lunes, 4 de enero de 2010

INTENCIONES PAPA: Enero de 2010

Queridos amigos y hermanos del Blog: en este mes de enero que hemos comenzado, el Santo Padre Benedicto XVI nos pide oraciones. Es la propuesta que hace en las intenciones de oración para cada mes del año contenidas en la carta pontificia que el Papa ha confiado al Apostolado de la Oración, iniciativa que siguen cerca de 50 millones de personas en los cinco continentes. El obispo de Roma presenta dos intenciones, una general y la otra misionera. Vamos a reflexionar un poco sobre estas intenciones:

La intención general para el mes de enero 2010 es: “Para que los jóvenes sepan utilizar los medios modernos de comunicación social para su crecimiento personal y para prepararse mejor para servir a la sociedad”.

El moderno Internet se comenzó a desarrollar en los años 80, pero en esa década se limitó aún a círculos restringidos. Se difundió masivamente recién en la década de los 90. Por lo tanto, el enorme impacto que ha tenido en la sociedad y en la cultura esta red comunicacional es un fenómeno muy reciente. Su existencia ha marcado una innegable revolución tecnológica y cultural, tanto que el Papa se refiere a los jóvenes de hoy como “la generación digital”. El crecimiento de usuarios de internet aumentó a nivel mundial en 300% entre 2000 y 2008. Se proyecta que el 22 % de la población mundial usará internet regularmente al año 2011, el 76% de la población de Estados Unidos estará “conectada”, e India, China y Brasil tendrán los más altos ritmos de crecimiento en la incorporación de nuevos usuarios. Hoy, niños y adolescentes encabezan la cantidad de usuarios si los distribuimos por fajas etarias.

Además del popular correo electrónico, se encuentra en la red todo tipo de información, noticias, clubes de amigos, …hasta la posibilidad de escapar a un mundo virtual con una identidad ficticia para vivir una segunda vida, donde se puede comprar tierras, conocer gente, participar en eventos, etc., todos virtuales. La promoción de la industria del sexo ocupa lamentablemente cientos de miles de páginas de internet. En algunos países, 70% de los usuarios de internet varones entre 18 y 34 años visitan con cierta regularidad sitios pornográficos. Esto último, además de video juegos y otros atractivos de la red, hace que sea cada vez más frecuente el desarrollo de la adicción a internet, muchas veces como un escape a las duras exigencias de la vida real.

Atentos a discernir los peligros, los cristianos también reconocemos en las nuevas tecnologías digitales (que incluyen también la televisión y el teléfono celular, ya más antiguos) grandes oportunidades para hacer el bien. El Papa nos dice que responden a un deseo de conectividad y comunicación muy propio del ser humano. Nos invita a utilizarlas para crear una cultura de respeto, de diálogo y de amistad. Las posibilidades tecnológicas para crear redes de movilización social a favor de causas nobles son inigualables en comparación a otras épocas de la humanidad. El Papa desafía a los jóvenes a usar estos medios “para su crecimiento personal y para prepararse mejor para servir a la sociedad”. Su uso discernido les ha de ayudar a ser hombres y mujeres para los demás. Tocará a esta generación digital, sobre todo, usar con creatividad esta gran tribuna universal para que el Reino de Dios sea cada día más real y no solo una segunda vida virtual.

La intención misionera para enero 2010 es: “Para que todos los creyentes en Cristo tomen conciencia de que la unidad entre todos los cristianos constituye una condición para hacer más eficaz el anuncio del Evangelio”.

“Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica” rezamos en el Credo cada domingo. La unidad de la Iglesia es una de sus notas características. Cuando mostramos entre los cristianos divisiones y peleas, levantamos un verdadero obstáculo para la eficacia del anuncio del Evangelio. La intención misionera de este mes constituye un llamado más del Santo Padre a orar y trabajar por la necesaria unidad entre los cristianos. No podemos banalizar la gravedad de esta situación objetiva de división. Ha habido avances que nos alientan, y podemos agradecer que en estas últimas cuatro décadas hemos recuperado la fraternidad entre las distintas iglesias cristianas.

Pero hay aún un largo camino por recorrer para alcanzar el deseo de Nuestro Señor expresado en Jn 17,20-23: “Que sean uno”. Será arduo para muchos creer “en” Cristo si con nuestros hechos les hacemos difícil creer “a” Cristo. Nos pidió permanecer unidos a él y unidos entre nosotros. El mundo no creerá que Él es el enviado del Padre y que el Padre ama a todos tanto como a Él, si sus discípulos contradecimos esto.

La unidad visible de la Iglesia es la que debe mostrar su identidad de ser “en Cristo como un sacramento, es decir signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG 1, en el Vaticano II). ¿Cómo ser signo e instrumento de unidad, si no nos queremos? En el Decreto de Ecumenismo del mismo Concilio (1a) dice: “promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los principales propósitos del Concilio ecuménico Vaticano II”.

Nuestro empeño ecuménico exigirá que trabajemos con enorme honestidad y desde la clara afirmación de nuestra identidad, pero alentados por la certeza que es mucho más lo que nos une que lo que nos divide. La Iglesia crecerá no por proselitismo sino por atracción, como Cristo atrae todo a sí con la fuerza de su amor. La Iglesia atrae cuando vive en comunión, pues los discípulos de Jesús serán reconocidos si se aman los unos a los otros como Él nos amó (cfr. Rm 12,4-13; Jn 13,14).

Con mi bendición
Padre José Medina

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