miércoles, 25 de noviembre de 2009

CATEQUESIS PAPA: "La historia no es el resultado de un destino ciego sino obra del Espíritu Santo"

Miércoles, 25 nov (Radio Vaticano).- “Para quien conoce el sentido de la historia descrito en la Biblia, las historias humanas aparecen marcadas por la Providencia divina, según un propio diseño bien ordenado”. Benedicto XVI en la catequesis de la Audiencia General de esta mañana en el Aula Pablo VI ha afirmado que “una visión teológica de la historia pone en evidencia la intervención sorprendente y salvífica de Dios, pero siempre salvaguardando la libertad y la responsabilidad del hombre”.

“La historia -ha explicado el Papa- no es el resultado de un destino ciego, o de un caso absurdo”. Al contrario en ella “obra el Espíritu Santo, que suscita un maravilloso diálogo de los hombres con Dios, su amigo y Señor”. Esta reflexión ha sido propuesta por el Papa a partir de las páginas escritas por Hugo de San Víctor, monje de esta abadía fundada en París, a principios del siglo XII por Guillermo Champeaux.

“De manera original respecto a sus contemporáneos -ha comentado el Pontífice- Hugo insistió sobre la importancia del sentido histórico-literal de las Sagradas Escrituras, por lo que antes de descubrir el valor simbólico y la enseñanza moral de los textos bíblicos, es necesario conocer y profundizar sobre el significado de la historia narrada por la Escritura”. En caso contrario -ha observado el Santo Padre, citando al monje- “se puede acabar, por ejemplo, como los estudiosos de gramática que desconocen el alfabeto”.

Para Benedicto XVI, de Hugo de san Víctor la Iglesia de hoy debería aprender a valorizar “con sabiduría pastoral, los signos propios de los ritos sacramentales, cuidando atentamente la catequesis, para que la celebración de los sacramentos sea vivida por todos los fieles con devoción, intensidad y alegría espiritual.

Cómo cambiaría el mundo, si en las familias, en las parroquias, o en otras comunidades, las relaciones fueran vividas siguiendo siempre el ejemplo de las tres Personas divinas, que viven no solamente “con” las otras, sino “para” las otras y “en” las otras dos. Sólo el amor nos hace felices y es el amor el que cumple este incesante milagro: como en la vida de la Santísima Trinidad, la pluralidad se recompone en unidad, donde todo es complacencia y alegría”.

“La contemplación -ha dicho el Pontífice, citando luego a Ricardo de San Víctor, que fue alumno de Hugo- es el resultado final de un arduo camino, que comporta el diálogo entre fe y razón, es decir, un discurso teológico”, que “parte de la verdad, objeto de la fe, pero que intenta profundizar sobre el conocimiento, con el uso de la razón”. Solamente cuando el hombre alcanza el equilibrio y madurez humana en este campo, está preparado para acceder a la contemplación”, que Ricardo de San Víctor definió “una mirada profunda y pura del alma sobre las maravillas de sabiduría, asociada a un sentido estático de estupor y de admiración”.

Este ha sido el resumen que de su catequesis ha hecho el Santo Padre en español para los peregrinos de nuestra lengua, presentes en el Aula Pablo VI, que han participado en la audiencia:

“Queridos hermanos y hermanas: En estas últimas audiencias estoy presentando algunas figuras ejemplares, que han mostrado la íntima unión que existe entre fe y razón. Hoy me detengo en la vida de dos monjes, que ejercieron su magisterio en la Abadía de San Víctor, en París, que desde el siglo doce contaba con una importante escuela de teología monástica y teología escolástica. En este contexto, nos encontramos con Hugo de San Víctor, del que sabemos muy poco sobre sus orígenes. En la citada abadía, primero fue alumno y luego maestro, alcanzando una notable fama, hasta el punto de ser llamado un “segundo San Agustín”, por su dedicación a las ciencias profanas y la teología. Inculcaba a sus discípulos un constante deseo por conocer toda verdad. Entre sus alumnos destaca el escocés Ricardo de San Víctor, que ejerció durante años como Prior de la mencionada Comunidad. En sus enseñanzas invitaba a los fieles a un continuo ejercicio de las virtudes para alcanzar una estable madurez humana, y poder acceder así a la contemplación y a la admiración de las maravillas de la sabiduría.

Queridos amigos, autores como Hugo y Ricardo de San Víctor nos mueven a la contemplación de las realidades celestes y a la admiración de la Santísima Trinidad como modelo perfecto de comunión. ¡Cuánto cambiaría el mundo si en las familias, en las parroquias y en cualquier comunidad, las relaciones tuvieran como modelo las tres Personas divinas, que no sólo viven con las otras, sino para las otras y en las otras!"

Antes de finalizar la audiencia general, como siempre, el Santo Padre se ha dirigido a los jóvenes a los enfermos y a los recién casados. “El próximo domingo, comienza el tiempo de Adviento. Os exhorto a vosotros, jóvenes, a vivir este “tiempo fuerte” con vigilante plegaria y generoso compromiso evangélico. Os animo a vosotros, enfermos, a sostener con la ofrenda de vuestros sufrimientos el camino de preparación a la Santa Navidad del pueblo cristiano. Deseo a vosotros, recién casados, ser testigos del Espíritu de amor que anima y sostiene a toda la Familia de Dios.

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