viernes, 25 de febrero de 2011

JUAN PABLO II: ¿Cómo será su ceremonia de beatificación?

Queridos amigos y hermanos del blog: cinco serán los momentos principales de los actos de beatificación del papa Juan Pablo II en Roma, según informó la Santa Sede en un comunicado:

PRIMER MOMENTO: será una vigilia de preparación, que tendrá lugar el sábado 30 de abril en el Circo Máximo de Roma. La preparación de la vigilia será a las 20 hs., mientras que la celebración será más tarde, desde las 21,00 hasta las 22,30 hs.

Esta vigilia está organizada por la diócesis de Roma, de la que el difunto papa polaco fue obispo, y la presidirá el cardenal Agostino Vallini, vicario general del Papa para la diócesis de Roma. El Papa Benedicto XVI se unirá a la celebración a través de una conexión por vídeo.

SEGUNDO MOMENTO: será la ceremonia de la beatificación, el domingo 1º de mayo, Fiesta de la Divina Misericordia, a las 10 hs. en la Plaza de San Pedro, presidida por el Papa. Como ya aclaró la misma Santa Sede, no será necesario billete alguno para participar en la ceremonia, aunque habrá controles de seguridad para acceder a la Plaza y zonas adyacentes.

TERCER MOMENTO: Inmediatamente después de la ceremonia, se procederá a la veneración de las reliquias de Juan Pablo II, que estarán colocadas en la Basílica de San Pedro, ante el Altar de la Confesión, y que durará mientras haya afluencia de fieles.

CUARTO MOMENTO: tendrá lugar el lunes 2 de mayo, con la celebración de una Misa de acción de gracias en la Plaza de San Pedro, que presidirá el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado.

QUINTO MOMENTO: es el único que se llevará a cabo sin participación del público, será la tumulación (sepultura) de los restos de Juan Pablo II en la Basílica Vaticana, en la Capilla de San Sebastián.

Los detalles de cada uno de los momentos serán hechos públicos en las próximas semanas, antes de la beatificación.

No se necesitan billetes para la beatificación de Juan Pablo II

Comunicado de la Prefectura de la Casa Pontificia:

La Prefectura de la Casa Pontificia, informada respecto del ofrecimiento indebido, sobre todo por internet, de asistencia y venta de billetes para las Audiencias y Ceremonias Pontificias, en particular para la Beatificación del Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, el domingo 1 de mayo de 2011, tiene a bien precisar:

1) Para la Beatificación del Papa Juan Pablo II, no hay necesidad de billetes, como se ha comunicado desde el comienzo.

2) Los billetes concedidos por la Prefectura de la Casa Pontificia, en ocasión de Ceremonias Pontificias o de Audiencias Generales son SIEMPRE GRATUITOS y ninguna persona física o ente puede pretender pago alguno.

jueves, 24 de febrero de 2011

CATEQUESIS DEL PAPA: "San Roberto Belarmino, punto de referencia siempre válido para la eclesiología católica"

CIUDAD DEL VATICANO, 23 FEB 2011 (VIS).-Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI y a la que asistieron 7.500 personas, a la figura de San Roberto Belarmino (1542-1621), figura destacada de una época difícil en la que "una grave crisis política y religiosa causó la separación de muchas naciones de la Sede Apostólica".

San Roberto Belarmino tuvo una excelente formación cultural y humana, entró en la Compañía de Jesús en 1560; estudió en Roma, Padua y Lovaina. Fue nombrado cardenal y arzobispo de Capua (Italia), desempeñando después las más altas responsabilidades al servicio del Papa, fue miembro de diversas congregaciones y encabezó misiones diplomáticas de la Santa Sede en Venecia e Inglaterra. En sus últimos años compuso varios libros de espiritualidad en los que condensó el fruto de sus ejercicios espirituales anuales. Fue beatificado y canonizado por Pío XI, que lo proclamó además Doctor de la Iglesia en 1931.

Su obra "Controversias" constituye, dijo el Papa, "un punto de referencia todavía válido para la eclesiología católica". El texto "acentúa el aspecto institucional de la Iglesia, debido a los errores que circulaban entonces sobre esa cuestión. Sin embargo, el autor esclarece los aspectos invisibles de la Iglesia como Cuerpo Místico y los ilustra con la analogía del cuerpo y el alma, con el fin de describir la relación entre las riquezas interiores de la Iglesia y los aspectos exteriores que la hacen perceptible".

"En esa obra monumental, que pretende sistematizar las diversas controversias teológicas de la época -explicó el pontífice-, evita cualquier estilo polémico y agresivo frente a las ideas de la Reforma, pero, utilizando los argumentos de la razón y de la Tradición de la Iglesia, ilustra de forma clara y eficaz la doctrina católica".

No obstante, "su legado estriba en la forma en que concebía su trabajo. Las difíciles tareas de gobierno no le impidieron tender diariamente hacia la santidad, con la fidelidad a las exigencias del propio estado como religioso, sacerdote y obispo. (...) Su predicación y su catequesis presentan el carácter esencial que debía a la educación ignaciana, que concentra las fuerzas del alma en el Señor Jesús intensamente conocido, amado e imitado".

En la obra "El gemido de la Paloma", en que la paloma representa a la Iglesia, Roberto Belarmino "llama con fuerza al clero y a los fieles a una reforma personal y concreta de la propia vida, siguiendo las enseñanzas de la Escritura y de los santos" y "enseña con gran claridad y con el ejemplo de su vida que no puede haber una reforma verdadera de la Iglesia si antes no hay una reforma de la persona y una conversión del corazón".

"Si eres sabio comprendes que fuiste creado para gloria de Dios y para tu salvación eterna. (...) Acontecimientos prósperos o adversos, riqueza y pobreza, salud y enfermedad, honores y ultrajes, vida y muerte: el sabio no debe ni buscarlos ni huir de ellos de por sí. Son buenos y deseables sólo si contribuyen a la gloria de Dios y a tu felicidad eterna, son malos y se debe huir de ellos si la obstaculizan", escribía Roberto Belarmino.

"No son palabras pasadas de moda -concluyó el Papa-, hay que meditar en ellas para orientar nuestro camino en esta tierra. Nos recuerdan que el fin de nuestra vida es el Señor y la importancia de confiar en él, de vivir una vida fiel al Evangelio, de aceptar e iluminar con la fe y con la oración todas las circunstancias y las acciones de nuestra vida".

El Papa recuerda a los fallecidos por el terremoto en Nueva Zelanda

También en la audiencia general de hoy, el Papa se refirió al "nuevo terremoto que ha afectado a la ciudad de Christchurch, en Nueva Zelanda”. En el seísmo, de gran alcance y, aún más devastador que el de septiembre pasado, ha perdido la vida mucha gente y han desaparecido muchas personas, por no hablar de los daños en los edificios.

"En este momento -continuó el Santo Padre-, mi pensamiento se dirige especialmente a la gente de allí, que está siendo puesta a prueba por esta tragedia. Pidamos a Dios que alivie su sufrimiento y sostenga a todos los que están involucrados en las operaciones de rescate. También pido que os unáis a mí en la oración por todos los que han perdido la vida".

miércoles, 23 de febrero de 2011

SANTO PADRE PIO: Mons. Juan Rodolfo Laise nos cuenta su labor en el Santuario de San Giovanni Rotondo

Queridos amigos y hermanos del blog: me es particularmente muy grato ofrecerles este reportaje que presentó la edición de ayer, martes 22, de AICA (Agencia Informativa Católica Argentina) y es una entrevista concedida al Servicio Informativo de Actualidad Católica (SIAC) por el obispo emérito de San Luis, monseñor Juan Rodolfo Laise, quien acaba de cumplir en el día de ayer sus 85 años. Él mismo contó cómo es su apostolado en el santuario de San Pío de Pietrelcina, en la localidad italiana de San Giovanni Rotondo. “En este santuario hay cuatro turnos de confesiones, con confesores de todas las lenguas, desde las 7.30 hasta las 12.30 y desde las 15 hasta las 18.30. Confieso en italiano y español y también, en francés e inglés”, indicó.

El prelado, quien vive en el convento capuchino desde el 6 de junio de 2002, explicó que está allí por dos motivos: “El primero, porque en este lugar el apostolado más importante es el de atender, consolar, perdonar a incontable cantidad de fieles” y “segundo porque vivo en una fraternidad capuchina, tal como viviera, desde cuando acabando el bachillerato en 1942, decidí seguir a Cristo en la Orden Capuchina”.

-¿Por qué eligió estar en San Giovanni Rotondo?

Mons. Laise: Por dos motivos el primero, porque en este lugar el apostolado más importante es el de atender, consolar, perdonar a incontable cantidad de fieles que llegan a San Giovanni Rotondo, desde los lugares más lejanos del mundo y sobre todo, desde todas las ciudades de Italia, todos los días, incluso en el período invernal. De este modo continúo mi misión episcopal iniciada en la diócesis de San Luis, en la Argentina, porque no pudiendo concluirla, por las disposiciones del Derecho Canónico de la Iglesia, continúo la misión que Jesús Resucitado, en la misma tarde del domingo de su Resurrección, transmitió a los Apóstoles: La misión de perdonar los pecados, en su nombre, cuando insuflando sobre ellos al Espíritu Santo, les concedió este poder, para realizarlo hasta el fin de los siglos.

En este Santuario hay cuatro turnos de confesiones, con confesores de todas las lenguas, desde las 7.30 hasta las 12.30 y desde las 15 hasta las 18.30. Confieso en italiano y español y también, en francés e inglés.

Es éste un ministerio, imprescindible, en este Santuario de Nuestra Señora de las Gracias y de San Pío de Pietrelcina, porque ha sido el ministerio que el padre Pío realizó durante toda su vida hasta su último día de vida. Era lo único que deseaba y le importaba: llevar las almas a Dios.

La experiencia me ha confirmado en la importancia del Sacramento de la Reconciliación para los hijos de la Iglesia. Realizarlo en este lugar es verdaderamente enriquecedor, por los casos frecuentes de conversiones de quienes muchos años han vivido alejados de la práctica de la vida cristiana. Se palpa la presencia del Padre Pío, quien se encarga, desde el cielo, en seguir tocando los corazones, para lo más importante que consideraba en la vida de los bautizados: vivir en gracia de Dios y en amistad con El, la única fuente de la verdadera felicidad en este mundo: la paz del alma, cuando Dios reina en ella. Así se cumple el deseo del Padre Pío antes de morir: “Tu dirai a tutti che, dopo morto, sarò più vivo da prima. E a tutti quelli che verranno a chiedere, nulla mi costerà dare. Chi salirà questo monte. Nessuno tornerà a mani vuote”.

“Tú dirás a todos, que después de muerto, estaré más vivo que nunca. Y a todos los que vengan aquí a pedir, nada costará en concederles (lo que pidan). Quienes suban a este monte, ninguno regresará con las manos vacías”. Esta profecía del padre Pío se cumple, todos los días, en este Santuario de San Giovanni Rotondo.

Otro ministerio al que se da mucha importancia en el Santuario del padre Pio es la celebración de la Santa Misa, con una corta homilía, todos los días, que requiere prepararla minuciosamente, para poder comunicarla en correcto italiano.

El segundo motivo por el que me encuentro aquí es porque vivo en una fraternidad capuchina, tal como viviera, desde cuando acabando el bachillerato en el año 1942, decidí seguir a Cristo en la Orden Capuchina, con el espíritu de San Francisco de Asís, en la que viví durante 30 años, hasta que Pablo VI me designó obispo de San Luis, en la Argentina.

Me encuentro en la paz y la serenidad, que el Padre Pío dejó como herencia en este lugar y que se percibe notoriamente, como lo manifiestan quienes a este lugar vienen.

-¿Qué mensaje deja al Pueblo de San Luis?

Mons. Laise: A todos los tengo presentes en mi oración, pidiendo sobre todo por la santificación de sus sacerdotes, religiosas y por las vocaciones sacerdotales, para el Seminario San Miguel.

Cordialmente, en unión de oraciones, con mi bendición, extensiva a la diócesis de San Luis, para que siga siendo siempre fiel al Santo Padre y a la Iglesia, con la protección maternal de María Santísima, “siempre”.

(Nota del Padre Medina: las fotografías son de mi visita al santo Padre Pío y a Mons. Laise durante la Semana Santa de 2009.)

martes, 22 de febrero de 2011

JUAN PABLO II: Marie Simon Pierre nos relata el milagro que lo llevará a los altares

Queridos amigos y hermanos del blog: han pasado pocos años desde el fallecimiento de Juan Pablo II y ya son muchos las curaciones extraordinarias que se le atribuyen. No son fruto de una histeria colectiva, sino casos concretos avalados por testigos fidedignos y contados con objetividad y, sobre todo, con gran serenidad. La realidad es que Juan Pablo II se ha convertido en un gran intercesor. Marie-Simon-Pierre, una religiosa nacida en 1962, perteneciente a la congregación de las Hermanitas de las Maternidades Católicas, que trabaja actualmente en la maternidad de la Sainte Félicité, en el distrito número 15 de París, ha sido curada de parkinson por intercesión de Juan Pablo II. A Marie Simon Pierre le diagnosticaron los trastornos neurológicos propios de esa enfermedad en junio de 2001, una enfermedad que también padeció Juan Pablo II. Este es el relato de los hechos escrita por la propia monja agraciada con este milagro:

“Estaba enferma de Parkinson. Me fue diagnosticado en junio de 2001. La enfermedad me había afectado toda la parte derecha del cuerpo, causándome una serie de dificultades. Después de tres años, de una fase inicial lentamente progresiva de la enfermedad, se agravaron los síntomas, se acentuaron los temblores, la rigidez, los dolores y el insomnio.

Desde el 2 de abril de 2005, comencé a empeorar de semana en semana, me debilitaba de día en día, no conseguía escribir -soy zurda- y, si intentaba hacerlo, lo que escribía era difícilmente legible. No conseguía conducir el coche, salvo en trayectos muy breves, porque mi pierna izquierda se bloqueaba a veces durante mucho rato y la rigidez no me permitía conducir. Para desarrollar mi trabajo en el ámbito hospitalario necesitaba además siempre mucho tiempo. Estaba totalmente exhausta. Después del diagnóstico, me era difícil ver a Juan Pablo II en televisión; pero me sentía muy cercana a él en la oración, y sabía que podía entender lo que yo vivía. Admiraba su fuerza y su coraje, que me estimulaban a no rendirme y a amar este sufrimiento. Sólo el amor habría dado sentido a todo ello. Era una lucha cotidiana, pero mi único deseo era vivirla en la fe, y de aceptar con amor la voluntad del Padre.

Era la Pascua de 2005, y deseaba ver a nuestro Santo Padre en televisión, porque en mi interior sabía que sería la última vez que iba a poder hacerlo. Durante toda la mañana me preparé para aquel encuentro (él me mostraba lo que yo sería al cabo de algunos años). Era muy duro para mí, que era tan joven... Pero un imprevisto no me permitió verlo. La tarde del 2 de abril de 2005, estaba reunida toda la comunidad para participar en la vigilia de oración en la plaza de San Pedro, transmitida en directo por la televisión francesa de la diócesis de París, cuando fue anunciada la muerte de Juan Pablo II se me vino el mundo encima. Había perdido al amigo que me entendía y que me daba la fuerza de seguir adelante.

Notaba en aquellos días la sensación de un gran vacío, pero sentía la certeza de su presencia viva. El 13 de mayo, fiesta de Nuestra Señora de Fátima, el Papa Benedicto XVI anunció oficialmente el comienzo de la Causa de beatificación y canonización del Siervo de Dios Juan Pablo II. A partir del 14 de mayo, las hermanas de todas las comunidades francesas y africanas de mi Congregación pidieron la intercesión de Juan Pablo II para mi curación. Rezaron incansablemente, hasta que llegó la noticia de la curación. Yo estaba de vacaciones en aquellos días. El 26 de mayo, concluido el tiempo de descanso, volví a la comunidad, totalmente exhausta a causa de la enfermedad. Si crees, verás la gloria de Dios: éste es el fragmento del evangelio de San Juan que me acompaña desde el 14 de mayo. Y el 1 de junio: ´¡No puedo más! Debo luchar para mantenerme en pie y andar´. El 2 de junio, por la tarde, fui a hablar con mi Superiora, para pedirle que me dispensara de toda actividad laboral. Me pidió que resistiese todavía un poco, hasta el regreso de Lourdes, en agosto, y añadió: ´Juan Pablo II no ha dicho todavía la última palabra´.

Luego, la Superiora me dio una estilográfica y me pidió que escribiera «Juan Pablo II». Eran las 17 horas. A duras penas, escribí «Juan Pablo II». Ante la caligrafía ilegible, permanecimos largo rato en silencio... Y la jornada prosiguió como de costumbre. Tras la oración de la tarde, a las 21 horas, pasé por mi oficina para volver después a mi habitación. Sentí el deseo de coger una estilográfica y escribir, como si alguien me dijera: ´Coge tu estilográfica y escribe…´. Eran las 21:30/45. La caligrafía era claramente legible, ¡sorprendente! Me tendí sobre la cama, estupefacta. Habían pasado exactamente dos meses desde el regreso de Juan Pablo II a la Casa del Padre... Me desperté a las 4:30, sorprendida de haber podido dormir. Me levanté de la cama. Mi cuerpo ya no estaba dolorido, había desaparecido la rigidez e interiormente ya no era la misma. Luego sentí una llamada interior y un fuerte impulso a caminar para ir a rezar ante el Santísimo Sacramento. Bajé a la capilla y permanecí en oración. Sentí una profunda paz y una sensación de bienestar, una experiencia demasiado grande, como un misterio, difícil de explicar con palabras.

Después, siempre ante el Santísimo Sacramento, medité los misterios de la luz, de Juan Pablo II. A las 6 de la mañana, salí para unirme a mis hermanas en la capilla, para un momento de oración, seguido de la celebración eucarística. Tenía que recorrer unos 50 metros y, en aquel instante, al caminar, me di cuenta de que mi brazo izquierdo se balanceaba, ya no estaba inmóvil a lo largo del cuerpo. Noté también una ligereza y una agilidad física desconocidas para mí desde hacía mucho tiempo.

Durante la celebración eucarística, me sentí colmada de alegría y de paz. Era el 3 de junio, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Al salir de Misa, estaba segura de que estaba curada... ´Mi mano ya no tiembla. Me voy de nuevo a escribir´. A mediodía dejé de tomar las medicinas. El 7 de junio, como estaba previsto, fui al neurólogo que me atendía desde hacía 4 años. Se quedó sorprendido, también él, al constatar la imprevista desaparición de todos los síntomas de la enfermedad, a pesar de que había interrumpido el tratamiento cinco días antes de la visita. Al día siguiente, la Superiora General confió a todas nuestras comunidades la acción de gracias, y toda la Congregación inició una novena de gratitud a Juan Pablo II.

He interrumpido todo tipo de tratamiento. He reanudado el trabajo con normalidad, no tengo dificultad alguna para escribir, y conduzco incluso larguísimas distancias. Me parece haber renacido; es una vida nueva, porque nada es como antes. Hoy puedo decir que el amigo que dejó nuestra tierra está ahora muy cercano a mi corazón. Ha hecho crecer en mí el deseo de la adoración del Santísimo Sacramento y el amor por la Eucaristía, que tienen un lugar de privilegio en mi vida de cada día”.

Marie Simon Pierre

viernes, 18 de febrero de 2011

CATEQUESIS DEL PAPA: "San Juan de la Cruz nos enseña a purificar el corazón para ir al encuentro con Cristo"

Queridos amigos y hermanos del blog: en la audiencia general del pasado miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI, el Papa habló sobre San Juan de la Cruz, "amigo espiritual de Santa Teresa de Jesús, reformador, junto con ella, de la familia religiosa Carmelita, proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Pío XI en 1926 y apodado en la tradición "Doctor místico". En esta oportunidad, por la belleza y profundidad del mismo, y en sintonía con los contenidos del blog, les comparto el texto íntegro de esta catequesis:

Queridos hermanos y hermanas, hace dos semanas presenté la figura de la gran mística española Teresa de Jesús. Hoy quisiera hablar de otro importante santo de esas tierras, amigo espiritual de santa Teresa, reformador, junto a ella, de la familia religiosa carmelita: san Juan de la Cruz, proclamado Doctor de la Iglesia por el papa Pío XI, en 1926, y al que la tradición puso el sobrenombre de Doctor mysticus, “Doctor místico”.

Juan de la Cruz nació en 1542 en la pequeña villa de Fontiveros, cerca de Ávila, en Castilla la Vieja, hijo de Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez. La familia era paupérrima, porque el padre, de noble origen toledano, había sido expulsado de casa y desheredado por haberse casado con Catalina, una humilde tejedora de seda. Huérfano de padre a tierna edad, Juan, a los nueve años, se trasladó, con la madre y el hermano Francisco, a Medina del Campo, cerca de Valladolid, centro comercial y cultural. Aquí asistió al Colegio de los Doctrinos, llevando a cabo también trabajos humildes para las monjas de la iglesia-convento de la Magdalena. Posteriormente, dadas sus cualidades humanas y sus resultados en los estudios. Fue admitido primero como enfermero en el Hospital de la Concepción, y después en el Colegio de los Jesuitas, apenas fundado en Medina del Campo: en él entró Juan a los dieciocho años y estudió durante tres años ciencias humanas, retórica y lenguas clásicas. Al final de su formación, tenía muy clara su propia vocación: la vida religiosa y, entre las muchas órdenes presentes en Medina, se sintió llamado al Carmelo.

En el verano de 1563 inició el noviciado entre los Carmelitas de la ciudad, asumiendo el nombre religioso de Matías. Al año siguiente fue destinado a la prestigiosa Universidad de Salamanca, donde estudió por un trienio filosofía y artes. En 1567 fue ordenado sacerdote y volvió a Medina del Campo para celebrar su Primera Misa rodeado del afecto de sus familiares. Precisamente aquí tuvo lugar el primer encuentro entre Juan y Teresa de Jesús. El encuentro fue decisivo para ambos: Teresa le expuso su plan de reforma del Carmelo también en la rama masculina, y propuso a Juan que se adhiriera a él “para mayor gloria de Dios”; el joven sacerdote quedó fascinado por las ideas de Teresa, hasta el punto de convertirse en un gran apoyo del proyecto.

Los dos trabajaron juntos algunos meses, compartiendo ideales y propuestas para inaugurar lo antes posible la primera casa de Carmelitas descalzos: la apertura tuvo lugar el 28 de diciembre de 1568 en Duruelo, lugar solitario de la provincia de Ávila. Con Juan, formaban esta primera comunidad masculina otros tres compañeros. Al renovar su profesión religiosa según la Regla primitiva. Los cuatro adoptaron un nuevo nombre: Juan se llamó entonces “de la Cruz”, nombre con el que será después universalmente conocido. A finales de 1572, a petición de santa Teresa, se convirtió en confesor y vicario del monasterio de la Encarnación de Ávila, donde la Santa era priora. Fueron años de estrecha colaboración y amistad espiritual, que enriqueció a ambos. A aquel periodo se remontan también las más importantes obras teresianas y los primeros escritos de Juan.

La adhesión a la reforma carmelita no fue fácil y le costó a Juan incluso graves sufrimientos. El episodio más dramático fue, en 1577, su apresamiento y su encarcelamiento en el convento de los Carmelitas de la Antigua Observancia de Toledo, a raíz de una acusación injusta. El santo permaneció en prisión durante seis meses, sometido a privaciones y constricciones físicas y morales. Aquí compuso, junto con otras poesías, el célebre "Cántico espiritual". Finalmente, en la noche entre el 16 y el 17 de agosto de 1578, consiguió huir de forma aventurada, refugiándose en el monasterio de las Carmelitas Descalzas de la ciudad. Santa Teresa y sus compañeros reformados celebraron con inmensa alegría su liberación y, tras un breve tiempo para recuperar las fuerzas, Juan fue destinado a Andalucía, donde transcurrió diez años en varios conventos, especialmente en Granada.

Asumió cargos cada vez más importantes en la Orden, hasta llegar a ser Vicario Provincial, y completó la redacción de sus tratados espirituales. Después volvió a su tierra natal, como miembro del gobierno general de la familia religiosa teresiana, que gozaba ya de plena autonomía jurídica. Vivió en el Carmelo de Segovia, desempeñando el cargo de superior de esa comunidad. En 1591 fue quitado de toda responsabilidad y destinado a la nueva Provincia religiosa de México. Mientras se preparaba para el largo viaje con otros diez compañeros, se retiró a un convento solitario cerca de Jaén, donde enfermó gravemente. Juan afrontó con ejemplar serenidad y paciencia enormes sufrimientos. Murió en la noche entre el 13 y el 14 de diciembre de 1591, mientras sus hermanos recitaban el Oficio matutino. Se despidió de ellos diciendo: “Hoy voy a cantar el Oficio en el cielo”. Sus restos mortales fueron trasladados a Segovia. Fue beatificado por Clemente X en 1675 y canonizado por Benedicto XIII en 1726. Juan es considerado uno de los más importantes poetas líricos de la literatura española. Sus obras mayores son cuatro: Subida al Monte Carmelo, Noche oscura, Cántico espiritual y Llama de amor viva.

En el Cántico espiritual, san Juan presenta el camino de purificación del alma, es decir, la progresiva posesión gozosa de Dios, hasta que el alma llega a sentir que ama a Dios con el mismo amor con que es amada por Él. La Llama de amor viva prosigue en esta perspectiva, describiendo más en detalle el estado de unión transformadora con Dios. El ejemplo utilizado por Juan es siempre el del fuego: como el fuego cuanto más arde y consume el leño, tanto más se hace incandescente hasta convertirse en llama, así el Espíritu Santo, que durante la noche oscura purifica y "limpia" el alma, con el tiempo la ilumina y la calienta como si fuese una llama. La vida del alma es una continua fiesta del Espíritu Santo, que deja entrever la gloria de la unión con Dios en la eternidad.

La Subida al Monte Carmelo presenta el itinerario espiritual desde el punto de vista de la purificación progresiva del alma, necesaria para escalar la cumbre de la perfección cristiana, simbolizada por la cima del Monte Carmelo. Esta purificación es propuesta como un camino que el hombre emprende, colaborando con la acción divina, para liberar el alma de todo apego o afecto contrario a la voluntad de Dios. La purificación, que para llegar a la unión de amor con Dios debe ser total, comienza desde la de la vía de los sentidos y prosigue con la que se obtiene por medio de las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, que purifican la intención, la memoria y la voluntad. La “Noche oscura" describe el aspecto “pasivo”, es decir, la intervención de Dios en el proceso de “purificación” del alma. El esfuerzo humano, de hecho, es incapaz por sí solo de llegar hasta las raíces profundas de las inclinaciones y de las malas costumbres de la persona: las puede frenar, pero no desarraigarlas totalmente. Para hacerlo, es necesaria la acción especial de Dios que purifica radicalmente el espíritu y lo dispone a la unión de amor con Él. San Juan define "pasiva" esta purificación, precisamente porque, aun aceptada por el alma, es realizada por la acción misteriosa del Espíritu Santo que, como llama de fuego, consume toda impureza. En este estado, el alma es sometida a todo tipo de pruebas, como si se encontrase en una noche oscura.

Estas indicaciones sobre las obras principales del Santo nos ayudan a acercarnos a los puntos sobresalientes de su vasta y profunda doctrina mística, cuyo objetivo es describir un camino seguro para llegar a la santidad, el estado de perfección al que Dios nos llama a todos nosotros. Según Juan de la Cruz, todo lo que existe, creado por Dios, es bueno. A través de las criaturas, podemos llegar al descubrimiento de Aquel que nos ha dejado en ellas su huella. La fe, con todo, es la única fuente dada al hombre para conocer a Dios tal como es Él en sí mismo, como Dios Uno y Trino. Todo lo que Dios quería comunicar al hombre, lo dijo en Jesucristo, su Palabra hecha carne. Él, Jesucristo, es el único y definitivo camino al Padre (cfr Jn 14,6). Cualquier cosa creada no es nada comparada con Dios y nada vale fuera de Él: en consecuencia, para llegar al amor perfecto de Dios, cualquier otro amor debe conformarse en Cristo al amor divino. De aquí deriva la insistencia de san Juan de la Cruz en la necesidad de la purificación y del vaciamiento interior para transformarse en Dios, que es la única meta de la perfección.

Esta “purificación” no consiste en la simple falta física de las cosas o de su uso; lo que hace al alma pura y libre, en cambio, es eliminar toda dependencia desordenada de las cosas. Todo debe colocarse en Dios como centro y fin de la vida. El largo y fatigoso proceso de purificación exige el esfuerzo personal, pero el verdadero protagonista es Dios: todo lo que el hombre puede hacer es “disponerse”, estar abierto a la acción divina y no ponerle obstáculos. Viviendo las virtudes teologales, el hombre se eleva y da valor a su propio empeño. El ritmo de crecimiento de la fe, de la esperanza y de la caridad va al mismo paso que la obra de purificación y con la progresiva unión con Dios hasta transformarse en Él. Cuando se llega a esta meta, el alma se sumerge en la misma vida trinitaria, de forma que san Juan afirma que ésta llega a amar a Dios con el mismo amor con que Él la ama, porque la ama en el Espíritu Santo. De ahí que el Doctor Místico sostenga que no existe verdadera unión de amor con Dios si no culmina en la unión trinitaria. En este estado supremo el alma santa lo conoce todo en Dios y ya no debe pasar a través de las criaturas para llegar a Él. El alma se siente ya inundada por el amor divino y se alegra completamente en él.

Queridos hermanos y hermanas, al final queda la cuestión: este santo con su alta mística, con este arduo camino hacia la cima de la perfección, ¿tiene algo que decirnos a nosotros, al cristiano normal que vive en las circunstancias de esta vida de hoy, o es un ejemplo, un modelo solo para pocas almas elegidas que pueden realmente emprender este camino de la purificación, de la ascensión mística? Para encontrar la respuesta debemos ante todo tener presente que la vida de san Juan de la Cruz no fue un “vuelo por las nubes místicas”, sino que fue una vida muy dura, muy práctica y concreta, tanto como reformador de la orden, donde encontró muchas oposiciones, como de superior provincial, como en la cárcel de sus hermanos de religión, donde estuvo expuesto a insultos increíbles y malos tratos físicos. Fue una vida dura, pero precisamente en los meses pasados en la cárcel escribió una de sus obras más bellas. Y así podemos comprender que el camino con Cristo, el ir con Cristo, "el Camino", no es un peso añadido a la ya suficientemente dura carga de nuestra vida, no es algo que haría aún más pesada esta carga, sino algo completamente distinto, es una luz, una fuerza que nos ayuda a llevar esta carga.

Si un hombre tiene en sí un gran amor, este amor casi le da alas, y soporta más fácilmente todas las molestias de la vida, porque lleva en sí esta gran luz; esta es la fe: ser amado por Dios y dejarse amar por Dios en Cristo Jesús. Este dejarse amar es la luz que nos ayuda a llevar la carga de cada día. Y la santidad no es obra nuestra, muy difícil, sino que es precisamente esta “apertura”: abrir las ventanas de nuestra alma para que la luz de Dios pueda entrar, no olvidar a Dios porque precisamente en la apertura a su luz se encuentra fuerza, se encuentra la alegría de los redimidos. Oremos al Señor para que nos ayude a encontrar esta santidad, a dejarnos amar por Dios, que es la vocación de todos nosotros y la verdadera redención. Gracias.

martes, 15 de febrero de 2011

ARTICULOS PERIODISTICOS: JMJ 2011 - Razones para ser voluntario

Queridos amigos y hermanos del blog: les comparto un breve artículo periodístico, que he escrito para la edición de febrero de “Padre de todos” la Revista de la Diócesis de Getafe:

JMJ2011: Razones para ser voluntario

El Siervo de Dios Juan Pablo II, el gran hacedor de las Jornadas Mundiales de la Juventud, nos decía que “la finalidad principal de las Jornadas es la de colocar a Jesucristo en el centro de la fe y de la vida de cada joven”, y esta afirmación es central para el servicio que hoy la Diócesis, tú Diócesis de Getafe, de ti necesita.

Jesús precisa de tu aporte juvenil para crear ese “marco” donde los jóvenes -que desde todos los rincones del mundo vendrán a Madrid- puedan vivenciar profundamente que el Señor quiere estar en el centro de la vida de cada uno de ellos.

¡Sé voluntario!, hay mucho por hacer: trabajar en la secretaría, informar por teléfono a los interesados, ayudar en la acogida de los peregrinos, informar durante la Jornada, arrimar el hombro en sus desplazamientos a los discapacitados, colaborar en los lugares de alojamiento, trabajar en el servicio de orden y seguridad. En definitiva: hacer algo para que los peregrinos se sientan bien acogidos y felices, y… ¿Sabes por qué? Porque tienes que aprender a compartir los dones que Dios te ha dado y hacerlos fructificar.

¡Apúntate! En tu parroquia, en el arciprestazgo, en la vicaría o ingresa a: http://www.madrid11.com/es/voluntarios

Cristo te está esperando, Él cuenta contigo, y estoy seguro que no lo vas a defraudar.

Padre José Medina

viernes, 11 de febrero de 2011

VIRGEN MARIA: Nuestra Señora de Lourdes

Queridos amigos y hermanos del blog: en el año 1858 la Inmaculada Virgen María se apareció a Bernardette Soubirous en la Gruta de Massabielle, cerca de Lourdes, en Francia. Por medio de esta humilde niña, María llama a los pecadores a la conversión y promueve en la Iglesia un gran celo de oración y caridad, sobre todo en el servicio a los enfermos.

Del 11 de febrero al 16 de julio, María Santísima se le aparece dieciocho veces, exhortando a “rezar por los pecadores”, a practicar la abnegación evangélica: “penitencia... penitencia”, y como respuesta a un insistente pedido de la niña, le dice su nombre: “Yo soy la Inmaculada Concepción”, dando así un “espaldarazo celestial” a la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, definido por su Santidad Pío IX, el 8 de diciembre de 1854.

El 16 de julio, la Virgen María aparece por última vez y se despide de Bernadette. Las apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de Enero 1862. En el lugar se comenzó a construirse un Santuario, el Papa Pío IX le dio el título de Basílica en 1874.

Santa Bernardette

Santa Bernadette Soubirous nació el 7 de enero de 1844 en el pueblo de Lourdes, Francia. Su nombre era Marie Bernard, pero la llamaban Bernadette. Su vida después de las apariciones estuvo llena de enfermedades y humillaciones, soporto muchos dolores, era asmática, tenía tuberculosis, un tumor en la rodilla y problemas en los oídos.

Fue admitida como religiosa en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. En julio de 1866 comenzó su noviciado y el 22 de septiembre de 1878 pronunció sus votos a sus 25 años, profetizando que “mi vocación es estar enferma”, interpretando así lo que en una de las apariciones le dijo la Virgen: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro”.

En los primeros años con las monjas, la Santa jovencita sufrió mucho, no solo por su mala salud, sino también a causa que la Madre superiora del lugar que no creía en sus enfermedades, inclusive decía que cojeaba de su pierna para llamar la atención. Como religiosa se dedicó a ser asistente de enfermería y más tarde cuando ya estuvo muy mal de salud, fue sacristana. Antes de morir dijo: "Ruega Señora por esta pobre pecadora".

Muere de tuberculosis en 1879, y el Papa Pío XI en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, canoniza a la humilde vidente de la Virgen en 1933. 30 años después de su muerte, su cadáver fue exhumado, y hallado en perfecto estado de conservación, unos años después, poco antes de su Beatificación, efectuada el 12 de Junio de 1925, se realizó un segundo reconocimiento del cuerpo, el cual seguía intacto. Su cuerpo incorrupto todavía puede verse en el Convento de Nevers, dentro de un féretro de cristal. La festividad de la Santa se celebra el 16 de Abril.

El mensaje de la Virgen de Lourdes

El Mensaje que la Santísima Virgen dio en Lourdes, puede resumirse en los siguientes puntos:

1 - Es un agradecimiento del cielo por la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que se había declarado cuatro años antes (1854), al mismo tiempo que así se presenta Ella misma como Madre y modelo de pureza para el mundo que está necesitado de esta virtud.

2 - Es una exaltación a las virtudes de la pobreza y humildad aceptadas cristianamente, al escoger a Bernardette como instrumento de su mensaje.

3 - Un mensaje importantísimo en Lourdes es el de la Cruz. La Santísima Virgen le repite que lo importante es ser feliz en la otra vida, aunque para ello sea preciso aceptar la cruz.

4 - Importancia de la oración, del rosario, de la penitencia y humildad (besando el suelo como señal de ello); también, un mensaje de misericordia infinita para los pecadores y del cuidado de los enfermos.

Lourdes hoy

Lourdes es uno de los lugares de mayor peregrinaje en el mundo, millones de personas acuden cada año y muchísimos enfermos han sido sanados en sus aguas milagrosas. La fiesta de Nuestra Señora de Lourdes se celebra el día de su primera aparición, el 11 de febrero.

Desde las apariciones, la Gruta de Lourdes, fue lugar de constante peregrinación y desde ahí, el misterio de gracia y bendición que es Lourdes se extendió rápidamente, erigiéndose en su honor, santuarios, grutas, parroquias, capillas y oratorios que proyectan en el tiempo y en los distintos territorios, lo que un día afirmó Mons. Segur: “Lourdes es como un surtidor sobrenatural de gracias, bendiciones y milagros que se realizan por la intercesión de María Santísima”.

Los invito a ver estos videos de la Virgen de Lourdes en You Tube:

http://www.youtube.com/watch?v=96pgrEqmYOU

http://www.youtube.com/watch?v=CcSzNgEgRS4

http://www.youtube.com/watch?v=aEKGp9MVvLs

jueves, 10 de febrero de 2011

CATEQUESIS DEL PAPA: "San Pedro Canisio tuvo fidelidad al dogma y respeto a la persona"

CIUDAD DEL VATICANO, 9 FEB 2011 (VIS).-Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles a San Pedro Canisio (1521-1597), proclamado por León XIII "segundo apóstol de Alemania" y canonizado y proclamado Doctor de la Iglesia por Pío XI en 1925.

Nacido en Nimega (Holanda), Pedro Canisio entró en la Compañía de Jesús en 1543 y fue ordenado sacerdote en 1546. En 1548 San Ignacio de Loyola lo manda a Roma para completar su formación espiritual. En 1549 parte para el Ducado de Baviera y llega a ser decano y rector de la universidad de Ingolstadt. Más tarde fue administrador de la diócesis de Viena (Austria), donde desarrolló su ministerio pastoral en los hospitales y en las cárceles. En 1556 fundó el Colegio de Praga y hasta 1569 fue el primer superior de la provincia jesuita de Alemania del Norte.

Desempeñando este cargo estableció en los países germánicos una red de comunidades de su orden, sobre todo Colegios, que fueron puntos de partida para la Reforma católica. Participó en los coloquios de Worms con los dirigentes protestantes (1557) entre los cuales Melantone; fue nuncio apostólico en Polonia, tomó parte en las dos Dietas de Augusta (1559 y 1565) e intervino en la sesión final del Concilio de Trento. En 1580 se retiró a Friburgo (Suiza) para dedicarse a sus escritos y allí murió en 1597. Pedro Canisio fue, además, editor de las obras completas de San Cirilo de Alejandría y de San León Magno y de las Cartas de San Jerónimo.

Sus obras más conocidas fueron los tres Catecismos (1555-1558). El primero destinado a los estudiantes capaces de entender las nociones elementales de teología; el segundo a los jóvenes del pueblo para una primera formación religiosa y el tercero a los jóvenes con formación escolar de escuela media y superior.

"Una característica de San Pedro Canisio -dijo el Papa- fue la de saber presentar armónicamente la fidelidad y los principios dogmáticos con el respeto que se debe a cada persona. (...) En un momento histórico de fuertes contrastes confesionales, evita las asperezas y la retórica de la ira, algo raro en aquella época de contrastes entre cristianos, centrándose en la presentación de las raíces espirituales y la revitalización de la fe en la Iglesia".

Asimismo, en los escritos destinados a la educación espiritual del pueblo "insiste en la importancia de la Liturgia (...) y en el rito de la Santa Misa y los Sacramentos, pero, al mismo tiempo se preocupa por mostrar a los fieles la necesidad y la belleza de la oración personal y diaria que debe acompañar e inspirar la participación en el culto público de la Iglesia", explicó Benedicto XVI, y subrayó que esa "exhortación y ese método conservan intacto su valor, especialmente después de su reproposición en el Concilio Vaticano II".

Pedro Canisio "enseña con claridad -concluyó el Santo Padre- que el ministerio apostólico es incisivo y da frutos de salvación sólo si el predicador es testigo personal de Jesús y sabe ser instrumento a su disposición, estrechamente unido a El por la fe en su Evangelio y en su Iglesia, con una vida moralmente coherente y una oración incesante como el amor".

sábado, 5 de febrero de 2011

JUAN PABLO II: El milagro que permitirá su beatificación, religiosa francesa curada de parkinson

Queridos amigos y hermanos del blog: el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, confirmó el pasado viernes 14 de enero que el milagro reconocido por Benedicto XVI como atribuido a la intercesión de Juan Pablo II es la curación de Parkinson de una religiosa francesa.

Es el caso de sor Marie Simon Pierre (su nombre de bautismo es Marie-Pierre), de la Congregación de las Hermanitas de las Maternidades Católicas, nacida en 1961 en Rumilly-en-Cambrésis.

Según ha aclarado el cardenal Amato, "la enfermedad fue diagnosticada en el año 2001 por el médico que la atendía y por otros especialistas. La religiosa recibió los tratamientos paliativos que, obviamente, más que curarla, atenuaban parcialmente los dolores".

"Ante la noticia del fallecimiento del Papa Karol Woityla, que sufrió la misma enfermedad, sor Marie y sus hermanas de la congregación comenzaron a invocar al difunto pontífice para pedir la curación", ha añadido el cardenal Amato.

"El 2 de junio de 2005, cansada y oprimida por los dolores, la religiosa manifiesta a la superiora la intención de renunciar al trabajo profesional" en una maternidad de París.

"Sin embargo, la superiora le invita a confiar en la intercesión de Juan Pablo II. Al retirarse, la religiosa pasa una noche tranquila. Al despertarse, se siente curada. Desaparecen los dolores y deja de sentir la rigidez en las articulaciones".

"Era el 3 de junio de 2005, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús --recuerda el purpurado salesiano--. Interrumpe inmediatamente el tratamiento y se va a ver al médico que la atendía, quien no tuvo otra posibilidad que constatar la curación".

Si bien Benedicto XVI había concedido la licencia para no esperar los cinco años exigidos para comenzar la causa de beatificación de Juan Pablo II, el proceso ha sido sometido a todas las exigencias requeridas para cualquier otro caso.

El cardenal Amato aclara que "para honrar dignamente la memoria de este gran pontífice, la causa ha sido sometida a un escrutinio particularmente detallado, para evitar toda duda y superar toda dificultad".

La investigación diocesana sobre la curación inexplicable de la hermana Marie Simon Pierre, había sido realizada en el año 2007 por la arquidiócesis de Aix-en-Provence, donde se encuentra la maternidad en la que entonces ejercía su labor.

El postulador de la causa de beatificación de Karol Wojtyla, el sacerdote polaco monseñor Slawomir Oder, ha explicado que el caso de la hermana Marie Simon Pierre fue escogido, entre otros muchos recibidos, por dos motivos: quedó curada de la enfermedad que padeció el mismo Papa y, tras su restablecimiento, ha podido seguir entregando su vida en las maternidades a "la batalla por la dignidad de la vida", que también libro el pontífice con su magisterio y ministerio.

jueves, 3 de febrero de 2011

CATEQUESIS DEL PAPA: "Santa Teresa de Jesús, cumbre de la espiritualidad cristiana de todos los tiempos"

Queridos amigos y hermanos del blog: les ofrezco a continuación el texto completo de la catequesis que el Papa Benedicto XVI dirigió ayer a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI para la audiencia general, y que dedicó a la santa española Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia.

Queridos hermanos y hermanas, en el curso de las Catequesis que he querido dedicar a los Padres de la Iglesia y a grandes figuras de teólogos y de mujeres de la Edad Media, he podido detenerme también en algunos Santos y Santas que han sido proclamados Doctores de la Iglesia por su eminente doctrina. Hoy quisiera iniciar una breve serie de encuentros para completar la presentación de los Doctores de la Iglesia. Y comienzo con una Santa que representa una de las cumbres de la espiritualidad cristiana de todos los tiempos: santa Teresa de Jesús.

Nace en Ávila, en España, en 1515, con el nombre de Teresa de Ahumada. En su autobiografía ella misma menciona algunos detalles de su infancia: el nacimiento de “padres virtuosos y temerosos de Dios”, dentro de una familia numerosa, con nueve hermanos y tres hermanas. Aún niña, con al menos 9 años, pudo leer las vidas de algunos mártires que le inspiran el deseo del martirio, tanto que improvisa una breve fuga de casa para morir mártir y subir al Cielo (cfr Vida 1, 4); “quiero ver a Dios” dice la pequeña a sus padres. Algunos años después Teresa habló de sus lecturas de la infancia y afirmó haber descubierto la verdad, que resume en dos principios fundamentales: por un lado “el hecho de que todo lo que pertenece a este mundo, pasa”, por el otro que sólo Dios es para “siempre, siempre, siempre”, tema que recupera en su famosísimo poema “Nada te turbe, nada te espante; todos se pasa,/ Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, /quien a Dios tiene nada le falta, ¡Sólo Dios basta!”. Se quedó huérfana de madre a los 12 años, le pidió a la Virgen Santísima que fuera su madre (cfr. Vida 1,7).

Si en la adolescencia la lectura de libros profanos la había llevado a las distracciones de la vida mundana, la experiencia como alumna de las monjas agustinas de Santa María de las Gracias de Ávila y la lectura de libros espirituales, sobre todo clásicos de espiritualidad franciscana, le enseñan el recogimiento y la oración. A la edad de 20 años entra en el monasterio carmelita de la Encarnación, siempre en Ávila. Tres años después, enferma gravemente, tanto que permanece durante cuatro días en coma, aparentemente muerta (cfr Vida 5, 9). También en la lucha contra sus propias enfermedades la Santa ve el combate contra las debilidades y las resistencias a la llamada de Dios. Escribe: “Deseaba vivir porque comprendía bien que no estaba viviendo, sino que estaba luchando con una sombra de muerte, y no tenía a nadie que me diese vida, y ni siquiera yo me la podía tomar, y Aquel que podía dármela tenía razón en no socorrerme, dado que tantas veces me había vuelto hacia Él, y yo le había abandonado” (Vida 8, 2) . En 1543 pierde la cercanía de sus familiares: el padre muere y todos sus hermanos emigran uno detrás de otro a América.

En la Cuaresma de 1554, a los 39 años, Teresa llega a la cumbre de su lucha contra sus propias debilidades. El descubrimiento fortuito de “un Cristo muy llagado” marca profundamente su vida (cfr Vida 9). La Santa, que en aquel periodo siente en profunda consonancia con el san Agustín de las Confesiones, describe así la Jornada decisiva de su experiencia mística: “Sucedió... que de repente me vino un sentimiento de la presencia de Dios, que de ninguna forma podía dudar que estaba dentro de mí o que yo estaba toda absorbida en Él” (Vida 10, 1).

Paralelamente a la maduración de su propia interioridad, la Santa comienza a desarrollar de forma concreta el ideal de reforma de la Orden Carmelita: en 1562 funda en Ávila, con el apoyo del Obispo de la ciudad, don Álvaro de Mendoza, el primer Carmelo reformado, y poco después recibe también la aprobación del Superior General de la Orden, Giovanni Battista Rossi. En años sucesivos continuó la fundación de nuevos Carmelos, en total diecisiete. Fue fundamental su encuentro con san Juan de la Cruz, con el que, en 1568, constituyó en Duruelo, cerca de Ávila, el primer convento de carmelitas descalzas. En 1580 obtiene de Roma la erección en Provincia autónoma para sus Carmelos reformados, punto de partida de la Orden Religiosa de los Carmelitas Descalzos. Teresa termina su vida terrena justo cuanto está ocupándose de la fundación.

En 1582, de hecho, tras haber constituido el Carmelo de Burgos y mientras está realizando el viaje de vuelta hacia Ávila, muere la noche del 15 de octubre en Alba de Tormes, repitiendo humildemente dos expresiones: “Al final, muero como hija de la Iglesia” y “Ya es hora, Esposo mío, de que nos veamos”. Una existencia consumada dentro de España, pero empeñada por toda la Iglesia. Beatificada por el papa Pablo V en 1614 y canonizada en 1622 por Gregorio XV, fue proclamada “Doctora de la Iglesia” por el Siervo de Dios Pablo VI en 1970.

Teresa de Jesús no tenía una formación académica, pero siempre atesoró enseñanzas de teólogos, literatos y maestros espirituales. Como escritora, se atuvo siempre a lo que personalmente había vivido o había visto en la experiencia de otros (cfr Prólogo al Camino de Perfección), es decir, a partir de la experiencia. Teresa consigue entretejer relaciones de amistad espiritual con muchos santos, en particular con san Juan de la Cruz. Al mismo tiempo, se alimenta con la lectura de los Padres de la Iglesia, san Jerónimo, san Gregorio Magno, san Agustín.

Entre sus obras mayores debe recordarse ante todo su autobiografía, titulada Libro de la vida, que ella llama Libro de las Misericordias del Señor. Compuesta en el Carmelo de Ávila en 1565, refiere el recorrido biográfico y espiritual, escrito, como afirma la misma Teresa, para someter su alma al discernimiento del “Maestro de los espirituales”, san Juan de Ávila. El objetivo es el de poner de manifiesto la presencia y la acción de Dios misericordioso en su vida: por esto, la obra recoge a menudo el diálogo de oración con el Señor. Es una lectura que fascina, porque la Santa no solo narra, sino que muestra revivir la experiencia profunda de su amor con Dios. En 1566, Teresa escribe el Camino de Perfección, llamado por ella Admoniciones y consejos que da Teresa de Jesús a sus monjas. Las destinatarias con las doce novicias del Carmelo de san José en Ávila. Teresa les propone un intenso programa de vida contemplativa al servicio de la Iglesia, a cuya base están las virtudes evangélicas y la oración.

Entre los pasajes más preciosos está el comentario al Padrenuestro, modelo de oración. La obra mística más famosa de santa Teresa es el Castillo interior, escrito en 1577, en plena madurez. Se trata de una relectura de su propio camino de vida espiritual y, al mismo tiempo, de una codificación del posible desarrollo de la vida cristiana hacia su plenitud, la santidad, bajo la acción del Espíritu Santo. Teresa se remite a la estructura de un castillo con siete estancias, como imágenes de la interioridad del hombre, introduciendo, al mismo tiempo, el símbolo del gusano de seda que renace en mariposa, para expresar el paso de lo natural a lo sobrenatural. La Santa se inspira en la Sagrada Escritura, en particular en el Cantar de los Cantares, para el símbolo final de los “dos Esposos”, que le permite describir, en la séptima estancia, el culmen de la vida cristiana en sus cuatro aspectos: trinitario, cristológico, antropológico y eclesial. A su actividad de fundadora de los Carmelos reformados, Teresa dedica el Libro de las fundaciones, escrito entre el 1573 y el 1582, en el que habla de la vida del naciente grupo religioso. Como en la autobiografía, el relato se dedica sobre todo a evidenciar la acción de Dios en la fundación de los nuevos monasterios.

No es fácil resumir en pocas palabras la profunda y compleja espiritualidad teresiana. Podemos mencionar algunos puntos esenciales. En primer lugar, santa Teresa propone las virtudes evangélicas como base de toda la vida cristiana y humana: en particular, el desapego de los bienes o pobreza evangélica (y esto nos concierne a todos); el amor de unos a otros como elemento esencial de la vida comunitaria y social; la humildad como amor a la verdad; la determinación como fruto de la audacia cristiana; la esperanza teologal, que describe como sed de agua viva. Sin olvidar las virtudes humanas: afabilidad, veracidad, modestia, cortesía, alegría, cultura. En segundo lugar, santa Teresa propone una profunda sintonía con los grandes personajes bíblicos y la escucha viva de la Palabra de Dios. Ella se siente en consonancia sobre todo con la esposa del Cantar de los Cantares, con el apóstol Pablo, además de con el Cristo de la Pasión y con el Jesús eucarístico.

La Santa subraya después cuán esencial es la oración: rezar significa “frecuentar con amistad, pues frecuentamos de tú a tú a Aquel que sabemos que nos ama” (Vida 8, 5) . La idea de santa Teresa coincide con la definición que santo Tomás de Aquino da de la caridad teologal, como “amicitia quaedam hominis ad Deum”, un tipo de amistad del hombre con Dios, que ofreció primero su amistad al hombre (Summa Theologiae II-ΙI, 23, 1). La iniciativa viene de Dios. La oración es vida y se desarrolla gradualmente al mismo paso con el crecimiento de la vida cristiana: comienza con la oración vocal, pasa por la interiorización a través de la meditación y el recogimiento, hasta llegar a la unión de amor con Cristo y con la Santísima Trinidad. Obviamente no se trata de un desarrollo en el que subir escalones significa dejar el tipo de oración anterior, sino que es una profundización gradual de la relación con Dios que envuelve toda la vida. Más que una pedagogía de la oración, la de Teresa es una verdadera “mistagogia”: enseña al lector de sus obras a rezar, rezando ella misma con él; frecuentemente, de hecho, interrumpe el relato o la exposición para realizar una oración.

Otro tema querido a la Santa es la centralidad de la humanidad de Cristo. Para Teresa, de hecho, la vida cristiana es relación personal con Jesús, que culmina en la unión con Él por gracia, por amor y por imitación. De ahí la importancia que ella atribuye a la meditación de la Pasión y a la Eucaristía, como presencia de Cristo, en la Iglesia, para la vida de cada creyente y como corazón de la liturgia. Santa Teresa vive un amor incondicional a la Iglesia: ella manifiesta un vivo “sensus Ecclesiae” frente a episodios de división y conflicto en la Iglesia de su tiempo. Reforma la Orden Carmelita con la intención de servir y defender mejor a la “Santa Iglesia Católica Romana”, y está dispuesta a dar la vida por ella (cfr Vida 33, 5).

Un último aspecto esencial de la doctrina teresiana, que quisiera subrayar, es la perfección, como aspiración de toda la vida cristiana y meta final de la misma. La Santa tiene una idea muy clara de la “plenitud” de Cristo, revivida por el cristiano. Al final del recorrido del Castillo interior, en la última “estancia”, Teresa describe esa plenitud, realizada en la inhabitación de la Trinidad, en la unión a Cristo a través del misterio de su humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, santa Teresa de Jesús es verdadera maestra de vida cristiana para los fieles de todo tiempo. En nuestra sociedad, a menudo carente de valores espirituales, santa Teresa nos enseñan a ser testigos incansables de Dios, de su presencia y de su acción, nos enseña a sentir realmente esta sed de Dios que existe en nuestro corazón, este deseo de ver a Dios, de buscarlo, de tener una conversación con Él y de ser sus amigos. Esta es la amistad necesaria para todos y que debemos buscar, día a día, de nuevo.

Que el ejemplo de esta Santa, profundamente contemplativa y eficazmente laboriosa, nos impulse también a nosotros a dedicar cada día el tiempo adecuado a la oración, a esta apertura a Dios, a este camino de búsqueda de Dios, para verlo, para encontrar su amistad y por tanto la vida verdadera; porque muchos de nosotros deberíamos decir: “no vivo, no vivo realmente, porque no vivo la esencia de mi vida”. Porque este tiempo de oración no es un tiempo perdido, es un tiempo en el que se abre el camino de la vida, se abre el camino para aprender de Dios un amor ardiente a Él y a su Iglesia y una caridad concreta hacia nuestros hermanos. Gracias.