viernes, 30 de septiembre de 2011

CATEQUESIS DEL PAPA: “Dios da a nuestra vida un sentido profundo, donde Él está allí hay futuro”


Queridos amigos y hermanos del blog: les comparto a continuación el texto completo de la catequesis que ha realizado el Santo Padre Benedicto XVI al reunirse en la Audiencia de los miércoles con los fieles de Italia y de todo el mundo.

¡Queridos hermanos y hermanas! Como sabéis, desde el jueves hasta el domingo realicé una Visita Pastoral a Alemania; estoy contento, por tanto, de acoger la ocasión de la actual Audiencia para recorrer con vosotros las intensas y estupendas jornadas transcurridas en mi país de origen. He atravesado Alemania de norte a sur, del este al oeste: desde Berlín a Erfurt y de Eichsfeld hasta, finalmente, Friburgo, ciudad cercana a la frontera con Francia y Suiza. Doy gracias, en primer lugar al Señor, por la posibilidad que me ha ofrecido de reunirme con la gente y hablar de Dios, de rezar unidos y de confirmar a los hermanos y hermanas en la fe, según el especial mandato que el Señor encargó a Pedro y a sus sucesores. Esta visita, desarrollada bajo el lema “Donde está Dios, allí hay futuro”, ha sido realmente una fiesta de la fe: en los distintos encuentros y coloquios, en las celebraciones especialmente en las solemnes misas con el pueblo de Dios. Estos momentos han sido un precioso regalo que nos ha hecho percibir, de nuevo, cómo Dios da a nuestra vida el sentido profundo, la verdadera plenitud, que sólo Él nos da, concediendo a todos un futuro.

Con profunda gratitud recuerdo la acogida calurosa y entusiasta como también la atención y el afecto que me demostraron en los distintos lugares que visité. Agradezco de corazón a los obispos alemanes, especialmente a aquellos cuyas diócesis me han acogido, por su invitación y por todo lo que han hecho junto a sus colaboradores, para preparar este viaje. Un sentido agradecimiento también para el Presidente Federal y el resto de autoridades políticas y civiles a nivel federal y regional. Estoy profundamente agradecido a todos los que han contribuido de varios modos al buen resultado de la Visita, sobre todo a los numerosos voluntarios. Así esta ha sido un gran regalo para mí y ha suscitado alegría, esperanza y un nuevo empuje en la fe y de compromiso para el futuro.

En la capital federal Berlín, el Presidente Federal me acogió en su residencia y me dio la bienvenida en su nombre y en el de sus compatriotas, expresando la estima y el afecto hacia un Papa natural de la tierra alemana. Por mi parte, he podido hacer una pequeña reflexión sobre la relación recíproca entre religión y libertad, recordando una frase del gran obispo y reformador social Wilhelm von Ketteler: “Como la religión necesita libertad, también esta tiene necesidad de la religión”.

Muy contento acepté la invitación de ir al Bundestag, que ha sido uno de los momentos más importantes de mi viaje. Por primera vez un Papa dio un discurso delante de los miembros del Parlamento alemán. En esa ocasión quise exponer el fundamento del derecho y del libre estado de derecho, es decir la medida de todo derecho, inscrito por el Creador en el mismo ser de su creación. Es necesario ampliar nuestro concepto de naturaleza, comprendiéndola no sólo como un conjunto de funciones sino, más allá de esto, como un lenguaje del Creador para ayudarnos a discernir el bien del mal. Sucesivamente tuvo lugar el encuentro con algunos representantes de la comunidad judía de Alemania. Recordando nuestras raíces comunes en la fe del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, hemos puesto de relieve los frutos obtenidos por el diálogo entre la Iglesia Católica y el Judaísmo en Alemania. He tenido, igualmente, el modo de reunirme con algunos miembros de la comunidad musulmana, hablando con ellos sobre la importancia de la libertad religiosa para un desarrollo pacífico de la humanidad.

La Santa Misa en el estadio olímpico de Berlín, como conclusión del primer día de la Visita, fue una de las grandes celebraciones litúrgicas que me dieron la posibilidad de rezar con los fieles y animarlos en la fe. ¡Me alegró mucho la numerosa participación de la gente! En ese momento festivo e impresionante meditamos sobre la imagen evangélica de la vid y de los sarmientos, es decir sobre la importancia de estar unidos a Cristo para nuestra vida personal de creyentes y para nuestro ser Iglesia, su cuerpo místico.

La segunda etapa de mi visita se realizó en Turingia. Alemania, y de una forma especial Turingia, es la tierra de la reforma protestante. Por tanto, desde el principio quise, ardientemente, dar una particular importancia al ecumenismo en el marco de este viaje y fue mi fuerte deseo el vivir un momento ecuménico en Erfurt, porque en esa ciudad Martín Lutero entró en la comunidad de los Agustinos y fue ordenado sacerdote. Por esto me alegré mucho por el encuentro con los miembros del Consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania y del acto ecuménico en el ex convento de los agustinos: un encuentro cordial que, en el diálogo y en la oración, nos ha llevado de una forma más profunda a Cristo. Vimos de nuevo lo importante que era nuestro testimonio común de la fe en Jesucristo en el mundo actual, que a menudo ignora a Dios o no se interesa por Él. Es necesario nuestro esfuerzo común en el camino hacia la total unidad, pero somos muy conscientes de que no podemos “hacer” ni la fe ni la unidad tan esperada. Una fe creada por nosotros mismos no tiene ningún valor y la verdadera unidad es sobre todo un don del Señor, el cual rezó y reza siempre por la unidad de sus discípulos. Sólo Cristo puede darnos esta unidad y estaremos cada vez más unidos en la medida en que volvamos a Él y nos dejemos transformar por Él.

Un momento particularmente emocionante fue para mí la celebración de las vísperas marianas en el santuario de Etzelsbach, donde me acogió una multitud de peregrinos. Ya de joven oí hablar de la región de Eichsfeld -zona que continuó siendo católica en las distintas vicisitudes dela historia- y de sus habitantes que se opusieron valerosamente a las dictaduras del nazismo y del comunismo. Por esto me alegré mucho de poder visitar Eichsfeld y a su gente en una peregrinación a la imagen milagrosa de la Virgen Dolorosa de Etzelsbach, donde durante siglos los fieles han confiado a María sus propias peticiones, preocupaciones, sufrimientos, donde han recibido consuelo, gracias y bendiciones. También muy impactante fue la Misa celebrada en la plaza del Duomo en Erfurt. Recordando a los santos patronos de Turingia -Santa Isabel, San Bonifacio y San Kilian- y el ejemplo luminoso de los fieles que han testimoniado el Evangelio durante los sistemas totalitarios, invité a los fieles a ser los santos de hoy, testigos válidos de Cristo, y a contribuir en la construcción de nuestra sociedad. Siempre han sido, los santos y las personas imbuidas de Cristo, las que han transformado verdaderamente el mundo. Conmovedor fue el breve encuentro con monseñor Hermann Scheipers, el último sacerdote alemán superviviente del campo de concentración de Dachau. En Erfurt tuve también la ocasión de reunirme con algunas víctimas de los abusos sexuales por parte de religiosos, a los que he querido asegurar mi dolor y mi cercanía con su sufrimiento.

La última etapa de mi viaje me llevó al sudoeste de Alemania, a la archidiócesis de Friburgo. Los habitantes de esta bella ciudad, los fieles de la archidiócesis y los numerosos peregrinos venidos de la vecina Francia y Suiza y de otros países me dedicaron una acogida especialmente festiva. Pude experimentarlo también en la vigilia de oración con millares de jóvenes. Me sentí feliz de ver que la fe en mi patria alemana tiene un rostro joven, que está viva y que tiene un futuro. En este estupendo rito de la luz entregué a los jóvenes la llama del cirio pascual, símbolo de la luz que es Cristo, exhortándoles: “Vosotros sois la luz del mundo”. Les repetí que el Papa confía en la colaboración activa de los jóvenes: con la gracia de Cristo, ellos son capaces de llevar al mundo el fuego del amor de Dios.

Un momento singular fue el encuentro con los seminaristas en el Seminario de Friburgo. Respondiendo de alguna manera a la conmovedora carta que me enviaron unas semanas antes, he querido mostrar a los jóvenes la belleza y grandeza de la llamada del Señor y ofrecerles alguna ayuda para seguir su camino con alegría y en profunda comunión con Cristo. Siempre en el Seminario, pude reunirme, en una atmósfera fraterna, con algunos representantes de las Iglesias ortodoxas y ortodoxas orientales, a las que nosotros, católicos nos sentimos muy cercanos. De esta amplia comunión deriva, también, el deber común de ser levadura para la renovación de nuestra sociedad. Un amigable encuentro con los representantes de los laicos católicos alemanes concluyó la serie de eventos programados en el Seminario.

La gran celebración eucarística dominical en el aeropuerto turístico de Friburgo fue otro momento culminante de la Visita Pastoral, y la ocasión para agradecer a todos los que se comprometen en todos los ámbitos de la vida eclesial, sobre todo los numerosos voluntarios y colaboradores de las iniciativas caritativas. Son estos los que hacen posible las múltiples ayudas que la Iglesia alemana ofrece a la Iglesia universal, especialmente en las tierras de misión. Recordé también que su precioso servicio será siempre fecundo, cuando viene de una fe auténtica y viva, en unión con los obispos y el Papa, en unión con la Iglesia. Finalmente, antes de volver, hablé a un millar de católicos comprometidos con la Iglesia y con la sociedad, sugiriendo algunas reflexiones sobre la acción de la Iglesia en una sociedad secularizada, sobre la invitación a ser libre de cargas materiales y políticas para ser más transparentes a Dios.

Queridos hermanos y hermanas, este Viaje Apostólico a Alemania me ha dado la ocasión propicia para encontrarme con los fieles de mi patria alemana, para confirmarlos en la fe, en la esperanza y en el amor, y compartir con ellos la alegría de ser católicos. Pero mi mensaje estaba dirigido a todo el pueblo alemán, para invitarlos a mirar con confianza al futuro. Es verdad “Donde está Dios, allí hay futuro”. Agradezco de nuevo a los que han hecho posible esta Visita y a cuantos me han acompañado con la oración. El Señor bendiga al pueblo de Dios en Alemania y os bendiga a todos vosotros. Gracias.

martes, 27 de septiembre de 2011

FE Y VIDA: Cada 5 minutos se asesina a un cristiano por razón de su fe, cada año 105.000 cristianos se convierten en mártires

Queridos amigos y hermanos del blog: “Cada cinco minutos se asesina un cristiano por razón de su fe. Cada año 105.000 cristianos en el mundo son condenados al martirio. Un verdadero holocausto del que se habla muy poco”. Estos son algunos de los datos que se han proporcionado en la conferencia de Roma titulada “Los buenos serán martirizados. Las persecuciones a los cristianos en el siglo XXI”.

El evento se ha desarrollado en una Universidad Pontificia Lateranense, con ocasión del veinte aniversario del nacimiento en Roma de “Luci sull' Est”, una asociación de voluntariado laico de inspiración católica que, después de la caída de la Unión Soviética, comenzó a enviar libros, rosarios y otros materiales religiosos a los países ex-soviéticos.

Entre los participantes destacan: el obispo de San Marino-Montefeltro, monseñor Luigi Negri; el eurodiputado Magdi Cristiano Allam; el director de Asia News, el padre Bernardo Cervellera y el representante de la OSCE para la lucha contra la discriminación contra los cristianos y director del Centro de Estudios de las Nuevas Religiones (CESNUR), Massimo Introvigne. El moderador fue el periodista Julio Loredo.

Autosuficiencia del hombre

Al tomar la palabra, monseñor Negri afirmó que el martirio de los cristianos es una parte importante en el misterio de la iniquidad, ya que no nace de la maldad, sino de un odio intelectual, ideológico, de la imposibilidad de acoger el mensaje de Cristo y de la “ideología sobre la autosuficiencia del hombre”, “porque todas las ideologías convergen, más allá de sus diferencias, en el hecho de que el hombre se ha convertido en el Dios de sí mismo”.

El obispo de San Marino-Montefeltro habló después del “carisma del martirio” como de “la confirmación más grande del Espíritu de Dios”. “La modernidad -añadió- termina en el ateísmo, y el ateísmo acaba en la violencia. La verdad ideológica no es inclusiva, sino que se afirma en la exclusión de lo que es distinto. Por esto, en los regímenes totalitarios los diferentes eran eliminados”. En definitiva, una lógica férrea en la que no entran el satanismo y la corrupción”.

El prelado habló después de una ideología que se apoya en los poderes fuertes, definida por Benedicto XVI como tecnociencia, y concluyó diciendo: “Los mártires existen y con su contribución nos invitan a ser cristianos auténticos”, ya que “los testigos apasionados de Cristo, son incansables comunicadores de su vida divina a todos los hombres”.

Emergencia humanitaria

“La intolerancia, la discriminación y la persecución a los cristianos de hoy -dijo Massimo Introvigne – es una emergencia humanitaria que nos afecta a todos. Un problema para la sociedad civil”.

“En el libro World Christian Trends AD 30-AD 2200, el investigador David Barrett fija el número de los mártires cristianos en el mundo en 70 millones, 45 millones de los cuales se han producido en el s.XX -precisó Introvigne-. El número desciende a 160.000 en la primera década de este siglo y se calcula que serán unos 105.000 en la segunda década. Esto significa un mártir cada cinco minutos. Asesinados no por razones bélicas sino por motivos religiosos”.

Lo curioso, añadió el director del CENSUR, es que “todos sienten simpatía por las víctimas, pero también existe un asesino. Pero 'sobre esto os escucharemos en otra ocasión' como decían a San Pablo”. Entre los asesinos cabe destacar al fundamentalismo islámico, como en Pakistán, donde la apostasía conlleva la pena de muerte y se considera una blasfemia no creer en el Islam. Refiriéndose a esto, Introvigne habló de otros 34 casos de condena a muerte similares al de Asia Bibi. Aunque también hay regímenes comunistas, como el de Corea del Norte o China. Además de nacionalismos religiosos como en India e Indochina.

“Y en un plano distinto al del asesinato o la tortura -precisó Introvigne- existe entre nosotros la intolerancia que es un fenómeno cultural; después está la discriminación que es un fenómeno jurídico, para llegar al de la violencia que entre nosotros es más raro” como en Francia, donde la “policía señala que hay un ataque a una iglesia cada dos días”.

El caso de China

El padre Bernardo Cervellera, observador atento de las cuestiones religiosas en los países orientales, profundizó en la situación de China, de la que, actualmente, tenemos una imagen “turística, con grandes rascacielos, una renta media elevada”, pero donde no se respetan los derechos humanos y que lleva adelante una persecución religiosa “como no se veía desde los años '50.

El director de AsiaNews cito a los muchos casos de obispos que están retenidos por la policía porque se han negado a adherirse a la Iglesia patriótica. “Recientemente, antes de las Olimpiadas de 2007, 37 obispos clandestinos fueron sometidos al arresto domiciliario”. El padre Cevellera consideró importante en esta situación “el trabajo realizado por Juan Pablo II y Benedicto XVI, gracias al cual muchos obispos del partido han pedido perdón y han vuelto a la Iglesia”.

“Y el hecho de que la Iglesia esté más unida que en los años '80 explica también el incremento de la persecución”, un aspecto que testimonia en el fondo “un gran fracaso del partido comunista chino, después de 60 años de persecución”. Pero más allá de las persecuciones -concluyó Cervellera- hay esperanza. En este país, actualmente, desean la fe millones de personas y cada año piden ser bautizados unos 150.000 chinos”.

Identidad

El eurodiputado y periodista Magdi Cristiano Allam recordó que, en los países islámicos, “de 10 perseguidos siete son cristianos y desde 1945 hasta hoy, 10 millones de cristianos han sido obligados a dejar sus tierras, junto a un millón de judíos”.

El político egipcio de origen islámico indicó que en el caso del Islam, la persecución no es fruto de la ideología sino de razones religiosas y, de hecho, el judaísmo y el cristianismo son consideradas herejías, mientras que el Islam se considera la única y verdadera religión llamada a convertir a todos.

Allam afirmó la necesidad de adquirir la certeza sobre nuestra identidad y sobre las raíces de nuestra civilización, “si nos convertimos en un terreno baldío, seremos tierra de conquista”.

El ex director del “Corriere della Sera”, que se convirtió al catolicismo y fue bautizado en San Pedro en 2008 por el mismo Papa Benedicto XVI, consideró que “el relativismo es una ideología porque se niega el uso de la razón y se prohíbe valorar los contenidos religiosos, y así se compara las religiones considerándolas iguales, prescindiendo de sus contenidos”. “Se es cristiano -prosiguió- sólo si se cree en Jesucristo. Si se pone en el mismo plano a Cristo y a Mahoma terminamos disminuyendo la certeza de nuestra fe cristiana, además de no declararnos cristianos y de legitimar el Islam, este es el núcleo del problema. O recuperamos la certeza de lo que somos o nuestra civilización terminará por desaparecer”.

Magdi Allam habló después de las incoherencias: “Si se ultraja a otra religión todos se indignan, pero si es el Papa el ultrajado lo llaman libertad de expresión”. Hoy pensamos amar al prójimo odiándonos entre nosotros, y en la ideología del buenismo aceptamos que el prójimo exija prescindir de nosotros mismos”.

El eurodiputado concluyó recordando que es necesario “tener la certeza de quiénes somos, la certeza de la verdad” ya que hay “valores no negociables, como la sacralidad de la vida y la libertad religiosa”. También invitó a encontrar la fuerza “de testificar la certeza en Cristo en una tierra cristiana. Sólo si somos fuertes por dentro, tendremos la autoridad de pedir la libertad para todos los cristianos del mundo”.

viernes, 23 de septiembre de 2011

ACTUALIDAD: Entrevista a Benedicto XVI rumbo a Berlín: “La pederastia es un crimen”

Queridos amigos y hermanos del blog: les comparto a continuación la transcripción de la entrevista que Benedicto XVI concedió ayer jueves a los periodistas que le acompañaban en el avión rumbo a Berlín, camino a su visita apostólica a Alemania.

Padre Federico Lombardi, S.I.: Santidad, bienvenido entre nosotros. Somos el acostumbrado grupo de sus acompañantes periodistas que se preparan para dar un eco en la prensa mundial a su viaje, y estamos muy agradecidos por el hecho de que usted, desde un inicio, tenga tiempo para nosotros, para ayudarnos a comprender bien el significado de este viaje, que es un viaje particular, pues vamos a su patria y se hablará en su idioma... En Alemania hay unos cuatro mil periodistas acreditados en las diferentes etapas del viaje. Aquí en el avión somos 68, de los cuales algo más de veinte son alemanes.

Le presento unas preguntas. La primera se la presento en alemán, de manera que usted pueda hablar para nuestros colegas alemanes en su idioma.

[En alemán]

Periodista: Santidad, permítanos al inicio una pregunta muy personal. ¿Hasta qué punto el Papa Benedicto XVI todavía se siente alemán? ¿Cuáles son los aspectos en los que se da cuenta todavía –quizá cada vez menos—en los que influye  su origen alemán?

Benedicto XVI: Hölderlin dijo en una ocasión: “Lo que más influye es el nacimiento”, y esto claro está yo también lo experimento. He nacido en Alemania y no se puede ni se debe cortar la raíz. He recibido mi formación cultural en Alemania, mi lengua es el alemán y la lengua es la manera en la que el espíritu vive y actúa, y toda mi formación cultural tuvo lugar en ese ambiente. Cuando hago teología, lo hago a partir de la forma interior que aprendí en las universidades alemanas y por desgracia tengo que admitir que sigo leyendo más libros alemanes que en otros idiomas. Por este motivo, en mi manera de ser, el ser alemán es muy fuerte. La pertenencia a su historia, con su grandeza y debilidades, no puede y no debe ser eliminada. Para un cristiano, sin embargo, se añade otro elemento. Con el bautismo, nace de nuevo, nace en un nuevo pueblo que está compuesto por todos los pueblos, un pueblo que abarca a todos los pueblos y todas las culturas y al que a partir de ese momento pertenece de verdad, sin que esto le haga perder su origen natural. Luego, cuando se asume una responsabilidad grande, como me sucede, pues tengo la responsabilidad suprema  en este nuevo pueblo, es evidente que uno se sumerge cada vez más en el mismo. La raíz se convierte en un árbol que crece en todas las direcciones  y el hecho de pertenecer a esta gran comunidad de la Iglesia católica, un pueblo compuesto por todos los pueblos, se hace cada vez más viva y profunda, forja toda la existencia sin renunciar por ello al pasado. Diría, por tanto, que el origen queda, queda el origen cultural, queda también el amor particular y la particular responsabilidad, pero integrado y ampliado en una pertenencia más amplia, en la “civitas Dei” [la ciudad de Dios, ndt.], como diría Agustín, en el pueblo de todos los pueblos en el que todos somos hermanos y hermanas.

[En italiano]

Padre Lombardi: Santo Padre, en los últimos años, se ha dado un aumento de los abandonos en la Iglesia, en parte a causa de los abusos cometidos contra menores por miembros del clero. ¿Cuál es su sentimiento sobre este fenómeno? ¿Qué les diría a quienes quieren abandonar la Iglesia?

Benedicto XVI: Ante todo, tenemos que distinguir el motivo específico por el que se sienten escandalizados por estos crímenes, que se han registrado en estos últimos tiempos. Puedo comprender que, a la luz de estas informaciones, sobre todo si son personas cercanas, uno diga: “Esta ya no es mi Iglesia. La Iglesia era para mí fuerza de humanización y de moralización. Si los representantes de la Iglesia hacen lo contrario, ya no puedo vivir con esta Iglesia”. Esta es una situación específica. Generalmente los motivos son múltiples en el contexto de la secularización de nuestra sociedad. En general, estos abandonos son el último paso de una larga cadena de alejamiento de la Iglesia. En este contexto, me parece importante preguntarse: “¿Por qué estoy en la Iglesia? ¿Estoy en la Iglesia como en una asociación deportiva, una asociación cultural, etc., en la que encuentro respuesta a mis intereses y si ya no es así me voy? ¿O estar en la Iglesia es algo más profundo?”. Yo diría que es importante reconocer que estar en la Iglesia no quiere decir formar parte de una asociación, sino estar en la red del Señor, que, que pesca peces buenos y malos de las aguas de la muerte para llevarlos a las tierras de la vida. Puede ser que en esta red esté junto a peces malvados y lo siento, pero es verdad que no estoy aquí por éste o por el otro, sino porque es la red del Señor, que es algo diferente a todas las asociaciones humanas, una red que toca el fundamento de mi ser. Hablando con estas personas creo que tenemos que ir hasta el fondo de la cuestión: ¿qué es la Iglesia? ¿Cuál es su diversidad? ¿Por qué estoy en la Iglesia, aunque se den escándalos terribles? Así se puede renovar la conciencia del carácter específico de ser Iglesia, pueblo de todos los pueblos, pueblo de Dios, y aprender así a soportar también los escándalos y trabajar contra los escándalos, formando parte precisamente de esta gran red del Señor.

Padre Lombardi: No es la primera vez que grupos de personas se manifiestan en contra de su llegada a un país. La relación de Alemania con Roma era tradicionalmente crítica, incluso dentro del mismo ámbito católico. Los temas de controversia son conocidos desde hace tiempo: el preservativo, la Eucaristía, el celibato. Antes de su viaje, incluso parlamentarios han tomado posiciones de crítica. Pero antes de su viaje a Gran Bretaña la atmósfera tampoco parecía amigable y después todo salió bien. ¿Con qué sentimientos emprende este viaje a su antigua patria y dirigirá su palabra a los alemanes?

Benedicto XVI: Ante todo, diría que es algo normal que en una sociedad libre y en una época secularizada se den posiciones en contra de una visita del Papa. Es justo que expresen ante todos su contrariedad: forma parte de nuestra libertad y tenemos que reconocer que el secularismo y precisamente la oposición al catolicismo es fuerte en nuestras sociedades. Cuando estas oposiciones se expresan de una manera civilizada, no se puede decir nada en contra. Por otra parte, también es verdad que hay muchas expectativas y mucho amor por el Papa. En Alemania hay varias dimensiones de esta oposición: la antigua oposición entre cultura germánica y románica,  los choques de la historia… Además, estamos en el país de la Reforma, que ha acentuado estos contrastes. Pero se da también un grande consenso sobre la fe católica, una convicción cada vez mayor de que en nuestro tiempo tenemos necesidad de una fuerza moral. Tenemos necesidad de una presencia de Dios en nuestro tiempo. Junto a la oposición, que creo que es normal, hay mucha gente que me espera con alegría, que espera una fiesta de fe, estar juntos, la alegría de conocer a Dios y vivir juntos en el futuro, que Dios nos lleva de la mano  y nos muestra el camino. Por este motivo voy con alegría a mi Alemania y me siento feliz de llevar el mensaje de Cristo a mi tierra.

Padre Lombardi: Una última pregunta. Santo Padre, usted visitará en Erfurt el antiguo convento del reformador Martín Lutero. Los cristianos evangélicos --y los católicos en diálogo con ellos-- se están preparando para conmemorar el quinto centenario de la Reforma. Con qué mensaje, con qué pensamientos se está preparando para ese encuentro? ¿Hay que interpretar este viaje como un gesto fraterno con los hermanos y hermanas separados de Roma?

Benedicto XVI: Cuando acepté la invitación para realizar este viaje para mí era evidente que el ecumenismo con nuestros amigos evangélicos debía ser un punto fuerte y central de este viaje. Vivimos en un tiempo de secularismo, como ya he dicho, donde los cristianos juntos tienen la misión de hacer presente el mensaje de Dios, el mensaje de Cristo, hacer que creer sea posible, avanzar con estas grandes ideas, con la verdad. De este modo, estar juntos, católicos y evangélicos, se convierte en un elemento fundamental para nuestro tempo, aunque institucionalmente no estemos perfectamente unidos y, aunque permanezcan grandes problemas, problemas en el fundamento de la fe en Cristo, en el Dios trinitario y en el hombre, como imagen de Dios. Estamos unidos y debemos mostrar al mundo y profundizar en esta unidad. Es algo esencial en este momento histórico. Por este motivo, me siento muy agradecido con nuestros amigos, hermanos y hermanas, protestantes,  que han hecho posible un signo muy significativo: el encuentro en el monasterio donde Lutero comenzó su camino teológico, el acto de  oración en la Iglesia donde fue ordenado sacerdote y hablar juntos sobre nuestra responsabilidad de cristianos en este tiempo. Estoy muy feliz de poder manifestar esta unidad fundamental, que somos hermanos y hermanas, y trabajamos juntos por el bien de la humanidad, anunciando el gozoso mensaje de Cristo, del Dios que tiene un rostro humano y que habla con nosotros.

jueves, 22 de septiembre de 2011

CATEQUESIS DEL PAPA: “¡El verdadero amor promete lo infinito!, animaos a vivir un amor definitivo”

Queridos amigos y hermanos del blog: a punto de emprender su viaje apostólico a Alemania, el Santo Padre Benedicto XVI no ha realizado ayer la tradicional catequesis de los miércoles. Lo que ahora les presento no es parte de sus audiencias generales, sino un mensaje dirigido a los novios el pasado 12 de septiembre. “¡El verdadero amor promete lo infinito!”, ha dicho Benedicto XVI a quienes, junto con otra persona, buscan poner las bases para vivir un amor definitivo.

Queridos novios, estoy contento de concluir esta intensa jornada, culmen del Congreso Eucarístico Nacional, encontrándome con vosotros, casi como queriendo confiar la herencia de este acontecimiento de gracia a vuestras jóvenes vidas. Por lo demás, la Eucaristía, don de Cristo para la salvación del mundo, indica y contiene el horizonte más verdadero de la experiencia que estáis viviendo: el amor de Cristo como plenitud del amor humano.

Doy las gracias al arzobispo de Ancona-Osimo, monseñor Edoardo Menichelli, por su cordial saludo, y a todos vosotros por esta viva participación; gracias también por las palabras que me habéis dirigido y que yo acojo confiando en la presencia en medio de nosotros del Señor Jesús: ¡sólo Él tiene palabras de vida eterna, palabras de vida para vosotros y para vuestro futuro!

Los que planteáis son interrogantes que, en el actual contexto social, asumen un peso aún mayor. Quisiera ofreceros sólo alguna orientación para una respuesta. Para estos aspectos, el nuestro es un tiempo no fácil, sobre todo para vosotros los jóvenes.

La mesa está repleta de muchas cosas deliciosas, pero, como en el episodio evangélico de las bodas de Caná, parece que haya faltado el vino de la fiesta. Sobre todo, la dificultad de encontrar un trabajo estable extiende un velo de incertidumbre sobre el futuro. Esta condición contribuye a dejar para más adelante la asunción de decisiones definitivas, e incide en modo negativo sobre el crecimiento de la sociedad, que no consigue valorar plenamente la riqueza de energías, de competencias y de creatividad de vuestra generación.

Falta el vino de la fiesta también a una cultura que tiende a prescindir de claros criterios morales: en la desorientación, cada uno se ve empujado a moverse de forma individual y autónoma, a menudo solo en el perímetro del presente.

La fragmentación del tejido comunitario se refleja en un relativismo que oculta los valores esenciales; la consonancia de sensaciones, de estados de ánimo y de emociones parece más importante que compartir un proyecto de vida. También las decisiones de fondo se vuelven frágiles, expuestas a una perenne revocabilidad, que a menudo se considera expresión de libertad, mientras que señala más bien su carencia.

Pertenece a una cultura privada del vino de la fiesta también la aparente exaltación del cuerpo, que en realidad banaliza la sexualidad y tiende a hacerla vivir fuera de un contexto de comunión de vida y de amor.

¡Queridos jóvenes, no tengáis miedo de afrontar estos desafíos! No perdáis nunca la esperanza. Tened valor, también en las dificultades, permaneciendo firmes en la fe. Estad seguros de que, en toda circunstancia, sois amados y custodiados por el amor de Dios, que es nuestra fuerza.

Por esto es importante que el encuentro con Él, sobre todo en la oración personal y comunitaria, sea constante, fiel, precisamente como el camino de vuestro amor: amar a Dios y sentir que Él me ama. ¡Nada nos puede separar del amor de Dios!

Estad seguros, además, de que también la Iglesia está cerca de vosotros, os apoya, no deja de miraros con gran confianza. Ella sabe que tenéis sed de valores, los verdaderos, sobre los que vale la pena construir vuestra casa. El valor de la fe, de la persona, de la familia, de las relaciones humanas, de la justicia. No os desaniméis ante las carencias que parecen apagar la alegría en la mesa de la vida.

En las bodas de Caná, cuando faltó el vino, María invitó a los siervos a dirigirse a Jesús y les dio una indicación precisa: “Haced lo que él os diga" (Jn 2,5). Atesorad estas palabras, las últimas de María recogidas en los Evangelios, casi un testamento espiritual, y tendréis siempre la alegría de la fiesta: ¡Jesús es el vino de la fiesta!

Como novios os encontráis viviendo una etapa única, que abre a la maravilla del encuentro y que hace descubrir la belleza de existir y de ser preciosos para alguien, de poderos decir recíprocamente: tu eres importante para mí. Vivid con intensidad, gradualidad y verdad este camino. ¡No renunciéis a perseguir un ideal alto de amor, reflejo y testimonio del amor de Dios!

¿Pero cómo vivir esta fase de vuestra vida, dar testimonio del amor en la comunidad? Quisiera ante todo deciros que evitéis encerraros en relaciones intimistas, falsamente tranquilizadoras; haced más bien que vuestra relación se convierta en levadura de una presencia activa y responsable en la comunidad.

No olvidéis, además, que para ser auténtico, también el amor requiere un camino de maduración: a partir de la atracción inicial y del “sentirse bien” con el otro, educaos a “querer bien” al otro, a “querer el bien” del otro. El amor vive de gratuidad, de sacrificio de si, de perdón y de respeto del otro.

Queridos amigos, todo amor humano es signo del Amor eterno que nos ha creado, y cuya gracia santifica la decisión de un hombre y de una mujer de entregarse recíprocamente la vida en el matrimonio.

Vivid este tiempo del noviazgo en la espera confiada de este don, que debe ser acogido recorriendo un camino de conocimiento, de respeto, de atenciones que no debéis extraviar nunca: sólo con esta condición el lenguaje del amor será siendo significativo también con el paso de los años.

Educaos, por tanto, desde ahora a la libertad de la fidelidad, que lleva a custodiarse mutuamente, hasta vivir el uno para el otro. Preparaos para elegir con convicción el "para siempre" que distingue al amor: la indisolubilidad, antes que una condición, es un don que debe desearse, pedirse y vivirse, más allá de cualquier situación humana cambiante.

Y no penséis, según una mentalidad difundida, que la convivencia sea una garantía para el futuro. Quemar etapas acaba por “quemar” el amor, que el cambio necesita respetar los tiempos y la gradualidad en las expresiones; necesita dar espacio a Cristo, que es capaz de hacer un amor humano fiel, feliz e indisoluble.

La fidelidad y la continuidad de vuestro querer os harán capaces también de estar abiertos a la vida, de ser padres: la estabilidad de vuestra unión en el Sacramento del Matrimonio permitirá a los hijos que Dios quiera daros crecer confiados en la bondad de la vida.

Fidelidad, indisolubilidad y transmisión de la vida son los pilares de toda familia, verdadero bien común, patrimonio precioso para toda la sociedad. Desde ahora, fundad sobre ellos vuestro camino hacia el matrimonio y dad testimonio de él también a vuestros coetáneos: ¡es un servicio precioso!

Sed agradecidos a cuantos con compromiso, competencia y disponibilidad os acompañan en la formación: son signo de la atención y del cuidado que la comunidad cristiana os reserva. No estáis solos: buscad y acoged en primer lugar la compañía de la Iglesia.

Quisiera volver aún sobre un punto esencial: la experiencia del amor tiene dentro de sí la tensión hacia Dios. ¡El verdadero amor promete lo infinito! Haced, por tanto, de este tiempo vuestro de preparación al matrimonio un itinerario de fe: redescubrid para vuestra vida de pareja la centralidad de Jesucristo y del caminar en la Iglesia.

María nos enseña que el bien de cada uno depende del escuchar con docilidad la palabra del Hijo. En quien se fía de Él, el agua de la vida cotidiana se transforma en el vino de un amor que hace buena, bella y fecunda la vida.

Caná, de hecho, es anuncio y anticipación del don del vino nuevo de la Eucaristía, sacrificio y banquete en el que el Señor nos alcanza, nos renueva y nos transforma. No descuidéis la importancia vital de este encuentro; que la asamblea litúrgica dominical os encuentre plenamente partícipes: de la Eucaristía brota el sentido cristiano de la existencia y una forma nueva de vivir (cfr Exhort. ap. postsin. Sacramentum caritatis, 72-73). No tendréis, entonces, miedo de asumir la comprometida responsabilidad de la elección conyugal; no temeréis entrar en este "gran misterio", en el que dos personas se hacen una sola carne (cfr Ef 5,31-32).

Queridísimos jóvenes, os confío a la protección de san José y de María Santísima; siguiendo la invitación de la Virgen Madre – "Haced lo que él os diga" – no os faltará el gusto de la verdadera fiesta y sabréis llevar el "vino" mejor, el que Cristo da para la Iglesia y para el mundo. Quisiera deciros que yo también estoy cerca de vosotros y de quienes, como vosotros, viven este maravilloso camino del amor. ¡Os bendigo de todo corazón!

miércoles, 21 de septiembre de 2011

SANTORAL: San Mateo, Apóstol y Evangelista

Queridos amigos y hermanos del blog: hoy 21 de septiembre celebramos la fiesta litúrgica de san Mateo Apóstol y Evangelista. Mateo significa: "regalo de Dios". Se llamaba también Leví, y era hijo de Alfeo.

Su oficio era el de recaudador de impuestos, un cargo muy odiado por los judíos, porque esos impuestos se recolectaban para una nación extranjera. Los publicanos o recaudadores de impuestos se enriquecían fácilmente. Y quizás a Mateo le atraía la idea de hacerse rico prontamente, pero una vez que se encontró con Jesucristo ya dejó para siempre su ambición de dinero y se dedicó por completo a buscar la salvación de las almas y el Reino de Dios.

Como ejercía su oficio en Cafarnaum, y en esa ciudad pasaba Jesús muchos días y obraba milagros maravillosos, ya seguramente Mateo lo había escuchado varias veces y le había impresionado el modo de ser y de hablar de este Maestro formidable. Y un día, estando él en su oficina de cobranzas, quizás pensando acerca de lo que debería hacer en el futuro, vio aparecer frente a él nada menos que al Divino Maestro el cual le hizo una propuesta totalmente inesperada: "Ven y sígueme".

Mateo aceptó sin más la invitación de Jesús y renunciando a su empleo tan productivo, se fue con El, no ya a ganar dinero, sino almas. No ya a conseguir altos empleos en la tierra, sino un puesto de primera clase en el cielo. San Jerónimo dice que la llamada de Jesús a Mateo es una lección para que todos los pecadores del mundo sepan que, sea cual fuere la vida que han llevado hasta el momento, en cualquier día y en cualquier hora pueden dedicarse a servir a Cristo, y El los acepta con gusto.

Mateo dispuso despedirse de su vida de empleado público dando un gran almuerzo a todos sus amigos, y el invitado de honor era nada menos que Jesús. Y con Él, sus apóstoles. Y como allí se reunió la flor y nata de los pecadores y publicanos, los fariseos se escandalizaron horriblemente y llamaron a varios de los apóstoles para protestarles por semejante actuación de su jefe. "¿Cómo es que su maestro se atreve a comer con publicanos y pecadores?"

Jesús respondió a estas protestas de los fariseos con una noticia que a todos nos debe llenar de alegría: "No necesitan médico los que están sanos, sino los que están enfermos. Yo no he venido a buscar santos sino pecadores. Y a salvar lo que estaba perdido". Probablemente mientras decía estas bellas palabras estaba pensando en varios de nosotros.

Desde entonces Mateo va siempre al lado de Jesús. Presencia sus milagros, oye sus sabios sermones y le colabora predicando y catequizando por los pueblos y organizando las multitudes cuando siguen ansiosas de oír al gran profeta de Nazaret. Jesús lo nombra como uno de sus 12 apóstoles (o enviados, o embajadores) y en Pentecostés recibe el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego. Los judíos le dieron 39 azotes por predicar que Jesús sí había resucitado (y lo mismo hicieron con los otros apóstoles) y cuando estalló la terrible persecución contra los cristianos en Jerusalén, Mateo se fue al extranjero a evangelizar, y dicen que predicó en Etiopía y que allá murió martirizado.

En todo el mundo es conocido este santo, y lo será por siempre, a causa del maravilloso librito que él escribió: "El evangelio según San Mateo". Este corto escrito de sólo 28 capítulos y 50 páginas, ha sido la delicia de predicadores y catequistas durante 20 siglos en todos los continentes. San Mateo en su evangelio (palabra que significa: "Buenas Noticias") nos presenta sermones muy famosos de Jesús, como por ej. el Sermón de la Montaña (el sermón más bello pronunciado en esta tierra), el sermón de las Parábolas, y el que les dijo a sus apóstoles cuando los iba mandar a su primera predicación. Narra milagros muy interesantes, y describe de manera impresionante la Pasión y Muerte de Jesús. Termina contando su resurrección gloriosa.

El fin del evangelio de San Mateo es probar que Jesucristo sí es el Mesías o Salvador anunciado por los profetas y por el Antiguo Testamento. Este evangelio fue escrito especialmente para los judíos que se convertían al cristianismo, y por eso fue redactado en el idioma de ellos, el arameo.

Quizás no haya en el mundo otro libro que haya convertido más pecadores y que haya entusiasmado a más personas por Jesucristo y su doctrina, que el evangelio según San Mateo. No dejemos de leerlo y meditarlo.

A cada uno de los 4 evangelistas se les representa por medio de uno de los 4 seres vivientes que, según el profeta, acompañan al Hijo del hombre (un león: el valor. El toro: la fuerza. El águila: los altos vuelos. Y el hombre: la inteligencia). A San Marcos se le representa con un león. A San Lucas con un toro (porque empieza su evangelio narrando el sacrifico de una res que estaban ofreciendo en el templo). A San Juan por medio del águila, porque este evangelio es el que más alto se ha elevado en sus pensamientos y escritos. Y a San Mateo lo pintan teniendo al lado a un ángel en forma de hombre, porque su evangelio comienza haciendo la lista de los antepasados de Jesús como hombre, y narrando la aparición de un ángel a San José.

Que San Mateo, gran evangelizador, le pida a Jesús que nos conceda un gran entusiasmo por leer, meditar y practicar siempre su santo evangelio. Y que nosotros nunca desoigamos la maravillosa y apasionante invitación que un día recibió san Mateo: "Convertíos y creed en el Evangelio".