domingo, 23 de agosto de 2009

EVANGELIO DOMINICAL: "¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna"

21º Domingo durante el año – Ciclo B
Evangelio: San Juan 6, 60-69

"¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna"

Queridos amigos y hermanos: la elección de Dios -libre, voluntaria y por amor-, y la fidelidad en la respuesta es el tema del Evangelio de este Domingo.
Al concluir el discurso sobre el “pan de vida” (Jn. 6, 61-70) Jesús impone una elección a cuantos le escuchan. O seguirle aceptando el misterio de su carne y de su sangre dados en alimento a los hombres o apartarse de él. No sólo los judíos se escandalizan de sus palabras, sino hasta “muchos discípulos” suyos murmuran: “Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso?” (ib 60). Y Jesús en lugar de cambiar de estilo, les advierte la necesidad de la fe: “El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y con todo algunos de vosotros no creen” (ib 63-64).
Nada, pues, de escandalizarse o discutir, sino creer. Sin la fe y sin el Espíritu que ilumina y vivifica, el mismo misterio del Cuerpo de Cristo puede quedarse en “carne” que no aprovecha al espíritu y no da la vida. Sin la fe el hombre puede oír hablar de carne y sangre de Cristo, puede ver pan y vino, pero no entender la gran realidad escondida en estas palabras y en estos signos.
No hay que ser fáciles en condenar a quien no cree; hay que compadecerse más y bien y orar para que los hombres se abran al don de la fe que Dios concede con largueza y no lo rehúsen prefiriéndole a sus cortos razonamientos humanos. Por esta repulsa “muchos discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con él” (ib 66). Es impresionante comprobar que el Señor no hizo nada por retenerlos, sino, vuelto a los Doce, les preguntó: “¿También vosotros queréis marcharos?” (ib 67).
El misterio de Cristo es único e indivisible: o se lo acepta íntegramente o, rechazando un aspecto, se lo rehúsa todo. Ni siquiera la compasión por los incrédulos o el deseo de atraer a los hermanos alejados puede legitimar una mutilación de lo que Jesús ha dicho sobre la Eucaristía. Nadie ha amado a los hombres y procurado su salvación más que él; sin embargo ha preferido perder “muchos” discípulos a modificar una sola de sus palabras. Quien se ha decidido por Cristo sólo tiene que decir con Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos, y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios” (ib 68-69).
Conviene recordar con objetividad que Judas se apartó del Maestro justamente en esta ocasión; el anuncio de la Eucaristía fue la piedra de toque de la autenticidad de la elección de Cristo no sólo por parte del pueblo, sino por la de los discípulos y apóstoles. Así la fe en este misterio continuará distinguiendo, a través de los siglos, a los verdaderos seguidores de Cristo.
Con mi bendición.
Padre José Medina

© Dibujo original de Cerezo Barredo

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