jueves, 24 de diciembre de 2009

CATEQUESIS PAPA: "Celebremos el Nacimiento del Niño Dios con fervor, con serenidad y sencillez"

Miércoles, 23 dic (Radio Vaticano).- Benedicto XVI ha presidido esta mañana la tradicional audiencia general, cuya catequesis ha dedicado a la Santa Navidad, invitando a los fieles y peregrinos al fervor profundo de la celebración del Nacimiento de Dios, el Salvador del mundo, exhortando a la serenidad de la fiesta y a la sencillez de las manifestaciones.

El Papa recordó que en la primera biografía sobre el santo de Asís, Tomás de Celano cuenta que "en la noche de Navidad se le concedió a Francisco la gracia de una visión maravillosa. Vio a un niño pequeño inmóvil en el pesebre, que se despertó del sueño precisamente por la cercanía de Francisco". "Gracias a San Francisco, el pueblo cristiano ha podido percibir que en Navidad, Dios es realmente el "Emmanuel", el Dios con nosotros, del que no nos separa ninguna barrera y no está lejos. En aquel Niño, Dios se hizo tan cercano a cada uno de nosotros que podemos mantener con él una relación confidencial de profundo afecto, como hacemos con un recién nacido".

"De esta particular devoción al misterio de la Encarnación -continuó- nació la famosa celebración de la Navidad en Greccio. Con San Francisco y su belén se resaltaba el amor inerme de Dios, su humildad y su benignidad, que en la Encarnación del Verbo se manifiesta a los seres humanos para enseñar un nuevo modo de vivir y de amar".

“Que la fiesta de Navidad nos dé la alegría serena y profunda para poder tocar la bondad de nuestro Dios y nos dé la posibilidad de encontrar un nuevo aliento y valor”, ha afirmado el Santo Padre. Viene a nosotros sin armas, sin ninguna fuerza; no tiene intención de conquistar al hombre desde el exterior, sino ser acogido libremente por él. Dios se ha hecho niño para vencer con el amor el orgullo, la violencia, la sed de posesión del hombre.

“Recemos a Dios para que ponga en nuestros corazones la simplicidad que nos hará que reconozcamos al Señor en el Niño recostado en el pesebre”. "Su condición de Niño nos indica, además, cómo podemos encontrar a Dios y gozar de su presencia. (...) Quien no ha entendido el misterio de la Navidad -terminó-, no ha entendido el elemento decisivo de la existencia cristiana. Quien no acoge a Jesús con un corazón de niño, no puede entrar en el reino de los cielos: esto es lo que San Francisco ha querido recordar a los cristianos de su tiempo y de todos los tiempos, hasta hoy".

Este ha sido el resumen que de su catequesis ha hecho el Santo Padre en español para los peregrinos de nuestra lengua, presentes en el aula Pablo VI, que han participado en la audiencia:

“Queridos hermanos y hermanas: Al acercarse la Navidad, la Iglesia nos invita a disponernos con fervor y sencillez a la celebración del nacimiento del Salvador. La liturgia de esta fiesta fue afianzándose con el correr del tiempo. El primero que afirmó que Jesús nació el 25 de diciembre fue Hipólito de Roma, allá por el siglo tercero. Pero la atmósfera particular que se respira en esta celebración navideña fue favorecida sobre todo por san Francisco de Asís, debido al especial amor y devoción que este santo profesaba al misterio de la encarnación del Hijo de Dios. Tomás de Celano, el biógrafo de san Francisco, narra la intensidad con la que vivía y celebraba el pobrecillo de Asís la noche de Navidad, a partir de la experiencia maravillosa que tuvo ante el pesebre en Greccio.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los jóvenes venidos de México, así como a los demás grupos procedentes de España, Puerto Rico y otros países latinoamericanos. Que tengáis una Navidad muy feliz en compañía de vuestros familiares y amigos, rogándoos al mismo tiempo que llevéis a todos la felicitación del Papa para estos días entrañables. Muchas gracias.”

Antes de finalizar la Audiencia General, como siempre, el Santo Padre se ha dirigido a los jóvenes a los enfermos y a los recién casados. A pocos días de la solemnidad de Navidad, que el amor, que Dios manifiesta a la humanidad en el nacimiento de Cristo, haga crecer en vosotros, queridos jóvenes, el deseo de servir generosamente a los hermanos. Que sea para vosotros, queridos enfermos, fuente de consuelo y de serenidad. Y que inspire en vosotros, queridos recién casados, la consolidación de vuestra promesa de amor y de reciproca fidelidad.

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