miércoles, 30 de septiembre de 2009

CATEQUESIS PAPA: "El amor de Cristo es nuestra fuerza y nos sostiene en los momentos de crisis"

Ciudad del Vaticano, 30 septiembre 2009 (VIS).-En la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa rememoró su reciente viaje apostólico a la República Checa, del 26 al 28 de septiembre. El Santo Padre dio gracias a Dios por el viaje, que "ha sido -dijo- una verdadera peregrinación y al mismo tiempo una misión en el corazón de Europa" y cuyo lema era: "El amor de Cristo es nuestra fuerza". "Una fuerza -afirmó- que inspira y anima las verdaderas revoluciones, pacíficas y liberadoras, y que nos sostiene en los momentos de crisis, permitiendo realzarnos cuando la libertad, recuperada con fatiga, corre el riesgo de perderse a sí misma, la propia verdad".

En la primera etapa del viaje, en la Iglesia de Santa Maria de la Victoria, donde se venera al Niño Jesús de Praga, Benedicto XVI aseguró que había rezado "por todos los niños, por los padres, por el futuro de la familia. ¡La verdadera "victoria", que pedimos hoy a María es la victoria del amor y de la vida en la familia y en la sociedad!", exclamó. El Papa señaló que a las autoridades políticas y civiles y a los miembros del cuerpo diplomático recordó "el lazo indisoluble que siempre debe existir entre libertad y verdad. No hay que tener miedo de la verdad, porque es amiga del ser humano y de su libertad; es más, solo en la búsqueda sincera de la verdad, del bien y de la belleza, se puede ofrecer realmente un porvenir a los jóvenes de hoy y a las generaciones futuras".

"Quien ejerce responsabilidades en el campo político y educativo -continuó- debe saber obtener luz de aquella verdad que es el reflejo de la Sabiduría eterna del Creador; está llamado a dar testimonio en primera persona con la propia vida". El Santo Padre puso de relieve que "las comunidades europeas centro-orientales están atravesando un momento difícil: a las consecuencias del largo invierno del totalitarismo ateo, se suman los efectos nocivos de un cierto secularismo y consumismo occidental. Por eso, animé a todos a sacar energías nuevas del Señor resucitado, para ser levadura evangélica en la sociedad y seguir comprometiéndose en actividades caritativas y sobre todo en las educativas y escolares".

El Papa señaló que en las dos celebraciones eucarísticas en Brno y Stará Boleslav -lugar del martirio de San Venceslao, patrono principal de la República Checa-, propuso "un mensaje de esperanza fundado en la fe en Cristo". Refiriéndose al encuentro ecuménico, subrayó que "el esfuerzo de progresar hacia una unidad cada vez más plena y visible entre nosotros, creyentes en Cristo, hace más fuerte y eficaz el compromiso común por el redescubrimiento de las raíces cristianas de Europa".

Benedicto XVI señaló que durante el acto con la comunidad académica "quise insistir en el papel de la institución universitaria, (...) un ambiente vital para la sociedad, garantía de libertad y de desarrollo". "A veinte años de la llamada "Revolución de terciopelo" en Praga, he vuelto a proponer la idea de la formación humana integral, basada en la unidad del conocimiento enraizado en la verdad, para contrastar una nueva dictadura, la del relativismo unido al dominio de la técnica. La cultura humanista y la científica no pueden separarse, más aún, son las dos caras de una misma moneda: nos lo recuerda una vez más –concluyó- la tierra checa, patria de grandes escritores como Kafka y del Abad Mendel, pionero de la genética moderna”.

martes, 29 de septiembre de 2009

VIVENCIAS PERSONALES: Mis 18 años de sacerdote... Cuando se piensa...

Queridos amigos y hermanos del Blog: hoy quiero compartir con ustedes la alegría de un nuevo aniversario de mi ordenación sacerdotal. Fue un día como hoy en la Iglesia Catedral de San Luis, Argentina y de manos del entonces obispo titular de esa diócesis, Mons. Juan Rodolfo Laise. Hoy he tenido la gracia de celebrar la eucaristía de acción de gracias con mi actual Obispo, Mons. Rubén Oscar Frassia, Obispo de Avellaneda-Lanús, Argentina. Ha sido un regalo del cielo celebrar el aniversario junto a él.

Quiero compartirles un texto que para mí fue clave en mi tiempo de discernimiento vocacional. Es de Hugo Wast, novelista y político argentino cuyo verdadero nombre era Gustavo Martínez Zuviría (1883-1963). Estudió leyes, y economía política. En 1943 fue ministro de Justicia y de Educación pública, cargo que aceptó con la condición de que se introdujera la enseñanza religiosa en todas las escuelas. Escribió numerosas obras de literatura, muchas de ellas de carácter religioso. El texto se llama “Cuando se piensa…” y creo que expresa de manera clara y contundente la maravillosa realidad del sacerdocio católico. Aquel sacerdocio que hoy, una vez más agradezco a la Misericordia Divina y pongo confiado en las manos suplicantes de cada uno de ustedes.

Con mi bendición.
Padre José Medina


“Cuando se piensa…” (Hugo Wast)

Cuando se piensa que ni la Santísima Virgen puede hacer lo que un sacerdote.

Cuando se piensa que ni los ángeles ni los arcángeles, ni Miguel ni Gabriel ni Rafael, ni príncipe alguno de aquellos que vencieron a Lucifer pueden hacer lo que un sacerdote.

Cuando se piensa que Nuestro Señor Jesucristo en la última Cena realizó un milagro más grande que la creación del Universo con todos sus esplendores y fue el convertir el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre para alimentar al mundo, y que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un sacerdote.

Cuando se piensa en el otro milagro que solamente un sacerdote puede realizar: perdonar los pecados y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios obligado por su propia palabra, lo ata en el cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios.

Cuando se piensa que la humanidad se ha redimido y que el mundo subsiste porque hay hombres y mujeres que se alimentan cada día de ese Cuerpo y de esa Sangre redentora que sólo un sacerdote puede realizar.

Cuando se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese poquito de pan y ese poquito de vino.

Cuando se piensa que eso puede ocurrir, porque están faltando las vocaciones sacerdotales; y que cuando eso ocurra se conmoverán los cielos y estallará la Tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de sostenerla; y las gentes gritarán de hambre y de angustia, y pedirán ese pan, y no habrá quien se los dé; y pedirán la absolución de sus culpas, y no habrá quien las absuelva, y morirán con los ojos abiertos por el mayor de los espantos.

Cuando se piensa que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él.

Cuando se piensa que un sacerdote cuando celebra en el altar tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el mayor milagro de Dios.

Cuando se piensa todo esto, uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales.

Uno comprende el afán con que en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase, como una vara de nardo, una vocación sacerdotal.

Uno comprende el inmenso respeto que los pueblos tenían por los sacerdotes, lo que se refleja en las leyes.

Uno comprende que el peor crimen que puede cometer alguien es impedir o desalentar una vocación.

Uno comprende que provocar una apostasía es ser como Judas y vender a Cristo de nuevo.

Uno comprende que si un padre o una madre obstruyen la vocación sacerdotal de un hijo, es como si renunciaran a un título de nobleza incomparable.

Uno comprende que más que una Iglesia, y más que una escuela, y más que un hospital, es un seminario o un noviciado.

Uno comprende que dar para construir o mantener un seminario o un noviciado es multiplicar los nacimientos del Redentor.

Uno comprende que dar para costear los estudios de un joven seminarista o de un novicio, es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la tierra y que todos los santos del cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo.

Al finalizar la Santa Misa de Ordenación Sacerdotal, junto a mi compañero de ordenación, Pbro. Sergio Simunovich.

domingo, 27 de septiembre de 2009

EVANGELIO DOMINICAL: "Hacer el bien, nunca jamás el mal, esa es la clave"

26º Domingo durante el año
Ciclo B
Evangelio:
Marcos 9, 38-43. 45. 47-48

La lectura del Evangelio de hoy nos habla del don del Espíritu Santo fuera del círculo más íntimo de la comunidad dirigida por el Señor. San Marcos nos narra el episodio en el que el Apóstol Juan le dice a Jesús: “Hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre, como no es de los nuestros, se lo prohibimos. Pero Jesús le respondió: No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquél que no está contra nosotros, está a nuestro favor”.

Nos encontramos ante un hecho histórico que se dio en vida del mismo Jesús y en pleno ejercicio de su ministerio salvífico. Alguno de los muchos taumaturgos, exorcistas y curanderos del mundo judío o griego debió de usar su nombre en las prácticas de curación y expulsión de demonios. Los discípulos se creen en la obligación de impedirlo, como si se tratara de una usurpación. Con actitud intransigente y sectaria, pretenden tener monopolio sobre Jesús. Se consideran los dueños de su causa, e intentan parar a los que actúan fuera del grupo, especialmente si triunfan. Es la tentación del exclusivismo, del monopolio.

¿Qué le responde Jesús?: Todo el que hace el bien, aunque no lo haga en nombre nuestro, no está contra nosotros, está a nuestro favor. Lo que importa es hacer el bien, no importa a nombre de quién. Más bien, los que están en contra nuestra, son los que no obran el bien. Es interesante ver cómo Jesús matiza, precisa, afina y mejora las opiniones de los discípulos. Ellos opinan como humanos llenos de egoísmo. Jesús opina a lo divino, de una forma pura y sin mezquindades. Con estas palabras, Jesús está abriendo el corazón de sus discípulos para que acojan las diversas manifestaciones de la acción del Espíritu, que a veces se dan precisamente allí donde no se esperan. Porque el Espíritu de Dios sopla donde quiere (cfr. Jn 3,8) y distribuye sus dones a cada cual como quiere (cfr. 1 Col 12,11).

El Evangelio de hoy también toca el pecado de escándalo, es decir, el pecado en que por dar mal ejemplo o por dar un mal consejo, podemos hacer caer a otros en pecado; es decir, cuando nuestra conducta o nuestra palabra pueden servir de ocasión de pecado para otros. Y Jesús fue sumamente severo con este tipo de pecado, especialmente cuando se escandaliza a la gente sencilla que cree en El: “Más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar”.

Fue igualmente severo el Señor al exigirnos cualquier renuncia con tal de evitar los pecados que nos alejan de El y ponen en peligro nuestra salvación eterna: “Si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo, pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que ser arrojado con tus dos pies al lugar de castigo”. Y se refirió con la misma severidad al ojo y a la mano, todo para indicarnos lo importante que es nuestra salvación y lo grave que sería la condenación. Ningún esfuerzo es grande y ninguna negación imposible, cuando se trata de llegar a la vida eterna.

Jesús es tajante y radical. Aquí hay un giro un tanto áspero en el tono de las palabras de Jesús: de la alabanza del bien cumplido con los pequeños se pasa a la dura admonición de no escandalizar a "uno de estos pequeños que creen". Llegó el momento de la poda. Dios no quiere que tus ojos vivan la lujuria del deseo, la pasión de la venganza y la sed de hacer mal al que no piensa como tú. Tus ojos son para ver la belleza de Dios, de la creación y de los hermanos. Dios no quiere que tus pies caminen hacia lugares de pecado, sino que caminen con Jesús hacia la vida y caminen con los hermanos a la comunidad del Espíritu. Los pies son para seguir a Jesús, para hacer camino con todos. Las manos son para hacer el bien.

Ahora bien, ¿se trata realmente de cortarse la mano, si es necesario? Esto no debe entenderse de una forma literal, sino que, como nos invita San Pablo, debemos, con la fuerza que viene de Cristo, hacer morir los miembros terrenos, que son: "fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría" (cfr. Col 3,5). A veces, el discípulo sí requiere amputaciones y podas. Hemos de amputar malas costumbres, resentimientos, ambiciones que nos impulsan a actuar sin ética. El alcohólico o drogadicto necesita amputar viejas relaciones que amenazan con hundirle de nuevo en una vida de adicción.

Volviendo a las afirmaciones iniciales las palabras de Mons. Romero (30/09/79) son, de forma exquisita y clara, el mejor resumen de nuestra reflexión de hoy: “La respuesta magnánima de Jesús es la que vamos a aprender: 'No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. El carisma, dones maravillosos que Dios da para el bien de toda su Iglesia no los debe de monopolizar nadie. Nadie debe sentirse mezquino porque hay otro que predica mejor, porque hay alguien que tiene dones del Señor. Sería la mezquindad más absurda querer cortar, querer mutilar lo que Dios está dando, tal vez, al más insignificante. Qué hermosa la respuesta de Jesús: ‘Si hace milagros en mi nombre, aunque a ustedes les parezca que no está con nosotros, está con nosotros’.” Hacer el bien y evitar el mal, esa es, en definitiva, una de las claves de todo el Evangelio

Con mi bendición.
Padre José Medina

sábado, 26 de septiembre de 2009

ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS: El Obispo de Palencia, España, propone un test de "estima sacerdotal"

Ávila (España), 24 Set. 09 (AICA - Agencia Informativa Católica Argentina). Con motivo del Año Sacerdotal convocado por Benedicto XVI, el obispo de Palencia, monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, dueño de una pluma muy interesante, de un estilo profundísimo teológicamente hablando y de una llegada masiva, popular, fácilmente entendible a los oídos de todos, tanto sean rudos como letrados, escribió ayer, domingo 20 de septiembre, una curiosa carta pastoral que fue publicada en el “Diario Palentino” y en “Iglesia en Palencia”. La carta está escrita en un formato un tanto especial, diríamos atípico, por lo menos para un obispo. En ella en vez de extenderse en consideraciones doctrinales o morales, o comentar temas de actualidad eclesial, presenta un “test de estima sacerdotal", con el que aspira a que los fieles reflexionen sobre qué grado de estima y aprecio tienen por sus sacerdotes.

"Algunos han podido pensar equivocadamente -comienza diciendo monseñor Munilla- que un Año Jubilar Sacerdotal es una cuestión interna del ámbito clerical. ¡Ni mucho menos!", señala el obispo. "En realidad -añade-, cuando alguien se acerca a un sacerdote con verdadero deseo de encontrar a Dios, está contribuyendo, sin darse cuenta, a la fidelidad de ese sacerdote y a la promoción de las vocaciones sacerdotales". "¿Valoramos el sacerdocio y amamos a nuestros sacerdotes?", pregunta el prelado. Para responder a esta pregunta, "con un poco de humor", pero también bastante profundidad, el obispo presenta esta autoevaluación:

Test de “estima sacerdotal”
1. ¿Has rezado últimamente por tu párroco, por tu obispo o por el Papa?
a) Ni siquiera sé cómo se llaman.
b) En la misa ya se suele pedir por ellos, y yo me sumo a esa petición.
c) Lo hago todos los días en mi oración personal.

2. ¿Has abierto tu conciencia a un sacerdote, confiando en que pueda ayudarte en tus problemas?
a) Cada uno tiene que solucionar sus problemas.
b) “Cuatro ojos ven más que dos”. Siempre es conveniente escuchar y acoger los consejos de quien pueda ayudarnos.
c) La mayor ayuda que he recibido de un sacerdote ha sido cuando sus consejos venían unidos al perdón de Dios en el sacramento de la Confesión.

3. Cuando entre tus amistades escuchas comentarios anticlericales.
a) He seguido la corriente, para no quedar mal.
b) Me he hecho el sordo, como si estuviese a otra cosa.
c) He dicho lo que pensaba, dando testimonio de mi fe.

4. En un sacerdote veo
a) Una “reliquia” del pasado.
b) Un “profesional” de la religión.
c) Un ministro de Dios; “otro Cristo” entre nosotros.

5. ¿Cuántas veces has invitado al párroco a tu casa?
a) Al cura se le llama sólo cuando ha muerto alguien.
b) Cuando está la abuela con nosotros, suele traer la Comunión.
c) Varias veces. Me encantó cuando nos relató en una sobremesa la historia de su vocación.

6. Cuando oyes a un sacerdote predicar
a) Le atiendo dependiendo de sus cualidades oratorias.
b) Le escucho si el tema del que habla me resulta interesante.
c) Veo en él un instrumento por el que Dios me habla.

7. Cuando se hace una colecta en favor de los seminarios
a) “Los curas” están siempre pidiendo.
b) ¡Se pide para tantas cosas! ¡Una más!
c) Colaboro gustosamente, porque pienso que ninguna vocación debería frustrarse por falta de medios económicos.

8. Cuando veo un sacerdote anciano en la Iglesia o por la calle
a) Me viene a la cabeza que la Iglesia está de capa caída.
b) Lo importante es que diga la Misa rapidito.
c) Doy gracias a Dios por su fidelidad y por todo el bien que haya podido hacer.

9. Cuando veo un sacerdote joven en el altar
a) Desconfío de su inexperiencia. ¿Qué me va a decir a mí?
b) Le observo a ver cómo lo hace, y le “califico”.
c) Doy gloria a Dios por su vocación y le encomiendo intensamente.

10. ¿Cómo reaccionarías si tu hijo te dijese que quiere ser sacerdote?
a) Le preguntaría a ver si se ha vuelto loco, y le recordaría que tenemos que conservar el apellido.
b) Le pediría que lo pensase bien y que primero haga una carrera universitaria.
c) Me llevaría una de las alegrías más grandes de mi vida, y le apoyaría plenamente.

11. ¿Le has planteado a algún niño, adolescente, o joven, la posibilidad de ser sacerdote el día de mañana?
a) Yo no me meto en líos. Allá cada uno con su vida.
b) Soy de la opinión de que hay que valorar todas las vocaciones, aunque sean diferentes a la nuestra.
c) Sí que me he fijado en alguien concreto, y rezo por él. Un día de estos se lo “dejaré caer”.

12. ¿Qué piensas de la expresión del Santo Cura de Ars: “El sacerdote es el amor del Corazón de Jesús”?
a) Me parece un espiritualismo desencarnado.
b) Pienso que eso sólo se podría decir de algún cura santo.
c) Creo que es exactamente así, aunque “lleven este tesoro en vasijas de barro” (2 Co 4, 7).

Evaluemos qué tal te ha ido:
Si la letra “a” aparece en la mayoría de tus respuestas, me sorprende que este test haya llegado a tus manos; pero le doy gracias a Dios de que así haya sido, para poder decirte como sacerdote que soy, que Dios te quiere con locura y que espera de ti una respuesta de amor.

Si a la mayoría de las preguntas has respondido con la “b”, me gustaría decirte que no estás disfrutando de los tesoros que Dios te ofrece por medio del sacerdocio.

Pero, si la letra “c” es la tuya, entonces te digo que no dejes de rogar a Dios por la santificación de los sacerdotes y por el aumento de vocaciones sacerdotales, porque estoy seguro de que a ti, Dios te va a escuchar.

(Enviado a AICA por el presbítero José Antonio Medina, sacerdote de la diócesis de Avellaneda-Lanús, que se halla en Ávila estudiando. http://padrejosemedina.blogspot.com/).

jueves, 24 de septiembre de 2009

CATEQUESIS PAPA: "A rezar, trabajar y sufrir por la Iglesia, sin abandonarla ni traicionarla"

Miércoles, 23 sep (RV).- Un miércoles más, Benedicto XVI ha presidido esta mañana en el Aula Pablo VI del Vaticano, ante unos 9 mil fieles y peregrinos, la habitual Audiencia General cuya catequesis ha dedicado a San Anselmo, monje benedictino del siglo XI, teólogo, gran defensor de la Inmaculada Concepción de María y filósofo. Se le recuerda, además por ser uno de los padres de la escolástica. Fue canonizado en 1494 y proclamado Doctor de la Iglesia en 1720. El Papa ha señalado que “precisamente este año estamos celebrando el noveno centenario de la muerte de San Anselmo, nacido en la ciudad de Aosta, en el año 1033”.

Benedicto XVI ha invitado a los pastores y a los fieles a "rezar, trabajar y sufrir" por la Iglesia, y a "no abandonarla jamás o traicionarla, como hizo san Anselmo de Aosta". “Fue un monje de vida espiritual intensa, un teólogo de grandes capacidades y un defensor de la libertad de la Iglesia” ha señalado el Pontífice. Se formó en la Abadía benedictina de Bec, en Normandía y fue nombrado Prior y Maestro de la escuela claustral, donde demostró ser “un excelente educador de los jóvenes”. Algunos años más tarde de su elección como Abad de Bec fue llamado a Canterbury para instruir también a los monjes y ayudar a la comunidad eclesial.

En 1093 fue elegido Arzobispo de Canterbury. “La claridad y el rigor lógico de su pensamiento tuvieron siempre como finalidad elevar el espíritu a la contemplación de Dios”. “San Anselmo -ha recordado el Papa- afirmaba con firmeza que aquellos que quieren estudiar teología no sólo han de contar con su propia inteligencia, sino que deben también cultivar una profunda experiencia de fe”. El santo monje medieval defendió ante los reyes ingleses de la época la independencia de la Iglesia del poder temporal, lo que le costó el exilio. “Que el amor por la verdad y la constante sed de Dios que han marcado la existencia de San Anselmo -ha dicho Benedicto XVI- sean para todos los cristianos un estímulo para buscar sin cesar una unión siempre más íntima con Cristo”.

Luego, el Papa tras su catequesis en lengua italiana, como ya es habitual, ha hecho una síntesis en distintas lenguas. Estas han sido sus palabras en español: “Queridos hermanos y hermanas: San Anselmo nació en Aosta en el seno de una familia noble. De su madre recibió una profunda formación humana y cristiana. Guiado por Lanfranco de Pavía, prior de la abadía benedictina de Bec, estudió con diligencia las disciplinas eclesiásticas. Allí abrazó la vida monástica y fue ordenado sacerdote, siendo posteriormente elegido abad de esa comunidad. Cuando Lanfranco de Pavía fue designado Arzobispo de Canterbury, pidió a Anselmo que lo ayudara en su tarea pastoral, ya que esa comunidad pasaba una difícil situación tras la invasión de los normandos. San Anselmo trabajó en esa diócesis fructuosamente y se ganó la estima de todos. Fue nombrado sucesor de Lanfranco al frente de esa Sede episcopal, a la que se dedicó con todas sus fuerzas, defendiendo valientemente la independencia de la Iglesia del poder temporal, lo cual le costó el exilio. Cuando pudo regresar a Canterbury, se consagró a formar a su clero y al cultivo de la teología. Murió en el año mil ciento nueve.

Tras la alocución en español Benedicto XVI también ha saludado a los peregrinos polacos presentes en la Audiencia General, de manera especial a los becarios de la Fundación Vaticana Juan Pablo II. Y se ha unido “espiritualmente a las familias de las víctimas y a los heridos de la catástrofe”, ayer, en la Mina de Wujek-Slask en la que perecieron 15 trabajadores. “A todos confío en la oración a la Divina Misericordia. Para los difuntos imploro el descanso eterno, para los heridos la curación y para todos los familiares y amigos el don de la fuerza que proviene de la fe. Dios proteja de símiles tragedias a todos los trabajadores. A todos os deseo fortaleza de ánimo”.

Finalmente, como siempre el último pensamiento del Papa en la audiencia lo ha dedicado a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. “El testimonio de fe y de caridad que animó a San Pío de Pietrelcina, cuya memoria litúrgica recordamos hoy, -ha dicho- os anime a vosotros queridos jóvenes, a proyectar vuestro futuro como un generoso servicio a Dios y al prójimo. Os ayude a vosotros, queridos enfermos, a experimentar en el sufrimiento el apoyo y el consuelo de Cristo Crucificado. Y os estimule a vosotros, queridos recién casados, a conservar en vuestra familia una constante atención por los pobres. Que el ejemplo de este santo, tan popular, sea en fin para los sacerdotes, en este Año Sacerdotal, y para todos los cristianos una invitación a confiar siempre en la bondad de Dios, acercándose y celebrando con confianza el Sacramento de la Reconciliación del que el santo del Gargano, incansable dispensador de la misericordia divina, fue asiduo y fiel ministro”.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

SANTO PADRE PIO: ¡Hoy en tu día y siempre, ora por nosotros!

El padre Francesco Forgione nació en Pietrelcina, provincia de Benevento, el 25 de mayo de 1887. Sus padres fueron Horacio Forgione y María Giuseppa. Creció dentro de una familia humilde, pero como un día él mismo dijo, nunca careció de nada. Fue un niño muy sensible y espiritual. En la Iglesia Santa María de los Ángeles, la cual se podría decir fue como su hogar, fue bautizado, hizo la Primera Comunión y la Confirmación. También en esta misma Iglesia fue donde a los cinco años se le apareció el Sagrado Corazón de Jesús. Más adelante empieza a tener apariciones de la Virgen María que durarían por el resto de su vida.

Ingresó a la Orden de los Frailes Menores Capuchinos en Morcone en enero de 1903. El día anterior de entrar al Seminario, Francisco tuvo una visión de Jesús con su Santísima Madre. En esta visión Jesús puso su mano en el hombro de Francisco, dándole coraje y fortaleza para seguir adelante. La Virgen María, por su parte, le habló suave, sutil y maternalmente penetrando en lo más profundo de su alma. Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1910 en la Catedral de Benevento, y en febrero de ese año se estableció en San Giovanni Rotondo, donde permaneció hasta su muerte, el 23 de septiembre de 1968.

Poco después de su ordenación, le volvieron las fiebres y los males que siempre le aquejaron durante sus estudios, y es enviado a su pueblo, Pietrelcina, para que se restableciera de salud. Luego de 8 años de sacerdocio, el 20 de setiembre de 1918, recibe los estigmas de Nuestro Señor Jesucristo en sus manos, pies y costado izquierdo, convirtiéndose en el primer sacerdote estigmatizado. En una carta que escribe a su director espiritual los describe así: "En medio de las manos apareció una mancha roja, del tamaño de un centavo, acompañada de un intenso dolor. También debajo de los pies siento dolor".

El 20 de septiembre de 1968 el Padre Pío cumplió 50 años de haber recibido por primera vez los estigmas del Señor Jesús. El Padre Pío celebró la Misa a la hora acostumbrada. Alrededor del altar hubo 50 grandes macetas con rosas rojas para sus 50 años de sangre... A los dos días murmurando por largas horas "Jesús, María!", muere el Padre Pío, el 22 de septiembre de 1968. Los que estaban presentes quedaron largo tiempo en silencio y en oración. Después estalló un largo e irrefrenable llanto.

El funeral del Padre Pío fue impresionante ya que se tuvo que esperar cuatro días para que la multitud de personas pasaran a despedirse. Se calcula que más de cien mil personas participaron del entierro. Al morir desaparecieron los estigmas con el cual el Señor ha confirmado su origen místico y sobrenatural. Muchas han sido las conversiones concedidas por la intercesión del Padre Pío e innumerables milagros han sido reportados a la Santa Sede.

Juan Pablo II y el Santo Padre Pío

El 16 de junio de 2002 el Papa Juan Pablo II canonizó al padre Pío, algo tan esperado por muchos, elevando así al culto público y oficial de la Iglesia al sacerdote que confesó y convirtió a un gran número de fieles de distintos países, que lo frecuentaban buscando el perdón de los pecados y la orientación de sus vidas. Juan Pablo II lo propuso al mundo como “testimonio de oración y caridad”, en la canonización más multitudinaria de la historia vivida en el Vaticano.

“El nuevo santo nos invita a poner a Dios por encima de todo, a considerarlo como nuestro sumo y único bien”, dijo el pontífice en la homilía de canonización. Cuando el Santo Padre quiso resumir en la homilía el legado del seguidor de san Francisco, lo hizo con pocas palabras: “Oración y caridad, esta es una síntesis sumamente concreta de la enseñanza del padre Pío, que hoy vuelve a proponerse a todos. ¡Qué actual es la espiritualidad de la Cruz vivida por el humilde capuchino de Pietrelcina! Nuestro tiempo necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza”.

En particular, propuso su ejemplo como modelo para todo sacerdote. “¡La misa del Padre Pío!”, recordó el Papa, quien le visitó en 1947 y se confesó con él en San Giovanni Rotondo, cuando no era más que un joven sacerdote polaco. “La santa misa era el corazón y la fuente de toda su espiritualidad”, recordó. “San Pío de Pietrelcina se presenta ante todos como un testigo creíble de Cristo y de su Evangelio. Su ejemplo e intercesión alientan a cada uno a vivir un amor cada vez mayor a Dios y a la concreta solidaridad con el prójimo, en especial con el más necesitado”.

¡Santo Padre Pío, hoy y siempre ruega por nosotros!
¡Bendícenos!
Padre José Medina

Juan Pablo II visitó la tumba del Padre Pío en 1987.

El cuerpo incorrupto del Santo Padre Pío expuesto actualmente a la veneración los fieles en San Giovanni Rotondo, Italia.

martes, 22 de septiembre de 2009

JESUCRISTO: ¿Señor, estás contento conmigo? Yo quiero ser tu alegría

Queridos amigos y hermanos del Blog: ¿Cuánto hacen que no visitan a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar, que en el Sagrario de su Parroquia, nos espera siempre? ¿Cuánto hace que no tienen una charla, serena y profunda, con el Amigo que nunca falla, con Aquel que nos ama con un amor infinito?.

Cada encuentro con Cristo es algo único e irrepetible, por eso tenemos que aprovecharlo, tiene que dejar huella en nuestra alma. Y el mejor fruto de un encuentro personal con Cristo, puede ser éste: el profundizar nuestra conversión a Dios. Nuestra decisión de seguirle a lo largo de toda la vida, debe ser ahora reafirmada: firme y decididamente tenemos que seguir más de cerca al Señor.

Profundizar nuestra conversión a Dios, implica un doble movimiento:

En primer lugar: debemos alejarnos de todo aquello que nos aparte de Dios. Y lo único que nos puede alejar de Dios es el pecado, a través de sus muchísimas manifestaciones. Nuestro deseo inmoderado de bienes, placeres, egoísmos, que van endureciendo cada vez más nuestra alma. El deseo, en definitiva, de hacer pura y exclusivamente nuestra voluntad y no la de Dios.

En segundo lugar: debemos acercarnos a todo aquello que nos acerque a Dios. Y esto no es otra cosa que recibir los medios de salvación que Jesucristo nos dejó, por manos de su Iglesia. En ella encontramos todo lo que nuestra alma necesita para salvarse. Nos da el Bautismo que nos hace hijos de Dios y herederos del cielo. Si hemos tenido la desgracia de caer en el pecado, encontramos en la Confesión Sacramental el remedio para limpiar nuestra alma. Y nos da el alimento necesario para poder llegar al cielo, en la Eucaristía en la que recibimos el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo.

Entonces luego, cuando estemos frente a Jesús en el Sagrario de nuestra iglesia, vamos a tener la valentía de preguntarle: “Señor, ¿estás contento conmigo?”. Si la respuesta nos parece que es no, porque nuestra conciencia nos reprocha algún pecado, y vemos que hace ya mucho tiempo que no nos acercamos a la Confesión y a la Comunión, debemos ir con alegría y con espíritu de fe, al encuentro de Cristo, que nos espera en la persona de algún sacerdote, para regalarnos a manos llenas su Misericordia Infinita. Que esta sea entonces, esa nueva oportunidad que Dios nos da, a ustedes y a mí, para ser un poco mejor, para que seamos siempre la alegría de Dios. Cristo nos quiere santos, no podemos defraudarlo.

Con mi bendición.
Padre José Medina.

domingo, 20 de septiembre de 2009

EVANGELIO DOMINICAL: ¿Quiéres ser el primero?, Vale, sé el último

25º Domingo durante el año
Ciclo B
Evangelio: Marcos 9, 30-37

El Evangelio de este Domingo (Mc. 9, 30-37) continúa con el discurso sobre la pasión: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará” (ib 31). El Señor no separa nunca el anuncio de su pasión del de su resurrección, que es el epílogo de aquélla e ilumina su valor. Los discípulos, en cambio, se quedan sólo en la primera y, aterrorizados, procuran huirla. El evangelista nota que “les daba miedo preguntarle” (ib 32) sobre ese tema: prefieren ignorarlo, evitarlo.

Y llama la atención que, por el contrario, se ponen a discutir entre sí “quién era el más importante” (ib 34). Es la mentalidad del hombre terreno que huye de la cruz, para procurarse en cambio, un poco de gloria y asegurarse un puesto elevado por encima tal vez de los otros. Los discípulos intuyen que tales sentimientos no agradan al Señor y se los quieren ocultar; pero él, que lee en sus corazones, les dice: “quien quiera ser el primero, que sea el último de todos” (ib 35). Es lo que él mismo hará en su pasión: se reducirá a siervo o esclavo de los hombres hasta morir por ellos como el último malhechor; pero resucitando será el primero, el primogénito de muchos hermanos adquiridos al precio de su sangre.

Jesús hace una afirmación que va en contravía de las ambiciones de poder que acariciamos los seres humanos. ¿Y qué comentario le merecen las aspiraciones de sus discípulos? No los regaña por pretender ocupar los primeros puestos. Simplemente ofrece un criterio y traza un camino: vuelve aquí la dinámica propia del Evangelio: si quieres ser primero, sé último. Jesús no rechaza los deseos de sobresalir. No es malo querer ocupar los primeros puestos: en los estudios, en los deportes, en el ejercicio profesional. La novedad de su mensaje radica en el camino que Él propone: para destacarnos no podemos atropellar a los demás, sino actuar a favor de ellos. De ahí la enorme responsabilidad de los padres de familia y educadores, que debemos inculcar en los jóvenes el deseo de superación pero por el camino correcto. Debemos evitar aquellos estímulos perversos que excitan un desmedido espíritu de competencia. Por el contrario, debemos favorecer la cultura del “juego limpio” en el deporte, en los negocios, en la vida política.

Y para concretar mejor su enseñanza, Jesús acercó “a un niño, lo puso en medio de ellos y lo abrazó” (ib 36). Demostraba así que las preferencias de Dios no son para los grandes, sino para los pequeños y últimos, a los cuales se les asegura no la gloria terrena, sino el Reino de los Cielos (cfr. Mt 19, 14); que para hacerse siervo, hay que servir sobre todo a los pequeños, débiles, pobres y necesitados, en los que quiere ser reconocido. “El que acoge a un niño como éste en mi nombre, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado” (ib 37). El camino seguro para encontrarse con Jesús y en él encontrarse con el Padre, es siempre el de la humildad y el servicio amoroso a los pequeños, humildes y pobres, sin retroceder cuando en este camino se encuentra la cruz como se la encontró el Señor.

La humildad, el espíritu de sacrificio y el amor libran al hombre de la envidia y del espíritu de contienda de que habla Santiago en la segunda lectura de la Misa (Sant 3, 16 - 4, 3); le libran de las pasiones que son el origen de todas las luchas y conflictos, también de los que se tienen por acaparar los primeros puestos. Y por el contrario le hacen partícipe de “la sabiduría que viene de arriba”, la cual es “amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras” (ib 17).

Resumiendo, ¿qué mensaje nos quiere transmitir el Evangelio de hoy? El Evangelio de este domingo fue dirigido a los discípulos de Jesús. A nosotros, como discípulos/as de Jesús hoy, nos quiere comunicar que, en la vida de seguimiento de Jesús, la pasión forma parte de la respuesta, del “sí” al discipulado. En la Palabra de hoy, recibimos una llamada a ser el/la “mayor”, pero no en el sentido de tener poder sobre los demás, sino en el sentido de tener la disposición de servirles, sobre todo a "los niños": los pequeños, débiles y oprimidos de la comunidad y de la sociedad. En esta tarea de “servicio”, podemos encontrar en el camino "pasión", sufrimiento o sacrificio. Pero Jesús nos asegura que de la misma manera que él resucitó, triunfó al tercer día, nosotros también lo experimentaremos si perseveramos hasta al final, incluso en medio de la experiencia de la “pasión”: por la cruz a la luz, por la muerte a la vida.

Con mi bendición.
Padre José Medina

sábado, 19 de septiembre de 2009

VIVENCIAS PERSONALES: Oración para alcanzar la gracia de la correspondencia a la vocación

Queridos amigos y hermanos del Blog: en pocos días más (el 29 de septiembre) cumpliré, por gracia de Dios, un nuevo aniversario de mi Ordenación Sacerdotal: ya 18 años. Cuántos recuerdos hermosos viven en mi alma y en mi corazón cuando cierro los ojos y miro hacia atrás. Yo, un joven de 21 años, comenzando un camino, tan largo como la misma vida de unión e identificación con Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Y entre esos hermosos, muy bellos recuerdos, aparece una oración, que a diario rezaba en esos años de seminarista, y que ahora quiero compartirles. Pensando en aquellos que hoy, con otros nombres y en otros lugares, pero con la misma ilusión caminan en pos de Cristo para ser cómo él: ¡Sacerdotes para siempre!.

Les comparto también dos imágenes unidas a éste recuerdo: yo a mis 24 años tomando el tren desde Mendoza a Buenos Aires, en el viejo y entrañable Tren Libertador, en viaje hacia la Basílica de Luján, a visitar a la Madre del Cielo en mis vacaciones de verano; la otra imagen la de la estampa que contiene la oración que transcribiré, la que me arropó y acunó en tantos momentos de oración camino al sacerdocio.

Oración para alcanzar la Gracia
de la Correspondencia a la Vocación

“¡Oh divino y eterno Sacerdote, Jesús, que os habéis dignado elegirme y llamarme, sin mérito alguno mío, para que participe de vuestro sacerdocio y os acompañe en la obra de salvar las almas, concededme, por la infinita piedad de vuestro corazón, la gracia de corresponder dignamente a vuestro llamado y de cumplir fielmente vuestro beneplácito.

Otorgadme, Señor, las gracias que necesito para ser un sacerdote santo. Dadme un carácter dulce para atraer las almas hacia Ti, y firme para no faltar jamás al cumplimiento de mis deberes; una intención recta de buscar en todas las cosas sólo vuestra mayor gloria; una dedicación empeñosa al estudio para adquirir la ciencia propia del sagrado ministerio; un espíritu de sacrificio, de pureza, de humildad, de generosidad, de obediencia a mis superiores, de amor a la Iglesia y de ardiente celo por las almas, que me convierta en verdadero apóstol vuestro; una imitación tan fiel de vuestra vida y de vuestras virtudes, que con verdad pueda decir a mis fieles lo que a los suyos decía vuestro apóstol Pablo: Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo.

Venid, Señor, a vivir en mí y apartad lejos de mí cuanto pueda hacerme infiel a mi vocación: ¡que no me fascinen las vanidades del mundo, ni me perturben los afectos desordenados, ni me espante el temor a las dificultades, ni me dominen las pasiones, ni me corrompa la carne, ni me venzan las tentaciones, ni me desaliente el cansancio, ni me perviertan las malignas sugestiones del enemigo!

¡Oh dulce Madre María! Por el amor que tenéis a vuestro Hijo, alcanzadme la gracia de corresponder con fidelidad a su llamamiento, preparándome con esmero para el sacerdocio. En vuestras manos y bajo vuestra especialísima protección pongo mi vocación presente y mi sacerdocio futuro.

Amados Patronos y Protectores míos, San José, San Luis Gonzaga, Santa Teresita del Niño Jesús, interceded por mí para que sea un sacerdote santo. Así sea.”

Claro, éste es el texto, tal cuál está en la estampa, ni siquiera he retocado el estilo para ponerlo con las expresiones y modos del castellano hoy hablado. Y no vamos a hacer comparaciones entre aquel joven flaquito que vestía orgullosamente su sotana, y el hombre de 46 años que ven en la actualidad… Pero más allá de esto, alguno que me conoce bien, podrá decir cuando lea éste post: "¡Ay, padrecito mío… qué lejos quedaste de ese ideal…, te acercaste poquito, nomás…!" Y ¿Saben que les diría yo al que piensa eso? Que pienso exactamente igual, y más, porque me conozco interiormente. Pero, ¿Saben qué? Estoy de pie, estoy en camino, y no pierdo la ilusión, ni la esperanza, de ser un día lo que debo ser. Rezo y lucho con ahínco por ello, y les pido a ustedes que también recen mucho por mí.

Con mi bendición.
Padre José Medina.

viernes, 18 de septiembre de 2009

COLUMNISTA INVITADO: "Mi encuentro personal con Su Santidad Juan Pablo II"

Escribe:
Marisol Carpintero Estevez*

Mi encuentro personal con Juan Pablo II tuvo lugar de forma muy especial en el contexto de mi propia enfermedad a partir del año 2000, Año del Gran Jubileo. Juan Pablo II, desde hacía mucho tiempo estaba pensando en el Año 2000, para celebrar con gran solemnidad el segundo milenio del nacimiento de Jesucristo. Todos recordamos como, en la noche del 24 de diciembre de 1999, se dirigió a la entrada principal de la Basílica de San Pedro, que había permanecido sellada durante casi un cuarto de siglo y dio tres golpes a la gran puerta con un martillo de plata: quedó así inaugurado el Año Santo Jubilar. “Cristo es la verdadera puerta que nos abre el acceso a la Casa del Padre y nos introduce en la intimidad de la vida divina”.

Aquel año estuve sumergida en un mar, que parecía sin fondo, de problemas de salud. Tras haber sido diagnostica y tratada, con tratamiento quirúrgico y radioterápico a causa de un linfoma. En esta situación el Señor me concedió gran paz y serenidad aunque no dejase de parecerme aquella situación muy seria. La recitación del salmo 22 “El Señor es mi Pastor, nada me falta…” era mi forma de oración más frecuente, sintiéndome arropada por Dios Padre. En realidad esta certeza del Padre que protege, la he tenido desde que tengo uso de razón. A pesar de la fragilidad de mi cuerpo, quise sumarme a los millones de personas que cruzaron la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, que fue mi encuentro con Jesucristo de forma especial.

Ya había escrito Juan Pablo II en 1984, en su Carta Apostólica “Salvifici Doloris”, algo verdaderamente conmovedor: “A través de los siglos y generaciones se ha constatado que, en el sufrimiento, se esconde una particular fuerza que acerca interiormente al hombre a Cristo, una gracia especial. A ella deben su profunda conversión muchos santos, como por ejemplo San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, etc. Fruto de esa conversión es, no solo el hecho de que el hombre descubre el sentido salvífico del sufrimiento, sino sobre todo que, en el sufrimiento, llega a ser un hombre completamente nuevo”.

En ese camino me puso mi situación de enfermedad en el Año Jubilar 2000. Tengo la absoluta certeza de que Dios Padre se hizo presente de manera especial en mí, alcanzándome su bendición, por la mediación de Juan Pablo II, que tomó en mi vida, a partir de entonces un interés especial, que ha seguido creciendo con gran gozo hasta el día de hoy.

En mi alma siento un profundo amor hacia la persona de Juan Pablo II. Me ayuda a caminar con esperanza, con fortaleza, con fe en este camino que he de recorrer hacia el encuentro definitivo. Desde el momento que comprendí que Dios se hacía presente en mi vida a través de su mediación, trato de conocerle, sobre todo a través de la lectura de los libros que él ha escrito. En ellos he descubierto a un verdadero hombre de Dios, a un cristiano ejemplar al que tengo la posibilidad de imitar porque ejerció su ministerio pastoral en forma de servicio.

He aprendido de él, la coherencia inquebrantable, sin rupturas entre su fe en Jesucristo y su vida. Me enseña a no dejar los acontecimientos de mi vida en manos de “la casuística” o “del destino”. Dios marca en cada momento el rumbo de nuestra historia, de mi historia. El valor de “otorgar y recibir el perdón”. Un gesto que repitió mucho. De forma especial en toda la historia de la Segunda Guerra Mundial y en el atentado que sufrió. Pero sobre todo me enseña con su doctrina y el testimonio de su vida el valor salvífico y redentor del sufrimiento. La enfermedad no la hay que ocultar, ni la ancianidad, ni la invalidez, hay que ponerla en valor como ofrenda válida ante Nuestro Señor.

Esta devoción, esta admiración ¿Es un fanatismo, superstición? Dice el Cardenal Angelo Comastri, responsable de la Basílica de San Pedro. “¡No es una superstición! Porque la gente sabe que Juan Pablo II estaba completamente entregado al servicio de Dios y de Jesucristo. Rindiendo homenaje al Papa se alaba al Señor que lo ha dado a la Iglesia y a nuestro tiempo”.

* Marisol Carpintero Estevez, es enfermera del Hospital Provincial de Ávila y Directora del Secretariado Diocesano de Pastoral de la Salud de la Diócesis de Ávila, España.

jueves, 17 de septiembre de 2009

ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS: Primer Congreso Internacional de Biblia y Mística

Ávila (España), 16 Set. 09 (AICA) Entre el 9 y el 13 de setiembre en el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CITeS), de la ciudad de Ávila, España, se realizó el Primer Congreso Internacional de Biblia y Mística, con el lema “La Biblia, libro de contemplación”. En concordancia con el Sínodo sobre la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia, tuvo como objetivo profundizar contemplativamente en la Palabra de Dios como fuente de vida en los diversos ámbitos de la experiencia humana; acogerla como fundamento y sustento de la vida espiritual; y encontrar caminos que ayuden a crecer continuamente en la contemplación de la Palabra hecha carne, Jesucristo, en la realidad de nuestro mundo, como fuente de luz y fortaleza, de libertad, justicia y fraternidad.

El director del CITeS, el fraile carmelita Francisco Sancho, destacó que 140 participantes -procedentes de Chile, Venezuela, Argentina y Brasil, a los que se sumaron portugueses, polacos y españoles- presentaron 22 ponencias con “pistas para una mayor comprensión de la Biblia, ellas han compuesto el mejor entramado del Congreso y ofrecido una mejor comprensión y actualización del mensaje de la Biblia para el hombre de hoy”.

Entre otras, se destacaron las ponencias sobre “La Sagrada Escritura, fuente de la contemplación cristiana a la luz del Sínodo sobre la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia” a cargo de la teóloga Nuria Calduch-Benages (Gregoriana, Roma); “Jesús Contemplativo, paradigma y contenido de la contemplación” a cargo de monseñor Elías Yanes, obispo emérito de Zaragoza; y “Biblia en la experiencia del pueblo: El renacer de una experiencia antigua que hace de la Biblia un libro nuevo y devuelve al pueblo la mirada contemplativa” e “Itinerario para una lectura orante de la Biblia en pequeñas comunidades” a cargo del conocido biblista Carlos Mesters.

Distintas miradas sobre la Biblia

La experta en Biblia Nuria Calduch-Benages, profesora de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, abrió el Congreso proponiendo un acercamiento a la Biblia “desde una perspectiva que a veces se ha mantenido un tanto olvidada, la perspectiva vital y existencial”.

Poco antes de comenzar con su exposición, en diálogo con los medios de prensa locales presentó la dimensión contemplativa de la palabra de Dios a partir de la experiencia del Sínodo de los obispos, celebrado en Roma en el mes de octubre pasado y en el que la ponente estuvo presente como experta en Biblia. “Siendo un conjunto de libros tan antiguo y tan distinto de nuestra cultura, con lenguas tan diferentes a las que hablamos y con una mentalidad tan diferente, todavía hoy sigue hablando a muchas personas; la Biblia sigue siendo actual, y eso para mí es lo más maravilloso que puede tener la Palabra de Dios”.

En tanto, en la ponencia “Lectura contemplativa de la Biblia en San Juan de la Cruz” Xabier Segura afirma que “no podía faltar porque es un personaje muy moderno, que nos ayuda a conectar con el misterio, a descubrir lo trascendente, el sentido profundo de todas las cosas: es un pedagogo y un maestro” y junto a Santa Teresa de Jesús, dice “hace experiencia de Dios y de la Biblia enriqueciendo la manera de llegar a ella”.

También despertó especial interés la intervención de monseñor Yanes sobre el contenido de la contemplación, presentada por el obispo de Ávila, monseñor Jesús García Burillo. Monseñor Yanes aseguró que “la sociedad actual se caracteriza por un frenesí de actividades, un desbordamiento hacia fuera, un vivir bajo el impacto de los sentidos, y es por tanto una sociedad que está sometida a un proceso de deshumanización”, lo contrapuesto a “la experiencia contemplativa, religiosa, que lleva al hombre a entrar dentro de sí mismo y a ponerse en contacto con Dios, para ver las cosas y los hombres con serenidad y con paz y eso siempre es muy positivo para la humanidad”.

Consideraciones finales

Como actividad paralela, el viernes por la noche la hermana Glenda, Consagrada Diocesana de Terrassa, Barcelona, y reconocida cantautora de música católica, ofreció un recital musical con letras de la Biblia y de la poesía de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Al final, los participantes coincidieron en que “acercarse a la Biblia desde la perspectiva de la dimensión espiritual es muy positivo y enriquecedor”. No obstante, fue Francisco Sancho quien sacó la principal conclusión que puso punto final al congreso: “La Biblia sigue siendo un libro de grandísima actualidad”. Informes: info@citesavila.org o en el sitio de Internet http://www.citesavila.org/ .+

miércoles, 16 de septiembre de 2009

CATEQUESIS PAPA: "Conocemos a Dios, no por los libros, sino por medio de la experiencia espiritual"

Miércoles, 16 sep (RV).- “Conocemos a Dios verdaderamente no a través de los libros sino por medio de la experiencia espiritual”. Lo ha recordado esta mañana Benedicto XVI a los fieles reunidos en el Aula Pablo VI del Vaticano en el curso de la Audiencia General. En su catequesis el Papa ha evocado la figura de Simeón el Nuevo Teólogo, nacido en año 949 en Asia Menor, indicado su itinerario espiritual, como ejemplo a seguir. Este santo monje oriental, ha afirmado el Pontífice, nos llama a todos a poner de nuevo más atención en la vida espiritual. “Si justamente nos ocupamos de cuidar nuestro crecimiento físico, humano e intelectual, es todavía más importante -ha añadido- no desatender nuestro crecimiento interior, que consiste en el conocimiento de Dios y en la comunión con Él, para experimentar su ayuda en cualquier momento y circunstancia”.

De su Santidad el Papa, ha llegado después una admonición a los sacerdotes, a los laicos “pero sobre todo a los jóvenes” para que se confíen a “buen padre espiritual”, capaz de acompañar cada uno de nosotros en el conocimiento profundo de sí mismos, y conducirlo a la unión íntima con el Señor”. “Para ir hacia Dios -ha dicho el Papa- tenemos siempre la necesidad de un guía, de diálogo, no podemos hacerlo solamente con nuestras discusiones”. Y “el amor de Dios crece en nosotros -ha proseguido el Santo Padre-, si permanecemos unidos a Él con la oración y con la escucha de la Palabra”. Solamente el amor divino nos abre el corazón a los demás y nos hace sensibles a sus necesidades, convirtiéndonos a todos como hermanos e invitándonos a responder con amor al odio y con el perdón a la ofensa”.

Este ha sido el resumen que de su catequesis ha realizado Benedicto XVI en español y sus saludos a los fieles en nuestra lengua:

“Queridos hermanos y hermanas: Hoy hablamos de Simeón el Nuevo Teólogo, un monje oriental de Asia Menor nacido en el año 949, que abandonó su carrera civil al servicio del Emperador para emprender el camino de la unión con Dios, bajo la guía espiritual de Simeón el Piadoso, en un monasterio de Constantinopla. Murió en mil veintidós, y sus escritos han tenido un notable influjo en la teología y la espiritualidad de Oriente. Su reflexión se centra en la presencia del Espíritu Santo en los bautizados, que han de ser conscientes de esta realidad espiritual, que todos ellos han recibido y que los lleva a la unión íntima y personal con el Señor. Éste es el cometido de la vida cristiana, en la que la comunión con Dios lleva a sentir su ayuda en todo momento. A su vez, el amor al prójimo, incluso a los enemigos, hizo ver aún mejor a Simeón que este amor no podía salir de él mismo, sino de Cristo que habitaba en él, mostrando así que la verdadera fuente del amor es la presencia divina en el alma.”

“No tengáis miedo en permanecer, como María bajo la Cruz, para encontrar la valentía de superar cada obstáculo de vuestra existencia”. Esta ha sido la invitación que ha dirigido el Papa a los jóvenes tras el rezo mariano y antes de que terminara la Audiencia General. Saludando, como es habitual, a los jóvenes, enfermos y recién casados, al final de los saludos en lengua italiana, Benedicto XVI ha recordado la memoria litúrgica que celebramos ayer martes: Nuestra Señora de los Dolores, que con fe, se detuvo al lado de la cruz de su Hijo, Jesús”.

A los enfermos, el Papa les ha deseado que podrán encontrar “en María consuelo par aprender del Señor Crucificado el valor salvífico del sufrimiento”; mientras a las parejas de recién casados, el Papa les ha aconsejado que se dirijan “con confianza en los momentos de dificultad a la Virgen de los Dolores, que les ayudará a afrontarlos con su materna intercesión”.

martes, 15 de septiembre de 2009

VIRGEN MARÍA: Nuestra Señora de los Dolores

Queridos amigos y hermanos del Blog: hoy, 15 de septiembre, la Iglesia rinde respetuosa devoción a los dolores de María, bajo el título de Nuestra Señora de los Dolores. Fue en el momento de la cruz cuando se cumplieron las palabras proféticas de Simeón, como atestigua el Vaticano II: “María al pie de la cruz sufre cruelmente con su Hijo único, asociada con corazón maternal a su sacrificio, dando el consentimiento de su amor, a la inmolación de la víctima, nacida de su propia carne,”.

Por eso, la Iglesia, después de haber celebrado ayer la fiesta de la exaltación de la Cruz, recuerda hoy a la Madre Dolorosa, también exaltada, por lo mismo, que humillada con su Hijo. “La madre estaba llorosa / junto a la cruz dolorosa / de donde su Hijo pendía. / ¡Oh, Madre!, fuente de amor, / hazme sentir la fuerza de tu dolor, / para que llore contigo”. Esta estrofa del Stábat Mater, escrita en el siglo XIV, refleja la amargura de la Madre velando al pie de la cruz.

Desde los primeros tiempos del cristianismo manifestaron los fieles tierno amor por nuestra Señora. La devoción a los dolores de María fue difundida especialmente, a mediados del siglo XIII, por la orden de los siervos de la Virgen o servitas, cuyo principal cometido era meditar en la pasión de Cristo y en los dolores de su Madre. En el siglo XVIII comenzaron a celebrarse dos fiestas dedicadas a los siete dolores de María, la primera -según el antiguo calendario litúrgico- el viernes anterior al Domingo de Ramos, llamado viernes de dolores -que fue extendida a la Iglesia universal por el Papa Benedicto XIII en 1724-; la segunda se celebraba el tercer domingo de septiembre, instituida por el Papa Pío VII en 1814, la que en 1913 acabó fijándose definitivamente en el 15 de ese mes.

En distintos lugares de las Sagradas Escrituras se mencionan las amargas penas que afligieron el corazón de la Virgen. Tuvo que huir con su niño a Egipto; después vio a su hijo encarcelado y flagelado. Lo contempló con la cruz a cuestas y una corona de espinas que le hacía sangrar las sienes, golpeado e injuriado. Oyó los terribles golpes del martillo cuando lo clavaban y luego lo vio pendiente del madero.

Presenció su sed devoradora y la infame burla del vinagre; contempló con admiración y estupor, su atormentada agonía y su grito final. Todo esto vio ocurrirle a su Hijo, quien jamás tuvo en la boca palabras que no fuera de perdón, misericordia e inmenso amor. Los dolores de María frente a la cruz de la cual pende el Salvador son los más terribles que puedan pensarse. Sugieren los autores espirituales y teólogos que los tormentos todos que sufrieron los mártires son, en comparación con los de María, lo que una gota en el mar.

Pero el amor de Nuestra Señora, que constituye el principal motivo de su pena y amargura, es magnánimo y más poderoso que la misma muerte. Atravesada está siete veces por el dolor, como por siete espadas, pero no rehúsa los dolores, sino que los padece con su Hijo por la redención del género humano. Hoy y siempre, con nuestro amor y espíritu de reparación, consolemos su Inmaculado Corazón.

Con mi bendición.
Padre José Medina

domingo, 13 de septiembre de 2009

EVANGELIO DOMINICAL: La dinámica del Evangelio: "el que gana, pierde"

24º Domingo durante el año
Ciclo B
Evangelio: Marcos 8, 27-35

Una vez más se presenta en el Evangelio del Domingo la paradoja de la cruz, misterio de dolor y de salvación, de muerte y de vida. Lo que es “locura y necedad” para el mundo: la dinámica evangélica del que “gana-pierde”. Sobre este fondo se desarrolla el relato de Marcos 8, 27-35, que resulta particularmente maravilloso.

Después de haber provocado el reconocimiento de su mesianidad por parte de sus discípulos, Jesús corrige y completa la idea de los Doce, que como todos sus connacionales, tenían de ella. El pueblo judío, en efecto, dando de lado a las profecías del Siervo de Yahvé y basándose únicamente sobre las que representaban al Mesías como libertador y restaurador de Israel, lo imaginaba cumpliendo su misión mediante el triunfo y la gloria. Jesús mismo desdeña esa concepción y anuncia claramente su pasión: “Y empezó a instruirles: ‘El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho… y ser ejecutado’.” (ib 31).

Pedro, el que primero y con tanto aplomo había proclamado: “Tú eres el Mesías” (ib 29), es también el primero en reaccionar: “se lo llevo aparte y se puso a increparlo” (ib 32). Precisamente porque reconoce en él al Mesías, el Hijo de Dios vivo, no puede admitir que Jesús deba sucumbir a la persecución y a la muerte. Como verdadero judío se escandaliza él también de la cruz y la considera una necedad, un absurdo. Pero Jesús no condesciende, antes lo trata como había tratado al tentador en el desierto: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!” (ib 33).

Palabras duras de las que resulta evidente que toda tentativa de alejar la cruz, de forjarse un cristianismo sin Crucificado y de eliminar el sufrimiento de la propia vida está inspirado por Satanás. Por eso Jesús, después de haber hablado a sus íntimos de la pasión, convoca a la muchedumbre y les anuncia a todos la necesidad de la cruz: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio, la salvará” (ib 34-35).

Pedro no acepta que Jesús deba recorrer el camino de un profeta y se pone a reprenderlo. Pero Jesús lo reprende, a su vez, y le reprocha: “Tú no piensas como Dios, sino como los hombres” (ib 33). El pensamiento de los hombres es el de un Mesías terreno que goza de los honores del mundo; el pensamiento de Dios es el de un Mesías que entrega su vida por la salvación del mundo. El pensamiento de los hombres consiste en pasarlo bien en este mundo; pero “quien quiera salvar su vida, la perderá” (ib 35). El pensamiento de Dios consiste en entregar la vida en este mundo para gozar de ella eternamente: “Quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará” (ib 35). El pensamiento de Dios lo tiene quien recorre en esta tierra el mismo camino que recorrió Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (ib 34). Pedro, finalmente, asumió el pensamiento de Dios y siguió este camino.

Los apóstoles irán comprendiendo gradualmente esta lección; todos ellos, de un modo u otro, llevarán la cruz y darán su vida por Cristo; y Pedro morirá por amor de él en esa cruz que tanto le había escandalizado. La invitación que hace Jesús a seguirle cargando la cruz y la promesa que hace a quién pierde su vida por él la salvará. Esa es la gran recompensa que tienen todos aquellos que siguen la voluntad de Dios, sabiendo que cada obra que hagan por amor a Él y al prójimo nos lleva por el camino de la santidad en esta vida terrenal y si Dios quiere en la celestial.

Reflexionemos en este día quién es realmente y qué significa Jesús para mí. Sin dejar de meditar cuál es su voluntad y qué debo hacer yo por el en bien de los demás. Una última consideración sugerida por la segunda lectura (Sant 2, 14-18), en la que se dice que la fe sin obras es muerta. Si el cristiano no testimonia su fe en Cristo aceptando llevar con él la cruz, esa fe es vana.

Con mi bendición.
Padre José Medina

sábado, 12 de septiembre de 2009

ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS: Primera "Universidad de la Mística" del mundo

Ávila, España, 11 Set. 09 (AICA - http://www.aica.org/ ) La ciudad de Ávila, declarada por la UNESCO en 1985 “Patrimonio de la Humanidad”, situada a poco más de 100 kilómetros de Madrid, en España, no sólo cuenta en su historia con el ser escenario de gran parte de la vida de Santa Teresa de Jesús y su andadura reformadora y fundacional; sino que también es sede desde este año de la primera “Universidad de la Mística” que funciona en el mundo.

La “Universidad de la Mística” como cariñosamente la llaman los Padres Carmelitas de la comunidad que la anima, es el “Centro Internacional Teresiano Sanjuanista” (CITeS), que luego de haber recorrido un camino de muchos años en las instalaciones del Convento de la Santa, en la misma ciudad, este año abrió las puertas de su flamante y moderno edificio y la oferta de sus estudios como el Primer Máster, en el mundo, sobre Mística y Ciencias Humanas.

El flamante edificio en forma de estrella, por su magnitud y arquitectura podría pasar por cualquier gran centro de estudios y residencia, pero su decoración, rica en obras de arte y en simbología, le da particulares características. Ofrece una rica faceta formativa, al acoger decenas de cursos y congresos internacionales, pero también por lo que representa como centro de irradiación de la doctrina de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Es el refugio de la vida espiritual, un oasis de tranquilidad y silencio, cerca y a la vez lejos de la ciudad, al que llaman a la puerta cada vez más personas de todo el mundo inquietas en su búsqueda interior de Dios y el deseo de vivir en comunión con él y con los hermanos. Es un punto de encuentro internacional de formación y reflexión.


Historia del CITeS

El CITeS fue erigido por decreto del Definitorio General de la Orden de Carmelitas Descalzos, el 11 de octubre de 1986, y es una institución docente dedicada a promover el estudio sistemático de la doctrina espiritual de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz en su contexto histórico y como una especialización.

La razón que motivó su creación por la Orden, fue en principio el poder contar con un instrumento interno de promoción cultural, y estuvo íntimamente ligado a las circunstancias de dos acontecimientos centenarios de honda repercusión en el mundo católico: el cuarto centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús (1982) y el cuarto también de la muerte de San Juan de la Cruz (1991).

En medio de estas dos celebraciones, como fruto y compromiso a la vez, se puso en marcha esta institución docente para formar nuevos especialistas que pudieran traducir el magisterio de ambos místicos a otros interlocutores, a otras culturas, para que la mística no sea una reliquia de tiempos pasados ni la cultura una ciencia sin alma.

Por esta misma motivación originaria, el CITeS tiene un carácter académico de nivel universitario. Desde 1996 se firmó un convenio de colaboración con la Universidad Pontificia de Salamanca, según el cual la Universidad convalida las materias cursadas en el CITeS a los alumnos que estando en posesión del Bachillerato en Teología o equivalente, decidan continuar los estudios de Licenciatura y Doctorado en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca.

El curso completo del CITeS equivale al 50% de los créditos del Bienio de la Facultad de Teología. Fuera de convenio, pero en la misma proporción, estos estudios han sido convalidados por las Universidades de Comillas (Madrid), Norte de España en sus sedes de Burgos y Vitoria, la de Deusto, la Universidad Católica de Costa Rica, la Pontificia de Río de Janeiro y el CEVHAC de México. En menor porcentaje, también son reconocidos los estudios del CITeS por la Facultad Teológica Teresianum de Roma.

Máster en Mística y Ciencias Humanas

El curso que se imparte anualmente en el CITeS tiene una duración de un curso universitario (9 meses). Para acceder al grado de Máster se requiere el título de licenciado o equivalente, completar los 60 créditos del curso, realizar y presentar una memoria de máster. El Máster se realiza, en cuanto a lo académico, en convenio con la Universidad Católica de Ávila.

Aquellos que se encuentren interesados en mayor información sobre el CITeS y su oferta académica, pueden comunicarse con la secretaría del mismo a la siguiente dirección electrónica: info@citesavila.org . Cómo así también pueden ingresar a la web propia donde encontrará un pormenorizado detalle de sus distintas actividades y propuestas: http://www.citesavila.org/.+
José Antonio Medina, http://padrejosemedina.blogspot.com/



Los alumnos del Curso Académico 2008-2009 del CITeS de visita al Monasterio de La Encarnación de las Madres Carmelitas Descalzas.

viernes, 11 de septiembre de 2009

FE Y VIDA: ¿Los viernes durante el año son días penitenciales? ¿Por qué? ¿Para qué?

Es práctica en la Iglesia desde tiempo inmemorial observar unos días de penitencia. Y a través de ella unirnos a los sufrimientos de Cristo en la Cruz para salvarnos. Identificarnos en el amor sacrificial y redentor de Jesucristo. Acompañar, consolar, estar junto. La imagen que acompaña el post, -en la figura del seráfico Francisco de Asís- grafica claramente lo que quieren expresar estas palabras.

¿Pero no és este un tema ya superado o es algo aún y siempre vigente? La Iglesia quiere ser fiel al mandato del Señor, que indicó que “vendrán días en que les será arrebatado el esposo y entonces ayunarán” (Mt, 9, 15). Por eso ha establecido tiempos y días de penitencia que incluyen el ayuno y la abstinencia, obligatorios para toda la Iglesia de rito latino. Este es el sentido del canon 1429 del Derecho Canónico de la Iglesia Católica: “Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen.”

Se puede analizar la norma del ayuno y la abstinencia, desde distintos puntos de vista. Yo intentaré dar unas ideas claras y generales para su cumplimiento. Conviene indicar, antes de entrar en otras cuestiones, que la obligación de que se habla en este artículo es jurídica. Los fieles están obligados, desde el momento en que queda recogida en el Código de derecho canónico, por la fuerza de la norma. Vale por lo tanto esta consideración para hacer ver que, si bien muchas veces, el cumplimiento de la norma no supone sacrificio y penitencia, no por ello los fieles pueden ingerir estos alimentos. El fiel al que no le cueste sacrificio abstenerse de carne, sigue teniendo la obligación de abstenerse: y entonces el valor de su acción será la de la obediencia a la norma de la Iglesia. No supone sacrificio la abstinencia de carne, pero tiene el mérito y el valor ejemplar de la obediencia a la ley y a la Iglesia.

La Iglesia establece unos tiempos de penitencia que incluyen el ayuno y la abstinencia. Pero se debe tener en cuenta que los fieles están obligados cada uno “a su modo”: las prácticas que se establecen no dispensan de la obligación moral de hacer penitencia, la cual es personal, y no se debería limitar a las pocas prácticas comunes a todos los católicos.

Estas son las prácticas de penitencia que indica el derecho canónico: Canon 1251: Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Canon 1252: La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.

Por lo tanto, existen las siguientes posibilidades según la edad: Hasta los 14 años cumplidos: no hay obligación de guardar ayuno ni abstinencia. Desde los 14 y hasta los 18 años (mayoría de edad canónica): Existe la obligación de guardar la abstinencia de carne o de otro alimento todos los viernes del año (de Cuaresma y del resto del año), salvo si coincide con solemnidad, y también el miércoles de Ceniza. Desde los 18 hasta los 59 años cumplidos: existe la obligación de abstenerse de tomar carne u otro alimento los días indicados anteriormente, y también la de ayunar el miércoles de ceniza y el viernes santo. Desde los 59 años de edad: desaparece la obligación de ayunar, pero subsiste la obligación de abstenerse de la carne u otro alimento.

¿Cómo se cumple esto durante los viernes del año? La abstinencia puede ser sustituida, según la libre voluntad de los fieles, por cualquiera de las siguientes prácticas recomendadas por la Iglesia: lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la santa misa, rezo del rosario, etc.) y mortificaciones corporales. Se destaca que los viernes del año (fuera de Cuaresma) la Conferencia Episcopal Española autoriza que la abstinencia sea sustituida por otra práctica piadosa a tenor del artículo 3º; los viernes de Cuaresma, sin embargo, se debe guardar la abstinencia de carne sin posibilidad de ser sustituida por otra práctica. Normas similares se han dado por otras Conferencias Episcopales.

En definitiva: aquí no se trata de cumplir por cumplir, ni atarnos a ritos sin vida, sino todo lo contrario. A través del cumplimiento de estas normas vigentes la Iglesia nos da la oportunidad, maravillosa oportunidad, de cada viernes, a través de signos sencillos y de muy fácil cumplimiento, acompañar al Señor en su obra redentora: amando, reparando, haciendo penitencia, por nuestros pecados y por los del mundo entero.

Con mi bendición.
Padre José Medina.

jueves, 10 de septiembre de 2009

COLUMNISTA INVITADO: "Humanizar el servicio a la persona mayor es empatizar con ella"

Escribe:
José Ramón López Oroza*

Desde siempre, las personas mayores han producido en mí una sensación de ternura, y aunque así no lo quiera, también de protección y cercanía, como quien se acerca a un niño pequeño, indefenso, desprotegido, vulnerable. Es cierto todo esto, pero sin dejar de lado que son seres humanos con una gran experiencia a sus espaldas, personas que tienen un presente, un corto futuro y un grandioso pasado, lo que las hace personas muy interesantes de las que no solo podemos, sino que debemos aprender constantemente.

Desde hace unos años vengo trabajando con este sector de población bajo la dirección de centros de atención a personas mayores. No es fácil encontrarse con profesionales cualificados totalmente a este servicio, no lo es porque el servicio está demasiado comercializado, laboralizado, es decir, quizás muchas personas busquen una salida profesional digna realizando este trabajo, pero no todas tienen un sentido vocacional en este servicio. Esto es un gran problema, porque muchas residencias de ancianos se ven realmente dificultadas a la hora de encontrar profesionales entregados a esta labor, una labor ardua y difícil pero que llega a realizarte interiormente.

Pienso y creo sinceramente, que es una obligación de nuestros centros el humanizar el servicio a la persona mayor, que esta labor no sea solo de cumplimiento, de hacer algo con ellos, de lavarlos, darles de comer, asistirlos correctamente, atenderlos exquisitamente, estar siempre atentos a sus necesidades, etc., sino que tiene que ir un paso más allá. Este paso del que hablo es precisamente esta humanización de la atención que exige un plus.

Para entender correctamente lo que quiero expresar, es necesario acercarnos previamente al término “empatía” que es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. Si se quiere de otra manera: es intentar meterse en la mente y el corazón de la otra persona para saber cómo está, qué le sucede y cómo puedo ayudarle a salir de esa situación.

Una vez entendido el término, me remito a lo que les decía anteriormente, a que ese plus, esa humanización se da cuando se empatiza con la persona a la que atiendes. Empatizar, pues, cuando se habla con ellos, empatizar en sus enfermedades, incluso en sus demencias. Sólo quien empatiza, humaniza el servicio, de ahí la importancia de que todos los que trabajamos en el sector seamos conscientes de esta realidad para poder llegar no solo al cuerpo y al corazón de la persona a la que atiendes, sino también a su mente. Bajar al pozo de sus tristezas y miserias para salir de él acompañándolo, acudir, sin temor, al abismo de sus miedos para emerger juntos, llegar a sus incertidumbres y proyectos para poner puntos de encuentro que nos permitan atender como ellos requieren ser atendidos.

Creo que el que busca un servicio y atención así, no sólo cumplirá con su trabajo de una forma ejemplar, sino que será un trabajo humanizado y humanizante.

* José Ramón López Oroza es Director de Centros de Servicios Sociales, Dirige la Residencia de Mayores “Edad Dorada” en Ávila, España. (http://ta-anthropina.blogspot.com/)

miércoles, 9 de septiembre de 2009

CATEQUESIS PAPA: "Saber ponerse a la escucha de Dios y conversar con Él"

Miércoles, 9 sep (RV).- Con el anhelo de que Jesús pueda ser verdaderamente el centro de nuestra vida, también en medio de las preocupaciones cotidianas, Benedicto XVI ha centrado su catequesis de hoy en san Pedro Damián, una de las grandes figuras de la Iglesia del siglo XI. En el Aula Pablo VI, ante miles de fieles y peregrinos venidos de tantas partes del mundo, evocando la ejemplaridad de la vida y obras de este santo monje y cardenal, el Papa ha hecho hincapié en la importancia –también en este tiempo nuestro- de saber ponerse a la escucha de Dios y conversar con Él. Así como de la unidad de la Iglesia, en comunión con Cristo. Recordando que la vida de este santo estuvo iluminada por el misterio salvífico de la Cruz de Cristo, el Santo Padre ha invitado a seguir el ejemplo de San Pedro Damián y a “Mirar la cruz como supremo acto de amor de Dios hacia el hombre”.

Éstas son las palabras de Benedicto XVI resumiendo su catequesis y saludando en nuestra lengua: "Queridos hermanos y hermanas: En la audiencia de hoy contemplamos la figura de uno de los grandes santos del siglo once, Pedro Damián. Nacido en Ravena, muy pronto perdió a sus padres quedando huérfano al cuidado de sus hermanos, los cuales le dieron una magnífica formación, tanto jurídica como en la cultura clásica latina. En su primera juventud se dedicó a la enseñanza y compuso grandes obras literarias, pero muy pronto sintió la llamada a la vida eremítica e ingresó en el Monasterio de Fuente Avellana. Durante décadas se dedicó de manera ejemplar a la vida monacal.

Largas horas de contemplación y meditación, nos han legado algunas piezas de alto valor teológico, así como magníficos sermones y cartas sobre el amor que brota de la Cruz y el valor de la Palabra de Dios en la vida espiritual del monje y del cristiano. Esta labor de pensamiento, por la cual exhortaba a todos a poner en el centro de su vida a Cristo, estaba encaminada a la búsqueda de una profunda reforma de la Iglesia. De ahí que en varias ocasiones fuera llamado por los Papas para desarrollar una actividad pastoral más directa o para solucionar problemas que acuciaban a la Iglesia en ese momento. Es un gran don poder contar con una figura como San Pedro Damián, que gastó sus energías espirituales y físicas por amor a Cristo y a su Iglesia, y que testimonia una vez más el primado de Dios sobre todas las cosas.

Saludo a los fieles de lengua española, en particular a los peregrinos agustinos del Perú, así como a los grupos provenientes de Puerto Rico, Costa Rica, México y España. Os invito a todos, siguiendo el ejemplo y la enseñanza de este santo monje, a acoger nuevamente la llamada a caminar decididamente hacia la santidad. Muchas gracias."

Benedicto XVI ha señalado que espera con alegría la visita que realizará a la República Checa, en los días del 26 al 28 de este mes de septiembre. Con un cordial saludo a un grupo de peregrinos de Krnov y Praga, el Santo Padre ha agradecido sus oraciones. Dirigiéndose a los peregrinos polacos, el Benedicto XVI ha recordado la festividad de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María, que la Iglesia celebró ayer. Poniendo de relieve que el nacimiento de la Madre de Dios ha sido “para el mundo un anuncio de la salvación, que es el fin último de la vida de cada uno de nosotros”, el Santo Padre ha deseado que María “obtenga para todos la gracia de la fe, de la paz del alma y de la esperanza de la vida eterna”.

También en sus saludos a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, que acuden cada semana a las audiencias generales, el Papa se ha referido a la memoria litúrgica de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María: “El Concilio Vaticano II dice que María nos precede en el camino de la fe porque ‘ha creído en el cumplimiento de las palabras del Señor” (Lc 1,45), ha recordado Benedicto XVI, pidiendo “a la Virgen Santa el don de una fe cada vez más madura para los jóvenes”. “Una esperanza cada vez más firme para los enfermos”. Y “un amor cada vez más profundo y duradero para los recién casados”.

martes, 8 de septiembre de 2009

VIVENCIAS PERSONALES: "Si a la Soterraña vas..."

Queridos amigos y hermanos del Blog: cómo verán me ha quedado gustando la sugerencia que me han dicho días atrás de compartirles vivencias personales, recuerdos, y comentarios unidos a momentos o lugares muy queridos por mí. Ciertamente que luego de haber sido Vocero de Prensa de dos obispos, donde el vocero se hace “voz” de otro, ahora me cuesta un poco sacarme el traje de vocero “oficial”, para serlo sólo de mi corazón y de éstas vivencias que anidan en lo más profundo de mi alma sacerdotal. Pero, bueno, en un “blog personal”, lo “personal” está más que justificado. ¿Vale, cómo decimos en España? ¡Vale!

Este año que estudio y vivo en Ávila, está enmarcado –pastoralmente- en una Iglesia con unas reminiscencias históricas muy ricas y a la vez esenciales en la fe y devoción del noble pueblo abulense. Se trata de la Basílica de San Vicente, Sabina y Cristeta. En el año 306, durante la persecución decretada por Diocleciano, éstos hermanos sufrieron martirio por negarse a firmar un documento, en el que debían reconocer haber ofrecido sacrificios a los dioses romanos. Sus cuerpos fueron depositados en un hueco de la roca, sobre la que más tarde se edificaría la actual basílica.

Pero otro día les hablaré de la Basílica donde celebro a diario mi Santa Misa y les mostraré algunas fotos. Hoy quiero detenerme solamente en una Imagen de la Virgen que en su cripta se encuentra y que ha cautivado mi corazón de hijo: La Virgen de La Soterraña, a la que hoy 8 de septiembre, celebramos su fiesta. La cripta de La Soterraña está situada bajo la bóveda, donde está ubicado el órgano, en la nave lateral izquierda. Se accede a ella por una escalera bajante. Está dividida en tres capillas que corresponden a los tres ábsides del templo. En esta capilla se puede ver la roca donde fueron arrojados los cuerpos de los mártires.

La Virgen de La Soterraña

En cuanto a la imagen de la Virgen, una línea de los principales historiadores, aseguran que es de los tiempos apostólicos, tallada por Nicodemo, pintada por San Lucas y traída a España por San Pedro, quien se la dio a San Segundo. No hay de esto pruebas y es sabido que en los primeros tiempos de la Iglesia no se daba culto a las imágenes de bulto, y hasta se llegó a prohibirlas.

En la actualidad la imagen que contemplamos y rendimos culto, tallada en madera de nogal, está pintada de color carne. Está sentada, y para poder vestirla y que aparezca como de pie, le han cortado las piernas, quitándole las rodillas y la cabeza de la silla; y le han colocado unos brazos movibles, con manos de pino pintadas que sostienen a un Niño Jesús de la época del Renacimiento. Por debajo se percibe el tallado de las ropas, pintadas de rojo y negro, entre cuyos pliegues aparecen los pies con calzado puntiagudo negro, y los de la silla decorados con arquitos y flores. La cara tiene carácter oriental: ojos grandes muy rasgados y con una ligera inclinación; nariz deprimida y ancha de alas; labios finos.

Si ésta se ocultó al verificarse la conquista de los árabes y luego se la encontró, de allí lo de “soterraña”, claro es que era anterior a la fecha, por lo cual el común sentir más realista es que se trata de una imagen griega bizantina. Que la imagen es antigua, no cabe duda; pero si imposible –según la otra línea de historiadores- que sea de la etapa apostólica, según la piadosa tradición. La Virgen de La Soterraña es Patrona de la ciudad de Ávila, es muy venerada por el pueblo abulense y lo fue por los Reyes de Castilla. En su larga historia se le atribuyen varios milagros.

La Soterraña y Santa Teresa de Jesús

La Santa Inquieta y Andariega de Dios, Teresa de Jesús, le tuvo una devoción muy grande a ésta imagen de María. Habría más de una anécdota para probar esta afirmación, pero sólo –por cuestión de espacio- les compartiré lo que bellísimamente narra Marcelle Auclair en su recomendable libro: “La vida de Santa Teresa de Jesús”, cuando Santa Teresa deja el Monasterio de La Encarnación para ir a fundar el de San José, el primero de la reforma:

“Teresa se despidió con todo cariño de sus hermanas y de aquella casa, donde había vivido veintisiete años, donde tanto había sufrido y donde había conocido gozos y alegrías desconocidos para la inmensa mayoría de los hombres. En el camino que la llevaba por fin a la definitiva clausura, sentía su corazón tan ligero como el exiguo equipaje, compuesto de estos enseres: una esterilla de paja, un cilicio de cadenillas, unas disciplinas y un hábito negro muy zurcido. Al pasar por la Basílica de San Vicente, descendió a la cripta y se descalzó ante la Virgen de La Soterraña. Teresa de Ahumada acababa de morir al mundo. De sus cenizas nacía Teresa de Jesús”.

“A La Soterraña”


Ésta décima es un anónimo del s. XVI, y el querer atribuirla a la pluma de san Juan de la Cruz, no tiene ningún asidero histórico. Se lo asocia por cierto juego de palabras en ella presente, aquello de “subir bajando”, que puede hacer acordar al “vivo sin vivir” o al “muero porque no muero”. Juan de la Cruz, como Teresa de Jesús, hizo uso de coplas y cantares de la época, popularmente conocidos y los trocó “a lo divino”. Cómo si nosotros hoy tomásemos canciones de moda y versos románticos y con un poco de creatividad, cambiásemos sus letras y los refiriéramos a Dios.

El núcleo de la décima “A La Soterraña” en definitiva encierra en su juego de palabras de “subir bajando” la dinámica propia del Evangelio de Jesús: para vivir hay que morir, como el grano de trigo que hasta que no muere, no da fruto. Que la querida Virgen de La Soterraña, nos enseñe a todos está dinámica de muerte-vida, para sintonizar a pleno con el Evangelio de su Hijo, sabiendo que “subiendo-bajando” al Cielo, es Ella el consuelo del camino, y la certeza de la llegada a la meta.

Con mi bendición.
Padre José Medina.

Escalera por la que se "sube-bajando" al encuentro de La Soterraña

lunes, 7 de septiembre de 2009

FAMILIA: El plan de Dios sobre la familia

Queridos amigos y hermanos del Blog, alguna vez se han preguntado ¿Cuál es el plan de Dios sobre la familia?, bueno, juntos trataremos de conocerlo.
La Iglesia es consciente que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciados de la humanidad, y por eso hace sentir su voz y ofrece su ayuda a todo aquel que, conociendo ya el valor de éstos, trata de vivirlo fielmente; como así también a aquel que en medio de la incertidumbre o la ansiedad, busca la verdad, sin dejar de lado a aquel que se ve injustamente impedido para vivir el propio proyecto familiar.
Solo con la aceptación del Evangelio se realiza de manera plena toda la esperanza puesta legítimamente en el matrimonio y la familia, y solo así se puede descubrir el primigenio plan de Dios sobre ella: Dios estableció el matrimonio y la familia al crear al hombre “desde el principio”.
Pero por el pecado original estas instituciones, como el hombre mismo, quedaron profundamente dañadas y tienen necesidad de la gracia de Cristo para curarse de las heridas producidas por el pecado.
Ahora, la familia restablecida por la gracia de Cristo a su estado primitivo, proclama a todos el designio de Dios, asegura su plena vitalidad, así como su promoción humana y cristiana, contribuyendo de este modo a la renovación de la sociedad y del mismo pueblo de Dios, que es la Iglesia.
Por tanto, tenemos que, como fundamento firme e inconmovible, el matrimonio no fue instituido ni restaurado por obra de los hombres, sino por obra divina; que no fue protegido, confirmado ni elevado con leyes humanas, sino leyes del mismo Dios, autor de la naturaleza humana, y que, por tanto, sus leyes no pueden estar sujetas al arbitrio de ningún hombre, ni siquiera al acuerdo contrario de los mismos cónyuges.
Esta es la doctrina de la Sagrada Escritura, ésta es la constante tradición de la Iglesia Universal, ésta es la definición solemne del santo Concilio de Trento, asumida y confirmada por el Concilio Vaticano II.
Tenemos en Dios el sentido más profundo del matrimonio y la familia, Él tiene un plan divino de santificación y salvación para ella.
De nuestra parte está el buscar en el Evangelio la luz para comprender y apreciar la grandeza del matrimonio y la familia, fundamento de una sociedad sana, transparente y vigorosa.
Con mi bendición.
Padre José Medina