domingo, 16 de agosto de 2009

VIRGEN MARÍA: Su Asunción a los Cielos

Queridos amigos y hermanos, el último Dogma de Fe que se ha definido con respecto a la Santísima Virgen, es el de la Asunción de la Virgen María a los Cielos.
La Virgen María una vez transcurridos sus días mortales fue “asumida” o “asumpta” a los cielos; o sea, resucitó como su Hijo y fue llevada a la gloria del cielo, en cuerpo y alma.
No decimos “ascensión”, sino “asunción”, porque fue llevada por Jesucristo y los ángeles, como piadosamente creemos. Se cree que vivió en la tierra unos 72 años.
El Papa Pío XII definió en el año 1950, después de consultar a todos los Obispos del mundo, que la Asunción de María a los cielos es una Verdad de Fe.
¿Dónde está en los Evangelios esta Verdad de Fe? En ninguna parte, ya que se halla contenida en la Sagrada Tradición.
Los Evangelios terminan con la Ascensión de Cristo, y fueron escritos mucho antes de la muerte de Nuestra Señora. La Iglesia Católica sostiene que la revelación de Dios a los hombres está contenida en dos lugares: la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición.
¿Qué es la Tradición? Es aquello que escribieron los llamados “Padres de la Iglesia”, que fueron los escritores sucesores de los apóstoles. Y éstos fueron los que nos transmitieron el hecho real de la Asunción de María a los Cielos.
Desde el principio de la Iglesia los fieles llamaron a la muerte de María la “dormición” o “tránsito”, pero no “muerte”.
María no tenía pecado original, de modo que el castigo del pecado que es la muerte no le correspondía, pero murió para seguir en todo a su Hijo en la obra de la redención; así como cumplió la ley de la purificación después del parto, que no la obligaba a ella. María siguió a Cristo en la muerte y también en la resurrección.
Cristo y María Santísima resucitaron para nosotros, y entraron en la gloria como representantes de todo el cuerpo de la Iglesia, como primicias de nuestra resurrección futura. Un cuerpo de varón y un cuerpo de mujer ya están en el cielo, transformados por Dios en algo semejante a los ángeles.
Así pasará con nuestros cuerpos, no es su destino final el estorbar al alma, decaer en la vejez, y podrirse para siempre en el sepulcro. No, nuestro destino final es ser renovados, perfeccionados por el Creador de una manera extraordinaria como lo fue ya el cuerpo de la Santísima Virgen, junto a su Hijo en el cielo.

1 comentario:

  1. HOLA PADRE UN PLACER ENORME ENCONTRARLO, desde la Asuncion de Dorrego un abrazo de hermanos
    acuerdate que cuando vuelvas hay fideos caseros esperandote
    Alberto Holgado y familia

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