sábado, 22 de agosto de 2009

VIRGEN MARÍA: Reina y Señora de todo lo creado

Queridos amigos y hermanos, esta Fiesta de la Virgen que hoy celebramos, la meditamos cada vez que contemplamos el quinto misterio de gloria del Santo Rosario, que nos presenta la Coronación de María Santísima, como Reina y Señora de todo lo creado.
Este título es la consecuencia lógica que le viene por ser la Madre de Dios, y por tanto, tiene una dignidad que está por encima de todos los santos y de todos los ángeles: es Reina de todos los Ángeles y Abogada de todos los hombres.
La Coronación es la continuación del misterio de su Asunción a los Cielos. Cuando María subió a los cielos en cuerpo y alma, subió derecho al Trono de Dios y fue colocada al lado de su hijo Jesucristo.
Todas las cosas que tienen relación directa con Dios son en alguna manera infinitas, como la Humanidad de Jesucristo. Y así es María, Madre de Dios, y así también el cielo, en cierta manera, infinitos.
¿Y cómo es el cielo? ¿Cómo es el lugar donde María reina? San Pablo que lo vio, afirma: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre puede soñar, lo que Dios tiene preparado a los que lo aman” (1 Cor. 2,9).
El cielo es la restauración del paraíso terrenal perdido por el pecado de nuestros primeros padres, según está prometido por Isaías y San Juan: “He aquí que Yo hago nuevas todas las cosas, nuevos cielos y nueva tierra” (Ap. 21, 1-5). La hermosísima María de Nazaret, es el comienzo de la restauración del Edén. Solamente verla a Ella, llenará nuestra alma de un gozo infinito.
En el cielo, nuestros cinco sentidos serán perfeccionados por la resurrección y nuestros cuerpos transformados serán inmunes al daño y a toda dolencia, rejuvenecidos, hermosos y resplandecientes, portentosamente ágiles, como lo es ahora el cuerpo de la Virgen en el cielo.
Todos los astros nos serán accesibles, y no nos aburriremos jamás, porque la felicidad no aburre. Inmensas y prodigiosas obras serán nuestra ocupación, porque no sabemos lo que Dios puede crear todavía: “nuevos cielos y nueva tierra”, y lo que Dios puede es infinito.
Imaginar todo esto nos cuesta. Que cada cual imagine lo que más pueda y se quedará corto. La gloria de María, la gloria del Cielo, es inefable. Pero tenemos una certeza, desde el cielo, Ella está junto con su Hijo preparando nuestra morada eterna.
Que más allá de nuestras limitaciones y pecados, sea la Virgen la esperanza de llegar un día a la casa de nuestro Padre, a la morada que Jesús nos tiene prometida.
Con mi bendición.
Padre José Medina

1 comentario:

  1. que enseñanza tan buena, si alguien realmene quiere meditar en el cielo y quedarce horas en esa meditacion, ciertamente esta refleccion es, en mi opinion, un medio que sin duda motiva y entusiasma a la aspiraciones celestiales que constantemente Dios nos invita, y esque no hay nada que dudar tratandoce de nuestra amada madre, ella siempre nos estara recordando atravez de su figura su imagen, su ejemplo su testimonio en fin su misma persona que hay un cielo nuevo y una tierra nueva donde ella havita en virtud de su hijo cristo y que alli donde ella esta quiere que yo este. gracias
    hno jose maria del niño Dios F.D.M.

    ResponderEliminar