viernes, 1 de octubre de 2010

SANTORAL: Santa Teresa del Niño Jesús, Virgen y Doctora de la Iglesia

Queridos amigos y hermanos del blog, hoy 1º de octubre es la fiesta litúrgica de una de las santas yo que más quiero, Santa Teresa del Niño Jesús, o de Lisieux, o simplemente Santa Teresita, como es mundialmente conocida, amada e imitada.

Nació el 2 de enero de 1873 y se llamaba María Francisca Teresa Martín. A los tres años ya procura “no rehusar nada al buen Dios”. El 8 de mayo, de 1884 toma su primera Comunión la cual constituye una “fusión” con Jesús, al cual le pide “que le quite su libertad”. En la Navidad de sus 15 años tuvo una visión en la cual le sonrió la Virgen María alumbrando la noche de su alma.

Su misión providencial consistió en dirigir almas por el caminito de la infancia espiritual, según la doctrina del Evangelio: “Ante Dios, nuestro Padre –insistía Teresita- debemos reconocernos como niños y, por lo tanto, ser humildes y sencillos, y confiar en su bondad y su misericordia, que son infinitas”.

En noviembre de 1887, el Papa León XIII recibe la visita de peregrinos franceses. Con ellos venía Teresita Martín, casi una niña. En silencio se acercaron al Sumo Pontífice y le tributaron el beso ritual, pero Teresita además, se dirigió a él con estas palabras: “Santísimo Padre, en honor de vuestro jubileo, permitidme ingresar en la Orden del Carmelo a los quince años”.

El venerable Papa miró a la muchachita extrañado. Afirmaron los que la acompañaban que se sintieron como sumergidos en algo mágico. Dos años después hizo sus votos como Carmelita Descalza, a sus 17 años, en el convento de Lisieux.

Poco a poco se quebranta su salud. Un mal pulmonar se agudiza. Duras tareas cumple en la comunidad, y lo hace con honda resignación y extraordinario valor. Pero un día, en el lecho, exhausta, cae sin conocimiento.

Desde junio de 1895 hasta su muerte fueron 27 meses de un terrible martirio. Llegará a decir al final de sus días Teresa “que nunca pensó que fuera capaz de sufrir tanto como sufrió”. También tuvo durante este tiempo profundos y abundantes gozos espirituales. A las “noches de las nadas” y a los dolores que le ocasionaban “los hermanos pecadores” se unía “el océano de gracias” y “los tiempos pascuales”.

“¡Dios mío –murmura- cuánto os amo!”. El amor: esa fue la vocación de Teresita de Lisieux. Nos cuenta en su autobiografía titulada “Historia de un alma”: “Mi vocación es el amor. Yo no he dado a Dios más que amor. Él me devolverá amor… Y en el corazón de mi madre la Iglesia, yo quiero ser el amor”.

Comenzaba el otoño francés. El eco recorría el convento repitiendo sus últimas palabras: “¡Dios mío, cuánto os amo!”. Era el 30 de septiembre de 1897, cuando a sus 24 años entrega su alma a Dios. El primero de agosto había declarado con tono inspirado: “Ah, lo sé, todo el mundo me amará”. No se equivocó. En veinticinco años se contaron más de cuatro mil prodigios atribuidos a su intercesión.

San Pío X, antes de incoar el proceso de su beatificación, ya había dicho: “Es la Santa más grande de los tiempos modernos”. Han sido innumerables las conversiones que se ha hecho por su medio, especialmente por la lectura de su autobiografía conocida mundialmente como “Historia de un alma”. Su estela y su recuerdo llenan aún hoy las iglesias, las familias cristianas e innumerables almas que la invocan con fraternal devoción.

Veintiocho años después, era solemnemente canonizada por Pío XI el 17 de mayo de 1925, y el mismo Papa, el 14 de diciembre de 1927, la proclamó Patrona Universal de las Misiones, junto con San Francisco Javier. Ella había dicho: “Después de mi muerte, haré llover rosas desde el cielo”, es decir, las gracias divinas. “Presiento que mi misión recién va a comenzar: la misión de hacer amar a Dios como yo lo amo, de enseñar mi caminito a las almas… Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”.

Su doctrina y su ejemplo de santidad han sido recibidos con gran entusiasmo por todas las categorías de fieles de este siglo, y también más allá de la Iglesia Católica y del Cristianismo.

Con ocasión del Centenario de su muerte, el Papa Juan Pablo II la declaró Doctora de la Iglesia por la solidez de su sabiduría espiritual, inspirada en el Evangelio, por la originalidad de sus intuiciones teológicas, en las cuales resplandece su eminente doctrina, y por la acogida en todo el mundo de su mensaje espiritual, difundido a través de la traducción de sus obras en una cincuentena de lenguas diversas. La ceremonia del nombramiento tuvo lugar el 19 de octubre de 1997, precisamente en el domingo en el que se celebra la Jornada Mundial de las Misiones

Que Santa Teresita nos enseñe a ser pequeños en el espíritu para que nos entreguemos para siempre con una confianza ilimitada en las manos del Padre Dios.

Con mi bendición.
Padre José Medina



ORACIÓN A SANTA TERESITA

Oh bienaventurada Santa Teresa del Niño Jesús, que habéis prometido hacer caer una lluvia de rosas, desde el cielo, dirigid a mí vuestros ojos misericordiosos y escuchadme en mis múltiples necesidades. Grande es vuestro poder porque Dios os ha hecho grande entro los santos del cielo.

Os suplico, pues, oh mi amable protectora, me alcancéis de Dios las gracias que os pido, siempre que sea para mayor honra de Dios y salvación de mi alma. Os suplico de un modo especial que me hagáis participar de las rosas que nos habéis prometido, apartando mi corazón de las vanidades y placeres caducos de esta vida, y enseñándome a amar a Jesús y a María con amor verdadero, para que así pueda un día gozar con vos de la eterna bienaventuranza. Así sea.

V. Rogad por nosotros, oh bienaventurada Santa Teresita.
R. Para que seamos dignos de la lluvia de rosas que nos habéis prometido.

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