domingo, 13 de septiembre de 2009

EVANGELIO DOMINICAL: La dinámica del Evangelio: "el que gana, pierde"

24º Domingo durante el año
Ciclo B
Evangelio: Marcos 8, 27-35

Una vez más se presenta en el Evangelio del Domingo la paradoja de la cruz, misterio de dolor y de salvación, de muerte y de vida. Lo que es “locura y necedad” para el mundo: la dinámica evangélica del que “gana-pierde”. Sobre este fondo se desarrolla el relato de Marcos 8, 27-35, que resulta particularmente maravilloso.

Después de haber provocado el reconocimiento de su mesianidad por parte de sus discípulos, Jesús corrige y completa la idea de los Doce, que como todos sus connacionales, tenían de ella. El pueblo judío, en efecto, dando de lado a las profecías del Siervo de Yahvé y basándose únicamente sobre las que representaban al Mesías como libertador y restaurador de Israel, lo imaginaba cumpliendo su misión mediante el triunfo y la gloria. Jesús mismo desdeña esa concepción y anuncia claramente su pasión: “Y empezó a instruirles: ‘El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho… y ser ejecutado’.” (ib 31).

Pedro, el que primero y con tanto aplomo había proclamado: “Tú eres el Mesías” (ib 29), es también el primero en reaccionar: “se lo llevo aparte y se puso a increparlo” (ib 32). Precisamente porque reconoce en él al Mesías, el Hijo de Dios vivo, no puede admitir que Jesús deba sucumbir a la persecución y a la muerte. Como verdadero judío se escandaliza él también de la cruz y la considera una necedad, un absurdo. Pero Jesús no condesciende, antes lo trata como había tratado al tentador en el desierto: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!” (ib 33).

Palabras duras de las que resulta evidente que toda tentativa de alejar la cruz, de forjarse un cristianismo sin Crucificado y de eliminar el sufrimiento de la propia vida está inspirado por Satanás. Por eso Jesús, después de haber hablado a sus íntimos de la pasión, convoca a la muchedumbre y les anuncia a todos la necesidad de la cruz: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio, la salvará” (ib 34-35).

Pedro no acepta que Jesús deba recorrer el camino de un profeta y se pone a reprenderlo. Pero Jesús lo reprende, a su vez, y le reprocha: “Tú no piensas como Dios, sino como los hombres” (ib 33). El pensamiento de los hombres es el de un Mesías terreno que goza de los honores del mundo; el pensamiento de Dios es el de un Mesías que entrega su vida por la salvación del mundo. El pensamiento de los hombres consiste en pasarlo bien en este mundo; pero “quien quiera salvar su vida, la perderá” (ib 35). El pensamiento de Dios consiste en entregar la vida en este mundo para gozar de ella eternamente: “Quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará” (ib 35). El pensamiento de Dios lo tiene quien recorre en esta tierra el mismo camino que recorrió Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (ib 34). Pedro, finalmente, asumió el pensamiento de Dios y siguió este camino.

Los apóstoles irán comprendiendo gradualmente esta lección; todos ellos, de un modo u otro, llevarán la cruz y darán su vida por Cristo; y Pedro morirá por amor de él en esa cruz que tanto le había escandalizado. La invitación que hace Jesús a seguirle cargando la cruz y la promesa que hace a quién pierde su vida por él la salvará. Esa es la gran recompensa que tienen todos aquellos que siguen la voluntad de Dios, sabiendo que cada obra que hagan por amor a Él y al prójimo nos lleva por el camino de la santidad en esta vida terrenal y si Dios quiere en la celestial.

Reflexionemos en este día quién es realmente y qué significa Jesús para mí. Sin dejar de meditar cuál es su voluntad y qué debo hacer yo por el en bien de los demás. Una última consideración sugerida por la segunda lectura (Sant 2, 14-18), en la que se dice que la fe sin obras es muerta. Si el cristiano no testimonia su fe en Cristo aceptando llevar con él la cruz, esa fe es vana.

Con mi bendición.
Padre José Medina

2 comentarios:

  1. Muy amado en el Señor Padre Medina:
    Es un gozo escuchar de viva voz tu homilia en la Celebración de la Santa Misa, y vuelve a serlo recordar aquello leyendo de nuevo lo que el Señor te inspira en el Blog. De nuevo mi oración:
    Señor Jesús, concede a todo mi ser que mi pensamiento sea conforme al Tuyo. Yo no puedo pensar como Tu, porque soy pobre criatura, pero puedo ofrecerte todo mi ser mis pensamientos, mis sentimientos para que Tu los rectifiques si no son, por mis pecados, conformes a Tu santa voluntad.
    Padre de bondad y de amor ¿quién digo que eres Tú? ¿quién eres Tu para mi? Eres mi Dios, eres mi fortaleza, eres mi esperanza, eres mi razón de ser, eres el Hijo de Dios. No permitas que nunca jamás pueda sentir ni decir otra cosa. Como lo hiciste con Pedro y Tus discípulos, lléname de Tu Espíritu de Amor. Que así sea.

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  2. Me gustaria llegar a tener tanta fe como ustedes, ahora mi fe es pequeña, pero la siento crecer, es como una semilla a la que la llega la primavera. !Buen dia¡

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