viernes, 14 de septiembre de 2012

CINE – “Érase una Fe”: testimonio de una Iglesia perseguida, acosada, herida



Queridos amigos y hermanos del blog: hoy se estrena en España un documental producido en Francia en el 2010, dirigido por Pierre Barnérias e interpretado por Gabriel de Lépinau y Charles Guilhamon que tiene cómo interrogante fundacional lo siguiente: ¿Es la fe la misma en la Sabana, en los montes tibetanos o en la selva del Amazonas?

Esta es la pregunta que se hacen Charles y Gabriel. Con 23 y 25 años, parten en un viaje, con medios escasos, al encuentro de los cristianos del otro lado del mundo y de una Iglesia a veces "olvidada".

Ésta es sin duda una de las Vueltas al Mundo más inesperadas e insólitas. Dos jóvenes viajan en bicicleta durante un año por las rutas de la Fe para llegar a conocer a estos cristianos olvidados o perseguidos 2000 años después de Jesucristo.

Un sólo objetivo para estos mochileros: compartir esta misma fe que une a los pueblos, que en apariencia, nada parecen tener que ver con ellos…

Su ruta les conduce a Rumanía, Turquía, Siria, Irak, India, Nepal, Tibet, China, Tailandia, Senegal, Mauritania, Algeria y al Amazonas…

Un viaje para arraigarse más, y un punto de partida para responder también a estas preguntas, tan importantes como complejas: ¿Qué es la Fe? ¿Innata, universal, esencial?

Nos habla su Director: Pierre Barnérias

Lejos de la basílica de San Pedro en Roma y de la vieja Europa, hay una Iglesia, de la que nunca se habla. Desde el desierto de Algeria hasta la muchedumbre de la India, desde las cumbres del Tíbet a las dunas de Mauritania, desde el río Amazonas hasta las montañas iraquíes, millones de cristianos conforman un mismo cuerpo, el de la Iglesia “olvidada”.

Charles y Gabriel, se embarcaron en un viaje sin precedentes. En bicicleta, en canoa o a pie, fueron de campanario en campanario para encontrarse con los cristianos aislados de todo el mundo y comprender mejor la increíble realidad de una misma fe.

Siempre quise hacer una película sobre las persecuciones a los cristianos, y cuando ellos me presentaron su idea, estaba realmente emocionado.

Érase una Fe, es un proyecto del que estoy orgulloso. Por fin se destapa el velo sobre un tema tabú: 200 millones de cristianos en el mundo no pueden vivir libremente su fe, y parece que los medios de comunicación no siempre están muy interesados. Gabriel y Charles consiguen captar la atención de los espectadores y nos llevan a la sencillez y el humor de muy diversos países, para junto a sus gentes, podamos descubrir una Iglesia que nunca podríamos haber imaginado.

Les dejo por último una interesante crítica del documental cuyo autor es C. L. Lobo y que publica el periódico español La Razón:

Los dos jóvenes, franceses, por más señas, de la fotografía  aquí presente tiene más valor que el Guerra. Hablando en castizo. Ambos decidieron, montados en sendas y extravagantes bicicletas, realizar un fascinante, peligroso, larguísimo viaje. ¿Las razones? Descubrir si la fe es idéntica en La India, el Tíbet o el Amazonas. Asia, Suramérica, África. En efecto, de una punta a otra del planeta, y no es ninguna broma montados en esos cacharros. Los veinteañeros Charles y Gabriel parten casi con lo puesto para toparse con cristianos residentes en diversos puntos de la tierra y pertenecientes a una Iglesia a veces «olvidada». Y otras tantas perseguida, acosada, herida. 

Durante un año, y comiendo de lo que van ofreciéndoles mientras protagonizan tamaña odisea a pedales, esta extraña y compenetrada pareja va recopilando testimonios de una enorme fortaleza, conmovedores, sinceros, de creyentes que viven su  credo en condiciones peligrosas. Algunos resultan aterradores, como el de aquel hombre que perdió a su familia tras un atentado en Nepal y que perdonó hace ya tiempo a los asesinos. Pero también  comprobar el estado en que ha quedado de pie una iglesia en Orissa por culpa de  un furibundo ataque fundamentalista. O que en países como Iraq   pueden aplicar a un cristiano la pena de muerte. Hasta el sencillo comentario de una serena monja negra,  que  es capaz de transmitir todo el tremendo poder de la espiritualidad. 

Quizá  hasta al propio director los fallos técnicos de este poderoso, necesario y emotivo documental de, pro otro lado, complicado rodaje,  le traían un poco al pairo. Esta vez, más que   nunca, el aspecto formal o estético pasa a un muy segundo plano. Muy seguramente porque el poder de la palabra y de la convicción también mueven montañas.



No hay comentarios:

Publicar un comentario