viernes, 30 de abril de 2010

ACTUALIDAD: Los católicos del mundo aumentaron más de 11 por ciento en los últimos ocho años


ESTADÍSTICAS OFICIALES DEL VATICANO

2000 - 2008

Los católicos del mundo aumentaron más de 11 por ciento en los últimos ocho años, sumando 1.166 millones. El incremento más notable fue en Africa con un 33,02% y un poco menos América con el 10,93%. En Europa la situación se mantuvo estable, y también crecieron los fieles en Asia y Oceanía, según las estadísticas oficiales del Anuario Pontificio de la Iglesia católica divulgadas este martes por el Vaticano.

La presencia de católicos en el mundo pasó en ocho años de 1.045.056 en el 2000 a 1.166 millones en 2008, con una variación relativa del +11,54%.

Leyendo los datos de forma diferenciada se observa que en Africa se registró un incremento del 33,02%, y los católicos pasaron de ser 130.000.0000 en el 2000 a 173.000.000 en el 2008. En América el incremento fue en cambio del 10,93 por lo que se pasó de 519.000.000 a 576.000.000 en el lapso de tiempo estudiado.

En Europa la situación se mantuvo sustancialmente estable (+ 1,17%); en Asia el incremento fue de 15,61% y en Oceanía del 11,39.

Creció el número de obispos y sacerdotes

Los prelados crecieron un 10,15% en todo el mundo, siendo hoy América el que más tiene. Menor fue el aumento de sacerdotes (un 0,98% más), que disminuyeron en Europa. El número de obispos y sacerdotes católicos aumentó en el mundo entre el 2000 y el 2008, según el Anuario Estadístico de la Iglesia del 2008, presentado por la Libreria Editrice Vaticana.

El número de obispos aumentó en el periodo tomado en consideración en el 10,15 por ciento al pasar de 4.541 a 5.002, distribuidos de este modo: 1.876 en América, 1.587 en Europa, 740 en Asia, 669 en África y 130 en Oceanía.

Si bien el número de sacerdotes aumentó en el mundo en el 0,98 por ciento durante el período tomado en consideración, al pasar de 400.178 a 309.166, en Europa disminuyó en el 7,6 por ciento, al pasar de 208.659 a 192.729.

jueves, 29 de abril de 2010

CATEQUESIS PAPA: "El sacerdote debe vivir una vida coherente con el sacramento recibido"

CIUDAD DEL VATICANO, 28 ABR 2010 (VIS).-Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles a dos sacerdotes italianos: San Leonardo Murialdo (1828-1900) y San José Benito Cottolengo (1786-1842), "ejemplares en su entrega a Dios y en el testimonio de la caridad, vivida en la Iglesia y para la Iglesia, con los más necesitados".

San Leonardo Murialdo, tras superar en su juventud una profunda crisis espiritual, se hizo sacerdote en la Turín de San Juan Bosco, que lo apreciaba mucho y gracias a él, entró en contacto con "los graves problemas de las clases más pobres, (...) desarrollando una profunda sensibilidad social, educativa y apostólica, que lo llevó a dedicarse a una variedad de iniciativas para los jóvenes", explicó el Papa.

"En 1873 fundó la Congregación de San José, cuyo fin apostólico fue desde el principio, la formación de los jóvenes, especialmente los más pobres y abandonados", agregó el Santo Padre, haciendo hincapié en que "el núcleo de la espiritualidad de Murialdo es la convicción del amor misericordioso de Dios: un Padre siempre bueno, paciente y generoso, que revela la grandeza y la inmensidad de su misericordia a través del perdón".

San Leonardo, "subrayando la grandeza de la misión del sacerdote", que "debe continuar la obra de la redención, (...) recordaba siempre tanto a sí mismo como a sus hermanos, la responsabilidad de una vida coherente con el sacramento recibido".

Ese mismo "espíritu de caridad" distingue la vida y la obra de San José Benito Cottolengo, fundador de la obra "La Pequeña Casa de la Divina Providencia", también llamada "Cottolengo". El santo, ya desde muy joven, "mostró gran sensibilidad hacia los pobres"; después de años de ministerio sacerdotal fructuoso, el encuentro con una joven enferma, madre de cinco hijos y a la que tuvo que asistir en la muerte, cambió su vida.

"El Señor siempre pone señales en nuestro camino para guiarnos, conforme a su voluntad, a nuestro verdadero bien", observó el pontífice. Desde aquel momento, San José "utilizó todas sus capacidades (...) para dar vida a iniciativas de ayuda a los más necesitados, sabiendo involucrar en su empresa a decenas de colaboradores y voluntarios (...) para afrontar juntos y superar las dificultades que se presentaban. (...) Todo el mundo en la Pequeña Casa de la Divina Providencia tenía una tarea específica. (...) Sanos y enfermos compartían las tareas diarias. Incluso la vida religiosa se organizaba de acuerdo con las necesidades y exigencias particulares".

"Para los pobres y necesitados, San José fue siempre, como él mismo se definía, "el albañil de la Divina Providencia", recordó Benedicto XVI. "Estos dos sacerdotes santos -concluyó el Papa- vivieron su ministerio en la entrega total de su vida a los más pobres, a los más necesitados, a los últimos, encontrando siempre la raíz profunda, la fuente inagotable de su acción en su relación con Dios, buscando en su amor la profunda convicción de que no es posible ejercer la caridad sin vivir en Cristo y en la Iglesia. ¡Que su intercesión y su ejemplo sigan iluminando el ministerio de los muchos sacerdotes que se entregan generosamente a Dios y al rebaño que les han confiado, y nos ayuden a todos a entregarnos con alegría y generosidad a Dios y al prójimo!".

Entre sus saludos al final de la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa recordó que el sábado 1 de mayo, es la fiesta de San José obrero, "custodio de la Sagrada Familia y patrono de las personas que con su propio trabajo conquistan los medios para vivir".

"Que esta jornada sea una ocasión para profundizar en la reflexión sobre el sentido del trabajo y sobre su papel adecuado en la vida de las familias. Confío a los aquí presentes y a todos los trabajadores a la protección de San José".

martes, 27 de abril de 2010

ACTUALIDAD: Los Obispos Argentinos manifiestan su pleno apoyo al Santo Padre Benedicto XVI

Queridos amigos y hermanos del blog: La Conferencia Episcopal Argentina en el desarrollo de la 99ª Asamblea Plenaria, que se llevó a cabo durante la semana pasada, manifestaron su adhesión al Papa Benedicto XVI, con motivo del quinto aniversario de inicio de su pontificado, que ha celebrado, y también se solidarizaron con la persona del Santo Padre, ante los ataques que recibe por los casos de abusos sexuales cometidos en la Iglesia por algunos miembros del clero.

Esta es la segunda carta de apoyo al Papa, la primera fue cursada el 9 de abril, y en ella reiteran su adhesión, aliento y solidaridad en estos momentos. En la primera misiva, los prelados argentinos agradecieron en su carta a los fieles de la Iglesia en Irlanda, en la que muestra “su firmeza y decisión” para tratar el tema abusos. La Iglesia reiteró, en la nueva comunicación, "apoyo", "aliento" y "solidaridad" al Papa en estos momentos de fuerte polémica por la pederastia que ya obligó a renunciar a varios obispos del mundo acusados de cometer o de encubrir casos de abusos.

El Episcopado difundió conceptos y no el texto completo de la carta al Papa, al explicar que su contenido es “prerrogativa de quien lo recibe”. En este caso, Benedicto XVI. También le expresaron que el pueblo argentino reza por su pontificado.

Los Obispos Argentinos, en el Año Sacerdotal, también agradecen la iniciativa de Su Santidad porque permitió revalorizar “el don incomparable del sacerdocio, que al decir del Apóstol es un tesoro que llevamos en vasija de barro”. Los obispos, encabezados por el primado argentino cardenal Jorge Bergoglio, hacen memoria además “de tantos sacerdotes santos que han marcado el camino de la Iglesia, muchos de ellos desconocidos, pero gratos a los ojos de Dios que ve en lo escondido”.

Asimismo, los pastores expresan: “Nos sentimos interpelados a crecer en fidelidad al los dones recibidos, y al compromiso de ser ejemplo de vida evangélica en medio del pueblo de Dios”. Finalmente, el Episcopado le hacen llegar al Santo Padre "sus saludos de hijos y hermanos, y el del pueblo argentino, y confía su persona a la Virgen María".

En este mismo contexto cabe recordar una carta publicada por el diario la Nación -de Buenos Aires- del Obispo Auxiliar de La Plata, Mons. Antonio Marino, quien respondió enérgicamente al ex sacerdote Leonardo Boff, y criticó que para el teólogo brasileño, el Papa Benedicto XVI no debería hablar de la fe, sino que debería limitarse a hablar del calentamiento global.

En su carta, Mons. Marino señaló que Boff "trata al Papa de fundamentalista por la centralidad otorgada a Cristo hasta en los asuntos sociales, lo cual dificultaría el diálogo interreligioso. ¿A qué nos invita Boff? Ni más ni menos que a cambiar de religión. En efecto, un Espíritu sin referencia a Cristo ni a su Iglesia estaría en el centro de la fe, suscitando verdad, justicia y amor. Por eso, se da una definición verdaderamente novedosa de la misión de la Iglesia. Esta no consistiría en el anuncio explícito de Cristo como camino, verdad y vida, sino que ‘lo que hace falta es un consenso ético, y una apertura a la trascendencia, dejando abierta la definición del contenido, como sucede en los Estados modernos’", explica el Prelado.

El Obispo resume así la posición de Boff: "¡prohibido al Papa y a los cristianos expresar sus convicciones! ¿Y el mandato de Cristo? La tarea de los misioneros debe consistir en rescatar las religiones ancestrales de nuestros pueblos". Y el Auxiliar de La Plata pregunta irónicamente: "¿También los sacrificios humanos?" "Boff -sigue la carta de Mons. Marino- aplica a los mensajes del Papa la categoría de ‘razón indolente’ al tratar temas tan ‘antipáticos e irrelevantes’ como la familia, la homosexualidad, etcétera, ‘como si no hubiera temas más apremiantes’. ¿De qué debe hablar el Papa? De los ‘nuevos temas centrales’, como el calentamiento global y el futuro de la Tierra y de la humanidad".

"Digamos también que, tras haber visto al Papa y leído y escuchado sus discursos, resulta increíble que Boff lo acuse de no exhortar al compromiso ético ni a la transformación social", concluye el Obispo.

Con mi bendición.
Padre José Medina

domingo, 25 de abril de 2010

SACERDOCIO: Oración a la Santísima Virgen María por las Vocaciones Sacerdotales

Oración a la Santísima Virgen María
por las Vocaciones Sacerdotales

Virgen María, humilde hija del Altísimo,
en ti se ha cumplido de modo admirable
el misterio de la llamada divina.
Tú eres la imagen de lo que Dios realiza
en quien se entrega a él;
en ti la libertad del Creador
ha exaltado la libertad de la criatura.

Aquel que se encarnó en tu seno
es el Sumo y Eterno Sacerdote que ha reunido
en un solo querer la libertad salvífica de Dios
y la adhesión obediente del hombre.
Gracias a ti, la llamada de Dios
se une definitivamente
con la respuesta del hombre-Dios.

Tú, primicia de una vida nueva,
conserva en todos los sacerdotes
el «sí» generoso del gozo y del amor.
Santa María, Madre de todos los llamados,
haz que los jóvenes tengan la fuerza de responder
con generosidad y valentía al llamamiento divino,
a ser, como Cristo, sacerdotes para siempre
y sean testigos gozosos del amor a Dios y al prójimo.

Joven hija de Sión, Estrella de la mañana,
que guías los pasos de la humanidad,
orienta a la juventud hacia Cristo, Buen Pastor,
«la luz verdadera que ilumina a todo hombre» (Jn 1, 9).
Amén.

miércoles, 21 de abril de 2010

CATEQUESIS PAPA: El Santo Padre rememora su reciente viaje a Malta

CIUDAD DEL VATICANO, 21 ABR 2010 (VIS).-En la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa rememoró su reciente viaje apostólico a Malta, el sábado y domingo pasados, "con motivo del 1950 aniversario del naufragio del apóstol Pablo en las costas del archipiélago maltés y de su permanencia en las islas durante unos tres meses". "La historia de esta nación desde casi dos mil años -dijo- es inseparable de la fe católica, que caracteriza su cultura y sus tradiciones: se dice que en Malta hay 365 iglesias, "una para cada día del año", ¡un signo visible de esta fe profunda!".

Tras recordar que en la "Gruta de San Pablo", en Rabat, participó en un "momento intenso de oración", el Santo Padre subrayó que "desde la sucesiva permanencia de Pablo en Malta a causa del naufragio, nació una comunidad cristiana ferviente y sólida, que después de dos mil años sigue siendo fiel al Evangelio y se esfuerza por conjugarlo con los complejos problemas de nuestro tiempo. Esto, naturalmente, no es siempre fácil ni evidente, pero los ciudadanos de Malta saben encontrar en la visión cristiana de la vida las respuestas a los nuevos desafíos. Un signo de ello es, por ejemplo, el hecho de haber mantenido sólido el profundo respeto por la vida naciente y por la santidad del matrimonio, decidiendo no introducir el aborto y el divorcio en el ordenamiento jurídico del país".

Benedicto XVI señaló que después de la celebración eucarística ante la Iglesia de San Publio, donde los fieles "participaron con gran fervor", quiso encontrar "a algunas personas víctimas de abusos por parte de sacerdotes. Compartí con ellos el sufrimiento y conmovido, recé con ellos, asegurando la acción de la Iglesia". Malta, continuó, "debido a su ubicación geográfica, no es una sociedad "aislada" del mundo", ya que "mantiene contactos con varios países y además, en muchas naciones hay sacerdotes malteses".

"La posición estratégica del pequeño archipiélago atraía obviamente la atención de las diversas potencias políticas y militares. Sin embargo, la vocación más profunda de Malta es la cristiana, es decir, ¡la vocación universal de la paz! La famosa cruz de Malta (...) nunca ha perdido su significado auténtico y perenne: ¡es el signo del amor y de la reconciliación y esta es la verdadera vocación de los pueblos que acogen y abrazan el mensaje cristiano!". El Papa puso de relieve que Malta es "el centro de las rutas de la emigración", lo cual conlleva "problemas complejos en ámbito humanitario, político y jurídico que no tienen soluciones fáciles, pero que hay que buscar con perseverancia y tenacidad a través de la acción concertada a nivel internacional. Así se debe hacer en todas las naciones cuyos valores cristianos se hallan en las raíces de sus Cartas Constitucionales y de sus culturas".

El último acto de su viaje apostólico fue el encuentro con los jóvenes en el puerto de La Valletta. A los chicos y chicas presentes "recordé -dijo- la experiencia juvenil de San Pablo: una experiencia extraordinaria, única, y sin embargo capaz de hablar a las nuevas generaciones de todas las épocas, por la transformación radical seguida al encuentro con Cristo resucitado. Vi en los jóvenes de Malta a posibles herederos de la aventura espiritual de San Pablo, llamados a descubrir como él la belleza del amor de Dios, que se nos ha dado en Jesucristo; a abrazar el misterio de su Cruz; a vencer en las pruebas y tribulaciones, a no tener miedo de las "tormentas" de la vida, y ni siquiera de los naufragios, porque el proyecto de amor de Dios es mayor que las tempestades y los naufragios".

Benedicto XVI concluyó pidiendo que "por intercesión del apóstol Pablo, de san Giorgio Preca, sacerdote, primer santo maltés, y de la Virgen María, que los fieles de Malta y Gozo veneran con tanta devoción, progresen siempre en la paz y en la prosperidad".

Al final de la catequesis, el Santo Padre saludó entre otros grupos a los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, acompañados por el cardenal vicario Agostino Vallini y por los obispos auxiliares, que regresaban de una peregrinación a Ars (Francia) con motivo del Año Sacerdotal. "Agradezco vuestra presencia, que es un signo de afecto y cercanía espiritual -dijo el Papa- y aprovecho esta oportunidad para expresar mi estima y reconocimiento tanto a vosotros como a los sacerdotes que en todo el mundo se dedican con entrega apostólica al servicio del Pueblo de Dios, dando testimonio de la caridad de Cristo. Siguiendo el ejemplo de San Juan María Vianney, sed pastores pacientes y solícitos del bien de las almas".

Benedicto XVI recordó también que el próximo domingo, cuarto del tiempo de Pascua, se celebra la Jornada de Oración por las Vocaciones, y dirigiéndose a los enfermos les invitó a "ofrecer sus sufrimientos para que maduren vocaciones numerosas y santas".

lunes, 19 de abril de 2010

ACTUALIDAD: ¡Felicidades Santo Padre por el Quinto Aniversario de Vuestro Pontificado!

CIUDAD DEL VATICANO, 19 ABR 2010 (VIS).-Benedicto XVI celebra hoy el quinto aniversario de su elección al pontificado, ocurrido el 19 abril de 2005. El cardenal Joseph Ratzinger, que sucedió al Papa Juan Pablo II, es el 264 sucesor de San Pedro.

El cónclave que llevó a la elección de Benedicto XVI comenzó el lunes, 18 de abril de 2005, en la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico Vaticano, con el "extra omnes" intimado a las 17.25 por el maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, el arzobispo Piero Marini, tras el juramento de los 115 cardenales electores. La primera fumata negra apareció a las 20,04 del mismo día. El martes, 19 de abril, la fumata negra fue a las 11,52 . La fumata blanca apareció a las 17,50 de ese día.

A las 18,48, el Santo Padre Benedicto XVI, precedido por la Cruz, se asomó a la loggia exterior de la basílica para saludar a la multitud e impartir la bendición apostólica "Urbi et Orbi" (a la ciudad y al mundo).

Antes de la bendición, el nuevo pontífice dirigió estas palabras a los fieles: "Queridos hermanos y hermanas: Después del gran Papa Juan Pablo II, los cardenales me han elegido a mí, un sencillo y humilde obrero de la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes y sobre todo me confío a vuestras oraciones. En la alegría del Señor Resucitado, confiados en su ayuda permanente, prosigamos. El Señor nos ayudará y María, su Madre Santísima, estará a nuestro lado. Gracias".

Benedicto XVI celebró su primera misa como pontífice el 24 de abril de 2005 en la Plaza de San Pedro, ante medio millón de personas. Concelebraron 150 cardenales.

En su primera homilía, el Papa dijo: "Una de las características fundamentales del pastor debe ser amar a los hombres que le han sido confiados, tal como ama Cristo, a cuyo servicio está. "Apacienta mis ovejas", dice Cristo a Pedro, y también a mí, en este momento. Apacentar quiere decir amar, y amar quiere decir también estar dispuestos a sufrir. Amar significa dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia, que él nos da en el Santísimo Sacramento".

"Queridos amigos, en este momento sólo puedo decir: rogad por mí para que aprenda a amar cada vez más al Señor. Rogad por mí para que aprenda a querer cada vez más a su rebaño, a vosotros, a la Santa Iglesia, a cada uno de vosotros, tanto personal como comunitariamente. Rogad por mí para que, por miedo, no huya ante los lobos. Roguemos unos por otros para que sea el Señor quien nos lleve y nosotros aprendamos a llevarnos unos a otros".

En estos cinco años de pontificado Benedicto XVI ha publicado tres encíclicas: "Deus caritas est" (25 de diciembre 2005), "Spe salvi" (27 noviembre 2007) y "Caritas in veritate" (30 junio 2009); una exhortación apostólica sobre la Eucaristía; la constitución apostólica "Anglicanorum coetibus", nueve motu proprio, el libro "Jesús de Nazaret" y cientos de textos entre discursos, homilías, cartas y mensajes. Ha efectuado 14 viajes apostólicos internacionales y 16 visitas pastorales en Italia. Entre los acontecimientos más significativos de su pontificado se encuentran la visita ad Auschwitz (2006), a la Mezquita Azul en Turquía (2006), el discurso ante las Naciones Unidas (2008) y la visita a la sinagoga de Roma (2010). Ha convocado dos Sínodos, el primero sobre la Palabra de Dios (2008), el segundo sobre África (2009), mientras el tercero dedicado a Oriente Medio se celebrará este año.

Hoy, los cardenales ofrecerán al Papa un almuerzo en la Sala Ducal del Palacio Apostólico para celebrar el quinto aniversario de su elección.

sábado, 17 de abril de 2010

ACTUALIDAD: La campaña contra la Iglesia Católica te incumbe: ¡Apoya al Papa con tu mensaje!

La Iglesia Católica sufre una campaña desatada e insidiosa para laminar la liberadora influencia de su mensaje en el mundo. La persecución te incumbe, tanto si eres o no creyente.



REDACCIÓN HO (http://www.hazteoir.org/ ).- La campaña de insidias contra el Papa Benedicto XVI, cabeza de la Iglesia Católica, va a más. Se perfila con claridad que el verdadero objetivo no es conocer y resarcir los casos de pederastía, excepcionales en una comunidad humana formada por decenas de miles de sacerdotes y religiosos en todo el mundo. El Papa no ha podido ser más contundente, expresando públicamente su vergüenza por los casos conocidos en Irlanda, y poniéndose, en una histórica carta a los católicos irlandeses, al frente de la exigencia de que los culpables respondan “ante Dios y ante los tribunales”.

Con el paso de las horas, se comprueba que tras las informaciones sobre casos aislados de abusos a menores hay toda una campaña de acoso y derribo a la Iglesia Católica.

El problema es la Iglesia en sí, su mensaje liberador, su compromiso con la dignidad del ser humano, su esclarecimiento de la verdad integral del Hombre. Demasiado escandaloso, demasiado obstáculo para las tendencias políticas hoy marcadas desde los puestos dirigentes de la sociedad: eugenesia, aborto, eutanasia, laicismo, destrucción concienzuda de la familia, adoctrinamiento de los menores en la ideología de género o en el culto al Estado como supremo proveedor de la felicidad humana,…

El ataque a la Iglesia Católica no incumbe sólo a los creyentes. Su objetivo es derribar una de las últimas resistencias a la cultura de la esclavitud y de la muerte que pretenden imponer gobiernos de todo signo.

La Historia enseña, de manera inequívoca, que es un objetivo destinado al fracaso. Otras épocas de la Humanidad han conocido persecuciones más sañudas contra los católicos, que han sobrevivido a todas desde su renovada fidelidad al Evangelio y a la comunidad fundada por Pedro en Roma, hace más de 2.000 años. El problema no es, por lo tanto, la destrucción del catolicismo (al fin y al cabo, resistente desde su cuna en el Imperio Romano), sino el avance en la destrucción de lo humano por medio de políticas cada vez más agresivas con la dignidad y la libertad.

Por eso, esta campaña te incumbe directamente.

Si estás por la integridad del hombre frente al troceamiento relativista; por su autonomía frente a la dependencia que los políticos cultivan y decretan; por la libertad religiosa y de conciencia frente al intervencionismo cada vez más asfixiante de los gobiernos; por educar a tus hijos frente al adoctrinamiento ideológico; por el derecho a la vida frente a la cultura de la muerte; por el saber racional y la Verdad entera de lo humano frente a la propaganda laicista,... Si crees que la Iglesia Católica aporta al mundo un modelo de hombre más digno, esperanzado y libre, entonces, envía tu mensaje de apoyo al Papa Benedicto XVI frente a los injustos ataques de los que está siendo objeto, como cabeza de la comunidad católica.

Te proponemos un modelo de mensaje que puedes asumir, tanto si eres creyente como si no lo eres. Es el siguiente:

Su Santidad:
Le ruego que, frente a la campaña de insidias de la que está siendo objeto, acepte mi testimonio de apoyo personal y mi reconocimiento de la indispensable contribución histórica y actual de la Iglesia Católica a la integridad del ser humano.

También te invitamos a que añadas tu propio mensaje de apoyo al Papa, en el formulario que encontrarás pinchando al pie de este texto. Podrás incluir, si lo deseas, una referencia más explícita a tu pertenencia a la familia cristiana. Tu testimonio llegará directamente al buzón de correo electrónico de El Vaticano donde se reciben los mensajes dirigidos al Papa.

•Pincha aquí para enviar tu mensaje
de apoyo al Papa Benedicto XVI:

miércoles, 14 de abril de 2010

CATEQUESIS PAPA: "El pueblo debe reconocer en el sacerdote la voz del Buen Pastor"


CIUDAD DEL VATICANO, 14 ABR 2010 (VIS).-El Ministerio Ordenado fue de nuevo el tema de la catequesis de Benedicto XVI en la audiencia general de los miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro y en la que participaron 16.000 personas. El Papa reflexionó en particular sobre "la realidad fecunda de la configuración del sacerdote con Cristo, en el ejercicio de los "tria munera" que recibe, es decir, las tres funciones de enseñar, santificar y gobernar".

Pero para entender lo que significa actuar "in persona Christi capitis", es decir, en persona de Cristo Cabeza y las consecuencias del deber del sacerdote de representar al Señor, es necesario comprender -dijo el Santo Padre- que el presbítero representa a Jesús, que "nunca está ausente en la Iglesia". "Por lo tanto, el sacerdote (...) nunca actúa en nombre de un ausente, sino en la persona de Cristo resucitado" y "las tres tareas de enseñar, santificar y gobernar son (...) una especificación clara de esa representación efectiva, porque en realidad son las tres acciones del mismo Resucitado que hoy en la Iglesia enseña, (...) santifica y guía".

Refiriéndose a la prima tarea, el "munus docendi", es decir, la enseñanza, el pontífice afirmó que el sacerdote "enseña en nombre de Cristo presente, propone la Verdad que es Cristo. Para el sacerdote es válido lo que Cristo dijo de sí mismo: mi doctrina no es mía. (...) Es la voz y la palabra del Padre. Así debe actuar el sacerdote: no propago mis ideas (...) sino que soy boca y corazón de Cristo y presento esta doctrina única que ha informado la Iglesia Universal y da la vida eterna ".

"La enseñanza que estamos llamados a ofrecer, las verdades de la fe que debemos comunicar, deben ser interiorizadas y vividas en un intenso camino espiritual", subrayó el Papa, recordando que "no pocas veces la del sacerdote puede parecer una voz que clama en el desierto". Pero "en esto consiste su fuerza profética: la de no homologarse ni ser homologable a cualquier cultura o mentalidad dominante, sino la de mostrar la única novedad capaz de renovar profunda y auténticamente al ser humano, es decir que Cristo es el Viviente, es el Dios cercano, el Dios que obra en y por la vida del mundo".

En la predicación, la catequesis, la enseñanza académica y sobre todo "a través de ese libro no escrito que es su propia vida, el sacerdote es siempre docente. Pero no con la presunción de los que imponen sus propias verdades, sino con la seguridad humilde y alegre de quien ha encontrado la Verdad, fue aferrado y transformado por ella y por lo tanto, no puede dejar de anunciarla". "El sacerdocio, de hecho -observó el Santo Padre-, no lo elige ninguno por sí mismo, no es una manera de lograr la seguridad en la vida, ni de conquistar una posición social. (...) El sacerdocio es la respuesta a la llamada del Señor (...) para convertirse en predicadores, no de una verdad personal, sino de su verdad".

Dirigiéndose a los sacerdotes, el Papa afirmó: "El Pueblo cristiano necesita escuchar las enseñanzas de la genuina doctrina eclesial" que tiene como punto de referencia "la Sagrada Escritura, los escritos de los Padres y Doctores de la Iglesia, así como el Catecismo de la Iglesia católica". "Ordenación sacerdotal -prosiguió- significa estar inmersos en la Verdad, (...) que no es simplemente un concepto o un conjunto de ideas para transmitir y asimilar, sino la Persona de Cristo".

El Papa concluyó manifestando el deseo de que San Juan María Vianney sirva de ejemplo a los presbíteros, porque en él el pueblo cristiano reconocía "lo que se debe siempre reconocer en un sacerdote: la voz del Buen Pastor".

Al final de la audiencia general de hoy, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa se refirió al fuerte terremoto que sacudió hoy la provincia occidental china de Qinghai, "que ha causado -dijo- numerosas pérdidas en vidas humanas, heridos y muchos daños. Rezo por las víctimas y estoy espiritualmente cercano a las personas afectadas por esta calamidad tan grave. Imploro de Dios para ellas alivio en el sufrimiento y ánimo ante estas adversidades. Espero que no falte la solidaridad común".

martes, 13 de abril de 2010

ACTUALIDAD: Estamos con el Papa Benedicto XVI ante los ataques feroces y conectados globalmente

Queridos amigos y hermanos del Blog: les comparto el texto de la alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, Buenos Aires, Argentina, en el programa “Claves para un mundo mejor”, en su emisión del 10 de abril de 2010:

Este mes se cumplen dos aniversarios importantes del Santo Padre Benedicto XVI. El día 16 de abril es su cumpleaños, 83 años de vida y el día 19 es el quinto aniversario de su elección como sucesor de Pedro. Me gustaría hoy, anticipar la conmemoración de estos aniversarios, sobre todo porque en estos últimos días los ataques a la figura del Papa, a su persona y a su acción han sido tan feroces y tan conectados globalmente que merecen una reflexión y una respuesta. No es la primera vez que se ataca públicamente a este gran Pontífice, un hombre de Dios, un sabio, un pastor solícito y vigilante.

El pretexto ha sido esta vez el descubrimiento de casos de pedofilia de los cuales se han hecho culpables sacerdotes en diversos países del mundo; hechos ocurridos varias décadas atrás. Es fácil comprobar cómo se magnifican las cosas. Todos sabemos que ese pecado horrendo ocurre, lamentable y frecuentemente, en todas partes. Se sabe también, con cifras comprobadas, que en la mayor parte de los casos los culpables son hombres casados, y muchas veces ese abuso ocurre en el seno de la misma familia.

Voy a poner sólo una cifra. En una investigación reciente, en Alemania, que abarca de 1995 hasta 2010, se han registrado 210.000 casos denunciados de abusos de menores; de esos casos sólo 94 implicaban a sacerdotes. Esto representa el 0,044 por ciento. Sin embargo, sólo se habla del caso de los sacerdotes. Cualquiera puede argumentar: “es mucho más grave en el caso de sacerdotes”. Correcto: es gravísimo, sin duda alguna. Pero lo que creo bueno señalar es que esta realidad es aprovechada sistemáticamente con otra intención: lo que se quiere es minar la credibilidad de la Iglesia y sobre todo el papel de la Iglesia, como orientadora del sentido moral de la sociedad.

¿Quienes son los que con mayor énfasis ahora se están encarnizando con el Santo Padre? Son los partidarios del aborto, los partidarios de la anticoncepción a ultranza que han provocado el invierno demográfico en Europa, los partidarios de la eutanasia, los partidarios de identificar con el matrimonio la convivencia de las personas homosexuales los que se proponen desbaratar la tradición marcada por el cristianismo en el ámbito de la organización familiar y social. Trastocar todo lo que tiene que ver con las realidades fundamentales de la vida humana.

Hace poco en un artículo periodístico el Senador italiano Marcello Pera dijo que esta “guerra” -así la llamó él- intenta salpicar de fango la sotana blanca porque sabe que de esa manera se está mancillando a la Iglesia misma. Dice el Senador Pera que es una guerra entre laicismo y cristianismo. Por laicismo, entiende una cultura atea, emancipada de Dios y de los principios cristianos que han regido la tradición de Occidente. Podríamos decir que es una batalla de una larga guerra. La que desde hace varios siglos se ha emprendido contra la Iglesia, contra Cristo, contra Dios.

Ese intento varias veces secular puede resumirse en el grito famoso de Voltaire: “aplasten al infame”. Esto es lo que está detrás de esta campaña global. Hoy día los medios son más sofisticados. Pensemos que son, en muchos casos, empresas que tienen fuertes intereses y que están detrás de algunos medios de comunicación poderosísimos, capaces de lavar el cerebro a una multitud.

A propósito de los cercanos aniversarios de Benedicto XVI, me gustaría terminar con una exhortación a todos ustedes para que apoyemos al Papa y adhiramos con entusiasmo a Él, a su magisterio; que sigamos sus enseñanzas, porque hoy es fácil poder hacerlo directamente, sin contentarnos con los títulos intencionados de los diarios o los flashes del noticiero de TV.

Finalmente quiero pedirles que recemos especialmente por el Santo Padre. Yo rezo todos los días por el Papa, cuando termino el rosario, una oración que aprendí en las filas de la Acción Católica cuando era niño. Esta oración dice: “Oremos por nuestro Pontífice Benedicto XVI. Que el Señor lo conserve, lo fortalezca, lo haga feliz en la tierra y no permita que caiga en manos de sus enemigos”… Porque los tiene, y muchos.

Mons. Héctor Aguer,
Arzobispo de La Plata,
Buenos Aires, Argentina.


“Oremos por nuestro Pontífice Benedicto XVI. Que el Señor lo conserve, lo fortalezca, lo haga feliz en la tierra y no permita que caiga en manos de sus enemigos”

domingo, 11 de abril de 2010

EVANGELIO DOMINICAL: "¡Oh Señor!, que yo no sea incrédulo, sino hombre de fe"

2º Domingo de Pascua o
Fiesta de la Divina Misericordia

Ciclo C
Evangelio: Juan 20, 19-31


Queridos amigos y hermanos del Blog: La liturgia de la Palabra de este 2º Domingo de Pascua o Fiesta de la Divina Misericordia nos propone la consideración de la importancia de la fe en orden a nuestra santidad y salvación: “¡Oh Señor!, que yo no sea incrédulo, sino hombre de fe” (Jn 20, 27).

En el Evangelio de Juan (20, 19-31), la narración de la aparición de Jesús a los apóstoles reunidos en el cenáculo aparece enriquecida con datos de especial interés. El día de la resurrección de Jesús, por la tarde, tras haber confiado a los suyos la misión que había recibido del Padre –“Como me envió mi Padre, así os envío yo”-, les da el Espíritu Santo. “Sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quien perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quien se los retuviereis, les serán retenidos”. No se trata del don del Espíritu Santo en forma visible y pública, como sucederá en el día de Pentecostés; sin embargo es muy significativo que el día mismo de la resurrección Jesús haya derramado sobre los apóstoles su Espíritu.

De esta manera el Espíritu Santo aparece como el primer don de Cristo resucitado a su Iglesia en el momento en que la constituye y la envía a prolongar su misión en el mundo. Y con la efusión del Espíritu la institución del Sacramento de la Penitencia o Reconciliación, que con el Bautismo y la Eucaristía es un sacramento típicamente pascual, signo eficaz de la remisión de los pecados y de la reconciliación de los hombres con Dios efectuadas por el sacrificio de Cristo.

Pero aquella tarde el apóstol Tomás estaba ausente, y cuando vuelve rehusa creer que Jesús ha resucitado: “Si no veo… y meto mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, no creeré”. No sólo ver, sino hasta meter la mano en la hendidura de las heridas. Jesús le toma la palabra. “Pasados ocho días” vuelve y le dice: “Alarga acá tu dedo y mira mis manos y tiende tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino fiel”. El Señor tiene compasión de la obstinada incredulidad del apóstol y le ofrece con infinita bondad las pruebas exigidas por él con tanta arrogancia.

Tomás se da por vencido y su incredulidad se disuelve en un gran acto de fe: “¡Señor mío y Dios mío!”. Enseñanza preciosa que amonesta a los creyentes que no se maravillen de las dudas y de las dificultades que pueden tener los demás para creer. Es necesario, por el contrario, tener compasión de los vacilantes y de los incrédulos y ayudarles con la oración, recordando que la caridad de Cristo nos acucia para que tratemos con amor, prudencia y paciencia a los hombres que viven en el error o en la ignorancia de la fe.

“Porque me has visto has creído; dichosos los que sin ver creyeron” (Jn 20, 29). Jesús alaba así la fe de todos aquellos que habrían de creer en él sin el apoyo de experiencias sensibles. La alabanza de Jesús resuena en la voz de Pedro conmovido por la fe viva de los primeros cristianos, que creían en Jesús como si lo hubieran conocido personalmente: “a quien amáis sin haberlo visto, en quien ahora creéis sin verle, y os regocijáis con un gozo inefable y glorioso” (1 Ped 1, 8). He aquí la bienaventuranza de los creyentes de todos los tiempos. Frente a las dificultades y a la fatiga de creer, es necesario recordar las palabras de Jesús para hallar en ellas el sostén de una fe descarnada y desnuda, pero segura por estar fundada sobre la palabra de Dios.

La fe en Cristo era la fuerza que tenía reunidos a los primitivos creyentes en una cohesión perfecta de sentimientos y de vida. “La muchedumbre de los que habían creído tenía un corazón y un alma sola” (Hc 4, 32). Esta era la característica fundamental de la primera comunidad cristiana nacida del “vigor” con que “los Apóstoles atestiguaban la resurrección del Señor Jesús” (ib. 33) y del correspondiente vigor de la fe de cada uno de los creyentes. Fe tan fuerte que los llevaba a renunciar espontáneamente a los propios bienes para ponerlos a disposición de los más necesitados, considerados verdaderos hermanos en Cristo. No era una fe teórica, ideológica, sino tan concreta y operante que daba una impronta del todo nueva a la vida de los creyentes, no sólo en el sector de las relaciones con Dios y de la oración, sino también en el de las relaciones con el prójimo y hasta en el mismo campo de los intereses materiales de que el hombre se siente tan tremendamente celoso.

Esta es la fe que hoy escasea; para muchos que dicen ser creyentes la fe no ejercita influjo alguno sobre sus costumbres ni cambia en nada o casi en nada su vida. Un cristianismo tal no convence ni convierte al mundo. Es necesario volver a templar la propia fe con el ejemplo de la Iglesia primitiva, hay que implorar de Dios una fe profunda, ya que en el vigor de la fe está la victoria del cristiano. “Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Y quien es el que vence al mundo sino el que creer que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Jn 5, 4-5).

Terminamos nuestra reflexión con un texto oracional bellísimo de la Liturgia mozárabe: “¡Oh Señor Jesucristo!, no te hemos visto en la carne con los ojos del cuerpo, y sin embargo sabemos, creemos y profesamos que tú eres verdaderamente Dios. ¡Oh Señor!, que esta nuestra profesión de fe nos conduzca a la gloria, que esta fe nos salve de la segunda muerte, que esta esperanza nos conforte cuando lloremos en medio de tantas tribulaciones, y nos lleve a los gozos eternos. Y tras la prueba de esta vida, cuando hayamos llegado a la meta de la vocación celestial y visto tu cuerpo glorificado en Dios…, también nuestros cuerpos recibirán la gloria de ti, ¡oh Cristo!, nuestra Cabeza”.

Con mi bendición.
Padre José Medina

sábado, 10 de abril de 2010

VIVENCIAS PERSONALES. Misionando en la "zona cero" del megaterremoto chileno (segunda parte)

Queridos amigos y hermanos del Blog: con estas palabras y este puñado de fotos quiero seguir compartiéndoles la gracia recibida durante la Semana Santa: haber podido servir a los más pobres en las zonas desvastadas por el megaterremoto chileno. Podría hacer distintos análisis desde diversas miradas, pero quiero contarles algo en referencia a la Iglesia en Chile y a una de sus prioridades más apremiantes. Un mes después del terremoto que azotó al país trasandino, un informe sobre los daños a las construcciones religiosas, publicado por la Oficina de estadística de la Conferencia Episcopal de Chile, revela que el 47 por ciento de las iglesias quedaron dañadas por el terremoto, lo que representa que un millón de fieles se encuentran sin un lugar de culto. Estos datos son sobre la base de una primera evaluación realizada por las diócesis.

Las diócesis más golpeadas han sido 12, entre San Felipe y Temuco, de las 27 que componen la Iglesia chilena. De los datos catastrales preliminares, reportados por dichas jurisdicciones, se puede ver que son 545 los locales religiosos dañados, de los cuales 440 son iglesias. En las nueve regiones civiles afectadas el 80% de las iglesias reportan daños, lo que significa el 47% del total de las iglesias en Chile. Los daños reportados son de distinta índole: el 19% de las iglesias fueron clasificadas como derrumbe o demolición, el 24% como graves daños eventualmente recuperables, el 25% como daños considerables pero recuperables y el 32% como daños reparables. la mayoría de los daños severos y graves corresponden a colapsos de recintos y templos con particular daño en torres y campanarios.

El número de lugares de culto dañados supone que casi un millón de fieles no cuentan con un lugar para vivir momentos comunitarios de oración. Los párrocos y los agentes pastorales están haciendo un gran esfuerzo para poder garantizar la continuidad de los servicios litúrgicos y de asistencia espiritual, pastoral y solidaria, tan necesarios en tiempos de dolor y de adversidad como estos. La pérdida patrimonial es de gran importancia, ya que en las zonas afectadas las iglesias correspondían a construcciones de antes de 1800, muchas de las cuales fueron declaradas monumentos nacionales o patrimonio cultural. Informes preliminares sostienen que la reconstrucción de los templos costaría unos 140.000 millones de pesos chilenos.

¿Cómo ayudar a la Iglesia en Chile para reconstruir sus templos y seguir ayudando a los más pobres?

El presidente de la Conferencia Episcopal Chilena, monseñor Alejandro Goic, recordó que la Iglesia canaliza la ayuda solidaria a las familias afectadas por el terremoto en ese país a través de Cáritas, su organismo especializado en emergencias.

Para esto se habilitó la Cuenta Corriente 1009, del Banco Santander, para depósitos y transferencias electrónicas, a nombre de CARITAS CHILE, RUT 70.020.800-1, correo electrónico: caritas@caritaschile.org. Un número de cuenta del mismo banco que se utilizaba con anterioridad sigue operativo y suma sus recursos a esta campaña.

Asimismo, se informó que en Santiago y en otras diócesis que están en condiciones de hacerlo, se reciben alimentos no perecederos: harina, arroz, fideos, leche en polvo, azúcar y aceite. Las personas que desean hacer estos aportes pueden dirigirse a sus parroquias o a los diversos puntos de la capital que se informan en http://www.iglesia.cl/ .

¡GRACIAS!

Termino estos comentarios con mi gratitud para con todos los que hicieron posible mi presencia en Chile y a todos los que recibieron con fe y con tanto cariño mi persona y ministerio sacerdotal. Gracias por todo y a todos. A cada hermana y hermano chileno con los cuales compartimos esos días los estrecho en mi corazón, les prometo mi oración y les ruego que recen por mí.

Con mi bendición.
Padre José Medina



La foto más querida: con los jóvenes acólitos de la parroquia, signos de ilusión y sangre nueva, ellos son la esperanza de la Iglesia



El Vía Crucis del Viernes Santo por las calles de la población, la recreación de las estaciones por parte de los jóvenes y el fervor de todos


La comunión del Viernes Santo, luego de una fuerte réplica, ante el frio, el viento y un Templo que ya no puede cobijar a sus fieles

Cargamento de pañales listo para ser llevado por "Cáritas Chile" a los bebés que están con sus familias en los albergues en espera de tener un techo propio para vivir



Vigilia Pascual y un grupo de adultos que se bautiza diciéndole sí a Cristo Resucitado en su Iglesia

Administrando el Sacramento de la Confirmación, en el nombre del Obispo, a los adultos de Coronel, Concepción

Santa Misa del Domingo de Pascua: la Cruz, el Cirio, la Eucaristía y el gozo por el Señor Resucitado


La despedida luego de la Misa de Pascua, el compromiso de rezar los unos por los otros y la ilusión de un futuro reencuentro.




Volviendo a casa y la foto de despedida con la entrañable familia que me hospedó en su casa durante la misión de Semana Santa

viernes, 9 de abril de 2010

VIVENCIAS PERSONALES. Misionando en la "zona cero" del megaterremoto chileno (primera parte)

Queridos amigos y hermanos del Blog: con el mandato misionero de mi Obispo de Incardinación, Mons. Rubén Oscar Frassia, Obispo de Avellaneda-Lanús, Argentina; tuve la gracia de vivir sacerdotalmente la última Semana Santa en la misma “zona cero” del megaterremoto y posterior tsunami que azoló al hermano país de Chile. Mi propuesta de misionar allí fue aceptada por el Arzobispo de la Santísima Concepción, Mons. Ricardo Ezzati Andrello, quien me destinó a la Parroquia “Sagrado Corazón” de la localidad de Coronel, en la provincia y Diócesis de Concepción. Ha sido un desafío y una gracia acompañar desde la fe el caminar de estos hermanos nuestros que intentan reconstruir sus vidas luego de tan catastrófica situación.

Cabe recordar que el devastador terremoto que sacudió a Chile ocurrió en la madrugada del sábado 27 de febrero pasado, a las 3.36 AM. Fue un terremoto de 8,8 grados en la escala de Richter que sacudió a más de siete regiones en el país, desatando la peor catástrofe de los últimos 50 años. Millones de personas damnificadas, más de 500 mil viviendas con daños severos y centenares de muertos y desaparecidos es el saldo de un desastre que golpeó con fuerza.

Como mendocino de origen, tierra tan sísmica como la del hermano país chileno, no pude ni quise pasar indiferente ante lo que nuestros hermanos chilenos están sufriendo por el devastador terremoto, que se ubica en el 5º lugar de los más fuertes que han sacudido el mundo entero desde que se han implementado las mediciones hoy por todos conocidas.

Cuándo les expresé mis sentimientos ante lo ocurrido les decía en este mismo Blog, ¿Qué palabra humana puede dar completo sentido y estar a la altura de lo que se está padeciendo? Ninguna, sólo el misterio de la Cruz de Cristo y el abandono a la Providencia Divina nos pueden ir acercando a la realidad del hecho, mirado desde los ojos de la fe.

Pero fueron las siguientes palabras que el Papa Benedicto XVI, expresó manifestando su cercanía espiritual a las personas que están sufriendo a causa del terremoto, las que me motivaron a dejar mis compromisos personales y partir a tierra chilena: "Dirijo mi pensamiento a Chile y a las poblaciones afectadas por el terremoto, que ha causado numerosas pérdidas en vidas humanas e ingentes daños. Rezo por las víctimas y estoy espiritualmente cercano a las personas probadas por esta calamidad tan grave; para ellas imploro de Dios alivio en el sufrimiento y coraje en esta adversidad. Estoy seguro de que no va a faltar la solidaridad de muchos, en particular de las organizaciones eclesiales".

En tales circunstancias, por lo menos para mí como sacerdote, no me bastó la compasión como sentimiento, ni solamente la oración humilde y confiada a nuestro Dios siempre providente, principio y fin de toda obra buena. Necesité hacerme presente allí, sabiendo que nada podía mejorar, que lo que estos hermanos necesitan supera lo que yo o cualquier persona puedan darles. Pero hay algo que si podía entregarles: mi tiempo, mi cariño, mi dedicación y mi ministerio sacerdotal. Como a aquel paralítico que le pidió unas monedas a Pedro que salía del templo, y recibió como respuesta: “No tengo ni plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en nombre de Jesús de Nazareth, levántate y camina” (cfr. Hechos 3, 1-10). Creo profundamente que como sacerdote católico soy “otro Cristo” por la gracia de la imposición de manos, y esto fue lo que pretendí entregarles en esos días: el amor, la compasión, la cercanía y misericordia de nuestro buen Dios.

Les comparto ahora –en esta primera entrega- una serie de fotos de las tareas realizadas en el plano humanístico y solidario, y en el marco eminentemente evangelizador. Al contemplarlas verán las consecuencias del devastador terremoto, pero por encima de todo verán rostros de personas humildes y sencillas, y de una fe heroica e inquebrantable. Ellos han sido los que me han llenado de cariño y gratitud mi corazón sacerdotal; y me han confirmado –una vez más- que vale la pena gastar la vida en el sacerdocio ministerial, que nos identifica con la vida y la obra del Sumo y Eterno Sacerdote, Jesucristo Nuestro Señor.

Pongo en las manos de la Virgen del Carmen, Patrona del pueblo chileno, lo realizado en estos días pasados. Que Ella le de a todo lo sembrado, crecimiento, y bendiga, como buena Madre a todos sus hijos de tan querido y probado pueblo.

Con mi bendición.
Padre José Medina



En Concepción una imagen emblemática de las consecuencias del devastador cataclismo ocurrido en Chile

Así quedó el templo parroquial de "Sagrado Corazón" en espera de su demolición


Domingo de Ramos y la solidaridad de los más pobres para con aquellos que todo lo perdieron



Junto al Padre Manuel y a todas las manos cargando agua mineral para las familias de los albergues


Así viven en las carpas de los albergues las cientos de familias que perdieron sus casas por el terremoto y el tsunami


Agua mineral para las mamaderas de los bebés que están en los albergues comunitarios viviendo en tiendas de campaña


Plegaria confiada con y por aquellos que todo lo perdieron



Una pausa en el dolor para la foto agradecida con los soldados del Ejército de Chile y su aporte en favor del orden en tiempo de profunda confusión



El Diácono Ricardo señalando el lugar hasta donde llegó el agua del tsunami en la Capilla Santa Clara de Talcahuano

Misa del Lunes Santo frente al templo parroquial que deberá ser demolido


Luego del tsunami los barcos pesqueros del Puerto de Talcahuano quedaron sobre la calle




Antes de la Santa Misa Crismal con el Arzobispo de Concepción. Mons. Ricardo Ezzati Andrello

jueves, 8 de abril de 2010

ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS: "En nombre de la Iglesia, pido perdón"

Queridos amigos y hermanos del Blog: la prestigiosa revista “Newsweek” en su edición argentina Nº 191, del pasado 31 de marzo de 2010, me ha invitado a escribir un artículo de opinión, a manera de testimonio personal, como hombre y como sacerdote, sobre el preocupante tema del abuso de menores por parte del clero católico. Se los trascribo a continuación.
Con mi bendición.
Padre José Medina


En nombre de la Iglesia, pido perdón

Por el Padre José Medina*

Así como hace poco un tsunami sembró destrucción y muerte en Chile, otro “tsunami” afecta a la Iglesia: la cuestión de abusos de menores por parte del clero católico en muchos países, especialmente en Europa y en América del Norte. En diciembre del año pasado el Papa Benedicto XVI pidió las oraciones de todos en la Iglesia “para que los niños sean respetados, amados y no sean jamás explotados”.

Es real que la gran mayoría de los casos que hoy se difunden tuvieron lugar hace bastantes años, pero es de crucial importancia reconocerlos y reparar el daño realizado a las víctimas, porque esto restablece la justicia y hace posible una verdadera “purificación de la memoria” que permitirá a la Iglesia avanzar hacia adelante pudiendo mirar a los ojos a todos sus hijos con renovada confianza en el futuro.

En su visita "ad limina" a Roma en 2006, el Papa exhortó a los obispos irlandeses a "establecer la verdad de lo sucedido en el pasado, a tomar todas las medidas necesarias para evitar que se repita otra vez, (…), y sobre todo, a curar a las víctimas y a todos aquellos que están afectados por estos crímenes atroces".

La Carta pastoral del Papa a los fieles de Irlanda, que se ha hecho pública el pasado 20 de marzo de 2010, es esclarecedora. El Papa reconoce la terrible traición que han sufrido las víctimas y les asegura que siente mucho lo tuvieron que soportar. Reconoce que en muchos casos nadie estaba dispuesto a escucharles cuando encontraron el coraje para contar lo que les había sucedido. Comprende cómo se debían sentir los que vivían en internados al no poder escapar de su sufrimiento. Si bien reconoce lo difícil que debe resultar para muchos de ellos perdonar o reconciliarse con la Iglesia, les exhorta a no perder la esperanza encontrando en Jesucristo la manera de hallar la curación y la reconciliación, redescubriendo el infinito amor de Cristo por cada uno de ellos.

No creo que estos acontecimientos hayan mermado la autoridad de la Santa Sede, sino todo lo contrario. Hoy sostiene y orienta a los diversos episcopados para combatir y extirpar esta verdadera plaga de abusos y no permitir que nunca jamás vuelvan a suceder.

La gente necesita saber que no hay lugar en el sacerdocio y en la vida religiosa para quienes podrían dañar a los niños y jóvenes. La Iglesia en la defensa de la dignidad de la persona humana no puede aceptar más este abuso de los más débiles por parte de quienes debían dar ejemplo de santidad.

Los abusos de menores, por otra parte son un síntoma grave de una crisis que no sólo afecta a la Iglesia, sino también a la sociedad entera. Se trata de una crisis profunda de inmoralidad sexual, incluso de relaciones humanas, y sus principales víctimas son la familia y los jóvenes. La Iglesia, tratando el problema con claridad y determinación, ayudará a la sociedad a comprender y afrontar la crisis.

Este tiempo de prueba debe llevar a una purificación necesaria y urgente para que la Iglesia predique con más eficacia el Evangelio con toda su fuerza liberadora. Ahora debemos hacer que donde ha abundado el pecado, sobreabunde la gracia. Tanto dolor y tanto disgusto deben llevar a un sacerdocio más santo, a un episcopado más santo y a una Iglesia más santa.

La vida humana es sagrada siempre, no sólo en el seno materno, sino en toda etapa de la vida, y como tal debe ser respetada. Debemos dirigirnos a Dios para implorar el perdón, la salvación y la gracia de afrontar este desafío con valentía intransigente y armonía de propósitos.

Viviendo una nueva Semana Santa es importante volver nuestros ojos a Jesucristo que sufre más que nosotros por la humillación de sus sacerdotes y por la aflicción de las víctimas y de toda la Iglesia. Él sabe que si la Iglesia encara la solución desde la raíz de esta problemática con humildad y verdad saldrá más resplandeciente que nunca de la misma, porque puede renacer de esta crisis con una mayor pureza y santidad.

Desde todos los puntos de vista, el abuso infantil es inmoral y, con razón, se lo considera un crimen; y es también un pecado horrible a los ojos de Dios. A las víctimas y a sus familias, dondequiera que se encuentren, les expreso mi profundo sentimiento de solidaridad y en nombre de la Iglesia les pido, una vez más, perdón.

* Sacerdote y escritor católico. Autor de “Benedicto XVI, el Papa del Nuevo Milenio” (Bonum, 2006).


miércoles, 7 de abril de 2010

CATEQUESIS PAPA: "Que la Pascua sea para los cristianos, una ocasión propicia para convertirse en testigos entusiastas y valientes de la fe"

Miércoles, 7 abr (RV).- Benedicto XVI esta mañana se ha trasladado en helicóptero desde Castelgandolfo, donde está transcurriendo un período de reposo tras las intensas celebraciones de Semana Santa, para presidir la tradicional Audiencia General en la plaza de san Pedro, en la que han participado más de 20 mil personas. El Papa ha atravesado toda la plaza en papamóvil saludando a la multitud que lo aclamaba. “Que la Pascua sea para los cristianos, una ocasión propicia para convertirse en testigos entusiastas y valientes de la fe, traduciendo en palabras, y aún más, en nuestros gestos, la voz y la mano de Jesús".

El Papa ha invitado a los fieles a traducir la buena nueva de la Pascua en buenas acciones, capaces de contrastar el sufrimiento, la violencia y las incomprensiones que hoy afligen al mundo. Asimismo, ha recordado que la liturgia prevé la extensión de la dicha pascual durante 50 días, hasta Pentecostés: un anuncio magnífico tras el llanto y la consternación del Viernes Santo y el silencio cargado de esperanza del sábado. En este encuentro personal con el Resucitado están el fundamento inquebrantable y el contenido central de nuestra fe, el manantial fresco e inagotable de nuestra esperanza, el dinamismo ardiente de nuestra caridad.

Como es costumbre, el Papa hizo un resumen de su catequesis en español para los fieles de lengua española presentes en la Plaza de San Pedro:

Queridos hermanos y hermanas: En estos días, la Iglesia celebra el misterio de la resurrección y siente la alegría del triunfo de Cristo sobre el mal y la muerte, que inunda no sólo la Octava de Pascua, sino que se prolonga hasta el Domingo de Pentecostés. Tras el llanto del Viernes santo, después del silencio del Sábado santo, viene un anuncio espléndido: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón» (Lc 24,34). Ésta es la mejor noticia de toda la historia. En efecto, la Pascua de Cristo es un hecho absolutamente extraordinario, el fruto más bello y maduro del misterio de Dios. Es el acontecimiento fundamental de nuestra fe, su contenido central y el motivo principal por el que creemos.

El Nuevo Testamento no describe concretamente la resurrección de Jesús. Narra solamente los testimonios de aquellos que lo encontraron personalmente una vez resucitado. Los ángeles dieron esta noticia, invitando a las mujeres a que la transmitieran a los discípulos. Este anuncio ha pasado de unos a otros con fidelidad y valentía, llegando así hasta nosotros. Hoy se necesitan también testigos de Cristo resucitado y sólo lo podremos ser, si tenemos un encuentro personal con él.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los numerosos grupos de colegios y parroquias venidos de España, así como a los procedentes de México y otros países latinoamericanos. Con la ayuda de la Virgen María, anunciad que Cristo ha resucitado. Reitero a todos mi felicitación pascual, con el ruego de que la hagáis llegar a vuestros familiares y amigos. Muchas gracias.

Hablando en ruso, el Santo Padre ha manifestado su alegría de enviar, a través de la gentileza de la Agencia ITAR-TASS, un cordial saludo y los mejores deseos a todos los rusos tanto a los que viven en la patria como a aquellos que se encuentran en varias partes del mundo."La Solemnidad de la Santa Pascua, que este año hemos tenido la alegría de celebrar juntos entre católicos y ortodoxos, sea ocasión de una renovada fraternidad y de una cada vez mayor intensa colaboración en la verdad y en la caridad".

Durante los saludos al final de la Audiencia general, Benedicto XVI ha dirigido un caluroso saludo en inglés a un grupo de diáconos del Pontificio colegio irlandés, a penas ordenados. "Que la gracia de vuestra ordenación pueda adaptaros plenamente y siempre más al Señor, en humilde obediencia y fiel servicio en la construcción de la Iglesia en vuestra amada tierra"

Como siempre el Santo Padre ha finalizado la Audiencia General dirigiéndose a los jóvenes a los enfermos y a los recién casados. A los diáconos y a los seminaristas de la Archidiócesis de Catania, así como a los diáconos de la Compañía presentes en la audiencia con sus superiores y familiares. Junto a ellos saludo a los jóvenes presentes, especialmente a los adolescentes de Cremona, los numerosos grupos de muchachos que este año harán su profesión de fe. Proceden de diversos decanatos, parroquias y oratorios de la archidiócesis de Milán.

Queridos amigos, sed siempre fieles a vuestro Bautismo: vivid en plenitud vuestra consagración bautismal y sed testimonios de Cristo muerto y resucitado por nosotros. Dirijo también un pensamiento afectuoso a los queridos enfermos: la luz de la Pascua os ilumine y sostenga en vuestro sufrimiento. A vosotros, queridos recién casados, acoged del misterio pascual la valentía para ser protagonistas en la Iglesia y en la sociedad, contribuyendo con vuestro amor fiel y fecundo a la construcción de la civilización del amor.

martes, 6 de abril de 2010

INTENCIONES PAPA: Abril de 2010

Queridos amigos y hermanos del Blog: el Santo Padre Benedicto XVI indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de abril de 2010 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Claudio Barriga, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.
La INTENCIÓN GENERAL para el mes de ABRIL de 2010 es: "Para que toda tendencia hacia el fundamentalismo y el extremismo sea contrarrestada por el constante respeto, la tolerancia y el diálogo entre todos los creyentes.".

Comentario: El fenómeno del extremismo y el fundamentalismo en distintos ámbitos de la convivencia humana parece haber aumentado estos últimos años. Se entiende por fundamentalismo la observancia muy estricta de los principios fundamentales de un grupo u organización. En lo religioso, el fundamentalismo considera sus dogmas como verdad absoluta, indiscutibles, y por lo tanto, está cerrado al diálogo con quien es de otra creencia. Suele intentar imponer sus ideas a otros grupos, incluso por la fuerza. En toda religión algunas personas pueden llegar a ser fundamentalistas.

Se llama extremismo la acción fanática de individuos o grupos que se han radicalizado y se encuentran más allá del centro político de la sociedad. Hay grupos religiosos que usan métodos extremistas, léase la violencia, para promover la obediencia a sus doctrinas mediante la coacción o el miedo. Lamentablemente el nombre de Dios no lo viven todos como un nombre de paz. Hoy se multiplican los ejemplos de quienes usan su nombre para matar y destruir. Es claro que la religión no es la causa real ni la verdadera inspiración para la violencia, ella es más bien la excusa que se toma para reivindicar otras posiciones o para denunciar injusticias o defectos del sistema.

Las noticias nos alarman con el aumento de las tensiones y la violencia anti-cristiana en algunos estados de India, o en Mosul, Irak, o en algunas partes de Indonesia, o Filipinas. Muchos países y regiones musulmanes implantan como ley civil una interpretación de la sharia, la ley islámica, de manera estricta, intolerante y violenta hacia todo el que no se somete a ella. En estos y otros lugares crece el poder político de grupos fanáticos y extremistas, donde se ha prácticamente institucionalizado una violencia “de Estado”, justificada livianamente por ideologías que desprecian la vida de quien no es “de los suyos”.

También nosotros los cristianos, incluidos los católicos, podemos caer y hemos caído en actitudes fundamentalistas e intolerantes. Cuando y donde hemos estado en posiciones mayoritarias, no siempre hemos respetado los derechos de quienes profesaban otra religión. Actualmente, no siempre acogemos y defendemos al inmigrante, al de otra cultura o religión. Muchas veces desde posiciones cristianas integristas despreciamos con poca humildad pensamientos distintos. Junto al Santo Padre, oremos este mes para que en nuestro mundo pueda prevalecer el entendimiento por sobre el enfrentamiento. Que seamos capaces de construir la paz basada en el constante respeto, la tolerancia y el diálogo.

La INTENCIÓN MISIONERA para ABRIL de 2010 es: "Para que los cristianos perseguidos por causa del Evangelio, sostenidos por el Espíritu Santo, perseveren en el fiel testimonio del amor de Dios por toda la humanidad".

Comentario: Los cristianos en India son grupos muy minoritarios en la sociedad, a nivel nacional son sólo el 2% de la población. Muchas veces el trabajo desarrollado por la Iglesia, básicamente en obras educativas y de promoción de los más pobres, es contestado con odio y violencia. Ante las persecuciones sufridas, ellos se han preguntado la razón de tanta animadversión en su contra, siendo que son pocos y con poco poder. Es clara la razón.

Sus esfuerzos por anunciar una buena noticia a los más marginados de esa sociedad y el apoyo a sus legítimas reivindicaciones contrarían los intereses de quienes los explotan, que se ven privados de un grupo humano sometido y dócil a sus abusos. Y lo que es más grave para ellos, estas reivindicaciones apuntan a un cambio en injusticias que tienen raíces milenarias. La semilla del evangelio quiere ser aquí la levadura en la masa para un nuevo modelo de cultura y convivencia, sin que eso anula nada de la enorme riqueza de las tradiciones locales. En cada cultura el Evangelio está llamado a hacer posible la convivencia como hijos de Dios para todos sin distinción, y esto encuentra resistencia en grupos fundamentalistas fanatizados.

Esta semilla seguirá creciendo y los cristianos seguirán actuando, reconfortados por las palabras de Jesús a sus discípulos:

•Jn 15,18-21: Si el mundo los odia, sepan que a mí me odió primero
•Lc 23,31: Si tratan así al leño verde, qué no harán con el seco
•Mt 5,10: Felices los perseguidos por causa de la justicia
•Mt 10,24 : El discípulo no es más que el maestro

La Iglesia seguirá trabajando por humanizar las vidas de los excluidos del sistema de castas, ayudándoles a tomar conciencia de sus derechos. Serán (y son) perseguidos e incluso asesinados, acusados de subversivos y de atentar contra la identidad religiosa de la India. ¿No nos resuenan estas acusaciones como las mismas causas “político-religiosas” aducidas para dar muerte a Jesús?

Hay también otros modos de persecución a quienes profesan la fe, menos visibles y menos violentos, pero que limitan la libre expresión de la fe. Me refiero a la dificultad que viven quienes son cristianos observantes en las sociedades modernas fuertemente marcadas por el secularismo.

domingo, 4 de abril de 2010

LITURGIA: DOMINGO DE PASCUA, ¡Cristo ha resucitado, Aleluya! ¡Felices Pascuas!


“Alabad al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal 118, 1).
Queridos amigos y hermanos del Blog: “Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él, ¡aleluya!” (Salmo responsorial) Este es el día más alegre del año, porque “el Señor de la vida había muerto, y ahora triunfante se levanta” (Secuencia). Si Jesús no hubiera resucitado, vana habría sido su encarnación, y su muerte no habría dado la vida a los hombres. “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe” (1 Cr 15, 17), exclama san Pablo. Porque ¿quién puede creer y esperar en un muerto? Pero Cristo no es un muerto, sino uno que vive. “Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado –dijo el ángel a las mujeres- ha resucitado, no está aquí” (Mc 16, 6).

El anuncio de la resurrección produjo en un primer tiempo temor y espanto, de tal manera que las mujeres “huían del monumento… y a nadie dijeron nada, tal era el miedo que tenían” (ib. 8). Pero con ellas, y quizá habiéndolas precedido algún tanto, se encontraba María Magdalena que “viendo quitada la piedra del monumento” corrió en seguida a comunicar la noticia a Pedro y a Juan: “Han tomado al Señor del monumento y no sabemos dónde le han puesto” (Jn 20, 1-2). Los dos van corriendo hacia el sepulcro y entrando en la tumba “ven las fajas allí colocadas y el sudario… envuelto aparte” (ib. 6-7). Es el primer acto de fe de la Iglesia naciente en Cristo resucitado, provocado por la solicitud de una mujer y por la señal de las fajas encontradas en el sepulcro vacío.

Si se hubiera tratado de un robo, ¿quién se hubiera preocupado de desnudar al cadáver y de colocar los lienzos con tanto cuidado? Dios se sirve de cosas sencillas para iluminar a los discípulos que “aún no se habían cuenta de la Escritura, según la cual era preciso que él resucitara de entre los muertos” (ib. 9), ni comprendían todavía lo que Jesús mismo les había predicho acerca de su resurrección. Pedro, cabeza de la Iglesia, y Juan “el otro discípulo a quien Jesús amaba” (ib. 2), tuvieron el mérito de recoger las “señales” del Resucitado: la noticia traída por una mujer, el sepulcro vacío, los lienzos depuestos en él.

Aunque bajo otra forma, las “señales” de la Resurrección se ven todavía presentes en el mundo: la fe heroica, la vida evangélica de tanta gente humilde y escondida; la vitalidad de la Iglesia, que las persecuciones externas y las luchas internas no llegan a debilitar; la Eucaristía, presencia viva de Jesús resucitado que continúa atrayendo hacía sí a los hombres. Toca a cada uno de los hombres vislumbrar y aceptar estas señales, creer como creyeron los Apóstoles y hacer cada vez más firme la propia fe.

La liturgia pascual recuerda en la segunda lectura uno de los discursos más llenos de conmoción de san Pedro sobre la resurrección de Jesús: “Dios le resucitó al tercer día, y le dio manifestarse… a los testigos de antemano elegidos por Dios, a nosotros, que comimos y bebimos con él después de resucitado de entre los muertos” (Hc 10, 40-41). Todavía vibra en estas palabras la emoción del jefe de los apóstoles por los grandes hechos de que ha sido testigo, por la intimidad de que ha gozado con Cristo resucitado, sentándose a la misma mesa y comiendo y bebiendo con él.

La Pascua invita a todos los fieles a una mesa común con Cristo resucitado, en la cual él mismo es la comida y la bebida: “Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así pues, celebremos la Pascua” (Versículo del Aleluya). Este versículo está tomado de la primera carta a los Corintios, en la cual san Pablo, refiriéndose al rito que mandaba comer el cordero pascual con pan ácimo –sin levadura- exhorta a los cristianos a eliminar “la vieja levadura… de la malicia y la maldad” para celebrar la Pascua “con los ácimos de la pureza y la verdad” (1 Cr 5, 7-8). A la mesa de Cristo, verdadero Cordero inmolado por la salvación de los hombres, tenemos que acercarnos con corazón limpio de todo pecado, con el corazón renovado en la pureza y en la verdad; en otras palabras, con corazón propio de resucitados.

La resurrección del Señor, su “paso” de la muerte a la vida, debe reflejarse en la resurrección de los creyentes, actuada con un “paso” cada vez más radical de las debilidades desde el hombre viejo a la vida nueva en Cristo. Esta resurrección es manifiesta en el anhelo profundo por las cosas del cielo. “Si fuiste resucitados con Cristo –dice el Apóstol- buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios; pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Cl 3, 1-2). La necesidad de ocuparse de las realidades terrenas, no debe impedir a los “resucitado con Cristo” el tener el corazón dirigido a las realidades eternas, las únicas definitivas.

Siempre nos está acechando la tentación de asentarnos en este mundo como si fuera nuestra única patria. La resurrección del Señor es una fuerte llamada; ella nos recuerda siempre que estamos en este mundo como acampados provisionalmente y que estamos en viaje hacia nuestra patria eterna. Cristo ha resucitado para arrastrar a los hombres a la resurrección y llevarlos adonde él vive eternamente, haciéndolos partícipes de su gloria.

Hacemos nuestra esta bellísima oración a Cristo Resucitado compuesta por el Cardenal Newman: “¡Oh Cristo resucitado!, contigo tenemos que resucitar también nosotros; tú nos escondiste de la vista de los hombres, y nosotros tenemos que seguirte; volviste al Padre, y tenemos que procurar que nuestra vida esté escondida contigo en Dios. Es deber y privilegio de todos tus discípulos, Señor, ser levantados y transfigurados contigo; es privilegio nuestro vivir en el cielo con nuestros pensamientos, impulsos, aspiraciones, deseos y afectos, aún permaneciendo todavía en la tierra. Enséñanos a buscar las cosas de arriba demostrando con ello que pertenecemos a ti, que nuestro corazón ha resucitado contigo y que contigo y en ti está escondida nuestra vida”.

¡Feliz Pascua de Resurrección!
Con mi bendición.
Padre José Medina

sábado, 3 de abril de 2010

LITURGIA: SÁBADO SANTO, en espera de la resurrección

“Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación” (Is 12, 2)

Queridos amigos y hermanos del Blog: el Sábado Santo, día de la "Soledad de María" junto a Ella, la Virgen de los Dolores, es el momento más indicado para contemplar el misterio pascual de la pasión-muerte-resurrección del Señor, en el que converge y actúa toda la historia de la salvación. A esto invita la liturgia proponiendo una serie de lecturas escriturísticas que tocan las etapas más importantes de esta historia maravillosa, para después concentrarse en el misterio de Cristo.

Ante todo, viene presentada la obra de la creación (1ª lectura), salida de las manos de Dios y por él contemplada con complacencia: “Y vió Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno” (Gen 1, 31). De Dios, bondad infinita, no pueden salir más que cosas buenas, y si, demasiado pronto, el pecado viene a trastornar toda la creación, Dios, fiel en su bondad, planifica inmediatamente la restauración, que realizará por medio de su Hijo Divino. De éste aparece una figura profética en Isaac, a quien Abrahán se dispone a inmolar para obedecer el mandato divino (2ª lectura); y si Isaac fue liberado, Cristo, después de haber sufrido la muerte, resucitará glorioso.

Otro hecho notable es el milagroso “paso” del Mar Rojo (3ª lectura) realizado, con la intervención de Dios, por el pueblo de Israel, símbolo del bautismo, mediante el cual los que creen en Cristo “pasan” de la esclavitud del pecado y de la muerte a la libertad y a la vida de los hijos de Dios. Siguen bellísimos textos proféticos sobre la misericordia redentora del Señor, quien, a pesar de las continuas infidelidades de los hombres, no cesa de desear su salvación. Después de haber castigado las culpas de su pueblo, Dios lo llama a sí con el cariño de un esposo fiel hacia la esposa que lo ha traicionado: “Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré…; con misericordia eterna te quiero –dice el Señor, tu redentor-” (Is 54, 7-8).

De ahí la apremiante invitación a no dejar pasar en vano la hora de la misericordia: “Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y el tendrá piedad; que vuelva a nuestro Dios, que es rico en perdón” (Is 55, 6-7). Si todo esto es verdad para el pueblo de Israel, mucho más lo es para el pueblo cristiano, hacia el cual la misericordia de Dios ha alcanzado el vértice del misterio pascual de Cristo. Y Cristo “nuestra Pascua”, Cordero inmolado por la salvación del mundo, incita a todos los hombres a que abandonen el camino del pecado y vuelvan a la casa del Padre, caminando “a la claridad de su resplandor”, con alegría de conocer y hacer “lo que le agrada al Señor” (Bar 4, 2. 4).

La historia de la salvación culmina en el misterio pascual de Cristo, se hace historia de cada hombre mediante el bautismo que lo inserta en este misterio. De hecho, por este sacramento “fuimos sepultados con él (Cristo) en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos… así también nosotros andemos en una nueva vida” (Rom 6, 4). Esto explica por qué ocupa tan alto lugar el bautismo en la liturgia de la Vigilia Pascual: en los textos de la Sagrada Escritura y en las oraciones, especialmente en el rito de la bendición del agua y de la administración del sacramento a los neófitos, y por último en la renovación de las promesas bautismales.

Celebrar la Pascua significa “pasar” con Cristo de la muerte a la vida, “paso” iniciado con el bautismo, pero que debe ser realizado cada vez más plenamente durante toda la vida del cristiano. “Porque si nuestra existencia está unida a Cristo en una muerte como la suya -apremia san Pablo- lo estará también en una resurrección como la suya” (ibid 5). No se trata de bellas expresiones, sino de realidades inmensas, de transformaciones radicales obradas por el bautismo y de las cuales los creyentes se olvidan demasiado, inconscientemente. Participar en la muerte de Cristo quiere decir morir con él “al pecado de una vez para siempre” (ibid 10), y por lo tanto, morir cada día a las pasiones, a las malas inclinaciones, al egoísmo, al orgullo; quiere decir –según la triple renuncia de las promesas bautismales- renunciar cada vez más a Satanás, a sus obras, a sus seducciones. Y todo esto, no sólo con las palabras, ni por el tiempo que dura una función litúrgica, sino durante toda la vida. “Consideraos muertos al pecado –grita el Apóstol- y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (ibid 11).

En virtud del bautismo, no sólo recibido, sino vivido, el pueblo cristiano se presenta como aquel pueblo preconizado por Ezequiel (36, 25-26; 7ª lectura), asperjado y purificado con un “agua pura” -agua que brota del costado traspasado de Cristo crucificado-, que recibe de Dios “un corazón nuevo” y “un espíritu nuevo”, dones eminentemente pascuales. Con estas disposiciones, cada uno de los fieles puede considerarse preparado y dispuesto para cantar el Aleluya, a asociarse al gozo de la Iglesia ante el anuncio de la resurrección del Señor, considerándose también él resucitado con Cristo para gloria de Dios.

En este Sábado Santo pidamos a la Virgen Dolorosa, estrechamente partícipe de la pasión del Hijo como lo fue de todas las vicisitudes de su vida, que nos de la gracia de vivir con santa expectación la espera de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Con mi bendición.
Padre José Medina

viernes, 2 de abril de 2010

LITURGIA: VIERNES SANTO, traspasado por nuestros pecados

“A tus manos encomiendo mi espíritu; tú, el Dios leal, me librarás” (Sal 31, 6)

Queridos amigos y hermanos del Blog: la liturgia del viernes santo es una conmovedora contemplación del misterio de la Cruz, cuyo fin no es sólo conmemorar, sino hacer revivir a los fieles la dolorosa Pasión del Señor. Dos son los grandes textos que la presentan: el texto profético de Isaías (Is 52, 13; 53, 12) y el texto de Juan (18, 1-19, 42). La enorme distancia de más de siete siglos que los separa queda anulada por la impresionante coincidencia de los hechos, referidos por el profeta como descripción de los padecimientos del Siervo del Señor, y por el Evangelista como relato de la última jornada terrena de Jesús.

Dice Isaías: “Muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía un hombre… Despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos” (52, 14; 53, 3). Y Juan, con los demás evangelistas, habla de Jesús traicionado, insultado, abofeteado, coronado de espinas, escarnecido y presentado al pueblo como rey burlesco, condenado, crucificado. El profeta precisa la causa de tanto sufrir: “Fue traspasado por nuestros pecados, triturado por nuestros crímenes”, y se indica también su valor expiatorio: “Nuestro castigo saludable vino por él, y sus cicatrices nos curaron” (Is 53, 3).

No falta ni siquiera la alusión al sentido de repulsa por parte de Dios -“nosotros lo estimamos herido de Dios y humillado” (ibid 4)- que Jesús expresó en la cruz con este grito: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46). Pero, sobre todo, resalta claramente la voluntariedad del sacrificio: voluntariamente, el Siervo del Señor “entregó su vida como expiación” (Is 53, 7. 10); voluntariamente Cristo se entrega a los soldados después de haberlos hecho retroceder y caer en tierra con una sola palabra (Jn 18, 6) y libremente se deja conducir a la muerte, él, que había dicho: “Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente” (Jn 10, 18).

El profeta vislumbra incluso la conclusión gloriosa de este voluntario padecer: “A causa de los trabajos de su alma, verá y se hartará… Por eso -dice el Señor- le daré una parte entre los grandes… porque expuso su vida a la muerte” (Is 53, 11. 12). Y Jesús, aludiendo a su pasión, dijo: “Cuando sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12, 32). Todo esto demuestra que la Cruz de Cristo se halla en el centro mismo de la salvación, ya prevista en el Antiguo Testamento a través de los padecimientos del Siervo de Dios, figura del Mesías que salvaría a la humanidad, no con el triunfo terreno, sino con el sacrificio de sí mismo. Y es éste el camino que cada uno de los fieles debe recorrer para ser un salvado y un salvador.

Entre la lectura de Isaías y la de Juan, la liturgia inserta un tramo de la carta a los Hebreos (4, 14-16; 5, 7-9). Jesús, Hijo de Dios, es presentado en su cualidad de Sumo y Eterno Sacerdote, no tan distante, sin embargo, de los hombres “que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo, igual que nosotros, excepto en el pecado”. Es la prueba de su vida terrena, y, sobre todo, de su pasión, por la que ha experimentado en su carne inocente todas las amarguras, los sufrimientos, las angustias, las debilidades de la naturaleza humana. Así, a un mismo tiempo, él se hace Sacerdote y Víctima, y no ofrece en expiación de los pecados de los hombres sangre de toros o de corderos, sino la propia sangre.

“Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte”. Es un eco de la agonía en Getsemaní: “¡Abba! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Mc 14, 36). Obedeciendo a la voluntad del Padre, se entrega a la muerte, y, después de haber saboreado todas sus amarguras, se ve liberado de ellas por la resurrección, convirtiéndose, “para todos los que obedecen, en autor de salvación eterna” (Heb 5, 9). Obedecer a Cristo Sacerdote y Víctima significa aceptar como él la cruz, abandonándose con él a la voluntad del Padre: “Padre, a tu manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46).

Pero la muerte de Cristo siguió inmediatamente su glorificación. El centurión de guarda exclama: “Realmente este hombre era justo”, y todos los presentes, “habiendo visto lo que ocurría, se volvían dándose golpes de pecho” (Lc 23, 47-48). La Iglesia sigue el mismo itinerario, y tras de haber llorado la muerte del Salvador, estalla en un himno de alabanza y se postra en adoración: “Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos. Por el madero ha venido la alegría al mundo entero”. Con los mismos sentimientos, la Liturgia invita a los fieles a nutrirse con la Eucaristía, que, nunca como hoy, resplandece en su realidad de memorial de la muerte del Señor. Resuenan en el corazón las palabras de Jesús: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía” (Lc 22, 19), y las de Pablo: “cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva” (1 Cor 11, 26).

Que en este Viernes Santo y siempre tengamos claro que Cristo nos amó y se entregó a la muerte por nosotros. “Te adoramos oh Cristo, y te bendecimos; porque con tu santa Cruz, redimiste el mundo”.

Con mi bendición.
Padre José Medina