lunes, 17 de mayo de 2010

JÓVENES: Carta a una chica de 16 años

Escribe:
Mons. Jesús García Burillo,
Obispo de Ávila, España

22 de febrero de 2010

Hola, Clara:

Contesto a tu carta en la que me expones tu inquietud ante tantas informaciones que estás recibiendo, especialmente sobre la “ley del aborto”. Los católicos nos oponemos a ella, pues consideramos que es una reforma innecesaria e injusta. Te escribo esta carta para que puedas conocer mejor las razones.

El argumento más repetido a favor de esta ley es el derecho de la madre a decidir libremente sobre sí misma. Nunca se habla del nuevo ser que ha sido engendrado en su seno ni del derecho a la vida que él tiene. ¿Puede alguien acabar con la existencia de un ser humano? ¿Te imaginas a ti misma destruyendo a ese niño, anulando su pleno derecho a la vida?

Los cristianos consideramos el aborto como un crimen porque estamos convencidos de que la célula resultante de la unión de los gametos es una persona humana. Lo que nos da derecho a la vida es el hecho mismo de existir, no el momento en que nos encontramos de nuestro desarrollo. Pregúntate por qué un feto de noventa y nueve días goza de la protección del Estado, mientras uno de noventa y ocho puede eliminarse impunemente. ¿Qué cambio sustancial acontece en esas veinticuatro horas?

La Iglesia cree que la dignidad personal le viene al hombre por el hecho de ser creado a imagen de Dios, de ser amado por Él «desde el vientre materno», como afirman los profetas, y sobre todo, de poseer la misma naturaleza que asumió Cristo en su encarnación. Al hacerse uno de nosotros, su divinidad santificó la condición humana. Como todos nosotros, Jesús también estuvo en el seno de una madre.

Fuera del cristianismo no siempre hay unanimidad al definir el concepto de persona. Lo científicamente indiscutible es que el embrión es un individuo de la especie humana genéticamente distinto de la madre. Pues bien, ¿acaso piensas que existe algún ser humano sin dignidad personal, que no tenga derecho a la vida? Siempre que en el pasado se ha afirmado esto, se han perpetrado las peores masacres de la historia.

Algunos piensan que esta ley no supone un cambio sustantivo respecto de la hasta ahora vigente. No es verdad. Sí hay una modificación importantísima: antes el aborto era un delito, despenalizado en algunos supuestos; ahora es un derecho. De la noche a la mañana una misma acción pasa de atentar contra el ordenamiento jurídico a ser una garantía preservada por la ley. Además, ¿obligarán a las escuelas a incluir en sus planes educativos el derecho al aborto al lado del derecho a la educación o a una vivienda digna? Ya ves dónde está la diferencia esencial.

Otro aspecto negativo de esta ley es que, a pesar de lo que dicen, es absolutamente machista: porque descarga al varón de toda responsabilidad, que ahora recae exclusivamente sobre la mujer. ¿Tú lo crees justo? También es negativo que la ley suponga que la sexualidad no tiene nada que ver con la afectividad. Sabes que los cristianos pensamos que las relaciones sexuales no son un juego, sino la mejor expresión de una afectividad consolidada y comprometida, abierta a la vida. De forma única se dan estas condiciones en el ámbito del matrimonio.

Finalmente, aunque lo ideal es que una chica no conciba a un niño hasta no estar casada, si esto sucede ¿dónde está escrito que ser madre joven es una desgracia insuperable? Una mujer que tiene un niño no deseado es libre para orientar su vida y su maternidad de muchas maneras. Sin embargo, una mujer que ha abortado es ya para siempre prisionera de su decisión, pues nada de lo que haga podrá devolver la vida al hijo que ha matado. El Estado, que facilita al máximo el aborto o la píldora abortiva, aun sabiendo las consecuencias negativas que trae para la mujer, debería ayudar con mayor empeño a las jóvenes embarazadas, como lo hacen muchas instituciones de la Iglesia.

Los cristianos, siguiendo el Evangelio de Jesús y junto a otros hombres de buena voluntad, defendemos a los más pobres y necesitados, a aquellos que no se pueden defender. Por eso, de la misma manera que luchamos por la vida del niño explotado y hambriento, del joven enganchado a la droga, del emigrante, del parado o del enfermo a punto de morir, con igual firmeza denunciamos el aborto y apoyamos a una joven embarazada.

Mi última consideración es que te apoyes en tu familia, en tus padres, que los aprecies como un regalo de Dios y que les pidas consejo siempre. También que busques una buena educación afectiva y sexual y estés prevenida ante quienes te ofrecen sexo sin afecto o “sexo sí, hijos no”. Por último no confundas el amor con el placer. El placer, separado del amor, tiende al egoísmo, pero unido al amor auténtico, que siempre es generoso, puede realizarte plenamente como persona.

Todo lo que aquí te escribo necesitaría una profundización mayor. Soy consciente de ello. Si te interesa, tu párroco, tu catequista o tu profesor de religión te ayudarán a resolver cualquier pregunta o comentario que tengas. Si necesitas algo de mí, estoy a tu disposición.

Reza por mí, como yo lo hago por ti.
Y recibe un cariñoso saludo de tu amigo,

Jesús, Obispo de Ávila

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