miércoles, 31 de marzo de 2010

LITURGIA: MIÉRCOLES SANTO, "Esta es vuestra hora, la del poder de las tinieblas"

Queridos amigos y hermanos del Blog: en la progresión de la Semana Santa y ya promediándola nos encontramos en la Liturgia con el siguiente texto: “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar” (Jn 13, 21; Mt 26, 21); las mismas palabras referidas por Juan, las relata Mateo, el cual añade otros detalles. No sólo era Pedro quien deseaba saber quién sería el traidor, sino también los demás estaban ansiosos por saberlo, y “consternados se pusieron a preguntarle uno tras otro: ¿Soy yo acaso, Señor?” (Mt 26, 22). Hasta Judas se atreve a hacer la misma pregunta. Jesús se lo había indicado veladamente a Juan: “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado” (Jn 13, 26). Y a la pregunta de todos había contestado de un modo indirecto: “El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar” (Mt 26, 23).

Pero Judas, que con cínica desenvoltura se sienta a la mesa como amigo mientras trama la traición y acepta sin temblar el revelador trozo de pan untado, no consigue permanecer encubierto; él mismo provoca la denuncia: “¿Soy yo acaso, Maestro?”; Jesús le responde: “Así es” (ibid 25). El Maestro se ve ahora obligado a decir abiertamente lo que hasta entonces había callado con piadosa delicadeza. Aun conociendo las intenciones de Judas, Jesús le había escogido y amado como a los demás, y le había advertido también. Las palabras pronunciadas cerca de un año antes: “No he elegido yo a los doce? Y uno de vosotros es un diablo” (Jn 6, 70), habían sido dichas por él, para ponerle sobre aviso.

Durante la cena, para designarlo, el Señor recurrió a un gesto de amistad -el trozo de pan untado y ofrecido- que quería ser un tácito llamamiento; y en el huerto de los olivos hará una última tentativa para apartarlo del abismo, no rechazando, antes más bien aceptando el beso del traidor. Pero Judas está poseído por el Maligno al que se ha entregado por treinta monedas de plata. Y Jesús se ve obligado a declarar: “El Hijo del Hombre se va…, pero ¡ay del que va entregar al Hijo del Hombre! (Mt 26, 24).

Palabras graves, que revelan la tremenda responsabilidad del traidor. Judas ha seguido al Maestro, no por amor, sino por egoísmo, con la mira puesta en intereses materiales; la codicia le ha vuelto ladrón: comenzó robando algunas monedas y luego por algunas monedas traicionó a quien no le interesaba ya porque no le daba esperanza alguna de ventajas terrenas. Así se hacían verdad las palabras del salmo: “Aun el que tenia paz conmigo, aquél en quien me confiaba y comía mi pan, alzó contra mi su calcañal” (Sal 41, 10).

“Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro… La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. Espero compasión, y no la hay, consoladores, y no los encuentro” (Sal 69, 8-21). En los días consagrados al misterio de la Pasión, las palabras del salmista resuenan como un lamento de Cristo expuesto a la infamia, calumniado y torturado, abandonado por todos, traicionado por los amigos. “Esta es vuestra hora, la del poder de las tinieblas” (Lc 22, 53), dijo el Señor en el momento de su captura. La hora en la que la traición se hace entrega a los tribunales, condena a muerte, crucifixión. Pero es también la hora fijada por el Padre para la consumación de su sacrificio, y por lo tanto la hora esperada por Cristo con vivo deseo: “Tengo que pasar por un bautismo (el bautismo de sangre de su pasión), ¡y qué angustia hasta que se cumpla!” (Lc 12, 50). Y también: “He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer” (ibid 22, 15), y se trataba de la Pascua que anticipaba en la Cena eucarística su sacrificio.

El sacrificio de Cristo suponía un traidor. Esto estaba previsto por las Escrituras; éstas, sin embargo, no determinaron la traición, pero la anunciaron precisamente porque había de acaecer. Y aunque todo estaba preordenado por Dios, que tanto ha amado al mundo hasta entregar a su propio Hijo para salvarlo, no por eso está sin culpa el hombre que voluntariamente se hizo traidor. Dice san Agustín: “Qué puede aducir Judas sino el pecado?. Al poner a Cristo en manos de los judíos, él no pensó, ciertamente, en nuestra salvación, por la cual, sin embargo, Cristo se dejó entregar al poder de sus enemigos. Judas pensó en el dinero que ganaría, y halló en él la ruina de su alma” (In Joan 62, 4). Así el acto infame sirvió a los planes de Dios para conducir a Cristo a su pasión: “Judas entregó a Cristo, y Cristo se entregó por sí mismo: Judas para realizar su horrible tráfico, Cristo para realizar nuestra redención” (ibid).

La pasión de Cristo, aun en esta concurrencia de causas divinas y humanas, es un misterio inefable: es preciso contemplarlo de rodillas en la oración a considerarlo según la lógica humana. Y cada uno queda advertido, pues en todo hombre puede, de alguna manera, esconderse un traidor. Pero el perdón concedido a Pedro y al buen ladrón está ahí, para testimoniar que en el corazón destrozado de Cristo hay un amor infinito, capaz de destruir cualquier pecado confesado y llorado.

En cada hombre puede esconderse un traidor… pero también, en cada hombre puede esconderse un gran santo. El Señor pone ante nosotros el agua y el fuego, nosotros elegimos, y esa elección tendrá un fruto eterno. Y no nos olvidemos de algo esencial por encima de cualquier pecado, de todo pecado, está la Misericordia de Dios que es infinita y eterna. A la luz de la pasión del Señor Jesús, nosotros, ¿de qué lado estamos?

Con mi bendición.
Padre José Medina

martes, 30 de marzo de 2010

LITURGIA: MARTES SANTO, Gloria y traición

Queridos amigos y hermanos del Blog: tras el confortable descanso en Betania, Jesús vuelve a Jerusalén, donde afronta los últimos agudizantes debates con los fariseos y sigue instruyendo al pueblo. “Hizo de mi boca una espada afilada… me hizo flecha bruñida”; la presentación que el Siervo del Señor hace de sí mismo por medio de Isaías (Is 49, 1-6) puede aplicarse a Cristo altercando y contendiendo con sus adversarios, no porque él sea espada o flecha que quiera destruirlos, ¡él que ha venido a salvar, no a condenar! (jn 3, 17), sino porque con libertad divina denuncia sus errores y les reprocha su malicia. Sin embargo, siempre habrá criaturas que, como los fariseos, rechacen el mensaje y el amor de Cristo.

Esta es la causa de las angustias más amargas de su pasión, y en las palabras del profeta puede vislumbrarse una alusión a las mismas: “En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas” (Is 49, 4). Pero la angustia de Cristo va siempre acompañada de la confianza en el Padre, que lo escondió “en la sombra de su mano” y que en él manifestará su gloria (ibid 2-3), compensación infinita a todas las repulsas de los hombres. Dios, en efecto, no abandonará para siempre a las humillaciones o a la muerte a su Hijo amado, sino que lo librará con la resurrección, mostrando de esta manera al mundo la propia gloria y la de su Cristo.

Jesús mismo se expresará en este sentido en la noche de la última cena, inmediatamente después de haber declarado que estaba a punto de ser traicionado: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él” (Jn 13, 31). “Ahora” porque la traición introduce a Cristo en la pasión y ésta le introduce en la gloria que el Padre le ha preparado, la cual se convertirá en glorificación del Padre mismo y en salvación de los hombres. La pasión se presenta siempre como camino para la exaltación de Cristo y para la salvación del mundo. También el profeta la había vislumbrado bajo esta luz cuando concluía las alusiones a los padecimientos del Siervo del Señor con esta grandiosa declaración: “Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra” (Is 49, 6).

En el tramo del Evangelio de Juan que la Liturgia propone hoy a la consideración de los fieles, se dan las declaraciones más tristes que Jesús haya hecho a los suyos: “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar… no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces” (Jn 13, 21. 38). Jesús sabe que le espera la traición, pero su presencia no le insensibiliza; al acercarse la hora, Juan atestigua que Jesús estaba “profundamente conmovido” (ibid 21). Es el estremecimiento de la humanidad del Redentor, que, aun siendo Dios, ama y sufre con corazón de hombre.

Aquella turbación de espíritu despierta un eco especial en Pedro, el apóstol ardiente e impetuoso, que quiere saber inmediatamente quien va a ser el traidor; tal vez para reprocharle su infame proyecto e impedírselo. Y no supone, ni siquiera remotamente, que también el puede quedar atrapado en el lazo de la tentación. Su amor al Maestro es grande y sincero, pero presuntuoso, demasiado seguro de sí mismo; Pedro necesita aprender que nadie puede considerarse mejor que los demás, ni siquiera mejor que los traidores. Y he aquí, que en esa misma noche, pocas horas después de haber declarado al Señor: “Daré mi vida por ti”, experimenta amargamente su debilidad.

La experimenta por vez primera en Getsemaní, donde, como los demás, se deja tomar por el sueño mientras Jesús agoniza; la segunda vez, cuando capturan a Jesús y él huye, hecho un puro miedo; la tercera, la más dolorosa, en el patio del palacio de Caifás. Una criada le reconoce como discípulo del Nazareno, y Pedro, vencido por el pánico, niega: “Ni sé ni entiendo lo que me quieres decir” (Mc 15, 68); así, por tres veces, es más, la última más expresamente, pues Marcos refiere que “se puso a echar maldiciones y a jurar: No conozco a ese hombre que decís” (ibid 71). Marcos es el evangelista que más minuciosamente describe la negación de Pedro; es la humilde confesión de la propia deslealtad que el Cabeza de los Apóstoles hace por boca de su discípulo, para que sirva de advertencia a todos los creyentes.

Nadie puede considerarse seguro de no caer. Tal vez al cantar el gallo, y, sobre todo al recibir la mirada de Jesús, que se volvió hacia él y le miró (Lc 22, 61), Pedro recapacitó y juntamente con la predicción del Maestro le volvieron al alma sus palabras: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5). Pedro no tiene ya necesidad de que el Maestro insista; ahora ha comprendido, y “saliendo afuera, lloró amargamente” (Lc 22, 62). ¡Benditas lágrimas de arrepentimiento que lavan y conviertan la presunción en humildad.

Ojalá que como Pedro, luego de su conversión, nos animemos a vivir en la verdadera humildad, que para nosotros es vivir en la Verdad, y esa Verdad, ayer, hoy y siempre, es Jesucristo, Aquél que amándonos nos amó hasta el fin.

Con mi bendición.
Padre José Medina.

lunes, 29 de marzo de 2010

LITURGIA: LUNES SANTO, Unción en Betania

El primero de los célebres cantos del “Siervo del Señor” (Is 42, 1-7) nos lleva a considerar la actitud de Cristo en su pasión. Manso y silencioso, “no gritará… no voceará por las calles”, no protestará contra los insultos, las acusaciones, las condenas; manso en las relaciones con sus enemigos, “cañas cascadas” que el no quiebra, “pábilos vacilantes” que él no apaga, a los que perdona y hasta el último momento trata de iluminar y salvar.

La mansedumbre de Cristo hacia los hombres pecadores, a los que compadece y cuyas culpas se apronta a expiar, se transforma en fortaleza al cumplir su misión, al proclamar la verdad y la justicia hasta la muerte: “no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra”. Jesús trabaja por el advenimiento del reino del Padre, por afirmar los derechos de Dios sobre los hombres, por restablecer a los hombres en la justicia y en la santidad. En esta tarea no se rinde; su misma muerte será el supremo acto de fortaleza en el cumplimiento de la obra que el Padre le confió. Y porque la fortaleza de Cristo es divina, no será vencida ni siquiera con la muerte, antes al contrario: Cristo vencerá a la muerte para dar a los hombres la vida.

Jesús es verdaderamente el “Siervo del Señor” preconizado por Isaías, llamado “con justicia” y “hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones”. En él todos los hombres hallan misericordia: “Salve, Rey nuestro: sólo tú has tenido compasión de nuestros pecados” (Misal Romano). Cristo luchó en contra del pecado, lo condenó; pero lo castigó solamente en sí mismo, mientras que a los culpables les concedió su perdón y les procuró el perdón del Padre.

“El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿Quién me hará temblar?” (Sal 27, 1). La liturgia reconoce en estas palabras la voz de Cristo, el cual, durante la pasión, invoca confiadamente el socorro del Padre; al mismo tiempo, el cristiano puede emplearlas para expresar al Salvador el propio reconocimiento y su propia inquebrantable confianza en él. En Cristo crucificado el cristiano encuentra, junto con el remedio de los propios pecados, el refugio en las dificultades de la vida y la fuerza para llevar la cruz.

Antes de adentrarse en lo más denso del misterio de la pasión, la liturgia presenta una escena delicada y suave: “Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos” (Jn 12, 1-12). El banquete en la casa hospitalaria, ofrecido por los amigos fieles al abrirse la semana que verá la muerte del Señor, tiene todo el aspecto de un último adiós, y como si fuera un anticipo de todo cuanto esta por acaecer.

Esto aparece de un modo particular en el gesto cariñoso de María, quien sin pasársele por la mente la idea de un derroche, unge los pies de Jesús con “una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso”. Es el último homenaje de un corazón fiel que parece querer compensar al Maestro de la traición que le espera y es, al mismo tiempo, un presagio de su muerte; según el uso hebreo, de hecho, sólo se ungían los pies de los cadáveres.

Por otra parte, en la presencia de Lázaro, el amigo a quien Jesús había resucitado, se halla también un presagio de la resurrección. No podía permanecer víctima de la muerte el que había llamado a la vida a un muerto de cuatro días y que había declarado: “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11, 25). Y tampoco falta este presagio en el gesto de María, si, como dicen los Evangelios Sinópticos, el perfume fue derramado también en la cabeza del Señor (cfr. Mc 14, 3); la unción de la cabeza, reservada a los reyes, está significando el reconocimiento de la divina realeza de Cristo que la resurrección hará resplandecer con pleno fulgor.

Pero en el delicado episodio no faltan las sombras oscuras de la crítica malévola, preludio de la traición, “¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?”, La preocupación por los pobres es un pretexto en boca de Judas, que “era un ladrón”; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando” (Jn 12, 5-6). Es la actitud de tantos que se escandalizan frente a valores consumados únicamente por amor a Dios. A sus ojos, la oración, la adoración, y más aún las vidas humanas gastadas en el amor y en la alabanza de Dios son un derroche inútil; el tiempo, el dinero, la vida misma sólo se emplean bien cuando se emplean directamente en servicio de los hombres.

Y se olvidan de que si el interés por los pobres es un gran deber, por nadie más inculcado que por el mismo Cristo, el amor y el culto a Dios son deberes todavía mayores. Por lo demás, los pobres no sólo tienen necesidad de pan, sino también de quien, consumándose en la oración, sostenga su fe y les recuerde que poco vale el bienestar material, si el hombre no busca a Dios por encima de todo.

Terminemos esta reflexión del Lunes Santo con estas hermosas palabras de Carlos de Foucauld en sus Meditaciones sobre el Evangelio: “Dios mío, en esa tarde… de amor y de dolor, dulce porque tú estás presente y dolorosa porque tan cerca estás de morir y padecer… María derrama perfumes sobre tus pies y sobre tu cabeza… Esparciendo perfumes y rompiendo el vaso, ella pone a tus pies y te da todo su ser, cuerpo y alma, corazón e inteligencia: te da todo lo que es, esparce el perfume y rompe el vaso… No se reserva nada, se da toda, da todo lo que es y todo lo que tiene… ¡Oh Jesús!, quiero darme todo a ti como aquella santa mujer se te dio a sí misma, sin conservar nada de sí ni para sí… Heme aquí que vengo a hacer tu voluntad. Haz, ¡oh Señor! Que mi don sea completo, que me dé a ti yo mismo y todo lo que me pertenece: el perfume y el vaso, el alma y el cuerpo, ¡todo!

Con mi bendición.
Padre José Medina

sábado, 27 de marzo de 2010

LITURGIA: DOMINGO DE RAMOS en la Pasión del Señor

Queridos amigos y hermanos del Blog: hoy iniciamos una serie de reflexiones para cada uno de los días de la Semana Santa, para ir juntos acompañando desde la oración y la reflexión personal al Señor Jesús que se encamina a vivir los sagrados misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección, misterios a través de los cuales nos dio la vida eterna.

La Semana Santa se abre con el recuerdo de la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, que se verificó exactamente el domingo antes de la pasión. Jesús, que se había opuesto siempre a toda manifestación pública y que huyó cuando el pueblo quiso proclamarlo rey (cfr. Jn 6, 15), hoy se deja llevar en triunfo. Sólo ahora, que está para ser llevado a la muerte, acepta su aclamación pública como Mesías, precisamente porque muriendo en la cruz será, plenísimamente, el Mesías, el Redentor, el Rey y el Vencedor. Acepta ser reconocido como Rey, pero como un Rey con características inconfundibles: humilde y manso, que entra en la ciudad santa montado en un asnillo, que proclamará su realeza sólo ante los tribunales y aceptará que ponga la inscripción de su título de rey solamente en la cruz.

La entrada jubilosa en Jerusalén constituye el homenaje espontáneo del pueblo a Jesús, que se encamina, a través de la pasión y de la muerte a la plena manifestación de su Realeza divina. Aquella muchedumbre aclamante no podía abarcar todo el alcance de su gesto, pero la comunidad de los fieles que hoy lo repiten si pueden comprender su profundo sentido. “Tú eres el Rey de Israel y el noble hijo de David, tú, que vienes, Rey bendito, en nombre del Señor… Ellos te aclamaban jubilosamente cuando ibas a morir: nosotros celebramos tu gloria, ¡oh Rey eterno!” (Misal Romano).

La liturgia nos introduce plenamente en el tema de la Pasión. La profecía de Isaías y el Salmo responsorial anticipan con precisión impresionante algunos de los detalles: “Ofrecía la espalda a los que lo golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a los insultos y salivazos” (Is 50, 6). ¿Por qué tanta sumisión? Porque Cristo, bosquejado en el Siervo del Señor descrito por el profeta, está totalmente orientado hacia la voluntad del Padre y con él quiere el sacrificio de sí mismo por la salvación de los hombres: “El Señor me ha abierto el oído; y yo no me he rebelado ni me he echado atrás” (Ibid 5). Por eso le vemos arrastrado a los tribunales y de éstos al Calvario, y allí tendido sobre la cruz: “Me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos” (Sal 22, 17-18). A esto se reduce el Hijo de Dios por un solo y único motivo: el amor; amor al Padre cuya gloria quiere resarcir, y amor a los hombres, a los que quiere reconciliar con el Padre.

Sólo un amor infinito puede explicar las desconcertantes humillaciones del Hijo de Dios. “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojo de su rango y tomó la condición de esclavo” (Flp 2, 6.7). Cristo lleva hasta el límite extremo la renuncia a hacer valer los derechos de su divinidad; no sólo los esconde bajo las apariencias de la naturaleza humana, sino que se despoja de ellos hasta someterse al suplicio de la cruz, hasta exponerse a los más amargos insultos. “A otros has salvado y él no se puede salvar. ¡El Mesías, el rey de Israel! Baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos” (Mc 15, 31-32).

Al igual que el Evangelista, la Iglesia no vacila en proponer a la consideración de los fieles la pasión de Cristo en toda su cruda realidad, para que quede claro que él, siendo verdadero Dios, es también verdadero hombre, y como tal sufrió; y anonadando en su humanidad todo vestigio de su naturaleza divina, se hizo hermano de los hombres hasta compartir con ellos la muerte para hacerles partícipes de su divinidad. “Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte y una muerte de cruz. Por eso, Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el “Nombre-sobre-todo-nombre” (Misal Romano). Del máximo anonadamiento se deriva la máxima exaltación, hasta como hombre, Cristo es nombrado Señor de todas las criaturas y ejerce su señorío pacificándolas con Dios, rescatando a los hombres del pecado y comunicándoles su vida divina.

Hacemos nuestros los sentimientos que expresan la siguiente oración y con alma grande y generosidad acompañamos a Cristo en su dolor, sabedores de poder acompañarlo un día en su gloria: “Acrecienta, Señor, la fe de los que en ti esperan y escucha las plegarias de los que a ti acuden, para que quienes alzamos hoy los ramos en honor de Cristo victorioso, permanezcamos en él, dando frutos abundantes” (Bendición de las palmas del Misal Romano).

Con mi bendición.
Padre José Medina

viernes, 26 de marzo de 2010

CATEQUESIS PAPA: "San Alberto Magno: no hay oposición entre fe y ciencia"

CIUDAD DEL VATICANO, 24 MAR 2010 (VIS).-En la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa habló sobre San Alberto Magno, "uno de los más grandes maestros de la teología escolástica". El Santo Padre recordó que el santo nació en Alemania a comienzos del siglo XIII, y se dedicó al estudio de las "artes liberales": gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría, astronomía y música, es decir, de la cultura general, mostrando aquel típico interés por las ciencias naturales, que se convertiría pronto en el campo favorito de su especialización".

Entró en la Orden de los Predicadores y tras la ordenación sacerdotal pudo perfeccionar el estudio de la teología en la universidad más célebre de la época, la de París. De esta ciudad le acompañó a Colonia Santo Tomás de Aquino, "un alumno excepcional". Por sus dotes, el Papa Alejandro IV quiso valerse de los consejos teológicos de San Alberto y después lo nombró obispo de Ratisbona. San Alberto, dijo el Papa, contribuyó al "desarrollo del segundo Concilio de Lyon, en 1274, convocado por el Papa Gregorio X para promover la unión entre la Iglesia latina y la griega, tras la separación por el gran cisma de Oriente de 1054; aclaró el pensamiento de Tomás de Aquino, que había sido objeto de observaciones e incluso de condenas totalmente injustificadas".

El santo alemán murió en Colonia en 1280 y el Papa Pío XI lo canonizó y proclamó doctor de la Iglesia en 1931. "Fue sin duda un reconocimiento apropiado a este gran hombre de Dios y distinguido erudito, no sólo de las verdades de fe, sino de muchas otras áreas del conocimiento". Por eso, "el Papa Pío XII lo nombró patrono de las ciencias naturales y también es conocido como "Doctor Universalis", debido a la amplitud de sus intereses y conocimientos". Benedicto XVI subrayó que San Alberto "muestra ante todo que no existe oposición entre fe y ciencia; (...) nos recuerda que hay amistad entre ciencia y fe, y que los hombres de ciencia pueden recorrer, a través de su vocación en el estudio de la naturaleza, un verdadero y fascinante camino de santidad".

"Alberto Magno -continuó- abrió la puerta a la recepción completa de la filosofía de Aristóteles en la filosofía y teología medieval, una recepción que elaboró en modo definitivo posteriormente Santo Tomás de Aquino. La acogida de una filosofía, por decir así, pagana, precristiana, fue una revolución cultural en aquel tiempo. Sin embargo, muchos pensadores cristianos temían la filosofía aristotélica, (...) sobre todo porque en la manera en que había sido interpretada podía parecer "del todo inconciliable con la fe cristiana. Se planteaba un dilema: ¿fe y razón están en contraste?". El Papa resaltó que "uno de los grandes méritos de San Alberto fue estudiar con rigor científico las obras de Aristóteles, convencido de que todo lo que realmente es racional es compatible con la fe revelada y las Sagradas Escrituras".

"San Alberto -añadió- fue capaz de comunicar estos conceptos en modo sencillo y comprensible. Auténtico hijo de Santo Domingo, predicaba con agrado al pueblo de Dios, que era conquistado por su palabra y el ejemplo de su vida". El Papa concluyó pidiendo a Dios que "nunca falten en la santa Iglesia teólogos doctos, piadosos y sabios como San Alberto Magno y que ayude a cada uno de nosotros a hacer propia la "fórmula de la santidad" que siguió en su vida: "Querer todo lo que quiero para la gloria de Dios, como Dios quiere para su gloria todo lo que El quiere", es decir, conformarse siempre a la voluntad de Dios para querer y hacer todo solo y siempre para su gloria y nuestra salvación y la salvación del mundo".

Entre sus saludos al final de la audiencia general de hoy, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa se dirigió al cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, arzobispo de Santiago de Chile, y al presidente de la Conferencia Episcopal de este país, monseñor Alejandro Goic Karmelic, con una delegación venida para recibir una imagen de la Virgen del Carmen. "La bendigo -dijo el Papa- como signo de afecto a los hijos de ese país, que celebra su bicentenario, y los acompañará en estos momentos de dificultad tras el reciente terremoto sufrido".

Dirigiéndose a los peregrinos polacos, el Santo Padre recordó que mañana es la solemnidad de la Anunciación del Señor. "En Polonia -dijo- se celebra también la Jornada de la Vida. El misterio de la encarnación descubre el valor particular y la dignidad de la vida humana. Dios nos ha dado este don y lo ha santificado, cuando el Hijo se hizo hombre y nació de María. Es necesario -subrayó- salvaguardar este don desde la concepción hasta la muerte natural. Me uno con todo el corazón a los que emprenden diversas iniciativas en favor del respeto por la vida y por la promoción de la nueva sensibilidad social".

miércoles, 24 de marzo de 2010

SACERDOCIO: Oración por todas las víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes

Queridos amigos y hermanos del Blog: desde hace semanas, continuamente están apareciendo en los medios de comunicación escándalos atribuidos a sacerdotes culpables de abusos sexuales, en ocasiones de menores de edad. Uno de los países conmocionados por estos casos es Irlanda. Con este motivo, y siguiendo la indicación de Benedicto XVI, la diócesis de Dublín ha presentado una oración por quienes han sufrido vejaciones por parte de sacerdotes, que ahora está siendo recitada en numerosas partes del mundo.

También ha comenzado a circular en Internet un vídeo (ver en You Tube: http://www.youtube.com/watch?v=T8e9qV0-MHE ) que responde a la petición de Benedicto XVI de rezar por las víctimas de abusos de sacerdotes, que han salido a la luz de manera particularmente intensa en las últimas semanas.

El vídeo presenta una de las oraciones que propone la arquidiócesis de Dublín, que tanto ha sufrido por este motivo. Ha sido realizado y publicado por la agencia multimedia católica www.H2onews.org , está siendo transmitido por televisiones católicas del mundo y por páginas web en nueve idiomas.

Les comparto el texto de la oración. Haciendo míos los sentimientos del Santo Padre Benedicto XVI que estan reflejados en esta oración, les dejo mi bendición.
Padre José Medina



Oración por todas las víctimas
de abusos de sacerdotes

Señor, sentimos mucho lo que algunos
de nosotros hemos hecho a tus hijos: han sido tratados de una manera sumamente cruel,
especialmente en su hora de necesidad.
Les hemos provocado un sufrimiento de por vida.
Este no era tu plan ni para ellos ni para nosotros.
Por favor, Señor, ayúdanos a ayudarles.
Guíanos, Señor. Amén.

lunes, 22 de marzo de 2010

SACERDOCIO: Resumen de la Carta Pastoral del Papa Benedicto XVI sobre los abusos sexuales por parte de sacerdotes

Queridos amigos y hermanos del Blog: les ofrezco a continuación un resumen de la Carta pastoral del Papa a los fieles de Irlanda, que se ha hecho pública el pasado sábado 20 de marzo de 2010:

El Papa ha enviado una carta pastoral a todos los católicos de Irlanda para expresar su consternación ante los abusos sexuales de jóvenes por parte de representantes de la Iglesia y por la forma en que fueron afrontados por los obispos y superiores religiosos de Irlanda. Pide que la carta se lea con atención en su totalidad. El Santo Padre habla de su cercanía en la oración a toda la comunidad católica irlandesa en este momento doloroso y sugiere un camino de curación, renovación y reparación.

El Santo Padre pide a los fieles que se acuerden de la roca de la que fueron tallados (cf. Is 51, 1) y, en particular, de la válida contribución que los misioneros irlandeses aportaron a la civilización de Europa y a la propagación del cristianismo en todos los continentes. En los últimos años ha habido muchos desafíos a la fe en Irlanda, debido a un rápido cambio social y a una menor fidelidad a las tradicionales prácticas devotas y sacramentales. Este es el contexto en el que hay que comprender la forma con que la Iglesia ha afrontado el problema de los abusos sexuales de menores.

El problema es consecuencia de muchos factores: una formación moral y espiritual insuficiente en los seminarios y noviciados, una tendencia en la sociedad a privilegiar el clero y otras figuras de autoridad, una preocupación desmedida por el buen nombre de la Iglesia y para evitar escándalos han llevado a la falta de aplicación, cuando era necesario, de las penas canónicas existentes. Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que dieron origen a la crisis es posible identificar con precisión sus causas y encontrar los remedios eficaces.

Durante su visita "ad limina" a Roma en 2006, el Papa exhortó a los obispos irlandeses a "establecer la verdad de lo sucedido en el pasado, a tomar todas las medidas necesarias para evitar que se repita otra vez, a garantizar que los principios de justicia son plenamente respetados y, sobre todo, a curar a las víctimas y a todos aquellos que están afectados por estos crímenes atroces". A partir de entonces, el Papa se encontró con algunas víctimas en más de una ocasión, escuchó sus historias personales, rezó con ellos y por ellos, y está dispuesto a hacerlo de nuevo en el futuro. En febrero de 2010 llamó a los obispos irlandeses para que vinieran a Roma con el fin de examinar con ellos las medidas que estaban adoptando para solucionar el problema, con especial referencia a los procedimientos y protocolos actualmente en vigor dirigidos a garantizar la protección de los niños en los ambientes eclesiales y responder con prontitud y justamente a las denuncias de abusos. En esta carta pastoral, se dirige directamente a una serie de grupos dentro de la comunidad católica de Irlanda, a la luz de la situación que se ha creado.

Dirigiéndose en primer lugar a las víctimas de abusos, el Papa reconoce la terrible traición que han sufrido y les asegura que siente mucho lo que han tenido que soportar. Reconoce que en muchos casos nadie estaba dispuesto a escucharles cuando encontraron el coraje para contar lo que les había sucedido. Comprende cómo se debían sentir los que vivían en internados al no poder escapar de su sufrimiento. Si bien reconoce lo difícil que debe resultar para muchos de ellos perdonar o reconciliarse con la Iglesia, les exhorta a no perder la esperanza. Jesucristo, que fue víctima de sufrimientos injustos, comprende la profundidad de su dolor y la persistente secuela en sus vidas y sus relaciones. A pesar de todo, precisamente las heridas de Cristo, transformadas por su sufrimiento redentor, son los medios por los cuales se destruye el poder del mal y renacemos a la vida y a la esperanza. El Papa insta a las víctimas a buscar en la Iglesia la oportunidad de encontrar a Jesucristo y de hallar la curación y la reconciliación, redescubriendo el infinito amor de Cristo por cada uno de ellos.

En sus palabras a los sacerdotes y religiosos que han abusado de los jóvenes, el Papa recuerda que deben responder ante Dios y ante los tribunales legítimamente constituidos de las acciones pecaminosas y criminales que han cometido. Han traicionado una confianza sagrada y han provocado vergüenza y deshonra a sus hermanos. Se ha causado un gran daño no sólo a las víctimas, sino también a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa en Irlanda. Mientras les pide que se sometan a las exigencias de la justicia, les recuerda que no deben desesperar de la misericordia que Dios ofrece incluso a los pecadores más grandes, si se arrepienten de sus acciones, hacen penitencia y piden perdón humildemente.

El Papa anima a los padres a que perseveren en la difícil tarea de educar a los hijos a reconocer que son amados y apreciados y a desarrollar una sana autoestima. Los padres tienen la responsabilidad primordial de educar a las nuevas generaciones en los principios morales que son esenciales para una sociedad civil. El Papa invita a los niños y jóvenes a hallar en la Iglesia una oportunidad para un encuentro vivificante con Cristo, y a no desanimarse por las faltas de algunos sacerdotes y religiosos. Tiene confianza en la contribución de los jóvenes para la renovación de la Iglesia. Exhorta también a los sacerdotes y religiosos a no desanimarse, sino más bien a renovar su dedicación a los respectivos apostolados, trabajando en armonía con sus superiores. De esta manera aportarán nueva vida y dinamismo a la Iglesia en Irlanda a través de sus testimonios vivos de la obra redentora del Señor.

Dirigiéndose a los obispos de Irlanda, el Papa señala los graves errores de juicio y el fracaso de la acción de gobierno de muchos de ellos, porque no aplicaron correctamente los procedimientos canónicos en respuesta a las denuncias de abusos. Aunque a menudo resultara difícil saber cómo hacer frente a situaciones tan complejas, sin embargo hay que resaltar que se cometieron errores graves con la consiguiente pérdida de credibilidad. El Papa les anima a seguir luchando con determinación para poner remedio a los errores del pasado y evitar que se repitan, aplicando plenamente el derecho canónico y cooperando con las autoridades civiles en sus áreas de competencia. También pide a los obispos que se comprometan a ser santos, a dar ejemplo, estimulando a los sacerdotes y a los fieles a cumplir con su papel en la vida y en la misión de la Iglesia.

Por último, el Papa propone algunas medidas concretas para estimular la renovación espiritual de la Iglesia en Irlanda. Pide a todos que ofrezcan su penitencia de los viernes, durante un año, en reparación por los pecados de los abusos que se produjeron. Recomienda recurrir con frecuencia al sacramento de la reconciliación y a la práctica de la adoración eucarística. Anuncia su intención de que se realice una visita apostólica en algunas diócesis, congregaciones religiosas y seminarios, con la participación de la Curia Romana, y propone una misión nacional de los obispos, sacerdotes y religiosos en Irlanda. En este Año Sacerdotal, presenta a la figura de San Juan María Vianney como modelo e intercesor para un ministerio sacerdotal revitalizado en Irlanda. Después de agradecer a todos los que han trabajado duramente para afrontar con firmeza el problema, concluye proponiendo una oración por la Iglesia en Irlanda, para que la usen todos los fieles para invocar la gracia de la curación y de la renovación en este momento de dificultad.

viernes, 19 de marzo de 2010

SACERDOCIO: En España, el Día de San José, es el Día del Seminario: ¡Oremos por las Vocaciones!

SANTORAL: Glorioso Patriarca San José

Queridos amigos y hermanos del blog: hoy, 19 de marzo, la Iglesia celebra al Glorioso Patriarca San José, justo entre los justos, es el Padre de la Iglesia Católica y jefe indiscutido de la Sagrada Familia. Figura patriarcal del Evangelio es símbolo de protección, ejemplo de firmeza y personificación de bondad y seguridad. Después de su Esposa, fue el primero en escuchar el anuncio de la venida del Mesías; él guió al Señor y su Madre a Egipto, escapando de la persecución de Herodes, y él les dio resguardo mientras Dios hecho Hombre aguardaba el momento de iniciar su vida pública.

San José nació en Belén, ciudad natal de David, uno de sus ilustres antepasados, alrededor del año 20 antes de Cristo. Pero en tiempos de la Anunciación, ya se hallaba afincado en Nazareth. Por entonces, se lo conocía como modelo de virtud, castidad, honestidad y bondad. A él se dirigió el Ángel enviado por Dios cuando sometido a tremenda prueba de fe, se hallaba en la disyuntiva de ver si repudiaba a su esposa o no. “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, pues Él ha de salvar a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1, 20).

A san José se le encomendó la misión de más alta responsabilidad en la historia humana, ser esposo de la Santa Virgen María, ser padre de Dios hecho Hombre y custodio de la Sagrada Familia. Cumplió cabalmente las tres cosas, dejando claro, para las generaciones futuras, que el amor conyugal y filial es paralelo al amor divino. San José ama a su familia pero, por sobre todo, ama a Dios. San Juan llama “Hijo de José” a Nuestro Señor Jesucristo: “Felipe halló a Natanel, y le dijo: Hemos encontrado a Aquel de quien escribió Moisés en la Ley de los Profetas: a Jesús, el hijo de José, el de Nazareth” (Jn. 1, 45); “¿No es Este aquel Jesús, hijo de José, cuyo padre y cuya madre nosotros conocemos?( Jn. 6, 42), y si bien, como hemos dicho, no fue su padre natural, lo adoptó como tal y Aquel que vino al mundo a redimirnos del pecado, se sometió a su autoridad, como corresponde a todo vástago ante la figura paterna.

La influencia de San José sobre Jesús, sobre su persona y su desarrollo humano ha sido inconmensurable, al punto que los vemos trabajando codo a codo en el taller de Nazareth. Influencia evidentemente enriquecida por la perfecta unión entre el santo patriarca y su esposa, la Virgen María, santísimo ejemplo del matrimonio cristiano.

Con indescriptible bondad y profunda responsabilidad, San José se entregó al cuidado de su esposa convaleciente y su hijo recién nacido. Su ejemplo no solo enterneció a los pastores presentes sino a la misma posteridad. El hombre casto, puro y virtuoso, al servicio de un Rey y una reina, llamó incluso la atención de los tres sabios de oriente que se postraron a los pies del Creador.

La última referencia que hacen los Evangelios a San José es la que alude a la pérdida y encuentro del Señor en el Templo: “Iban sus padres todos los años a Jerusalén para la fiesta solemne de Pascua. Siendo el Niño ya de doce años cumplidos, subieron a Jerusalén como de costumbre en esa solemnidad”. Habiéndose percatado de que su hijo se había extraviado, le buscaron sus padres con angustia y desesperación hasta que lo hallaron en el tabernáculo, predicando y maravillando a los allí reunidos (Lc. 2, 41-50). Y en este punto es donde la historia y las Sagradas Escrituras pierden el rastro de nuestro santo patriarca, jefe de la Sagrada Familia, padre de la Iglesia Universal, patrono de los trabajadores, de la buena muerte y de infinidad de ciudades y comunidades religiosas. Todo parece indicar que falleció antes que el Señor iniciase su ministerio ya que no estuvo presente en las célebres bodas de Caná ni en ningún otro momento de la vida pública de Jesús.

San José, ejemplo vivo de existencia interior, virtudes y bondad, encarna el paradigma del individuo devoto, obediente y temeroso de Dios. Pero por sobre todas las cosas es modelo de paternidad. La fe alimentada en la oración: este es el tesoro más precioso que nos transmite San José. En su senda se han puesto generaciones de padres que, con el ejemplo de una vida sencilla y laboriosa, han impreso en el espíritu de sus hijos el valor inestimable de la fe, sin el cual cualquier otro bien corre el riesgo de ser vano. Ya desde ahora quiero asegurar una oración especial a todos los papás, en su día: pido a Dios que sean hombres de robusta vida interior para cumplir de manera ejemplar su misión en la familia y en la sociedad.

Por San José somos conducidos directamente a María, y mediante María a la fuente de toda santidad, Jesús, que con su trato consagró en José y Maria las virtudes domésticas. Hacia estos grandes ejemplos deben volverse las familias cristianas para que, protegidas en su purea y su Fe, difundan una nueva sangre por todos los miembros de la sociedad humana. Así, no sólo se seguirá la enmienda de las costumbres privadas, sino también de la vida común y de la disciplina civil.

Acudamos pues a San José que nos socorre en todas las necesidades y bajo cuya protección Santa Teresa de Jesús colocaba las situaciones más serias y difíciles, segura de que le mostraría como su poder, tan grande como su bondad, les daría solución.

Con mi bendición.
Padre José Medina


El Glorioso Patriarca San José, Sagrado Custodio de María y Jesús.

jueves, 18 de marzo de 2010

LITURGIA: El sentido de la Cuaresma Cristiana

Queridos amigos y hermanos, con el miércoles de Ceniza, primer día de la Cuaresma, iniciamos el camino de preparación para la santa Pascua. Se trata de un itinerario espiritual de oración y penitencia, con el que los cristianos se dejan purificar y santificar por el Señor, que quiere que participen en sus sufrimientos y en su gloria (“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.cf. Rm 8, 17). El Espíritu Santo, que guió y sostuvo a Cristo en el “desierto”, nos introduce en este tiempo de Cuaresma, dándonos la gracia necesaria para resistir a las seducciones del antiguo tentador y vivir con renovado compromiso en la libertad de los hijos de Dios.

En efecto, Jesús no nos pide una observancia formal o meros cambios exteriores, sino más bien la conversión del corazón, para que cumplamos con fidelidad la voluntad de su Padre y nuestro Padre. En este tiempo cuaresmal, Jesús nos llama a seguirlo por el camino que lo lleva a Jerusalén, para inmolarse en la cruz. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc 9, 23). Esta invitación es, sin duda alguna, exigente y dura, pero capaz de liberar, en quien la acoge, la fuerza creativa del amor.

Por tanto, en este tiempo de Cuaresma nuestra mirada se dirige a la cruz gloriosa de Cristo. El autor de la Imitación de Cristo escribe: “En la cruz está la salvación; en la cruz está la vida; en la cruz está la defensa del enemigo; en la cruz está el don sobrenatural de las dulzuras del cielo; en la cruz está la fuerza de la mente y la alegría del espíritu; en la cruz se suman las virtudes y se perfecciona la santidad” (XII, 1).

La frase bíblica que nos acompaña a lo largo de todo el itinerario cuaresmal es: “Convertíos y creed el Evangelio” (Mc 1, 15). Cuando nos imponen la ceniza sobre nuestra cabeza volvemos a escuchar esta expresión del evangelista san Marcos. Con ella se nos recuerda que la salvación, que Jesús nos ofrece en el misterio de su Pascua, exige nuestra respuesta. Así, la liturgia nos invita a manifestar de forma concreta y visible el don de la conversión del corazón, indicándonos qué camino tenemos que recorrer y cuáles instrumentos debemos usar. La escucha asidua de la palabra de Dios, la oración incesante, el ayuno interior y exterior, las obras de caridad, que hacen concreta la solidaridad con nuestros hermanos, son puntos irrenunciables para aquellos que, regenerados a la vida nueva mediante el bautismo, quieren vivir ya no según la carne, sino según el Espíritu (cf. Rm 8, 4).

Hago mías las palabras de san León Magno que, en uno de sus discursos sobre la Cuaresma, afirmaba: “No hay obras virtuosas sin la prueba de las tentaciones; no hay fe sin contrastes; no hay lucha sin enemigo; no hay victoria sin combate. Nuestra vida transcurre entre asechanzas y luchas. Si no queremos ser engañados, debemos estar vigilantes; si queremos vencer, debemos combatir” (Sermón XXXIX, 3). Acojamos esta invitación. Exige una disciplina ardua, especialmente en el contexto social de hoy, a menudo caracterizado por el cómodo desinterés y el ateísmo práctico. El Espíritu Santo nos conforta y nos sostiene en esta lucha, “viene en ayuda de nuestra flaqueza —como afirma san Pablo—, pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene, mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rm 8, 26).

También en la Cuaresma debemos tener presente la solidaridad con nuestros hermanos, ya que la Cuaresma es el tiempo de la solidaridad ante las situaciones precarias en las que se encuentran personas y pueblos de tantos lugares del mundo. Entre las situaciones de precariedad hemos de tener especialmente presente -en la oración y en la ayuda concreta- la condición dramática de quienes en nuestros países hermanos como Haití y Chile viven y sufren las tremendas consecuencias de los terremotos que han tenido.

De la misma manera que las multitudes del Evangelio se maravillaban ante los gestos y la enseñanza de Jesús, así también hoy la humanidad podrá sentirse fascinada más fácilmente por Cristo y decidirse por él, si contempla el testimonio de fe y caridad de los cristianos. El Señor, a través de la obra de la Iglesia, continúa llamando a hombres y mujeres para que lo sigan.

Deseo de corazón que, la Cuaresma sea para cada uno de nosotros una ocasión propicia para este camino de conversión, que tiene su referencia fundamental e irrenunciable en el sacramento de la penitencia. Esta es la condición para llegar a una experiencia más íntima y profunda del amor del Padre. Que nos acompañe María, la Virgen Santísima, por el camino de conversión y penitencia que estamos transitando. Su ayuda materna nos impulsa a vencer toda pereza y todo miedo, para avanzar con fe intrépida hacia el Calvario, sabiendo estar amorosamente al pie de la cruz, con la alegre esperanza de participar en la gloria de la resurrección del Señor.

Con mi bendición.
Padre José Medina.

miércoles, 17 de marzo de 2010

CATEQUESIS PAPA: "El diálogo entre fe y razón hace de la vida un itinerario hacia Dios"

Miércoles, 17 marzo (Radio Vaticano).- Benedicto XVI una vez más esta mañana ha dedicado la catequesis de la audiencia general de hoy a San Buenaventura. El Papa ante más de once mil fieles y peregrinos, reunidos por primera vez este año en la plaza de san Pedro, en una jornada espléndida de sol, ha querido hablar, por tercer miércoles consecutivo, de algunos aspectos de la doctrina del santo franciscano, confrontándolos junto a los de otro gran pensador de su época, Santo Tomás de Aquino. “Los dos -ha dicho el Papa- escrutaron los misterios de la Revelación, poniendo de relieve los recursos de la razón humana y resaltando el fecundo diálogo entre fe y razón”.

Por su brillantez espiritual, san Buenaventura junto a santo Tomás de Aquino representan la cima del pensamiento cristiano en la Edad Media y del diálogo fecundo entre fe y razón. Ambos renovaron la Iglesia de su tiempo, sirviéndola con pasión y amor. En la diferencia de sus distintas aproximaciones filosóficas y teológicas, los dos santos, ha explicado el Pontífice, mostraron la originalidad y la profundidad de su pensamiento. La diversidad de acento de sus tradiciones y de su espiritualidad expresa la fecundidad de la fe, unida a la variedad de sus expresiones.

El acento específico de la teología de san Buenaventura se explica, ha afirmado el Papa, por el carisma de san Francisco que durante toda su vida mostró el primado del amor. Citando al gran teólogo franciscano de la época medieval, ha subrayado que “el amor se extiende más allá de la razón, ve más lejos. Donde la razón no alcanza a ver, ve el amor”. Para Benedicto XVI, tal conclusión “no es testimonio de una devoción sin contenido sino una expresión límpida y realista de la espiritualidad franciscana”

Pero para comprender la elaboración de este tema -ha dicho Benedicto XVI- es necesario hacer referencia a los escritos de Seudo-Denys, teólogo sirio de sexto siglo. Para San Buenaventura, en la noche obscura de la cruz aparece toda la grandeza del amor divino. “Esta teología de la Cruz, nacida del encuentro entre la teología de Seudo-Denys y la espiritualidad franciscana, no deben hacer olvidar que para Buenaventura como para Francisco, toda la creación habla de Dios, de Dios bueno y hermoso y de su amor” ¡Que todas nuestras vidas sean, como para San Buenaventura, una subida hacia Dios! Que nuestra oración nos ayude.

Este ha sido el resumen que de su catequesis ha hecho en español Benedicto XVI en español para los fieles de nuestra lengua reunidos en la plaza de san Pedro.

Queridos hermanos y hermanas: Hoy quisiera continuar reflexionando sobre algunos aspectos de la doctrina de San Buenaventura que, junto a Santo Tomás de Aquino, contemporáneo suyo, representan la cima del pensamiento cristiano en la Edad Media y su diálogo fecundo entre fe y razón. Para Santo Tomás, en la Teología prevalece el aspecto intelectual, pues al conocimiento de Dios sigue el obrar según su voluntad, hacer el bien. San Buenaventura, sin oponerse eso, al conocer y al obrar añade la contemplación, que es el afecto provocado al encontrar a quien amamos. Sin renunciar en teología al comprender con la mente, no se detiene en la simple satisfacción del saber, pues se busca siempre conocer mejor al amado y amarlo cada vez más. Así, el primado del amor es determinante, porque el último destino del hombre es, a fin de cuentas, amar a Dios. De este modo, San Buenaventura trata de convencer a sus coetáneos, no solamente con la palabra, sino con toda su vida, y prospecta un “itinerario de la mente hacia Dios” que supone el camino de la razón, pero la trasciende en el amor. Es un itinerario que no puede plasmarse en un ordenamiento jurídico, porque es siempre un don de Dios que ayuda al creyente a acercarse cada vez más a Él. Y, en este acercamiento, habrá un momento en que la mera razón ya no puede ver más, pero donde el amor sigue vivo, dando claridad ante el misterio insondable de Dios.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, venidos de España, México y otros países latinoamericanos. Que el ejemplo y el mensaje de San Buenaventura ayude a todos a seguir con esperanza en el camino hacia el misterio de la Pascua del Señor. Muchas gracias.

Como siempre antes de terminar la audiencia general, el pensamiento del Papa se ha dirigido a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. “Queridos jóvenes encontraros es siempre para mí un motivo de consolación y de esperanza -ha dicho- porque vuestra edad es la primera de la vida. Sed siempre fieles al amor que Dios tiene por vosotros. Dirijo un pensamiento afectuoso también a vosotros, queridos enfermos. Cuando se sufre, toda la realidad en nosotros y en torno a nosotros parece obscurecerse, pero, en la intimidad de nuestro corazón, esto no debe apagar la luz consoladora de la fe. Cristo con su cruz nos sostiene en la prueba. Y vosotros, queridos recién casados, que saludo cordialmente, sed gratos a Dios por el don de la familia. Contando siempre con su ayuda, haced de vuestra existencia una misión de amor fiel y generoso.

martes, 16 de marzo de 2010

LITURGIA: La oración y la conversión en Cuaresma

Queridos amigos y hermanos del Blog: la oración es la primera actividad de la Cuaresma; es un tiempo muy apto para renovarla. En efecto, toda nuestra vida cristiana se apoya en la vida espiritual. Si el tiempo de ayuno exige la oración, el esfuerzo de ascesis y de liberación del peso de la carne, la voluntad de alcanzar al prójimo en su propio terreno con un amor fraterno y generoso repercuten en la calidad y poder de lucha de la oración.

Escribe san Agustín: “No hay ninguna duda de que el ayuno es útil, así el hombre hace la prueba de lo que quiere obtener, de lo que suplica cuando se aflige con el ayuno. Por eso se ha dicho: Buena es la oración con ayuno (Tob. 12,8). Para que sea aceptada la oración debe ir acompañada del ayuno”. Y luego enseña a sus fieles en un sermón de Cuaresma: “Para que nuestras oraciones puedan más fácilmente tomar su vuelo y llegar hasta Dios, es preciso darles el doble ceremonial de la limosna y el ayuno. Nuestra oración -apoyada en la humildad y la caridad, en el ayuno y la limosna, en la abstinencia y el perdón de la injuria, en el cuidado que pondremos en hacer el bien en lugar de devolver el mal y de evitar el mal y practicar el bien- busca la paz y la obtiene porque esa oración vuela, sostenida y llevada a los cielos, donde nos ha precedido Jesucristo que es nuestra paz”.

Termina diciendo: “Estas piadosas limosnas y este frugal ayuno son las alas que en estos santos días ayudarán a nuestra oración a subir hacia el cielo”. Se ve cómo san Agustín liga las tres actividades, ayuno, oración y limosna. Para él, Cuaresma, que debe ser ante todo un tiempo de oración, es el período que más enriquece la oración y la afina porque le da “el alimento” de que ésta tiene necesidad para elevarse: “porque la oración tiene un alimento que le es propio y que se le manda tomar sin interrupción: que se abstenga siempre del odio y se alimente constantemente de amor”.

Sin embargo, no es la purificación como fruto de la oración, y sobre todo la purificación en sí misma, lo que interesa a la Iglesia: “Convertirse y creer el Evangelio”, según la fórmula propuesta a elección para la imposición de la Ceniza, significa hacer esfuerzos por conocer los misterios de Cristo. La oración del 1º domingo de Cuaresma expresa admirablemente el significado profundo de estos 40 días para el catecúmeno, para el penitente, para todo cristiano: “Dios todopoderoso, te pedimos que las celebraciones y penitencias cuaresmales nos lleven a la verdadera conversión; así conoceremos y viviremos con mayor plenitud el misterio de Cristo”.

Pero, ¿que es en definitiva “conocer a Cristo y a sus misterios”?: “Conocer” para el cristiano, como para el hombre de la Biblia, es más exactamente contemplar el amor, dar gracias por las maravillas que éste ha realizado, cultivar su facultad de admiración ante las obras maestras de Dios en el mundo y en el corazón de los hombres y, como primera obra maestra, ante la obra extraordinaria de la salvación de la humanidad. Más todavía, conocer es tener un íntimo contacto con esos mismos misterios de Cristo cuya experiencia permite hacer el proceso de seguimiento e imitación del mismo Señor. Experimentando así los misterios de Cristo en la oración, experiencia favorecida mediante el ayuno, contemplamos activamente y podemos hacernos idea de los beneficios ya recibidos de Dios y apreciarlos. A la vez, descubrimos nuestra indigencia y nos hallamos así situados en lo que nos falta por recibir: “...porque, cumpliendo con un ayuno apropiado, nos hacemos reconocedores de los dones que hemos recibido y nuestra gratitud se acrecienta por lo que todavía necesita recibir”.

Todo esto no se logra sin nosotros. Dios no hace lo divino en nosotros ni nos modela a imagen de su Hijo, ni el Espíritu puede conformarnos según el rostro de Cristo sin que nosotros intervengamos profundamente. La conversión es siempre un desafío jamás resuelto del todo. Por ello, la liturgia de Cuaresma está llena de peticiones de conversión. La oración del 3º domingo de Cuaresma enumera las tres actividades que pueden remediar nuestro estado: “… tú nos otorgas remedio para nuestros pecados por medio del ayuno, la oración y la limosna; mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas”. Por tanto tenemos que la conversión es tema central de la liturgia de Cuaresma, la conversión y la fe: “Convertíos y creed el Evangelio”. Esto no se hace sin lucha: se trata de combatir contra todo lo que no es de Dios en nosotros, para que Dios esa todo en nosotros.

Ojalá que podamos crecer en la oración en estos días de Cuaresma, en esta perspectiva de oración como medio para la conversión y en una profunda contemplación de los misterios de Cristo. Creo, fuertemente, que debemos poner los medios para lograr este crecimiento en la oración y esta profundización en nuestra conversión.

Con mi bendición.
Padre José Medina.

sábado, 13 de marzo de 2010

VIDEOS EN YOU TUBE: Juan Pablo II en Ávila, España (1 de noviembre de 1982)

Queridos amigos y hermanos del Blog: del 31 de octubre al 9 de noviembre de 1982, el Siervo de Dios Juan Pablo II realizó su primer viaje apostólico a España.

En esa oportunidad visitó un total de 18 ciudades (Madrid, Ávila, Alba de Tormes, Salamanca, Guadalupe, Toledo, Segovia, Sevilla, Granada, Loyola, Javier, Zaragoza, Montserrat, Barcelona, Valencia, Moncada, Alcira y Santiago de Compostela), pertenecientes a 11 Comunidades Autónomas: Madrid, Castilla y León, Extremadura, Castilla-La Mancha, Andalucía, País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia. Llegó a pronunciar en esos días en España un total de 57 discursos, a los que hay que añadir un mensaje previo, la alocución del ángelus en Roma del 10 de noviembre y la posterior catequesis de la audiencia general de los miércoles.

Entre la totalidad del inmenso legado espiritual y doctrinal que fue dejando a su paso, he querido rescatar como sentido homenaje al noble pueblo abulense y a su Santa más famosa: Teresa de Jesús, este puñado de imágenes y audios originales que nos permiten hoy –a casi 30 años de haber sucedido- aproximarnos a ese momento de gracia y bendición.

Las imágenes y audios que compartimos fueron originados el lunes 1º de noviembre de 1982, Solemnidad de todos los Santos, jornada en la cual Juan Pablo II visitó Ávila y Alba de Tormes para clausurar el IV Centenario de la muerte de santa Teresa de Jesús.

En Ávila tuvo un encuentro y alocución a las monjas y monjes de clausura reunidos en el Monasterio de la Encarnación de Ávila. El Papa habló sobre el papel primario de la vida contemplativa en la Iglesia. "Las almas contemplativas, avanzadilla de la Iglesia hacia el Reino". Luego presidió la Eucaristía concelebrada con todos los Obispos de España ante las murallas de Ávila, en la Puerta del Carmen. Pronunciando una homilía sobre Santa Teresa de Jesús, a quien definió como "hija singularmente amada de la Sabiduría Divina".

Posteriormente en Alba de Tormes presidió la celebración de la Palabra en el campo de la Dehesa. En la homilía predicó acerca de los caminos teresianos. Luego visitó al Monasterio de Carmelitas Descalzas, donde murió y está enterrada Santa Teresa de Jesús. En su alocución realiza una evocación y una plegaria ante el sepulcro de la mística doctora de la Iglesia.

Agradezco de corazón a Don Nicolás González González, Capellán del Monasterio de La Encarnación de Ávila, y Coordinador General de la Visita del Papa Juan Pablo II a Ávila en 1982, por haberme compartido la totalidad de las fotografías que presento en el video y que pertenecen a su archivo personal.

Creo que cuando ustedes vean el video se emocionaran profundamente al sentir presente, una vez más, al siempre recordado y entrañablemente querido Juan Pablo II.

Con “corazón abulense” les dejo mi bendición.
Padre José Medina


viernes, 12 de marzo de 2010

SACERDOCIO: Examen de conciencia sacerdotal

“Examen de conciencia sacerdotal”
Escrito por Mons. José Ignacio Munilla,
Obispo de San Sebastián, España.

El sacerdote, “oveja” y “pastor”
del rebaño de Cristo

En su homilía de inicio de pontificado, Benedicto XVI hizo una breve explicación catequética sobre el “palio”, confeccionado con lana de oveja, con el que se reviste el arzobispo: “El palio indica primeramente que Cristo nos lleva a todos nosotros. Pero, al mismo tiempo, nos invita a llevarnos unos a otros”. Asimismo, el Papa recordaba también que Aquél que nos pide a nosotros, sacerdotes, colaboración en su tarea de pastoreo, es el mismo que comparte de forma misteriosa nuestra propia condición: “El pastor de todos los hombres, el Dios vivo, se ha hecho Él mismo cordero, se ha puesto de la parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados”.

Esta doble condición de ser pastores y ovejas del rebaño de Cristo, que tenemos los sacerdotes, es el punto de partida de este breve “examen de conciencia sacerdotal”, que proponemos en el contexto del Año Jubilar Sacerdotal.

Es de suponer que este examen de conciencia para sacerdotes, llegue también a las manos de muchos laicos, consagrados o religiosos… Obviamente, no existe ninguna contraindicación para que puedan servirse de él. ¡No hay secretos entre las distintas vocaciones de vida cristiana! Todos buscamos la santidad; y de la misma manera que para nosotros, los sacerdotes, es muy estimulante ver el esfuerzo que muchos seglares realizan por ser fieles en su vocación, también lo será para los laicos ver que los sacerdotes hacemos lo propio, máxime en este Año Jubilar Sacerdotal. ¡Alguien dijo que el deseo de santidad es contagioso!

Las tentaciones del sacerdote,
en cuanto “oveja” del rebaño de Cristo

+ Falsa seguridad: Uno de nuestros peligros principales puede ser el olvido de que somos tentados como cualquier otro ser humano… Nuestra condición sacerdotal no nos preserva de la tentación del materialismo, del placer; ni tampoco de la búsqueda del poder y del prestigio… “¡El que se crea seguro, tenga cuidado en no caer!” (1 Co 10, 12).

+ Autodidactas: Los sacerdotes tenemos una cierta tendencia a “autodirigirnos” y a “autoevaluarnos” en la vida espiritual, como si fuésemos maestros de nosotros mismos… ¡Y eso no funciona! Dios nos da el “don de consejo” para ejercer como pastores con los que nos han sido encomendados, pero no para con nosotros mismos. Nosotros hemos de ser “pastoreados” por otros hermanos sacerdotes. Cometeríamos un grave error si pensáramos que el director espiritual fue una figura necesaria solamente en el tiempo de formación en el Seminario.

+ “En casa de herrero, cuchillo de palo”: Ciertamente, los sacerdotes podemos dar por supuesta, equivocadamente, la madurez de nuestra vida espiritual, sintiéndonos dispensados de determinados actos de piedad… Sin embargo, nosotros somos los primeros que necesitamos los medios sobrenaturales para el cultivo de nuestra vida de fe.

+ Rutina: Es el riesgo que tenemos de acostumbrarnos a lo sagrado, de no conmovernos ante la presencia real de Dios en la Eucaristía… El hecho de ser “administradores” de los tesoros de Dios, nos permite estar especialmente cerca del Misterio, pero también nos puede inducir a la rutina y al acostumbramiento.

+ Falta de esperanza en nuestra propia santidad: Los sacerdotes podemos asumir el rol de ser “altavoces de Dios”, dejando paradójicamente en segundo plano la llamada a la santidad que Dios nos dirige a nosotros mismos. No es infrecuente que nos resulte más fácil confiar en la “historia de salvación” de Dios para con la “humanidad”, que en el plan personal de santificación que tiene con nosotros. La recepción frecuente y esperanzada del sacramento de la penitencia, es el mejor signo de que los sacerdotes mantenemos vivo el deseo de recuperar el “amor primero”.

Las tentaciones del sacerdote,
en cuanto “pastor” del rebaño de Cristo

+ Falta de autoestima: El avance de la increencia en nuestra sociedad, puede conducirnos a la tentación de hacer una lectura pesimista de nuestro ministerio sacerdotal… Como les ocurre al resto de los mortales, también nosotros tenemos el riesgo de valorarnos más por el “tener” que por el “ser”; es decir, hacer depender nuestra autoestima del grado de éxito cosechado en nuestros proyectos, y no tanto del valor del tesoro que llevamos entre manos…

+ Desconfianza hacia la Providencia de Dios: En medio de nuestro empeño pastoral, no podemos olvidar cuáles son el Alfa y la Omega de la Historia de la Salvación: Sólo Cristo es el Redentor del mundo, y nosotros somos meros instrumentos. ¡Sus planes de salvación para la humanidad, no se verán frustrados! La Iglesia tiene la promesa de indefectibilidad recibida del mismo Cristo. ¡La victoria de Cristo sobre el mal será plena y esplendorosa!... Es frecuente que nosotros suframos porque las cosas no vayan como nosotros pensamos que debieran ir… Pero, como aquellos apóstoles que estaban angustiados al ver cómo Jesús dormía en aquella barca zarandeada por la tempestad, quizás también nosotros necesitemos la reprensión que Jesús dirigió a los suyos: “Hombres de poca fe, ¿por qué habéis dudado?” (Mc 4, 40; Mt 14, 31).

+ Necesidad de purificar nuestros criterios: Una cosa son las sensibilidades enriquecedoras, y otra muy distinta las “ideologías”, que siempre deben ser purificadas… Baste recordar aquella reprensión de Jesús a Pedro: “Tú piensas como los hombres, no como Dios” (Mc 8, 33). En la Sagrada Escritura y en el Magisterio de la Iglesia encontramos la fuente para conformar nuestros criterios con la luz de la Revelación…

+ Falta de oración “apostólica”: Es posible que podamos pasarnos la vida diciéndonos a nosotros mismos que, como sacerdotes que somos, hemos de orar más y mejor… Y la pregunta es: ¿Será cuestión de tiempo? ¿de fuerza de voluntad? ¿o de amor de Dios? Lo indudable es que el Pueblo de Dios no solo requiere de nosotros que seamos “maestros”, sino también “testigos” del mensaje que anunciamos…

+ Vanidad: Podemos realizar muchas obras “materialmente” buenas, en servicio de Dios y de los fieles; pero que, sin embargo, pueden encubrir una cierta búsqueda “subjetiva” de nosotros mismos… Existe el riesgo de interferencias de nuestro amor propio, incluso en el marco de un cumplimiento íntegro del ministerio sacerdotal.

+ Miedos que nos paralizan: En ocasiones, el miedo al fracaso nos lleva a no arriesgar en nuestras actuaciones, a no dar lo mejor de nosotros mismos. Igualmente, el temor a ser etiquetados o mal comprendidos, también puede disminuir nuestro celo apostólico y nuestra acción en bien de las almas (En el fondo, estamos ante otra manifestación de la vanidad).

+ Falta de método: Nuestra labor sacerdotal, aún siendo muy sacrificada, puede perder eficacia por causa de una forma desordenada de trabajar. A veces podemos abusar de la improvisación, o de no rematar las cosas. Hemos de ver también si compartimos nuestras iniciativas, si delegamos responsabilidades...

+ Falta de cuidado personal: La vida sacerdotal puede conllevar una cierta soledad, de la cual se desprenden determinados riesgos: comer mal, descansar poco, descuido del aseo personal, del vestir, de la salud, hábitos desordenados de vida, dejar que se enrarezca nuestro carácter... Un cierto nivel de autodisciplina es necesario. Pero, sobre todo, lo más importante es que nuestro descanso interior y exterior lo vivamos “en Cristo”, y no al margen de Él.

+ Impaciencia: Podemos confundir la necesidad de “rigor” con la “impaciencia”, olvidando las palabras del profeta: “la caña cascada no la quebrarás, la mecha humeante no la apagarás” (Is 42, 3). La radicalidad evangélica no justifica nuestra dureza con los que nos han sido confiados… Por el contrario, en nuestra vida de servicio sacerdotal, es importante el sentido del humor, el cariño y la alegría…es decir, la misericordia.

+ Los predilectos de Cristo y los nuestros: La acción apostólica de Cristo se dirige a todos, sin excepción. Al mismo tiempo, sus predilectos fueron los excluidos, los pobres, los enfermos… Nuestro examen de conciencia nos cuestiona sobre si los pobres y necesitados ocupan el centro de nuestro ministerio sacerdotal: personas en soledad, quienes padecen desequilibrios psíquicos, otros enfermos y ancianos, parados, inmigrantes, transeúntes, maltratados…. sin olvidar la mayor de las pobrezas, compartida por todos nosotros: el pecado. ¡La administración abnegada del perdón de Cristo, es el máximo signo de la “caridad pastoral”!

Llenos de esperanza
en este Año Jubilar

Un examen de conciencia no es una mera introspección, sino que consiste en abrirnos a la gracia de ver nuestra vida desde los ojos de Dios. Nuestro Patrono, el Santo Cura de Ars, decía: “No es el pecador el que vuelve a Dios para pedirle perdón, sino Dios mismo quien va tras el pecador y lo hace volver a Él”; “Este buen Salvador está tan lleno de amor que nos busca por todas partes”.

Tenemos sobradas razones para vivir nuestro “examen de conciencia sacerdotal” llenos de confianza y abiertos a la esperanza de la santidad. No en vano, el Papa convocó el Año Jubilar Sacerdotal con el objetivo de “promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo” y de “favorecer la tensión de los sacerdotes hacia la perfección espiritual, de la cual depende sobre todo la eficacia de su ministerio”.

He aquí las palabras con las que su Santidad Benedicto XVI concluía su Carta para la Convocación de este Año Jubilar Sacerdotal: «A pesar del mal que hay en el mundo, conservan siempre su actualidad las palabras de Cristo a sus discípulos en el Cenáculo: “En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro. Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz».

jueves, 11 de marzo de 2010

ACTUALIDAD: "La Patria es un don, la Nación una tarea"

Buenos Aires, 10 Mar. 10 (AICA) La Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina, que preside el cardenal Jorge Mario Bergoglio, reclamó hoy “un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo”, y consideró que “urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males”. Tras señalar que “la situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes”, estimó que “no es momento para victimizarnos ni para procurar ventajas sectoriales”.

“Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social. La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión de todos en la comunidad nacional. Por eso, es necesario que los poderes del Estado, de acuerdo a su naturaleza, actúen respetando su legítima autonomía y complementándose en el servicio al bien común”, subrayó. La declaración “La Patria es un don, la Nación una tarea”, difundida hoy al termino de las deliberaciones, será llevada por la Comisión Ejecutiva a los tres poderes del Estado.

El vocero episcopal, presbítero Jorge Oesterheld, informó en este sentido que ya se los obispos decidieron acompañar estas palabras con “gestos”, a través de un inmediato pedido de audiencia a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a la Corte Suprema de Justicia y a los representantes de ambas cámaras del Congreso, para entregarles el texto. El portavoz explicó que cuando se habló de “privilegiar la sanción de leyes que respondan a las necesidades reales del pueblo, y no de detenerse en opciones fijadas por intereses que no tienen en cuenta la naturaleza de la personas humana, de la familia y la sociedad”, se referían a los intentos por sancionar normas para favorecer el aborto.

Texto completo de la declaración

“La Patria es un don, la Nación una tarea”

1. La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males. La situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes. También nosotros, como pastores, nos sentimos interpelados por esta situación y no nos excluimos del examen de conciencia que se debe hacer.

2. La que sufre es la Nación toda; no es momento para victimizarnos ni para procurar ventajas sectoriales. “Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social”. La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión de todos en la comunidad nacional. Por eso, es necesario que los poderes del Estado, de acuerdo a su naturaleza, actúen respetando su legítima autonomía y complementándose en el servicio al bien común.

3. Si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres. Este es un reclamo del cual nos volvemos a hacer eco, porque se trata de una deuda que sigue vigente, y que se lee “en los rostros de miles de hermanos que no llegan a vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios”. Por ello, es el momento de privilegiar la sanción de leyes que respondan a las necesidades reales de nuestro pueblo, y no de detenerse en opciones fijadas por intereses que no tienen en cuenta la naturaleza de la persona humana, de la familia y de la sociedad.

4. La Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo. Asumir esta misión con espíritu fraterno y solidario es el mejor modo de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria.

5. Los cristianos invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse a nosotros en la oración para invocar al Señor, que es la fuerza de su pueblo, y a pedirle por nuestra querida Patria argentina: “Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre” . Una vez más ponemos estos deseos y esperanzas en las manos de Nuestra Madre de Luján.

Notas:
(1) Cea. “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad. 2010-2016”, n°35.
(2) Cea. “Afrontar con grandeza nuestra situación actual”, n°11.
(3) Salmo 28 (27) 8-9.

miércoles, 10 de marzo de 2010

CATEQUESIS PAPA: "La Iglesia, es siempre Iglesia de pecadores y siempre lugar de gracia"

CIUDAD DEL VATICANO, 10 MAR 2010 (Vatican Information Service).-En la audiencia general de este miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI, el Papa habló de la obra literaria y de la doctrina de San Buenaventura de Bagnoregio. San Buenaventura "interpretó auténtica y fielmente la figura de San Francisco de Asís", dijo el Santo Padre. Reaccionó frente a la corriente espiritualista de la Orden Franciscana, que se apoyaba en las ideas del Abad Joaquín de Fiore. Este grupo sostenía que "con San Francisco se había inaugurado la fase final de la historia" y que había que esperar la nueva Iglesia del Espíritu Santo, "ya no ligada a las antiguas estructuras de la Iglesia jerárquica".

Este problema, lo afronta Buenaventura en su última obra: Hexaëmeron. El santo afirma que "Dios es uno para toda la historia; (...) la historia es única, aunque es un camino; un camino de progreso. Jesucristo es la última palabra de Dios, (...) y no hay otro Evangelio, no hay que esperar otra Iglesia. Por eso, también la Orden Franciscana se debe insertar en esta Iglesia, en su fe, en su ordenamiento jerárquico".

"Esto no significa -continuó Benedicto XVI- que la Iglesia sea inmóvil, fija en el pasado y no pueda haber novedad en ella". San Buenaventura, con la expresión "las obras de Cristo no cesan, sino que progresan", (...) formula explícitamente la idea del progreso" y tiene la seguridad de que "la riqueza de la Palabra de Cristo es inagotable y que también en las nuevas generaciones pueden aparecer nuevas luces. La unicidad de Cristo garantiza también novedad y renovación en el futuro".

El Papa subrayó que "también hoy existen visiones según las cuales toda la historia de la Iglesia en el segundo milenio sería un declive permanente. Algunos ven el declive ya justo después del Nuevo Testamento. (...) ¿Qué sería de la Iglesia -preguntó- sin la nueva espiritualidad de los cistercienses, franciscanos y dominicos, sin la espiritualidad de santa Teresa de Ávila y de san Juan de la Cruz?". San Buenaventura "nos enseña la apertura a los nuevos carismas dados por Cristo, en el Espíritu Santo, a su Iglesia".

"Después del Concilio Vaticano II algunos estaban convencidos de que todo es nuevo, de que existe otra Iglesia, que la Iglesia pre-conciliar había terminado, y que habría otra, totalmente diversa, un utopismo anárquico. Pero gracias a Dios, los timoneles sabios de la barca de Cristo, los Papas Pablo VI y Juan Pablo II, defendieron por un lado la novedad del Concilio, y al mismo tiempo, la unicidad y la continuidad de la Iglesia, que es siempre Iglesia de pecadores y siempre lugar de gracia".

Comentando al final algunos de los escritos teológicos místicos del santo, "que son el alma de su gobierno", el pontífice dijo que su obra más importante es: el "Itinerarium mentis in Deum" ("El itinerario del alma hacia Dios"), en la que indica que el conocimiento de Dios es un camino que tiene varias etapas, y que culmina "en la unión plena con la Trinidad por medio de Cristo, a imitación de Francisco de Asís".

Antes de la audiencia, el Papa saludó en la basílica de San Pedro a una peregrinación promovida por la Fundación Don Carlo Gnocchi, "esta figura luminosa del clero milanés", que fue beatificado en octubre de 2009. Refiriéndose a la "extraordinaria actividad" que realizan en favor de "los niños en dificultad, los discapacitados, ancianos, enfermos terminales y en el vasto ámbito asistencial y sanitario", el Santo Padre dijo que "mediante los proyectos de solidaridad", se esforzaban por "proseguir la benemérita obra iniciada por el beato Carlo Gnocchi".

"En este Año sacerdotal -concluyó el Papa-, la Iglesia ve en el beato un modelo de imitación. Su ejemplo brillante sostenga el compromiso de los que se dedican al servicio de los más débiles y suscite en los sacerdotes el vivo deseo de volver a descubrir y fortalecer la conciencia del don extraordinario de gracia que representa el ministerio ordenado para quien lo ha recibido, para la Iglesia entera y para el mundo".

martes, 9 de marzo de 2010

ACTUALIDAD: Con Cáritas ayudamos a los damnificados por el megaterremoto en Chile

Queridos amigos y hermanos del Blog: quisiera compartirles y hacer mías también, las palabras que el papa Benedicto XVI expresó manifestando su cercanía espiritual a las personas que están sufriendo a causa del devastador terremoto que sacudió a Chile la madrugada del sábado 27, a las 3.36 AM. Un terremoto de 8,8 grados en la escala de Richter que sacudió a más de siete regiones en el país, desatando la peor catástrofe de los últimos 50 años. Millones de personas damnificadas, más de 500 mil viviendas con daños severos y centenares de muertos y desaparecidos es el saldo de un desastre que golpeó con fuerza.

"Dirijo mi pensamiento a Chile y a las poblaciones afectadas por el terremoto, que ha causado numerosas pérdidas en vidas humanas e ingentes daños", señaló el Pontífice. "Rezo por las víctimas y estoy espiritualmente cercano a las personas probadas por esta calamidad tan grave; para ellas imploro de Dios alivio en el sufrimiento y coraje en esta adversidad"; prosiguió el Pontífice. "Estoy seguro de que no va a faltar la solidaridad de muchos, en particular de las organizaciones eclesiales", destacó.

Por esto quiero invitarlos, como un tiempo atrás lo hice en referencia a Haití, a ser generosos, muy generosos, en la medida de lo posible para ayudar a quienes tanto hoy nos necesitan. Y les propongo hacerlo a través de dos instituciones de probada eficacia y honestidad: Caritas Chile y Caritas Argentina.

Desde ya bendigo vuestra generosidad y compromiso.
Padre José Medina.

Cáritas Chile

El presidente de la Conferencia Episcopal Chilena, monseñor Alejandro Goic, recordó que la Iglesia canaliza la ayuda solidaria a las familias afectadas por el terremoto en ese país a través de Cáritas, su organismo especializado en emergencias.

Para esto se habilitó la Cuenta Corriente 1009, del Banco Santander, para depósitos y transferencias electrónicas, a nombre de CARITAS CHILE, RUT 70.020.800-1, correo electrónico: caritas@caritaschile.org. Un número de cuenta del mismo banco que se utilizaba con anterioridad sigue operativo y suma sus recursos a esta campaña.

Asimismo, se informó que en Santiago y en otras diócesis que están en condiciones de hacerlo, se reciben alimentos no perecederos: harina, arroz, fideos, leche en polvo, azúcar y aceite. Las personas que desean hacer estos aportes pueden dirigirse a sus parroquias o a los diversos puntos de la capital que se informan en http://www.iglesia.cl/.

Considerando la gravedad de esta situación, el Episcopado chileno dispuso además que se destine el 90% de los fondos de la Campaña Cuaresma de Fraternidad para ayudar a las familias damnificadas. Esta campaña estaba originalmente destinada a proyectos en beneficio de jóvenes en riesgo social, grupos vulnerables que se apoyarán a partir de otras diversas vías.

Cáritas Argentina

Cáritas Argentina anunció que buscará coordinar, junto a su par chilena, la ayuda solidaria a favor de Chile, al manifestarse unida al "profundo dolor" que vive el pueblo trasandino por el fortísimo terremoto que sacudió este fin de semana al país vecino.

"Durante estos días nos comunicamos con Cáritas Chile para brindarles nuestra cercanía y ponernos a disposición para colaborar en lo que necesiten, confiando que Jesús transforme nuestra solidaridad en signo de esperanza y de presencia amorosa en medio de tanto sufrimiento", dijo el obispo argentino Fernando Bargalló, titular del organismo caritativo de la Iglesia. Asimismo, informó que Cáritas Chile "está trabajando en coordinación con organismos gubernamentales y de la sociedad civil, e inició una campaña de donación de fondos y de alimentos no perecederos, destinados a las comunidades más impactadas".

"La magnitud y profundidad de la catástrofe, que ha afectado más gravemente a las regiones con mayores índices de pobreza del país, ciertamente requerirá del apoyo de la familia de la Cáritas Regional e Internacional", reconoció Lorenzo Figueroa, director de Cáritas Chile. Ante esta situación y "asumiendo que la donación en dinero facilita el acceso y administración de los fondos desde el mismo lugar donde se realiza la asistencia", Cáritas Argentina habilitó una cuenta bancaria destinada especialmente para este fin.

Se trata de la Cuenta corriente Banco Nación N 38632/92, sucursal Plaza de Mayo 0085, CBU 01105995-20000038632921, a nombre de Cáritas Argentina, CUIT 30-51731290-4.

Cáritas Argentina especificó además que acordó con su par chilena no enviar de momento donaciones en especie, para "direccionar la ayuda a las necesidades reales de la población".

lunes, 8 de marzo de 2010

ACTUALIDAD: Día Internacional de la Mujer

Queridos amigos y hermanos del Blog: hoy 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer, y que buena oportunidad para volver a ellas nuestra mirada, especialmente sobre el papel de la mujer no sólo en la sociedad, sino también en su misión dentro del designio de Dios.

Ciertamente es un papel cuyo reconocimiento ha encontrado serios obstáculos en la historia. Somos por desgracia herederos de una historia de enormes condicionamientos que han hecho difícil el camino de las mujeres, a veces no apreciada en su dignidad, tergiversada en sus prerrogativas, y no pocas veces marginada. Pero lo que es más triste es que todavía hoy no podemos decir que plenamente esta resistencia haya sido superada.

Por esta razón esta celebración es una buena ocasión para hacer un reclamo en favor de la mujer que todavía en muchos lugares se ve despreciada, humillada, relegada. Y qué decir de los obstáculos que, en tantas partes del mundo, todavía impiden a las mujeres la plena inserción en la vida social, política y económica. A tal propósito, y recordando la Declaración Universal de los Derechos Humanos, deseo hacer un llamamiento en favor de las mujeres a las que todavía hoy se les niega los derechos fundamentales en los regímenes políticos de sus países: mujeres segregadas, a las cuales está prohibido estudiar, ejercitar una profesión, e incluso manifestar en público su propio pensamiento.

Cuántas mujeres han sido y son todavía valoradas más por el aspecto físico que por sus cualidades personales, la competencia profesional, las obras de inteligencia, la riqueza de su sensibilidad y en definitiva por la dignidad misma de su ser.

Es necesario alcanzar en nuestro mundo el pleno reconocimiento de la igualdad de la mujer, pero igualdad que debe ir aunada con un saber valorar adecuadamente las peculiares dotes con las cuales Dios quiso crearla. De tal manera que, como nos enseña la doctrina católica: Mujer y hombre son entre sí complementarios; se integran no sólo en sentido físico y psíquico, a nivel del obrar, sino incluso más profundamente a nivel del ser.

El Papa Pío XII decía: “la esposa y la madre es el sol de la familia. Es el sol con su generosidad y abnegación, con su constante prontitud, con su delicadeza vigilante y previsora en todo cuanto puede alegrar la vida a su marido y a sus hijos. Ella difunde en torno de sí luz y calor; y, si suele decirse de un matrimonio que es feliz cuando cada uno de los cónyuges, al contraerlo, se consagra a hacer feliz, no a sí mismo, sino al otro, este noble sentimiento e intención, aunque les obligue a ambos, es sin embargo virtud principal de la mujer, que le nace con las palpitaciones de madre y con la madurez del corazón; madurez que, si recibe amarguras, no quiere dar sino alegrías; si recibe humillaciones, no quiere devolver sino dignidad y respeto, semejante al sol que con sus albores alegra la nebulosa mañana, y dora las nubes con los rayos de su ocaso.”

Demos gracias a Dios por la mujer que es hija, especialmente cuando desde niña llena de alegría el hogar con su candor, su sonrisa, su servicialidad y esa femineidad que va brotando al estar atenta a muchos detalles que el varón con frecuencia descuida.

Demos gracias a Dios por la mujer que es esposa, compañera fiel y apoyo del marido.

Demos gracias a Dios por la mujer que es madre, abnegada y solícita, con un corazón grande para amar a todos y cada uno en la familia.

Los invito a agradecer a Dios por las mujeres que con su ternura y dedicación le han ayudado a crecer y madurar en la vida.

Pidamos a Dios por la mujer que ha sufrido marginación, maltrato, violación; por la que experimenta la tentación de suprimir la vida humana que ha empezado a crecer en su vientre; por la que se ha visto forzada a asumir la misión de madre-padre debido a la ausencia parcial o total del padre de sus hijos.

Pidamos a la Santísima Virgen, modelo de mujer realizada, su intercesión para todas las mujeres del mundo en su día: “María, modelo de mujer realizada, ayuda a todos, y en primer lugar a cada mujer, a comprender su ser y misión en nuestro mundo, no sólo para dar actuación a un preciso diseño de Dios, sino también para hacer más espacio a la mujer en los diversos ámbitos de la vida social. María, presenta al Señor las esperanzas y las oraciones, el empeño y los sufrimientos de todas las mujeres del mundo y a todos, hombres y mujeres, y muestra tu materna cercanía en el camino de la vida”.

Con mi bendición para todas las mujeres en su día.
Padre José Medina