jueves, 19 de julio de 2012

VIVENCIAS PERSONALES: Encuentro en Sevilla con el fraile Carmelita Descalzo que suscitó mi vocación sacerdotal



Queridos amigos y hermanos del blog: como bien dice la conocida canción, “Sevilla tiene un color especial...”, pero no sólo color, sino también calor: 42 grados el pasado lunes cuando tuve la dicha de estar ahí. Era el día de la Virgen del Carmen, a quien tanta devoción se le tiene en España, y muy especialmente en los pueblos costeros, que la veneran como “Estrella del Mar”. Ese día la Virgen me hizo un regalo muy grande que quiero compartir con todos vosotros: reencontrarme después de 12 años con el sacerdote que despertó en mí la vocación sacerdotal, el fraile carmelita descalzo Ramón Terrones, sacerdote oriundo de Jaén, que cumple este año su 50 aniversario sacerdotal, de los cuales estuvo 26 años en Argentina.

Yo también tuve mis “huellas en la nieve”

Cuenta la biografía de san Josemaría Escrivá de Balaguer que las Navidades de 1917-1918 en Logroño fueron extremadamente frías. El termómetro se mantuvo a catorce grados bajo cero durante muchos días y la ciudad quedó casi paralizada. Un día de aquellos, tras una fuerte nevada, sucedió un hecho que, aunque pueda parecer intrascendente, cambió el horizonte de su vida: vio unas huellas en la nieve, las huellas de un carmelita que caminaba con los pies descalzos por amor a Dios. Al ver aquellas huellas, Josemaría experimentó en su alma una profunda inquietud divina que le suscitó un fuerte deseo de entrega. Otros hacían tantos sacrificios por Dios y él -se preguntó-... ¿no era capaz de ofrecerle nada?

Puede sorprender que un motivo tan pequeño -unas pisadas en la nieve- baste a un adolescente para tomar una decisión tan grande: entregar a Dios su vida entera; pero ése es el lenguaje con el que Dios suele llamar a los hombres y así son las respuestas, los signos de fe, de las almas generosas que buscan sinceramente a Dios. No fue una simple reacción, emotiva y pasajera. “Comencé a barruntar el Amor, a darme cuenta de que el corazón me pedía algo grande y que fuese amor. Yo no sabía lo que Dios quería de mí, pero era, evidentemente, una elección. Ya vendría lo que fuera”.

Empezó a asistir diariamente a la Santa Misa y después de algún tiempo decidió hacerse sacerdote: le pareció que era el mejor camino para estar enteramente disponible a esa Voluntad de Dios que había intuido en su alma -“un algo que estaba por encima de mí y en mí”-, y cuyo alcance último desconocía.

Encuentro con Fray Ramón en Alta Gracia, Córdoba (Argentina)

En 1981 yo tenía 18 años y estaba –junto con mi familia- viviendo en la ciudad cordobesa de Alta Gracia, que es un antiguo y prestigioso lugar turístico caracterizado por el emplazamiento del casco de una estancia jesuítica. Esta ciudad está unida muy especialmente a la gran ciudad gaditana -donde me encuentro en estos días- ya que en Alta Gracia vivió sus últimos años de vida Manuel de Falla, compositor nacido en Cádiz, quien falleció allí el 14 de noviembre de 1946.

En esa hermosa ciudad serrana conocí al fraile Ramón Terrones, quien cada tarde bajaba desde la Gruta de la Virgen de Lourdes a celebrar la misa vespertina a las Madre Carmelitas Descalzas, cuyo monasterio se encuentra bajo la advocación de “Nuestra Señora de Belén y San José”. Yo en esos juveniles años no pensaba ser sacerdote, ni mucho menos. Estando terminando mis estudios secundarios, de novio con una hermosa compañera de aquél último año de la secundaria y soñando abrirme camino en los medios de comunicación social, específicamente en el apasionante mundo del cine. Pero Dios tenía otros planes y ¡Bendito sea! Que así haya sido.

Fray Ramón, hombre de una gran sencillez y con el encanto y la gracia propia del buen andaluz, fue captando poco a poco mi atención, fui acercándome a sus vespertinas misas, quedándome al fondo de la Iglesia, hasta que un día me invita a ayudarle como monaguillo, y ahí estaba yo en el altar, observado por la atenta mirada de las monjas carmelitas descalzas y sin la menor idea de lo que estaba haciendo en tan sagrado lugar…

De ahí comenzaron a sucederse muchos encuentros e interminables conversaciones a la salida de la Misa en las Carmelitas, en las visitas que le hacía en la gruta de Lourdes y en “Las Moradas” un antiguo hotel de esa zona serrana que comprado por los Carmelitas se convirtió en una Casa de Retiro, que fue también tiempo después y por algunos años Noviciado. Recuerdo que una vez me animé a preguntarle ¿Qué hace un sacerdote? Ante lo cual me respondió –con gran sabiduría- que lo más importante es lo qué es un sacerdote, y luego lo que hace. Sabia distinción que me ha seguido acompañando y cuestionando durante mis casi 21 años de ministerio sacerdotal.

Los años fueron pasando, nos seguimos viendo y compartiendo distintas instancias de la vida, ya que mi vocación ha estado unida –en distintos momentos y en distintas formas- y lo estará por siempre al carisma y espiritualidad carmelitana, vivida desde mi vocación al sacerdocio secular o diocesano.

Los Carmelitas Descalzos de la Provincia de Andalucía

En 1899 llegaron al puerto de Buenos Aires los primeros carmelitas descalzos y dieron origen con su arribo al comienzo de la historia del Carmelo Descalzo masculino en la Argentina. Historia con muchas vicisitudes, como en toda vida humana. Y que en estos 113 años de presencia, y en dos momentos distintos y significativos tuvo a los Carmelitas Descalzos de la Provincia de Andalucía como protagonistas de esa andadura fundacional tras las huellas de santa Teresa de Jesús y de san Juan de la Cruz.

Hoy casi todos han regresado a su España natal. Ellos fueron alma y vida del Carmelo en Argentina desde 1905 a 1966 y desde 1976 a 2005. Ellos forjaron con una entrega admirable el carisma teresiano-sanjuanista en mi tierra, pusieron los cimientos de un edificio espiritual que continua erguido y dando frutos; y formaron a aquellos que hoy dan vida al Carmelo Descalzo Argentino, denominado “Delegación General San José” desde el 2005.

En mi corazón agradecido encuentro nombres de aquellos años que están grabados entrañablemente: Fray Antonio Molina García y el Hno. Ángel, ambos fallecidos recientemente. Como así también quien fue Delegado Provincial en Argentina y actual Prior del Convento de Cádiz, Fray Carlos Quijano Sánchez; y otro, muy querido también, Fray Francisco Víctor López Fernández, actual Prior del Convento de Úbeda.

Fray Ramón y mi vocación sacerdotal

Fray Ramón Terrones (actualmente miembro conventual en Sevilla) es a quien yo considero padre de mi vocación, fue el quien con su ejemplo de vida y con su “estilo de fraternidad” tan propio del Carmelo Teresiano suscitó en mí los primeros destellos de la vocación sacerdotal. Hoy como sacerdote sé que para despertar santas vocaciones al sacerdocio es necesario rezar de manera convencida, humilde e insistente a Dios; así como también dar un testimonio ardoroso de su amor que muestre la belleza de este llamado. Hoy, más que nunca, debemos orar a Dios, tocar a su puerta para que nos dé vocaciones. Rezar con gran convencimiento. Dios no se cierra a la oración permanente, confiada. Esto es lo primero: rezar con humildad, confianza e insistencia por las vocaciones tocando el corazón de Dios para que nos dé sacerdotes.

Pues bien, todo esto que hoy yo creo convencido es lo que percibí en Fray Ramón, no literalmente en las huellas de unos pies descalzos en la nieve de un frío invierno; sino en el día a día de un hombre que lejos de su tierra y de su gente, le dedicó 26 años de sacerdocio al Carmelo y a la Iglesia en Argentina y a quien hoy, a través de estas palabras y estas imágenes, le agradezco todo lo que hizo por mí, por que si yo cada día alzo en mis manos esa pequeña forma de plan blanco y luego se convierte en el Cuerpo de Cristo, Pan vivo para nuestra salvación, es porque un día, supo ver en mi –en semilla- el buen trigo que amasaría a un Sacerdote para siempre.

¡Gracias querido Ramón!, desde esta página te mando un fuerte abrazo, mi cariño hecho oración y mi eterna gratitud. Me encomiendo y te encomiendo a la dulce intercesión de la Virgen del Carmen, Reina y Hermosura del Carmelo.

Padre José Medina

Enero de 1984, primeras inquietudes vocacionales junto a Ramón con mis 21 años en la Casa de Retiro “Las Moradas” en Alta Gracia, Córdoba, Argentina. Los frailes de Córdoba, a principios del siglo XX, poseían una residencia de descanso desde la que atendían el santuario de la Gruta. En 1961 se pudo adquirir un antiguo hotel más próximo al santuario, para trasladar allí la comunidad convertida en seminario menor hasta 1976. Desde 1987 funciona como casa de retiro, salvo unos años en los cuales se instaló allí el Noviciado.


Estas fotos celebrando juntos la Santa Misa son de 1997. ¿El lugar? La Capilla del Monasterio de las Madres Carmelitas de Alta Gracia, fundado el 24 de agosto de 1962, bajo la advocación: “Nuestra Señora de Belén y San José”. La comunidad trabaja para su sustento en el tallado del cristal. Si van por allí, pueden visitarlas, están en la calle Eduardo Madero 501, de Alta Gracia, Córdoba, Argentina

* La foto que encabeza este artículo está sacada ante el Altar Mayor de la Iglesia del Convento del Santo Ángel de Sevilla el 16 de julio de 2012, Festividad de Nuestra Señora del Carmen.


11 comentarios:

  1. Es una bonita y conmovedora historia llena de sentimientos que puede suscitar muchas vocaciones. Ojalá así sea con ayuda de Dios y que sus testimonios y obras se sigan manifestando con tanta ilusión siempre como reflejo de un espíritu entregado a Dios y al prójimo. Enhorabuena por su elección de vida.

    ResponderEliminar
  2. Gracias Elena por tus palabras. Es un testimonio de gratitud y reconocimiento. Ojalá, que como tú dices, pueda también suscitar vocaciones. Dios te oiga. + Bendiciones y gracias por leer y participar en el blog.

    ResponderEliminar
  3. Ofelia Sidoti ha comentado desde Facebook: Padre José hermoso el relato del encuentro con el padre carmelita que cumple sus 50 años de sacerdocio y que fue su mentor en su vocación en Alta Gracia , lindos recuerdos BENDICIONES PARA LOS DOS DESDE MENDOZA OFELIA OCDS.

    ResponderEliminar
  4. Gracias querida Ofelia, ha sido un regalo de la Virgen el poder volver a verlo. + Bendiciones.

    ResponderEliminar
  5. Elisa Marcela Canari ha comentado desde Facebook: hermosa foto!!!! me alegra ver que Ramoncito esta bien, y saber que Nuestra Madre del Carmen siempre tendra un lugar especial en el corazon, por los buenos momentos vividos, por las buenas enseñanzas de personas como el Padre Ramón.

    ResponderEliminar
  6. Pequeñas cosas son suficientes para que Dios llame y obre fuertemente en el alma y en la vida de las personas. Es inútil buscar lo extraordinario para creer en Dios, lo que hay que descubrir es esa Presencia extraordinaria en lo ordinario de una vida común, allí es donde El se comunica mejor. Pero... ¡claro! hay que tener abiertos los ojos y los oídos del alma para darse cuenta. Muy lindo su relato, un relato que vuelve a confirmar la Sabiduría y el Amor de un Padre que se vale de lo natural, de lo que está al alcance de la comprensión de su criatura, para manifestar Su Voluntad sobre cada uno. Un abrazo y todo mi cariñó: Marta (desde Mendoza)

    ResponderEliminar
  7. Así es, estimada Marta, en lo ordinario de cada día, está el mayor milagro de Dios y de la vida. Reza para que sea siempre fiel al Don recibido. Me encomiendo y te encomiendo.

    ResponderEliminar
  8. Pero que bien y que joven se le ve en la foto con sus 21 años. Quien diria conociendole actualmente que una vez antaño fuera tan jovencito y delgadito. Fuera de bromas, espero que disfrute de sus vacaciones y de su estancia en Cadiz y estudie mucho, mucho, pero muchoooo.

    Un abrazo de un amigo de la Parroquia de Aranjuez.

    ResponderEliminar
  9. Muy estimado amigo “anónimo”, acepto con gusto las bromas, no hay nada más sano que saber reirse sanamente de uno mismo. Además debe ser consolador saber que vuestro párroco fue joven y delgado alguna vez. Cuídate, un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  10. padre José Antonio.. he llegado a esta página de pura casualidad.. Y me llamó la atención porque reconoci al padre Ramón Terrones..
    Vivo en Alta Gracia desde el año 1989. En el año 1997 nació mi hijo Juan Diego y fue usted el que me lo consagró a la Virgen a los pies de la estatua que está en la Gruta.. usted no lo recordará pero yo si guardo este recuerdo y no hace mucho se lo recordaba a mi hijo que acaba de cumplir 19 años. Qué lindo saber de usted.. Lo recuerdo porque yo iba a misa a la Gruta y vivo muy cerca del Santuario. Soy servidora alli hace 17 años.. Un abrazo muy grande desde Alta Gracia!! No sé si sabe lo que sucede en la capilla de la Gruta desde el año 2011. Sacaron la estatua de la Virgen de Lourdes de la hornacina para restaurar la capilla y desde ese momento se ve una imagen luminosa en la hornacina que está totalmente vacia. Si pudiera le adjuntaria foto pero no se como hacerlo por acá.. Pero entre en el facebook Virgen de Alta Gracia y verá todas las fotos y detalles.

    ResponderEliminar