viernes, 1 de enero de 2010

VIRGEN MARÍA: Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

Queridos amigos y hermanos del Blog: ¡Feliz Año Nuevo! Éste es el deseo que todos nos estamos expresado en estos días, deseo esperanzado de un año y un mundo mejor. Cada año que comienza representa para todos un nuevo desafío, ¡a grandes cosas estamos llamados!, y en este comienzo de año, tenemos la oportunidad de probar nuestra grandeza de alma, y poner todo nuestro empeño para construir una familia, una patria y una Iglesia mejor. Contamos con la gracia de Dios para ello, pero no olvidemos que debemos poner lo nuestro, según aquel refrán de nuestros mayores españoles: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

La Iglesia consagra a María el primer día del año, y la proclama como Santa María, Madre de Dios. Esta es la fiesta mariana más antigua que se conoce en Occidente. Ya en las catacumbas o en los antiquísimos subterráneos que están cavados debajo de la ciudad de Roma y donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Misa, en tiempos de las persecuciones, hay pinturas con este nombre. El título "Madre de Dios" es el principal y el más importante de la Virgen María, y de él dependen todos los demás títulos, cualidades y privilegios que Ella tiene.

Este día de la Octava de Navidad fue el día en que a su Hijo le fue impuesto el nombre, según nos narra el Evangelio de San Lucas, capítulo 2, versículo 21: “Cuando se hubieron cumplido los ocho días (de su nacimiento) le dieron el nombre de Jesús”. Y la consideración de un niño “de ocho días” no puede separarse del recuerdo de su Madre, y por eso la liturgia se dirige espontáneamente a María, la Virgen Madre, presente siempre, aunque discretamente, donde quiera que se encuentre su Hijo.

Mirando a Cristo niño la Iglesia invoca la intercesión maternal de María sobre todos los creyentes, y por eso rezamos en la Santa Misa de hoy: “Dios y Señor nuestro, concédenos experimentar la intercesión de aquélla de quien hemos recibido al autor de la vida, tu Hijo Jesucristo". Los creyentes son bendecidos por intercesión de María, porque sólo la pureza y el amor de la Virgen nos hacen dignos de recibir “al autor de la vida”, Jesucristo.

María es Madre de Dios, no sólo porque le ha dado la carne y la sangre, sino también porque ha penetrado íntimamente en su misterio y se ha unido a él de la manera más profunda. María se consagró totalmente a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la redención con él y bajo él. En este primer día del año la Iglesia al poner su mirada en María, implora a Dios el don de la Paz, que exige nuestra oración y el trabajo decidido y solidario para hacerla eficaz y presente entre los hombres.

Por María llegó a la historia del mundo la paz: Cristo el “Príncipe de la Paz”; que por su intercesión le llegue la verdadera paz a nuestro pobre mundo de hoy que tanto la necesita, pero que la busca incansablemente donde no la va a encontrar, porque la verdadera paz, es fruto de un alma reconciliada con Dios y con sus hermanos.

Por esto, en Cristo y María, una vez más y con todo el corazón, ¡Feliz Año Nuevo!

Con mi bendición.
Padre José Medina

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