jueves, 21 de julio de 2011

SACERDOCIO: El sacerdote confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina

Queridos amigos y hermanos del blog: el Vaticano acaba de publicar el documento “El sacerdote, confesor y director espiritual”, un manual de instrucciones sobre cómo ser buenos confesores, elaborado por la Congregación para el Clero, lleva las firmas de su prefecto, el cardenal Mauro Piacenza y el secretario del dicasterio, monseñor Celso Morga, quien expresó: “Que los sacerdotes podamos descubrir de nuevo el valor pastoral de estos medios simples, muy corrientes, que parece que no tienen fuerza pastoral pero que son potentísimos si los sabemos administrar bien y si valorizamos el estar disponibles para administrarlos”.

La primera parte del texto explica en qué consiste el sacramento de la Penitencia y da indicaciones prácticas sobre cómo administrarlo y recibirlo mejor. Por ejemplo, incluye un examen de conciencia sólo para sacerdotes.

“Que los sacerdotes sean muy disponibles para las confesiones y la dirección espiritual y que al mismo tiempo, ellos, también yo, nos confesemos frecuentemente y tengamos la dirección espiritual”, expresó monseñor Morga.

La segunda mitad del texto explica la doctrina sobre la dirección espiritual, enseña a ayudar a otras almas, y cómo dejarse ayudar por un director espiritual.

Benedicto XVI está decidido a dar él mismo el ejemplo sobre el valor del sacramento de la confesión y la dirección espiritual. Lo hará con un gesto bastante expresivo: este verano se sentará en un confesonario durante la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid y administrará este Sacramento a varios jóvenes.

“Es preciso volver al confesionario, como lugar en el cual celebrar el sacramento de la Reconciliación, pero también como lugar en el que ‘habitar’ más a menudo, para que el fiel pueda encontrar misericordia, consejo y consuelo, sentirse amado y comprendido por Dios y experimentar la presencia de la Misericordia divina, junto a la presencia real en la Eucaristía”. 

Con estas palabras, el Santo Padre Benedicto XVI se dirigía durante el reciente Año sacerdotal a los confesores, indicando a todos y cada uno la importancia y la consiguiente urgencia apostólica de redescubrir el Sacramento de la Reconciliación, tanto en calidad de penitentes, como en calidad de ministros.

Junto a la Celebración eucarística diaria, la disponibilidad a la escucha de las confesiones sacramentales, a la acogida de los penitentes y, cuando sea requerido, al acompañamiento espiritual, son la medida real de la caridad pastoral del sacerdote y, con ella, testimonian que se asume con gozo y certeza la propia identidad, redefinida por el Sacramento del Orden y que nunca se puede limitar a mera función.

El sacerdote es ministro, es decir, siervo y a la vez administrador prudente de la divina Misericordia. A él queda confiada la gravísima responsabilidad de “perdonar o retener los pecados” (cfr. Jn 20, 23); a través de él, los fieles pueden vivir, en el presente de la Iglesia, por la fuerza del Espíritu, que es el Señor y da la vida, la gozosa experiencia del hijo pródigo, el cual, cuando regresa a la casa del padre por vil interés y como esclavo, es acogido y reconstituido en su dignidad filial.

El documento fue enviado a todas las conferencias episcopales del mundo, y está disponible en la página web de la Congregación para el Clero: www.clerus.org.

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