viernes, 31 de diciembre de 2010

ORACIONES: Del Año Viejo al Año Nuevo: GRACIAS, AYUDA, PERDÓN…

En estos últimos momentos del año que hoy termina, heme aquí, Señor, en el silencio y en recogimiento para decirte GRACIAS, para solicitarte: AYUDA, para implorarte: PERDÓN.

GRACIAS

Señor por la paz, por la alegría, por la unión que los hombres, mis hermanos, me han brindado, por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron.

Por esa mano oportuna que me tendieron, por esos labios cuyas palabras y sonrisa me alentaron, por esos oídos que me escucharon, por ese corazón que amistad, cariño y amor me dieron.

Gracias, Señor por el éxito que me estimuló, por la salud que me sostuvo, por la comodidad y diversión que me descansaron.

Gracias, Señor... me cuesta decírtelo... por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión, por el insulto, por el engaño, por la injusticia, por la soledad, por el fallecimiento del ser querido.

Tú lo sabes, Señor, cuán difícil fue aceptarlo; quizá estuve al punto de la desesperación,
pero ahora me doy cuenta que todo esto me acercó más a Ti. ¡Tú sabes lo que hiciste!

Gracias, Señor, sobre todo por la fe que me has dado en Ti y en los hombres. Por esa fe que se tambaleó pero que Tú nunca dejaste de fortalecer cuando tantas veces encorvado bajo el peso del desánimo me hizo caminar en el sendero de la verdad a pesar de la oscuridad.

AYUDA

Te he venido también a implorar para el año que muy pronto va a comenzar. Lo que el futuro me deparará, lo desconozco Señor. Vivir en la incertidumbre, en la duda, no me gusta, me molesta, me hace sufrir. Pero sé que Tú siempre me ayudarás.

Yo te puedo dar la espalda. Soy libre. Tú nunca me la darás. Eres fiel. Yo sé que me tenderás la mano. Tú sabes que yo no siempre la tomaré.

Por eso, hoy te pido que me ayudes a ayudarte, que llenes mi vida de esperanza y generosidad.

No abandones la obra de tus manos. Señor.

PERDÓN

No podría retirarme sin pronunciar esa palabra que tantas veces, te debí de haber dicho, pero que por negligencia y orgullo he callado, perdón, Señor, por mis negligencias,
descuidos y olvidos, por mi orgullo y vanidad, por mi necedad y capricho, por mi silencio y mi excesiva locuacidad.

Perdón, Señor, por prejuzgar a mis hermanos, por mi falta de alegría y entusiasmo, por mi falta de fe y confianza en Ti, por mi cobardía y mi temor en mi compromiso.

Perdón, porque me han perdonado y no he sabido perdonar.

Perdón por mi hipocresía y mi doblez, por esa apariencia que con tanto esmero cuido pero que en el fondo no es más que engaño a mi mismo.

Perdón por esos labios que no sonrieron, por esa palabra que callé, por esa mano que no tendí, por esa mirada que desvié, por esos oídos que no presté, por esa verdad que omití, por ese corazón que no amó... por ese Yo que se prefirió.

Señor, no te he dicho todo.

Llena con tu amor mi silencio y cobardía.

GRACIAS por todos los que no te dan gracias.

AYUDA a todos los que imploran tu ayuda.

PERDÓN por todos los que no imploran perdón.

Me has escuchado...ahora, Señor, te escucho...

REFLEXIÓN

"Hijos, ha llegado el momento final" (1 Jn 2, 18), ¡Cuán actuales siguen siendo hoy esas palabras! ¡Cuánto coinciden con las vivencias que todos nosotros sentimos hoy, 31 de diciembre!

El último día del año... deseamos vivirlo para participar en la liturgia eucarística, en el sacrificio de Cristo..., para expresar ante Dios de la forma mas plena posible todo lo que nuestro corazón y nuestra conciencia necesitan manifestar el día de hoy... nuestra acción de gracias y nuestra petición de perdón.

"Verdaderamente es bueno y justo, nuestro deber... darte gracias. A ti". A ti, precisamente a ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Darte gracias por toda la abundancia del misterio del nacimiento de Dios, a cuya luz está terminando el año viejo y nace un año nuevo. ¡Qué elocuente es el hecho de que en el día en que los hombres hablan sobre todo del año que ya ha "pasado", la liturgia de la Iglesia sea hoy un testimonio del nacimiento: nacimiento de Dios en un cuerpo humano, a la vez que nacimiento del hombre a partir de Dios. "A los que lo recibieron los hizo capaces de ser hijos de Dios" (Jn 1,12).

Y junto con ésta acción de gracias, presentamos particular atención en la participación en la santa misa de hoy a las palabras que encierran una dimensión de propiciación, comenzando por el "confiteor" inicial, pasando por el "Kyrie eleison" y acabando con el "Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo", y a nuestro " Señor no soy digno...".

Carguemos estas palabras con todas las vivencias de nuestra conciencia, todo lo que pesa sobre ellas, lo que solamente Dios mismo puede juzgar y perdonar. No tengamos reparo en presentarnos aquí, en el día de hoy, ante Dios con la conciencia de la culpa, con la misma actitud del publicano del Evangelio. Asumamos esta actitud, que corresponde sin duda a la verdad interior del hombre. Tal actitud conlleva la liberación.

De ese modo, esa actitud, precisamente ésa, lleva a la esperanza.

Que cada uno de nosotros, mis queridos amigos y hermanos del blog, podamos hacer nuestras estas palabras y terminar el 2010 y empezar el 2011 con la paz y la confianza que brotan de estos sentimientos vividos cristianamente: GRACIAS, AYUDA Y PERDÓN.

Por mi parte, en la gratitud a cada visita al blog, les hago nueva la invitación a seguir juntos, todos los días, del nuevo año. En cada nueva visita, los estrecho en mi corazón, con todo mi cariño y mi bendición.

Padre José Medina.

jueves, 30 de diciembre de 2010

CATEQUESIS DEL PAPA: Santa Catalina de Bolonia y las armas espirituales contra el mal

CIUDAD DEL VATICANO, 29 DIC 2010 (VIS).- Con el anhelo de que Jesús, Salvador del mundo, encuentre siempre un lugar digno en nuestros corazones y los colme de amor, de bien y de paz, en su última audiencia general de 2010, Benedicto XVI ha recordado que la octava de Navidad y el año que termina nos exhortan a la reflexión sobre el misterio del nacimiento de Cristo y sobre la salvación del hombre. Dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles -la última del año-, celebrada en el Aula Pablo VI y a la que asistieron 8.000 personas, a santa Catalina de Bolonia (1413- 1463).

Nacida en una noble familia de Bolonia, Catalina se traslada a los diez años a Ferrara, donde entra como dama de honor en la corte de Niccoló III de Este. Allí recibe una esmerada educación que le servirá posteriormente en la vida monástica, en la que "valorizará mucho el patrimonio cultural y artístico adquirido en aquellos años", dijo el Papa.

En 1427, con catorce años, deja la corte para consagrarse a Dios en una comunidad de jóvenes muchachas. Dos años después la responsable del grupo funda un monasterio de agustinas pero Catalina y algunas otras prefieren seguir la espiritualidad franciscana transformando la comunidad en un nuevo monasterio de Clarisas.

"En esta fase de su vida -explicó el Santo Padre- son notables sus progresos espirituales, pero también son grandes y terribles las pruebas que debe atravesar. (...) Vive en la noche del espíritu, sacudida también por la tentación de la incredulidad en la Eucaristía. Pero después de tantos padecimientos, el Señor la consuela con una visión de la clara presencia real eucarística". También en otra visión Dios le revelará el perdón de sus pecados y Catalina sentirá con fuerza el poder "de la misericordia divina".

En 1431 la santa tendrá otra visión, esta vez del Juicio Final, que la llevará a "intensificar sus oraciones y penitencias por la salvación de los pecadores". "El demonio -dijo Benedicto XVI- continúa tentándola y Catalina se confía totalmente al Señor y a la Virgen María. En sus escritos nos deja algunas notas claves de esta lucha misteriosa de la que sale victoriosa con la gracia de Dios".

Las notas están recogidas en su único libro: "Las siete armas espirituales". Para luchar contra el mal es necesario, escribe Catalina: "1. Esmerarse siempre por obrar el bien; 2. Creer que solos no se puede hacer nada que sea realmente bueno; 3. Confiar en Dios y, por amor suyo, no temer nunca la batalla contra el mal, tanto en el mundo como dentro de nosotros; 4. Meditar con frecuencia los hechos y las palabras de Jesús, sobre todo su pasión y muerte; 5. Recordar que moriremos; 6. Tener fijos en la mente los bienes del Paraíso; 7. Familiarizarse con la Sagrada Escritura, llevándola siempre en el corazón para que oriente todos nuestros pensamientos y acciones".

"En el convento, Catalina, no obstante estuviera acostumbrada a la corte ferraresa, (...) cumple todos los servicios, incluso los más humildes, con amor y obediencia", observó el Santo Padre, recordando que la santa aceptó también por obediencia "el oficio de maestra de novicias, aunque pensaba que era incapaz de desempeñar ese encargo". Con el mismo espíritu aceptará el traslado a Bolonia como abadesa en un nuevo monasterio, aunque hubiera preferido terminar su vida en Ferrara.

Catalina muere el 9 de marzo de 1463 y es canonizada por Clemente XI en 1712. "Con sus palabras y su vida -concluyó el Papa- nos invita a dejarnos guiar siempre por Dios, a cumplir su voluntad diariamente, aunque a menudo no corresponda a nuestros proyectos, a confiar en su Providencia que nunca nos deja solos. En esta perspectiva, Santa Catalina nos enseña a redescubrir el valor de la virtud de la obediencia".

Como siempre, el Santo Padre ha resumido su catequesis también en español, éstas eran sus palabras, que ha concluido deseando a todos un Año lleno de las bendiciones del Señor y que, a ejemplo de Santa Catalina de Bolonia, nos dejemos guiar siempre por Dios, confiando en su bondad, que nunca nos abandona:

Queridos hermanos y hermanas: Quisiera hoy recordar con vosotros la figura de Santa Catalina de Bolonia, nacida en 1413 en el seno de una noble familia. A los diez años se trasladó a Ferrara, donde recibió una esmerada educación. Cuatro años después, decidió dejar la corte para consagrarse a Dios en una comunidad de piadosas muchachas. Dos años después, la responsable del grupo funda un monasterio de agustinas. Catalina y algunas otras, en cambio, prefieren seguir la espiritualidad franciscana, transformando la comunidad en un monasterio de Clarisas. Tuvo frecuentes visiones y éxtasis, pero también tentaciones y dudas. Por obediencia, acepta el encargo de Maestra de novicias, ejerciendo este oficio con sabiduría. Años más tarde, es trasladada a Bolonia como abadesa de un nuevo monasterio, en el que edifica a sus hermanas por su espíritu de oración y servicio. La única obra que se conserva de ella se titula Las siete armas espirituales. Murió en 1463 y fue canonizada por Clemente XI en 1712.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, de Valdivia, a los miembros de la Escolanía de Loyola, de Pamplona, y a los demás grupos procedentes de España, Méjico, Argentina y otros países latinoamericanos. Que, a ejemplo de Santa Catalina de Bolonia, os dejéis guiar siempre por Dios, confiando en su bondad, que nunca nos abandona. Deseo a todos un Año lleno de las bendiciones del Señor. Muchas gracias.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS: JMJ 2011: “Fui forastero y me acogisteis” (Mt 25, 35)

Queridos amigos y hermanos del blog: les comparto un breve artículo periodístico que he escrito para la edición diciembre-enero de “Padre de todos” la Revista de la Diócesis de Getafe:

JMJ 2011:
“Fui forastero y me acogisteis”
(Mt 25, 35)

¿Sabías? ¿Que dar “posada el peregrino” es una de las Obras de Misericordia? (cf. CATIC 2447). Hoy, el valor de la hospitalidad parece no tener gran predicamento debido a la situación de inseguridad y otros factores sociales. Pero sí que tiene vigencia y actualidad a poco que nos detengamos a pensar en lo que es y lo que puede significar para nuestras vidas y las ajenas.

¿Sabías? ¿Que es al mismo Cristo a quien recibimos? Partiendo del hecho de que ‘fui forastero y me acogisteis’ (Mt. 25, 35), podemos y debemos pensar, que la hospitalidad supone acoger al mismo Cristo que llama a nuestra puerta. ‘Mira que estoy llamando a tu puerta. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo’ (Ap. 3, 20).

¿Sabías? ¿Que en la Jornada Mundial de la Juventud tendremos la posibilidad de vivir esta “obra de misericordia? Por tanto…

¡Apúntate! Porque abrir tu casa y acoger en familia a algún o algunos jóvenes de otros lugares es una manera de participar en la JMJ. Será para ti y los tuyos una experiencia enriquecedora en la que conocerás a jóvenes de otros lugares y ellos podrán vivir la hospitalidad de una familia de nuestra Diócesis de Getafe.

¡Apúntate! Para recibir participantes de la JMJ, o para que los que se alojan en parroquias puedan acudir a tu casa a asearse… Seguro que en tu hogar hay espacio para un peregrino más.

¡Apúntate! Recibirás a jóvenes de entre 18 y 30 años de otros países o de otras partes de España, estos jóvenes se habrán inscrito previamente en la Jornada indicando su preferencia por ser alojados en familias.

¡Apúntate! Puedes acoger los días anteriores a la JMJ, para voluntarios que vengan de otros lugares a preparar la JMJ, o durante los días de la Jornada (16-21 de agosto de 2011) para peregrinos que vengan al encuentro con el Papa; o también los días posteriores a la JMJ para facilitar la salida progresiva de los jóvenes hacia sus lugares de origen.

¿Cómo te apuntas? Acércate a tu parroquia y ofrece tu casa, o directamente a través de http://www.madrid11.com/images/stories/acogida/formulario_acogida_1.pdf

Cristo está a la puerta de tu casa… y te está llamando.

Padre José Medina

martes, 28 de diciembre de 2010

ACTUALIDAD: "Felices Navidades y tristes verdades", la singular felicitación de Benedicto XVI

Queridos amigos y hermanos del blog: quiero compartirles un análisis del discurso de Su Santidad Benedicto XVI a la Curia Romana para esta Navidad, comentario que publica ZENIT.org:

Cuentan los expertos que las controversias mediáticas suelen primar, con frecuencia, los elementos conflictivos por encima de la búsqueda de la verdad. El gran escándalo del 2010 para la Iglesia -los abusos sexuales del clero- va camino de convertirse en el conflicto que, en contra de lo previsto, consiguió llevar estos dos elementos a su máxima expresión.

Benedicto XVI no es amigo de felicitar la Navidad a la Curia con frases convencionales y discursos de compromiso. Así como en la primera oportunidad, en 2005, planteó abiertamente su visión de la historia de la Iglesia tras el Vaticano II (hermenéutica de la discontinuidad vs hermenéutica de la ruptura) en esta Navidad de 2010 ha afrontado sin rodeos "las grandes angustias" que han marcado la actualidad informativa en torno a los sacerdotes los últimos meses.

Con su franqueza habitual, Benedicto XVI ha explicado: "hemos sido turbados cuando, precisamente en este año y en una dimensión inimaginable para nosotros, hemos tenido conocimiento de abusos contra menores cometidos por sacerdotes, que trabucan el Sacramento en su contrario: bajo el manto de lo sagrado hieren profundamente a la persona humana en su infancia y le acarrean un daño para toda la vida". Asegura haber visto el rostro de la Iglesia "cubierto de polvo" y su vestido "desgarrado" por culpa de los sacerdotes.

Mucho se ha comentado el papel de los medios en esta polémica mediática. Desencadenado el mecanismo del chivo expiatorio, no ha sido fácil en ocasiones sustraer la razón de la espiral de acusaciones que se vertían contra el papa alemán, precisamente la persona que -pasados los días de gran conflagración- ha aparecido como el bueno de la película. La sociedad buscaba un culpable, y ese anciano vestido de blanco parecía, nunca mejor dicho, un blanco fácil.

Afortunadamente, el relato informativo de los medios no está todo escrito de antemano, y los acontecimientos llevaron las plumas periodísticas por derroteros fuera de guión. Si en marzo y abril se le presentaba como el gran odiado, tras el viaje al Reino Unido y en vísperas de su visita a Barcelona y Santiago un prestigioso observador afirmaba que el Papa "ha sabido hacer llegar sus mensajes al pueblo".

Sólo la verdad...

Quizás haya sido esto, su capacidad de conectar con el pueblo, lo que más incomodara a sus opositores. Pero esta capacidad de entender el alma del tipo corriente ni se improvisa ni es fruto de un cálculo estratégico o de un plan de comunicación. Parte del éxito de Benedicto XVI en salir airoso de un año sembrado de malas noticias responde, simplemente, a su capacidad de entender en su esencia el funcionamiento de las controversias en la opinión pública. Sabe que más allá de la polémica del gran titular hay que buscar siempre lo cierto, si algo hay de cierto en lo narrado, es decir, aquello que realmente han vivido las personas concretas que aparecen en la noticia.

En otras palabras, busca la verdad. Y esta búsqueda de la verdad, una vez más, se ha revelado no sólo como la única actitud finalmente válida, sino como la mediáticamente más fructífera. Esta actitud queda explicitada en sus recientes declaraciones a Peter Seewald sobre el escándalo de los abusos del clero: "Saltaba a la vista que la información dada por la prensa no estaba guiada por la pura voluntad de transmitir la verdad sino que había también un goce en desairar a la Iglesia y en desacreditarla lo más posible. Pero, más allá de ello, debía quedar siempre claro que, en la medida en que es verdad, tenemos que estar agradecidos por toda información. La verdad, unida al amor bien entendido, es el valor número uno. Por último, los medios no podrían haber informado de esa manera si el mal no estuviese presente en la misma Iglesia. Sólo porque el mal estaba en la Iglesia pudo ser utilizado por otros en su contra".

En coherencia con este punto de partida, el Papa exhortó en su discurso de Navidad a la curia a "aceptar esta humillación como una exhortación a la verdad y una llamada a la renovación. Sólo la verdad salva. Debemos preguntarnos qué podemos hacer para reparar lo más posible la injusticia cometida. Debemos preguntarnos qué era equivocado en nuestro anuncio, en toda nuestra forma de configurar el ser cristiano, de manera que una cosa semejante pudiera suceder. Debemos encontrar una nueva determinación en la fe y en el bien. Debemos ser capaces de penitencia. Debemos esforzarnos en intentar todo lo posible, en la preparación al sacerdocio, para que una cosa semejante no pueda volver a suceder". De la mano de Benedicto XVI, el gran escándalo ha contribuido a que saliera a la luz una gran verdad, incómoda, sobre los miembros de la Iglesia. Y sólo a partir de la verdad se puede mejorar lo presente.

...Y toda la verdad

La verdad ha sido, en efecto, incómoda y dolorosa para la Iglesia. Pero la verdad no se acaba aquí. Explica Benedicto XVI: "no podemos tampoco callar sobre el contexto de nuestro tiempo en el que hemos tenido que ver estos acontecimientos. Existe un mercado de la pornografía que afecta a los niños, que de alguna forma parece ser considerado por la sociedad cada vez más como algo normal. La destrucción psicológica de niños, cuyas personas son reducidas a artículo de mercado, es un espantoso signo de los tiempos (...). Se plantea también el problema de la droga, que con fuerza creciente extiende sus tentáculos de pulpo en todo el globo terrestre (...) Todo placer resulta insuficiente y el exceso en el engaño de la embriaguez se convierte en una violencia que destruye regiones enteras, y esto en nombre de un malentendido fatal de la libertad en el que precisamente la libertad del hombre es minada y al final anulada del todo".

En el discurso, además, Benedicto XVI apunta a los fundamentos ideológicos de estos males: la apología de la pedofilia en los años setenta y la sustitución de la moral por un cálculo relativista de las consecuencias.

Tan peculiar -por valiente- felicitación de Navidad prosigue después comentando el Sínodo de obispos de Oriente Medio, el viaje al Reino Unido y la beatificación del cardenal Newman.

Por Marc Argemí, creador del blog http://bxvi.wordpress.com/

domingo, 26 de diciembre de 2010

LITURGIA: Mensaje de Navidad 2010 de Benedicto XVI: “¿Qué busca nuestro corazón si no una Verdad que sea Amor?”


Queridos amigos y hermanos del blog: renovando el deseo de que estén pasando una Santa y Feliz Navidad, les comparto el mensaje navideño que dirigió al mediodía de Navidad Benedicto XVI desde el balcón de la fachada de la Basílica de San Pedro del Vaticano antes de impartir la bendición "Urbi et Orbi":

"Verbum caro factum est" - "El Verbo se hizo carne" (Jn 1,14).
Queridos hermanos y hermanas que me escucháis en Roma y en el mundo entero, os anuncio con gozo el mensaje de la Navidad: Dios se ha hecho hombre, ha venido a habitar entre nosotros. Dios no está lejano: está cerca, más aún, es el "Emmanuel", el Dios-con-nosotros. No es un desconocido: tiene un rostro, el de Jesús.

Es un mensaje siempre nuevo, siempre sorprendente, porque supera nuestras más audaces esperanzas. Especialmente porque no es sólo un anuncio: es un acontecimiento, un suceso, que testigos fiables han visto, oído y tocado en la persona de Jesús de Nazaret. Al estar con Él, observando lo que hace y escuchando sus palabras, han reconocido en Jesús al Mesías; y, viéndolo resucitado después de haber sido crucificado, han tenido la certeza de que Él, verdadero hombre, era al mismo tiempo verdadero Dios, el Hijo unigénito venido del Padre, lleno de gracia y de verdad (cf. Jn1,14).

"El Verbo se hizo carne". Ante esta revelación, vuelve a surgir una vez más en nosotros la pregunta: ¿Cómo es posible? El Verbo y la carne son realidades opuestas; ¿cómo puede convertirse la Palabra eterna y omnipotente en un hombre frágil y mortal? No hay más que una respuesta: el Amor. El que ama quiere compartir con el amado, quiere estar unido a él, y la Sagrada Escritura nos presenta precisamente la gran historia del amor de Dios por su pueblo, que culmina en Jesucristo.

En realidad, Dios no cambia: es fiel a sí mismo. El que ha creado el mundo es el mismo que ha llamado a Abraham y que ha revelado el propio Nombre a Moisés: Yo soy el que soy... el Dios de Abraham, Isaac y Jacob... Dios misericordioso y piadoso, rico en amor y fidelidad (cf. Ex 3,14-15; 34,6). Dios no cambia, desde siempre y por siempre es Amor. Es en sí mismo comunión, unidad en la Trinidad, y cada una de sus obras y palabras tienden a la comunión. La encarnación es la cumbre de la creación. Cuando, por la voluntad del Padre y la acción del Espíritu Santo, se formó en el regazo de María Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, la creación alcanzó su cima. El principio ordenador del universo, el Logos, comenzó a existir en el mundo, en un tiempo y en un lugar.

"El Verbo se hizo carne". La luz de esta verdad se manifiesta a quien la acoge con fe, porque es un misterio de amor. Sólo los que se abren al amor son cubiertos por la luz de la Navidad. Así fue en la noche de Belén, y así también es hoy. La encarnación del Hijo de Dios es un acontecimiento que ha ocurrido en la historia, pero que al mismo tiempo la supera. En la noche del mundo se enciende una nueva luz, que se deja ver por los ojos sencillos de la fe, del corazón manso y humilde de quien espera al Salvador. Si la verdad fuera sólo una fórmula matemática, en cierto sentido se impondría por sí misma. Pero si la Verdad es Amor, pide la fe, el 'sí' de nuestro corazón”.

Y, en efecto, ¿qué busca nuestro corazón si no una Verdad que sea Amor? La busca el niño, con sus preguntas tan desarmantes y estimulantes; la busca el joven, necesitado de encontrar el sentido profundo de la propia vida; la busca el hombre y la mujer en su madurez, para orientar y apoyar el compromiso en la familia y en el trabajo; la busca la persona anciana, para dar cumplimiento a la existencia terrenal.

"El Verbo se hizo carne". El anuncio de la Navidad es también luz para los pueblos, para el camino conjunto de la humanidad. El "Emmanuel", el Dios-con-nosotros, ha venido como Rey de justicia y de paz. Su Reino -lo sabemos- no es de este mundo, sin embargo, es más importante que todos los reinos de este mundo. Es como la levadura de la humanidad: si faltara, desaparecería la fuerza que lleva adelante el verdadero desarrollo, el impulso a colaborar por el bien común, al servicio desinteresado del prójimo, a la lucha pacífica por la justicia. Creer en el Dios que ha querido compartir nuestra historia es un constante estímulo a comprometerse en ella, incluso entre sus contradicciones. Es motivo de esperanza para todos aquellos cuya dignidad es ofendida y violada, porque Aquel que ha nacido en Belén ha venido a liberar al hombre de la raíz de toda esclavitud.

Que la luz de la Navidad resplandezca de nuevo en aquella Tierra donde Jesús ha nacido e inspire a israelíes y palestinos a buscar una convivencia justa y pacífica. Que el anuncio consolador de la llegada del Emmanuel alivie el dolor y conforte en las pruebas a las queridas comunidades cristianas en Irak y en todo Oriente Medio, dándoles aliento y esperanza para el futuro, y animando a los responsables de las Naciones a una solidaridad efectiva para con ellas. Que se haga esto también en favor de los que todavía sufren por las consecuencias del terremoto devastador y la reciente epidemia de cólera en Haití. Y que tampoco se olvide a los que en Colombia y en Venezuela, como también en Guatemala y Costa Rica, han sido afectados por recientes calamidades naturales.
Que el nacimiento del Salvador abra perspectivas de paz duradera y de auténtico progreso a las poblaciones de Somalia, de Darfur y Costa de Marfil; que promueva la estabilidad política y social en Madagascar; que lleve seguridad y respeto de los derechos humanos en Afganistán y Pakistán; que impulse el diálogo entre Nicaragua y Costa Rica; que favorezca la reconciliación en la Península coreana.

Que la celebración del nacimiento del Redentor refuerce el espíritu de fe, paciencia y fortaleza en los fieles de la Iglesia en la China continental, para que no se desanimen por las limitaciones a su libertad de religión y conciencia y, perseverando en la fidelidad a Cristo y a su Iglesia, mantengan viva la llama de la esperanza. Que el amor del "Dios con nosotros" otorgue perseverancia a todas las comunidades cristianas que sufren discriminación y persecución, e inspire a los líderes políticos y religiosos a comprometerse por el pleno respeto de la libertad religiosa de todos.

Queridos hermanos y hermanas, "el Verbo se hizo carne", ha venido a habitar entre nosotros, es el Emmanuel, el Dios que se nos ha hecho cercano. Contemplemos juntos este gran misterio de amor, dejémonos iluminar el corazón por la luz que brilla en la gruta de Belén. ¡Feliz Navidad a todos!

jueves, 23 de diciembre de 2010

CATEQUESIS DEL PAPA: "La espera gozosa de Navidad es la actitud del cristiano ante el gesto asombroso de Dios"

CIUDAD DEL VATICANO, 22 DIC 2010 (VIS).-"Con esta última audiencia antes de la Navidad, nos acercamos maravillados al "lugar" donde para nosotros y para nuestra salvación, todo comenzó, en el que todo encontró su cumplimiento, donde se conocieron y se entrecruzaron las esperanzas del mundo y del corazón humano", dijo el Papa en la catequesis de la audiencia general de los miércoles celebrada en el Aula Pablo VI.

"La espera gozosa, característica de los días que preceden la Navidad, es sin duda la actitud básica del cristiano que desea vivir fructuosamente el encuentro renovado con Aquel que viene a habitar entre nosotros: Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre", afirmó el Santo Padre, y explicó que "encontramos esta disponibilidad y la hacemos nuestra en los primeros que acogieron la llegada del Mesías: Zacarías e Isabel, los pastores, la gente común, y en especial María y José".

"Todo el Antiguo Testamento constituye una única y gran promesa que se cumplirá con la venida de un salvador", prosiguió el pontífice. "Junto a la espera de los personajes de las Sagradas Escrituras encuentra espacio y significado a través de los siglos, también la nuestra: la que vivimos estos días y la que nos mantiene alerta a lo largo del camino de nuestra vida. Toda la existencia humana, de hecho, está animada por este profundo sentimiento, el deseo de que lo más verdadero, lo más hermoso y grande que hemos entrevisto e intuido con la mente y el corazón, nos salga al encuentro y ante nuestros ojos se haga concreto y nos anime".

"Por eso, el Salvador viene para reducir a la impotencia la obra del mal y todo lo que aún puede mantenernos lejos de Dios, para devolvernos al antiguo esplendor y a la paternidad primitiva. (...) Su venida, por lo tanto, no puede tener otro propósito que el de enseñarnos a ver y amar los acontecimientos, el mundo y todo lo que nos rodea, con la misma mirada de Dios. El Verbo hecho niño nos ayuda a comprender la forma de actuar de Dios, para que seamos capaces de dejarnos transformar cada vez más por su bondad y su misericordia infinitas".

"En la noche del mundo, dejémonos sorprender e iluminar de nuevo por esta venida, (...) por la Estrella, que desde Oriente, inundó de alegría al mundo", exclamó el Santo Padre. "Purifiquemos nuestra conciencia y nuestra vida de lo que es contrario a esa venida: pensamientos, palabras, actitudes y acciones, comprometiéndonos a hacer el bien y a contribuir a instaurar en este mundo la paz y la justicia para todos los seres humanos y caminar así hacia el Señor".

Benedicto XVI concluyó la catequesis refiriéndose al Nacimiento, "uno de los signos distintivos de la Navidad". "El Nacimiento -dijo- es la expresión de nuestra espera (...), pero también de la acción de gracias a Aquel que decidió compartir nuestra condición humana en la pobreza y la sencillez. Me alegro de que siga vigente e incluso se vuelva a descubrir la tradición de preparar el Belén en las casas, en los lugares de trabajo, y de reunión. Este testimonio auténtico de la fe cristiana ofrezca también hoy a todas las personas de buena voluntad una imagen sugestiva del amor infinito del Padre para todos nosotros y que los corazones de los niños y los adultos todavía se sorprendan ante ella".

miércoles, 22 de diciembre de 2010

VIVENCIAS PERSONALES: Mons. Juan Rodolfo Laise, la Divina Misericordia y la Navidad (1990)

Queridos amigos y hermanos del blog: de mi archivo personal de fotos, audios y videos quiero presentarles hoy un Mensaje de Navidad realizado en 1990 por el entonces Obispo de San Luis, Argentina, Monseñor Juan Rodolfo Laise.

Él nació en Buenos Aires, el 22 de febrero de 1926. Sintiendo el llamado de seguirlo al Señor a la manera de san Francisco de Asís, hizo su profesión religiosa solemne en la Orden Franciscana de los Frailes Menores Capuchinos el 13 de marzo de 1949. Ya Capuchino, fue ordenado sacerdote en la capilla de colegio Euskal Echea de Llavallol, Buenos Aires, el 4 de setiembre de 1949 por Mons. Miguel de Andrea, obispo titular de Temnos. El Papa Pablo VI lo llamó al Episcopado, como obispo titular de Giomnio y coadjutor con derecho de sucesión de San Luis el 5 de abril de 1971. Fue ordenado obispo el 29 de mayo de 1971 en la capilla del colegio Euskal Echea, por Mons. Juan Carlos Aramburu, arzobispo coadjutor de Buenos Aires. Fue obispo de San Luis por sucesión desde el 6 de julio de 1971. Por 30 años fue Padre y Pastor de esa diócesis, renunciando al cumplir la edad canónica el 6 de junio de 2001. Su lema episcopal es "Fideliter" (Fielmente).

En ese entonces yo era Responsable de Prensa de la Diócesis y me es grato hoy, a 20 años de esa grabación televisiva, presentarles este Mensaje de Navidad iluminado por el misterio insondable de la Misericordia Divina.

Tenemos además la hermosa oportunidad de reencontrarnos con la imagen y la palabra de un gran Pastor de la Iglesia Católica en la Argentina.

Espero que lo disfruten.
Con mi bendición.
Padre José Medina


Aquí estoy con mi querido Obispo de Ordenación, Mons. Juan Rodolfo Laise, en esta oportunidad en las Fiestas Patronales de San Pantaleón, en una de las capillas de mi Parroquia en 1995.


martes, 21 de diciembre de 2010

LITURGIA: “En San José se perfila el hombre nuevo que debe nacer en la Navidad”

Queridos amigos y hermanos del blog: les ofrezco a continuación las palabras dedicadas al Glorioso Patriarca San José que dirigió Benedicto XVI el pasado domingo a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus desde la ventana de su estudio del Palacio Apostólico Vaticano junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro.

¡Queridos hermanos y hermanas! En este cuarto domingo de Adviento el Evangelio de san Mateo narra cómo sucede el nacimiento de Jesús colocándose desde el punto de vista de san José. Él era el prometido de María, la cual “antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo” (Mt 1,18). El Hijo de Dios, realizando una antigua profecía (cf. Is 7,14), se hace hombre en el seno de una virgen, y ese misterio manifiesta a la vez el amor, la sabiduría y el poder de Dios a favor de la humanidad herida por el pecado.

San José es presentado como hombre “justo” (Mt 1,19), fiel a la ley de Dios, disponible a cumplir su voluntad. Por eso entra en el misterio de la Encarnación después de que un ángel del Señor, apareciéndosele en sueños, le anuncia: “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,20-21).

Abandonado el pensamiento de repudiar en secreto a María, la toma consigo, porque ahora sus ojos ven en ella la obra de Dios.

San Ambrosio comenta que “En José nos fue dada la amabilidad y la figura del justo, para hacer más digna su calidad de testimonio” (Exp. Ev. sec. Lucam II, 5: CCL 14,32-33). Él -prosigue Ambrosio- “no habría podido contaminar el templo del Espíritu Santo, la Madre del Señor, el seno fecundado por el misterio” (ibid., II, 6: CCL 14,33). A pesar de haber experimentado turbación, José actúa “como le había ordenado el ángel del Señor”, seguro de cumplir lo justo. También poniendo el nombre de “Jesús” a ese Niño que rige todo el universo, él se sitúa en las filas de los servidores humildes y fieles, parecidos a los ángeles y a los profetas, parecidos a los mártires y a los apóstoles -como cantan antiguos himnos orientales.

San José anuncia los prodigios del Señor, dando testimonio de la virginidad de María, de la acción gratuita de Dios, y custodiando la vida terrena del Mesías. Veneremos por tanto al padre legal de Jesús (cf. CCC, 532), porque en él se perfila el hombre nuevo, que mira con fe y valentía al futuro, no sigue su propio proyecto, sino que se confía totalmente a la infinita misericordia de Aquel que realiza las profecías y abre el tiempo de la salvación.

Queridos amigos, a san José, patrono universal de la Iglesia, deseo confiar a todos los Pastores, exhortándoles a ofrecer “a los fieles cristianos y al mundo entero la humilde y cotidiana propuesta de las palabras y de los gestos de Cristo” (Carta Convocatoria del Año Sacerdotal). Que nuestra vida pueda adherirse cada vez más a la Persona de Jesús, precisamente porque “Aquel que es el Verbo asume Él mismo un cuerpo, viene de Dios como hombre y atrae a sí a toda la existencia humana, la lleva al interior de la palabra de Dios” (Jesús de Nazaret, Milán 2007, 383). Invoquemos con fe a la Virgen María, la llena de gracia “adornada por Dios”, para que, en la próxima Navidad, nuestros ojos se abran y vean a Jesús, y el corazón se alegre en este admirable encuentro de amor.

En la proximidad de la Navidad, os invito a dirigir vuestra oración humilde y confiada al Niño Jesús, nacido de la Santísima Virgen, para que su luz oriente vuestras vidas y os llene de su amor y paz. Que impulsados por la docilidad de nuestra Madre del Cielo estemos siempre dispuestos a realizar en todo la voluntad del Señor, que nos llama y cuenta con cada uno de nosotros.


"San José, cuya protección es tan grande, tan poderosa y eficaz ante el trono de Dios, en vuestras manos entrego todos mis intereses y mis deseos, San José, asistidme con vuestra poderosa intercesión. Obtened para mí, de vuestro Divino Hijo, Nuestro Señor, todas las bendiciones espirituales que necesito. A fin de que habiendo conseguido, aquí en la tierra, la ayuda de vuestro poder celestial, pueda ofrecer mi gratitud y homenaje, al Padre más Amoroso. San José nunca me cansaré de contemplaros con el Niño Jesús dormido en vuestros brazos. No me atrevo a acercarme mientras el Niño reposa sobre vuestro corazón. Abrazadle en mi nombre; y de parte mía, besad su fina y delicada cabecita. Luego, suplicadle que me devuelva ese beso a la hora de mi último suspiro. San José, patrón de los moribundos, rogad por nosotros. Amén."

sábado, 18 de diciembre de 2010

ACTUALIDAD: Se reabre al culto público la Abadía del Valle de los Caídos ¡Bendito sea Dios!


Queridos amigos y hermanos del blog: este domingo 19 de diciembre se reabre al culto la abadía benedictina del Valle de los Caídos, Madrid, España. Durante varias semanas no se pudo celebrar en el interior de la basílica por obras y desde hace un año el acceso al recinto está restringido.

Un hecho que despertó cierta polémica y se saldó con una entrevista entre el nuevo ministro de la Presidencia Ramón Jáuregui y el cardenal arzobispo de Madrid Antonio María Rouco. El abad de la abadía benedictina, Anselmo Álvarez Navarrete, manifestó su satisfacción por la reapertura parcial, aunque expresó el deseo de su comunidad de que se recupere la anterior situación de acceso libre.

El cierre por presuntas obras (al parecer únicamente el peligro de desprendimiento de una estatua), ha supuesto la merma de actividades y un ahogamiento para una comunidad que ofrece un centro de espiritualidad, una hospedería y numerosas actividades culturales y espirituales, y vive de los donativos de los visitantes, y de la venta de sus obras de todo tipo.

Como se sabe, la basílica, situada en el Valle de Cuelgamuros, a sesenta kilómetros de Madrid, es el lugar de enterramiento del anterior jefe del Estado, Francisco Franco, otros conocidos personajes políticos, y un alto número de víctimas de la guerra civil, tanto de los defensores de la República como de los sublevados.

En el Valle de los Caídos, no están sólo la basílica y los sepulcros de significados o anónimos protagonistas de la guerra, sino una escolanía, un centro de espiritualidad, con numerosas actividades, y una gran labor social, a través de la educación, realizada por los monjes en todo el valle. Muchos de ellos son niños de los alrededores, a veces con escasas posibilidades económicas, que reciben una esmerada educación en el entorno de la Abadía.

El monasterio tiene significadas vocaciones de jóvenes educados en la Escolanía o que han llegado allí, atraídos por la espiritualidad benedictina, después de ejercer una profesión.

Tras la entrevista entre el cardenal arzobispo Rouco y el ministro Jáuregui, este último anunció que el domingo 19 de diciembre se reabrirá "definitivamente" la basílica del Valle de los Caídos, después de colocar una especie de túnel provisional que permita a la entrada del templo. El 1 de diciembre, el ministro de la Presidencia, anunció oficialmente la próxima reapertura de la Basílica de la Santa Cruz y de todo el recinto del Valle de los Caídos.

Al parecer, la fecha dependía de la protección de la imagen de la Piedad, con un malla, y un andamiaje que permita el acceso a la basílica por la puerta principal, sin problemas de seguridad. El padre abad Álvarez Navarrete recordó que la comunidad tiene el objetivo de "lograr la plena normalización de la situación del Valle de los Caídos en cuanto al pleno derecho de culto y también de las personas que quieran visitarlo libremente".

La página web del santuario ofrece un paseo muy instructivo por todas las dependencias del complejo del Valle de los Caídos y la importante labor espiritual, cultural y social que realizan los monjes benedictinos.

"Con esta página web -señala el Abad-, la comunidad benedictina del Valle de los Caídos quiere aproximar, a quienes se asomen a ella, la vida de los monjes en su realidad diaria y en los acontecimientos que se producen en torno a ella. Va a ser, pues, un instrumento de comunicación con quienes pueden tener interés en conocer cómo es por dentro la Comunidad y el Monasterio, así como el propio monumento erigido en este lugar".

Recuerda que el Valle de los Caídos es ante todo una Abadía "en la que un grupo de monjes lleva a cabo la experiencia de vida que han desarrollado a lo largo de quince siglos los llamados monjes de Occidente. Un Monasterio con los ingredientes propios que, sobre todo en el continente europeo, han puesto en práctica ese sencillo programa del ora et labora, que la historia ha revelado tan fecundo para la Iglesia, para la cultura y la civilización y para el propio equilibrio de la naturaleza humana".



Visite la página web del Valle de los Caídos:

viernes, 17 de diciembre de 2010

DIVINA MISERICORDIA: Entronización de la Divina Misericordia en la Residencia El Real Deleite de Summa Humanitate (Aranjuez, Madrid)

Queridos amigos y hermanos del blog: con motivo de la celebración de la Semana del Mayor, en el Centro Residencial de Mayores “El Real Deleite de Summa Humanitate” de Aranjuez se han celebrado diversas actividades recreativas y culturales para nuestros residentes. El acto de clausura de la misma se llevará a este sábado 18 de diciembre a las 12 hs. en la Capilla de la Residencia donde en la Santa Misa se entronizará en el Altar Mayor un Cuadro con la Imagen de Jesús Misericordioso, comúnmente llamado de la Divina Misericordia.

La motivación que la Capellanía Sacerdotal de Fundación Summa Humanitate tiene para tal fin es presentar a los residentes -que profesan la fe católica y acuden a los distintos actos de culto en la Capilla situada en el 2º piso de la Residencia- el misterio insondable de la Misericordia Divina que con un amor infinito y eterno nos acompaña y acoge a lo largo de todas las etapas de nuestra vida.

La Imagen de Jesús Misericordioso

El primer elemento de la Devoción a la Divina Misericordia que fue revelado a Santa Faustina Kowalska fue la Imagen, el 22 de Febrero del 1931. Jesús se le aparece con rayos de luz irradiando desde su Corazón y le dice: "Pinta una imagen según el modelo que vez, y firma: "Jesús, en ti confío". Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero." (Diario 47) "Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerta. Yo Mismo la defenderé como Mi gloria." (Diario 48)

"Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas…". "Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizado fue abierto en la cruz por la lanza.""Estos rayos protegen a las almas de la indignación Mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, por que no le alcanzará la mano justa de Dios." (Diario 299)

La Capilla del Real Deleite

Cabe recordar que la Capilla de la Residencia fue en gran parte del siglo pasado el lugar de culto de la comunidad del noviciado y juniorado de la Compañía de Jesús y que en su altar celebró la Santa Misa en sus últimos días de vida San José María Rubio, SJ, (1968-1929) canonizado por Juan Pablo II el 4 de mayo de 2003.

Misa de Entronización de la Divina Misericordia
Capilla del Real Deleite de Summa Humanitate
Sábado 18 de diciembre a las 12 hs.
Paseo del Deleite, 3, Aranjuez, Madrid.

Padre José Medina,
Capellán FSH

jueves, 16 de diciembre de 2010

CATEQUESIS DEL PAPA: "Santa Verónica Giuliani y su correspondencia al amor de Cristo"

CIUDAD DEL VATICANO, 15 DIC 2010 (VIS).-En la audiencia general de hoy, celebrada en el Aula Pablo VI, el Papa habló sobre Santa Verónica Giuliani, monja clarisa capuchina, de quien el próximo 27 de diciembre se conmemora el 350 aniversario de su nacimiento.

Nacida en Mercatello (Italia) en 1660, "era la última de siete hermanas, de las cuales tres abrazaron la vida monástica", explicó el Papa. Recibió el nombre de Ursula. A los 17 años entra en el monasterio de las Clarisas Capuchinas de Città di Castello, donde permanece durante el resto de su vida. Allí recibe el nombre de Verónica. (...) Un año después hace la profesión religiosa solemne e inicia un camino de configuración con Cristo a través de muchas penitencias, grandes sufrimientos y algunas experiencias místicas relacionadas con la Pasión de Jesús. (...) En 1716, a los 56 años, llega a ser abadesa del monasterio y es confirmada en ese cargo hasta su muerte en 1727, después de una dolorosa agonía de 33 días". Fue proclamada santa el 26 de mayo de 1839 por el Papa Gregorio XVI.

El Santo Padre señaló que la principal fuente para reconstruir el pensamiento de la santa es su diario de 22.000 páginas manuscritas. "Santa Verónica tiene una espiritualidad marcadamente cristológico-esponsal: la experiencia de ser amados por Cristo, Esposo fiel y sincero, y de querer corresponder con un amor cada vez más participativo y apasionado".

"Ofrece sus oraciones y sacrificios por el Papa, su obispo, los sacerdotes y todos aquellos que lo necesitan, incluidas las almas del purgatorio", continuó. "Verónica vive de una manera profunda la participación en el amor sufriente de Jesús. (...) Llega a pedir a Jesús que sea crucificada con El".

Benedicto XVI puso de relieve que la santa "está convencida de participar ya en el Reino de Dios, pero al mismo tiempo invoca a todos los santos de la Patria celestial para que la ayuden en el camino terreno de su donación, en espera de la bienaventuranza eterna; ésta es la aspiración constante de su vida".

"Los momentos fuertes de la experiencia mística de Verónica -añadió- nunca se separan de los acontecimientos salvíficos celebrados en la liturgia, donde ocupa un lugar especial la proclamación y la escucha de la Palabra de Dios. La Sagrada Escritura, por lo tanto, ilumina, purifica, confirma la experiencia de Verónica, haciéndola eclesial. (...) Ella, de hecho, no sólo se expresa con las palabras de la Sagrada Escritura, sino que también vive de ellas".

El Santo Padre subrayó que "Verónica se revela, en particular, un valiente testigo de la belleza y del poder del amor divino. (...) También con la Virgen María mantiene una relación de profunda intimidad".

"Santa Verónica Giuliani -concluyó el Papa-, nos invita a hacer crecer en nuestra vida cristiana la unión con el Señor, abandonándonos a su voluntad con confianza plena y total, y la unión con la Iglesia, Esposa de Cristo; nos invita a participar en el amor sufriente de Jesús Crucificado por la salvación de todos los pecadores, nos invita a mantener los ojos fijos en el cielo, meta de nuestro camino terrenal, donde viviremos junto con muchos hermanos y hermanas la alegría de la plena comunión con Dios; nos invita a alimentarnos cotidianamente de la Palabra de Dios para encender nuestro corazón y orientar nuestra vida. Las últimas palabras de la santa se pueden considerar la síntesis de su experiencia mística apasionada: "¡He encontrado el Amor, el Amor se ha dejado ver!".

Como es habitual el Santo Padre al final de la audiencia ha saludado a los jóvenes a los enfermos y a los recién casados. A vosotros, queridos jóvenes, especialmente a los muchachos de Acción Católica, deseo que dispongáis vuestros corazones para acoger a Jesús, que viene a salvarnos con la potencia de su amor. A vosotros, queridos enfermos, que en vuestra experiencia de enfermedad compartís con Cristo el peso de la Cruz, las próximas fiestas navideñas os traigan serenidad y consuelo. Os invito a vosotros, queridos recién casados, que desde hace poco tiempo habéis fundado vuestra familia, a crecer cada vez más en aquel amor que Jesús en su Natividad nos ha dado.

En el marco de esta audiencia el Papa ha recibido a la delegación religiosa y civil procedente de Guanajuato México, con motivo de la iniciativa que este año llega a su tercera edición, Navidad Mexicana en el Vaticano, este año bajo el título “"Guanajuato, Alma de la Navidad Mexicana en el Bicentenario". El Santo Padre ha contemplado el nacimiento y las decoraciones navideñas que han sido colocadas a la entrada del Aula Pablo VI del Vaticano.

martes, 14 de diciembre de 2010

ESPIRITUALIDAD: El mensaje espiritual de San Juan de la Cruz, Místico y Doctor de la Iglesia

Queridos amigos y hermanos del blog: hoy celebramos a San Juan de la Cruz, Místico y Doctor de la Iglesia. El año pasado en este día les conté sintéticamente los principales rasgos de su biografía (cf. http://padrejosemedina.blogspot.com/2009/12/santoral-san-juan-de-la-cruz.html). Este año quiero compartirles algunos aspectos de su legado espiritual.

Es imposible sintetizar el maravilloso magisterio vivido y enseñado por el Doctor Místico en unas breves líneas. Es el Doctor y la máxima figura mística del Carmelo, que a la vida junta la doctrina y la ciencia. Vida santa y ciencia sagrada o mística teología tan hermanadas como lo prueban sus magníficas obras.

Pío XI, que lo nombró Místico Doctor de la Iglesia en 1926, bautizó sus obras como “Código y escuela del alma fiel que se propone emprender una vida más perfecta”.

Notas principales de su espiritualidad:

El Santo, en sus escritos, tiene siempre presente el fin de la vida espiritual, o sea, objetivamente Dios, llevar las almas a Dios. Y subjetivamente unirlas a él por amor, es decir, la transformación perfecta en Dios por amor cuanto se puede en esta vida siguiendo a Jesucristo.

En su obra admirable recuerda a cada paso a sus lectores la cumbre de aquella montaña a la que quiere hacerlos subir, la sublime perfección a que los encamina con sus palabras y ejemplos convincentes.

Su razonamiento se reducirá a demostrar que es necesaria esa subida porque es un indispensable medio y un muy misterioso lazo y que es preciso para esto huir, apartarse y desnudarse de todas “esas otras cosas” del mundo, porque son obstáculo para la suprema transformación del alma en Dios.

Juan de la Cruz era un profundo conocedor del corazón humano. Por ello, “Como el amor de Dios y el amor de criatura son opuestos, es preciso ir limpiando el alma del amor de criatura para que la gracia la embista y llene de amor divino”.

Y tanto mayor será este embestimiento y llenez, cuanto mayor sea el vacío de criatura que se haga en el alma: “Olvido de lo creado, memoria del creador, atención a lo interior y estarse amando al amado”.

Asumió el desafío de enseñar los métodos para conseguir este vacío en los sentidos y potencias del alma mediante ingeniosas purgaciones activas y pasivas. A éstas se ordenan los tratados “Subida al Monte Carmelo” y “Noche oscura del alma”, ambos de profunda doctrina espiritual y fuerte trabazón lógica.

En el “Cántico Espiritual” y en la “Llama de amor viva”, entre metáforas y comparaciones espléndidas, tomadas las más de la naturaleza, va descubriendo en progresión ascendente las excelencias del amor divino en las almas desde los grados inferiores a los más altos del desposorio y matrimonio espiritual.

En síntesis, puede decirse que la gran originalidad del magisterio espiritual sanjuanista y como el secreto de su vitalidad estriba precisamente en la íntima relación entre abnegación y unión en la vida sobrenatural o, por usar su terminología ya clásica, entre la nada y el todo, que se funden en uno.

San Juan de la Cruz, el Doctor místico, ha influido grandemente en la espiritualidad cristiana: mientras vivió con su dirección espiritual y después de muerto con sus inmortales escritos. Hoy, y sobre todo desde que fue declarado Doctor de la Iglesia Universal, sus obras son leídas y citadas por todos los autores espirituales.

En encuestas hechas por revistas especializadas en tema religioso y por historiadores prestigiosos sobre las lecturas o autores preferidos, suele ir siempre o casi siempre en primer lugar nuestro Doctor Místico.

Los mismos hermanos separados de la Iglesia Anglicana, de Taizé y de la Iglesia Ortodoxa confiesan su preferencia por el carmelita de Fontiveros. Literatos, poetas, científicos y hasta no creyentes quedan admirados ante la profundidad y belleza que brota de los escritos sanjuanistas.

Síntesis de su mensaje espiritual:

- que sepamos descubrir el tesoro de la cruz.
- que la oración y el silencio nos ayuden a descubrir a Dios.
- que seamos dóciles a las inspiraciones de lo alto.
- que sepamos perdonar a cuantos nos ofenden.


Oración a San Juan de la Cruz

Señor, Dios nuestro, que hiciste a tu presbítero San Juan de la Cruz modelo perfecto de negación de sí mismo y de amor a la cruz; ayúdanos a imitar su vida en la tierra para llegar a gozar de tu gloria en el cielo. Amén.

viernes, 10 de diciembre de 2010

ACTUALIDAD: 45º Aniversario de la Clausura del Vaticano II, un Concilio bajo el manto de María

Queridos hermanos: El 8 de diciembre de 1965, el día de la Inmaculada, hoy hace cuarenta y cinco años, el Papa Pablo VI clausuró solemnemente el Concilio Vaticano II. Tres años atrás, Juan XXIII lo había inaugurado en la fiesta de la Maternidad de María. Como nos recordaba el Papa Benedicto XVI, el Concilio Vaticano II tuvo lugar entre esas dos fechas marianas: comenzó con la Maternidad de María y concluyó con la Inmaculada Concepción. No se trata de que se hubiese buscado la coincidencia de esas fechas para dotar de un bello marco a aquella asamblea eclesial.

Así lo matizaba Benedicto XVI: “En realidad es mucho más que un marco: es una orientación de todo el camino del Concilio Vaticano II. Nos remite, como remitía entonces a los Padres Conciliares, a la imagen de la Virgen que escucha, que vive de la palabra de Dios, que guarda en su corazón las palabras que le vienen de Dios y, uniéndolas como en un mosaico, aprende a comprenderlas (cf. Lc 2, 19. 51); nos remite a la “gran creyente” que, llena de confianza, se pone en las manos de Dios, abandonándose a su voluntad; nos remite a la humilde Madre que, cuando la misión del Hijo lo exige, se aparta; y, al mismo tiempo, a la mujer valiente que, mientras los discípulos huyen, está al pie de la cruz”.

En efecto, el mismo Concilio, en la Constitución Dogmática Lumen Gentium proclama a la Virgen María como “miembro excelentísimo y enteramente singular de la Iglesia” y “tipo y ejemplar acabadísimo de la Iglesia en la fe y en la caridad” (LG 53). Al tiempo que recoge que la “Madre de Dios y del Redentor” fue “redimida de modo eminente en previsión de los méritos de su Hijo, unida a Él con un vínculo estrecho e indisoluble”. Éste es el Misterio de fe que hoy estamos celebrando llenos de alegría.

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28). Las palabras del Ángel que los cristianos meditamos cada día, al decirlas con la boca y con el corazón en el Ángelus, en el Santo Rosario y en la oración de la mañana o de la noche, contienen y anuncian la santidad de la Virgen María, Inmaculada desde su concepción. La Virgen es toda ella y desde siempre, santa, llena de gracia y de alegría. La alegría y la total santidad de la Virgen María tienen una misma raíz, un mismo origen, un mismo motivo: Dios, el tres veces santo, el sólo santo, el único santo. Es Dios Padre quien “en previsión de los méritos de Dios Hijo la eligió en la persona de Cristo, y la preservó de todo defecto, haciéndola sagrario de Dios Espíritu Santo” (LG 53), “por quien concibió y dio a luz a Jesucristo, que, por su sangre, nos ha obtenido el perdón de los pecados” (cf. Ef 3,7).

También nosotros queremos cantar con ella, con las palabras del Salmo de la Liturgia de este día, “un cántico nuevo” que anuncie las maravillas que Dios ha hecho en nuestras vidas. ¡Hemos recibido tanto de Él! Todo lo hemos recibido de Él: Porque, ¿qué tenemos que no hayamos recibido? (cf. 1 Cor 4,7). Dios nos ha llamado en Cristo a la santidad de la que la Virgen María participó plenamente desde su concepción, y nos la ha dado como Madre. Acojámonos bajo su amparo, para que vivamos como hijos suyos la comunión con la Iglesia. Como dice el Concilio, también la Iglesia, al igual que María, es madre, “mediante la Palabra de Dios aceptada con fidelidad, pues por la predicación y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios. Y la Iglesia es igualmente virgen, que guarda pura e íntegramente la fe prometida al Esposo, y a imitación de la Madre de su Señor, por la virtud del Espíritu Santo, conserva virginalmente una fe íntegra, una esperanza sólida y una caridad sincera” (LG 64).

La unión entre el misterio de la Iglesia y el misterio de la Virgen María destacada por el Concilio Vaticano II es para todos nosotros, en el 45º aniversario de su clausura un motivo de agradecimiento y una llamada de atención. Un motivo de agradecimiento por el Magisterio de la Iglesia, que se identifica a sí misma con la Virgen Madre, humilde y alegre. En palabras de Benedicto XVI, “María está tan unida al gran misterio de la Iglesia, que ella y la Iglesia son inseparables, como lo son ella y Cristo. María refleja a la Iglesia, la anticipa en su persona y, en medio de todas las turbulencias que afligen a la Iglesia sufriente y doliente, ella sigue siendo siempre la estrella de la salvación”.

Junto al agradecimiento, la llamada de atención, para que se evite blandir el Concilio Vaticano II como una bandera, más aún, a veces, como el palo de una bandera, de unos frente a otros. El Concilio Vaticano II no es propiedad de ninguna de las sensibilidades plurales que integran la Iglesia Católica. No puede emplearse para la división, sino para la comunión. Lo contrario sería incurrir en una manipulación de la realidad.

Con motivo del 40º aniversario del Concilio, Benedicto XVI hizo una distinción entre las dos “hermenéuticas” o “claves de interpretación” contrapuestas que han sido utilizadas para la comprensión del Concilio Vaticano II. Por una parte está la llamada hermenéutica de la “ruptura”: Según esta interpretación, el Concilio Vaticano II habría supuesto una ruptura frente a la tradición anterior de la Iglesia. En esta misma línea, quienes sostienen esto, suelen llegar a afirmar que el Magisterio posterior, así como el rumbo pastoral que los papas han marcado en el posconcilio ha supuesto una involución en el progreso de la Iglesia. Según ellos, estaríamos ahora en una etapa de involución… Como es un hecho incuestionable que los textos conciliares no dan margen alguno para sostener tales acusaciones, se han intentado fundamentar en que el “espíritu” del Concilio estaría desligado de su “letra”, llegando mucho más lejos que los “textos escritos”. Pero, es obvio que invocar un “espíritu” del Concilio al margen de su propia “letra”, es caer en un inevitable subjetivismo.

Por el contrario, el Papa habla de que la auténtica hermenéutica desde la que tenemos que entender y recibir el Concilio es la hermenéutica de “reforma”; es decir, el Concilio no supone una ruptura con respecto a la tradición anterior, sino una necesaria reforma, en continuidad con el Magisterio anterior y con el posterior al Concilio Vaticano II.

En este sentido celebramos hoy el 45º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II; sabiendo que, “si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia”. En el Concilio Vaticano II encontramos la base necesaria para la comunión de cuantos conformamos la Iglesia.

Que nuestra Madre la Virgen María, concebida sin pecado, nos guíe en el seguimiento a Cristo, el Señor y nos guarde siempre en su santo servicio.

Mons. José Ignacio Munilla Aguirre
Obispo de San Sebastián, España

* Las citas de Benedicto XVI son de su Homilía en el 40º Aniversario de la Clausura del Concilio Vaticano II, San Pedro en el Vaticano, 8 de diciembre de 2005.

jueves, 9 de diciembre de 2010

CATEQUESIS DEL PAPA: "María es nuestra abogada porque su Corazón Inmaculado está sintonizado con la misericordia de Dios"

Miércoles, 8 dic (RV).- La esperanza del creyente se fundamenta en la convicción de que la Gracia de Dios es mas grande que el pecado, aseguró Benedicto XVI este miércoles, al sacar la lección central que presenta la solemnidad de la Inmaculada Concepción. Por este motivo, aseguró a mediodía a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro para rezar la oración mariana del Ángelus, "el misterio de la Inmaculada Concepción es fuente de luz interior, de esperanza y de consuelo".

La misericordia es más potente que el mal

El obispo de Roma reconoció que "en medio de las pruebas de la vida, y especialmente de las contradicciones que experimenta el hombre en su interior y a su alrededor, María, Madre de Cristo, nos dice que la Gracia es más grande que el pecado, que la misericordia de Dios es más potente que el mal y sabe transformarlo en bien".

"Por desgracia -subrayó-, cada día, nosotros experimentamos el mal, que se manifiesta de muchas maneras en las relaciones y en los acontecimientos, pero que tiene su raíz en el corazón del hombre, un corazón herido, enfermo, incapaz de curarse por sí solo". El pontífice explicó que la Sagrada Escritura nos revela que en el origen de todo mal "se encuentra la desobediencia a la voluntad de Dios, y que la muerte ha dominado porque la libertad humana ha cedido a la tentación del Maligno".

El dogma de la Inmaculada

Explicó el misterio de la Inmaculada Concepción, diferente al de su virginal maternidad, recordando que "Dios no desfallece en su designio de amor y de vida: a través de un largo y paciente camino de reconciliación, ha preparado la alianza nueva y eterna, sellada con la sangre de su Hijo, que para ofrecerse a sí mismo en expiación 'nació de mujer'".

"Esta mujer, la Virgen María, se benefició de manera anticipada de la muerte redentora de su Hijo y desde la concepción quedó preservada del contagio de la culpa. Por este motivo, con su corazón inmaculado, nos dice: confiad en Jesús, Él os salva", aclara para explicar este dogma. El dogma de la Inmaculada, si bien se fundamenta en doctrina de origen apostólico, fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula "Ineffabilis Deus".

En Plaza de España, Roma

El Santo Padre Benedicto XVI luego por la tarde llegó a la Plaza de España para renovar la antigua y ferviente tradición de homenajear y venerar a la Madre de Dios, ante su imagen colocada en lo alto de una columna desde donde vela sobre la Diócesis de Roma. Un acto con el que hace más de 150 años se recuerda la Proclamación del Dogma de que María fue concebida sin pecado original, sin mancha.

El Papa, salió del Vaticano poco antes de las 4 de la tarde, en dirección al centro de Roma, hacia la famosa Plaza de España. Allí, el Pontífice fue acogido por el alcalde de Roma, Gianni Alemanno y por Su Vicario para la Diócesis de Roma, Cardenal Agostino Vallini, dando comienzo al acto de veneración a la Virgen Inmaculada.

“Queridos hermanos y hermanas, en este día, lleno de piedad mariana, nos detenemos en el corazón de la amada ciudad de Roma para rendir un homenaje filial y agradecido a la Virgen Inmaculada. A ella, la Toda Santa, pedimos que nos enseñe a creer, a amar y a esperar, que nos indique el camino que conduce a la paz, el camino hacia el Reino de Dios, que nos ayude en los momentos alegres y tristes de nuestro peregrinar terreno; que nos sostenga en nuestro camino de santidad”.

Luego de escuchar una breve lectura de la Palabra, el Papa –ante miles de fieles y peregrinos congregados en la plaza y sus alrededores- recordó que el don más querido que podemos ofrecer a la Virgen es nuestra oración, las invocaciones “de agradecimiento por el don de la fe y por todo el bien que cotidianamente recibimos de Dios” y las “de súplica por las diversas necesidades, por la familia, la salud, el trabajo, por cada dificultad que encontramos en la vida”.

Benedicto XVI subrayó que en nuestro acto de veneración a la Madre de Dios es siempre más lo que recibimos de Ella que lo que podemos ofrecerle, pues nos regala un mensaje destinado a cada uno de nosotros, a la ciudad de Roma y al mundo entero. “Ella nos habla con la Palabra de Dios que se hizo carne en su vientre -dijo el Papa- y su “mensaje” no es otro que Jesús”.

“Y como el Hijo de Dios se hizo hombre entre nosotros, así también Ella, la Madre ha sido preservada del pecado por nosotros, por todos, como anticipo de la salvación de Dios para cada hombre. Así María nos dice que estamos llamados a abrirnos a la acción del Espíritu Santo para poder alcanzar, en nuestro destino final, el ser inmaculados, plenamente y definitivamente libres del mal”.

El Santo Padre insistió en que María dirige este mensaje a todos los hombres y las mujeres de esta ciudad y del mundo, incluso a quienes no les interesa, a quienes ni siquiera recuerdan qué es la Fiesta de la Inmaculada y a quienes se sienten solos y abandonados, porque Ella nos mira con el amor mismo del Padre y nos bendice.

María, Reina y Abogada nuestra

“Se comporta como nuestra “abogada” y así la invocamos en el Salve, Regina. Advocata nostra”. Incluso si todos hablaran mal de nosotros, ella, la Madre, hablaría bien porque su corazón inmaculado está sintonizado con la misericordia de Dios. Así ella ve la Ciudad: no como una aglomeración anónima, sino como una constelación donde Dios conoce a todos personalmente por nombre, uno a uno, y nos llama a resplandecer con su luz”.

“La Madre nos mira como Dios la ha mirado a ella, humilde jovencita de Nazaret, insignificante a los ojos del mundo, pero elegida y preciosa para Dios” dijo Papa al afirmar que el mensaje que recibimos a los pies de María Inmaculada es un mensaje de confianza y de esperanza que no está hecho de palabras sino de su propia historia, la de una mujer de nuestra estirpe que dio a luz al Hijo de Dios.

“Y hoy nos dice: este es también tu destino, el vuestro, el destino de todos: ser santos como nuestro Padre, ser inmaculados como nuestro hermano Jesucristo, ser hijos amados, todos adoptados para formar una gran familia, sin fronteras de nacionalidad, de color, de lengua, porque uno sólo es Dios, Padre de cada hombre”.

martes, 7 de diciembre de 2010

ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS: “Sí, sí, sí, nos vemos en Madrid”

Queridos amigos y hermanos del blog: les comparto un breve artículo periodístico que he escrito para la edición noviembre-diciembre de “Padre de todos” la Revista de la Diócesis de Getafe. Esta revista diocesana lleva editándose desde el año 1991. La Diócesis tiene en ella un excelente medio para anunciar la Buena Noticia del Evangelio con una moderna estética y con verdadera profundidad teológica. En cada ejemplar queda unido el rigor informativo y la actualidad al servicio de la obra de evangelización de esta joven Diócesis de España.

“Sí, sí, sí, nos vemos en Madrid”

Todavía resuenan en los oídos de nuestro corazón el estribillo que miles de jóvenes voces en Santiago de Compostela y Barcelona le expresaron como la mejor de las despedidas al Santo Padre Benedicto XVI en su reciente visita a España: “Sí, sí, sí, nos vemos en Madrid”. Y es que vosotros que os autoproclamasteis “¡Esta-es-la-juventud-del-Papa!”, nos habéis brindado con vuestra presencia un buen anticipo de la próxima Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid en agosto próximo.

Así es, queridos jóvenes de la Diócesis de Getafe, ya estamos en la cuenta atrás para el encuentro mundial con la juventud en Madrid 2011. Y en esta aceleración de tiempos y preparativos vosotros no podéis estar ausentes, es más, sois los auténticos protagonistas del encuentro. Vuestra respuesta debe ser entusiasta y superar toda previsión.

¿Qué debéis hacer? «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cfr. Col 2,7), debéis acercaros a vuestras parroquias, colegios o movimientos eclesiales a los cuales pertenecéis y ofrecer vuestra persona y vuestra ayuda, ya que queda mucho por hacer y mucho por comprometerse. Debéis ser parte de este acontecimiento histórico. ¡Cristo ya se ha comprometido con y por vosotros!, y Él sabe, en lo más profundo de su corazón, que esta vez, ¡Vosotros os comprometeréis con Él y por Él!”. ¡Vamos a por ello!

Padre José Medina

sábado, 4 de diciembre de 2010

LITURGIA: El sentido del Adviento cristiano


Queridos amigos y hermanos del Blog: la liturgia de la Iglesia tiene un calendario propio al cual se denomina Año Litúrgico, que comienza con el I Domingo de Adviento y termina con la Solemnidad de Cristo Rey. El centro de todo el ciclo es la Pascua de Resurrección, a ella todo confluye y de ella todo depende.
El misterio de la salvación comienza evangélicamente con la Venida de Jesucristo a la tierra (Tiempo de Adviento y Navidad), se va desarrollando en semilla con su predicación (Tiempo Ordinario o durante el año) y termina pascualmente con su vuelta al cielo (Tiempo de Cuaresma y Pascua). Así durante el ciclo litúrgico la Iglesia “desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor” Constitución “Sacrosanctum Concilium” n. 101, 2).
Cristo es el modelo, maestro y pastor de su Iglesia, y sus misterios son fuente sobrenatural de fecundidad espiritual y apostólica; por eso, a través del ciclo litúrgico, los fieles tenemos una ascesis y una mística para encontrar, diaria y periódicamente, los recursos útiles y necesarios para el desarrollo de nuestro caminar en la fe en pos de Jesús.
Dentro de este todo nos referiremos al llamado “ciclo natalicio” o de la manifestación del Señor: Adviento y Navidad, unidos entre sí por esta referencia, la perspectiva común de la venida del Señor.
El Adviento comienza el domingo más cercano al la fiesta de San Andrés Apóstol (30 de noviembre), o sea, entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre. Dura cuatro semanas incompletas, concluyendo el 24 de diciembre. Litúrgicamente el día del inicio del Adviento se dan la mano la primera y la última palabra del año cristiano: “¡Ven, Señor Jesús!”, según la afirmación del Apocalipsis.
En todo este tiempo están presentes las dos venidas del Señor: la de la Navidad, en carne mortal, y en forma de Niño; y la triunfal, como juez, al fin del mundo. Pero, este mismo Salvador, velada, mística y salvíficamente, viene todos los días a las almas justas. Ninguna de estas tres venidas debe ser ignorada ni desaprovechada en el Adviento.
El Cristo de la promesa es el que llena la historia sagrada de todo el Antiguo Testamento, nos pone en sintonía con la fe de nuestros padres. El Cristo Redentor, el del Evangelio, a él esperamos, siempre vivo e inmortal, aunque figurado en un pesebre, para adorarle, colmarle de honores y escuchar su Palabra. El Cristo místico, siempre presente, él se nos da en la intimidad del alma, en su presencia Eucarística, en la fuerza arrolladora de su Espíritu.
Este espíritu de esperanza vigilante es lo que caracteriza a este tiempo, una invitación silenciosa al recogimiento interior, dentro del quehacer cotidiano; a una prudente moderación en la vida, a un renovar la práctica de los ejercicios piadosos; a vivir con gran dignidad nuestra realidad de hijos de Dios que esperamos su manifestación gloriosa.
Ojalá que podamos aprovechar este sagrado tiempo que estamos viviendo, le pedimos a la Virgen que nos ayude y nos comprometemos a hacer realidad en nosotros lo que la liturgia de la Iglesia nos propone.
Con mi bendición.
Padre José Medina


“¡Ven, Señor Jesús!”

viernes, 3 de diciembre de 2010

CONFERENCIAS: "La Divina Misericordia en mi alma"

Queridos amigos y hermanos del blog: hoy viernes 3 de diciembre a las 20:00 hs. en la Parroquia “Nuestra Señora de las Angustias”, situada en Av. del Príncipe, 73, de Aranjuez, Madrid, tendré la hermosa oportunidad de realizar una Conferencia titulada: “LA DIVINA MISERICORDIA EN MI ALMA”.

En ella expondré los principales elementos de la Devoción a Jesús Misericordioso, a saber: antecedentes bíblicos de esta devoción, la vida de Santa María Faustina Kowalska, la Imagen de Jesús Misericordioso, la Hora, la Novena, la Coronilla y la Fiesta de la Divina Misericordia, y por último, el Siervo de Dios Juan Pablo II y la Divina Misericordia.

Creo que a partir de estos temas tendremos nuevos y profundos elementos para vivir el Adviento, en su fuerte perspectiva escatológica, sabiendo que como le expresó el Señor Jesús a Santa María Faustina: “LA HUMANIDAD NO ENCONTRARÁ NI PAZ NI TRANQUILIDAD HASTA QUE NO SE VUELVA CON CONFIANZA A MI DIVINA MISERICORDIA”.

Los espero y desde ya encomiendo esta conferencia a vuestras oraciones.
Con mi bendición.
Padre José Medina


“LA HUMANIDAD NO ENCONTRARÁ NI PAZ NI TRANQUILIDAD HASTA QUE NO SE VUELVA CON CONFIANZA A MI DIVINA MISERICORDIA”

jueves, 2 de diciembre de 2010

INTENCIONES DEL PAPA: Diciembre de 2010

Queridos amigos y hermanos del blog: les comparto las intenciones del Santo Padre Benedicto XVI para este mes de diciembre de 2010 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Claudio Barriga, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.

La INTENCIÓN GENERAL para el mes de DICIEMBRE de 2010 es: "Para que la experiencia del sufrimiento sea ocasión para comprender las situaciones de malestar y de dolor de las personas solas, enfermos y ancianos, y estimule a todos a salir a su encuentro con generosidad".

Comentario pastoral: A Santa Josefina Bakhita, joven africana secuestrada y hecha esclava a partir de sus nueve años, fallecida en 1947 y canonizada el 2000, le preguntaron, cuando ya era religiosa en Italia, qué haría si se encontrase de nuevo con los negreros que la secuestraron y la torturaron. Su respuesta: “me pondría de rodillas y les besaría las manos, porque si no hubiera ocurrido eso no sería ahora cristiana y religiosa.”

Un matrimonio que perdió a sus cuatro hijos en un accidente automovilístico fue capaz más tarde de agradecer al Señor al reconocer que él se había servido de ese intenso dolor para atraerlos hacia la Iglesia y el servicio de Dios, cambiando y mejorando sus vidas. No agradecían la muerte de sus hijos, sino la bondad del Señor que les transformó el corazón.

Los padres de la pequeña Laurita, espiritualmente transformados a través de la dolorosa experiencia de ver a su hija morir de cáncer, aprendieron a descubrir a un Dios lleno de ternura que siempre los acompañaba…

Son muchas las historias que podríamos relatar para ilustrar cómo experiencias de dolor resultan ser finalmente ocasiones de conversión y crecimiento espiritual. El dolor y el sufrimiento nunca es bueno ni querido por Dios. Dios no quería la esclavitud ni los innumerables sufrimientos que padeció Bakhita, ni provocó el accidente donde murieron esos cuatro jóvenes, ni envió el cáncer que mató a Laurita… Pero en su amor y providencia es capaz de valerse incluso del mal y de esas intensas experiencias de dolor para traer salvación. De la cruz, Dios hace brotar resurrección. Es la experiencia pascual que está en el corazón del cristianismo. De la muerte, brota la vida. Más precisamente, es del amor que brota la vida.

La muerte siempre es un mal. Es más, la muerte cruel e injusta de un inocente nunca es algo querido por Dios. El Padre Dios no estaba contento cuando estaban matando a su Hijo en la cruz, a todas luces una infamia y un crimen. Pero gracias al amor de Jesús, ese crimen y esa injusticia se transformó en la muestra de cuánto nos quiere Dios y en la causa de nuestra salvación. No fue la muerte de Jesús la que nos salvó, sino su amor, amor que todo lo transformó, como ocurrió en las vidas de las personas antes citadas.

El Santo Padre con esta intención de oración nos invita a hacer una reflexión personal, a partir de nuestras propias experiencias de sufrimiento. Nos ayuda a descubrir en el amor la clave que nos abre a los demás, que rompe el círculo de nuestro egoísmo, que nos impulsa a servir a las personas solas, enfermas, ancianas. El amor hace posible que una experiencia dura de dolor se convierta en causa de nuestra salvación, pues nos abre a una nueva comprensión del sufrimiento y da otro sentido a toda la vida. Tengamos esto presente al hacer cada día nuestra oración de ofrenda, que puede así dar sentido a nuestros sufrimientos aparentemente “absurdos” o “inútiles”. Es el amor y la generosidad con que ofrecemos la vida, unidos a la donación de la vida de Cristo, lo que cambia todo.


La INTENCIÓN MISIONERA para DICIEMBRE de 2010 es: "Para que los pueblos de la tierra abran las puertas a Cristo y a su Evangelio de paz, fraternidad y justicia".

Comentario pastoral: Todos recordamos el amable y sonriente rostro de Juan Pablo II repitiendo una de sus frases favoritas: “No teman, abran las puertas a Cristo.” Este mes, en tiempos de Navidad, su sucesor nos anima a su vez a dejar a Cristo y su Evangelio entrar más y más en nuestras vidas. Abrámosle esas puertas “en la prensa, la radio, la TV, el cine y el internet”, insistió el Papa Juan Pablo el 27 de Marzo de 2002. Acoger a Cristo es acoger el don gratuito de la paz, la fraternidad y la justicia para todos. Es don gratuito porque no depende de nuestros méritos personales y no pide nada de nuestra parte, sólo nos pide abrirle las puertas.

Compartamos como reflexión un extracto de las lúcidas palabras de Oscar Arias, presidente de Costa Rica, premio Nobel de la Paz en 1987, pronunciadas ante todos sus colegas presidentes del continente latinoamericano y el Caribe, en abril de 2009. No es un discurso religioso ni habla de abrir las puertas a Cristo, pero nos permite soñar que las cosas pueden ser diferentes:

“En mi intervención de esta mañana me referí a un hecho que para mí es grotesco y que demuestra que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, está equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique cien mil millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo en un planeta que tiene dos mil quinientos millones de seres humanos con un ingreso de dos dólares por día, y que, por otra parte, gaste trece veces más (un billón trescientos mil millones de dólares) en armas y soldados. Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina gaste cincuenta mil millones de dólares en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro?... El enemigo nuestro es la desigualdad, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.” (Discurso pronunciado en la Cumbre de las Américas, en Trinidad Tobago, en abril de 2009, reproducido por la revista chilena Mensaje, en su número de junio 2009).

Que la contemplación del Dios que llega desarmado, que se hace vulnerable, que “entra a la historia por la puerta de servicio”, como ha dicho algún teólogo, que viene como Príncipe de la Paz, traiga en esta Navidad la Buena Noticia de un nuevo modo de vivir para todas las naciones de la tierra.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

CATEQUESIS DEL PAPA: Santa Juliana de Norwich: "Todo irá bien, y todo será para bien"

Queridos amigos y hermanos del blog: les ofrezco a continuación la catequesis que el Papa Benedicto XVI dirigió hoy a los peregrinos reunidos en el Aula Pablo VI para la Audiencia General de los miércoles.

“Queridos hermanos y hermanas, recuerdo aún con gran alegría el Viaje apostólico realizado al Reino Unido el pasado septiembre. Inglaterra es una tierra que ha visto nacer a muchas figuras ilustres que con su testimonio y su enseñanza embellecen la historia de la Iglesia. Una de ellas, venerada tanto por la Iglesia católica como por la Comunión anglicana, es la mística Juliana de Norwich, de la que querría hablaros esta mañana.

Se sabe que vivió aproximadamente entre 1342 y 1430, años tormentosos tanto para la Iglesia, lacerada por el cisma que siguió a la vuelta del Papa de Aviñón a Roma, como para la vida de la gente que sufría las consecuencias de una larga guerra entre el reino de Inglaterra y el de Francia. Dios, sin embargo, tampoco en los tiempos de tribulación cesa de suscitar figuras como Juliana de Norwich, para llamar a los hombres a la paz, al amor y a la alegría.

Como ella misma nos narra, en mayo de 1373, fue afectada de repente por una enfermedad gravísima que en tres días pareció llevarla a la muerte. Después de que el sacerdote, que acudió a su cabecera, le mostró el Crucifijo, Juliana no sólo recuperó en seguida la salud, sino que recibió dieciséis revelaciones que después consignó por escrito y comentó en su libro, las Revelaciones del Amor divino. Y fue el propio Señor quien, quince años después de estos acontecimientos extraordinarios, le reveló el sentido de esas visiones. “¿Quieres saber lo que pretendía tu Señor y conocer el sentido de esta revelación? Sábelo bien: amor es lo que Él pretendió. ¿Quién te lo revela? El amor. ¿Por qué te lo revela? Por amor... Así aprenderás que nuestro Señor significa amor" (Juliana de Norwich, Il libro delle rivelazioni, cap. 86, Milán 1997, p. 320).

Inspirada por el amor divino, Juliana tomó una decisión radical. Como una antigua anacoreta, eligió vivir dentro de una celda, colocada en las proximidades de la iglesia dedicada a san Julián, dentro de la ciudad de Norwich, en sus tiempos un importante centro urbano, cerca de Londres. Quizás asumió el nombre de Juliana precisamente por el del santo al que estaba dedicada la iglesia junto a la que vivió durante muchos años, hasta su muerte. Podría sorprendernos e incluso dejarnos perplejos esta decisión de vivir “recluida”, como se decía en sus tiempos.

Pero no era la única en realizar esta elección: en aquellos siglos un número considerable de mujeres optó por este tipo de vida, adoptando reglas elaboradas a propósito para ellas, como la compuesta por san Elredo de Rievaulx. Las anacoretas o “reclusas”, dentro de su celda, se dedicaban a la oración, a la meditación y al estudio. De esta forma, maduraban una sensibilidad humana y religiosa finísima, que las hacía veneradas por la gente. Hombres y mujeres de toda edad y condición, necesitados de consejos y de consuelo, las buscaban con devoción. Por tanto no era una decisión individualista; precisamente con esta cercanía al Señor maduraba en ella también la capacidad de ser consejera para muchos, de ayudar a cuantos vivían en dificultad en esta vida.

Las mujeres y los hombres que se retiran para vivir en compañía de Dios, precisamente gracias a esta decisión suya, adquieren un gran sentido de compasión por las penas y debilidades de los demás. Amigas y amigos de Dios, disponen de una sabiduría que el mundo, del que se alejan, no posee, y con amabilidad la comparten con aquellos que llaman a sus puertas. Pienso por tanto con admiración y reconocimiento en los monasterios de clausura femeninos y masculinos que, hoy más que nunca, son oasis de paz y de esperanza, precioso tesoro para toda la Iglesia, especialmente al recordar la primacía de Dios y la importancia de una oración constante e intensa para el camino de fe.

Fue precisamente en la soledad habitada por Dios como Juliana de Norwich compuso las Revelaciones del Amor divino, de la que nos han llegado dos redacciones, una más breve, probablemente la más antigua, y una más larga. Este libro contiene un mensaje de optimismo fundado en la certeza de ser amados por Dios y de ser protegidos por su Providencia. Leemos en este libro las siguientes palabras estupendas: “Ve con absoluta seguridad... que Dios antes aún de crearnos nos amó, con un amor que nunca ha disminuido, y nunca se desvanecerá. Y en este amor Él hizo todas sus obras, y en este amor Él hizo de modo que todas las cosas resulten útiles para nosotros, y en este amor nuestra vida dura por siempre... En este amor tenemos nuestro principio, y todo esto lo veremos en Dios sin fin" (El libro de las revelaciones, cap. 86, p. 320).

El tema del amor divino vuelve a menudo en las visiones de Juliana de Norwich quien, con una cierta audacia, no duda en compararlo también al amor materno. Este es uno de los mensajes más característicos de su teología mística. La ternura, la solicitud y la dulzura de la bondad de Dios hacia nosotros son tan grandes, que a nosotros peregrinos en la tierra nos evocan el amor de una madre por sus propios hijos. En realidad, también los profetas bíblicos a veces utilizaron este lenguaje que recuerda la ternura, la intensidad y la totalidad del amor de Dios, que se manifiesta en la creación y en toda la historia de la salvación y que tiene el culmen en la Encarnación del Hijo. Dios, que sin embargo supera siempre todo amor humano, como dice el profeta Isaías: "¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!" (Is 49, 15). Juliana de Norwich comprendió el mensaje central para la vida espiritual: Dios es amor y sólo cuando se abre a él, totalmente y con confianza total, a este amor y se deja que éste se convierta en la única guía de la existencia, todo se transfigura, se encuentran la verdadera paz y la verdadera alegría y se es capaz de difundirla alrededor.

Quisiera subrayar otro punto. El Catecismo de la Iglesia Católica recoge las palabras de Juliana de Norwich cuando expone el punto de vista de la fe católica sobre un argumento que no deja de constituir una provocación para todos los creyentes (cfr nn. 304-314). Si Dios es sumamente bueno y sabio, ¿por qué existen el mal y el sufrimiento de los inocentes? También los santos, precisamente los santos, se plantean esta pregunta. Iluminados por la fe, nos dan una respuesta que abre nuestro corazón a la confianza a la esperanza: en los misteriosos designios de la Providencia, también del mal sabe sacar Dios un bien más grande, como escribió Juliana de Norwich: "Aprendí de la gracia de Dios que debía permanecer firmemente en la fe, y que debía por tanto creer firme y perfectamente que todo habría acabado en bien…" (Il libro delle rivelazioni, cap. 32, p. 173).

Si, queridos hermanos y hermanas, las promesas de Dios son siempre más grandes que nuestras esperanzas. Si entregamos a Dios, a su inmenso amor, los deseos más puros y más profundos de nuestro corazón, nunca serenos decepcionados. “Y todo estará bien”, “todo será para bien": este es el mensaje final que Juliana de Norwich nos transmite y que también yo os propongo hoy. Gracias.”