sábado, 14 de agosto de 2010

SANTORAL: San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir

Queridos amigos y hermanos del blog, la Iglesia nos presenta a diario el ejemplo de los santos de todos los siglos, de estos hombres y mujeres que dejándolo todo siguieron a Cristo por los caminos que Él los fue llevando. Hoy quiero presentarles la figura de un santo de nuestro tiempo: San Maximiliano María Kolbe. Nació en Polonia a principio de 1894, a sus 13 años ingresó en el Seminario de los Hermanos Menores Conventuales, y fue ordenado sacerdote en Roma en 1918.

En 1917 fue inspirado a fundar una asociación pia de fieles conocida como "La Milicia de la Inmaculada". Su propósito es promover el amor y el servicio a la Inmaculada, la conversión de las almas a Cristo. Era también ese el año de las apariciones en Fátima. La Milicia debía responder a la Inmaculada Mediadora para la conversión y santificación de los no católicos, especialmente aquellos que rechazaban a la Iglesia. Sus miembros se consagran a la Santísima Virgen María y cada día lo viven ofreciéndolo todo a ella por la conversión de los pecadores y esforzándose por todos los medios por establecer el Reino del Corazón de Jesús sobre el mundo.

Encendido en el amor a la Madre de Dios vivió algunos años en el Japón como Misionero. Vuelto a Polonia, que estaba ya bajo el dominio comunista, fue al poco tiempo llevado a un campo de concentración. Allí entregó su vida como holocausto de caridad por la libertad de un desconocido condenado a muerte, el 14 de agosto de 1941, en el campo de concentración de Auschwitz.

A San Maximiliano le toco vivir en plenitud la perfección del amor, según el mandato de Cristo: “No hay amor más grande que el dar la vida por el amigo”. Cuando fue apresado estaba en su convento, entonces reunió a todos los frailes y hermanos, y después de despedirse de cada uno les dijo: “No olvidéis el amor”, dejándoles como consigna de vida, lo que fue el motor impulsor de todas sus obras: el amor.

Después de un tremendo martirio, quedó en el campo de concentración el ejemplo de sus días pasados allí, nunca una queja, nunca se rebeló ante los ultrajes que a diario era sometido. Estuvo 14 días encerrado en la cárcel, sin agua y sin comida hasta que murió. Nunca en esos días escucharon la más leve queja.

Cinco meses antes en la misma mañana del arresto, el P. Maximiliano María Kolbe así escribía en su agenda personal (02-17-1941): "La Inmaculada, que había sido todo el poema de su vida, la luz de su inteligencia y de su genio, el latido de su corazón, la llama de su apostolado, el éxtasis de su plegaria, su inspiradora y guía, su fortaleza y su sonrisa, la Reina de sus "ciudades" y la Dama de sus caballeros, en breve la vida de su vida; Ella quiso, arrebatárselo en luz de gloria entre los ángeles que festejaban su supremo triunfo".

Cumplió su deseo máximo: "Concédeme alabarte, Virgen Santa, concédeme alabarte con mi sacrificio. Concédeme por ti, solo por ti, vivir, trabajar, sufrir, gastarme, morir..."

San Maximiliano se encontró en medio de un gran choque espiritual en la batalla que se libra en el mundo entre la Inmaculada Virgen María y Satanás. El supo dar la talla y vencer con las armas del amor. Como respuesta a la brutalidad del trato de los guardias de la prisión, San. Maximiliano era siempre obediente, manso y lleno de perdón. Aconsejaba a todos sus compañeros de prisión a confiar en la Inmaculada: "¡Perdonen!", "Amen a sus enemigos y oren por los que os persiguen". . Es una batalla que ahora, con su ejemplo e intercesión debemos nosotros luchar.

El 17 de Octubre de 1971, luego de dos milagros obtenidos gracias a su intercesión, el Padre Maximiliano Kolbe fue beatificado por el Papa Paulo VI. En su mensaje el Papa proclamó: “Maximiliano Kolbe ha sido un apóstol del culto a la Virgen, contemplada en su primer, originario y privilegiado esplendor, el de su propia definición en Lourdes: “Yo Soy la Inmaculada Concepción”. Resulta imposible separar el nombre, la actividad, la misión del Beato Kolbe, del nombre de María Inmaculada....Ningún titubeo estorbe nuestra admiración, nuestra adhesión a esa consigna que el Beato nos deja en herencia”.

Su Santidad Juan Pablo II lo elevó a la gloria de los altares, proclamándolo Santo y proponiéndolo como ejemplo de fe aguerrida, de testimonio inconmovible ante la ocupación despiadada y diabólica del Marxismo. Su vida es para nosotros un ejemplo. Ciertamente que hoy -quizás, por ahora- Cristo no nos pide dar la vida como testimonio de la fe. Pero sí nos pide dar testimonio de la fe en la vida de todos los días.

A muchos de nuestros conocidos los identifican por su afiliación política, a otros por ser hinchas de tal equipo de fútbol; ¿Cuándo será el día en que la gente pueda decir de nosotros: Éste es cristiano, y lo sabemos no porque lo diga, sino que lo reconocemos por su vida íntegra y por su fe que se transparenta en todos los actos de su diario vivir?

Que San Maximiliano María Kolbe interceda por nosotros para que traduzcamos nuestra fe en Cristo en obras dignas de esa fe.

Con mi bendición.
Padre José Medina

No hay comentarios:

Publicar un comentario