lunes, 17 de agosto de 2009

ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS: Vivencias de un sacerdote argentino en Europa

Ávila (España), 19 Mar. 09 (AICA)

Mons. Rubén Frassia, junto al Santo Padre

José Antonio Medina es un sacerdote argentino, nacido en Mendoza e incardinado en Avellaneda-Lanús, que actualmente se encuentra en España, más precisamente en Ávila, la ciudad amurallada de la gran Teresa, donde está cursando un Máster en Mística y Ciencias Humanas en la Universidad Internacional de la Mística, dependiente del Centro Internacional Teresiano Sanjuanista de Ávila.
Durante su estadía en la diócesis de Avellaneda-Lanús fue párroco en dos parroquias, responsable de los medios de comunicación social de la diócesis, y al mismo tiempo secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal de las Comunicaciones Sociales.
Luego viajó a Mendoza, su tierra natal, donde permaneció unos años cuidando a su anciano padre. El arzobispo mendocino, monseñor José María Arancibia lo nombró administrador parroquial de la Asunción de la Virgen, en Coronel Dorrego. Además de atender la parroquia inició un programa radial: “Haciendo radio con Cristo y María”, con noticias de AICA, en una radio FM.
Ahora, mientras dure su estadía en España, y para conservar su vena periodística, llegó a un acuerdo con AICA para enviar a esta agencia una serie de notas y reportajes, bajo el título o idea de “Vivencias de un sacerdote argentino en Europa”.
“En una pausa en mis estudios -explica- trataré de acercarles una serie de escritos y reportajes que a lo largo de este año enviaré a la consideración de ustedes desde Europa a través de la presencia, siempre eficaz y eclesial de AICA, sobre personas, acontecimientos y vivencias desde la perspectiva, tan antigua y siempre nueva de la fe en Cristo, luz del mundo y de las gentes”. Su primer envío es un reportaje, sobre diversos temas, al obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, una parte del cual es lo que sigue.

Vivencias de un obispo en visita “ad límina apostolorum”

Estoy ahora en Roma, a metros de la Plaza de San Pedro, en una ya primaveral mañana romana, esperando participar del rezo del Ángelus con el Santo Padre Benedicto XVI. Junto a mí, monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, un Pastor que reza y trabaja en estos días junto a Pedro por sus ovejas. Le propongo que a través de este medio salude a los lectores de AICA, y así lo hace.

“Quiero saludarlos a todos y compartir con todos ustedes, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, que hemos terminado la Visita “ad límina” este primer grupo de obispos argentinos venidos a Roma. Hemos visitado los diferentes dicasterios romanos, las congregaciones más importantes, que junto con el Santo Padre, se ocupan de todas las Iglesias en la problemática correspondiente a cada uno.

“Hemos visitado las Congregaciones: para la Doctrina de la Fe; para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos; para los Obispos; para el Clero; para los Institutos de Vida Consagrada; y para la Educación Católica; los Consejos Pontificios “Cor Unum”; de los Migrantes e Itinerantes; para la Familia, y para la Justicia y la Paz.

“Hemos participado en todas las reuniones, con un presidente en cada equipo y un relator, un obispo argentino designado con antelación para poder explicar los temas y expresar los saludos, que no son meramente protocolares, sino saludos de comunión de cada Iglesia particular con las demás Iglesias reunidas en la persona y misión de Pedro.

“Tuvimos la alegría de ser recibidos por el Santo Padre Benedicto XVI. Primero lo saludamos personalmente y después por su escaso tiempo, por esta vez, el Santo Padre nos reunió en pequeños grupos, porque estaba en vísperas del inicio de su viaje apostólico a África el martes 17. Le prometimos que lo acompañaremos con nuestra oración y la de nuestras diócesis.

“En la visita personal con el Santo Padre le transmití los saludos de todos los feligreses, porque cuando estaba a punto de partir a Roma, les pregunté a los fieles, en varias parroquias y en distintas oportunidades, si querían que le llevara saludos, y todos asentían con un aplauso y a la salida de la iglesia me decían: “dígale al Santo Padre que lo queremos mucho y que le enviamos nuestra adhesión y nuestra compañía”.



“Una señora me preguntó en una comunidad si podía acercarle yo una carta al Santo Padre. Días después me dejó la carta en el Obispado y yo tal como me la dio la coloqué en otro sobre y así se la entregué al Papa, quien al recibirla, me dijo: “questo mi incoraggia molto” (“esto me anima”). Luego le pedí la bendición para la diócesis, para los sacerdotes, para los religiosos y religiosas, por los diáconos, por los seminaristas, para los fieles, y para todas las personas de nuestra diócesis. El Santo Padre con mucha voluntad -“volentieri” dicen aquí-, nos dejó su bendición apostólica.

Mons. Frassia, predicador en Asís

- Monseñor, sabemos que los obispos argentinos que están haciendo la visita “ad límina” peregrinaron a Asís y en la misa que allí concelebraron usted pronunció la homilía, tanto a los Obispos como a los fieles allí reunidos. ¿Qué podemos rescatar de lo allí expresado por Usted?

-“El secretario general de la Conferencia Episcopal, monseñor Enrique Eguía Seguí, me pidió si yo podía hacer la homilía, lo que acepté con mucho gusto. “Dije que estábamos recorriendo un camino muy importante, tocar a San Francisco de Asís, el hombre que vivió intensamente el espíritu del Evangelio, sin ninguna otra programación que la del Espíritu Santo. Pedí a San Francisco por todas nuestras diócesis, por todo nuestro país. Pedí que pudiésemos vivir, no tanto la programación de las cosas y de las actividades, sino el espíritu por el cual es mucho más intenso, más significativo y más revolucionario. Porque el Espíritu Santo es el que nos guía, nos impulsa, nos da sentido, le da sabor a la sal y le da luz a la vida del mundo. Le pedí a San Francisco por nuestros obispos y por todos nosotros, y que en este tiempo especialísimo de gracia que es la cuaresma nos dé la gracia de la conversión para que vivamos todos en el Señor y por el Señor. Que descubramos que “no basta decir Señor, Señor” sino que sepamos que hay que hacer la voluntad del Padre. San Francisco lo vivió y lo hizo, y también nosotros siguiendo sus huellas como peregrinos debemos hacer lo mismo. No solo decirlo, sino hacerlo y encarnarlo en nuestra vida”.

1 comentario:

  1. Realmente pude vivir esa Comunion con el Sumo Pontifice, recorriendo su relato de esta visita, muchas gracias a Dios y a usted que nos lo acerca.
    Elvira (SAN LUIS_ARG)

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