viernes, 4 de septiembre de 2009

VIVENCIAS PERSONALES: 60 años de sacerdocio de Mons. Juan Rodolfo Laise

Queridos amigos y hermanos: en estas poco más de dos semanas de existencia del Blog, he tenido la gracia de reencontrarme con viejos amigos y gente amada de los distintos lugares donde he ido pasando con mi sacerdocio y a través de sus e-mails me han hecho saber sus comentarios y sus espectativas sobre el Blog y más de uno ha coincidido en pedirme que periódicamente publique vivencias personales de estos años de ministerio, cómo las que tantas veces hemos podido compartir en largas sobremesas o encuentros con ellos. Y bueno, yo no soy de hacerme rogar cuando me apremian los auténticos afectos… Creo que hoy es un buen día para empezar a cumplir esos pedidos… Aquí va la primera:

60 años de sacerdocio de Mons. Juan Rodolfo Laise

Dentro de pocos días cumpliré, por gracia de Dios, 18 años de ordenado sacerdote. Esto fue el 29 de septiembre de 1991. ¡Qué gran Don el Sacerdocio y qué gran Misterio! Dios llama, uno escucha… y la Iglesia, como Madre y Maestra discierne. Y ese llamado tan eterno como él mismo Dios, en un momento determinado y concreto, necesita un hombre “llamado de entre los hombres para las cosas que miran a Dios” que consagrado Obispo diga en nombre de la Iglesia: elegimos a éste hombre para ser ordenado sacerdote para siempre.

Y ese “hombre-Obispo” en mi vida y vocación, tiene un nombre concreto: Mons. Juan Rodolfo Laise, Obispo emérito de San Luis, Argentina, que en el día de hoy cumple 60 años de su Ordenación Sacerdotal. Les cuento en pocas líneas algunas fechas y momentos de su vida:

Nació en Buenos Aires, el 22 de febrero de 1926. Sintiendo el llamado de seguirlo al Señor a la manera de san Francisco de Asís, hizo su profesión religiosa solemne en la Orden Franciscana de los Frailes Menores Capuchinos el 13 de marzo de 1949. Ya Capuchino, fue ordenado sacerdote en la capilla de colegio Euskal Echea de Llavallol, Buenos Aires, el 4 de setiembre de 1949 por Mons. Miguel de Andrea, obispo titular de Temnos. El Papa Pablo VI lo llamó al Episcopado, como obispo titular de Giomnio y coadjutor con derecho de sucesión de San Luis el 5 de abril de 1971. Fue ordenado obispo el 29 de mayo de 1971 en la capilla del colegio Euskal Echea, por Mons. Juan Carlos Aramburu, arzobispo coadjutor de Buenos Aires. Fue obispo de San Luis por sucesión desde el 6 de julio de 1971. Por 30 años fue Padre y Pastor de esa diócesis, renunciando al cumplir la edad canónica el 6 de junio de 2001. Su lema episcopal es "Fideliter" (Fielmente).

“Fielmente”. Su lema lo pinta de cuerpo entero. Y creo que es el gran legado que nos deja a los sacerdotes que fuimos formados en su Seminario, el Seminario “San Miguel Arcángel” situado en el bellísimo El Volcán en plena serranía puntana. Recuerdo con inmensa felicidad los años allí pasados: ambiente de oración, de estudio, de sana y viril fraternidad. Tiempo de ideas muy claras en la doctrina para poder afrontar con claridad y convicción los tiempos difíciles que podían venir… y vinieron.

Recuerdo con especial gratitud su visita de cada miércoles por la tarde, cuando nos reunía a todos los seminaristas en una de las aulas y nos compartía experiencias, enseñanzas que fueron modelando mi alma sacerdotal, y la de muchos: la piedad Eucarística, la práctica de la Confesión frecuente, el amor a la Virgen María, el consejo de rezar a diario el Santo Rosario, la devoción al Papa y la fidelidad a su Magisterio, el sentir con la Iglesia, el preparar el corazón para ser el día de mañana sacerdotes sabios, santos, celosos del bien de las almas y de la Iglesia.

Cuantos recuerdos que brotan emocionados por salir a la luz y ser estampados en este escrito. Sólo Dios sabe las veces que recorrió de punta a punta la geografía de San Luis. Kilómetros y kilómetros para visitar los curas y las comunidades y llegar a todos. Sembró San Luis de ermitas a la Virgen, restauró sus templos y construyó otros tantos. Casas parroquiales y movilidad digna para sus sacerdotes. El delicado cuidado a las religiosas y religiosos. Su lucha incansable por la dignidad de la vida, desde el inicio mismo de su concepción. Su testimonio admirable acerca de la dignidad de la celebración del culto divino. ¡Sus catecismos! Y tantas otras cosas que se hace imposible transcribir en un acotado espacio.

Yo pude acompañarlo un puñado de años como su Delegado de Prensa y Difusión. ¡Cuánto aprendí a su lado! ¡Qué claridad de conceptos y de sana formación en cada una de sus alocuciones y escritos! Yo, recién ordenado sacerdote, lo miraba como desde lejos, como un ejemplo a imitar y seguir. Lo que soy como sacerdote, a él se lo debo, como a un fiel instrumento de Dios que supo moldear en mi alma a ese futuro sacerdote para siempre.

¡Gracias Mons. Laise por estos 60 años de fidelidad! Quizás, con toda certeza, sea hoy la voz de tantos sacerdotes, religiosas y religiosos, y laicos de San Luis, que si tuvieran los medios que yo tengo expresarían con mejores y sentidas palabras la gratitud más entrañable al que fue su fecundísimo Obispo, Padre y Pastor durante 30 años…

Atesoraré por siempre su cariño, estima y confianza. Y no me alcanzará ni el tiempo, ni la eternidad para agradecerle el Don del Sacerdocio. Que ciertamente es Don de Dios, pero que yo lo recibí de sus manos. ¡Dios lo bendiga siempre, me encomiendo y felicidades!


Junto a Juan Pablo II en el Vaticano


Ordenándome sacerdote el 29 de septiembre de 1991.

1 comentario:

  1. Tuve la inmensa alegría de asistir con la tía Emilia a tu Ordenación . ¡Cómo olvidar tan hermoso momento!Es un recuerdo que por siempre estará en mi memoria, pero sobre todo en mis afectos.

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