sábado, 30 de abril de 2011

JUAN PABLO II: En la Fiesta de la DIVINA MISERICORDIA se convierte en BEATO JUAN PABLO II

Queridos amigos y hermanos del blog: así como no fue una coincidencia que Juan Pablo II partiera a la eternidad en la Vigilia del Domingo de la Divina Misericordia, tampoco es una coincidencia que vaya a ser beatificado en esta misma fecha. Aquí hay una señal muy clara... una señal de Dios, que apunta hacia el mensaje de la Divina Misericordia.

Recordemos que Juan Pablo II beatificó a Santa Faustina, Secretaria y Apóstol de la Divina Misericordia, el Domingo de la Divina Misericordia, esto es, el II Domingo de Pascua, del año 1993, y, la canonizó el Domingo de la Divina Misericordia, del año Jubilar 2000, ocasión en la cual instituyó oficialmente esta Fiesta. ¿Entonces... qué estamos viendo detrás de esta fecha? ¡Qué Juan Pablo II es reconocido por el Cielo como otro Apóstol de la Divina Misericordia! Y, eso es exactamente lo que señaló y anticipó el Cardenal Estanislao Dziwisz, quien fuera el secretario personal del Papa durante 40 años, en el año 2009 en Argentina:

Juan Pablo II: Apóstol de la Divina Misericordia

"Ciertamente, digo, son dos apóstoles de la Divina Misericordia: Sor Faustina, que ha recibido del Señor Jesucristo este mensaje, pero este mensaje y devoción ha sido difundido en todo el mundo por Juan Pablo II, segundo apóstol de la Divina Misericordia, que esperamos sean pronto dos santos: Faustina y Juan Pablo II, "Apóstoles de la Divina Misericordia", porque hoy el mundo necesita de la Misericordia, para reflexionar sobre la vida y también sobre la dirección de la vida"

Veamos qué bello lo que nos relata el Cardenal Dziwisz con respecto al último día terrenal de Juan Pablo II: "Respecto a la coronilla, no sé cuando comenzó a rezarla, lo hizo por muchos años, pero luego la recitaba cada día durante su pontificado y sobre todo en su último día. Y con el pensamiento en Jesús Misericordioso ha entrado en la vida eterna"

Ahora bien, por qué decimos que en todo esto hay una señal del cielo, bueno... porque ya Santa Faustina nos lo había anunciado, en forma profética, en el número 378 de su Diario, donde consigna con muchísimos años de anticipación lo que sucederá con el movimiento de la Divina Misericordia. La primera parte dice así:

"Llegará un momento en que esta obra que Dios recomienda tanto, parecerá ser completamente destruida". ¿De qué nos está hablando aquí Sor Faustina? Nos está hablando de que, en 1959, 20 años después de la partida al cielo de Santa Faustina, y, en consecuencia, 20 años después de estarse difundiendo la devoción, el Vaticano prohibió la devoción a la Divina Misericordia, ello debido a la confusión que se estaba creando con malas transcripciones y malas traducciones del Diario.

La segunda parte de este número dice así: "Y de repente Dios intervendrá con gran fuerza que dará testimonio de la veracidad". ¿De qué nos está hablando aquí Santa Faustina? Definitivamente, nos está hablando de la acción de Dios a través de Juan Pablo II, ya que fue a través de él que:

Cronología: Juan Pablo II y la Divina Misericordia

1. Se ordenó, a un destacado teólogo, un estudio teológico del Diario de Santa Faustina, el cual tomó más de diez años en llevarse a cabo, y cuyos resultados fueron los que permitieron, en 1978, mediante solicitud del Cardenal Wojtyla, que el Vaticano levantara la prohibición a la devoción a la Divina Misericordia. Seis meses después de esto, el Cardenal Wojtyla sería electo como Papa Juan Pablo II. Así podemos afirmar que en 1978 el Vaticano abrió sus puertas a la Divina Misericordia y acogió a su apóstol en el Trono de San Pedro.

2. En 1980 se publicó su segunda encíclica papal, la cual llevó por título "Rico en Misericordia", la cual se nutrió del aporte de Santa Faustina, tal como él lo reconoció posteriormente, y con la cual llamó la atención del mundo al misterio de la Misericordia de Dios.

3. En 1993 y en el año jubilar 2000 se beatificó y canonizó a Santa Faustina, con lo cual se le dio aval oficial a su Diario, instituyendo oficialmente el Domingo de la Divina Misericordia para toda la Iglesia, acogiendo así el deseo manifestado por Nuestro Señor a Santa Faustina.

4. En el 2002 se enriqueció con la indulgencia plenaria el Domingo de la Divina Misericordia, haciendo así oficialmente eco de las promesas de Nuestro Señor a Santa Faustina.

5. En ese mismo año 2002, el Papa realizó su último viaje apostólico a su amada Polonia, el cual tuvo por lema "Rico en Misericordia", en el cual dedicó la nueva basílica del Santuario Mundial de la Divina Misericordia en Cracovia- Lagiewniki, y, consagró solemnemente el mundo entero a la Divina Misericordia.

La Divina Misericordia en Juan Pablo II

Toda la vida de Karol Wojtila estuvo marcada por la Divina Misericordia. El fue un valiente e incansable apóstol de la Divina Misericordia. Él fue, en las manos de Dios, el instrumento anunciado en la segunda parte de esta profecía, el instrumento para dar veracidad de la obra iniciada por Nuestro Señor a través de Santa Faustina. Toda la obra de la Divina Misericordia es obra de Dios. No es iniciativa de sus apóstoles, quienes están llamados a ser dóciles instrumentos en las misericordiosas manos de Dios.

Recordemos que, muy jovencito, siendo Karol Wojtyla un obrero industrial durante la II Guerra Mundial, soñando algún día con dedicarse al teatro o a la literatura el día que terminara la Guerra, se detenía en el camino de regreso de su trabajo a su casa para orar en la capillita del convento en el cual muy pocos años atrás había vivido y fallecido Santa Faustina. Ahí en ese convento, Dios fue haciendo un canje, le fue cambiando sus planes personales por los planes Divinos, para que, en lugar de actor o escritor, se ordenara sacerdote, y, llevara oficialmente al mundo entero, desde el Trono de San Pedro, la Devoción a la Divina Misericordia, ¡Bendito y alabado sea el Señor!

Y continúa diciendo la tercera parte de esta profecía: "Ella -la obra- será un nuevo esplendor para la Iglesia, a pesar de estar en ella desde hace mucho tiempo. Nadie puede negar que Dios es infinitamente misericordioso; Él desea que todos lo sepan; antes de volver como Juez, desea que las almas lo conozcan como Rey de Misericordia".

Beato Juan Pablo II

Este 1º de mayo de 2011, como cada 1º de mayo, es también un día dedicado a San José en su advocación de patrono de los obreros, a quienes el Papa Juan Pablo II tenía un inmenso cariño. Él había sido un obrero incansable y, con quienes se identificaba, por haber sido uno de ellos durante su juventud. Según lo afirmó a Santa Faustina, Nuestro Señor encomendó a San José la obra de la Divina Misericordia. A él nos encomendamos en este acontecimiento eclesial histórico, y que por la intercesión de San José, sepamos descubrir en el nuevo Beato, un puente de unión entre la Divina Misericordia y nuestra vida.

Con mi bendición.

Padre José Medina

viernes, 29 de abril de 2011

JUAN PABLO II: Programa oficial de su Beatificación

Queridos amigos y hermanos del blog: a pocas horas de iniciarse los actos centrales de la beatificación del Siervo de Dios Juan Pablo II, la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha presentado detalles de los preparativos y el programa completo de las tres celebraciones de la beatificación.

Intervinieron en la rueda de prensa el cardenal Agostino Vallini, vicario general de Su Santidad para la diócesis de Roma; el padre Federico Lombardi, S.I., director de Radio Vaticano, del Centro Televisivo Vaticano y de la Oficina de Prensa de la Santa Sede; don Caesar Atuire, administrador delegado de la Opera Romana Pellegrinaggi; monseñor Marco Frisina, director de la Oficina Litúrgica del Vicariato de Roma y don Walter Insero, encargado de la Oficina de Comunicaciones Sociales del Vicariato di Roma.
El cardenal Vallini ofreció el programa completo de las tres celebraciones de la beatificación, "fuertemente caracterizada -dijo- por algunos elementos particulares que quieren hacer hincapié en la riqueza de la personalidad del nuevo beato, y el impacto de su pontificado en la vida de la diócesis de Roma y del mundo".

1.- La Vigilia del 30 de abril: Circo Massimo, de 20 a 22.30 horas.

La celebración se dividirá en dos partes. La primera dedicada al recuerdo de las palabras y los gestos del Papa Juan Pablo II. Seguirá una solemne procesión en la que se entronizará la imagen de María, Salus Populi Romani, acompañada por representantes de todas las parroquias y capellanías diocesanas. A continuación intervendrán algunos estrechos colaboradores del nuevo beato, como el cardenal Stanislaw Dziwisz, que fue su secretario, y Joaquín Navarro-Valls, ex director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Hablará también Sor Marie Simon-Pierre, cuya milagrosa curación abrió el camino para la beatificación. Al final de esta primera parte se cantará el himno "Totus tuus", compuesto para el 50 aniversario de la ordenación sacerdotal de Juan Pablo II. 

La segunda parte se centrará en la celebración de los Misterios Luminosos del Santo Rosario, introducidos por Juan Pablo II. Después del canto "Abrid las puertas a Cristo", del nuevo beato, intervendrá el cardenal Vicario Agostino Vallini, que sintetizará la personalidad espiritual y pastoral del Papa. Acto seguido se rezará el Rosario en conexión directa con cinco santuarios marianos. Cada uno de los Misterios estará ligado a una intención de Juan Pablo II. En el santuario de Cracovia, la intención será la juventud; en el santuario Kawekamo-Bugando (Tanzania), la familia; en el santuario de Nuestra Señora del Líbano - Harissa (Líbano), la evangelización; en la basílica de Santa María de Guadalupe, de Ciudad de México, la esperanza y la paz de las naciones; en el Santuario de Fátima, la Iglesia. Al final, Benedicto XVI en conexión desde el Vaticano, rezará la oración final e impartirá la bendición apostólica a todos los participantes. Esa noche permanecerán abiertas a la oración las siguientes iglesias: Santa Agnese in Agone, en Plaza Navona; San Marco al Campidoglio; Santa Anastasia; Santíssimo Nome di Gesú all'Argentina; Santa Maria in Vallicella; San Giovanni dei Fiorentini; San Andrea della Valle; San Bartolomeo all'Isola.

2.- Misa de beatificación del 1 de mayo: Domingo de la Octava de Pascua o de la Divina Misericordia. Plaza de San Pedro, a las 9 horas, preparación; a las 10, celebración presidida por el Santo Padre.

La solemne liturgia de beatificación estará precedida por una hora de preparación en la que se rezará la Corona de la Divina Misericordia, devoción introducida por Santa Faustina Kowalska, y muy apreciada por el beato Juan Pablo II y acabará con una Invocación a la Misericordia en el mundo, con el canto "Jezu ufamTobie". Seguirá la Santa Misa con los textos del domingo de la Octava de Pascua. Después de la fórmula de beatificación, cuando se descubra el tapiz con el nuevo beato, se cantará el Himno del Beato en latín.

3.- La Misa de Acción de Gracias: lunes, 2 de mayo a las 10.30, en la Plaza de San Pedro, presidida por el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone.

La Misa es la primera misa celebrada en honor del nuevo beato. Los textos serán los de la Misa del Beato Juan Pablo II. La celebración será animada por el Coro de la diócesis de Roma, con la participación del Coro de Varsovia y de la Orquesta Sinfónica de Wadowice (Polonia).
El padre Lombardi explicó que hoy viernes 29 de abril por la tarde se trasladará la tumba del beato Papa Inocencio XI -que se halla en la Capilla San Sebastián de la basílica vaticana-, al altar de la Transfiguración, para dejar su puesto al cuerpo de Juan Pablo II. Esta misma mañana, el féretro del pontífice polaco -que no se abrirá- se trasladará ante la tumba de San Pedro, en las grutas vaticanas. La mañana del 1 de mayo, se llevará ante el altar de la Confesión de la basílica.

Terminada la ceremonia de beatificación, el Papa y los cardenales concelebrantes se dirigirán al altar de la Confesión de la basílica y rezarán unos instantes ante el cuerpo del nuevo beato. A partir de esa tarde, las personas que lo deseen podrán venerar los restos de Juan Pablo II.

Don Walter Insero presentó a continuación el nuevo proyecto "centinelas digitales", en recuerdo de las palabras del pontífice polaco a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud de 2000 en Roma: "Veo en vosotros a los "centinelas de la mañana".

A través del portal ya conocido "Pope2You" del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, se podrán enviar "postales digitales" con frases extraídas de los discursos de Juan Pablo II a los jóvenes en diferentes idiomas. 

Esta iniciativa, realizada en colaboración con Radio Vaticano, el Centro Televisivo Vaticano y la Oficina para las Comunicaciones Sociales del Vicariato de Roma, está dirigida por un grupo de jóvenes voluntarios de Roma, algunos seminaristas de colegios presentes en la ciudad, que ofrecen la traducción en varios idiomas y por amigos de otros continentes.

jueves, 28 de abril de 2011

CATEQUESIS DEL PAPA: "Los cristianos deben comprometerse y transformar el mundo según el amor de Cristo resucitado"

CIUDAD DEL VATICANO, 27 ABR 2011 (VIS).-El Papa se trasladó esta mañana desde Castelgandolfo al Vaticano para la audiencia general, que se celebró en la Plaza de San Pedro y en la que participaron más de 20.000 personas.

"Cristo resucitado de entre los muertos -afirmó el Santo Padre- es el fundamento de nuestra fe, que se irradia en toda la liturgia de la Iglesia, dándole contenido y significado. (...) La resurrección de Cristo es la puerta a una nueva vida que ya no está sometida  a la caducidad del tiempo, una vida inmersa en la eternidad de Dios. En la resurrección de Jesús comienza una nueva condición de los seres humanos, que ilumina y transforma nuestro camino cotidiano y abre un futuro cualitativamente nuevo y diferente para toda la humanidad".

"En la Epístola a los Colosenses, San Pablo dice: "Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; sentid las cosas de arriba, no las de la tierra". Pero el apóstol, subrayó Benedicto XVI, "está  lejos de invitar a los cristianos, a cada uno de nosotros, a evadirse del mundo en el que Dios nos ha puesto. Es cierto que somos ciudadanos de otra "ciudad", dónde está nuestra verdadera patria, pero el camino hacia esta meta debemos recorrerlo todos los días en esta tierra. Al participar desde ahora en la vida de Cristo resucitado, debemos vivir como hombres nuevos en este mundo, en el corazón de la ciudad terrenal".

"Este es el camino -prosiguió el Santo Padre-, para transformarnos no solamente  nosotros, sino para transformar al mundo, para dar a la ciudad un nuevo rostro que favorezca  el desarrollo del hombre y de la sociedad, según la lógica de la solidaridad, la bondad, el respeto profundo por la dignidad propia de cada uno. (...) La Pascua aporta la novedad de un pasaje profundo y total de una vida sujeta a la esclavitud del pecado a una vida de libertad, inspirada por el amor, la fuerza que derriba todas las barreras y construye una nueva armonía en nuestro corazón y en la relación con los demás y con las cosas".

Todo cristiano, así como toda comunidad, "si vive la experiencia de este pasaje de la Resurrección, no puede por menos que ser fermento nuevo en el mundo, entregándose sin reservas a las causas más urgentes y justas, como lo demuestran los testimonios de los santos en todas las edades y en todas partes. También son muchas las expectativas de nuestro tiempo: los cristianos, creyendo firmemente que la resurrección de Cristo ha renovado al hombre sin separarlo del mundo en el que construye su historia, tenemos que ser los testigos luminosos de este camino nuevo de Pascua".

"La Pascua es, por lo tanto, un don que hay que acoger cada vez más profundamente en la fe, para obrar en cualquier situación, con la gracia de Cristo, según la lógica de Dios, la lógica del amor", concluyó el pontífice.

miércoles, 27 de abril de 2011

VIRGEN MARÍA: Nuestra Señora de Montserrat, Patrona de Cataluña

Queridos amigos y hermanos del blog: el culto de la Virgen de Montserrat se remonta más allá de la invasión de España por los árabes. La imagen, ocultada entonces, fue descubierta en el siglo IX. Para darle culto, se edificó una capilla a la que el rey Wifredo el Velloso agregó más tarde un monasterio benedictino.

Los milagros atribuidos a la Virgen de Montserrat fueron cada vez más numerosos y los peregrinos que iban hacia Santiago de Compostela los divulgaron. Así, por ejemplo, en Italia se han contado más de ciento cincuenta iglesias o capillas dedicadas a la Virgen de Montserrat, bajo cuya advocación se erigieron algunas de las primeras iglesias de México, Chile y Perú, y con el nombre de Montserrat han sido bautizados monasterios, pueblos, montes e islas en América.

Descubrimiento

No se conoce el origen de la estatua. Cuenta la leyenda que unos pastores estaban pastando sus ovejas cerca de Montserrat y descubrieron la imagen de madera en una cueva, en medio de un misterioso resplandor y cantos angelicales. Por órdenes del obispo de llevarla a la catedral, comenzó la procesión, pero no llegó a su destino, ya que la estatua se empezó a poner increíblemente pesada y difícil de manejar. Entonces fue depositada en una ermita cercana, y permaneció allí hasta que se construyó el actual monasterio benedictino.

Descripción de la Imagen

La virgen es de talla románica de madera. Casi toda la estatua es dorada, excepto la cara y las manos de la Virgen y del Niño. Estas partes tienen un color entre negro y castaño. A diferencia de muchas estatuas antiguas que son negras debido a la naturaleza de la madera o a los efectos de la pintura original, el color oscuro de Ntra. Sra. de Montserrat se le atribuye a las innumerables velas y lámparas que durante siglos se han encendido ante la imagen día y noche. En virtud de esta coloración, la Virgen está catalogada entre las vírgenes negras. Por esto la llaman por cariño La Morenita. La estatua goza de gran estima como un tesoro religioso y por su valor artístico. 

La estatua está sentada y mide 95 cm., un poco más de tres pies de altura. De acuerdo con el estilo románico, la figura es delgada, de cara alargada y delicada expresión. Una corona descansa sobre la cabeza de la Virgen y otra adorna la cabeza del Niño Jesús, que está sentado en sus piernas. Tiene un cojín que le sirve de banquillo o taburete para los pies y ella está sentada en un banquillo de patas grandes, con adornos en forma de cono.

El vestido consiste en una túnica y un manto de diseño dorado y sencillo. La cabeza de la Virgen la cubre un velo que va debajo de la corona y cae ligeramente sobre los hombros. Este velo también es dorado, pero lo realzan diseños geométricos de estrellas, cuadrados y rayas, acentuadas con sombras tenues. La mano derecha de la Virgen sostiene una esfera, mientras la izquierda se extiende hacia adelante con un gesto gracioso. El Niño Jesús está vestido de modo similar, por su puesto, con excepción del velo. Tiene la mano derecha levantada, dando la bendición, y la izquierda sostiene un objeto descrito como un cono de pino.

El nombre de Montserrat, catalán, se refiere a la configuración de las montañas en donde se ubica su monasterio. Las piedras allí se elevan hacia el cielo en forma de sierra. Monte + sierra: Montserrat.

Visitada por los santos

Entre los santos que visitaron el lugar venerado se encuentran S. Pedro Nolasco, S. Raymundo de Peñafort, S. Vicente Ferrer, S. Francisco de Borja, S. Luis Gonzaga, S. José de Calasanz, S. Antonio María Claret y S. Ignacio de Loyola, que, siendo aún caballero, se confesó con uno de los monjes y pasó una noche orando ante la imagen de la Virgen. A unas cuantas millas queda Manresa, un santuario de peregrinación para la Compañía de Jesús, la orden Jesuita fundada por San Ignacio, pues encierra la cueva en donde el Santo se retiró del mundo y escribió sus Ejercicios Espirituales.

Coronación y Fiesta

En 1881 fue coronada canónicamente la imagen de Nuestra Señora de Montserrat. Era la primera en España que recibía esta distinción. El mismo León XIII la señalaba como Patrona de las diócesis catalanas y concedía a su culto una especial solemnidad con misa y oficio propios. Hasta entonces la fiesta principal del santuario había sido la de la Natividad de Nuestra Señora, el 8 de septiembre. En realidad, esta solemne fiesta no debía perder su tradicional significación. Todavía hoy conserva su carácter como de fiesta mayor, popular, del santuario. Pero una nueva festividad, con característica de patronal, venía a honrar expresamente a la Santísima Virgen en su advocación de Montserrat. Es la fiesta que no puede dejar de celebrar hoy todo buen devoto de la Virgen negra. Situada al principio como fiesta variable en el mes de abril, después de una breve fluctuación quedó fijada para el día 27. El misterio que la preside es el de la Visitación. En verdad, la Santísima Virgen visita en la montaña a los que acuden a venerarla y, como pide la oración de la solemnidad, les dispone para llegar a la Montaña que es Jesucristo.

Oración a Nuestra Señora de Montserrat

Oh Madre Santa, Corazón de amor, Corazón de misericordia,
que siempre nos escucha y consuela, atiende a nuestras súplicas. 
Como hijos tuyos, imploramos tu intercesión ante tu Hijo Jesús.
Recibe con comprensión y compasión las peticiones que hoy
te presentamos, especialmente [se hace la petición].
¡Qué consuelo saber que tu Corazón está siempre abierto
para quienes recurren a ti!
Confiamos a tu tierno cuidado e intercesión a nuestros
seres queridos y a todos los que se sienten enfermos, solos o heridos.
Ayúdanos, Santa Madre, a llevar nuestras cargas en esta vida
hasta que lleguemos a participar de la gloria eterna y la paz con Dios. Amén.
Nuestra Señora de Montserrat, ruega por nosotros.

lunes, 25 de abril de 2011

LITURGIA: “La Resurrección de Jesús cambia nuestra vida” (Palabras de Benedicto XVI en el "Lunes del Ángel")

Queridos amigos y hermanos del blog: les comparto las palabras que dirigió Benedicto XVI este "Lunes del Ángel" (Lunes de Resurrección), en la residencia pontificia de Castel Gandolfo, al rezar la oración mariana del Regina Caeli junto a varios miles de peregrinos:

Queridos hermanos y hermanas: Surrexit Dominus vere! Alleluja! La Resurrección del Señor implica una renovación de nuestra condición humana. Cristo ha vencido la muerte, causada por nuestro pecado y nos devuelve la vida inmortal. De este acontecimiento brota toda la vida de la Iglesia y la existencia misma de los cristianos. Lo leemos precisamente hoy: Lunes del Ángel, en el primer discurso misionero de la Iglesia naciente: "A este Jesús- proclama el apóstol Pedro- Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen" (Hechos 2, 32-33). 

Uno de los signos característicos de la fe en la resurrección es el saludo entre los cristianos en el tiempo pascual, inspirado en el antiguo himno litúrgico: "¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente, ha resucitado¡". Es una profesión de fe y un compromiso de vida, tal y como les sucedió a las mujeres descritas en el Evangelio de san Mateo: "De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alegraos". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron ante él. Y Jesús les dijo: "No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán" (Mateo 28, 9-10). "Toda la Iglesia --escribe el siervo de Dios Pablo VI-- recibe la misión de evangelizar, y la obra de cada uno es importante para el todo. Esta queda como un signo junto a lo opaco y luminoso de una nueva presencia de Jesús, de su partida y de su permanencia. Esta la prolonga y lo continúa" (exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, 8 diciembre 1975, 15: AAS 68, 14).

¿Cómo podemos encontrar al Señor y hacernos cada vez más sus auténticos testigos? San Máximo de Turín afirma: "Quien quiere alcanzar al Salvador, primero lo debe poner con la propia fe a la derecha de la divinidad y colocarlo con la persuasión del corazón en los cielos", por lo tanto, debe aprender a dirigir constantemente la mirada de la mente y del corazón hacia lo alto de Dios, donde Cristo ha resucitado. Entonces, en la oración, en la adoración, Dios encuentra al hombre. El teólogo Romano Guardini observa que "la adoración no es algo accesorio, secundario....se trata del interés último, del sentido y del ser. En la adoración el hombre reconoce aquello que vale en sentido puro, simple, y santo". Sólo si sabemos dirigirnos a Dios, rezarle, nosotros podemos descubrir el significado más profundo de nuestra vida y el camino cotidiano es iluminado por la luz del Resucitado.

Queridos amigos, la Iglesia, en Oriente y en Occidente, hoy festeja a San Marcos evangelista, sabio anunciador del Verbo y escritor de las doctrinas de Cristo, como era definido en la antigüedad. Él es también patrono de la ciudad de Venecia, adonde, si Dios quiere, iré en visita pastoral el 7 y 8 de mayo próximo. Invoquemos ahora a la Virgen María, para que nos ayude a cumplir fielmente y con alegría la misión que el Señor Resucitado confía a cada uno de nosotros.

Dirijo mi cordial saludo a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. Que no deje de resonar en el mundo y en la Iglesia la alegre noticia de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Que la paz, que nace del triunfo del Señor sobre el pecado, se extienda por toda la tierra, en particular por aquellas regiones que más la necesitan. Que la claridad victoriosa de su semblante ilumine vuestras vidas, vuestras familias y vuestras ciudades, y fortalezca también vuestros corazones con la esperanza de la salvación que Cristo nos ha ganado con su pasión gloriosa.
Feliz Pascua a todos.
Benedicto XVI

domingo, 24 de abril de 2011

LITURGIA: “En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra” (Mensaje Pascual 2011 de Benedicto XVI)

Queridos amigos y hermanos del blog: con el deseo de que todos vosotros tengáis una muy Feliz y Santa Pascua de Resurrección os comparto el mensaje de Pascua que Benedicto XVI dirigió desde el balcón central de la Basílica de San Pedro del Vaticano al mediodía de hoy,  Domingo de Resurrección.

“In resurrectione tua, Christe, coeli et terra laetentur”. “En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra” (Lit. Hor.)

Queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo:

La mañana de Pascua nos ha traído el anuncio antiguo y siempre nuevo: ¡Cristo ha resucitado! El eco de este acontecimiento, que surgió en Jerusalén hace veinte siglos, continúa resonando en la Iglesia, que lleva en el corazón la fe vibrante de María, la Madre de Jesús, la fe de la Magdalena y las otras mujeres que fueron las primeras en ver el sepulcro vacío, la fe de Pedro y de los otros Apóstoles.

Hasta hoy -incluso en nuestra era de comunicaciones supertecnológicas- la fe de los cristianos se basa en aquel anuncio, en el testimonio de aquellas hermanas y hermanos que vieron primero la losa removida y el sepulcro vacío, después a los mensajeros misteriosos que atestiguaban que Jesús, el Crucificado, había resucitado; y luego, a Él mismo, el Maestro y Señor, vivo y tangible, que se aparece a María Magdalena, a los dos discípulos de Emaús y, finalmente, a los once reunidos en el Cenáculo (cf. Mc 16,9-14).

La resurrección de Cristo no es fruto de una especulación, de una experiencia mística. Es un acontecimiento que sobrepasa ciertamente la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús ha atravesado el tiempo y el espacio. Es una luz diferente, divina, que ha roto las tinieblas de la muerte y ha traído al mundo el esplendor de Dios, el esplendor de la Verdad y del Bien.

Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas en las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto. Por eso, todo el universo se alegra hoy, al estar incluido en la primavera de la humanidad, que se hace intérprete del callado himno de alabanza de la creación. El aleluya pascual, que resuena en la Iglesia peregrina en el mundo, expresa la exultación silenciosa del universo y, sobre todo, el anhelo de toda alma humana sinceramente abierta a Dios, más aún, agradecida por su infinita bondad, belleza y verdad.

"En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra". A esta invitación de alabanza que sube hoy del corazón de la Iglesia, los "cielos" responden al completo: La multitud de los ángeles, de los santos y beatos se suman unánimes a nuestro júbilo. En el cielo, todo es paz y regocijo. Pero en la tierra, lamentablemente, no es así. Aquí, en nuestro mundo, el aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias. Y, sin embargo, Cristo ha muerto y resucitado precisamente por esto. Ha muerto a causa de nuestros pecados de hoy, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy. Por eso, mi mensaje quiere llegar a todos y, como anuncio profético, especialmente a los pueblos y las comunidades que están sufriendo un tiempo de pasión, para que Cristo resucitado les abra el camino de la libertad, la justicia y la paz.

Que pueda alegrarse la Tierra que fue la primera en quedar inundada por la luz del Resucitado. Que el fulgor de Cristo llegue también a los pueblos de Oriente Medio, para que la luz de la paz y de la dignidad humana venza a las tinieblas de la división, del odio y la violencia. Que, en Libia, la diplomacia y el diálogo ocupen el lugar de las armas y, en la actual situación de conflicto, se favorezca el acceso a las ayudas humanitarias a cuantos sufren las consecuencias de la contienda. Que, en los Países de África septentrional y de Oriente Medio, todos los ciudadanos, y particularmente los jóvenes, se esfuercen en promover el bien común y construir una sociedad en la que la pobreza sea derrotada y toda decisión política se inspire en el respeto a la persona humana. Que llegue la solidaridad de todos a los numerosos prófugos y refugiados que provienen de diversos países africanos y se han viso obligados a dejar sus afectos más entrañables; que los hombres de buena voluntad se vean iluminados y abran el corazón a la acogida, para que, de manera solidaria y concertada se puedan aliviar las necesidades urgentes de tantos hermanos; y que a todos los que prodigan sus esfuerzos generosos y dan testimonio en este sentido, llegue nuestro aliento y gratitud.

Que se recomponga la convivencia civil entre las poblaciones de Costa de Marfil, donde urge emprender un camino de reconciliación y perdón para curar las profundas heridas provocadas por las recientes violencias. Y que Japón, en estos momentos en que afronta las dramáticas consecuencias del reciente terremoto, encuentre alivio y esperanza, y lo encuentren también aquellos países que en los últimos meses han sido probados por calamidades naturales que han sembrado dolor y angustia.

Se alegren los cielos y la tierra por el testimonio de quienes sufren contrariedades, e incluso persecuciones a causa de la propia fe en el Señor Jesús. Que el anuncio de su resurrección victoriosa les infunda valor y confianza.

Queridos hermanos y hermanas. Cristo resucitado camina delante de nosotros hacia los cielos nuevos y la tierra nueva (cf. Ap 21,1), en la que finalmente viviremos como una sola familia, hijos del mismo Padre. Él está con nosotros hasta el fin de los tiempos. Vayamos tras Él en este mundo lacerado, cantando el Aleluya. En nuestro corazón hay alegría y dolor; en nuestro rostro, sonrisas y lágrimas. Así es nuestra realidad terrena. Pero Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Por eso cantamos y caminamos, con la mirada puesta en el Cielo, fieles a nuestro compromiso en este mundo.

Feliz Pascua a todos.
Benedicto XVI

¡FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN!

sábado, 23 de abril de 2011

VIRGEN MARÍA: La soledad de María

Queridos amigos y hermanos del blog: Sábado Santo, Jesucristo ha muerto. María Santísima está sola. La han acompañado un rato. La han mirado con lástima. Todo ha terminado y estalla en su corazón de Madre la soledad. La soledad y sus recuerdos.

El recuerdo de la profecía, de las palabras del ángel mensajero del portento, de los reyes de la mirra, el oro y el incienso. La manecita contra el pecho, las arenas del largo río de Egipto, la vuelta a las casas, los pasos vacilantes del niño, sus primeras palabras, el fuerte brazo de San José, el olor a madera y aserrín de la carpintería...

José fue el primero en irse. La casa de Nazaret lloró la ausencia de su voz grave y masculina. Y María quedó sola con su Hijo. Sin el apoyo del compañero, del amigo, del esposo... con la serena conciencia de la misión tremenda que ella, humilde aldeana del caserío de Nazaret, desempeñaba. ¡Una de los tantos misterios de Dios! Cuando más era necesario el padre... Dios se lo ha llevado. Pero María debía aprender, en la dura escuela del dolor, que los caminos de Dios transitan la oscura senda del misterio. “ ¡Mis caminos no son vuestros caminos; mis planes no son los vuestros!” (Is 55,8).

También Jesús se fue, un día, por las huellas polvorientas de Judea. María lo sabía desde el principio. Por eso la despedida fue breve, y sus ojos supieron sostener la mirada... Pero el corazón sangró por mucho tiempo. La casa pareció más grande. Y llegaban las noticias: que su Hijo enseñaba; que su Hijo curaba... Y, un día, un peregrino agitado que le dio la nueva temida y esperada. Una noche de angustia. El camino apresurado a Jerusalén.

También ella fue crucificada; en las manitas horadadas de su niño; en su cuerpo sin pañales azotado; en los primeros pasos vacilantes de la vía dolorosa sin la ayuda de la madre; en la cuna horrenda del madero de esos hombres malos... Ahora todo ha terminado. Y el recuerdo de esas horas terribles hace más pesado el silencio. María está sola. En sus oídos de madre aún resuena el grito angustioso de su Hijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Sus labios de madre repiten mudos: “¿por qué me has abandonado?”

¡Quién pudiera sondear el misterio del alma de María! Porque, cualquiera puede imaginar su dolor de madre ante la muerte espantosa del hijo. Cuántas madres habrá que lloran la ausencia de un hijo; la separación de la distancia o de la muerte; o la ingratitud; el dolor del hijo enfermo; o del hijo en malos pasos; del hijo con problemas... Pero, nadie puede imaginar el dolor de la Madre de un hombre que también es Dios. Nadie puede imaginar el dolor de una madre que, porque es Madre de Dios, es más madre de cada uno de nosotros que nuestra propia madre. Porque, el alma de María fue preparada por la gracia para que fuera capaz de llevar en sí todos los dolores de todas las madres.

Que no nos engañe la humildad y pequeñez de la figura de María. Porque aquello que realmente importa en la vida de los hombres es la densidad de sus espíritus, la profundidad de su mirada interior, el sentido de la vida, la conciencia de Dios, la ternura del corazón. Detrás de sus hábitos de aldeana, de su figura desapercibida, detrás de su silencio y del trabajo humilde de mujer de casa, María llevaba en sí la más admirable de las obras del Todopoderoso: su alma plena de Gracia. 

Y, en la ternura infinita de su corazón de niña, sublimado por el Espíritu, palpitaron -una a una- todas nuestras lágrimas... Por ello, la soledad de María tiene algo de brutal y de tremendo. Porque en sus carnes, más sensibles que las nuestras -¡ella es sin pecado!-, en su pecho más tierno, en su alma límpida, trabajada por Dios desde la eternidad como su obra más perfecta, se vaciaron todas las soledades; se expandieron todos los abandonos; se volcaron todos los desamparos...

Dios le hizo un corazón enorme, porque con él debía amar al Verbo. Y, si goza en el Cielo de una gloria incomparable, y si su santidad excede al ejército todo de los ángeles, es porque sufrió en la tierra más que nadie, y porque bebió el cáliz de la amargura de todos los hombres.

Si el mismo Verbo trepidó de angustia en el grito del supremo abandono; si la Segunda Persona de la Santa Trinidad tembló en los labios que gimieron “por qué me has abandonado?” ¡Cómo habrán de haber surgido del alma creada de María, humana como nosotros, las olas de la angustia más profunda, más negra que el color abismal de los infiernos!

Porque María no ve: cree. Con una fe similar a la nuestra. Con el mismo estrujar de las entrañas que hace gemir a cualquier madre ante la muerte de sus hijos. Tiene fe. La fe más sólida. La fe más pura. La fe más fuerte. Pero, porque es la fe más pura, está vacía de luz y de consuelo. Es la fe de la noche del espíritu, de la que hablan los místicos: la fe fría, sin sentimientos; la fe del que, en el terrible silencio de la soledad más absoluta, afirma una Presencia; afirma, sin sentir, que cree en el Padre.

Cristo y María han agotado hasta lo último todas las experiencias del sufrir humano. No hay un solo dolor que el hombre padezca que ellos no hayan padecido. En sus almas, agrandadas por una calidad humana excepcional y por la gracia, se resolvieron todos los pesares de los hijos de Adán. Cada uno conoce bien cuál es su dolor, lo que le falta. Todo faltó a Cristo. Todo faltó a María. La cruz fue para los dos el resumen, el colmo de todas las carencias. Ni riquezas, ni ropa, ni agua, ni comida. No tuvieron en la cruz ni una sola cosa de las que ofrece el mundo: sólo hiel y vinagre, lanza y clavos. En su desgarrada soledad, María sigue crucificada. Sigue pronunciando, libre y serena, el “cúmplase” de su total despojo.

María, siempre silente, sigue señalando a su Hijo muerto, prisionero y sometido, en las manos de un pequeño déspota romano, del populacho hebreo, de los jefes indignos de su pueblo; sin poder moverse, sin libertad siquiera de espantarse las moscas; y que pendió, fijo, del hierro y del madero.

Pero, ¿qué le importa al mundo la soledad de María?, ¿qué le importa del Dios Jesús, que yace en el sepulcro? ¿qué me importa a mí?, ¿qué me interesa?. ¡Fuera Cruz! ¡No nos molestes con tu presencia! No nos aburras, María, con tu soledad. Olvidémonos... huyamos de la cruz y de la soledad... Pero, cuando la huída se hace más vertiginosa, cuando parece que hemos dejado el calvario para siempre, cuando todo son risas y frotarse las manos... la cruz aparece más negra y espantosa que nunca, desnuda, sin Cristo, sin María, sin fe...

Cristianos: la Iglesia no quiere engañarnos. No puede predicar otra cosa que la cruz. La Iglesia nació en una Cruz. Y todo cristiano debe llevar la suya. Y, si en la tristeza de los atardeceres sin luz, su peso se nos hace insoportable,... pensemos en María. María la llevó mil veces. Y María estaba sola. Pero, su soledad resuena con su “cúmplase”. Y su fe la sostiene en la crueldad del desamparo. No es soledad desesperada. Es la soledad fuerte de la que supo permanecer de pie, junto a la Cruz.

Cuando te asalte la soledad; cuando pienses que nadie te quiere; cuando a tu sufrir parezcan ridículas las palabras de consuelo; cuando el apretón de manos no te diga nada; cuando el dolor te golpee con su absurdo; cuando no entiendas nada y corras el riesgo de enloquecer y desesperar; cuando creas que Dios te ha abandonado y sientas la tentación de la blasfemia y de la rebeldía... piensa en María, tu Madre, Nuestra Señora de la Soledad.

Con mi bendición.
Padre José Medina

jueves, 21 de abril de 2011

CATEQUESIS DEL PAPA: "El Santo Triduo Pascual, culmen del Año Litúrgico y momento de gracia para todo cristiano"

Queridos amigos y hermanos del blog: les ofrezco a continuación la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció ayer, miércoles santo, ante los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, sobre el significado del Santo Triduo Pascual. Qué mejor que sea el mismo Santo Padre quien nos indique el camino a seguir hasta la Pascua:

Queridos hermanos y hermanas, hemos llegado ya al corazón de la Semana Santa, cumplimiento del camino cuaresmal. Mañana entraremos en el Triduo Pascual, los tres días santos en que la Iglesia conmemora el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. El Hijo de Dios, después de haberse hecho hombre en obediencia al Padre, llegando a ser del todo igual a nosotros, excepto en el pecado (cfr Hb 4,15), aceptó cumplir hasta el final su voluntad, afrontar por amor a nosotros la pasión y la cruz, para hacernos partícipes de su resurrección, para que en Él y por Él podamos vivir para siempre, en el consuelo y en la paz. Os exhorto por tanto a acoger este misterio de salvación, a participar intensamente en el Triduo pascual, culmen de todo el año litúrgico y momento de gracia particular para cada cristiano; os invito a buscar en estos días el recogimiento y la oración, para poder acceder más profundamente a esta fuente de gracia. A propósito de esto, ante las inminentes festividades, cada cristiano es invitado a celebrar el sacramento de la Reconciliación, momento de especial adhesión a la muerte y resurrección de Cristo, para poder participar con mayor fruto en la Santa Pascua.

El Jueves Santo es el día en el que se hace memoria de la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio ministerial. Por la mañana, cada comunidad diocesana, reunida en la iglesia catedral en torno al obispo, celebra la Misa Crismal, en la que se bendicen el sacro Crisma, el Óleo de los catecúmenos y el Óleo de los enfermos. A partir del Triduo pascual y durante todo el año litúrgico, estos Óleos serán utilizados para los Sacramentos del Bautismo, de la Confirmación, de las Ordenaciones sacerdotal y episcopal y de la Unción de Enfermos; en esto se pone de manifiesto cómo la salvación, transmitida por los signos sacramentales, brota precisamente del Misterio pascual de Cristo; de hecho, somos redimidos con su muerte y resurrección y, mediante los Sacramentos, acudimos a esa misma fuente salvífica. Durante la Misa Crismal, mañana, tiene lugar la renovación de las promesas sacerdotales. En todo el mundo, cada sacerdote renueva los compromisos que asumió el día de la Ordenación, para ser totalmente consagrado a Cristo en el ejercicio del sagrado ministerio al servicio de los hermanos. Acompañemos a nuestros sacerdotes con nuestra oración.

En la tarde del Jueves Santo comienza efectivamente el Triduo Pascual, con la memoria de la Última Cena, en la que Jesús instituyó el Memorial de su Pascua, dando cumplimiento al rito pascual judío. Según la tradición, toda familia judía, reunida a la mesa en la fiesta de Pascua, come el cordero asado, haciendo memoria de la liberación de los Israelitas de la esclavitud de Egipto; así en el cenáculo, consciente de su muerte inminente, Jesús, verdadero Cordero pascual, se ofrece a si mismo por nuestra salvación (cfr 1Cor 5,7). Pronunciando la bendición sobre el pan y el vino, Él anticipa el sacrificio de la cruz y manifiesta la intención de perpetuar su presencia en medio de los discípulos: bajo las especies del pan y del vino, Él se hace presente de modo real con su cuerpo entregado y con su sangre derramada. Durante la Última Cena, los Apóstoles son constituidos ministros de este Sacramento de salvación; a ellos Jesús les lava los pies (cfr Jn 13,1-25), invitándoles a amarse unos a otros como Él les amó, dando la vida por ellos. Repitiendo este gesto en la Liturgia, también nosotros somos llamados a dar testimonio con los hechos de nuestro Redentor.

El Jueves Santo, finalmente, se cierra con la Adoración eucarística, en recuerdo de la agonía del Señor en el huerto del Getsemaní. Dejando el cenáculo, Él se retiró a rezar, solo, en presencia del Padre. En ese momento de comunión profunda, los Evangelios narran que Jesús experimentó una gran angustia, un sufrimiento tal que le hizo sudar sangre (cfr Mt 26,38). Consciente de su inminente muerte en la cruz, Él siente una gran angustia y la cercanía de la muerte. En esta situación aparece también un elemento de gran importancia para toda la Iglesia. Jesús dice a los suyos: quedaos aquí y vigilad; y este llamamiento a la vigilancia se refiere de modo preciso a este momento de angustia, de amenaza, en el que llegará el traidor, pero concierne a toda la historia de la Iglesia. Es un mensaje permanente para todos los tiempos, porque la somnolencia de los discípulos no era solo el problema de aquel momento, sino que es el problema de toda la historia.

La cuestión es en qué consiste esta somnolencia, en qué consistiría la vigilancia a la que el Señor nos invita. Diría que la somnolencia de los discípulos a lo largo de la historia es una cierta insensibilidad del alma hacia el poder del mal, una insensibilidad hacia todo el mal del mundo. Nosotros no queremos dejarnos turbar demasiado por estas cosas, queremos olvidarlas: pensamos que quizás no será tan grave, y olvidamos. Y no es sólo la insensibilidad hacia el mal, mientras deberíamos velar para hacer el bien, para luchar por la fuerza del bien. Es insensibilidad hacia Dios: esta es nuestra verdadera somnolencia; esta insensibilidad hacia la presencia de Dios que nos hace insensibles también hacia el mal. No escuchamos a Dios – nos molestaría – y así no escuchamos, naturalmente, tampoco la fuerza del mal, y nos quedamos en el camino de nuestra comodidad. La adoración nocturna del Jueves Santo, el estar vigilantes con el Señor, debería ser precisamente el momento de hacernos reflexionar sobre la somnolencia de los discípulos, de los defensores de Jesús, de los apóstoles, de nosotros, que no vemos, no queremos ver toda la fuerza del mal, y que no queremos entrar en su pasión por el bien, por la presencia de Dios en el mundo, por el amor al prójimo y a Dios.

Después, el Señor empieza a rezar. Los tres apóstoles – Pedro, Santiago, Juan – duermen, pero alguna vez se despiertan y escuchan el estribillo de esta oración del Señor: “No se haga mi voluntad, sino la tuya". ¿qué es esta voluntad mía, qué es esta voluntad tuya, de la que habla el Señor? Mi voluntad es que “no debería morir”, que se le ahorre este cáliz del sufrimiento: es la voluntad humana, de la naturaleza humana, y Cristo siente, con toda la conciencia de su ser, la vida, el abismo de la muerte, el terror de la nada, esta amenaza del sufrimiento. Y Él más que nosotros, que tenemos esta aversión natural contra la muerte, este miedo natural a la muerte, aún más que nosotros, siente el abismo del mal. Siente, con la muerte, también todo el sufrimiento de la humanidad. Siente que todo esto es el cáliz que tiene que beber, que debe hacerse beber a sí mismo, aceptar el mal del mundo, todo lo que es terrible, la aversión contra Dios, todo el pecado. Y podemos comprender que Jesús, con su alma humana, estuviese aterrorizado ante esta realidad, que percibe en toda su crueldad: mi voluntad sería no beber el cáliz, pero mi voluntad está subordinada a tu voluntad, a la voluntad de Dios, a la voluntad del Padre, que es también la verdadera voluntad del Hijo. Y así Jesús transforma, en esta oración, la aversión natural, la aversión contra el cáliz, contra su misión de morir por nosotros. Transforma esta voluntad natural suya en voluntad de Dios, en un “sí” a la voluntad de Dios.

El hombre de por sí está tentado de oponerse a la voluntad de Dios, de tener la intención de seguir su propia voluntad, de sentirse libre sólo si es autónomo; opone su propia autonomía contra la heteronomía de seguir la voluntad de Dios. Este es todo el drama de la humanidad. Pero en verdad esta autonomía es errónea y este entrar en la voluntad de Dios no es una oposición a uno mismo, no es una esclavitud que violenta mi voluntad, sino que es entrar en la verdad y en el amor, en el bien. Y Jesús atrae nuestra voluntad, que se opone a la voluntad de Dios, que busca la autonomía, atrae esta voluntad nuestra a lo alto, hacia la voluntad de Dios. Este es el drama de nuestra redención, que Jesús atrae a lo alto nuestra voluntad, toda nuestra aversión contra la voluntad de Dios y nuestra aversión contra la muerte y el pecado, y la une con la voluntad del Padre: "No se haga mi voluntad sino la tuya”. En esta transformación del "no" en "sí", en esta inserción de la voluntad de la criatura en la voluntad del Padre, Él transforma la humanidad y nos redime. Y nos invita a entrar en este movimiento suyo: salir de nuestro "no" y entrar en el "sí" del Hijo. Mi voluntad existe, pero la decisiva es la voluntad del Padre, porque ésta es la verdad y el amor.

Un ulterior elemento de esta oración me parece importante. Los tres testigos han conservado – como aparece en la Sagrada Escritura – la palabra hebrea o aramea con la que el Señor habló al Padre, le llamó: "Abbà", padre. Pero esta fórmula, "Abbà", es una forma familiar del término padre, una forma que se usa sólo en la familia, que nunca se ha usado hacia Dios. Aquí vemos en la intimidad de Jesús cómo habla en familia, habla verdaderamente como Hijo con su Padre. Vemos el misterio trinitario: el Hijo que habla con el Padre y redime a la humanidad.

Una observación más. La Carta a los Hebreos nos dio una profunda interpretación de esta oración del Señor, de este drama del Getsemaní. Dice: estas lágrimas de Jesús, esta oración, estos gritos de Jesús, esta angustia, todo esto no es sencillamente una concesión a la debilidad de la carne, como podría decirse. Precisamente así realiza la tarea del Sumo Sacerdote, porque el Sumo Sacerdote debe llevar al ser humano, con todos sus problemas y sufrimientos, a la altura de Dios. Y la Carta a los Hebreos dice: con todos estos gritos, lágrimas, sufrimientos, oraciones, el Señor llevó nuestra realidad a Dios (cfr Eb5,7ss). Y usa esta palabra griega "prosferein", que es el término técnico para lo que el Sumo Sacerdote tiene que hacer para ofrecer, para elevar a lo alto sus manos.

Precisamente en este drama del Getsemaní, donde parece que la fuerza de Dios ya no está presente, Jesús realiza la función del Sumo Sacerdote. Y dice además que en este acto de obediencia, es decir, de conformación de la voluntad natural humana a la voluntad de Dios, se perfecciona como sacerdote. Y usa de nuevo la palabra técnica para ordenar sacerdote. Precisamente así se convierte en el Sumo Sacerdote de la humanidad y abre así el cielo y la puerta a la resurrección.

Si reflexionamos en este drama del Getsemaní, podemos también ver el gran contraste entre Jesús, con su angustia, con su sufrimiento, en comparación con el gran filósofo Sócrates, que permanece pacífico, imperturbable ante la muerte. Y parece esto lo ideal. Podemos admirar a este filósofo, pero la misión de Jesús era otra. Su misión no era esta total indiferencia y libertad; su misión era llevar en sí mismo todo el sufrimiento, todo el drama humano. Y por ello precisamente esta humillación del Getsemaní es esencial para la misión del Hombre-Dios. Él lleva consigo nuestro sufrimiento, nuestra pobreza, y la transforma según la voluntad de Dios. Y así abre las puertas del cielo, abre el cielo: esta cortina del Santísimo, que hasta ahora el hombre cerraba contra Dios, se abre por este sufrimiento y obediencia suyas. Estas son algunas observaciones para el Jueves Santo, para nuestra celebración de la noche del Jueves Santo.

El Viernes Santo haremos memoria de la pasión y de la muerte del Señor; adoraremos a Cristo Crucificado, participaremos en sus sufrimientos con la penitencia y el ayuno. Volviendo “la mirada a aquel que atravesaron” (cfr Jn 19,37), podremos beber de su corazón partido que mana sangre y agua como de una fuente; de ese corazón del que brota el amor de Dios por cada hombre recibimos su Espíritu. Acompañemos por tanto también en el Viernes Santo a Jesús que sube al Calvario, dejémonos guiar por Él hasta la cruz, recibamos la ofrenda de su cuerpo inmaculado. Finalmente, en la noche del Sábado Santo, celebraremos la solemne Vigilia Pascual, en la que se nos anunciará la resurrección de Cristo, su victoria definitiva sobre la muerte que nos llama a ser en Él hombres nuevos, Participando en esta santa Vigilia, la Noche central de todo el Año Litúrgico, haremos memoria de nuestro Bautismo, en el cual también nosotros fuimos sepultados con Cristo, para poder con Él resucitar y participar en el banquete del cielo (cfr Ap 19,7-9).

Queridos amigos, hemos intentado comprender el estado de ánimo con el que Jesús vivió el momento de la prueba extrema, para captar lo que orientaba su actuación. El criterio que guió cada elección de Jesús durante toda su vida fue la firme voluntad de amar al Padre, de ser uno con el Padre, y de serle fiel; esta decisión de corresponder a su amor le impulsó a abrazar, en toda circunstancia, el proyecto del Padre, hacer suyo el designio de amor que le fue confiado de recapitular todas las cosas en Él, para reconducir todo a Él. Al revivir el Santo Triduo, dispongámonos a acoger también nosotros en nuestra vida la voluntad de Dios, conscientes de que en la voluntad de Dios, aunque parece dura, en contraste con nuestras intenciones, se encuentra nuestro verdadero bien, el camino de la vida. Que la Virgen Madre nos guíe en este itinerario, y nos obtenga de su Hijo divino la gracia de poder emplear nuestra vida por amor a Jesús, al servicio de los hermanos. Gracias.

miércoles, 20 de abril de 2011

LITURGIA: Examen de Conciencia para la Confesión y Comunión Pascual

Queridos amigos y hermanos del blog: la Iglesia, Madre y Maestra, nos da los preceptos para garantizar a los fieles el mínimo indispensable respecto al espíritu de oración y al compromiso moral y ascético. Nosotros debemos escucharla porque Jesús ha dicho a los Apóstoles y a sus sucesores: "Quien os escucha a vosotros me escucha a mí" (Lc 10, 16).

Los preceptos de la Iglesia nos prescriben la participación en la Misa los domingos y las fiestas de precepto, la confesión al menos una vez al año y la comunión en el período pascual, y finalmente, la abstinencia de carne todos los viernes y la abstinencia el miércoles de ceniza y el viernes santo.

Quien observa fielmente tales preceptos es compensado por un vivo sentimiento de amor hacia la Iglesia, su Madre, a la cual dedica gustosamente su tiempo y su compromiso, y hasta su vida a imitación de Cristo Señor (Ef 5, 25).

Al estar promediando la Semana Santa quiero acercarles un Examen de Conciencia que les sirva para preparar una buena Confesión Sacramental que de cómo fruto una muy buena Comunión Pascual:

¿SABES CONFESARTE?

PARA HACER UNA BUENA CONFESIÓN ES NECESARIO:

1. EXAMINAR LA CONCIENCIA: Poner la vida a la luz de Dios para recordar los pecados cometidos desde la última confesión.

2. ARREPENTIMIENTO (Acto de Contrición): Dolerme del mal que he hecho, porque pecando ofendo a mi Padre Dios que me quiere, porque me destruye como persona y como hijo de Dios.

3. DESEO DE CAMBIAR: De nada serviría confesarse si no estuviese dispuesto a rectificar. Sabemos que somos débiles y que podríamos caer en lo mismo otra vez, pero no puede ser ese mi deseo. Así la gracia que recibiré del Señor me ayudará a luchar en esto.

4. CONFESAR LOS PECADOS: Al decir los pecados al sacerdote se los digo a Dios Padre a través de su Hijo, a quien representa el sacerdote, y así tendré también la oportunidad de pedir perdón a mis hermanos en la Iglesia. No puedo ocultar ningún pecado, especialmente los más graves, porque trataríamos sacrílegamente un don de Dios. Si se me olvida alguno, confíe en la misericordia de mi Padre Dios.

5. LA PENITENCIA: Se trata de intentar reparar el mal que he hecho haciendo algo bueno. Normalmente no suele ser proporcionada al mal realizado, porque la Iglesia entera hace penitencia por mí, de este modo, se me invita a ofrecer cosas a Dios por mis pecados y los pecados de los demás.


EXAMEN DE CONCIENCIA:

(Repasa estas preguntas y mira con sinceridad si te has de acusar de ellas, así tu confesión será mas completa y tu alegría mayor).

1. CON DIOS

- ¿Trato personalmente a Dios, rezando, hablando con Él? ¿Estoy atento a lo que Él quiere?

- ¿Creo en su Hijo Jesucristo y vivo sus mandatos? ¿Leo el Evangelio para saber cuáles son?

- ¿Escucho a la Iglesia para estar atento a lo que Jesucristo está pidiendo de mi ahora?

- ¿He dudado o negado verdades de la fe?

- Uno de sus mandatos es «Haced esto en conmemoración mía» ¿Voy a Misa todos los domingos y fiestas? ¿Reconozco que no ir por culpa mía es un desprecio al propio Cristo y una falta de unidad con mis hermanos cristianos?

- ¿He comulgado alguna vez sin las debidas disposiciones?

- ¿Pongo a Dios el primero o hay otras cosas más importantes?

- ¿Pongo interés en formarme o soy conformista y tibio? ¿Leo libros que ayuden a crecer en la fe?

2. CON LA FAMILIA

- ¿Manifiesto respeto a mis padres? ¿Soy para ellos fuente de alegría y ayuda? ¿Discuto frecuentemente con ellos?

- ¿Atiendo bien mi hogar, me preocupo de mi esposa/o y de mis hijos? ¿Venzo la desidia o cansancio para seguir entregándome en casa?

- ¿He discutido con mi mujer/marido delante de mis hijos dándoles mal ejemplo? ¿Reprocho constantemente en vez de buscar que mejore el otro?

- ¿Corrijo con cólera a mis hijos? ¿Me cargan?

- ¿Me preocupo de la fe de mis hijos sabiendo que soy responsable de su educación en la fe?

- ¿En mi familia se ve la TV sin criterio moral, de educación, de posible colaboración con el mal?

- ¿Hago uso correcto de mi vida conyugal íntima conforme al plan de Dios y tal como la Iglesia me enseña.

3. CONMIGO MISMO

- ¿Soy perezoso y dejado con mis cosas, con mi trabajo? ¿Me busco a mi mismo pensando en mi derecho a descansar y hacer lo que yo quiero?

- ¿Soy orgulloso? ¿Desprecio a los demás?

- ¿Soy envidioso? ¿Me fastidia que a otros les vaya mejor que a mí?

- ¿Pongo en peligro mi vida o la de los demás, embriagándome, tomando drogas, fumando en exceso, conduciendo temerariamente...?

- ¿He mantenido relaciones sexuales con mi novio o novia o con otra persona? ¿He buscado el placer conmigo mismo?

- ¿He aceptado pensamientos o miradas hacia otras personas siendo «infiel» en mi interior?

- ¿He sido prudente para no dejarme llevar por el apasionamiento en las manifestaciones de cariño con mi novio/a?

4. CON LOS DEMÁS

- ¿He sido injusto en mis comentarios sobre los demás? ¿He calumniado a alguien?

- ¿He hecho daño con palabras o con obras a los demás? ¿He dañado la fama de personas hablando cosas que los demás no tenían por qué saber?

- ¿Soy caprichoso con mi dinero? ¿Consulto los gastos? ¿Soy codicioso en vez de agradecido a Dios por lo que tengo? ¿Soy generoso con los pobres recordando que no soy dueño, sino administrador de mis bienes? ¿Soy generoso con la Iglesia?

- ¿He robado o estafado a los demás? ¿Cumplo bien con mi trabajo no defraudando a la empresa?

- ¿He dado mal ejemplo a las personas que me rodean? ¿He sido causante del pecado de los demás con mi conversación, modo de vestir, provocación? ¿He reparado el escándalo?

- ¿He colaborado con el mal ajeno?