miércoles, 1 de junio de 2011

INTENCIONES DEL PAPA: Junio de 2011

Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Benedicto XVI indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de junio de 2011 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Claudio Barriga, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.

La Intención General para junio de 2011 es: “Para que los sacerdotes, unidos al Corazón de Cristo, siempre sean verdaderos testigos del amor solícito y misericordioso de Dios”.

COMENTARIO PASTORAL: La petición de oración del Papa este mes nos invita a orar con cariño por los sacerdotes y por su servicio al pueblo de Dios. Pedimos en primer lugar que ellos estén unidos al Corazón de Cristo. No puede ser de otra manera, dado que su ministerio brota del Corazón del Único Sacerdote, Jesucristo, mediador de la Nueva Alianza. Es en su Corazón que Cristo ha superado el antiguo sacerdocio, externo, ritual, y lo ha cambiado por un sacerdocio existencial, interior, basado en el amor. Su Corazón mismo es el centro y la fuente de la Nueva Alianza. Su sacerdocio sigue activo para siempre en el cielo, donde no cesa de interceder por nosotros ante el Padre.

El Corazón sacerdotal de Jesús es también el centro y fundamento del sacerdocio común de los fieles que recibimos por el bautismo. Porque Jesús es sacerdote en su Corazón, todos los cristianos pueden también serlo con Él y en Él, ofreciendo sus vidas al Padre por los hermanos, uniendo el propio corazón a su Corazón. Este es el sacerdocio interior, existencial, que los bautizados están llamados a ejercer en favor de los demás. Se convierten así en apóstoles por medio de la oración, ofreciendo en el altar interior del corazón las tareas cotidianas vividas para Dios: los trabajos, las oraciones, las alegrías y los sufrimientos de cada día.

El sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio bautismal. Vemos que en la segunda parte de la intención de oración del Papa pedimos que los sacerdotes “siempre sean verdaderos testigos del amor solícito y misericordioso de Dios.” Los ministros ordenados celebran los sacramentos para alimentar la vida de la Iglesia. Ellos son los pastores del pueblo, en especial de los más pobres. Acompañan las personas, las familias, las comunidades, a quienes están llamados a reflejar el Corazón de Cristo. En la Iglesia en Occidente, son los que siguen el camino del celibato consagrado, imitando más estrechamente a Jesús, que vivió célibe, para ser signos de su amor por todos (en las Iglesias Católicas Orientales es común ver sacerdotes casados).

El Papa Benedicto XVI, en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones de 2008, nos habla del rol del sacerdote en la comunidad: Entre las personas dedicadas totalmente al servicio del Evangelio se encuentran de modo particular los sacerdotes llamados a proclamar la Palabra de Dios, administrar los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, entregados al servicio de los más pequeños, de los enfermos, de los que sufren, de los pobres y de cuantos pasan por momentos difíciles en regiones de la tierra donde hay tal vez multitudes que aún hoy no han tenido un verdadero encuentro con Jesucristo.

Por el hecho que se trata de seres humanos débiles, como todos, susceptibles a sentirse desanimados, tristes y solitarios, es que el Papa nos invita a orar por los sacerdotes. Ellos necesitan el apoyo de nuestra oración. También necesitan sentirse apoyados y queridos por sus comunidades. Por eso, junto a nuestra oración, podemos también promover acciones concretas encaminadas a consolidar en las parroquias, colegios y movimientos un ambiente de aprecio y valoración de sus sacerdotes, no de crítica o animadversión. Queremos educar a nuestros hijos y a los miembros de nuestras comunidades cristianas a ser cercanos a sus sacerdotes, a colaborar con ellos, a ofrecerles su cercanía y apoyo concreto. Crear un clima de cariño y respeto por el ministerio sacerdotal en la comunidad cristiana y en las familias tendrá también una incidencia en las vocaciones sacerdotales que necesitamos, pedimos y esperamos. (Más sobre esto último en el comentario que viene a continuación, en la Intención Misionera de este mismo mes de junio, sobre las vocaciones misioneras.)

La Intención Misionera para junio de 2011 es: “Para que el Espíritu Santo haga surgir en nuestras comunidades numerosas vocaciones misioneras, dispuestas a consagrarse plenamente a difundir el Reino de Dios”.

COMENTARIO PASTORAL: Pedimos en esta intención de oración que el Espíritu Santo haga surgir vocaciones misioneras. Pero no se trata aquí de una petición para que el Espíritu Santo sólo actúe en otras personas, los que serán llamados a la vocación religiosa, y no en nosotros mismos. Él quiere tocar también nuestros corazones e implicarnos personalmente en esta petición. Toca también a de cada uno de nosotros un activo compromiso para hacer realidad lo que estamos pidiendo. Se trata de asumir un rol activo y eficaz en la promoción de las vocaciones. Toda la comunidad cristiana, no sólo los sacerdotes y religiosas, son responsables de promover y trabajar por las vocaciones que necesitamos. Debemos crear en nuestros ambientes lo que se llama una “cultura vocacional”, esto es, un clima parroquial y eclesial que acoja y aprecie la vocación religiosa, que fomente el terreno propicio para el surgimiento de las vocaciones.

Podemos trabajar por crear una cultura vocacional en primer lugar mediante la oración: que se escuche con frecuencia en nuestras liturgias el pedir por las vocaciones. Pero hay otras acciones concretas que ayudarán: Podemos establecer grupos específicos de oración por esta intención en las parroquias y colegios, que tengan la misión de recordarlo y hacerlo presente al resto de la comunidad. Estos grupos pueden pedir las listas de los seminaristas o religiosos/as de la diócesis y asignarles “madrinas” o “padrinos” de oración a cada uno, es decir, miembros de la comunidad que se hacen responsables de orar específicamente por ese o esa joven. De esta manera en las misas de la comunidad se escucharán en voz alta los nombres de sus futuros sacerdotes o religiosas, y todos orarán por ellos. Se puede también dar un carácter de “misa por las vocaciones” a una misa de la semana en la parroquia, por ejemplo los días jueves, para intensificar esta oración por los jóvenes seminaristas y religiosos/as. Será de gran ayuda que los padrinos y madrinas de oración establezcan contacto personal con sus “ahijados”, que puedan conocerse, aunque sea por carta o por teléfono.

Dicha cultura vocacional hace posible un ambiente de aprecio y valoración del rol del sacerdote, como está dicho un poco más arriba en el comentario para la intención general de este mismo mes de junio, por los sacerdotes. Si un joven ve que en su entorno se aprecia lo que es y lo que hace un consagrado, estará más propicio a considerar para sí mismo esta opción.

Lo específico de este mes es pedir por vocaciones misioneras, es decir, personas dispuestas a gastar sus vidas en las fronteras de la fe, anunciando a Jesucristo en ambientes difíciles. Ya hemos mencionado antes que hoy podemos encontrar esas tierras de misión también en países occidentales tradicionalmente católicos. Muchos de estos países, antes ricos en vocaciones, se han paganizado y hoy la misión está en sus propios confines.

Pedimos también en esta oración para que se afiance la vocación misionera de todo cristiano, también entre los laicos. Hoy es más frecuente que haya laicos que ofrecen sus servicios por un período determinado en una región o país distintos del propio. Es un servicio misionero específico, distinto de otros tipos de voluntariados, realizado por laicos debidamente preparados que cumplen un contrato claramente establecido con la diócesis o institución que los acoge.

2 comentarios:

  1. Uno mi corazón a vuestra plegaria. Si no pedimos a Dios por nuestros Sacerdotes, mal podemos ser llamados sus hijos. Como el Pastor cuida de su rebaño, este también debe saber cuidar de su Pastor...
    Un abrazo fraterno desde San Juan de la Frontera, Argentina.

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  2. Gracias Edit por tu unión en esta oración. Tú no te imaginas cuánto los sacerdotes confiamos y nos confiamos a la oración de nuestro pueblo.
    + Bendiciones.
    P. José Antonio.

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