martes, 26 de marzo de 2013

VIVENCIAS PERSONALES: Predicando a las Monjas Concepcionistas de Cádiz sus Ejercicios Espirituales



Queridos amigos y hermanos del blog: del lunes 18 al sábado 23 de marzo pasado, las comunidades de los Monasterios de Santa María de la Piedad y de Santa María, ambas residiendo temporalmente en el Monasterio de la Calle Feduchy de Cádiz, realizaron sus Ejercicios Espirituales del presente curso pastoral, y yo tuve la gracia de predicárselos.

El método elegido fue el de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, con orientaciones propias de la Regla y Constituciones de la Orden, para una vivencia más profunda y arraigada al propio carisma y espiritualidad de las ejercitantes. 

Incontables son las voces cualificadas que a lo largo de la historia reciente de la Iglesia han recomendado estos ejercicios llamados comúnmente “ignacianos”. Cabe recordar al mismo Beato Juan Pablo II quien nos enseña lo siguiente hablando de estos Ejercicios: “Espero que (...) sacerdotes, religiosos y laicos continúen siendo fieles a esta experiencia y le den incremento: hago esta invitación a todos lo que buscan sinceramente la verdad. La escuela de los Ejercicios Espirituales sea siempre un remedio eficaz para el mal del hombre moderno arrastrado por el torbellino de las vicisitudes humanas a vivir fuera de sí, excesivamente absorbido por las cosas exteriores; sea fragua de hombres nuevos, de cristianos auténticos, de apóstoles comprometidos. Es el deseo que confío a la intercesión de la Virgen, la contemplativa por excelencia, la maestra sabia de los Ejercicios Espirituales [Juan Pablo II, Angelus del 16/12/1979, en L’Ossevatore Romano, ed. española, 23/12/1979].


La Orden de la Inmaculada Concepción

La Orden de la Inmaculada Concepción, conocidas también como Concepcionistas Franciscanas, tiene su origen en la experiencia espiritual de Santa Beatriz de Silva, noble portuguesa, de hermosa figura que, renunciando a los “buenos partidos” que la cortejaban, se retiró a un monasterio, ocultó su rostro para contemplar otro tipo de belleza, esa que solamente se puede ver con los ojos del espíritu, cultivó el trato personal con Dios mediante la oración y la penitencia, experimentó por divina inspiración la gracia de la Inmaculada Concepción y toda su vida quedó fascinada en Ella, engendró nuevas hijas para el Altísimo y, a su muerte, al descubrirle el velo que ocultaba su rostro, este resplandecía de luz y una estrella lucía con luz propia en su frente. Era la luz del Altísimo y la estrella de María Inmaculada.

Con la adecuación propia de las reglas y normas a las directivas del Concilio Vaticano II, los monasterios de monjas de clausura papal fueron invitados a constituirse en federaciones, con el fin de ayudarse más y mejor. La Orden de la Inmaculada Concepción forma en la actualidad siete federaciones en España y Portugal. Ambas comunidades gaditanas pertenecen a la Federación Bética "Santa María de Guadalupe". A punto de cumplir cinco siglos en la Iglesia, la Orden de la Inmaculada Concepción se extiende por toda la geografía española, Portugal, Bélgica, América Latina, Guinea Ecuatorial e India, con más de 120 conventos y cerca de 2000 monjas.

Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad

Bajo la advocación de Santa María de la Piedad se establece este Monasterio en Cádiz, que resulta de especial belleza y significación. La ubicación de la orden en la ciudad data del siglo XVI, momento en que fundan su monasterio las concepcionistas de Santa María. En cambio, la formación actual de la Piedad se inició en 1642 gracias a las donaciones del Canónigo de la Catedral Gerónimo Fernández Villanueva. Sin embargo, la licencia real, dada por Felipe IV, no se promulgó hasta mayo de 1647, la municipal para la construcción del edificio hasta el mes siguiente y la Bula Fundacional del Papa Inocencio X no fue concedida hasta octubre de 1648, siendo por aquel entonces obispo de la sede gaditana el franciscano Francisco Guerra.

La muerte del fundador en 1648 supuso una contrariedad, si bien la renta de diez mil ducados y las tres capellanías fundadas permitieron seguir el proceso de construcción.

Hasta 1660 no finalizan las obras. A principios de noviembre de ese año, cuatro religiosas procedentes del monasterio de Jesús, María y José de Madrid llegaron a Cádiz, instalándose en el de Santa María hasta el 30 del mismo mes. Ese día la Abadesa Sor Juana María de San Francisco; la Vicaria Sor María San José, la hermana Obediencia Sor María Casida y la novicia Sor María de la Santísima Trinidad, acompañadas del obispo Fray Alonso Vázquez y demás autoridades eclesiásticas y civiles se trasladaron al nuevo monasterio donde un Tedeum y una Salve cerraron los actos de la fundación.

La Historia con sus avatares también traspasó sus muros y aunque, como afirma la Cronista, nunca fue atacado el Monasterio ni sus moradores, sí tuvieron que abandonarlo en algunos momentos críticos de la historia de la ciudad. Así sucedió durante el siglo XVIII, en que por tres veces tuvieron que trasladarse temporalmente al convento de Jesús Nazareno de Agustinas Recoletas de Chiclana. La primera, el 23 de agosto de 1702 ante la aparición de la flota anglo-holandesa, llegando a Chiclana el 25 de agosto, una vez allí todas debieron huir a Medina Sidonia, al convento de Jesús María y José donde permanecieron hasta octubre. Un segundo traslado a Chiclana, durante el cual murió Sor Ana María de la Concepción, se realizó en 1705 y el último en 1797, todos motivados por amenazas bélicas.

En cambio, en 1810, debido a la invasión francesa fue centro de reunión y casa hospitalaria de monjas procedentes de diversos lugares del país, llegando a tener en ese momento hasta ochenta religiosas. Algo semejante ocurrió en la Guerra Civil, durante la cual acogieron a las hermanas del vecino monasterio de Santa María hasta 1938 en que volvieron a ocupar el edificio.

Desde entonces hasta nuestros días han continuado sin interrupción con su vida de oración estableciéndose una especial vinculación con la ciudad que, en palabras de la Madre Abadesa, siempre las ha protegido y cuidado. En la actualidad habitan el convento trece monjas que regulan su vida en función de la oración en comunidad según las horas canónicas: laudes, tercia, sexta, nona y víspera; la oración privada; la custodia o vela del Santísimo Sacramento, que públicamente se hace todas las tardes y los domingos y festivos durante toda la jornada, y el trabajo relacionado con el mantenimiento del monasterio y el funcionamiento del obrador de repostería que mantienen en activo. 

Agradecimiento

Desde estas páginas de mi blog agradezco a las queridas Madres y Hermanas Concepcionistas de Cádiz, los días compartidos, como así la confianza dispensada en mi persona y ministerio.

Unidos siempre en la oración.

Padre José Medina

Foto de familia, comunidad y predicador, al terminar los Ejercicios Espirituales Ignacianos.

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