jueves, 21 de marzo de 2013

ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS: El Papa Francisco que yo conocí



Queridos amigos y hermanos del blog: les comparto el artículo que escribí para la prensa española y que fue reproducido (entre gran cantidad de medios escritos y orales) por el Diario de Cádiz, en la sección de Opinión, el 19 de marzo pasado, día del inicio del ministerio petrino del Papa Francisco:

La ciudad de Buenos Aires es la capital de mi país, la República Argentina. Tiene, junto a su conglomerado urbano casi 13 millones de habitantes. Viajar de un lugar a otro en el centro de la misma en horas punta nos lleva a coger el “Subte” (como llamamos los argentinos al Metro) y fue en el subte donde vi al Cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco por primera vez a finales de 1998. Allí estaba viajando como uno más entre muchos otros, ante la cara de sorpresa de muchos que no podían creer ver al Arzobispo de Buenos Aires, viajando en el transporte urbano como cualquier ciudadano. Y, ante el acercamiento de algunos que le saludaban su despedida para con todos era igual: una gran sonrisa diciéndoles: “Rece por mí”.

El Jueves Santo de 2001, tuve la oportunidad de estar presente en la Misa que celebró en el Hospital Muñíz, y donde le lavó los pies a 12 enfermos de Sida. Yo –en ese entonces- era Delegado de Medios de la zona sur de Buenos Aires ante la Conferencia Episcopal y recuerdo que para redactar el Comunicado de Prensa de tal acontecimiento, le pregunté ¿Por qué eligió el hospital para celebrar el Jueves Santo? Él respondió con sencillez evangélica lo siguiente: “La sociedad se olvida de los enfermos y de los pobres. Por eso he preferido ir a lugares donde las personas padecen algún sufrimiento. El año último estuve en la cárcel con los presos y este año aquí, con los enfermos.” Y luego agregó algo que me impresionó muchísimo: "Como sacerdotes queremos poner en las manos del Señor, como una ofrenda santa, nuestra propia fragilidad, la fragilidad de nuestro pueblo, de la humanidad entera: sus desalientos, heridas y lutos, para que ofrecida por él se convierta en Eucaristía, el alimento que fortalece nuestra esperanza". Y por supuesto, al despedirse de cada enfermo le decía casi al oído su clásico: “Rece por mí”.

En el año 2003 el Obispo de mi Diócesis me propuso para ser Secretario Ejecutivo de la Comisión de Comunicación Social del Episcopado Argentino y fue allí donde le conocí ya de otra manera. El día que recibí mi nombramiento firmado por él (ahora tendré que ponerlo en un cuadro con un marco importante y en un lugar de preferencia), me acerqué a su despacho para agradecerle el gesto de confianza hacia mi persona y ministerio. El encuentro fue cálido, de pocas palabras como es habitualmente él, pero profundamente sentido. Me auguró un buen trabajo durante mi gestión, y al despedirle, besando su anillo, escuche de sus labios su clásico “Reza por mí”.

Durante el período de mi servicio en ese ministerio tuve la oportunidad de estar con él en reiteradas oportunidades, en reuniones o celebraciones especiales. En tales momentos –como me tocaba la organización de dichos actos- siempre esperaba las indicaciones pertinentes y las cumplía luego con delicadeza y sencillez. En esos tratos de cercanía me quedó siempre esta impresión: la de estar delante de un hombre con una profunda vida interior; hombre de silencios, pero con fuertes resonancias de una presencia muy viva de Dios en su interior. Y siempre, luego de cada encuentro o celebración, su clásico “Reza por mí”.

Los años pasaron y ya estando en España, fui a Argentina en el mes de marzo de 2010 y estando en Buenos Aires fui a celebrar la Santa Misa en la Parroquia del “Patrocinio de San José”, un día como hoy, 19 de marzo. Llegué para concelebrar en la Misa principal de la Fiesta de San José y allí en la sacristía entre muchos sacerdotes que estábamos hablando y saludándonos había uno –que ya estaba revestido- y que ante un Cristo Crucificado como sí sólos estuvieran, estaba en el más profundo recogimiento: era el Cardenal Bergoglio. Su homilía fue contundente, y todos los que estuvimos presentes tuvimos una experiencia de San José tan fuerte y tan vivencial, que salidos de esa misa  sintiendo la presencia paternal y eficaz del Glorioso Patriarca.  Luego de la Misa me acerqué a saludarlo, y preguntándome que era de mi vida ya que hacía tiempo que no me veía, le comenté de mis estudios de post-grado en España, especialmente en el estudio de Santa Teresa de Jesús, y me dijo entonces: “hacéle caso a la Santa Inquieta y Andariega, y pídele a San José que sea tu Padre en todo momento y circunstancia de la vida”. Y luego de un respetuoso abrazo, una vez más escuché su clásico “Reza por mí”.

Y en la cercana noche del 13 de marzo de 2013, viéndolo por televisión, ya convertido en el Santo Padre Francisco, le escuché decir: “Y ahora querría dar la bendición si bien antes les pido un favor: antes que el obispo bendiga al pueblo, les pido a ustedes recen al Señor para que me bendiga. Porque es la oración del pueblo pidiendo la bendición para su obispo. Hagamos en silencio esta oración vuestra por mí”. O sea, una vez más y siempre su clásico... “Recen por mí”.

Padre José Medina

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