sábado, 28 de agosto de 2010

FE Y VIDA: Último reportaje concedido por la Beata Madre Teresa de Calcuta

Queridos amigos y hermanos del blog: termino esta trilogía de post con los cuales me pareció que debía honrar la memoria de la Beata Madre Teresa de Calcuta en el centenario de su nacimiento. Les presento la última entrevista que concedió poco antes de su muerte a la revista brasileña misionera «Sem Fronteras». He aquí algunos pasajes que tradujo y transmitió en su momento la agencia de noticias católica Zenit.

Creo que puede servirnos para profundizar en el conocimiento de esta humilde mujer que supo entender que el amor no es solamente una doctrina, sino principal y esencialmente una vivencia que debe comprometer toda nuestra existencia en una síntesis perfecta entre fe y vida hecha caridad a Dios y a los hermanos, especialmente hacia aquellos que más necesitan de nuestra especial solicitud. ¡Ojalá que sus palabras, expresión viva de un auténtico testimonio cristiano nos cuestionen…, y mucho!:

—¿Cuántas son las Misioneras de la Caridad?
—Madre Teresa: Tenemos 3.604 hermanas que han pronunciado los votos religiosos, 411 novicias y 260 aspirantes a religiosas. Estamos esparcidas en 119 países. Hoy disponemos de 560 tabernáculos o casas.

—¿Por qué los llaman «tabernáculos»?
—Madre Teresa: Porque Jesús está presente en estas casas. Son casas de Jesús. Nuestra congregación quiere contribuir a que las personas puedan saciar su sed de Jesús. Con ello tratamos de rescatar y santificar a los más pobres de los pobres. Pronunciamos los votos de castidad, pobreza y obediencia. Pero hemos recibido, además, la autorización especial para hacer un cuarto voto: ponernos al servicio de los más pobres de los pobres.

—Usted suele afirmar que no hay amor sin sufrimiento.
— Madre Teresa: Sí, el verdadero amor hace sufrir. Cada vida y cada relación familiar tienen que ser vividas honestamente. Esto presupone muchos sacrificios y mucho amor. Pero, al mismo tiempo, estos sufrimientos se ven acompañados siempre por un gran sentido de paz. Cuando en una casa reina la paz, allí se encuentran también la alegría, la unión y el amor.

—Su congregación ha abierto casas para enfermos de SIDA en diferentes partes del mundo…
— Madre Teresa: Hasta hace algunos años, algunas personas llegaban incluso a suicidarse cuando recibían la noticia de que estaban enfermos de SIDA. Hoy ni un enfermo muere en la desesperación y en la angustia en nuestras casas. Todos, incluidos los no católicos, mueren en la paz del Señor. ¿No cree que esto es maravilloso?

—Las reglas de su congregación indican que el trabajo por los pobres ha de realizarse tanto «en la esfera espiritual como en la material». ¿Qué entiende por pobreza espiritual?
— Madre Teresa: Los pobres espirituales son los que todavía no han descubierto a Jesús o los que se han separado de Él a causa del pecado. Los que viven en la calle también tienen necesidad de ser ayudados en este sentido. Por otra parte, me hace muy feliz el constatar que, en nuestro mundo, podemos contar también con la ayuda de gente bien asentada, a quienes ofrecemos la oportunidad de hacer una obra buena por Dios.

—¿Reciben ayuda también de personas de otras religiones?
— Madre Teresa: Sí, de musulmanes, de hindúes, de budistas y de muchos otros. Hace unos meses, un grupo de budistas japoneses vino a hablar conmigo sobre espiritualidad. Les dije que ayunamos todos los primeros viernes de mes y que el dinero que ahorramos lo destinamos a los pobres. Cuando regresaron a su país, pidieron a las familias y a las comunidades budistas que hicieran lo mismo. El dinero que recogieron nos ha permitido construir el primer piso de nuestro centro «Shanti Dan» («Don de Paz») para las muchachas que se encuentran en la cárcel. Más de cien muchachas han salido ya de prisión.

—Quienes la critican aseguran que su único objetivo es convertir a los que no son cristianos…
— Madre Teresa: Nadie puede forzar o imponer la conversión: tiene lugar sólo por la gracia de Dios. La mejor conversión consiste en ayudar a las personas a amarse unas a otras. Nosotros, que somos pecadores, hemos sido creados para ser hijos de Dios y tenemos que ayudarnos mutuamente para estar lo más cerca posible de Él. Todos nosotros hemos sido llamados a amarle.

—Usted dice que sus hermanas no son asistentes sociales.
— Madre Teresa: Somos contemplativas, pues «rezamos» nuestro trabajo. Desempeñamos un trabajo social, pero somos mujeres consagradas a Dios en el mundo de hoy. Hemos confiado nuestra vida a Jesús, como Jesús nos ha dado su vida en la Eucaristía. El trabajo que realizamos es importante, pero lo importante no es la persona que hace ese trabajo. Hacemos esto por Jesucristo, porque lo amamos. No somos capaces de hacer todo. De todos modos, yo rezo siempre por todos los que se preocupan por las necesidades y miserias de los pueblos. Muchas personas ricas se han unido a nuestra acción. Personalmente no tenemos nada. Vivimos de la caridad y por la caridad.

—Y de la Providencia…
— Madre Teresa: Tenemos que afrontar siempre necesidades imprevistas. Dios es infinitamente bueno. Siempre se preocupa de nosotras.

—¿Por qué entran tantas jóvenes en su congregación?
— Madre Teresa: Creo que aprecian nuestra vida de oración. Rezamos cuatro horas al día. Además, ven lo que hacemos por los pobres. No es que sean trabajos importantes o impresionantes. Lo que hacemos es muy discreto, pero nosotros lo hacemos por los más pequeños.

—Usted es una persona muy conocida. ¿No se cansa nunca de ver a tanta gente, de las fotografías…?
— Madre Teresa: Considero que es un sacrificio, pero también una bendición para la sociedad. Dios y yo hemos hecho un pacto: le he dicho «por cada foto que me hacen, Tú encárgate de liberar a un alma del Purgatorio…». —Entre sonrisas, añade—. Creo que a este ritmo, dentro de poco se va a vaciar el Purgatorio.

—¿Qué mensaje le gustaría dejarnos?
— Madre Teresa: Amaos los unos a los otros, como Jesús os ama. No tengo nada que añadir al mensaje que Jesús nos dejó. Para poder amar hay que tener un corazón puro y rezar. El fruto de la oración es la profundización en la fe. El fruto de la fe es el amor. Y el fruto del amor es el servicio al prójimo. Esto nos trae la paz.

2 comentarios:

  1. querido padrecito y amigo:

    Hermosas las tres notas.
    Me encanta la sencillez de la Madre Teresa, su convicción y su fuerza.
    No tiene dobleces, no hay dudas de lo que siente ni de lo que piensa y transmite justamente todo eso.
    Me enseña que las únicas barreras que podemos encontrar en la ayuda a los demás, son solo las barreras que nosotros mismos nos ponemos.
    Si nos decidimos a ponernos al servicio de los demás, el Padre Bueno nos ayudará sin ninguna duda.
    Ayudas concretas a los mas necesitados, de eso se trata.

    Le mando un abrazo grande en Cristo

    Mariano

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  2. Querido Mariano: me alegra que te hayan gustado y te hayan hecho bien esta trilogía de notas sobre la Madre Teresa. Si lees el Evangelio de este Domingo y su comentario verás que en definitiva vivió, pura y simplemente el Evangelio, pero de verdad, hasta sus últimas consecuencias.
    Un fuerte abrazo.
    P. José.

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