sábado, 4 de agosto de 2012

INTENCIONES DEL PAPA: Agosto de 2012


Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Benedicto XVI indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de agosto de 2012 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Claudio Barriga, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.

La INTENCIÓN GENERAL para AGOSTO 2012 es: “Para que los encarcelados sean tratados con justicia y con respeto de su dignidad humana”.

COMENTARIO PASTORAL: Hace unas semanas entré, por primera vez en mi vida, en un centro penitenciario de adultos, todos varones, en Roma. Y he vuelto otras veces. La primera impresión –grandes corredores luminosos, limpios y sobriamente decorados- fue agradable; la estructura resultaba acogedora y cálida, muy al contrario de lo que yo imaginaba… El edificio es inmenso, hay 1.600 personas dentro, cuando la capacidad es para 1.070; cada día ingresan unas 30 personas.

He tenido ocasión de conversar en grupo pero también individualmente con estas personas privadas de libertad, procedentes de varios países de América Latina y España de 22 a 40 años, a quienes ofrecemos la posibilidad de estudiar un bachillerato con el programa del Movimiento Educativo “Fe y Alegría”.

El grupo se mostraba alegre, jovial, casi festivo … también se tomaban la clase con seriedad y dedicación pero sin perder su buen humor … He mirado detenidamente el rostro de cada uno, el color de su piel, he escuchado sus acentos diversos, sus historias de vida y he percibido cómo cambiaba el brillo de sus ojos cuando hablaban de sus hijos e hijas; cuando uno de ellos me decía que había sido papá por primera vez de una niña hacía una semana … se le llenaban los ojos de lágrimas y a mí también …

Mientras conversaba con cada uno, en mi corazón estaba la pregunta: “¿cómo viven? ¿cómo serán tratados? ¿cómo se sentirán? ...y si alguno de ellos fuera mi hermano o primo o pariente mío, alguien de mi familia ¿cómo sería mi mirada?”... ”¿qué significa el tiempo para ellos que solamente desean “descontar la pena”???...

Sin embargo sentía que mi miraba era cálida, percibía que esos seres humanos eran parte de esta sociedad, de esta familia grande … eran cordiales, sonreían, aceptaban esperanzados poder estudiar … volví a casa convencida de que debíamos seguir en contacto, de que esos estudios que ofrecemos es un modo de tratarlos con dignidad, con respeto, de ofrecerles herramientas para su formación y crecimiento.

Mientras estaba con ellos me resonaba –y sigue dentro de mi mente y mi corazón- la intención que el Papa nos propone para orar este mes: los encarcelados: para que sean tratados con justicia y con respeto de su dignidad humana. Y me preguntaba, ¿por qué el Papa nos pide esto? He reflexionado y orado sobre esta situación. Respeto, justicia y dignidad debemos a toda persona, igual que nos debemos a nosotros mismos, como hijos/as de Dios Padre y Madre de todos y todas y por tanto hermanos/as entre sí.

Pero cuando alguien ha cometido un hecho delictivo que merece una condena, según la ley y la justicia, fácilmente caemos en la trampa de pensar que ya está condenado para siempre, que nada tiene solución y hacemos un juicio “integral” … todo está perdido, en cambio Dios dice “puedes comenzar de nuevo, yo te perdono” y aún más: “yo te sigo amando” esa es la dignidad devuelta, ese es el respeto verdadero. Porque El mira el fondo del corazón, su sinceridad; nosotros muchas veces juzgamos por las apariencias.

El sistema carcelario puede ser un medio digno de recuperación y superación de la persona o puede destruirla por entero; la persona debe cumplir su condena –también con justicia y equidad sin abuso pero no por eso está todo irremediablemente perdido.

Esta intención del Papa nos invita a todos, miembros de esta sociedad, a pensar en estos hermanos nuestros y a tomar postura a favor de ellos para que sean tratados con justicia y dignidad; quizá pensamos que poco o nada podemos hacer por esta causa, pero además de la oración que siempre está a nuestra alcance, si nos detenemos a pensar podemos liberar nuestro corazón de juicios condenatorios, de desconfianza en la posibilidad de recuperación humana; podemos extender nuestro abrazo y acoger a todos los seres humanos sin hacer discriminaciones y, mucho menos divisiones, entre “malos” y “buenos”.

A través del Papa el Señor nos está llamando a ser misericordiosos, a ser compasivos y acogedores del otro antes que condenadores; antes que jueces implacables que buscan imponer la ley y no siempre de manera humana. Y sin duda, todos podemos aplicarnos las sabidas palabras del evangelio: “quien esté sin pecado tire la primera piedra; y todos los que condenaban a la mujer adúltera se fueron marchando, comenzando por los más viejos”. (cf. Jn 8, 9).

Sin duda rezar juntos por esta intención hará crecer en nosotros la fraternidad como familia humana. No nos olvidemos que los encarcelados también tienen su dignidad y merecen nuestro respeto.

María Luisa Berzosa FI
Religiosa de las Hijas de Jesús, en la casa Generalicia, en Roma


La INTENCIÓN MISIONERA para AGOSTO 2012 es: “Para que los jóvenes, llamados al seguimiento de Cristo, proclamen y den testimonio del evangelio hasta los confines de la tierra”.

COMENTARIO PASTORAL: Todo joven tiene energía que puede utilizar para comprometerse en hacer el bien, o también, desgraciadamente, para hacer el mal. El mundo contemporáneo tiene necesidad de jóvenes firmes, fuertes y entusiastas, para dar testimonio de los valores cristianos, en un mundo que se hace más y más autosuficiente, individualista y materialista. El tener y el poder a todo precio se han convertido en la regla por excelencia. Las virtudes morales se ridiculizan y son reemplazadas sistemáticamente por contravalores y por relaciones contra la naturaleza, aun cuando el Evangelio los denuncia claramente.

La Iglesia se empeña cada día más en la formación de una nueva generación de jóvenes en quienes la visión de la vida esté fundada sobre la santidad y el servicio de los demás, capaces de dar testimonio en su medio ambiente, capaces de una nueva manera de percibir y de utilizar los bienes materiales y el poder temporal. La mayoría de los jóvenes sueñan en poder adquirir un día esas ventajas, no para servir al prójimo, sino por la autosuficiencia y con el deseo de llegar a ser «ricos, grandes y famosos».

Como joven laico, africano, siempre me sentí animado por un ardiente deseo de ser útil para el mundo y para la Iglesia, de procurar cambiar el mundo actual que continúa renegando de Cristo y se aleja de su Evangelio. Aun sintiéndome tan pequeño, tan impotente, tan indigno, siempre he dicho desde lo profundo de mi ser: «Yo puedo vivir de otra manera, yo también puedo ser testigo de Cristo, yo puedo encender una pequeña llama a mi alrededor, comunicarla a los demás, y así una gran luz podrá iluminar el mundo sumergido en las tinieblas de los contravalores y/o de los males que carcomen la humanidad». Para alcanzarlo me ofrecí para colaborar en la misión de Cristo y de la Iglesia en la rama juvenil del Apostolado de la Oración (el Movimiento Eucarístico Juvenil) en mi país. Gracias a Dios, cuando la ocasión se ha presentado, he podido recorrer algunos países del continente para proclamar la Buena Nueva, para decir a los jóvenes que Jesús los ama y tiene necesidad de su colaboración y de su testimonio para cambiar el mundo.

Lo esencial para los jóvenes no es mirar como espectadores, contemplando a los demás con indiferencia, sino de participar y entrar en el proyecto de Cristo, dando testimonio en todas partes comenzando por su «Jerusalén», su pequeño círculo de vida (en la familia, en la escuela, en la universidad, en el club de los amigos, en el trabajo, en la parroquia...). Somos « ciudadanos » del mundo, tenemos un papel que jugar para lograr el cambio por medio de nuestro testimonio de vida y de nuestra perseverancia en la vocación a la santidad a la cual Dios nos llama: «Sed santos como yo soy Santo».

Jean-Claude Ipungu
responsable del MEJ en la RDC
y coordinador del MEJ para África y Madagascar

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