sábado, 17 de marzo de 2012

SACERDOCIO: Día del Seminario, oremos con “Pasión por el Evangelio”


Queridos amigos y hermanos del blog: con motivo del Día del Seminario que se celebrará mañana 18 de marzo, el Obispo de nuestra Diócesis ha dirigido una Carta Pastoral en la que nos exhorta a todos a colaborar en la petición por las vocaciones sacerdotales.

CARTA CON MOTIVO DEL DÍA DEL SEMINARIO

“Pasión por el Evangelio”

Queridos hermanos y hermanas:

El próximo día 18 de marzo, cuarto domingo de Cuaresma, el más próximo a la Solemnidad de San José, celebraremos el día del Seminario, una jornada que despierta en todos nosotros mucho cariño y una gran esperanza.

El lema de este año es “Pasión por el Evangelio”. En estas palabras podemos descubrir el origen de la vocación sacerdotal. Pasión por el Evangelio es pasión por Cristo y pasión por Cristo es deseo de estar muy cerca de Él, entrar en su Corazón, tener sus sentimientos, contemplar el mundo con su misma mirada de amor y dejarse seducir por su llamada.

Gracias a Dios, hoy podemos ver en nuestro Seminario a jóvenes que, llamados por Él, han seguido su voz y avanzan hacia el ministerio sagrado. Al verlos, podemos comprobar con gozo cómo Cristo sigue llamando a jóvenes discípulos para hacerlos apóstoles suyos, permaneciendo así viva la misión de la Iglesia y la pasión por el evangelio.

En este día del Seminario la Iglesia nos invita a rezar por ellos y a cuidarlos. Tenemos que orar por ellos, unidos al Buen Pastor que “al ver a las gentes se compadecía de ellas porque estaban extenuadas y abandonados como ovejas sin pastor”, y decía: “La mies es abundante pero los trabajadores pocos; rogad al dueño de la mies que envíe trabajadores a su mies” (Mt 9, 36-38).

El Señor, al comienzo de su vida pública, llamó a algunos pescadores entregados al trabajo en las orillas del lago de Galilea. Les mostró su misión mesiánica con numerosos “signos”, que indicaban su amor a los hombres y el don de la misericordia del Padre. Les educó con la palabra y con la vida, para que estuviesen dispuestos a ser los continuadores de su obra de salvación. Y, finalmente, “sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre” (Jn 13, 31), les confió el memorial de su muerte y resurrección y, antes de ser elevado al cielo, les envió a todo el mundo con el mandato: “Id y haced discípulos de todos los pueblos” (Mt 28, 19).

La propuesta que Jesús hace a quienes dice: “¡Sígueme!” es difícil, pero apasionante. Les invita a entrar en su amistad, a escuchar de cerca su Palabra y a vivir con Él. Les enseña la entrega total a Dios y a la difusión de su Reino, como grano de trigo que muere para dar fruto (cf. Jn 12, 24). Les invita a salir de su propia voluntad, cerrada en sí misma, para sumergirse en la voluntad de Dios y dejarse guiar por ella. Les hace vivir una fraternidad que nace de esta disponibilidad total a Dios (cf. Mt 12, 49-50).

También hoy el seguimiento de Cristo es difícil. Significa aprender a tener la mirada de Jesús, a conocerle íntimamente, a escucharle en la Palabra y a encontrarle en los sacramentos. Supone aprender a conformar la propia voluntad con la suya. Se trata de una verdadera escuela de formación para cuantos se preparan para el ministerio sacerdotal. Esto es el Seminario.

El Señor no deja de llamar, en todas las edades de la vida, incluso muy tempranas, para compartir su misión y servir a la Iglesia en el ministerio ordenado. Y la Iglesia está llamada a custodiar este don, a estimarlo y amarlo. Ella es responsable del nacimiento y de la maduración de las vocaciones sacerdotales. En nuestra Diócesis los dos Seminarios, Menor (en Rozas de Puerto Real) y Mayor (en el Cerro de los Ángeles), cumplen esta misión, bajo la guía admirable de sus formadores. Tenemos que ayudarles para que de nuestros seminarios salgan los sacerdotes santos que hoy, con tanta urgencia, nuestra Diócesis necesita.

Vivimos un tiempo en el que la voz del Señor parece ahogada por “otras voces” y la propuesta de seguirle, entregando la propia vida, puede parecer demasiado difícil. Por eso, el deber de toda comunidad cristiana y de todo cristiano de asumir conscientemente el compromiso de promover las vocaciones, es fundamental. Todos tenemos el deber de alentar y sostener a los que muestran claros indicios de la llamada a la vida sacerdotal, para que sientan el calor de toda la comunidad al decir “sí” a Dios y a la Iglesia.

Todos nosotros hemos de alentar a los que son llamados por Dios y hemos de decirles con gratitud: “Habéis hecho bien. Os felicitamos. Porque los hombres de hoy, a pesar de todos los avances técnicos y de todo el supuesto progreso, tienen hambre de Dios, de ese Dios, manifestado en Jesucristo, que nos reúne en la Iglesia universal para aprender de Él la vida verdadera y el camino de una humanidad plena” (Cfr. Benedicto XVI. Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. 15 de Mayo de 2011).

En este día del Seminario, y durante todo el año, nuestra comunidad diocesana ha de hacerse cada vez más sensible y atenta a la pastoral de las vocaciones sacerdotales. Todos tenemos que participar, educando en los diversos niveles: familiar, parroquial y asociativo, a los niños y a los jóvenes, como hizo Jesús con sus discípulos. Esta educación hará que madure en ellos la vocación en íntima relación con el Señor, cultivada en la oración personal y litúrgica. Debemos facilitarles la escucha atenta y fecunda de la Palabra de Dios mediante una creciente familiaridad con las Sagradas Escrituras, para que comprendan que adentrarse en la voluntad de Dios no quita nada a la persona sino que se lo da todo, permitiéndoles descubrir y seguir la verdad más profunda sobre sí mismos. Es nuestra tarea enseñarles a que vivan la gratuidad y la fraternidad en las relaciones con los otros, y entiendan que sólo abriéndose a la voluntad de Dios es como se encuentra la verdadera alegría y la plena realización de las propias aspiraciones.

Todos tenemos una gran responsabilidad ante Dios en el fomento y cuidado de las vocaciones sacerdotales. Los sacerdotes, viviendo con entusiasmo su sacerdocio, atrayendo así con su ejemplo la mirada de los que son llamados por el Señor y cuidando con esmero la maduración de esas incipientes vocaciones. Las familias, siendo capaces de ayudar a sus hijos a acoger con generosidad la llamada al sacerdocio. Los catequistas y los animadores de los movimientos apostólicos educando en la fe, de tal forma que aquellos que están bajo su cuidado sean capaces de sentir y seguir con buen ánimo la vocación divina. Y los mismos jóvenes, estando siempre atentos a la voz del Señor y no teniendo miedo de seguirle en la vocación a la que Él quiera llamarles.

Agradezco, de todo corazón, a todos los que oráis por el Seminario, por las vocaciones y por los sacerdotes, tanto en la “cadena de oración” como en la “adoración perpetua” y en los “jueves sacerdotales”. Y de una manera muy especial, agradezco la oración de nuestras queridas comunidades contemplativas que, con la entrega de su vida al Señor y con sus constantes muestras de cariño, sostienen a todos aquellos que han sido llamados por Dios para ser sacerdotes en el Corazón de Cristo.

El signo más claro de la vitalidad de nuestra Iglesia Diocesana será su capacidad de cultivar las vocaciones sacerdotales. Invoquemos con confianza e insistencia la ayuda de nuestra Madre, la Virgen María, Reina de los Ángeles, para que con su ejemplo de acogida al plan de Dios y con su eficaz intercesión, se difunda cada vez más entre nosotros la disponibilidad de los corazones para decir “sí” al Señor, que sigue llamando trabajadores a su mies.

Con mi bendición y afecto:
+ Joaquín María. Obispo de Getafe


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