viernes, 18 de septiembre de 2009

COLUMNISTA INVITADO: "Mi encuentro personal con Su Santidad Juan Pablo II"

Escribe:
Marisol Carpintero Estevez*

Mi encuentro personal con Juan Pablo II tuvo lugar de forma muy especial en el contexto de mi propia enfermedad a partir del año 2000, Año del Gran Jubileo. Juan Pablo II, desde hacía mucho tiempo estaba pensando en el Año 2000, para celebrar con gran solemnidad el segundo milenio del nacimiento de Jesucristo. Todos recordamos como, en la noche del 24 de diciembre de 1999, se dirigió a la entrada principal de la Basílica de San Pedro, que había permanecido sellada durante casi un cuarto de siglo y dio tres golpes a la gran puerta con un martillo de plata: quedó así inaugurado el Año Santo Jubilar. “Cristo es la verdadera puerta que nos abre el acceso a la Casa del Padre y nos introduce en la intimidad de la vida divina”.

Aquel año estuve sumergida en un mar, que parecía sin fondo, de problemas de salud. Tras haber sido diagnostica y tratada, con tratamiento quirúrgico y radioterápico a causa de un linfoma. En esta situación el Señor me concedió gran paz y serenidad aunque no dejase de parecerme aquella situación muy seria. La recitación del salmo 22 “El Señor es mi Pastor, nada me falta…” era mi forma de oración más frecuente, sintiéndome arropada por Dios Padre. En realidad esta certeza del Padre que protege, la he tenido desde que tengo uso de razón. A pesar de la fragilidad de mi cuerpo, quise sumarme a los millones de personas que cruzaron la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, que fue mi encuentro con Jesucristo de forma especial.

Ya había escrito Juan Pablo II en 1984, en su Carta Apostólica “Salvifici Doloris”, algo verdaderamente conmovedor: “A través de los siglos y generaciones se ha constatado que, en el sufrimiento, se esconde una particular fuerza que acerca interiormente al hombre a Cristo, una gracia especial. A ella deben su profunda conversión muchos santos, como por ejemplo San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, etc. Fruto de esa conversión es, no solo el hecho de que el hombre descubre el sentido salvífico del sufrimiento, sino sobre todo que, en el sufrimiento, llega a ser un hombre completamente nuevo”.

En ese camino me puso mi situación de enfermedad en el Año Jubilar 2000. Tengo la absoluta certeza de que Dios Padre se hizo presente de manera especial en mí, alcanzándome su bendición, por la mediación de Juan Pablo II, que tomó en mi vida, a partir de entonces un interés especial, que ha seguido creciendo con gran gozo hasta el día de hoy.

En mi alma siento un profundo amor hacia la persona de Juan Pablo II. Me ayuda a caminar con esperanza, con fortaleza, con fe en este camino que he de recorrer hacia el encuentro definitivo. Desde el momento que comprendí que Dios se hacía presente en mi vida a través de su mediación, trato de conocerle, sobre todo a través de la lectura de los libros que él ha escrito. En ellos he descubierto a un verdadero hombre de Dios, a un cristiano ejemplar al que tengo la posibilidad de imitar porque ejerció su ministerio pastoral en forma de servicio.

He aprendido de él, la coherencia inquebrantable, sin rupturas entre su fe en Jesucristo y su vida. Me enseña a no dejar los acontecimientos de mi vida en manos de “la casuística” o “del destino”. Dios marca en cada momento el rumbo de nuestra historia, de mi historia. El valor de “otorgar y recibir el perdón”. Un gesto que repitió mucho. De forma especial en toda la historia de la Segunda Guerra Mundial y en el atentado que sufrió. Pero sobre todo me enseña con su doctrina y el testimonio de su vida el valor salvífico y redentor del sufrimiento. La enfermedad no la hay que ocultar, ni la ancianidad, ni la invalidez, hay que ponerla en valor como ofrenda válida ante Nuestro Señor.

Esta devoción, esta admiración ¿Es un fanatismo, superstición? Dice el Cardenal Angelo Comastri, responsable de la Basílica de San Pedro. “¡No es una superstición! Porque la gente sabe que Juan Pablo II estaba completamente entregado al servicio de Dios y de Jesucristo. Rindiendo homenaje al Papa se alaba al Señor que lo ha dado a la Iglesia y a nuestro tiempo”.

* Marisol Carpintero Estevez, es enfermera del Hospital Provincial de Ávila y Directora del Secretariado Diocesano de Pastoral de la Salud de la Diócesis de Ávila, España.

2 comentarios:

  1. Marisol Carpintero se merece todo, no solo por su devoción y difusión de la memoria del Papa Magno, sino por la dedicación inteligente y entusiasta a la pastoral de la salud.Este Secretariado Diocesano que ella dirige, destaca con luz propia y llega a todos, sanos y enfermos.Felicito al P.Medina por haberle dedicado esta página inigualable.Nicolás González

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  2. ..."se ha constatado que, en el sufrimiento, se esconde una particular fuerza que acerca interiormente al hombre a Cristo, una gracia especial. A ella deben su profunda conversión muchos santos".....

    .."La recitación del salmo 22 “El Señor es mi Pastor, nada me falta…” era mi forma de oración más frecuente, sintiéndome arropada por Dios Padre".....

    Enhorabuena Marisol !!! y Gracias por Ofrecernos Tu Testimonio y, Tu "SECRETO" !!! "El SEÑOR ES MI PASTOR....!!! NADA ME FALTA!!!
    Graciassss !!! Pilar.

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