viernes, 19 de diciembre de 2014

MIS LIBROS: “Soy Jesuita, soy hijo de la Iglesia” es presentado hoy en Cádiz, España


Queridos amigos y hermanos: hoy tendré la dicha de dar a conocer mi octavo libro y primero editado en España: “Soy Jesuita, soy hijo de la Iglesia”, claves teológico-ignacianas de Jorge Mario Bergoglio, editado y distribuido en España por Editorial Xerión.

Este libro presenta en su reelaboración la primer tesina de licenciatura que se presentó en España sobre los textos de Bergoglio desde su ordenación sacerdotal hasta el momento de su llegada a la Sede Petrina. Esta tesina la presenté en el pasado mes de enero en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid. Con la aprobación de la misma recibí mi título de Licenciado en Teología Espiritual.

Al presentar “Soy Jesuita, soy hijo de la Iglesia” fruto de esos estudios de posgrado hago público mi más sincero agradecimiento a Mons. Rubén Oscar Frassia, Obispo de Avellaneda-Lanús, Argentina, por permitirme y apoyarme para realizar la Licenciatura en Teología Espiritual en la Universidad Pontificia de Comillas; al Sr. Decano de la Facultad de Teología, Dr. Gabino Uríbarri Bilbao, SJ, por su aprobación para realizar esta tesina en honor del Santo Padre y al que fue el Director de la misma, Dr. José García de Castro Valdés, SJ, por su dedicación, interés e ilusión en la dirección del trabajo académico que originó el presente libro.

Síntesis del prólogo de Manuel María Bru Alonso

José Antonio Medina Pellegrini es un gran buceador que ha necesitado muchas y variadas inmersiones en el mar sin fondo de una personalidad arrolladora, providencial, que para nadie es indiferente. Un hombre hinchado de fe cuya vida, cuyo pensamiento, y cuya espiritualidad lo definen, y con ellos definen a aquel elegido por la Providencia Divina para guiar la barca de la Iglesia en el “mar adentro” del siglo XXI.

Soy jesuita, soy hijo de la Iglesia tiene una ventaja sobre la mayoría de los libros que se han publicado sobre Jorge Mario Bergoglio desde su elección como sucesor de Pedro: parte de un minucioso trabajo de investigación teológica sobre la historia, el pensamiento y la espiritualidad de Francisco.

Pero además este libro responde prodigiosamente a una serie de inquietudes de máxima urgencia en el contexto de la opinión publica intra-eclesial y extra-eclesial en estos primeros años del pontificado de Francisco. ¿No habrá querido el Dios de la Providencia, suscitar en su Iglesia a un gigante Ignacio de Loyola, convertido de la mundanidad y convertidor de mundanizados en estos últimos siglos, para que un hijo suyo reformara la Iglesia, no sólo la Contra-reforma del siglo XVI, sino la tan urgente como aquella reforma del siglo XXI?

La respuesta está en este libro…. No te la pierdas.

Presentación en Cádiz, España

Lugar: Templo Parroquial de la Merced
Plaza de la Merced, 3, Cádiz.

Día: viernes 19 de diciembre

Hora: 20:00

Presentará al autor: Pilar Oliva, directora de Cope Cádiz

Al final del acto habrá venta y firmas de libros.

Invita y organiza: Archicofradía de Nuestra Señora de la Merced

* El acto cuenta con la aprobación del Vicario General de la Diócesis, Ilmo. Sr. D. Fernando Campos Rosa, según el requerimiento de las normas para "Usos extralitúrgicos de las Iglesias destinadas al Culto" de los Obispos de las provincias Eclesiásticas de Granada y Sevilla, de actual vigencia.

* Las ganancias obtenidas por las regalías de libro "Soy Jesuita, soy hijo de la Iglesia", por tener como protagonista al papa Francisco serán donadas a obras de caridad.



Portada de la edición española de "Soy Jesuita, soy hijo de la Iglesia" editada por Xerión.

EDITA Y DISTRIBUYE EN ESPAÑA:
Sr. Carlos García Costoya
Xerión Comunicación y Publicaciones S.L.
c/ Ávila, 17 1º D - 28300 Aranjuez (Madrid)
Tel: 91 892 85 02 - garciacostoya@hotmail.com

jueves, 18 de diciembre de 2014

LITURGIA: Decálogo del Adviento

1 - Adviento es una palabra de etimología latina, que significa "venida".

2 - Adviento es el tiempo litúrgico compuesto por las cuatro semanas que preceden a la Navidad como tiempo para la preparación al Nacimiento del Señor.

3 - El adviento tiene como color litúrgico al morado que significa penitencia y conversión, en este caso, transidas de esperanza ante la inminente venida del Señor.

4 - El adviento es un periodo de tiempo privilegiado para los cristianos ya se nos invita a recordar el pasado, vivir el presente y preparar el futuro.

5 - El adviento es memoria del misterio de gracia del nacimiento de Jesucristo. Es memoria de la encarnación. Es memoria de las maravillas que Dios hace en favor de los hombres. Es memoria de la primera venida del Señor. El adviento es historia viva.

6 - El adviento es llamada vivir el presente de nuestra vida cristiana comprometida y a experimentar y testimoniar la presencia de Jesucristo entre nosotros, con nosotros, por nosotros. El adviento nos interpela a vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor en el justicia y en el amor. El adviento es presencia encarnada del cristiano, que cada vez que hace el bien, reactualiza la encarnación y la natividad de Jesucristo.

7 - El adviento prepara y anticipa el futuro. Es una invitación a preparar la segunda y definitiva venida de Jesucristo, ya en la "majestad de su gloria". Vendrá como Señor y como Juez. El adviento nos hace proclamar la fe en su venida gloriosa y nos ayuda a prepararnos a ella. El adviento es vida futura, es Reino, es escatología.

8 - El adviento es tiempo para la revisión de la propia vida a la luz de vida de Jesucristo, a la luz de las promesas bíblicas y mesiánicas. El adviento es tiempo para el examen de conciencia continuado, arrepentido y agradecido.

9 - El adviento es proyección de vida nueva, de conversión permanente, del cielo nuevo y de la tierra nueva, que sólo se logran con el esfuerzo nuestro -mío y de cada uno de las personas- de cada día y de cada afán

10 - El adviento es el tiempo de María de Nazaret que esperó, que confío en la palabra de Dios, que se dejó acampar por El y en quien floreció y alumbró el Salvador de mundo.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA: “Jesús, María y José nos ayudan a redescubrir la vocación y la misión de la familia”

Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 17 de diciembre de 2014 en la Plaza de San Pedro, DÍA DE SU 78º CUMPLEAÑOS.


Catequesis sobre la familia

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Sínodo de los Obispos sobre la Familia, celebrado recientemente, ha sido la primera etapa de un camino que finalizará el próximo mes de octubre con la celebración de otra Asamblea sobre el tema "Vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo". La oración y la reflexión que tienen que acompañar este camino involucran a todo el Pueblo de Dios. Quisiera también que las habituales meditaciones de las audiencias de los miércoles formen parte de este camino común. Por lo tanto, he  decidido reflexionar con vosotros, en este año, precisamente sobre la familia, sobre este gran don que el Señor ha hecho al mundo desde el principio, cuando confirió a Adan y Eva la misión de multiplicarse y llenar la tierra. Aquel don que Jesús ha confirmado y sellado en su Evangelio.

La cercanía de la Navidad enciende sobre el misterio de la familia una gran luz. La encarnación del Hijo de Dios abre un nuevo inicio en la historia universal del hombre y de la mujer. Y este inicio sucede en el seno de una familia, en Nazaret. Jesús nació en una familia. Él podía venir especularmente, o como un guerrero, un emperador… No, no. Viene como un hijo de familia, en una familia. Por eso es importante mirar en el pesebre esta escena tan bella.

Dios ha querido nacer en una familia humana, que ha formado Él mismo. La ha formado en una aldea remota de la periferia del Imperio Romano. No en Roma, no en una gran ciudad, sino en una periferia casi invisible, de hecho, más bien con mala reputación. Lo recuerdan también los Evangelios, casi como una forma de decir: "De Nazaret, ¿puede salir alguna vez algo bueno?". Quizás, en muchas partes del mundo, nosotros mismos hablamos todavía así, cuando escuchamos el nombre de algún lugar periférico de una gran ciudad. Pues bien, precisamente de allí, de aquella periferia del gran Imperio, ha comenzado la historia más santa y más buena, ¡la de Jesús entre los hombres! Y allí estaba esta familia.

Jesús ha permanecido en esa periferia por treinta años. El evangelista Lucas resume este periodo así: “vivía sujeto a ellos, es decir a María y José. Pero uno dice: ¿pero este Dios que viene a salvarnos ha perdido treinta años, allí, en aquella periferia con mala reputación? ¡Ha perdido treinta años! Y Él ha querido esto. El camino de Jesús estaba en esa familia. La madre conservaba todas estas cosas en su corazón, y Jesús crecía en sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombres". No se habla de milagros o sanaciones, no ha hecho ninguna en aquel tiempo, no se habla de predicaciones, de muchedumbres que acuden; en Nazaret todo parece ocurrir "normalmente", según las costumbres de una pía y laboriosa familia israelí. Se trabajaba, la madre cocinaba, hacía todas las cosas de la casa, planchaba las camisas… Todas las cosas de las madres. El padre, carpintero, trabajaba, enseñaba al hijo a trabajar. Treinta años. '¡Pero que desperdicio, padre!' Pero nunca se sabe... Los caminos de Dios son misteriosos. ¡Pero lo que era importante allí era la familia! Y eso no era un desperdicio, ¿eh? Eran grandes santos. María, la mujer más santa, inmaculada, y José, el hombre más justo. La familia.

Ciertamente estaríamos enternecidos por el relato de cómo Jesús adolescente afrontaba las citas de la comunidad religiosa y los deberes de la vida social; al conocer cómo, cuando era un joven obrero, trabajaba con José; y luego su modo de participar en la escucha de las Escrituras, en la oración de los salmos y en tantas otras costumbres de la vida cotidiana. Los Evangelios, en su sobriedad, no refieren nada acerca de la adolescencia de Jesús y dejan esta tarea a nuestra afectuosa meditación. El arte, la literatura, la música han recorrida esta vía de la imaginación. Ciertamente, ¡no es difícil imaginar cuánto podrían aprender las madres de los cuidados de María por aquel Hijo! ¡Y cuánto podrían aprovechar los padres del ejemplo de José, hombre justo, que dedicó su vida a sostener y a defender al niño y a la esposa --su familia-- en los momentos difíciles! ¡Y no digamos cuánto podrían ser alentados los jóvenes por Jesús adolescente a comprender la necesidad y la belleza de cultivar su vocación más profunda y de soñar a lo grande! Y Jesús ha cultivado en aquellos treinta años su vocación por la cual el Padre lo ha enviado, ¿no? Dios Padre. Jesús jamás en aquel tiempo se ha desalentado, sino que ha crecido en valentía para seguir adelante con su misión.

Cada familia cristiana --como hicieron María y José--  puede antes que nada acoger a Jesús, escucharlo, hablar con Él, custodiarlo, protegerlo, crecer con Él; y así mejorar el mundo. Hagamos espacio en nuestro corazón y en nuestras jornadas al Señor. Así hicieron también María y José, y no fue fácil: ¡cuántas dificultades tuvieron que superar! No era una familia de mentira, no era una familia irreal. La familia de Nazaret nos compromete a redescubrir la vocación y la misión de la familia, da toda familia. Y como ocurrió en aquellos treinta años en Nazaret, así puede nos puede suceder también a nosotros: hacer que el amor sea normal y no el odio, hacer que la ayuda mutua sea algo común, no la indiferencia o la enemistad. Entonces, no es casualidad, que "Nazaret" signifique "Aquella que custodia", como María, que --dice el Evangelio-- "conservaba en su corazón todas estas cosas". Desde entonces, cada vez que hay una familia que custodia este misterio, aunque esté en la periferia del mundo, el misterio del Hijo de Dios, el misterio de Jesús que viene a salvarnos, está actuando. Y viene para salvar al mundo. (Y ésta es la grande misión de la familia, ¿eh? Hacer sitio a Jesús que viene, recibir a Jesús en la familia, en la persona de los hijos, del marido, de la mujer, de los abuelos, porque Jesús está allí. Acogerlo allí, para que crezca espiritualmente en esa familia. Que el Señor nos de esta gracia en estos últimos días antes de Navidad. Gracias.





domingo, 14 de diciembre de 2014

EVANGELIO DOMINICAL: “En medio de vosotros está uno a quien no conocéis”


3º Domingo de Adviento
Ciclo B
Evangelio: Juan 1, 6-8.19-28

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan.

Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.

No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.

Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?» 

Él confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo.» 

Y le preguntaron: «¿Qué pues?; ¿Eres tú Elías?» 

Él dijo: «No lo soy».» 

«¿Eres tú el profeta?» 

Respondió: «No.» 

Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?» 

Dijo él: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías». 

Habían sido enviados por los fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?» 

Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.» 

Esto ocurrió en Bethabara, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando. 

Palabra del Señor.


En las lecturas bíblicas de hoy [Isaías 61, 12.10-11; Magníficat o Cántico de alabanza de María Santísima (Lc 1, 46-54); 1 Tes 5,16-24; Juan 1, 6-8.19-28] encontramos una triple invitación: a estar siempre alegres en Dios nuestro salvador; a disponernos para reconocer al Señor que viene a nosotros y a estar preparados para el encuentro definitivo con Él. Preguntémonos cómo podemos responder a ellas especialmente en este tiempo del Adviento, cuando nos acercamos a la celebración de la Navidad y manifestamos nuestra esperanza en su venida gloriosa al final de los tiempos.

1.- Una invitación a estar siempre alegres en Dios, nuestro salvador

La profecía del libro de Isaías en el siglo VI antes de Cristo, el canto de María Santísima -que se recita hoy a manera de salmo responsorial- y el texto de la primera carta de san Pablo escrita hacia el año 51 a los cristianos de Tesalónica en Grecia, hacen énfasis en la alegría como característica de la fe y la esperanza en Dios. “Me alegro en el Señor con toda mi alma”, dice el profeta; “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador”, exclama María; “vivan siempre alegres”, escribe el apóstol Pablo, quien cinco años más tarde les haría una exhortación similar a los cristianos de Filipos: “estén siempre alegres en el Señor, se lo repito, estén alegres” (Filipenses 4, 4-5).

Diciembre es un mes de alegría. Pero, ¿qué clase de alegría? Para muchos, las fiestas o ferias navideñas consisten en el consumo desbocado del licor, las comilonas, el desenfreno y la bulla estrepitosa. Pero en este tipo de comportamientos no está la verdadera alegría. Se trata de un gozo aparente, en el que las risotadas muy pronto se convierten en la mueca amarga propia del vacío que deja en el alma la ausencia de los valores espirituales, que en definitiva es ausencia del amor de Dios para quien se cierra a Él y se niega a reconocerlo.

La alegría auténtica, a la que nos invita la Palabra de Dios, es aquella que surge del descubrimiento de la presencia salvadora del Señor en nuestra vida cuando acogemos con todo nuestro ser a Aquél que, tal como lo dijo el profeta, vendría a anunciar la “Buena Noticia”, a sanar, a proclamar el perdón, la libertad y el verdadero amor. Una buena noticia que va dirigida preferentemente “a los pobres” y a todos los que se reconocen necesitados de salvación. Una buena noticia que Dios mismo nos invita también a comunicar a nuestro alrededor, practicando la justicia e identificándonos con su amor tal como se nos ha manifestado en nuestro Señor Jesucristo.        

2.- Una invitación a disponernos para reconocer al Señor que viene a nosotros

En el Evangelio, los sacerdotes y levitas, es decir los encargados del culto en el Templo de Jerusalén, que por su oficio se supone que estaban llamados a reconocer la presencia de Dios, le preguntan a Juan el Bautista quién es -cuál es su misión-, y él les responde con una invitación a descubrir esa presencia y su acción salvadora en Jesús de Nazaret: “En medio de ustedes hay uno a quien no conocen”.

Esta misma invitación llega hoy también a cada uno de nosotros. Porque, aunque podamos decir que creemos en Jesucristo, ¿realmente lo conocemos y reconocemos su presencia en medio de nosotros? La respuesta a esta pregunta no podrá ser afirmativa si no sabemos descubrirlo a Él en quienes nos dijo que estaría siempre: en los pobres, en los necesitados. Por eso, para celebrar una Navidad auténticamente cristiana y disponernos a renovar nuestra vida en el año que viene, es preciso que nos preguntemos cómo podemos contribuir a que nuestra existencia y nuestra conducta sean un testimonio del reconocimiento de la presencia de Jesús, no sólo en su vida terrena hace poco más de dos mil años, no sólo en la acción de su Espíritu Santo hoy a través de la Iglesia y los sacramentos -no sólo en el sacramento de la Eucaristía-, sino también y especialmente en aquéllos por quienes el manifestó su preferencia: los rechazados, los marginados, los desposeídos, las víctimas de la injusticia y de la violencia.       

3.- Una invitación a estar preparados para el encuentro definitivo con el Señor

Durante todo el Adviento, la preparación para celebrar la venida del Señor que se hizo presente en medio de la humanidad hace poco más de veinte siglos con el nacimiento de Jesús, va unida a la expectativa de su llamada “segunda venida” o “venida gloriosa” al final de los tiempos.

Tanto en el conjunto de las lecturas bíblicas como en los “prefacios” o introducciones a la plegaria eucarística de la consagración del pan y del vino que se convierten para nosotros en el cuerpo y la sangre, en la vida del Señor que se hace presente en medio de nosotros para alimentarnos y hacernos comunidad con Él y entre nosotros, aparece durante este tiempo litúrgico la unión entre la conmemoración de la primera venida de Cristo en la humildad de nuestra carne y la esperanza activa en su venida gloriosa y definitiva, que para cada uno de nosotros sucederá cuando pasemos de este mundo a la eternidad.  

Tal esperanza activa consiste precisamente en comportarnos de tal modo “que todo nuestro ser (…) se conserve sin mancha hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo”, como escribe san Pablo en la segunda lectura. Para ello es necesario, como dice en el mismo texto bíblico el apóstol, orar sin cesar, no impedir la acción del Espíritu Santo, discernir para retener lo bueno y abstenerse de toda clase de mal. Revisemos entonces cómo estamos preparándonos para que el Señor llegue a nosotros en la celebración de la Navidad que ya se acerca, y para nuestro encuentro definitivo con Él al final de nuestra vida terrena.

Gabriel Jaime Pérez, S.J.

EVANGELIO DOMINICAL (audios): 3º Domingo de Adviento – Ciclo B


“El Espíritu del Señor” (Jn 1,6-8.19-28)

jueves, 11 de diciembre de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA: “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización"

Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 10 de diciembre de 2014 en la Plaza de San Pedro.

Catequesis sobre la Familia

Queridos hermanos y hermanas,

hemos concluido un ciclo de catequesis sobre la Iglesia. Damos las gracias al Señor que nos ha hecho este camino redescubriendo la belleza y la responsabilidad de pertenecer a la Iglesia, de ser Iglesia todos nosotros. Ahora iniciamos una nueva etapa, un nuevo ciclo sobre el tema de la familia, que se inserta en este tiempo intermedio entre dos Asambleas del Sínodo dedicados a esta realidad tan importante. Por eso, antes de entrar en el recorrido sobre los distintos aspectos de la vida familiar, hoy deseo comenzar precisamente desde la Asamblea sinodal del pasado mes de octubre que tenía este tema: “Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la nueva evangelización”. Es importante recordar cómo se ha desarrollado y qué ha producido, cómo se ha desarrollado y qué ha producido.

Durante el Sínodo, los medios de comunicación han hecho su trabajo --había mucha expectativa, mucha atención-- y les damos las gracias porque lo han hecho también con abundancia, muchas noticias, muchas. Esto ha sido posible gracias a la Sala de Prensa, que cada día ha hecho un briefing. Pero a menudo la visión de los medios era un poco del estilo de las crónicas deportivas o políticas: se hablaba a menudo de dos equipos, a favor y en contra, conservadores y progresistas, etc. Hoy quisiera contar lo que ha sido el Sínodo.

En primer lugar he pedido a los Padres sinodales hablar con franqueza y valentía y escuchar con humildad. Decir todo lo que tenían en el corazón, con valentía. En el Sínodo no ha habido censura previa. No ha habido. Cada uno podía, es más, debía, decir lo que tenía en el corazón, lo que pensaba sinceramente. Pero, padre, esto dará discusión. Pues claro. Lo hemos escuchado cómo han discutido los apóstoles. Dice el texto, ha salido una fuerte discusión, pero gritaban entre ellos. Los apóstoles, sí, porque buscaban la voluntad de Dios sobre los paganos, si podían entrar en la Iglesia o no. Era algo nuevo.

Siempre cuando se busca la voluntad de Dios en una Asamblea sinodal hay distintos puntos de vista, y hay discusión, y eso no es feo. Siempre que se haga con humildad y ánimo de servicio a la Asamblea de los hermanos. Habría sido mala la censura previa. No, no. Cada uno tenía que decir lo que pensaba.

Después de la Relación inicial del cardenal Erdö, ha habido un primer momento, fundamental, en el que todos los Padres han podido hablar y todos han escuchado. Es edificante esa actitud de escucha que tenían los Padres.  Un momento de gran libertad, en el que cada uno ha expuesto su pensamiento con parresía y con confianza. En la base de las intervenciones estaba el “Instrumento de trabajo”, fruto de la consulta precedente de toda la Iglesia. Y aquí debemos dar gracias a la Secretaría del Sínodo por el gran trabajo que ha hecho, tanto antes como durante la Asamblea. Realmente han sido muy buenos.

Ninguna intervención ha puesto en discusión las verdades fundamentales del sacramento del matrimonio, ninguna intervención:  la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la apertura a la vida. Esto no se ha tocado.

Todas las intervenciones han sido recogidas y así se ha llegado al segundo momento, es decir, un borrador, que se llama la Relación después de la discusión. También esta Relación ha sido preparada por el cardenal Erdö, articulada en tres puntos: la escucha del contexto y de los desafíos de la familia; la mirada fija en Cristo y el Evangelio de la familia; la confrontación con las perspectivas pastorales.

Sobre esta primera propuesta de síntesis se ha desarrollado la discusión en los grupos, que ha sido el tercer momento. Los grupos como siempre, estaban divididos por lenguas, porque es mejor así, se comunican mejor: italiano, inglés, español y francés. Cada grupo al final de su trabajo ha presentado una relación, y todas las relaciones de los grupos se han publicado en seguida. Todo se ha dado, había transparencia. Para que se supiera lo que pasaba.

En ese punto --es el cuarto momento-- una comisión ha examinado todas las sugerencias surgidas en los grupos lingüísticos y se ha hecho la Relación final, que ha mantenido el esquema precedente --escucha de la realidad, mirada al Evangelio y compromiso pastoral-- pero ha tratado de incorporar el fruto de las discusiones en los grupos. Como siempre, se ha aprobado también un Mensaje final del Sínodo, más breve y más divulgativo respecto a la Relación.

Este ha sido el desarrollo de la Asamblea sinodal. Alguno de vosotros puede preguntarme, ‘pero padre, ¿han discutido los Padres’  No se si han discutido, pero que han hablado fuerte sí, realmente ¿eh? . Y esta es precisamente la libertad que hay en la Iglesia. Todo ha sucedido ““cum Petro et sub Petro”, es decir, con la presencia del Papa, que es garantía de libertad y de confianza para todos, y garantía de la ortodoxia. Y al final con mi intervención di una lectura sintética de la experiencia sinodal.

Por tanto, los documentos oficiales salidos del Sínodo son tres: el Mensaje final, la Relación final y el discurso final del Papa. No hay otros.

La Relación final, que ha sido el punto de llegada de toda la reflexión, desde las diócesis hasta ese momento, ahora se ha publicado, ayer se ha publicada y se envía a las Conferencias Episcopales, que la discutirán en vista de la próxima Asamblea, la Ordinaria del 2015. Digo que ayer se ha publicado, se había publicado antes, pero ayer se ha publicado con las preguntas que se hacen a las Conferencias Episcopales, se convierte en Lineamenta del próximo Sínodo. 

Debemos saber que el Sínodo no es un parlamento, vienen representantes de esta Iglesia, de esta Iglesia… no es eso. Son representada sí, pero la estructura  no es parlamentaria, es totalmente diferente. El Sínodo es un espacio protegido para que el Espíritu Santo pueda trabajar; no ha habido confrontación entre facciones, como en el Parlamento que ahí es lícito, sino una confrontación entre obispos, que se ha dado después de un largo trabajo de preparación y que ahora proseguirá en otro trabajo, para el bien de las familias, de la Iglesia y de la sociedad. Es un proceso, es el camino sinodal normal. Ahora, esta Relatio vuelve a las Iglesias particulares y continúa en esas Igleeias, el trabajo de oración, reflexión, discusión fraterna para preparar la próxima Asamblea. Esto es el Sínodo de los Obispos. Lo confiamos a la protección de la Virgen, nuestra Madre. Que Ella nos ayude a seguir la voluntad de Dios tomando las decisiones que ayuden más y mejor a la familia. Os pido que acompañéis este recorrido sinodal, hasta el próximo, con la oración. Que el Señor nos ilumine, nos haga ir hacia la madurez de lo que debemos decir a todas las Igleias como Sínodo. En esto es importante vuestra oración. 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

COLUMNISTA INVITADO: “Brochero, el discípulo misionero”: ¡Un libro para el alma!

Escribe: 
Jesús Rodríguez Arias*

Si os digo la verdad el artículo que tenéis frente a vosotros hace bastante tiempo que tenía que haberlo escrito y la culpa no ha sido más que mía porque me ha sido tremendamente difícil el terminarlo. ¡No quería terminar de leerlo! ¡No podía y creo que nunca lo terminaré!

Es un libro que alimenta la vida, la conciencia, el día a día porque es un libro de fe desde que lo comienzas hasta que aparece el punto y final.

¡Sí, me lo he leído y disfrutado aunque nunca lo terminaré porque ya forma parte de mi, de mis más íntimos sentimientos, de mis profundas emociones, de mi realidad como cristiano, como católico y también como persona!

Lo tengo en mi poder desde finales de julio y desde entonces no paro de leerlo, me ayuda y me enriquece en cada momento y ocasión porque lo que en él está escrito sirve para cada momento que atraviesas de esta nuestra vida.

Es un libro que me ha ayudado, me ayuda y sigue ayudando a comprender y ver más claro cuál es mi camino hacia la santificación que es la verdadera meta y fin de los que nos consideramos aprendices de discípulos de Cristo.

Os estoy hablando de "Brochero, el discípulo misionero" de la editorial Bonum y cuyo autor es mi querido y buen amigo José Antonio Medina Pellegrini que es Sacerdote, periodista, escritor y sobre todo buen hermano en la fe en el que siempre puedo confiar.

Es una publicación sencilla, con un lenguaje cercano que lo puede leer desde los Obispos, los catedráticos hasta las personas sencillas que no tienen un alto nivel cultural. Eso es lo que distingue a los buenos comunicadores y escritores que saben conectar y hacerse entender desde los intelectuales hasta las personas que apenas saben leer y escribir.

Me ha conmocionado la vida del Cura Brochero, de José Gabriel del Rosario Brochero, y su compañera de viaje para llevar a Dios a los sitios más recónditos y perdidos: ¡Malacara!

El Cura Brochero llevó una vida de santidad haciendo santos a cuantos rodeaba, el Beato Brochero es santo en el Cielo y en la Tierra aunque siempre lo fue en su terruño, con sus gentes a la que se entregó hasta más allá de la muerte.

Leer, comprender, gozar y vivir la vida intensa de fe y de servicio a Dios por medio de los demás del Cura Brochero es quitarte de un sopapo todas las tonterías que algunas veces pululan por nuestras mentes cansadas de tanto hastío y necesitadas de vidas entregadas a la Verdad que es Dios.

Recomiendo para mayor gloria de nuestras propias almas rezar meditadamente la Novena y el Vía-Crucis del Cura Brochero así como las oraciones que componen este libro así como la carta que le ha dirigido un joven sacerdote a este Beato Santo argentino.

El Padre Mauro Guillermo Quevedo escribe una carta-oración de gran profundidad espiritual al Cura Brochero, al cual llama como hermano mayor, y en ella pone su vida de sacerdocio, de fe, apostólica así como la de sus hermanos presbíteros como la de Su Santidad el Papa Francisco en sus manos para que los protejan y los cuide allá en la inmensidad del Cielo de cuya Paz disfruta junto a Dios.

Cada párrafo supone un aldabonazo para nuestra vida de fe, nuestra vida espiritual, nuestra vida como consecuentes hijos de Dios que tenemos la preciosa misión de evangelizar por donde vayamos aunque, como es el caso, este viaje sea virtual y sea recorriendo el mundo por las calles digitales de la Fe en el Amor del Padre Eterno y la Purísima a la que tanto veneró el Beato Brochero.

No os puedo negar que quiero mucho al Padre José Antonio Medina Pellegrini y que lo que salga de sus manos, de sus pensamientos, de sus reflexiones, de su oración lo acojo con júbilo en mi corazón por eso he querido escribir este necesario artículo sin fecha, hora ni tiempo porque he querido que mi alma hablara, no el corazón de amigo y hermano, sin tapujos y lo ha hecho. ¡Lo escrito permanece en el tiempo inmemorial que puede hacer que las situaciones las vivamos de otra forma aunque no se mueva ni una coma!

Hoy he querido escribir de este libro, el cual recomiendo fervorosamente su lectura, porque hace mucho bien a nuestra vida de fe y comprendemos mucho mejor, si sabemos mirarnos nuestro interior, lo que Dios quiere de cada uno de nosotros.

No solo quiero felicitar a su autor por esta incomensurable obra sino que quiero darle las gracias desde lo más profundo de mi ser por haber puesto en mis manos un libro que es un verdadero instrumento de evangelización, de oración meditada y reflexionada en el Señor por medio de la Vida y Obra del Cura Brochero.

Quiero terminar con la frase de despedida del joven Sacerdote D. Mauro Guillermo Quevedo: "¡Hasta siempre querido hermano! ¡Nos seguimos encontrando en cada Eucaristía hasta que llegue el día del abrazo eterno en la casa del Tata Dios!"

Recibe, mi querido hermano, un fuerte abrazo y que Dios nos siga bendiciendo.


Jesús Rodríguez Arias* es Miembro de la Hermandad Sacramental de los Afligidos de San Fernando y de la Esperanza Macarena de Sevilla, Caballero de la Real y Benemérita Institución de los Caballeros Hospitalarios de San Juan Bautista, y socio de Hazte Oír, Derecho a Vivir y de la Plataforma “Más Libres”.

Ponente en varias mesas redondas, tertuliano en radio, participante de varios congresos y seminarios. Actualmente es articulista y colaborador en varios medios de comunicación. Miembro de la Asociación de “Blogueros con el Papa” así como de más de 40 redes internacionales de cristianos perseguidos, apologética, Adoración Eucaristíca, Blogueros Católicos.

Desde octubre de 2011 está metido de lleno dentro del carisma bloguero siendo director y autor del blog “Sed Valientes” que se fundamenta en la defensa de los valores del Humanismo Cristiano: http://sedvalientes.blogspot.com.es/

martes, 9 de diciembre de 2014

PAPA FRANCISCO: “A pesar de ser pecadores, somos tus hijos, María Inmaculada”

Queridos amigos y hermanos del blog: ayer lunes, fiesta de la Inmaculada Concepción, el papa Francisco, fue poco antes de las 16 horas a la basílica de Santa María la Mayor, el principal santuario mariano de Roma, en donde se encuentra un cuadro de 'María Salus Populi Romani'. Allí depositó un ramo de rosas blancas y amarillas a los pies de la imagen de la Virgen. A continuación rezó algunos minutos y encendió un cirio.

Poco después fue a la plaza de España, para el tradicional acto de veneración de la Inmaculada Concepción, en la Plaza de España. Allí llegó en un vehículo azul, no de lujo, y al descender del auto saludó al cardenal Agostino Vallini, y algunas pocas autoridades.

Tras la lectura del Evangelio, el Papa recitó una siguiente oración. A continuación el coro pontificio de la Capilla Sixtina entonó en italiano unas letanías en honor de María, y el latín el Ave María y el Tota pulcra est María.

El Santo Padre Francisco entonces se acercó para saludar a los enfermos en silla de rueda que estaban en primera fila.

Les ofrezco el texto de la oración del papa Francisco a María Inmaculada:

«Oh María, Madre nuestra,
hoy el pueblo de Dios en fiesta te venera Inmaculada,
preservada desde siembre del contagio del pecado.

Recibe el homenaje que te ofrezco en nombre
de la Iglesia que está en Roma y en el mundo entero.

Saber que tú, que eres nuestra madre,
que eres totalmente libre del pecado nos conforta.
Saber que sobre ti el mal no tiene poder, nos llena de esperanza y de fortaleza
en la lucha cotidiana que debemos realizar
en la lucha contra las amenazas del maligno.

Pero en esta lucha no estamos solos, no somos huérfanos,
porque Jesús, antes de morir en la cruz, nos ha dado a ti como madre.
Nosotros por lo tanto, a pesar de ser pecadores, somos tus hijos, hijos de la Inmaculada,
llamados a aquella santidad que en ti resplandece por la gracia de Dios desde el inicio.

Animados por esta esperanza,
nosotros hoy invocamos tu materna protección para nosotros,
para nuestras familias, para esta ciudad, para el mundo entero.

La potencia del amor de Dios, que te ha preservado del pecado original,
por tu intercesión libere a la humanidad de todo tipo de esclavitud espiritual y material,
y haga vencer, en los corazones y en los eventos, el designio de salvación de Dios.

Haced que también en nosotros, tus hijos, la gracia prevalga sobre el orgullo
y podamos volvernos misericordiosos como es misericordioso nuestro Padre Celeste.

En este tiempo que nos conduce a la fiesta de la Navidad de Jesús,
enséñanos a ir contracorriente:
a despojarnos, abajarnos, donarnos, escuchar, hacer silencio,
a descentrarnos de nosotros mismos, para dejar espacio a la belleza de Dios,
fuente de la verdadera alegría.

¡Oh Madre nuestra Inmaculada, reza por nosotros!