martes, 8 de septiembre de 2009

VIVENCIAS PERSONALES: "Si a la Soterraña vas..."

Queridos amigos y hermanos del Blog: cómo verán me ha quedado gustando la sugerencia que me han dicho días atrás de compartirles vivencias personales, recuerdos, y comentarios unidos a momentos o lugares muy queridos por mí. Ciertamente que luego de haber sido Vocero de Prensa de dos obispos, donde el vocero se hace “voz” de otro, ahora me cuesta un poco sacarme el traje de vocero “oficial”, para serlo sólo de mi corazón y de éstas vivencias que anidan en lo más profundo de mi alma sacerdotal. Pero, bueno, en un “blog personal”, lo “personal” está más que justificado. ¿Vale, cómo decimos en España? ¡Vale!

Este año que estudio y vivo en Ávila, está enmarcado –pastoralmente- en una Iglesia con unas reminiscencias históricas muy ricas y a la vez esenciales en la fe y devoción del noble pueblo abulense. Se trata de la Basílica de San Vicente, Sabina y Cristeta. En el año 306, durante la persecución decretada por Diocleciano, éstos hermanos sufrieron martirio por negarse a firmar un documento, en el que debían reconocer haber ofrecido sacrificios a los dioses romanos. Sus cuerpos fueron depositados en un hueco de la roca, sobre la que más tarde se edificaría la actual basílica.

Pero otro día les hablaré de la Basílica donde celebro a diario mi Santa Misa y les mostraré algunas fotos. Hoy quiero detenerme solamente en una Imagen de la Virgen que en su cripta se encuentra y que ha cautivado mi corazón de hijo: La Virgen de La Soterraña, a la que hoy 8 de septiembre, celebramos su fiesta. La cripta de La Soterraña está situada bajo la bóveda, donde está ubicado el órgano, en la nave lateral izquierda. Se accede a ella por una escalera bajante. Está dividida en tres capillas que corresponden a los tres ábsides del templo. En esta capilla se puede ver la roca donde fueron arrojados los cuerpos de los mártires.

La Virgen de La Soterraña

En cuanto a la imagen de la Virgen, una línea de los principales historiadores, aseguran que es de los tiempos apostólicos, tallada por Nicodemo, pintada por San Lucas y traída a España por San Pedro, quien se la dio a San Segundo. No hay de esto pruebas y es sabido que en los primeros tiempos de la Iglesia no se daba culto a las imágenes de bulto, y hasta se llegó a prohibirlas.

En la actualidad la imagen que contemplamos y rendimos culto, tallada en madera de nogal, está pintada de color carne. Está sentada, y para poder vestirla y que aparezca como de pie, le han cortado las piernas, quitándole las rodillas y la cabeza de la silla; y le han colocado unos brazos movibles, con manos de pino pintadas que sostienen a un Niño Jesús de la época del Renacimiento. Por debajo se percibe el tallado de las ropas, pintadas de rojo y negro, entre cuyos pliegues aparecen los pies con calzado puntiagudo negro, y los de la silla decorados con arquitos y flores. La cara tiene carácter oriental: ojos grandes muy rasgados y con una ligera inclinación; nariz deprimida y ancha de alas; labios finos.

Si ésta se ocultó al verificarse la conquista de los árabes y luego se la encontró, de allí lo de “soterraña”, claro es que era anterior a la fecha, por lo cual el común sentir más realista es que se trata de una imagen griega bizantina. Que la imagen es antigua, no cabe duda; pero si imposible –según la otra línea de historiadores- que sea de la etapa apostólica, según la piadosa tradición. La Virgen de La Soterraña es Patrona de la ciudad de Ávila, es muy venerada por el pueblo abulense y lo fue por los Reyes de Castilla. En su larga historia se le atribuyen varios milagros.

La Soterraña y Santa Teresa de Jesús

La Santa Inquieta y Andariega de Dios, Teresa de Jesús, le tuvo una devoción muy grande a ésta imagen de María. Habría más de una anécdota para probar esta afirmación, pero sólo –por cuestión de espacio- les compartiré lo que bellísimamente narra Marcelle Auclair en su recomendable libro: “La vida de Santa Teresa de Jesús”, cuando Santa Teresa deja el Monasterio de La Encarnación para ir a fundar el de San José, el primero de la reforma:

“Teresa se despidió con todo cariño de sus hermanas y de aquella casa, donde había vivido veintisiete años, donde tanto había sufrido y donde había conocido gozos y alegrías desconocidos para la inmensa mayoría de los hombres. En el camino que la llevaba por fin a la definitiva clausura, sentía su corazón tan ligero como el exiguo equipaje, compuesto de estos enseres: una esterilla de paja, un cilicio de cadenillas, unas disciplinas y un hábito negro muy zurcido. Al pasar por la Basílica de San Vicente, descendió a la cripta y se descalzó ante la Virgen de La Soterraña. Teresa de Ahumada acababa de morir al mundo. De sus cenizas nacía Teresa de Jesús”.

“A La Soterraña”


Ésta décima es un anónimo del s. XVI, y el querer atribuirla a la pluma de san Juan de la Cruz, no tiene ningún asidero histórico. Se lo asocia por cierto juego de palabras en ella presente, aquello de “subir bajando”, que puede hacer acordar al “vivo sin vivir” o al “muero porque no muero”. Juan de la Cruz, como Teresa de Jesús, hizo uso de coplas y cantares de la época, popularmente conocidos y los trocó “a lo divino”. Cómo si nosotros hoy tomásemos canciones de moda y versos románticos y con un poco de creatividad, cambiásemos sus letras y los refiriéramos a Dios.

El núcleo de la décima “A La Soterraña” en definitiva encierra en su juego de palabras de “subir bajando” la dinámica propia del Evangelio de Jesús: para vivir hay que morir, como el grano de trigo que hasta que no muere, no da fruto. Que la querida Virgen de La Soterraña, nos enseñe a todos está dinámica de muerte-vida, para sintonizar a pleno con el Evangelio de su Hijo, sabiendo que “subiendo-bajando” al Cielo, es Ella el consuelo del camino, y la certeza de la llegada a la meta.

Con mi bendición.
Padre José Medina.

Escalera por la que se "sube-bajando" al encuentro de La Soterraña

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