martes, 2 de septiembre de 2014

INTENCIONES DEL PAPA: Mes de SEPTIEMBRE de 2014


Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Francisco indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de septiembre de 2014 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Claudio Barriga, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.


La INTENCIÓN GENERAL para SEPTIEMBRE 2014 es: 
“Para que los discapacitados mentales reciban el amor y la ayuda que necesitan para llevar una vida digna”.


COMENTARIO PASTORAL: Las personas con discapacidad son en todo el mundo cerca de mil millones, 1,8% de ellos vive en países en vias de desarrollo. Estos son datos que surgieron del primer informe del año 2011 que realizó la Organización Mundial de la Salud (OMS). De estos datos sin embargo, no es fácil saber cuantos son los discapacitados mentales, por quienes el Papa nos invita a rezar en este mes de septiembre de 2014. Sabemos que son millones y que son todas aquella personas que han perdido la voluntad y la capacidad de entender, o no la han tenido jamás. Por eso, viven en un estado de dependencia total de los otros. No tienen ninguna esperanza de cura, más allá de los tratamientos con psicofármacos.

En general en todas partes, los discapacitados mentales sufren discriminación de todo tipo: desde el derecho a nacer, si existe alguna señal de enfermedad en el exámen prenatal, al abandono de cualquier forma de asistencia, especialmente si los afectados no tienen familia, hasta transformarse en objetos de desprecio, de burla, de escarnio. Son, por lo tanto, personas que se encuentran entre las más indefensas, las que están sometidas a mayores riesgos y que, si pudieran expresarse, muchísimos de ellos dirían como el paralítico del Evangelio “Señor, no tengo a nadie que me ayude” (Jn, 5,7).

El Papa nos recuerda que hay algo verdaderamente grande que podemos hacer por ellos. ¡Orar a fin que “reciban el amor y la ayuda que necesitan para tener una vida digna”! Esto significa concretamente reconocimiento, atención, promoción, posibilidad de compartir, asistencia, ayuda permanente y de calidad. Sin distinción de clase, de nacionalidad o de religión. Y esto debe realizarse con mucho mayor urgencia cuanto más vulnerables sean según la condición en la que estén. En la oración el Papa hace referencia también a su dignidad. No son personas de segunda categoría. En ellos está todo el valor que el Creador puso, al igual que en cualquier otro hombre. Hay algo más: la misteriosa semejanza con el Siervo sufriente descrito por el profeta Isaías, anticipando el cuerpo desfigurado de Jesús durante su pasión y su crucificción. Pidamos cada día, con las palabras del Papa, que se difunda en el mundo una idea de sociedad que se haga cargo de ellos.

D. Nino Minetti, SdC
Provincial en Italia de la Congregación de San Luis Guanella y Superior General Emérito.


La INTENCIÓN MISIONERA para SEPTIEMBRE 2014 es:
“Para que los cristianos, inspirados en la Palabra de Dios, se comprometan al servicio de los pobres y de los que sufren”.

COMENTARIO PASTORAL: Madre Teresa de Calcuta impactó y sigue impactando a los habitantes de nuestro planeta Tierra por su incansable dedicación a los más pobres y sufrientes. La admiraron y le ayudaron creyentes y no creyentes. Otros y otras fueron más allá: se sintieron motivados y llamados a consagrar su vida al Señor Jesús en el servicio de los marginados y excluidos, siendo parte de la Congregación por ella fundada: las Misioneras y los Misioneros de la Caridad.

Todos los santos y santas han hecho el mismo camino: conocen a Jesús que se hizo pobre entre los pobres, lo aman y lo siguen, sirviendo a los más pobres. Pensemos en San Francisco, San Vicente de Paul, San Juan Bosco y tantos otros. También muchos laicos y laicas cristianos en todos los puntos del planeta entregan su tiempo, sus energías, su creatividad y sus bienes, si los tienen, para cuidar a los más débiles: enfermos, encarcelados, hambrientos, refugiados, drogadictos, encarcelados, etc.

¿Y por qué esta coincidencia? Porque todos han escuchado la misma Palabra de Jesús: “Todo lo que hiciste al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hiciste” (Mt 25). Jesús quiso identificarse con todo aquél que sufre carencias de cualquier tipo, de tal modo que para nosotros que tenemos fe, el servicio a los más pobres es un acto religioso y no sólo social. En este acto se produce un encuentro con Cristo Vivo que nos cuestiona e interpela, que nos evangeliza y nos orienta desde las personas más vulnerables.

Cuando recorremos las páginas del Evangelio, contemplamos a Jesús sanando a los enfermos, enderezando a los encorvados por el peso de la vida, dando vista a los ciegos, haciendo caminar a los paralíticos, limpiando a los leprosos, resucitando a los muertos, dando de comer a las multitudes hambrientas y enseñándoles un camino nuevo en la vida. El es la Palabra viva de Dios hecha carne que siempre debe inspirarnos y movernos a salir de nuestras comodidades e indiferencia para escuchar el grito de los pobres. Es un camino estrecho pero que conduce a la verdadera felicidad, a las Bienaventuranzas, y abre los corazones a la fe. El servicio a los pobres es el más poderoso instrumento de evangelización.

Oremos este mes con el Papa, que nos da ejemplo de dedicación a los pobres, para que la Palabra de Dios inspire cada vez más nuestras propias acciones en servicio de un mundo más justo.

Padre Fernando Tapia
Párroco de Santa Cristina y Director del Departamento de Espiritualidad del Arzobispado de Santiago de Chile

domingo, 31 de agosto de 2014

EVANGELIO DOMINICAL: "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga"

22º Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mateo 16, 21-27

“En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.

Jesús se volvió y dijo a Pedro: Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.

Entonces dijo Jesús a sus discípulos:

El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.”

Palabra del Señor.


“Señor, que me ofrezca a ti como hostia viva, santa, agradable a ti” (Rom 12, 1)

Queridos amigos y hermanos del blog: a nadie le gusta sufrir, pero el sufrimiento viene sin que lo busquemos. Todos podemos hablar de nuestra cruz de cada día. También de la lucha por ir “detrás de Jesús”, en medio de una sociedad que piensa y vive lo contrario. En este 22º domingo durante el año, Jesús nos animará a seguirlo, a poner nuestros pasos en sus huellas. Jesús nos invita a superar nuestro egoísmo, a tomar nuestra cruz y a dar la vida por su Reino. La recompensa será enorme.

A causa de pecado y de sus consecuencias, el servicio de Dios entraña lucha, renuncia, vencimiento propio. La liturgia de hoy es una demostración típica de ello. En primer lugar la afligida confesión de Jeremías (20, 7-9) que expresa el profundo sufrimiento de un hombre elegido por Dios para anunciar su palabra y perseguido por ella. El profeta llega a declararse “seducido” por Dios, casi engañado, porque su misión lo ha hecho objeto de “oprobio y desprecio todo el día” (ib 8). Oprimido por el sufrimiento quisiera sustraerse al querer divino, pero le es imposible.

“La palabra de Dios era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerla y no podía” (ib 9). Este misterioso fuego interior, índice del amor de Dios que lo ha conquistado, y aun “seducido”, y del carisma profético de que ha sido dotado, lo mueve contra toda inclinación natural, a proseguir su ingrata misión. Espléndido ejemplo del poder de la acción divina en una criatura débil.

Pero la demostración más autorizada nos viene del Evangelio (Mt 16, 21-27) en el anuncio de la pasión de Jesús, de la que los sufrimientos de Jeremías, son una pálida figura. “Desde entonces -es decir, desde la confesión de Pedro en Cesárea- empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho… y ser ejecutado” (ib 21). Con su fogosidad acostumbrada Pedro reacciona al instante. ¿Cómo admitir que el Mesías, el Hijo de Dios vivo, vaya a ser perseguido y ajusticiado? Pedro no hace más que expresar la mentalidad de los hombres de todos los tiempos. En buena lógica humana cuanto mayor es uno, tanto más éxito ha de tener y más ha de ir de victoria en victoria. Pero no es esta la lógica de Dios ni el pensamiento de Jesús, el cual afirma que “tiene” que sufrir porque así lo ha establecido el Padre para redimir al mundo del pecado.

Y Pedro se siente rechazado con dureza: “Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios” (ib 23). ¡Tremendo contraste entre estas palabras y las que ha escuchado en Cesárea cuando la confesión de la mesianidad y divinidad de Jesús! Allí: “¡Dichoso tú!” y la promesa del primado (ib 16-18); aquí el apelativo de “Satanás” y la repulsa. El motivo uno solo: la oposición a la pasión y muerte del Señor. Es más fácil reconocer en Jesús al Hijo de Dios que aceptar verlo morir como un malhechor. Pero quien se escandaliza de él; quien rechaza su pasión le rechaza a él, porque Cristo es el Crucificado. Y quien sigue a Cristo tiene que aceptar no sólo la cruz de Cristo, sino la propia. Lo dice Jesús en seguida para hacer comprender a su discípulos que sería una ilusión pensar en seguirlo, pero sin llevar con él la cruz: “El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (ib 24). Después del pecado es éste el único camino de salvación para los individuos y para la humanidad entera.

“Hermanos: os exhorto, por la misericordia de Dios -escribe san Pablo- a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios” (Rm 12, 1 – 2ª lectura). El cristiano no lleva su cruz  a la fuerza; es un voluntario que la acepta con amor para hacer de sí mismo un sacrificio vivo y santo” en unión con el de Cristo, para gloria del Padre y redención del mundo. Pero esto no es posible sin esa profunda transformación de mentalidad que hace pensar “al estilo de Dios” y por eso hace al hombre capaz de “discernir lo que es la voluntad de Dios” (ib 2) y de no escandalizarse en presencia del sufrimiento.

“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste. Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban de mí. Siempre que hablo tengo que gritar: ‘Violencia’, proclamando: ‘Destrucción’. La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: ‘No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre’; pero la palabra era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerla, y no podía… Pero el Señor está conmigo, cual campeón valeroso” (Jeremías 20, 7-9. 11).

“Si quiero vivir contigo, oh Jesús, debo persuadirme de que la vida cristiana está comprendida en ti crucificado, esto es, en el espíritu de renuncia, de sacrificio, en la práctica del total abandono y renuncia de sí; sólo a través del Calvario se llega a la meta. Si encontramos en este camino dolores y luchas, tú, oh Cristo, nos sostendrás con tu cruz y nos ayudarás con tu gracia. Graba en mi corazón tus palabras: ‘El que quiera venirse conmigo, que cargue con su cruz y me siga’.

Jesús mío, tú tienes una cruz que es demasiado grande para nuestras débiles fuerzas; no podemos nosotros ofrecer tanto a tu amor. Pero acepta, oh Jesús, el ofrecimiento de nuestros dolores, concédenos unirnos a la gloria de tu Resurrección. Jesús mío, que durante toda mi vida lleve mi cruz como prenda de tu santo amor y arra de tu benevolencia, y muerto y crucificado al mundo viva la vida de la gracia” (Siervo de Dios Monseñor Giuseppe Canovai, Suscipe, Domine).

Con mi bendición.
Padre José Medina

EVANGELIO DOMINICAL (audios): 22º Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo A


La necesidad de la cruz   (Mt. 16, 21-27)

jueves, 28 de agosto de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA: “En la comunidad cristiana la división es un pecado grave”


Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 27 de agosto de 2014 en la Plaza de San Pedro.

Catequesis sobre la Iglesia, Una y Santa

Queridos hermanos y hermanas, buenos días

Cada vez que renovamos nuestra profesión de fe recitando el "Credo", afirmamos que la Iglesia es "una" y "santa". Es una, porque tiene su origen en Dios Trinidad, misterio de unidad y de plena comunión. La Iglesia también es santa, en cuanto que está fundada en Jesucristo, animada por su Espíritu Santo, colmada de su amor y de su salvación. Al mismo tiempo, sin embargo, está compuesta de pecadores, todos nosotros, pecadores que cada día experimentan las propias fragilidades y las propias miserias. Entonces, esta fe que profesamos nos empuja a la conversión, a tener la valentía de vivir cotidianamente la unidad y la santidad y si nosotros no estamos unidos, si no somos santos, ¡es porque no somos fieles a Jesús! Pero Él, Jesús, no nos deja solos, no abandona a su Iglesia. Él camina con nosotros, Él nos entiende. Entiende nuestras debilidades, nuestros pecados, nos perdona, siempre que nosotros nos dejemos perdonar. Él está siempre con nosotros, ayudándonos a ser menos pecadores, más santos, más unidos.

El primer consuelo nos viene del hecho que Jesús ha rezado mucho por la unidad de los discípulos. Es la oración de la Última Cena, Jesús ha pedido mucho: 'Padre, que sean una sola cosa'. Ha rezado por la unidad y lo ha hecho en la inminencia de la Pasión, cuando iba a ofrecer toda su vida por nosotros. Es eso a lo que estamos enviados continuamente a releer y meditar, en una de las páginas más intensas y conmovedoras del Evangelio de Juan, el capítulo diecisiete. ¡Que bonito es saber que el Señor, justo antes de morir, no se preocupó de sí mismo, sino que pensó en  nosotros! Y en su diálogo sincero con el Padre, ha rezado precisamente para que podamos ser una sola cosa con Él y entre nosotros. Con estas palabras, Jesús se ha hecho nuestro intercesor ante el Padre, para que podamos entrar también nosotros en la plena comunión de amor con Él; al mismo tiempo, nos confía a Él como su testamento espiritual, para que la unidad pueda convertirse cada vez más en la nota distintiva de nuestras comunidades cristianas y la respuesta más bella a quien nos pida razón de la esperanza que hay en nosotros.

"Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste". La Iglesia ha buscado desde el principio realizar este propósito que está tan en el corazón de Jesús. Los Hechos de los Apóstoles nos recuerdan que los primeros cristianos se distinguían por el hecho de tener "un solo corazón y una sola alma"; el apóstol Pablo, después, exhortaba a sus comunidades a no olvidar que son  "un solo cuerpo". La experiencia, sin embargo, nos dice que son muchos los pecados contra la unidad. Y no pensamos solo a las grandes herejías, los cismas, pensamos a faltas muy comunes en nuestras comunidades, en pecados "parroquiales", a esos pecados en las parroquias. A veces, de hecho, nuestras parroquias, llamadas a ser lugares de compartir y de comunión, están tristemente marcadas por envidias, celos, antipatías... Y el chismorreo está a mano de todos. ¡Cuánto se chismorrea en las parroquias! Esto no es bueno. Por ejemplo, cuando alguien es elegido presidente de tal asociación, se chismorrea contra él. Y si otra es elegida presidenta de la catequesis, las otras chismorrean contra ella. Pero, esta no es la Iglesia. Esto no se debe hacer, ¡no debemos hacerlo! No os digo que os cortéis la lenga, tanto no. Pero pedid a Dios que dé la gracia de no hacerlo.

¡Esto es humano, sí, pero no es cristiano! Esto sucede cuando apuntamos hacia los primeros puestos; cuando nos ponemos a nosotros mismos en el centro, con nuestras ambiciones personales y nuestras formas de ver las cosas, y juzgamos a los otros; cuando miramos a los defectos de los hermanos, en vez de a sus dones; cuando damos más peso a lo que nos divide, en vez de a lo que nos reúne.

 Una vez, en la otra diócesis que tenía antes, escuché un comentario interesante y bonito. Se hablaba de una anciana que toda la vida había trabajado en la parroquia, y una persona que la conocía bien, dijo: 'Esta mujer no ha hablado nunca mal, nunca ha chismorreado, siempre era una sonrisa'. ¡Una mujer así puede ser canonizada mañana! Este es un bonito ejemplo. Y si miramos a la historia de la Iglesia, cuántas divisiones entre nosotros cristianos. También ahora estamos divididos.

También en la historia, los cristianos hemos hecho la guerra entre nosotros por divisiones teológicas. Pensemos en la de los 30 años. Pero, esto no es cristiano. Debemos trabajar también por la unidad de todos los cristianos, ir por el camino de la unidad que es el que Jesús quiere y por el que ha rezado.

Frente a todo esto, debemos hacer seriamente un examen de conciencia. En una comunidad cristiana, la división es uno de los pecados más graves, porque la hace signo no de la obra de Dios, sino de la del diablo, el cual es por definición el que separa, que rompe las relaciones, que insinúa prejuicios... La división en una comunidad cristiana, ya sea una escuela, una parroquia o una asociación, es un pecado gravísimo, porque es obra del demonio. Dios, sin embargo, quiere que crezcamos en nuestra capacidad de acogernos, de perdonarnos, de querernos, para parecernos cada vez más a Él que es comunión y amor.  En esto está la santidad de la Iglesia: en el reconocer a imagen de Dios, colmada de su misericordia y de su gracia.

Queridos amigos, hagamos resonar en nuestro corazón estas palabras de Jesús: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Pidamos sinceramente perdón por todas las veces en la que hemos sido ocasión de división o de incomprensión dentro de nuestras comunidades, aún sabiendo que no se llega a la comunión sino a través de una continua conversión. ¿Qué es la conversión? Es pedir al Señor la gracia de no hablar mal, de no criticar, de no chismorrear, de querer a todos. Es una gracia que el Señor nos da. Esto es convertir el corazón.  Y pidamos que el tejido cotidiano de nuestras relaciones pueda convertirse en un reflejo cada vez más bonito y feliz de la relación entre Jesús y el Padre.

SANTORAL (audios): San Agustín (28 de agosto)


miércoles, 27 de agosto de 2014

MIS LIBROS: Presentación de: "Brochero, el discípulo misionero” en San Martín, Mendoza


Agradezco al Sr Intendente de General San Martín, Mendoza,
Sr. Jorge Omar Gimenez por propiciar y organizar a través de la
 Subsecretaría de Desarrollo Humano mi presentación en mi ciudad natal.

Agradezco a la Sra. Laura Carbonari, Periodista - Conductora de Radio y Televisión - 
Productora y Directora de  Documentales Institucionales y para televisión internacional, 
la delicadeza de aceptar la invitación para ser la presentadora del evento de esta noche. 

martes, 26 de agosto de 2014

FE Y VIDA: Papa Francisco pide el fin de “violencia sin sentido” en mensaje leído durante Misa por James Foley


Durante la Misa celebrada en memoria de James Foley, el periodista decapitado por el Estado Islámico (ISIS), fue leído el mensaje de condolencias del Papa Francisco que pidió orar por el fin de la violencia sin sentido y por la paz y reconciliación “entre todos los miembros de la familia humana”.

"El Santo Padre, profundamente entristecido por la muerte de James Wright Foley, pide amablemente transmitir sus condolencias personales y la seguridad de su cercanía en la oración a los seres queridos de James”, expresa el mensaje enviado por el Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pietro Parolin; al Obispo de Rockeville Centre, Mons. William Francis Murphy.

En el texto, se señala que el Papa “encomienda a James a la misericordia amorosa de Dios nuestro Padre y se une a todos los que le lloran en la oración por el fin de la violencia sin sentido y el amanecer de la reconciliación y la paz entre todos los miembros de la familia humana”.

Finalmente, Francisco invoca sobre la familia de Foley y a sus amigos y colegas “el consuelo y la fuerza nacida de nuestra esperanza en la resurrección de Cristo”. El mensaje del Papa fue leído durante la Misa celebrada en la iglesia de Nuestra Señora del Santo Rosario en Rochester, New Hampshire.

Por su parte, el Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, confirmó que la semana pasada el Papa Francisco hizo una llamada telefónica a los padres de James, Diane y John Foley, para expresarles personalmente sus condolencias.

El 19 de agosto, los extremistas del Estado Islámico pusieron en línea un video titulado “Un mensaje para América”, en el cual muestran la decapitación de Foley, quien desapareció en Siria en el 2012, y afirmaron que la ejecución es por los ataques aéreos que realiza Estados Unidos contra objetivos del ISIS en Irak. Además, advirtieron que tienen secuestrado a otro periodista estadounidense, Steven Joel Sotloff y que su vida depende de las acciones del presidente Barack Obama.

lunes, 25 de agosto de 2014

FAMILIA: El récord Ginness del matrimonio más longevo: Herbert y Zelmyra Fisher de Carolina del Norte juntos durante 87 años


(Zenit.org) - En tiempos en los que los divorcios crecen, se ataca a la familia y se presiones para cambiar el matrimonio entre hombre y mujer, calienta el corazón descubrir que la lista de los Ginness  está también el de una pareja que ha vivido juntos en matrimonio durante 87 años.

Se trata de Herbert y Zelmyra Fisher de Carolina del Norte (USA), casados en 1924. Herbert nació en 1905 y Zelmyra en 1907. Volvieron a la casa del Señor a la edad de 105 años: él en el 2010, ella en 2013.

En 87 años de matrimonio vieron a su familia crecer: 5 hijos, 10 nietos, 9 bisnietos y un tatara nieto. Sobre la historia, vale la pena destacar la reflexión hecha por la web de Religión en Libertad que ha escrito: "Una cierta ideología difundida en el mundo moderno querría demostrar que estar juntos en matrimonio durante muchos años es aburrido y una solemne tontería. Sin embargo, si le preguntas a los que viven esta experiencia se descubre que el matrimonio entre dos personas, a pesar de las mil dificultades, es objeto de consuelo, alegría, amor. Y sufre mucho más quien por alguna razón o la desgracia pierde la familia".

Durante su vida, Herbert y Zelmyra vivieron casos dramáticos, una guerra mundial, y muchas guerras combatidas por su país. Han tenido que enfrentar problemas, dificultades cotidianas, sufrimientos. Pero lo han hecho siempre juntos, encontrando en su unión y en la fe cristiana la fuerza para afrontar todo de la mejor forma.

Los dos cónyuges contaron su experiencia en una entrevista difundida en la red. A la pregunta sobre cuál fue la razón que lo convenció para pasar su vida junto a Zelmyra, Herbert afirmó: "Cada día que pasaba nuestra relación ha sido más sólida y segura. El divorcio nunca ha sido una opción, o incluso un pensamiento". "¿Cómo supo que su cónyuge era el adecuado para usted?", le preguntan. Y responde: "Crecimos juntos y éramos los mejores amigos antes de casarnos. Un amigo es para toda la vida; nuestro matrimonio ha durado toda una vida".

Y en esta vida no hay ningún arrepentimiento. De hecho, cuando el periodista pregunta a Herbert si hay algo que hubiera hecho de manera diferente tras más de 80 años de matrimonio, él responde: "no cambiaría nada. No hay ningún secreto en nuestro matrimonio. Hemos hecho lo que necesitaba uno del otro y nuestra familia". Asimismo, indicó que el mejor consejo que ha recibido para el matrimonio es "el respeto, el apoyo y la comunicación entre sí. Sé fiel, honesto y auténtico. Ama a los demás con todo tu corazón".

Por su parte, Zelmyra  aconsejó a quien trata de mantener la fe en que el hombre perfecto está ahí fuera: "¡El mío estaba a la vuelta de la esquina! Nunca está demasiado lejos, por lo que debe mantener la fe. Cuando lo conozca, lo sabrá". Además, añadió que los atributos más importantes de un buen esposo son "un gran trabajador y un buen proveedor. La década de 1920 fue dura, pero Herbert quería siempre lo mejor para nosotros. Me casé con un hombre bueno".

Ambos hablaron de su mejor recuerdo de San Valentín. Zelmyra contó una ocasión en concreto: "Cocino la cena todos los días. Herbert salió del trabajo temprano y me sorprendió: nos preparó la cena. ¡Él es un muy buen cocinero!" Y Herbert añadió: "le dije que le iba a preparar la cena y que podía relajarse. La expresión de su cara y el plato limpio me hizo feliz".

Ambos coincidían en que el mejor recuerdo de su matrimonio es su legado "5 hijos, 10 nietos, 9 bisnietos y 1 tatara nieto". También destacaron que ahora que "los hijos han crecido por lo que ahora podemos hablar más. Podemos disfrutar juntos de nuestro tiempo en el porche o en nuestras mecedoras".

Herbert recordó una etapa difícil del matrimonio "estuvimos separados dos meses cuando Zelmyra estuvo en el hospital con nuestro quinto hijo. Fue el momento más difícil de mi vida. La madre de Zelmyra me ayudó con la casa y los otros niños, de lo contrario habría perdido la cabeza".

De este modo, el matrimonio da un consejo sobre cómo afrontar un mal día en la pareja: "recordar que el matrimonio no es un concurso y nunca hay que mantener una puntuación. Dios nos ha puesto a los dos juntos en el mismo equipo para ganar". Al preguntarles si "luchar es importante", respondieron que "¡Nunca físicamente! Está bien no estar de acuerdo y luchar por lo que realmente importa. ¡Pero hay que aprender a doblar, no a romper!"

Para finalizar, una clave más sobre su matrimonio: hay algo que tienen en común y transciende todo lo demás: "los dos somos cristianos y creemos en Dios. El matrimonio es un compromiso con el Señor. Nosotros rezamos con él y por los demás todos los días".

domingo, 24 de agosto de 2014

jueves, 21 de agosto de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA: “Cristo no anula las culturas, no elimina lo que es bueno, sino que lo lleva adelante, a cumplimiento”


Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 20 de agosto de 2014 en la Plaza de San Pedro.

Francisco recuerda su viaje apostólico a Corea

Queridos hermanos y hermanas, en los días pasados he realizado un viaje apostólico a Corea y hoy, junto a vosotros, doy gracias al Señor por este gran don. He podido visitar una Iglesia joven y dinámica, fundada en el testimonio de los mártires y animada por el espíritu misionero, en un país donde se encuentran antiguas culturas asiáticas y la perenne novedad del Evangelio, se encuentran a las dos.

Deseo nuevamente expresar mi gratitud a los queridos hermanos obispos de Corea, a la señora presidenta de la República, a las otras autoridades y a todos aquellos que han colaborado con mi visita. El significado de este viaje apostólico se puede condensar en tres palabras: memoria, esperanza, testimonio.

La República de Corea es un país que ha tenido un notable y rápido desarrollo económico. Sus habitantes son grandes trabajadores, disciplinados, ordenados, y deben mantener la fuerza hereditaria de sus antepasados.

En esta situación, la Iglesia es custodia de la memoria y de la esperanza: es una familia espiritual en la que los adultos transmiten a los jóvenes la antorcha de la fe recibida por los ancianos; la memoria de los testigos del pasado se convierte en nuevo testimonio en el presente y esperaza de futuro. En esta perspectiva se pueden leer los dos eventos principales de este viaje: la beatificación de 124 mártires coreanos, que se añaden a los que ya canonizó hace 30 años san Juan Pablo II; y el encuentro con los jóvenes, en ocasión de la Sexta Jornada Asiática de la Juventud.

El joven es siempre una persona buscando algo por lo que valga la pena vivir, y el mártir da testimonio de algo. Es más, de Alguno por el que vale la pena dar la vida. Esta realidad es el amor, es Dios que ha tomado carne en Jesús, el Testigo del Padre. En los dos momentos del viaje dedicados a los jóvenes, el Espíritu del Señor Resucitado nos ha llenado de alegría y de esperanza, ¡que los jóvenes llevarán en sus diferentes países y que harán tanto bien!

La Iglesia en Corea custodia también la memoria del rol primario que tuvieron los laicos ya sean en los albores de la fe, como en la obra de evangelización. En esta tierra, de hecho, la comunidad cristiana no ha sido fundada por misioneros, sino de un grupo de jóvenes coreanos de la segunda mitad del 1700, quienes quedaron fascinados por algunos textos cristianos, los estudiaron a fondo y lo eligieron como regla de vida. Uno de ellos fue enviado a Pekín para recibir el Bautismo y después, este laico, bautizó a su vez a sus compañeros. De ese primer núcleo se desarrolló una gran comunidad, que desde el inicio y durante casi un siglo sufrió violentas persecuciones, con miles de mártires. Por tanto, la Iglesia en Corea está fundada en la fe, en el compromiso misionero y el martirio de los fieles laicos.

Los primeros cristianos coreanos tomaron como modelo a la comunidad apostólica de Jerusalén, practicando el amor fraterno que supera cualquier diferencia social. Por eso he animado a los cristianos de hoy a que sean generosos en el compartir con los más pobres y los excluidos, según el Evangelio de Mateo en el capítulo 25: "Todo lo que habéis hecho a uno de estos mis hermanos pequeños, me lo habéis hecho a mí".

Queridos hermanos, en la historia de la fe que se desarrolla en Corea se ve como Cristo no anula las culturas, Cristo no anula las culturas, no suprime el camino de los pueblos que atraviesan los siglos y los milenios buscando la verdad y practican el amor por Dios al prójimo. Cristo no elimina lo que es bueno, sino que lo lleva adelante, a cumplimiento.

Lo que sin embargo combate Cristo y derrota es al maligno, que siembra cizaña entre hombre y hombre, entre pueblo y pueblo; que genera exclusión a causa de la idolatría del dinero; que siembra el veneno de la nada en los corazones de los jóvenes. Esto sí, Jesucristo lo ha combatido y lo ha vencido con su sacrificio de amor. Y si permanecemos en Él, en su amor, también nosotros, como mártires, podemos vivir y dar testimonio de su victoria. Con esta fe hemos rezado, y también ahora rezamos para que todos los hijos de la tierra coreana, que sufren las consecuencias de guerras y divisiones, puedan cumplir un camino de fraternidad y reconciliación.

Este viaje ha sido iluminado por la fiesta de la Asunción de María. Desde lo alto, donde reina con Cristo, la Madre de la Iglesia acompaña el camino del pueblo de Dios, sostiene en los momentos de mayor cansancio, conforta a cuantos están en la prueba y tiene abierto el horizonte de la esperanza. Por su materna intercesión, el Señor bendiga siempre al pueblo coreano, les done paz y prosperidad; y bendiga la Iglesia que vive en esa tierra, para que sea siempre fecunda y llena de la alegría del Evangelio.

Gracias.

SANTORAL (audios): San Pío X (21 de agosto)