sábado, 21 de noviembre de 2009

VIRGEN MARÍA: Presentación de la Virgen María


Queridos amigos y hermanos del Blog: uno de los misterios de la vida de María Santísima menos conocido es el de su presentación, siendo niña, en el templo (hoy 21 de noviembre es su recuerdo litúrgico). La Sagrada Escritura no dice nada acerca de este hecho, que sin embargo, está fundado en una tradición antigua y autorizada, y es ampliamente reconocido por la Iglesia. La Virgen María desde muy temprana edad se entregó del todo a Dios y se entregó enteramente a su servicio. La ceremonia de presentación en el templo era para los judíos lo que hoy el Bautismo es para los cristianos: el pasar a ser totalmente de Dios.

María tenía tres años, pero en su alma la Trinidad encontraba ya todas las complacencias, y Dios señalaba el día próximo en el que ella añadiría entre otras muchas glorias la aureola incomparable de la maternidad divina. ¿Dónde mejor que lejos del mundo, en el recinto del templo, María se preparó para su misión? Doce años de recogimiento, oración, contemplación. Esta fue la preparación de la Elegida de Dios. Este sacrificio de María niña encierra todas las condiciones del sacrificio más perfecto: fue pronta, generosa, alegre y sin reservas. ¡Cuán agradable debió ser al Señor!

Nunca reflexionaremos bastante sobre el don de sí mismo a Dios, que como cristianos, estamos llamados por amor a realizar. Amar, y por ende, servir a Dios con todas las fuerzas del corazón. Y tenemos todos, en nuestra Madre del Cielo, el ejemplo para ser totalmente de Dios, en todos los momentos y circunstancias de la vida. María, concebida en gracia, y por lo tanto, inmune de toda sombra de pecado, está completamente disponible a la voluntad de Dios, libre para darse a El con un amor que no conoce las demoras, ni los obstáculos, ni el cansancio, ni las vicisitudes de la naturaleza herida por el pecado, y desgraciadamente siempre inclinada a lo fácil, a dejarse llevar por la corriente.

A María, su pureza inmaculada, esplendente de gracia, la hace capaz de adherirse a todo lo bueno que Dios le propone y a todo lo que le agrada. Ella realiza así un don absolutamente pleno de sí, que excede el de cualquier otra criatura y es solamente superado por el del Dios hecho Hombre, Jesucristo. Desde el principio de su existencia María fue la “esclava del Señor”, al que amaba y servía con todas sus fuerzas (Cfr. Lc 1, 26-38). La respuesta al Ángel de la Anunciación expresa una actitud vivida desde siempre, por eso antes de que la Virgen la pronunciase, pudo decirle el Ángel: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios”.

A la libre iniciativa del Altísimo que la concibió inmaculada y llena de gracia, la Virgen respondió siempre con toda libertad y con todo el amor de su corazón inmaculado. Por eso, llena ya de gracia, halló más gracia delante del Altísimo, que hizo de Ella la Madre de su Hijo divino, y unida indisolublemente a El en la Cruz, la convirtió en Madre de todos los hombres.

Al recordar la presentación de María en el templo, Ella nos deja su ejemplo de entrega incondicionada a Dios; y a la vez, este ejemplo nos arrastra a imitarla: amar a Dios con alma grande, servir a Dios con generosidad, para luego estar con El por toda la eternidad, habiendo sembrado primero, a lo largo de nuestra vida la buena semilla del testimonio, del amor, de la justicia y de la paz.

Con mi bendición.
Padre José Medina

No hay comentarios:

Publicar un comentario