sábado, 1 de octubre de 2011

INTENCIONES DEL PAPA: Octubre de 2011

Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Benedicto XVI indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de octubre de 2011 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Claudio Barriga, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.

La Intención General para octubre de 2011 es: “Por los enfermos terminales, para que en sus sufrimientos sean sostenidos por la fe en Dios y el amor de sus hermanos”.

COMENTARIO PASTORAL: Tres testimonios venidos de Chile. Cuando al santo chileno Alberto Hurtado le anunciaron la noticia que tenía un cáncer terminal a sus 52 años de edad, su reacción fue de júbilo: “me saqué el premio mayor de la Lotería”, exclamó de inmediato. Sabía que llegaba la hora en su vida de ir al Padre, de unir para siempre su vida a Dios, como había sido su deseo permanente.

En la misa de funeral de la pequeña Macarena, muerta de cáncer a los cinco años, su madre tomó la palabra y nos dijo con voz entera, completamente serena, y con una sonrisa en los labios: “Doy gracias a Dios por haberme dado por cinco años a esta maravillosa hija. A través de su alegría, de su risa y de su ternura ella nos mostró durante estos años la belleza de Dios. Ella fue también el instrumento de Dios para transformar nuestras vidas y mostrarnos lo que realmente importa. La dura lucha contra su enfermedad, las largas horas pasadas en el hospital, la solidaridad de los amigos y familiares… nos permitió descubrir las cosas más importantes de la vida. Antes dábamos demasiada importancia a las apariencias, al éxito económico, a la opinión de los demás. Hoy hemos aprendido a valorizar la amistad auténtica, el estar juntos en familia, el gozar de cada día y de cada momento como un regalo maravilloso y mágico. Macarena ha sido el instrumento para acercarnos al amor dulce e inagotable de Dios, que en ningún momento nos ha abandonado, que se interesa por nuestras vidas. Hoy nos sentimos más creyentes y más cerca del Señor que antes, y sabemos que estamos amparados por su ternura. Sin tener riquezas, gracias a su providencia sorprendente pudimos costear un tratamiento carísimo y hoy ni siquiera estamos endeudados. A nombre mío y el de mi esposo, damos infinitas gracias a Dios por nuestra hija y por todo lo vivido con ella estos años. Gracias también a todos ustedes.

Una mamá de 42 años fallece de cáncer dejando cinco hijos, con edades entre 7 y 17 años. Su esposo el viudo toma la palabra en la misa de funeral para agradecer, con voz tranquila y sincera: “Doy gracias al Señor [indicando con la mano el crucifijo al fondo del templo] por los hermosos 19 años que viví con Carolina, a quién he amado con todo mi corazón. Doy gracias por todos los momentos que compartimos, que fueron para mí un regalo maravilloso. Su risa, su chispa, su abnegación y entrega desinteresada en el cuidado de nuestros lindos niños, me han enseñado a vivir. Doy gracias por su familia que me acogió como uno más y me mostró un modo de vivir enraizado en Dios. Doy gracias de manera particular por los cinco maravillosos hijos que tuvimos y que ahora ella deja a mi cargo. La tarea que viene es difícil, pero ella no podrá escaparse, tendrá que hacer su parte desde el cielo.

Estoy en paz porque ella me traspasó la enorme paz interior que tuvo en los últimos momentos. He sentido muy fuerte una entrega total en las manos de Dios, ante quien no estamos como en una prueba de fuerza, sino como alguien que nos está acompañando con gran amor. Es verdad que siempre pedimos que ella se sane, pero he pensado estos días también en la Virgen y el mismo Jesús, que aceptaron la voluntad de Dios, "que se haga según tu voluntad". Me permito terminar con una recomendación a quienes están hoy aquí: quiéranse mucho, aprovechen al máximo a los que tenemos al lado, disfrútenlos y ámense los unos a los otros.”

Es verdad que estos tres testimonios nos pueden parecer sorprendentes e inhabituales. La noticia de una enfermedad terminal suele ser la peor de las noticias, y la tristeza y el desconcierto son una reacción perfectamente normal. Pero también son muchos, como los protagonistas de estos relatos, los que han sido capaces de vivir desde el dolor un proceso espiritual liberador y descubrir en la impotencia y la enfermedad una ocasión de encuentro profundo con Dios.

El Santo Padre nos pide orar este mes para que sepamos acompañar y estar cercanos a quienes están afectados por esta tristeza, ayudándoles a reconocerse y sentirse sostenidos por el amor del Padre. Es también misión de la Iglesia, es decir, es nuestra misión, el fortalecer la fe de nuestros hermanos enfermos y mostrarles con nuestro amor que Dios no los ha abandonado.

La Intención Misionera para octubre de 2011 es: “Para que la celebración de la Jornada Misionera Mundial acreciente en el Pueblo de Dios la pasión por la evangelización y el apoyo a la actividad misionera con la oración y la ayuda económica a las Iglesias más pobres”.

COMENTARIO PASTORAL: ¿Qué pasa cuando hay una “celebración” en la Sociedad o en la Iglesia? Recordemos un momento la Copa Mundial de Fútbol el año pasado en Sudáfrica. En todo el mundo, aún en pequeñas aldeas, niños y jóvenes, adultos y viejos se juntaban frente al televisor para mirar los partidos. Miles de entusiastas partidarios concurrían a los distintos estadios de Sudáfrica a alentar a los jugadores y mostrar –acompañados por el ruido de las “vuvuzelas”- su apoyo, participando con gusto en las victorias, o fuerte desilusión en las derrotas. A lo largo del evento muchos experimentamos un “nuevo sentido” en la tradición deportiva: vivimos algo emocionante en un país distinto al propio; conocimos las condiciones de vida del pueblo sudafricano; experimentamos un nuevo tipo de hermandad y compañerismo; muchos renovaron su pasión por jugar fútbol y compartieron su experiencia con amigos, creando una atmósfera de entusiasmo por este deporte. Muchos compraron pelotas, zapatos y camisetas de fútbol, para mostrar su apoyo y entusiasmo. Así sucede en la sociedad humana.

Y ¿qué pasa en la Iglesia? Recordemos la “celebración” para la muerte del venerable Papa Juan Pablo II o la bienaventurada Madre Teresa. Miles y miles de personas, cristianos y no-cristianos, reunidos junto a los restos de su querido Papa o su querida Madre, considerando el “sentido” y el “carisma” de sus vidas totalmente entregadas por los demás, soportando sufrimientos físicos y espirituales, pero siempre entregándose con coraje como lo hizo Jesús: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos.” (Jn 15:13).

¿Cómo será este año la celebración del Domingo Universal de las Misiones?

Reunirá a los miembros de la Iglesia, el Pueblo de Dios. Les ayudará una vez más a experimentar y retomar el “mandato” de Jesús: “Vayan a todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda creatura…” (Mc. 16:15). Moverá nuestro entusiasmo al ayudarnos a comprender que en dos mil años millones de personas han recibido la Buena Nueva y han optado por entrar en la Iglesia, celebrando juntos, el amor fiel y misericordioso de Dios. Fortalecerá nuestro compromiso de llevar la Buena Nueva a muchos más que aún no son cristianos. Según David Barrett del International Bulletin of Missionary Research en 2009 la población mundial se estima en 6.814.826.683. Los cristianos, católicos y protestantes son un 33.3%. Casi la mitad de estos son católicos. Los que aún no han recibido la proclamación del Evangelio, alrededor de 1,967,000,000.

El Domingo Universal de las Misiones debería mover nuestro compromiso de entregarnos, lo que somos y tenemos, en el nombre de Jesús, compartiendo con generosidad, dando nuestros talentos y recursos, incluyendo dinero, para ayudar a los necesitados.

Somos una familia, el Cuerpo de Cristo. Queremos celebrar esta realidad:

- Somos uno, unidos con Cristo, “un cuerpo, muchas partes”. (I Co 12,12ss).

- Somos uno, fortalecidos por la gracia salvadora de Cristo y por la venida del Espíritu Santo.

- Somos uno, atentos a y preocupados por la situación concreta de cada uno.

- Somos uno, y por lo mismo comprometidos a entregarnos para asistir a los miembros más débiles de este Cuerpo y a los más necesitados.

Para terminar, quiero compartir la experiencia de celebrar el Domingo Misional en mi parroquia en Italia, cuando era un joven laico. Nos reunimos en torno a la Eucaristía en oración y adoración, considerando lo que Jesús mandó a sus discípulos: “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones” (Mt 28,19ss). Nos comprometimos a repartir unas hojitas y alcancías de cartón con el tema de la evangelización preparadas para la ocasión. Las repartimos con los compañeros de curso y demás estudiantes de la escuela, en las calles y mercados, yendo de dos en dos, con camisetas pintorescas y una gran sonrisa.

Invitamos a la gente a dar monedas o billetes grandes para ayudar a gente pobre lejos de nosotros en sus necesidades de estudios, medicamentos, adopciones…
Nos comprometimos a hacerlo todo el mes de Octubre. Tuvimos una primera evaluación la víspera del Domingo Misional, con un informe escrito que se leyó en las misas del Domingo –cuántos panfletos y alcancías se repartieron, cuánto se recaudó. Y en oración frente a Jesús en la Eucaristía, nos comprometimos a seguir hasta fin de mes, trabajando igual y más. Al final hubo una segunda evaluación y ofrecimos a Jesús en la Eucaristía lo que habíamos hecho. El mes de octubre se convirtió para nosotros en el “Mes para la Evangelización.”

Durante todo el proceso, tuvimos la experiencia de sentirnos apóstoles, enviados en misión, compañeros y amigos. Sentimos además el amor y el poder de Jesús para mover los corazones de tanta gente que oró (Hch 6,5;1,24;Fil 4,6) y dio dinero para apoyar la obra de la evangelización.(1Co 16:1ss; Rm 15:26- 28; Gal 2:10; II Co 8:9; Hch 24:17) Agradecemos a Dios por poder experimentar un gran gozo y un nuevo sentido de ser Iglesia.

Gino Picca, S.J.
(misionero italiano, Secretario Nacional del AO/MEJ en Taiwán, donde ha vivido los últimos 40 años).

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