su agradecimiento a su devotísimo siervo San Ildefonso, insigne arzobispo de esta archidiócesis a mediados del siglo VII, honrándole con la dádiva de una casulla para que la usara en sus festividades.

Santa María, Reina de la Paz

El símbolo de la Paz es una paloma con una rama de olivo en el pico, que tiene su origen en la paloma que tras el diluvio universal llevó a Noé una rama con el significado del fin del castigo divino y de la reconciliación. Así en el techo de palio de Ntra. Sra. de Paz de la sevillana hermandad del barrio de Porvenir podemos contemplar la paloma inscrita en la gloria.

Así mismo la Virgen porta en su mano izquierda una rama de olivo labrada en plata.

Todo el conjunto va entonado en color blanco que igualmente es el color que simboliza la Paz.

El palio está realizado en malla de plata siguiendo el diseño del pintor sevillano Francisco Maireles.

Regina Pacis

La palabra paz procede directamente del latín pax (acusativo plural, paces, igual que en español).

Pax era en la mitología romana una diosa hija de Júpiter y de Temis. Sus atributos eran el caduceo, una rama de olivo y una antorcha invertida.

La forma del nombre propio de origen latino Paz tiene su correlativo de origen griego Irene, que significa igualmente paz y que se corresponde también con una divinidad.

La Paz (su nombre completo es "Nuestra Señora de la Paz") de Bolivia es la primera de una larga serie de bellas poblaciones de Hispanoamérica que tienen este nombre.

“Virgen de la Paz. 1559. Historia de una devoción”

Hasta el 18 de febrero, la exposición organizada por la Hermandad Nuestra Señora de la Paz llena de tradición y fervor el Centro de Arte Alcobendas, una propuesta que aborda la procesión, la Coronación, el milagro y la colección que rodea a la patrona de la ciudad.

Si el Centro de Arte Alcobendas es de por sí un reclamo para miles de ciudadanos por todas las prestaciones disponibles, otro de los grandes alicientes reside en las exposiciones. Y ahora, hasta el próximo 17 de febrero, una de las grandes novedades de las Fiestas de Nuestra Señora de la Virgen de la Paz 2012 es la muestra “Virgen de la Paz. 1559. Historia de una devoción”. Cuatro bloques temáticos relacionados con la patrona de Alcobendas: la procesión, la Coronación, el milagro y la colección.

Y a tenor de este planteamiento, los interesados encuentran imágenes y objetos tradicionales propios de la tradición, el recuerdo de la Coronación del 22 de junio de 1991, que contó con la canonización del cardenal Suquía, el milagro de la multiplicación del vino en enero de 1677 y la Colección de esculturas y pinturas conservadas en la ermita de Fuentidueña. A la visita particular se suma la oportunidad de tener guía los sábados. Una cita con el fervor y la historia de la Hermandad de Nuestra Señora de la Paz de Alcobendas con motivo de las Fiestas de la Virgen de la Paz 2012.

Les dejo la dirección del Centro de Arte Alcobendas para aquellos que quieran asistir a esta exposición: C/ Mariano Sebast Izuel, 9, 28100, Alcobendas, Madrid. Para informes sobre la misma comunicarse al: 912294940.

domingo 22 de enero de 2012

EVANGELIO DOMINICAL: “Convertíos y creed en la Buena Nueva”

  Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Marcos 1,14-20


Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios:

«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva».
Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres».
Al instante, dejando las redes, le siguieron.
Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó.

Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.

Palabra del Señor.

El Evangelio según san Marcos, del cual se toman la mayoría de las lecturas evangélicas dominicales de este año, nos presenta hoy el comienzo de la predicación de Jesús (Marcos 1, 14-20). Las otras lecturas bíblicas [Jonás 3, 1-5.10; Salmo 25 (24), 1 Corintios 7, 29-31] nos pueden servir de ayuda para complementar nuestra reflexión sobre el sentido del mensaje central de este domingo: la Buena Noticia de la llegada y cercanía del Reino de Dios en la persona de nuestro Señor Jesucristo, y el llamamiento que Él nos hace a convertirnos y a seguirlo para colaborar en su plan de salvación.
1.- “Se ha cumplido el plazo, el Reino de Dios está cerca”

Esta es la primera frase que pronuncia Jesús en su vida pública al iniciar su predicación, según nos cuenta el Evangelio. Dios había prometido a través de los profetas del Antiguo Testamento que vendría un Mesías, un hombre ungido o consagrado por Él para establecer su reinado en la tierra, es decir, para hacer presente en medio de la humanidad el poder de su amor, un amor capaz de liberarnos de la injusticia y de todas las demás formas de violencia si lo acogemos con fe y nos alineamos con su proyecto de construcción de una nueva forma de relacionarnos los unos con los otros como hermanos, porque somos todos hijos del mismo Creador.

Lo que Jesús proclama al iniciar su predicación es que el tiempo de la realización de aquellas promesas proféticas ya ha llegado con Él mismo, lo cual es precisamente una buena nueva, una buena noticia, que es lo que significa originariamente el término “evangelio”. Pero, además, hay un detalle en esta primera proclamación de la Buena Nueva: Jesús, no sólo con sus palabras sino con su forma de actuar, proclama y revela a un Dios que está cerca, que ha querido llegar hasta nosotros, un Dios próximo, muy diferente del distante y lejano que concebían las religiones paganas. En Jesús llega a su plenitud la manifestación personal del mismo Dios que doce siglos antes de Cristo se había revelado a Moisés con el nombre Yahvé -“Yo soy”- para decirle que había “bajado” a liberar a su pueblo de la esclavitud (Éxodo 3, 7-8; 13-15), y que siete siglos también antes de la era cristiana había sido anunciado por el profeta Isaías como el Emmanuel o “Dios-con-nosotros” (Isaías 7, 14).                
2.- “Conviértanse y crean en el Evangelio”

Inmediatamente después de la proclamación de la cercanía y llegada del Reino de Dios, Jesús invita a sus oyentes a la conversión y a la fe en la Buena Noticia. Hay un contraste muy claro entre el contenido de la predicación de Jonás en el Antiguo Testamento, que se nos presenta en la primera lectura de este domingo, y la predicación de Jesús. Jonás profiere una amenaza de destrucción; Jesús proclama una noticia alegre y constructiva.

Esto significa un cambio muy importante en la evolución del concepto de Dios que se presenta en la Biblia al pasar del Antiguo al Nuevo Testamento. Si bien es cierto que el Dios que describe el relato de la predicación de Jonás en la capital del reino de Asiria, al norte de Israel, es un Dios compasivo que “se arrepintió de la catástrofe con que había amenazado a Nínive y no la ejecutó”, el Dios revelado por Jesús ya no se presenta como quien amenaza, sino como quien invita amablemente a los que quieran seguirlo a colaborar con Él en la construcción de un mundo nuevo.

Este es precisamente el sentido de la invitación a convertirnos y creer en el Evangelio, que resonará nuevamente para nosotros el próximo 22 de febrero, miércoles de ceniza, cuando comience el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Una invitación a cambiar nuestras actitudes egoístas y desviadas del camino del bien, por una nueva forma de vida en la que le abramos libremente a Dios el espacio necesario en nuestra existencia personal y en nuestro entorno, para que el poder de su amor actúe constructivamente en nosotros.     
3.- Les dijo: “Vengan conmigo”… Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron
El domingo pasado el Evangelio según san Juan nos presentaba el relato del inicio de la vocación de tres de los primeros discípulos de Jesús. El Evangelio según san Marcos nos cuenta hoy la definición de su llamamiento a cuatro pescadores, los mismos tres primeros y otro más. La definición del llamamiento es clara y directa: “Vengan conmigo”. Pero no es una orden, es una invitación, una propuesta. Aquellos pescadores fueron de tal modo persuadidos por la propuesta de Jesús y motivados por su personalidad, que “inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”.
También cada uno de nosotros es invitado por el Señor -y esa invitación puede estar repitiéndose aquí y ahora- a seguirlo en un estado de vida y en una forma de trabajo específicos para contribuir a que el Reino de Dios sea acogido en la sociedad concreta de la que formamos parte. Para que ese seguimiento sea una realidad, tenemos que dejar las redes, es decir, deshacernos de todo cuanto nos en-reda y por lo mismo nos paraliza para emprender el camino que Dios nos indica como aquél que nos conduce a la verdadera realización del sentido de nuestra existencia.
Gabriel Jaime Pérez, S.J.

sábado 21 de enero de 2012

AVISOS PARROQUIALES: Peregrinación al “Santuario de Nuestra Señora de Schoenstatt” en Pozuelo de Alarcón, Madrid


Queridos amigos y hermanos del blog: el pasado miércoles con un grupo de hermanos de la comunidad parroquial peregrinamos al Santuario de Nuestra Señora de Schoenstatt, que está situado en Pozuelo de Alarcón, en Madrid. Fue un hermoso e intenso momento mariano del cual quiero compartirles algunas imágenes y contarles un poco, para aquellos que no conocen, algunas reflexiones sobre esta devoción mariana y sobre el Movimiento en torno a ella fundado.

Conociendo Schoenstatt

Schoenstatt, es una parte del pueblo de Vallendar, cerca de Koblenza, Alemania, es el origen y centro mundial del Movimiento internacional de Schoenstatt.

Diariamente se acercan peregrinos de todo el mundo hasta el 'Santuario Original', centro tanto de Schoenstatt en cuanto lugar mariano de peregrinación, como del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, al que pertenecen más de 20 comunidades independientes.

La gente busca y encuentra en Schoenstatt orientación, hogar y renovadas fuerzas para vivir su fe en la vida diaria y plasmar el mundo con el amor de Jesús.

Schoenstatt se originó con la Alianza de Amor con la Santísima Virgen, que el Padre Kentenich (1885 - 1968) sellara por primera vez el 18 de octubre de 1914.

El Padre Kentenich pasó varios años en el campo de concentración de Dachau y su amor por la Iglesia fue duramente probado en tiempos de poca comprensión jerárquica hacia nuevas corrientes espirituales vitales.

Falleció el 15 de septiembre de 1968 en la Iglesia de la Adoración sobre el Monte Schoenstatt. Allí se encuentra hoy su tumba.

A lo largo y a lo ancho del mundo existen hoy unos 200 centros del Movimiento de Schoenstatt, cuyo punto principal es el Santuario, réplica del pequeño Santuario Original que se encuentra en el valle de Schoenstatt. A través de la Virgen Peregrina se unen hoy en día a Schoenstatt varios millones de personas en más de 110 países en los 5 continentes.

La Madre tres veces Admirable de Schoenstatt

El núcleo de Schoenstatt lo constituye la Alianza de Amor con la Virgen. El rasgo mariano quizá es el que más se conozca de Schoenstatt. Como en la imagen de gracias de Schoenstatt, tambien en su espiritualidad mariana se destaca la relación de María con Jesús, la "biunidad". Ella es la gran Portadora de Cristo a los hombres, la compañera y colaboradora permamente de Cristo, el Redentor, en toda la obra de la salvación.

La gran gracia que se pide de María en Schoenstatt es la gracia de asemejarse a ella. María es el concepto incorruptible de Dios sobre el hombre, la mujer plenamente humana pero configurada con Cristo, colaboradora en el plan del Padre, que invita a construir libre y activamente su Reino.

¿Cuál es el origen de esta imagen mariana?

En los años 1914-15 los primeros buscaban una imagen adecuada de la Virgen María para su capilla. Un profesor del colegio les regaló una reproducción litográfica de un cuadro del pintor italiano Luigi Crosio. Al inicio, esta imagen no les agradó especialmente, ya que para algunos merecía reparos desde el punto de vista estético. Como no tenían dinero para comprar otra, colocaron esta imagen en la capilla, muy probablemente en abril de 1915. Desde ese momento ha permanecido siempre en el Santuario.

Originalmente la imagen que se colocó tenía el nombre de "Refugium peccatorum", "Refugio de los pecadores". Sin embargo los estudiantes de Schoenstatt descubrieron un título con el que se identificaban más por su propia historia: “Mater Ter Admirabilis”, Madre tres veces Admirable. A mediados del año 1916 se empezó a venerar la imagen de la Santísima Virgen en el Santuario de Schoenstatt bajo este título. "MTA" (como muchas veces se la nombra en Schoenstatt) es la abreviación de la advocación latina "Mater Ter Admirabilis". Su significado gramatical vendría a ser "Madre muy admirable". Posteriormente se ha explicado este título en forma simbólica. Así, por ejemplo, se la llama Tres Veces Admirable como Madre de Dios, Madre del Redentor y Madre de los redimidos; o bien, admirable por su fe, su amor y su esperanza, etc.

La Alianza de Amor

La Alianza de Amor con María es la forma original que tiene Schoenstatt de vivir la alianza bautismal. En ella se expresa y se garantiza nuestra alianza con la Santísima Trinidad. Entendida así, es "la fuente de la vitalidad y el centro de la espiritualidad de Schoenstatt", el corazón de Schoenstatt.

El amor a María, expresado en esta Alianza, se transforma en el medio más rápido y seguro de vivir en un contacto vivo y permanente con el Dios de nuestra vida y de nuestra historia. Por la Alianza de Amor nos convertimos en "Familia", pues todos los que sellan la Alianza se saben y sienten hijos de María y, por ello, hermanos entre sí.

De esta Alianza de Amor, vivida en profundidad, nace también una fuerte conciencia de misión; lleva a quienes la sellan a convertirse en eficaces instrumentos en manos de María, para colaborar con ella en la renovación religioso-moral del mundo. Por esta Alianza de Amor, Schoenstatt realiza su compromiso de construir la historia en dependencia y contacto filial, libre y total con Cristo, el Señor de la historia, a través de María, su Colaboradora permanente.
Luego de la Santa Misa en la Iglesia Grande -compartida con peregrinos de toda la Comunidad de Madrid-, partimos hacia el Santuario de la Virgen, como en el camino de la vida, al encuentro con María Santísima.

En el interior del Santuario fuimos instruídos por una de las religiosas de la comunidad sobre el sentido del mismo y la importancia de la devoción mariana en nuestra vida.

El Retablo y Altar Mayor del Santuario con la Imagen de la Virgen "Tres veces Admirable" y la "Cruz de la Unidad", enmarcados en una de las ideas fuerza de esta espiritualidad mariana: "Nada sin Ti, nada sin nosotros".

Otro momento de la peregrinación: la quema de papeletas con las intenciones de la comunidad, pedidos y gratitudes a la Madre del Cielo y a su término la Oración de Consagración a María Santísima.

Momento para la oración más íntima y personal en el Oratorio del P. José Kentenich, situado en el subsuelo (cripta) del Santuario de Pozuelo de Alarcón.

El úitimo tramo de la peregrinación fue el compartir un vídeo institucional en el cual conocimos la historia del Movimiento de Schoenstatt y los desafíos en post a la Nueva Evangelización planteada por el Santo Padre Benedicto XVI.

La "foto de familia" que nos queda como recuerdo de ese día de gracia y bendición junto a Nuestra Señora de Schoenstatt.

viernes 20 de enero de 2012

ACTUALIDAD: “Con los niños de América… hablamos de Jesús”


Jornada de la Infancia Misionera 2012

Queridos amigos y hermanos del blog: el próximo domingo 22 de enero, se celebra en España la Jornada de la Infancia Misionera. Miles de niños de los cinco continentes participan en esta Obra Pontificia, cuyo lema es "Los niños ayudan a los niños".

La Infancia Misionera es una institución de la Iglesia universal para promover la ayuda recíproca entre los niños del mundo. Miles de niños de los cinco continentes participan en esta Obra Pontificia, cuyo lema es "Los niños ayudan a los niños".

La obra nació en 1843, por iniciativa del obispo francés Forbin-Janson, que invitó a los niños de su diócesis a colaborar con los niños de China.

La reina Isabel II la inició en España en 1852. Su hija mayor, la infanta Isabel, fue la primera niña española en pertenecer a Infancia Misionera.

Los primeros colaboradores de Infancia Misionera son los niños, que rezan por los otros niños de los territorios de misión y les entregan generosamente sus donativos. A través de ellos lo hacen también sus padres y familiares, sus educadores y tutores, y quienes se sienten solidarios con los más pequeños.

En España la Jornada de Infancia Misionera se celebra el cuarto domingo de enero. La preparación de esta Jornada comienza con el Adviento Misionero y la presencia de los niños como “Sembradores de Estrellas” antes de Navidad, y se prolonga a lo largo del curso.

Infancia Misionera promueve la creación y el sostenimiento de centros para la distribución de alimentos. Casas de acogida para niños abandonados y huérfanos. Hospitales para atender a los niños enfermos. Escuelas infantiles, primarias y medias. Iglesias, capillas y espacios donde se transmite la fe.

Este año, el lema de la Jornada de la Infancia Misionera es: “Con los niños de América… hablamos de Jesús”.

“Con los niños de América...” es ya la cuarta etapa del recorrido que están haciendo los niños de Infancia Misionera por los cinco continentes. Primero fue Asia; después, África; y el año pasado, Oceanía. Es el turno de América.

América es un continente más cercano para los niños de España, al menos por la proximidad de tantos niños americanos que, por efecto de la emigración, se encuentran en nuestro país. En estos años han vivido la triple experiencia de “buscar”, “encontrar” y “seguir” a Jesús.

Ahora, llega el momento de “hablar” de Jesús. “Quienes han tenido la gracia de encontrar y seguir a Jesús han vivido una experiencia irrepetible. Es la condición del discípulo, que, una vez ha visto al Señor, se lo dice a los demás. Comunica lo que ha visto y oído. Así lo hicieron los apóstoles, que tuvieron la dicha de convivir con Él. Es la razón por la que un misionero sale de su tierra para decir a otros lo que le ha pasado con Jesús. El niño de Infancia Misionera es “misionero” porque cuenta a otros su amistad con Jesús”, afirman en la página web los organizadores de la Jornada.

jueves 19 de enero de 2012

CATEQUESIS DEL PAPA: “Esperamos el día glorioso en que podamos celebrar juntos los sacramentos”


El Papa dedicó la audiencia general a la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

Queridos amigos y hermanos del blog: la audiencia general del pasado miércoles tuvo lugar a las 10,30 en el Aula Pablo VI, donde el santo padre se encontró con grupos de fieles y peregrinos provenientes de Italia y de diversos países. En su discurso, el papa se centró en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que este año tiene como tema: “Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo”. Ofrezco a los lectores del blog el texto íntegro del discurso de Benedicto XVI, traducido del italiano.

¡Queridos hermanos y hermanas! Empieza hoy la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que, desde hace más de un siglo, se celebra cada año por cristianos de todas las Iglesias y comunidades eclesiales, para invocar aquél don extraordinario por el que el mismo Señor Jesús oró durante la Última Cena, antes de su pasión: “Te pido que todos sean uno. Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros, de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado”. La práctica de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos fue introducida en 1908 por el padre Paul Wattson, fundador de una comunidad religiosa anglicana que luego entró en la Iglesia católica. La iniciativa recibió la bendición del papa san Pío X y fue luego promovida por el papa Benedicto XV, que animó su celebración en toda la Iglesia católica con el breve Romanorum Pontificum, del 25 de febrero de 1916.

El octavario de oración fue desarrollado y perfeccionado en los años treinta del siglo pasado por el padre Paul Couturier de Lyon, que apoyó la oración “por la unidad de la Iglesia como quiere Cristo y conforme a los instrumentos que El quiere”. En sus últimos escritos, el padre Couturier ve tal Semana como un medio que permite a la oración universal de Cristo "entrar y penetrar dentro del Cuerpo cristiano"; debe crecer hasta convertirse en "un inmenso, unánime grito de todo el Pueblo de Dios", que pide a Dios este gran don. Y precisamente en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, el impulso del Concilio Vaticano II a la búsqueda de la plena comunión entre todos los discípulos de Cristo encuentra cada año una de sus más eficaces expresiones. Esta cita espiritual, que une a cristianos de todas las tradiciones, acrecienta nuestra conciencia del hecho que la unidad hacia la que tendemos no podrá ser sólo el resultado de nuestros esfuerzos, sino que mas bien será un don recibido de lo alto, que hay que pedir siempre.

Cada año, los materiales para la Semana de Oración los prepara un grupo ecuménico de una diferente parte del mundo. Querría detenerme en este punto. Este año, los textos han sido propuestos por un grupo mixto compuesto por representantes de la Iglesia católica y del Consejo Ecuménico Polaco, que comprende a varias Iglesias y comunidades eclesiales del país. La documentación ha sido luego revisada por una comisión integrada por miembros del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y por la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias. También este trabajo conjunto en dos etapas es un signo del deseo de unidad que anima a los cristianos y de la conciencia de que la oración es la vía primaria para lograr la plena comunión, para que unidos hacia el Señor andemos hacia la unidad.

El tema de la Semana de este año –como hemos oído- está tomado de la I Carta a los Corintios: “Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo” (cfr 1 Cor 15,51-58), su victoria nos transformará. Y este tema fue sugerido por el amplio grupo ecuménico polaco que he citado, el cual, reflexionando sobre su propia experiencia como país, quiso subrayar lo fuerte que el es apoyo de la fe cristiana en medio de las pruebas y trastornos, como los que caracterizan la historia de Polonia. Tras un amplio debate, fue elegido un tema centrado en el poder transformador de la fe en Cristo, en especial a la luz de la importancia que esta reviste para nuestra oración en favor de la unidad visible de la Iglesia, Cuerpo de Cristo. Inspiran esta reflexión las palabras de san Pablo que, dirigiéndose a la Iglesia de Corinto, habla de la naturaleza temporal de todo lo que pertenece a nuestra vida presente, marcada también por la experiencia de “derrota” del pecado y de la muerte, frente a lo que nos trae la “victoria” de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte en su Misterio pascual.

La historia particular de la nación polaca, que conoció períodos de convivencia democrática y de libertad religiosa, como en el siglo XVI, ha estado marcada, en los últimos siglos, por invasiones y derrotas, pero también por la constante lucha contra la opresión y la sed de libertad. Todo esto ha inducido al grupo ecuménico a reflexionar de manera más profunda sobre el verdadero significado de “victoria” --qué es la victoria- y de “derrota”. Respecto a la “victoria” entendida en términos triunfalistas, Cristo nos sugiere un camino bien diverso, que no pasa a través del poder y la potencia. De hecho, afirma: "Si uno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el siervo de todos" (Mc 9,35). Cristo habla de una victoria a través del amor que sufre, a través del servicio recíproco, la ayuda, la nueva esperanza y el concreto consuelo dado a los últimos, a los olvidados, a los rechazados.

Para todos los cristianos, la más alta expresión de tan humilde servicio es Jesucristo mismo, el don total que hace de Sí mismo, la victoria de su amor sobre la muerte, en la cruz, que resplandece en la luz de la mañana de Pascua. Nosotros podemos tomar parte en esta "victoria" transformadora si nos dejamos transformar por Dios, sólo si realizamos una conversión de nuestra vida y la transformación se realiza en forma de conversión. He aquí el motivo por el que el grupo ecuménico polaco ha considerado especialmente adecuadas para el tema de la propia meditación las palabras de san Pablo: "Todos seremos transformados" por la victoria de Cristo, nuestro Señor" (cfr 1 Cor 15,51-58).

La plena y visible unidad de los cristianos, que anhelamos, exige que nos dejemos transformar y conformar, de manera cada vez más perfecta, a la imagen de Cristo. La unidad por la que oramos exige una conversión interior, tanto común como personal. No se trata simplemente de cordialidad o de cooperación, es necesario reforzar nuestra fe en Dios, en el Dios de Jesucristo, que nos ha hablado y se ha hecho uno de nosotros; hay que entrar en la nueva vida en Cristo, que es nuestra verdadera y definitiva victoria; hay que abrirse los unos a los otros, tomando todos los elementos de unidad que Dios ha guardado para nosotros y que siempre nuevamente nos da; hay que sentir la urgencia de dar testimonio al hombre de nuestro tiempo del Dios vivo, que se ha dado a conocer en Cristo.

El Concilio Vaticano II puso la búsqueda ecuménica en el centro de la vida y de la actuación de la Iglesia: "Este santo Concilio exhorta a todos los fieles católicos a que, reconociendo los signos de los tiempos, cooperen diligentemente en la empresa ecuménica" (Unitatis Redintegratio, 4). El beato Juan Pablo II subrayó la naturaleza esencial de tal empeño, diciendo: "Esta unidad, que el Señor dio a su Iglesia y en la cual quiere abrazar a todos, no es accesoria, sino que está en el centro mismo de su obra. No equivale a un atributo secundario de la comunidad de sus discípulos. Pertenece en cambio al ser mismo de la comunidad". (Enc. Ut Unum Sint, 9).

La tarea ecuménica es por tanto una responsabilidad de toda la Iglesia y de todos los bautizados, que deben hacer crecer la comunión parcial ya existente entre los cristianos hasta la plena comunión en la verdad y en la caridad. Por tanto, la oración por la unidad no está circunscrita a esta Semana de Oración, sino que debe convertirse en parte integrante de nuestra oración, de la vida orante de todos los cristianos, en todo lugar y en todo tiempo, sobre todo cuando personas de tradiciones diversas se encuentran y trabajan juntas por la victoria, en Cristo, sobre todo lo que es pecado, mal, injusticia, violación de la dignidad del hombre.

Desde que nació el movimiento ecuménico moderno, hace más de un siglo, siempre hubo una clara conciencia de que la falta de unidad entre los cristianos impide un anuncio más eficaz del Evangelio, porque pone en peligro nuestra credibilidad. ¿Cómo podemos dar testimonio convincente si estamos divididos? Ciertamente, por lo que se refiere a las verdades fundamentales de la fe, es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Pero las divisiones permanecen, y se refieren también a diversas cuestiones prácticas y éticas, suscitando confusión y desconfianza, debilitando nuestra capacidad de transmitir la Palabra salvífica de Cristo. En este sentido, debemos recordar las palabras del beato Juan Pablo II, que en su encíclica Ut Unum Sint habla del daño causado al testimonio cristiano y al anuncio del Evangelio por la falta de unidad (cfr nn. 98, 99). Es este un gran reto para la nueva evangelización, que puede ser más fructífera si todos los cristianos anuncian juntos la verdad del Evangelio de Jesucristo y dan una respuesta común a la sed espiritual de nuestro tiempo.

El camino de la Iglesia, como el de los pueblos, está en las manos de Cristo resucitado, victorioso sobre la muerte y sobre la injusticia que Él ha soportado y sufrido en nombre de todos. Él nos hace partícipes de su victoria. Sólo Él es capaz de transformarnos y convertirnos, de débiles y titubeantes, en fuertes y valientes para hacer el bien. Sólo Él puede salvarnos de las consecuencias negativas de nuestras divisiones. Queridos hermanos y hermanas, invito a todos a unirse en oración de modo más intenso durante esta Semana por la Unidad, para que crezca el testimonio común, la solidaridad y la colaboración entre los cristianos, esperando el día glorioso en el que podamos profesar juntos la fe transmitida por los apóstoles y celebrar juntos los sacramentos de nuestra transformación en Cristo. Gracias”.

martes 17 de enero de 2012

SANTORAL: San Antonio, Abad


Queridos amigos y hermanos del blog: hoy, 17 de enero, celebramos la festividad de San Antonio, Abad. Conocemos la vida del abad Antonio, cuyo nombre significa "floreciente" y al que la tradición llama el Grande, principalmente a través de la biografía redactada por su discípulo y admirador, san Atanasio, a fines del siglo IV.

Este escrito, fiel a los estilos literarios de la época y ateniéndose a las concepciones entonces vigentes acerca de la espiritualidad, subraya en la vida de Antonio -más allá de los datos maravillosos- la permanente entrega a Dios en un género de consagración del cual él no es históricamente el primero, pero sí el prototipo, y esto no sólo por la inmensa influencia de la obrita de Atanasio.

En su juventud, Antonio, que era egipcio e hijo de acaudalados campesinos, se sintió conmovido por las palabras de Jesús, que le llegaron en el marco de una celebración eucarística: "Si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres...".

Así lo hizo el rico heredero, reservando sólo parte para una hermana, a la que entregó, parece, al cuidado de unas vírgenes consagradas.

Llevó inicialmente vida apartada en su propia aldea, pero pronto se marchó al desierto, adiestrándose en las prácticas eremíticas junto a un cierto Pablo, anciano experto en la vida solitaria.

En su busca de soledad y persiguiendo el desarrollo de su  experiencia, llegó a fijar su residencia entre unas antiguas tumbas. ¿Por qué esta elección?. Era un gesto profético, liberador. Los hombres de su tiempo -como muchos de los de nuestros días- temían desmesuradamente a los cementerios, que creían poblados de demonios. La presencia de Antonio entre los abandonados sepulcros era un claro mentís a tales supersticiones y proclamaba, a su manera, el triunfo de la resurrección. Todo -aún los lugares que más espantan a la naturaleza humana- es de Dios, que en Cristo lo ha redimido todo; la fe descubre siempre nuevas fronteras donde extender la salvación.

Pronto la fama de su ascetismo se propagó y se le unieron muchos fervorosos imitadores, a los que organizó en comunidades de oración y trabajo. Dejando sin embargo esta exitosa obra, se retiró  a una soledad más estricta en pos de una caravana de beduinos que se internaba en el desierto.

No sin nuevos esfuerzos y desprendimientos personales, alcanzó la cumbre de sus dones carismáticos, logrando conciliar el ideal de la vida solitaria con la dirección de un monasterio cercano, e incluso viajando a Alejandría para terciar en las interminables controversias arriano-católicas que signaron su siglo.

Sobre todo, Antonio, fue padre de monjes, demostrando en sí mismo la fecundidad del Espíritu. Una multisecular colección de anécdotas, conocidas como "apotegmas" o breves ocurrencias que nos ha legado la tradición, lo revela poseedor de una espiritualidad incisiva, casi intuitiva, pero siempre genial, desnuda como el desierto que es su marco y sobre todo implacablemente fiel a la sustancia de la revelación evangélica. Se conservan algunas de sus cartas, cuyas ideas principales confirman las que Atanasio le atribuye en su "Vida".

Tuvo muchos discípulos; trabajó en favor de la Iglesia, confortando a los confesores de la fe durante la persecución de Diocleciano, y apoyando a san Atanasio en sus luchas contra los arrianos.

Una colección de anécdotas, conocida como "apotegmas" demuestra su espiritualidad evangélica clara e incisiva.

Antonio murió muy anciano, hace el año 356, en las laderas del monte Colzim, próximo al mar Rojo; al ignorarse la fecha de su nacimiento, se le ha adjudicado una improbable longevidad, aunque ciertamente alcanzó una edad muy avanzada.

La figura del abad delineó casi definitivamente el ideal monástico que perseguirían muchos fieles de los primeros siglos.

No siendo hombre de estudios, no obstante, demostró con su vida lo esencial de la vida monástica, que intenta ser precisamente la expresión más genuina de la práctica cristiana: una vida bautismal despojada de cualquier aditamento.

Es el celestial Patrón de tejedores de cestos, fabricantes de pinceles, cementerios, carniceros y de los animales domésticos.

Para nosotros, Antonio encierra un mensaje aún válido y actualísimo: el monacato del desierto continúa siendo un desafío: el del seguimiento extremo de Cristo, el de la confianza irrestricta en el poder del Espíritu de Dios.

lunes 16 de enero de 2012

ACTUALIDAD: Lo que nunca dijo Benedicto XVI o la mistificación de un discurso papal

Queridos amigos y hermanos del blog: el diario vaticano L'Osservatore Romano reproduce íntegro, en su edición del pasado viernes 13, un artículo de Andrew Brown en el diario británico The Guardian, quien denuncia una mistificación por parte de otro periodista de una conocida agencia de noticias, al reportar el discurso de Benedicto XVI al cuerpo diplomático. La agencia Reuters pone en boca del papa palabras nunca pronunciadas.

El hecho es más insólito cuando, de hecho, los corresponsales acreditados tienen acceso via web al discurso del papa incluso antes de que sea pronunciado, con el ruego de contrastar el texto embargado con el pronunciado. Pero incluso, sin estar acreditada, cualquier persona tiene acceso al texto, una vez pronunciado, en el sitio web vaticano. Es por tanto muy fácil comprobar lo que dijo y lo que no dijo Benedicto XVI.
L'Osservatore Romano publica integralmente el artículo aparecido en la web del cotidiano británico The Guardian, que traducimos aquí para el público español.
Por Andrew Brown
El lunes en el Vaticano, el papa Benedicto XVI realizó un discurso ante el cuerpo diplomático, en el cual no dijo ni siquiera una palabra contra el matrimonio entre homosexuales. ¿Por qué esto es una noticia?
Porque la Reuters y a continuación muchas otras personas reportaron que el papa habría atacado el matrimonio entre homosexuales como un peligro para la civilización occidental.
Philip Pullela, uno de los corresponsales mejores y más expertos en el Vaticano inicia su artículo:
“El lunes, el papa Benedicto XVI dijo que el matrimonio entre homosexuales es una de las varias amenazas a la familia tradicional, que pone en peligro 'el futuro de la misma sociedad'”.
Por lo que se, el papa Benedicto simplemente no dijo esto. Habló a favor de la familia “basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer”.
Dijo que “las políticas dañosas a la familia amenazan la dignidad humana y el futuro de la misma humanidad”.
No hay ninguna indicación de que el matrimonio entre homosexuales sea una de las más importantes de estas políticas. No lo mencionó para nada, mientras que enfrentó diversos asuntos sobre sexualidad.
Y siguió adelante alabando una reciente sentencia de la Corte de Justicia de la Unión Europea que ha prohibido registrar los resultados de investigaciones hechas con células estaminales embrionarias humanas.
Ha dicho [el papa] que dichas medidas legislativas se oponen “a la educación de los jóvenes y por consecuencia al futuro de la humanidad, pues no solamente permiten, sino que a veces incluso favorecen el aborto por motivos de conveniencia o por razones médicas discutibles”.
Esto puede ser justo o equivocado, pero no es un ataque al matrimonio entre homosexuales y tampoco a la homosexualidad. Ni fue la parte principal y más importante de su discurso.
Lo que dijo es que la crisis financiera fue el evento más importante del año pasado.
Por lo que sé, el papa es la figura política europea más significativa que afirma cosas como “La crisis puede y debe ser un incentivo a reflexionar sobre la existencia humana y sobre la importancia de su dimensión ética, antes aún que sobre los mecanismos que gobiernan la vida económica: no solamente para tratar de evitar las pérdidas personales o de las economías nacionales, sino para darnos nuevas reglas que nos den a todos la posibilidad de vivir dignamente y de desarrollar las propias capacidades en favor de toda la comunidad”.

De nuevo lo que dice [el papa] no debe ser necesariamente justo, pero de todos modos lo dijo mejor que [el periodista de Reuters] Ed Miligand.
Dijo también cosas razonables, si bien no originales, sobre la primavera árabe, que desea que los derechos humanos sean protegidos de la tiranía de la mayoría: “El respeto de la persona tiene que estar en el centro de las instituciones y de las leyes, debe llevar a acabar con todo tipo de violencia y prevenir el riesgo que la debida atención a los pedidos de los ciudadanos y la necesaria solidaridad social se transformen en simples instrumentos para conservar o conquistar el poder (…) la construcción de sociedades estables y reconciliadas, ajenas a cualquier tipo de discriminación injusta, en particular de tipo religioso, constituye un horizonte más vasto y más lejano que las citas electorales”.

Para mí, la novedad de su discurso fue la solicitud sobre el medio ambiente. Pocos lectores de diarios se esperaban que el papa dijera: “La defensa del medio ambiente, la sinergia entre la lucha contra la pobreza y aquella contra los cambios climáticos constituyen ámbitos relevantes para la promoción y desarrollo humano integral”. Seguramente, esta es una opinión que hace estremecer a un gran número de republicanos americanos que piensan que él está de su parte.

El papa es católico. Quizás forma parte de la naturaleza del negocio de las noticias el asombrarse, cada dos meses, ante de este hecho.