sábado, 27 de octubre de 2012

VIVENCIAS PERSONALES: Predicando Ejercicios Espirituales en el Real Convento de San Pascual (S. XVIII), en Aranjuez, Madrid


Queridos amigos y hermanos del blog: en estos otoñales días de fines de octubre me encuentro, una vez más, en Aranjuez y dentro de esta hermosa ciudad en el Real Convento de San Pascual, que fue fundado por el Rey Carlos III como convento franciscano, y que pasó, en el reinado de Isabel II, a las monjas concepcionistas franciscanas, que lo ocupan hasta hoy.

Las Madres Concepcionistas Franciscanas me invitaron tiempo atrás a predicarles los Ejercicios Espirituales del presente curso y aquí estoy, cumpliendo el compromiso asumido, con gozo y gratitud, ejerciendo el ministerio de la palabra y del acompañamiento espiritual con esta querida comunidad contemplativa. La vivencia es bajo la guía segura de san Ignacio de Loyola, ya que estamos llevando a cabo los Ejercicios Espirituales llamados “Ignacianos”, por ser según el esquema y el espíritu que encontramos en ese “pequeño” y a la vez “gigante” escrito ignaciano.

El Real Convento de San Pascual

Este singular conjunto arquitectónico, que engloba la iglesia, el convento y la huerta, se encuentra situado en el perímetro oriental del casco histórico. Fue Carlos III, a fines del S. XVII, quien dio la orden de construir un convento en el límite oriental del Real Sitio de Aranjuez, para que alojara a los frailes de la Orden Franciscana Descalza de San Pedro de Alcántara, bajo la advocación de San Pascual Baylon.

El proyecto de la obra corrió a cargo del arquitecto italiano Marcelo Fontón, quien comenzó las obras el 17 de Agosto de 1765, y continuada bajo la dirección del arquitecto Sabatini, jefe de ingenieros y maestro mayor de palacio. Las obras se terminaron por completo en enero de 1770.

En 1836, a causa de la Desamortización de Mendizábal, se prohibieron las comunidades religiosas, lo que implicó la expulsión de los frailes de todos los conventos religiosos, excepto los dedicados a la enseñanza y cuidado de enfermos, cerrándose el templo al culto público y trasladándose las alhajas y ropas donadas por Fernando VII de nuevo al Palacio Real.

En 1857 –pasada la desamortización- se alojaron en el convento las integrantes de la Comunidad de Concepcionistas Descalzas de Torrelaguna, pasando a denominarse Convento de Nuestra Señora del Olvido y Arcángel San Miguel, cuya abadesa fue la famosa Sor Patrocinio, la cuál ejercía una gran influencia sobre la reina Isabel.

Hacia 1889 las monjas habían abierto una escuela, y durante varias décadas se dedicaron a la enseñanza y la oración, hasta que a causa de la Guerra Civil de 1936, por un lado fueron expulsadas de nuevo del convento, a la vez que el edificio fue blanco de los bombardeos, destruyéndose los altares y varias valiosas pinturas y vidrieras. Así mismo el convento fue utilizado como cuartel, desapareciendo las obras artísticas atesoradas por las monjas.

Al finalizar la guerra, el convento fue utilizado como cárcel de mujeres hasta el año 1954, aunque para entonces las monjas ya habían conseguido que se les permitiera utilizar parte del edificio para realizar su labor benéfico-social y vida religiosa. En los años sucesivos se acometieron varias reformas y la última remodelación importante se llevó a cabo en 1983, procediéndose a recuperar el colorido original de algunas decoraciones y revocando y enfoscando las fachadas exteriores, pilastras, columnas y cúpula.

Las Monjas Concepcionistas Franciscanas
(Orden de la Inmaculada Concepción)

La Orden de la Inmaculada Concepción (OIC), fue fundada por Santa Beatriz de Silva para “Contemplar el Misterio de Dios en el misterio de la Inmaculada Concepción de María”, es allí donde encuentra toda su raíz y su razón de ser. Razón de ser que se traduce en una relación intensa, acendrada, de la hermana concepcionista con respecto a María, hasta el punto de que “esta vida consagrada, tanto dentro como fuera, se ordene a la gloria de Dios y de su santísima Madre” (Regla OIC).

Esta vocación inmaculista se compenetra profundamente con la espiritualidad franciscana y se formula el rico carisma concepcionista franciscano: la Inmaculada Concepción como centro, lectura evangélica franciscana, en la tradición monástica contemplativa.

Los rasgos fundamentales de la Orden Concepcionistas son los permanentes en la tradición monástica, marcada por la impronta mariana y franciscana: vida trinitaria, comunión plena con Jesucristo, entrega al Espíritu Santo, vida en contemplación y celebración, fraternidad, pobreza y humildad, separación del mundo. Pero todo ello adquiere peculiar hermosura a la luz de la Inmaculada Concepción de María. María, en efecto, es el ejemplo y el criterio, la maestra de contenido y de estilo, la madre amorosa, alegre y sencilla, la Regla de vida. La concepcionista se entrega a vivir el seguimiento, el desposorio con Cristo en las actitudes de María.

La OIC es íntegramente contemplativa. La concepcionista seducida por el amor eterno de Dios, vive el misterio de Cristo desde la fe, la oración constante, la disponibilidad y el ocultamiento silencioso. Como lo vivió María.

Las hermanas llamadas a formar parte de nuestra orden emiten en su profesión religiosa los consejos evangélicos de obediencia, sin nada propio y en castidad; y un cuarto voto: perpetua clausura. El sentido profundo de la clausura es estar exclusivamente con el Señor.

Nos encomendamos a vuestras oraciones

El objetivo de los Ejercicios Espirituales Ignacianos no es otro que el ejercitante se encuentre “a solas con Dios”, que se deje seducir por Él y que se replantee la vida desde esa fascinación. Esto exige un tiempo y un proceso, oración y discernimiento.

De mi parte el desafío de iluminarlas desde la Palabra de Dios y el acompañamiento desde el ministerio sacerdotal. De parte de ellas la docilidad y el cumplimiento de los distintos momentos de cada día de los Santos Ejercicios. De vuestra parte la oración de intercesión por esta querida comunidad contemplativa, en estos días de retiro y siempre, para que siendo fieles a su llamado encuentren en una respuesta cada vez más generosa e integral la razón más profunda de sus vidas y la consecución de la felicidad, en el tiempo y en la eternidad.

Nos encomendamos y los encomiendo, con mi bendición.
Padre José Medina.



Esta es la fachada principal del Real Convento de San Pascual, que fue fundado por el Rey Carlos III como convento franciscano, y que pasó, en el reinado de Isabel II, a las monjas concepcionistas franciscanas, que lo ocupan hasta hoy.


Presbiterio y Altar Mayor de la Iglesia Conventual de San Pascual, según como quedó desde la última remodelación importante que se llevó a cabo en 1983.


Desde sus inicios alrededor del edificio se habilitó un extenso jardín y una gran huerta delimitada por una robusta tapia que daba a tres fachadas (norte, oriente y mediodía). Para el riego de dicha huerta se construyó una canalización que traía agua del Mar de Ontígola.


En estos días de Ejercicios Espirituales la Adoración Eucarística está muy presente. Las Concepcionistas Franciscanas están llamadas a contemplar el misterio Divino unidas y desde el misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.


Esta foto es al concluir los Ejercicios Espirituales Ignacianos, han sido días de gracia y bendición, es realmente edificante haber compartido la fuerte vivencia del retiro ignaciano con esta comunidad de 16 religiosas, que son signo vivo del amor y de la fidelidad a Dios y a la vocación recibida. ¡Dios las bendiga siempre, les de la santa perseverancia y la eterna salvación!

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