jueves, 30 de agosto de 2012

CATEQUESIS DEL PAPA: “La Verdad es verdad y no se negocia”


Catequesis sobre
San Juan Bautista,
profeta y mártir

Queridos amigos y hermanos del blog: a las 10,30 de ayer, en la plaza de la Libertad, frente al Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, Benedicto XVI se ha encontrado con fieles y peregrinos llegados para la Audiencia General del miércoles.

En su discurso en lengua italiana, el papa ha presentado la figura de san Juan Bautista, profeta y mártir, del que se celebra hoy la memoria litúrgica del martirio. Les ofrezco el texto completo de su discurso:

Queridos hermanos y hermanas: en este último miércoles de agosto, es la memoria litúrgica del martirio de San Juan Bautista, el precursor de Jesús. En el calendario romano, es el único santo del cual se celebra tanto el nacimiento, 24 de junio, como la muerte producida a través del martirio. Esta de hoy es una memoria que se remonta a la dedicación de una cripta de Sebaste en Samaria, donde, a mediados del siglo IV, se veneraba su cabeza. El culto se extiende después a Jerusalén, en las Iglesias de Oriente y en Roma, con el título de la Decapitación de San Juan Bautista. En el Martirologio Romano se hace referencia a un segundo hallazgo de la preciosa reliquia, transportada para la ocasión, a la iglesia de San Silvestre en Campo Marzio, en Roma.

Estas pocas referencias históricas nos ayudan a entender cuán antigua y profunda es la veneración de Juan el Bautista. En los evangelios se destaca muy bien su papel en relación con Jesús. En particular, san Lucas narra el nacimiento, la vida en el desierto, la predicación, y san Marcos nos habla de su trágica muerte en el Evangelio de hoy. Juan el Bautista comenzó su predicación en el periodo del emperador Tiberio, en el año 27-28 d.c., y la clara invitación que dirige a las personas que acudían a escucharlo, es preparar el camino para acoger al Señor, para enderezar las sendas torcidas de la vida a través de un cambio radical del corazón (cf. Lc. 3, 4). Pero el Bautista no se limita a predicar la penitencia, la conversión, sino que, reconociendo a Jesús como el "Cordero de Dios" que vino a quitar el pecado del mundo (Jn. 1, 29), tiene la profunda humildad de mostrar a Jesús como el verdadero Mensajero de Dios, haciéndose a un lado para que Cristo pueda crecer, ser escuchado y seguido.

Como nota final, el Bautista testifica con la sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios, o sin ceder o darle la espalda, cumpliendo hasta el final su misión. San Beda, monje del siglo IX, en sus Homilías dice: San Juan por [Cristo] dio su vida, a pesar de que no recibió la orden de renegar de Jesucristo, le fue ordenado solo callar la verdad. (Cf. Om 23:. CCL 122, 354). Y no calló la verdad y por eso murió por Cristo, quien es la Verdad. Justamente, por el amor a la verdad, no reduce su compromiso y no tiene temor a dirigir palabras fuertes a aquellos que habían perdido el camino de Dios.

Vemos en esta gran figura, esta fuerza en la pasión, en la resistencia contra los poderosos. Preguntamos: ¿de dónde viene esta vida, esta interioridad tan fuerte, tan recta, tan coherente, gastada así completamente por Dios, y preparar el camino para Jesús? La respuesta es simple: de la relación con Dios, de la oración, que es el hilo conductor de toda su existencia. Juan es el don divino por mucho tiempo invocado por sus padres, Zacarías e Isabel (cf. Lc. 1,13); un don inmenso, humanamente inesperado, porque ambos eran de edad avanzada y Isabel era estéril (cf. Lc. 1,7); pero nada es imposible para Dios (cf. Lc. 1,36). 

El anuncio de este nacimiento se produce en el lugar de la oración, en el templo de Jerusalén, es más, sucede cuando a Zacarías le toca el gran privilegio de entrar en el lugar santísimo del templo para quemar incienso al Señor (cf. Lc. 1, 8-20). También el nacimiento de Juan el Bautista estuvo marcado por la oración: el canto de gozo, de alabanza y de acción de gracias que Zacarías eleva al Señor, y que recitamos cada mañana en los Laudes, el "Benedictus", exalta la acción de Dios en la historia y muestra proféticamente la misión de su hijo Juan: preceder al Hijo de Dios hecho carne, para preparar sus caminos (cf. Lc. 1,67-79). Toda la existencia del Precursor de Jesús es alimentada por una relación con Dios, especialmente el tiempo de permanencia en el desierto (cf. Lc. 1,80); las regiones desérticas que son lugar de la tentación, pero también es el lugar donde el hombre siente la propia pobreza, porque, debido a la falta de apoyo y seguridad material, comprende cómo el único punto de referencia sólido es Dios mismo. 

Pero Juan el Bautista no sólo es un hombre de oración, de contacto constante con Dios, sino también una guía en esta relación. El evangelista Lucas, refiriéndose a la oración que Jesús enseña a sus discípulos, el "Padre Nuestro", narra que la solicitud viene hecha por los discípulos con estas palabras: "Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos" (cf. Lc. 11, 1).

Queridos hermanos y hermanas, celebrar el martirio de san Juan Bautista nos recuerda también a nosotros, cristianos de este tiempo, que no se puede descender a componendas con el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad. La Verdad es Verdad, no hay componendas. La vida cristiana requiere, por así decirlo, el "martirio" de la fidelidad diaria al Evangelio, el valor para dejar que Cristo crezca en nosotros y sea Cristo quien dirija nuestro pensamiento y nuestras acciones. Pero esto puede suceder en nuestras vidas solo si es sólida la relación con Dios.

La oración no es una pérdida de tiempo, no es robar espacio a las actividades, incluidas las apostólicas, sino es exactamente lo contrario: solo si somos capaces de tener una vida de oración fiel, constante, segura, Dios mismo nos dará la fuerza y la capacidad de vivir de un modo feliz y sereno, superar las dificultades y testimoniarlo con valor. San Juan Bautista interceda por nosotros, para que sepamos mantener siempre la primacía de Dios en nuestras vidas. Gracias.

martes, 28 de agosto de 2012

FE Y VIDA: “La mentira es la marca del diablo”


Queridos amigos y hermanos del blog: a las 12 horas del pasado domingo Benedicto XVI se asomó al balcón del patio interno del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo y recitó el Ángelus junto a los fieles y a los peregrinos presentes. Les ofrezco las palabras que dijo al introducir la oración mariana:

¡Queridos hermanos y hermanas! En el domingo pasado, hemos meditado el discurso sobre el "pan de vida" que Jesús pronunció en la sinagoga de Cafarnaúm después de alimentar a miles de personas con cinco panes y dos peces. Hoy, el evangelio nos presenta la reacción de los discípulos a ese discurso, una reacción que fue el mismo Cristo, de manera consciente, quien lo provocó. En primer lugar, el evangelista Juan --que estaba presente junto con los demás apóstoles--, refiere que "desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él" (Jn 6,66). ¿Por qué? Debido a que no creyeron en las palabras de Jesús cuando dijo: Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que come mi carne y bebe mi sangre vivirá para siempre (cf. Jn 6,51.54); ciertamente que eran palabras difíciles de aceptar en ese momento. Esta revelación fue incomprensible para ellos, porque la entendían en sentido material, cuando en esas palabras se preanunciaba el misterio pascual de Jesús, mediante el cual Él se entregaría por la salvación del mundo: la nueva presencia en la Sagrada Eucaristía.

Al ver que muchos de sus discípulos se iban, Jesús le dijo a los Apóstoles: "¿También ustedes quieren marcharse?" (Jn. 6,67). Como en otros casos, es Pedro quien responde en nombre de los Doce: "Señor, ¿a quién vamos a ir? --También nosotros podemos reflexionar: ¿a quién iremos?-- Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (Jn. 6,68-69).

Sobre este pasaje tenemos un bellísimo comentario de san Agustín, que dice: "¿Ven cómo Pedro, por la gracia de Dios, por inspiración del Espíritu Santo, entendió? ¿Por qué sucedió? Debido a que ha creído. Tú tienes palabras de vida eterna. Tú, que nos das la vida eterna, ofreciéndonos tu cuerpo (resucitado) y tu sangre (a Tí mismo). Y nosotros hemos creído y conocido. Él no dice: hemos conocido y después creído, sino, hemos creído y después conocido.

Hemos creído para poder conocer; Si, en efecto, hubiéramos querido conocer antes de creer, no hubiéramos sido capaces ni de conocer ni de creer. ¿Qué cosa hemos creído y qué cosa hemos conocido? Que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, por tanto, tú eres la misma vida eterna, y en la carne y en la la sangre nos das de lo que tú mismo eres" (Comentario al Evangelio de Juan, 27, 9). Así lo dijo san Agustín en esta prédica a sus fieles.

Por último, Jesús sabía que incluso entre los doce apóstoles había uno que no creía: Judas. También Judas pudo haberse ido, como lo hicieron muchos discípulos; es más, tendría que haberse ido si hubiese sido honesto. En cambio, se quedó con Jesús. Permaneció no por fe, no por amor, sino con la secreta intención de vengarse del Maestro. ¿Por qué? Debido a que Judas se sintió traicionado por Jesús, y decidió que a su vez lo iba a traicionar. Judas era un zelote, y quería un Mesías triunfante, que guiase una revuelta contra los romanos. Jesús había decepcionado las expectativas. El problema es que Judas no se fue, y su fallo más grave fue la mentira, que es la marca del diablo. Por eso Jesús dijo a los Doce: "Uno de ustedes es un diablo" (Jn. 6,70).

Pidamos a la Virgen María, que nos ayude a creer en Jesús, como san Pedro, y a ser siempre honestos con Él y con todos.

sábado, 25 de agosto de 2012

JÓVENES: Un año después de la JMJ, ¿Qué retos hay ahora?


Queridos amigos y hermanos del blog: Se ha cumplido un año de uno de los eventos más importantes celebrados en España. Dos millones de jóvenes dieron colorido a Madrid y la convirtieron en esos días en el centro de la cristiandad. Del 16 al 21 de agosto de 2011, el Papa Benedicto XVI lanzó mensajes que aún siguen de actualidad como el que envió a los jóvenes que buscan un empleo digno o el de responsabilidad ante la crisis económica. Además, los números de la Jornada de Madrid revelan la dimensión del evento que estamos recordando, con cerca de dos millones de peregrinos de 193 países, casi 30.000 voluntarios y 5.000 periodistas acreditados.

Síntesis del Mensaje 
de Benedicto XVI en 
la JMJ Madrid 2011

Estos días también se recuerdan los mensajes que Benedicto XVI envió durante su viaje a España con motivo de la JMJ. Así, nada más poner el pie en España el 18 de agosto de 2011 pidió a los jóvenes que no se avergonzaran del Señor y en la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto de Barajas, ante autoridades españolas, se acordó de muchos jóvenes, que "miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno, o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro".

Antes, en el vuelo papal que le llevó a Madrid, el Pontífice ya había pedido, en su diálogo con los periodistas, responsabilidad ante la crisis económica. "La economía no puede referirse a sí misma, sino que el hombre debe estar en el centro de la economía, que no representa sólo el beneficio sino la solidaridad", señaló.

Esa misma tarde, ante la primera multitud de jóvenes congregados en la Plaza de Cibeles, durante el discurso de bienvenida y tras cruzar a pie la Puerta de Alcalá, criticó a aquellos que "desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias".

Al día siguiente, en El Escorial, el Papa defendió la "radicalidad evangélica" de la vida consagrada frente al "relativismo y la mediocridad", durante su encuentro con 1.664 religiosas jóvenes y advirtió de la visión "utilitarista" de la educación que cunde en la actualidad a más de un millar de profesores.

"Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediatos se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de la ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo del poder", apuntó.

En su tercera jornada, ante 4.000 seminaristas, en la Catedral de la Almudena, Joseph Ratzinger pidió a los sacerdotes que fueran santos para no crear contradicciones y les animó a no dejarse intimidar "por un entorno que pretende excluir a Dios", mientras que por la tarde, en el Instituto Fundación San José, remarcó que las personas con discapacidad "son los protagonistas de esta civilización" y defendió la dignidad de "cada" vida.

"Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana", afirmó.

Además, ya en la Vigilia de Cuatro Vientos, el Papa tenía previsto defender el matrimonio indisoluble entre hombre y mujer, criticar la cultura relativista que desprecia la búsqueda de la verdad y animar a los jóvenes a permanecer fieles a sus vocaciones pero el fuerte aguacero le hizo improvisar. "Vuestra fuerza es mayor que la lluvia. Gracias por vuestra alegría y resistencia. El Señor, con la lluvia, nos ha mandado muchas bendiciones, sois un ejemplo", remarcó tal día como este el año pasado.

De vuelta a Cuatro Vientos, en la misa de envío, el Papa se preocupó por cómo habían pasado la noche los jóvenes tras la tormenta y les invitó a ser "discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes (...) y no se dejan seducir por faltas promesas de un estilo de vida sin Dios".

Finalmente, tras reunirse con los voluntarios de la JMJ de Madrid para darles las gracias por su trabajo, se dirigió al aeropuerto, donde, antes de emprender el vuelo de regreso a Roma, se refirió a España como "una gran nación, que en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica".

Memoria, balance y desafíos 
por Mons. José Ignacio Munilla, 
Obispo de San Sebastián

- ¿Cómo tienen que hacer los jóvenes de la JMJ para no perderse después de haber cargado las pilas en el encuentro?

–Con perdón de la broma, una pregunta como ésa en pleno mes de agosto, tiene una respuesta obvia: ¡arrimarse a buen árbol, para que les cobije buena sombra! La propia JMJ fue una prueba fehaciente de que experiencia de comunión es necesaria para poder vivir la fe y testimoniarla ante propios y extraños. El señor envió a sus discípulos de dos en dos, y en nuestros días, nos invita a descubrir un grupo de referencia lo más accesible posible, dentro de la gran familia que es la Iglesia.

- ¿Cómo se puede ser un joven del siglo XXI católico e interpelar con tu vida a los no creyentes, con el amigo que está más preocupado por cómo pasar un fin de semana «de vicio»?

-Lo primero es no dejarse engañar por las apariencias, porque todos necesitamos de Dios, y de una forma especial, quienes alardean de lo contrario… Y en segundo lugar, me parece que es necesario estar atentos en nuestro apostolado personal a los momentos «especiales» en la vida de las personas. Con frecuencia ocurre que quienes están habitualmente cerrados a los planteamientos religiosos, sin embargo, cuando llega una situación de sufrimiento, de desamor, etc; o, por el contrario, ante los dones maravillosos que también recibimos en esta vida, se hacen más  permeables para recibir un testimonio de fe acompañado de una palabra que les pueda descubrir a Dios.  

- ¿Cómo puede acompañar a los jóvenes la Iglesia (obispos, sacerdotes y religiosos)  en ese camino y cuáles son los retos para continuar ayudando a los que asistieron a la JMJ?

–Uno de los acompañamientos más necesarios –y valga la redundancia–, es el del llamado «acompañamiento espiritual», también conocido como «dirección espiritual» En nuestro momento, la pastoral juvenil requiere de una atención personalizada, si cabe, en mayor medida que en las generaciones anteriores. Las heridas personales son más profundas, y requieren dedicación de los obispos, sacerdotes y religiosos, al encuentro personal con cada uno. La recuperación del sacramento de la Penitencia, celebrado con pausa y profundidad, está llamado a ser un instrumento de primer orden.

- En el contexto de la post JMJ, el Departamento de Juventud prepara un Congreso de Pastoral Juvenil. ¿Cómo lo llevan?

–En un principio se había pensado realizar este Congreso antes de la JMJ, pero la Permanente de la CEE nos pidió realizarlo después, para que de esta manera pudiésemos incorporar en él las intuiciones recibidas en la inolvidable JMJ de Madrid.

A la vuelta del verano, en septiembre, esperamos poder presentar en rueda de prensa el Congreso de Pastoral Juvenil que Dios mediante transcurrirá los de los días 1 al 4 de noviembre en Valencia. Se ha elaborado un material precongresual en formato audiovisual, producido por José Manuel Cotelo y el equipo de Infinito+1, que ayudará a prepararnos a todos los que vayamos a participar  en ese congreso. Confío en que será un Congreso que nos impulsará a la Nueva Evangelización de las nuevas generaciones.


jueves, 23 de agosto de 2012

CATEQUESIS DEL PAPA: "La realeza de María es servicio a Dios y a la humanidad"


Queridos amigos y hermanos del blog: a las 10,30 de ayer, en el patio interior del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, el santo padre Benedicto XVI se encontró con los fieles y peregrinos llegados para la Audiencia General del miércoles. En el discurso en lengua italiana, el papa centró su meditación en la memoria litúrgica del día, dedicada a Santa María “Reina”. Les ofrezco el texto íntegro de las palabras del papa:

Queridos hermanos y hermanas: hoy es la fiesta de la Santísima Virgen invocada con el título de "Reina". Es una celebración de reciente creación, aunque sea antiguo el origen y la devoción: fue establecida por el Venerable Pío XII, en 1954, al final del Año Mariano, fijando la fecha en el 31 de mayo (cf. Carta Encíclica Ad caeli Reginam, 11 octubre 1954: AAS 46 [1954], 625-640). En esta ocasión, el papa dijo que María es Reina más que cualquier otra criatura por la elevación de su alma y por la excelencia de los dones recibidos. Ella nunca deja de otorgar todos los tesoros de su amor y su preocupación por la humanidad (cf. Discurso en honor a María Reina, 1 de noviembre 1954).

Ahora, después de la reforma postconciliar del calendario litúrgico, se colocó a ocho días de la solemnidad de la Asunción para hacer hincapié en la estrecha relación entre la realeza de María y su glorificación en cuerpo y alma junto a su Hijo. En la Constitución sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II, leemos lo siguiente : "Maríafue asunta a la gloria celestial y fue ensalzada por el Señor como Reina universal, con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo" (Lumen Gentium, 59).

Es esta es la raíz de la fiesta de hoy: María es Reina porque está asociada de modo único a su Hijo, tanto en el camino terreno, como en la gloria del cielo. El gran santo de Siria, Efrén el Sirio, dice, acerca de la realeza de María, que viene de su maternidad: ella es la Madre del Señor, el Rey de reyes (cf. Is. 9,1-6) y nos muestra a Jesús como vida, salvación y esperanza nuestra. El Siervo de Dios Pablo VI recordaba en la Exhortación apostólica Marialis Cultus: "En la Virgen María todo es referido a Cristo y todo depende de El: en vistas a El, Dios Padre la eligió desde toda la eternidad como Madre toda santa y la adornó con dones del Espíritu Santo que no fueron concedidos a ningún otro." (n. 25).

Pero ahora nos preguntamos: ¿qué significa María Reina? ¿Es solo un título junto a los otros?, la corona, ¿un ornamento como los demás? ¿Qué quiere decir? ¿Qué es esa realeza? Como ya se ha indicado, es una consecuencia de su ser unida al Hijo, de su estar en el cielo, es decir, en comunión con Dios; Ella participa en la responsabilidad de Dios por el mundo y del amor de Dios por el mundo.

Hay una idea corriente, común, sobre el rey o la reina: que sería una persona con poder y riqueza. Pero este no es el tipo de la realeza de Jesús y de María. Pensemos en el Señor: la realeza y el ser rey en Cristo, está tejido de humildad, de servicio, de amor: es sobre todo servir, ayudar, amar. Recordemos que Jesús fue proclamado rey en la cruz con la siguiente inscripción escrita por Pilato: "rey de los Judíos" (cf. Mc. 15,26). En ese momento sobre la cruz se demuestra que Él es rey; ¿y cómo es rey?, sufriendo con nosotros, por nosotros, amando hasta el final, y así gobierna y genera verdad, amor, justicia. O pensemos también en otro momento: en la Última Cena se inclina para lavar los pies de los suyos.

Por lo tanto, el reino de Jesús no tiene nada que ver con el de los poderosos de la tierra. Es un rey que sirve a sus siervos; así lo ha demostrado en toda su vida. Y lo mismo vale para María: es reina en el servicio a Dios, a la humanidad, es la reina del amor que vive el don de sí misma a Dios para entrar en el plan de salvación del hombre. Al Ángel le dice: He aquí la esclava del Señor (cf. Lc. 1,38), y canta en el Magnificat: Dios ha puesto los ojos en la humildad de su sierva (cf. Lc. 1,48). Nos ayuda. Es reina justamente amándonos, ayudándonos en nuestras necesidades; es nuestra hermana, sierva humilde.

Y así hemos llegado al punto: ¿cómo ejercita María esta realeza de servicio y de amor? Velando por nosotros, sus hijos: los hijos que se dirigen a Ella en la oración, para agradecerle o para pedirle su maternal protección y su ayuda celestial, tal vez después de haber perdido el camino, oprimidos por el dolor o la angustia por las tristes y agitadas vicisitudes de la vida. En la serenidad o en la oscuridad de la existencia, nos dirigimos a María, encomendándonos a su continua intercesión, para que podamos obtener toda la gracia y misericordia necesarias para realizar nuestra peregrinación por los caminos del mundo.

A Aquel que gobierna el mundo y que tiene el destino del universo en sus manos, nos dirigimos con confianza, por medio de la Virgen María. A Ella, desde siglos, se le invoca como celestial Reina de los cielos; ocho veces, después de la oración del santo Rosario, es implorada en las Letanías lauretanas como Reina de los Ángeles, de los Patriarcas, de los Profetas, de los Apóstoles, de los Mártires, de los Confesores, de las Vírgenes, de todos los Santos y de las Familias. El ritmo de estas antiguas invocaciones y oraciones diarias como la Salve Regina, nos ayudan a comprender que la Virgen Santísima, cual Madre nuestra al lado de su Hijo Jesús en la gloria del cielo, está siempre con nosotros, en el devenir diario de nuestra vida.

El título de reina entonces, es título de confianza, de alegría, de amor. Y sabemos que aquella que tiene en sus manos en parte, el destino del mundo, es buena, nos ama y nos ayuda en nuestras dificultades.

Queridos amigos, la devoción a la Virgen es un elemento importante de la vida espiritual. En nuestra oración no dejemos de acudir confiados a Ella. María no dejará de interceder por nosotros ante su Hijo. Contemplándola a Ella, imitemos la fe, la plena disponibilidad al amoroso plan de Dios, la generosa acogida a Jesús. Aprendemos a vivir de María. María es la Reina del cielo cerca de Dios, pero es también la madre cercana a cada uno de nosotros, que nos ama y escucha nuestra voz. Gracias por su atención.