viernes, 2 de diciembre de 2011

INTENCIONES DEL PAPA: Diciembre de 2011


Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Benedicto XVI indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de diciembre de 2011 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Claudio Barriga, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.

La INTENCIÓN GENERAL para DICIEMBRE 2011 es: “Para que todos los pueblos de la tierra crezcan en la concordia y la paz por medio del conocimiento y el respeto mutuos”.

COMENTARIO PASTORAL: El Santo Padre nos pide este mes orar por la concordia y la paz entre los pueblos de la tierra. Nos propone dos medios para alcanzarlo: el conocimiento y el respeto mutuos. Esto sentará las bases para una verdadera reconciliación personal, nacional e internacional. Por eso, compartimos con ustedes una reflexión del padre Elías López, sj, experto en el tema, que trabaja actualmente en Roma en el equipo central del Servicio Jesuita para Refugiados.

No hay relación de amor o concordia (que significa literalmente "con-corazón”) sin conocimiento y respeto mutuo. No se ama verdaderamente lo que no se conoce verdaderamente. No se conoce verdaderamente lo que no se respeta en la igualdad y en la diferencia de un modo que de vida a todos.

La reconciliación es necesaria cuando esta relación mutua de conocimiento profundo y de respeto discernido es rota. La reconciliación es una de las tareas que se presenta siempre como desafío en el corazón de cada cristiano, cada familia y grupo social, entre pueblos y naciones. Todos recibimos una vocación de brazos grandes y fuertes para abrazar el mundo roto y "re-con-ciliarlo."

El significado de esta palabra es "llamar a que vuelvan juntos" aquellos que están divididos por la violencia e injusticia. Juan Pablo II expresa de forma clara cómo entendemos los cristianos el camino de la reconciliación en la construcción de la paz; él dice: "no hay paz sin justicia, ni justicia sin perdón”. El proceso de la reconciliación, que en ocasiones envuelve varias generaciones, implica sanar las relaciones discriminativas e injustas que violan los derechos humanos y la dignidad de hijos de Dios que nos hace a todos iguales, criaturas de Dios con valor absoluto.

Esta reconciliación sanadora de las relaciones se funda en el amor radical de Jesús que dijo sobre la cruz: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen. Para sanar radicalmente el mal hay que "excesivamente-dar" (esto es lo que significa "per-don") que es el amor en extremo que Jesús mostró la cruz. Por eso Benedicto XVI dice que el mal radical se vence con el perdón, como Dios lo hizo en Jesús sobre el mal radical de la cruz que representa tantas cruces que hoy siguen matando a la humanidad: la discriminación étnica, ecológica, religiosa, las guerras y la degradación del medio ambiente.

La oración es ponerse en contacto directo con la fuente de amor divino que es capaz de perdonar lo imperdonable... y así sanar toda herida de división e injusticia. En el amor insondable de Dios, misteriosamente, toda reconciliación es posible. Esa es nuestra fe y esperanza, esa es nuestra alegría. No es el odio el que tiene la última palabra sino el Amor y la Paz.

La INTENCIÓN MISIONERA para DICIEMBRE 2011 es: “Para que los niños y jóvenes sean mensajeros del Evangelio y para que su dignidad sea siempre respetada y preservada de toda violencia y explotación”.

COMENTARIO PASTORAL: Que mejor que las palabras del mismo Santo Padre Benedicto XVI, en su visita al “Niño Jesús de Praga” el 26 de septiembre de 2009, para comentar esta intención misionera:

La imagen del Niño Jesús lleva inmediatamente a pensar en el misterio de la Encarnación, en el Dios omnipotente que se hizo hombre y vivió treinta años en la humilde familia de Nazaret, confiado por la Providencia a la solícita custodia de María y de José. El pensamiento se dirige a vuestras familias y a todas las familias del mundo, a sus alegrías y a sus dificultades. A la reflexión unimos la oración, invocando del Niño Jesús el don de la unidad y de la concordia para todas las familias. Pensamos especialmente en las familias jóvenes, que deben esforzarse tanto para dar a sus hijos seguridad y un futuro digno. Oramos por las familias en dificultad, probadas por la enfermedad y el dolor, por las que están en crisis, desunidas o desgarradas por la discordia y la infidelidad. A todas las encomendamos al Santo Niño de Praga, sabiendo cuán importante es su estabilidad y su concordia para el verdadero progreso de la sociedad y para el futuro de la humanidad.

La imagen del Niño Jesús, con la ternura de su infancia, nos permite además percibir la cercanía de Dios y su amor. Comprendemos lo preciosos que somos a sus ojos porque, precisamente gracias a él, nos hemos convertido a nuestra vez en hijos de Dios. Todo ser humano es hijo de Dios y por lo tanto hermano nuestro y, como tal, debe ser acogido y respetado. Que nuestra sociedad comprenda esta realidad. Entonces cada persona sería valorada no por lo que tiene, sino por lo que es, pues en el rostro de cada ser humano, sin distinción de raza ni de cultura, brilla la imagen de Dios.

Esto vale sobre todo para los niños. En el Santo Niño de Praga contemplamos la belleza de la infancia y la predilección que Jesucristo siempre manifestó hacia los pequeños, como leemos en el Evangelio (cf. Mc 10, 13-16). ¡Cuántos niños, en cambio, no son amados ni acogidos ni respetados! ¡Cuántos son víctimas de la violencia y de toda forma de explotación por parte de personas sin escrúpulos! Que se reserve a los menores el respeto y la atención que se les debe: los niños son el futuro y la esperanza de la humanidad.

Deseo ahora dirigiros unas palabras en particular a vosotros, queridos niños, y a vuestras familias. Habéis venido en gran número a encontraros conmigo y os lo agradezco de corazón. Vosotros, que sois los predilectos del corazón del Niño Jesús, corresponded a su amor y, siguiendo su ejemplo, sed obedientes, amables y caritativos. Aprended a ser, como él, el consuelo de vuestros padres. Sed verdaderos amigos de Jesús y recurrid a él siempre con confianza. Rezadle por vosotros mismos, por vuestros padres, familiares, maestros y amigos, y rezadle también por mí. Gracias de nuevo por vuestra acogida y de corazón os bendigo, mientras invoco sobre todos la protección del Santo Niño Jesús, de su Madre Inmaculada y de san José.

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