martes, 13 de julio de 2010

VIVENCIAS PERSONALES: Predicando el Evangelio por los caminos de España

Queridos amigos y hermanos del blog: una de las experiencias pastorales más hermosas en estos años de estudio de post-grado en España, es poder recorrer con corazón “inquieto y andariego” los caminos de la Madre Patria predicando el Evangelio. Ya se van sumando las predicaciones de novenas y retiros espirituales por distintos puntos de la geografía española, junto con el ejercicio del ministerio donde vivo: el primer año en Ávila, y en este año en Aranjuez, ambas ciudades “Patrimonio Cultural de la Humanidad”.

En la actualidad me encuentro en pleno corazón de Galicia, en la bellísima ciudad de Ourense, predicando la novena a Nuestra Señora del Carmen, en la Parroquia de la Santísima Trinidad de esta ciudad. Ya había estado aquí el año pasado y en este 2010 se animaron a volver a invitarme, y con el corazón contento, estoy, una vez más en esta noble tierra gallega, tan unida a nuestra patria Argentina.

Galicia y Argentina

Galicia es una comunidad autónoma española, definida en el artículo primero de su Estatuto de autonomía como una nacionalidad histórica. Está situada al noroeste de la Península Ibérica. Geográficamente, limita al norte con el mar Cantábrico, al sur con Portugal, al oeste con el océano Atlántico y al este con el Principado de Asturias y con la comunidad de Castilla y León (provincias de Zamora y de León).

Entre 1850 y 1950 se vivió su gran movimiento emigratorio que tuvo principalmente dos plazas de destino: Argentina y Cuba. La inmensa cantidad de gallegos llegados a Argentina hizo que a mediados del siglo pasado se denominase a Argentina como la 5º provincia gallega (las cuatro provincias gallegas son: A Coruña, Lugo, Ourense y Pontevedra), y así me presenté el año pasado en mi primera homilía en Ourense: “aunque hijo de un granadino, soy un gallego entre vosotros, ya que he nacido en la 5º provincia gallega, mi patria Argentina”.

Gran parte de los gallegos establecidos en nuestro país, sólo pensó en hacerlo por un tiempo. Galicia es casi sinónimo de inmigración, porque de Galicia, por emigrar, emigraron: trabajadores, intelectuales, y también grandes capitales. El gallego emigraba bajo dos signos: uno, que lo empujaba fuera de su tierra en procura de una mejor situación económica y otro que lo hacía volver. Así tenemos que, siendo el país que da mayor porcentaje de emigración, también somos, curiosamente, el que mayor índice de retornados tiene por número de emigrantes. En el fenómeno migratorio puede establecerse una correlación: padres y mujer quedaban en Galicia, hijos y marido en la emigración. Esta constante quizás sea el factor más importante que favoreció tan elevado número de retornados, además del apego que los gallegos tienen a su tierra. Otros jamás pudieron regresar, y murieron añorando el retorno.

Recordemos que de todos los españoles que emigraron a Argentina en esos años la gran mayoría, en un altísimo porcentaje eran de Galicia, de allí, que en el común decir de nuestro pueblo, identificamos a todos los españoles con el entrañable nombre de “gallegos”. La voz del pueblo llamó gallegos a todos los españoles inmigrantes y gringos a los otros extranjeros. De ese modo se dejaba dos mensajes para el futuro: primero, que los españoles no eran extranjeros comunes; eran, sí, los ‘otros’, pero los otros del idioma común y la tradición que ya formaba parte y sustento de lo criollo, y segundo, que los gallegos habían sido, entre los españoles, los más en número y los más conspicuos.

“¡Ay de mí si no evangelizare!”

¡Las vueltas que tiene la vida! Me hace mucho pensar y rezar que esta nación española que un día evangelizó aquel nuevo continente, hoy abre sus puertas a hijos y nietos de aquellos inmigrantes que vienen, como en mi caso, a realizar estudios de post-grado y a evangelizar. ¡Bendito sea Dios! Porque, en definitiva, para un sacerdote no hay tiempo prolongado sólo de estudios o vacaciones, y nos mueve desde lo más profundo del corazón aquel grito angustiante de san Pablo: “¡Ay de mí si no evangelizare!” (1 Cor 9, 16).

Así, el deseo más profundo de un corazón sacerdotal es que los hombres lleguen a la salvación, llegando a ser esto la consecuencia lógica de una vida de unión con Dios; pues, ¿cómo podríamos permanecer en sintonía con el Padre si no hacemos nuestra su voluntad y no trabajamos para que “venga el reino”, como nos ha enseñado Jesús? (cf. Mt 6,10).

El encuentro con el Padre de los cielos no nos deja tranquilos y asegurados, sino que nos comunica su inquietud por el bien del otro, de todos los demás, sobretodo de los más abandonados y lejanos. Es éste el verdadero celo apostólico que nos compromete a todos, de ahí la frase magistral de la encíclica “Redemptoris Missio” del Siervo de Dios Juan Pablo II cuando afirma que “¡la fe se fortalece donándola!” (n. 2). Si permaneciera en nosotros esta idea de la Encíclica y pasara a la vida, no estaríamos muy lejos de comenzar a ser “semilla” eficaz del Mesías Sembrador.

Quien ha conocido a Dios, necesariamente se convierte en testigo suyo (Is 43,10), en “evangelizador” que anuncia la paz y la Buena nueva de la salvación (cf. Is 51,7). Ojalá que tu y yo hayamos conocido la Bondad de nuestro Señor y nos animemos a correr a comunicarla a los nuestros y a todos, por los caminos de España y del mundo entero.

Les comparto algunas fotos de la Novena del Carmen, encomendando a vuestras oraciones estos días de trabajo apostólico para Gloria de Dios, honra de nuestra Madre del Cielo, y para la salvación de las almas.

Con mi bendición.
Padre José Medina

Imagen de la Virgen del Carmen bellísimamente ornamentada para su Fiesta.

Vista parcial de fieles y templo durante una de las predicaciones de la Novena.

Junto al Párroco de la Santísima Trinidad de Ourense, Don Tomás, administrando la Sagrada Comunión a los fieles.

Al final de cada Misa de la Novena la "Salve" a la Virgen del Carmen.

2 comentarios:

  1. Querido padrecito y amigo:
    Hoy en el dia de la virgen, espero que la novena tenga sus frutos en todas las personas que hoy te rodean y te han acompañado estos dias.
    Que Dios te bendiga por tener, como vos decis, ese "corazón inquieto y andariego" que tanto bien nos sirve de ejemplo a nosotros que te seguimos en la distancia.
    Te mando un abrazo grande en Cristo.

    Mariano

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  2. Querido Mariano: bien me conoces, porque bien me quieres. De la misma manera que te quiero a tí y a tu hermosa familia. Vengo de terminar los actos conclusivos de la Fiesta de la Virge y ha sido todo una bendición. Que Dios nos de a todos fuerza y bendición para proclamar su Evangelio hasta en los confines de la tierra.
    Un fuerte abrazo.
    P. José.

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