sábado, 19 de septiembre de 2009

VIVENCIAS PERSONALES: Oración para alcanzar la gracia de la correspondencia a la vocación

Queridos amigos y hermanos del Blog: en pocos días más (el 29 de septiembre) cumpliré, por gracia de Dios, un nuevo aniversario de mi Ordenación Sacerdotal: ya 18 años. Cuántos recuerdos hermosos viven en mi alma y en mi corazón cuando cierro los ojos y miro hacia atrás. Yo, un joven de 21 años, comenzando un camino, tan largo como la misma vida de unión e identificación con Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Y entre esos hermosos, muy bellos recuerdos, aparece una oración, que a diario rezaba en esos años de seminarista, y que ahora quiero compartirles. Pensando en aquellos que hoy, con otros nombres y en otros lugares, pero con la misma ilusión caminan en pos de Cristo para ser cómo él: ¡Sacerdotes para siempre!.

Les comparto también dos imágenes unidas a éste recuerdo: yo a mis 24 años tomando el tren desde Mendoza a Buenos Aires, en el viejo y entrañable Tren Libertador, en viaje hacia la Basílica de Luján, a visitar a la Madre del Cielo en mis vacaciones de verano; la otra imagen la de la estampa que contiene la oración que transcribiré, la que me arropó y acunó en tantos momentos de oración camino al sacerdocio.

Oración para alcanzar la Gracia
de la Correspondencia a la Vocación

“¡Oh divino y eterno Sacerdote, Jesús, que os habéis dignado elegirme y llamarme, sin mérito alguno mío, para que participe de vuestro sacerdocio y os acompañe en la obra de salvar las almas, concededme, por la infinita piedad de vuestro corazón, la gracia de corresponder dignamente a vuestro llamado y de cumplir fielmente vuestro beneplácito.

Otorgadme, Señor, las gracias que necesito para ser un sacerdote santo. Dadme un carácter dulce para atraer las almas hacia Ti, y firme para no faltar jamás al cumplimiento de mis deberes; una intención recta de buscar en todas las cosas sólo vuestra mayor gloria; una dedicación empeñosa al estudio para adquirir la ciencia propia del sagrado ministerio; un espíritu de sacrificio, de pureza, de humildad, de generosidad, de obediencia a mis superiores, de amor a la Iglesia y de ardiente celo por las almas, que me convierta en verdadero apóstol vuestro; una imitación tan fiel de vuestra vida y de vuestras virtudes, que con verdad pueda decir a mis fieles lo que a los suyos decía vuestro apóstol Pablo: Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo.

Venid, Señor, a vivir en mí y apartad lejos de mí cuanto pueda hacerme infiel a mi vocación: ¡que no me fascinen las vanidades del mundo, ni me perturben los afectos desordenados, ni me espante el temor a las dificultades, ni me dominen las pasiones, ni me corrompa la carne, ni me venzan las tentaciones, ni me desaliente el cansancio, ni me perviertan las malignas sugestiones del enemigo!

¡Oh dulce Madre María! Por el amor que tenéis a vuestro Hijo, alcanzadme la gracia de corresponder con fidelidad a su llamamiento, preparándome con esmero para el sacerdocio. En vuestras manos y bajo vuestra especialísima protección pongo mi vocación presente y mi sacerdocio futuro.

Amados Patronos y Protectores míos, San José, San Luis Gonzaga, Santa Teresita del Niño Jesús, interceded por mí para que sea un sacerdote santo. Así sea.”

Claro, éste es el texto, tal cuál está en la estampa, ni siquiera he retocado el estilo para ponerlo con las expresiones y modos del castellano hoy hablado. Y no vamos a hacer comparaciones entre aquel joven flaquito que vestía orgullosamente su sotana, y el hombre de 46 años que ven en la actualidad… Pero más allá de esto, alguno que me conoce bien, podrá decir cuando lea éste post: "¡Ay, padrecito mío… qué lejos quedaste de ese ideal…, te acercaste poquito, nomás…!" Y ¿Saben que les diría yo al que piensa eso? Que pienso exactamente igual, y más, porque me conozco interiormente. Pero, ¿Saben qué? Estoy de pie, estoy en camino, y no pierdo la ilusión, ni la esperanza, de ser un día lo que debo ser. Rezo y lucho con ahínco por ello, y les pido a ustedes que también recen mucho por mí.

Con mi bendición.
Padre José Medina.

3 comentarios:

  1. Que triste sería si luego de los años transcurridos nos encontraramos igual que al principio y que triste seria también si llegara el momento en que creyeramos que alcanzamos el ideal de nuestra vida (esto significaría ya no tener mas motivos de seguir caminando).
    Preferimos sin duda el sacerdote con la experiencia del tiempo transcurrido, con las marcas que nos va dejando la vida, pero que tal vez sin darse cuenta deja en las personas que hemos tenido la suerte de conocerlo un modelo a seguir, de lucha, esfuerzo, amor a DIOS, ternura y firmeza.
    Por supuesto resaremos por UD, porque necesitamos de personas asi para que nos acompañen a diario en nuestro camino.

    Mariano, Fer, Naza, Bauti

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  2. En este año 2011 que se cumplen los 20 años, te acompañamos mi familia y yo, en este camino que elegiste, siempre rezaremos para que no te apartes nunca del sacrficio de Cristo en la cruz, memorial que se manifiesta en la Santa Misa.

    Juan Gonzalo Zamorano Suarez y Familia

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  3. Querido Gonzalo: gracias por tus palabras. Estoy muy feliz por este reencuentro después de tantos años. Ya cuando vaya a Argentina, Dios mediante, nos reuniremos y charlaremos con serenidad. Me encomiendo.
    + Bendiciones para vos y los tuyos.
    P. José.

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