sábado, 3 de octubre de 2009

COLUMNISTA INVITADO: "Recordando la Consagración Episcopal del Padre Karol Wojtyla"

Escribe:
Marisol Carpintero Estevez*

No me resulta difícil imaginar una hermosa y solemne celebración litúrgica en la Catedral de Wawel de la ciudad de Cracovia, en la Consagración Episcopal del Padre Karol Wojtyla. Aquel joven sacerdote que ya había dejado su huella en su primera parroquia rural, Niegowic, a la que entró como en la tierra sagrada a donde Jesús le enviaba, besando el suelo antes de entrar como había aprendido de San Juan María Vianey, gesto del que fuimos testigos tantas veces. También la parroquia de San Florián conoció y vivió la actividad pastoral de aquel joven sacerdote; comunidad parroquial en la que tantos universitarios escucharon atentos su palabra. Y la catedral de Wawel fue el lugar de esta consagración, aquel particular santuario de la Iglesia y de la Nación que aprendió a amar con su director espiritual, el P. Figlewicz cuando todavía era un joven estudiante Karol Wojtyla.

Todo ocurrió el día 28 de Septiembre de 1958, fiesta de San Wenceslao, patrono de la catedral de Wawel. Pero antes habían sucedido, entre otras, dos cosas importantes. Era el verano de aquel año, el Padre Karol se disponía como antes lo había hecho, a pasar unos días con un grupo de jóvenes. En el tren que les llevaba hacia Olsztyn, se dirigió al jefe del grupo y le dijo “Tendré que dejar la canoa porque me ha llamado el Primado”. Sin duda en aquellos días el Padre Wojtyla preparó su “FIAT”. También sucedió que, ante la noticia del Primado, Stafan Wyszynski, hubo una humilde objeción del Padre Karol: “Eminencia, soy demasiado joven, acabo de cumplir 38 años” a la que siguió su “ACEPTO” a una sencilla insinuación del Primado: “No se oponga a la voluntad del Santo Padre”. Su Santidad Pío XII le había designado obispo auxiliar de Cracovia el 4 de Julio de aquel año.

En el año 2004, cuando Juan Pablo II celebraba su 45º aniversario de su consagración episcopal y el 25º de su pontificado, nos regaló el libro “¡Levantaos! ¡Vamos!”, en el que cuenta con todo detalle cada una de las acciones litúrgicas de su consagración episcopal. La imposición del libro de los Evangelios, la unción con el sagrado crisma, el anillo que se impone al Obispo, y el privilegio que tiene Cracovia junto con otras cuatro diócesis del mundo con la imposición del racional, dice Juan Pablo II que su forma recuerda al palio, después la imposición de la mitra y el báculo. La reflexión de Juan Pablo II sobre cada uno de los gestos de esta celebración merece la pena retomar su lectura y meditarla, junto con sus consideraciones sobre el Buen Pastor y la paternidad del obispo.

Hoy, 51 años después de aquel acontecimiento eclesial, en su recuerdo, y como acción de gracias a Dios por darlo a su Iglesia, traigo a la memoria solamente dos gestos, uno del principio de la celebración, la postración en el suelo: Volvía a repetirse la escena de su ordenación sacerdotal: “Quien se dispone a recibir la sagrada ordenación se postra totalmente y apoya la frente sobre el suelo del templo manifestando así su propia disponibilidad para asumir el ministerio que le es confiado… Eres tú, Pedro. Quieres ser aquí el Suelo sobre el que caminan los otros… para llegar allá donde guías sus pasos… Quieres ser Aquel que sostiene los pasos, como la roca sostiene el caminar ruidoso de un rebaño: Roca es también el suelo de un templo gigantesco. Y el pasto es la cruz”.

El otro momento se refiere a la entrega del báculo y a la imposición de la cruz pectoral. Escribía Juan Pablo II: “El Obispo debe dirigir y hacer de guía. Será escuchado y amado por sus fieles en la medida en que imite a Cristo, el Buen Pastor, “que no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20,28) “¡Servir!” ¡Cómo me gusta esta palabra! Sacerdocio “ministerial”, un término que sorprende… El obispo debe servir gobernando y gobernar sirviendo. Un modelo elocuente es Cristo mismo”

Es hermoso lo que significa la cruz pectoral. Decía Juan Pablo: “¡Cruz de Cristo, te alabo, que por siempre se te alabe! De ti viene el poder y la fuerza, en ti está nuestra victoria” Nunca me he puesto la cruz pectoral de obispo con indiferencia. Es un gesto que hago con la oración. Desde hace 45 años, la cruz está siempre sobre mi pecho, junto a mi corazón. Amar la cruz quiere decir amar el sacrificio” Así nos lo enseñó con el ejemplo de su vida, el don de su palabra, con su magisterio.

Era demasiado joven también cuando veinte años más tarde, con tan sólo 58 le pidieron los Cardenales ser el Obispo de Roma. Pero para entonces el “HAGASE” era para aquel santo Obispo, una norma de vida en su amada Cracovia, con un corazón entrenado para el AMOR sin medida. Quiera Dios que pronto podamos venerarlo reconocido por la Iglesia entre los santos de Dios.

* Marisol Carpintero Estevez, es enfermera del Hospital Provincial de Ávila y Directora del Secretariado Diocesano de Pastoral de la Salud de la Diócesis de Ávila, España.

Escudo Episcopal de Mons. Karol Wojtyla

1 comentario:

  1. ....,Decía Juan Pablo: "Amar la Cruz Quiere Decir Amar el Sacrificio” !!!

    Graciasss !!! Por Recordarnos a Nuestro Querido Juan Pablo II

    Graciasss !!!

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