martes, 2 de marzo de 2010

COLUMNISTA INVITADO: Vivencias de una ejercitante del Retiro Espiritual en el Foyer

Escribe: Marta Maffi de Bendolini*

“Un Retiro no es un curso de espiritualidad y tampoco son jornadas de estudio. Aquí venimos a estar a solas con Dios solo: “Os atraeré, os llevaré al desierto y os hablaré al corazón” (Os 2, 16)…"

Con estas palabras, el jueves 25 de febrero, el P. José Antonio Medina daba apertura a un Retiro de tres días cuyo título definitivo era “La vida diaria, un camino de Santidad”, pero, en las pláticas, llevaba implícito el título primitivo que había sido: “El camino de santidad en Teresa de Jesús y Juan de la Cruz”, ya que hubo referencias continuas a las enseñanzas de estos dos Santos Carmelitas, Doctores de la Iglesia.

La cita de Oseas fue un telón de fondo que nos mantuvo concientes de este “desierto” interior que queríamos vivir como lugar en el que Dios se manifiesta al alma que lo deja todo para estar a solas con El solo durante un par de días.

Según Orígenes, en el desierto el aire es más puro, el cielo es más diáfano y Dios se hace más familiar al hombre… El “desierto” del corazón es ese lugar profundo que Teresa de Jesús identifica con la habitación más interior del alma comparada a “un castillo todo de un diamante o claro cristal” donde se lleva a cabo el encuentro con un Dios Amor que, al estar inhabitándonos, siempre nos está esperando. San Juan de la Cruz define a este lugar secreto como “de mi alma en el más profundo centro”.

Junto con este ambiente propicio para el encuentro con nuestro Señor, el P. José Antonio nos invitó a comprender la necesidad de aprender a amar ordenadamente, volviendo a lo esencial. A nuestro corazón humano le cuesta ordenarse y amar a Dios sobre todas las cosas según la clara actitud sanjuanista del “olvido de lo criado, memoria del Criador, atención a lo interior, y estarse amando al Amado” (S. Juan de la Cruz). Volquémonos a nuestro interior para descubrir esa Presencia Divina, y amémosla en un íntimo diálogo orientado a construir nuestra santidad en la vida cotidiana.

Como nos enseñan Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, el encuentro con nuestro Señor se establece a través de una oración que es diálogo y que, para que se lleve a cabo como tal, implica aprender a escuchar, también, lo que Dios tiene para decirnos: no podemos hablar de diálogo si sólo se expresan nuestras ideas y palabras.

En el Amado está nuestro descanso. Cuando nos faltan la paz y la armonía, es que nos falta Dios. Oración, silencio, recogimiento, vida de la gracia y sacramentos son los medios para encontrarlo. Recurrir a María, porque Jesús vino a nosotros a través de Ella, Ella es el canal y el cauce por el que podemos encontrarlo.

Unas palabras a parte merece la persona del P. José Antonio. Es un sacerdote sumamente afable, sereno, serio en sus enseñanzas, pero alegre y simpático, que no teme reírse con ganas y hacernos reír. Continuamente disponible, no dejó de confesar y escuchar a todos, con calma y sin apuro, a pesar de que éramos cerca de 30. Desde el primer momento nos recomendó: “regalemos a los demás un rostro lleno de alegría”, porque él es así, y lo mismo quiso de nosotros.
¿Puede existir un “desierto con cara de alegría”? No sólo existe, sino que es condición indispensable para saber que estamos en ese profundo centro en el que Dios “rompe la tela de este dulce encuentro” (S. Juan de la Cruz) del alma con El.

Las ultimísimas palabras del Retiro, durante la Homilía del domingo, fueron un recuerdo al P. Pío que, moribundo, repetía a los que se acercaban a su lecho: “Ama a María y haz amar a María”…

*Marta Maffi de Bendolini es miembro de las Carmelitas Seglares de la Arquidiócesis de Mendoza, Argentina


Predicador y Ejercitantes posando felices al término de los Ejercicios Espirituales en el Foyer de Medrano, en Mendoza, Argentina.

2 comentarios:

  1. No habiendo podido asistir al retiro, vivo en San Luis, he rezado por los frutos del mismo y pedido al Señor por el predicador, que lo bendiga incansablemente por la labor que realiza a través de este medio.

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  2. Estimado hermano/a: ¡Gracias por rezar por los frutos del retiro y por mi labor evangelizadora en los medios! ¡Todo es gracia! Algún día compartiremos otro, no tengas duda.
    Bendiciones y hasta siempre.
    Padre José Medina

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