domingo, 20 de septiembre de 2009

EVANGELIO DOMINICAL: ¿Quiéres ser el primero?, Vale, sé el último

25º Domingo durante el año
Ciclo B
Evangelio: Marcos 9, 30-37

El Evangelio de este Domingo (Mc. 9, 30-37) continúa con el discurso sobre la pasión: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará” (ib 31). El Señor no separa nunca el anuncio de su pasión del de su resurrección, que es el epílogo de aquélla e ilumina su valor. Los discípulos, en cambio, se quedan sólo en la primera y, aterrorizados, procuran huirla. El evangelista nota que “les daba miedo preguntarle” (ib 32) sobre ese tema: prefieren ignorarlo, evitarlo.

Y llama la atención que, por el contrario, se ponen a discutir entre sí “quién era el más importante” (ib 34). Es la mentalidad del hombre terreno que huye de la cruz, para procurarse en cambio, un poco de gloria y asegurarse un puesto elevado por encima tal vez de los otros. Los discípulos intuyen que tales sentimientos no agradan al Señor y se los quieren ocultar; pero él, que lee en sus corazones, les dice: “quien quiera ser el primero, que sea el último de todos” (ib 35). Es lo que él mismo hará en su pasión: se reducirá a siervo o esclavo de los hombres hasta morir por ellos como el último malhechor; pero resucitando será el primero, el primogénito de muchos hermanos adquiridos al precio de su sangre.

Jesús hace una afirmación que va en contravía de las ambiciones de poder que acariciamos los seres humanos. ¿Y qué comentario le merecen las aspiraciones de sus discípulos? No los regaña por pretender ocupar los primeros puestos. Simplemente ofrece un criterio y traza un camino: vuelve aquí la dinámica propia del Evangelio: si quieres ser primero, sé último. Jesús no rechaza los deseos de sobresalir. No es malo querer ocupar los primeros puestos: en los estudios, en los deportes, en el ejercicio profesional. La novedad de su mensaje radica en el camino que Él propone: para destacarnos no podemos atropellar a los demás, sino actuar a favor de ellos. De ahí la enorme responsabilidad de los padres de familia y educadores, que debemos inculcar en los jóvenes el deseo de superación pero por el camino correcto. Debemos evitar aquellos estímulos perversos que excitan un desmedido espíritu de competencia. Por el contrario, debemos favorecer la cultura del “juego limpio” en el deporte, en los negocios, en la vida política.

Y para concretar mejor su enseñanza, Jesús acercó “a un niño, lo puso en medio de ellos y lo abrazó” (ib 36). Demostraba así que las preferencias de Dios no son para los grandes, sino para los pequeños y últimos, a los cuales se les asegura no la gloria terrena, sino el Reino de los Cielos (cfr. Mt 19, 14); que para hacerse siervo, hay que servir sobre todo a los pequeños, débiles, pobres y necesitados, en los que quiere ser reconocido. “El que acoge a un niño como éste en mi nombre, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado” (ib 37). El camino seguro para encontrarse con Jesús y en él encontrarse con el Padre, es siempre el de la humildad y el servicio amoroso a los pequeños, humildes y pobres, sin retroceder cuando en este camino se encuentra la cruz como se la encontró el Señor.

La humildad, el espíritu de sacrificio y el amor libran al hombre de la envidia y del espíritu de contienda de que habla Santiago en la segunda lectura de la Misa (Sant 3, 16 - 4, 3); le libran de las pasiones que son el origen de todas las luchas y conflictos, también de los que se tienen por acaparar los primeros puestos. Y por el contrario le hacen partícipe de “la sabiduría que viene de arriba”, la cual es “amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras” (ib 17).

Resumiendo, ¿qué mensaje nos quiere transmitir el Evangelio de hoy? El Evangelio de este domingo fue dirigido a los discípulos de Jesús. A nosotros, como discípulos/as de Jesús hoy, nos quiere comunicar que, en la vida de seguimiento de Jesús, la pasión forma parte de la respuesta, del “sí” al discipulado. En la Palabra de hoy, recibimos una llamada a ser el/la “mayor”, pero no en el sentido de tener poder sobre los demás, sino en el sentido de tener la disposición de servirles, sobre todo a "los niños": los pequeños, débiles y oprimidos de la comunidad y de la sociedad. En esta tarea de “servicio”, podemos encontrar en el camino "pasión", sufrimiento o sacrificio. Pero Jesús nos asegura que de la misma manera que él resucitó, triunfó al tercer día, nosotros también lo experimentaremos si perseveramos hasta al final, incluso en medio de la experiencia de la “pasión”: por la cruz a la luz, por la muerte a la vida.

Con mi bendición.
Padre José Medina

2 comentarios:

  1. Tengo una pregunta que puede parecer tonta,tal vez debido a mi ignorancia, pero siempre me he preguntado por qué le llaman a Jesus el ¨hijo del hombre¨?

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  2. HOLA! TE CONTESTO DES UN PUNTO DE VISTA TOTALMENTE SENCILLO, PORQUE NO TENGO NINGUN ESTUDIO. SOY UNA PERSONA COMÚN Y CORRIENTE Y TE ESCRIBO DESDE MI FE.
    PARA MI JESUS SE DICE A SI MISMO HIJO DE HOMBRE, PORQUE EN REALIDAD ERA HIJO DEL HOMBRE, O SEA, DE MARÍA COMO HIJA DEL HOMBRE, DE ESPECIE HUMANA DIGAMOS. PORQUE EL NO FUÉ ENGENDRADO POR UN PADRE TERRENAL... TAMBIEN SE LLAMA A SI MISMO: HIJO DE DAVID.
    CREO QUE DA A ENTENDER QUE AÚN SIENDO DIOS TOMO NUESTRA NATURALEZA Y VIVIÓ COMO NOSOTROS EXPERIMENTANDO NUESTRAS MISERIAS, CON LA DIFERENCIA DE NUNCA PECAR, PARA QUE NUNCA PERSONA ALGUNA SE ATREVA A DECIR QUE JESÚS HABLABA DESDE UN PUNTO DE VISTA DIVINO SIN REALMENTE VIVIR Y EXPERIMENTAR LO QUE NOSOTROS TODOS LOS DÍAS: LAS PENAS Y PESADUMBRES DE ESTA VIDA.
    EL HIJO DEL HOMBRE: ES COMO SI DIJERA: SOY DIOS PERO ME HAGO UNO DE USTEDES. ME REBAJO A SU NATURALEZA CAÍDA PORQUE LOS AMO. ME COMPARO O ME IGUALO A USTEDES PORQUE SON MÍOS Y LOS AMO.
    NO VINE EN UNA NAVE ESPACIAL O BAJÉ DEL CIELO EN UNA NUBE, SOY UNO MAS DEL MONTÓN, PERO YO ME HICE ASÍ PARA ENSEÑARLES Y PORQUE LOS AMO.

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