sábado, 8 de junio de 2013

MIS LIBROS: De Editorial Bonum de Buenos Aires a la Feria del Libro de Madrid



Queridos amigos y hermanos del blog: del 31 de mayo pasado hasta el próximo 16 de junio se está realizando la 72º Feria del Libro de Madrid, en el Paseo del Duque de Fernán Núñez de los Jardines del Buen Retiro. Esta Feria es Premio de Proyección Internacional de la Ciudad de Madrid, Benito Pérez Galdós 2009 y Premio Nacional de Fomento a la Lectura 2003. El prestigioso periódico español “ABC” que llega a todo el territorio del país -el pasado jueves 6 en su Suplemente Religioso “Alfa y Omega”-, ha realizado una presentación a dos páginas sobre la presencia del Papa Francisco en el actual mundo editorial español y, por supuesto, en la misma Feria.

Entre los libros que presentan hacen referencia a mi último libro “Francisco, el Papa de todos” editado en Buenos Aires por Editorial Bonum y distribuido en España por Xerión, Comunicación y Publicaciones, y lo hacen con una hermosa recensión a cargo del periodista Carlos González García, dedicando una extensa cobertura al mismo. 

Agradezco al Director de Alfa y Omega, Miguel Ángel Velasco Puente, el haber dado ese espacio para la presentación de mi libro y les dejo ahora con el texto del artículo, agradeciendo así mismo a su autor: 

FRANCISCO, EL PAPA DE TODOS

El Padre José Antonio Medina, sacerdote, periodista y escritor argentino, siempre ha sido una persona confiada en una vida escrita por un Acorde Mayor. Conoce en primera persona a Jorge Mario Bergoglio (el anterior Cardenal, el nuevo Papa y el siempre sacerdote) en 2001. A raíz de varios encuentros, ha plasmado su vida, semblanza y pensamientos en el libro “Francisco, el Papa de todos”, que ha visto la luz hace unos días a través de la editorial argentina Bonum -distribuido en España por Xerión-. Y lo descubre colmado de emoción y sabiéndose afortunado de un Dios que nunca deja de sorprenderle.

Desde los 20 años, edad en que descubrió que quería fiarse de un Dios que le llamaba para ser su apóstol, supo que su vocación estaba escrita con las siglas que componen la palabra “servir”.  Por ello, toda su vida –que hoy aúna 50 estaciones- ha sido un continuo devenir de sorpresas que le han forjado en lo que hoy es: un feliz sacerdote de Jesucristo. En esa felicidad, custodia este tesoro guardado con ternura en una misteriosa vasija de barro.

Entre sus páginas, cuenta que corría un acelerado 1998 cuando, en los albores de una tarde soleada, la ciudad de Buenos Aires se vestía de primavera. Al compás de las prisas y el ajetreo de los coches, el Padre Medina –en aquel entonces párroco de Ntra. Sra. del Carmen de Wilde- venía de hacer deporte por los bosques de Palermo cuando, de vuelta a la parroquia y dentro del Metro, se encontró de frente con el Cardenal Bergoglio. Allí estaba él, cuenta el Padre Medina, viajando como uno más entre muchos otros, ante la cara de sorpresa de los que viajaban en ese vagón, que no podían creer ver al Arzobispo de Buenos Aires en transporte urbano. Así, ante la mirada curiosa de los que presenciaban la escena de lejos y de los que decidían descubrirse con su saludo ante su Pastor, el escritor cuenta que, en tono de confidencialidad, a todos despedía con una gran sonrisa aderezada de su tradicional “rece por mí”.

Tras aquella experiencia y con el atardecer del tiempo, el sacerdote volvió a revivir, tres años más tarde, un encuentro con el carismático Papa. Medina, nombrado Delegado de Medios de la zona sur de Buenos Aires, cubría la Misa que el Cardenal Bergoglio presidía el Jueves Santo de aquel 2001. En aquel lugar, como hizo en distinto escenario en su primera Semana Santa como Papa, lavó los pies a 12 enfermos de sida.  El autor del libro, extrañado del lugar que había elegido su Arzobispo para celebrar el día del amor fraterno, le preguntó sobre esta cuestión para elaborar cuidadosamente la nota de prensa. Con la sencillez evangélica de quien se sabe confiado en un Jesucristo que jamás dio la espalda a los necesitados, Jorge –como se hacía llamar en los encuentros con jóvenes- le contestó que la sociedad se olvida de los enfermos y de los pobres: “por eso he decidido ir a lugares donde las personas padecen algún sufrimiento; el año pasado estuve en la cárcel con los presos y, este año, aquí, con los enfermos”. No olvida cómo, tras lavar y besar los pies de cada enfermo, le susurraba a cada uno al oído su habitual “rece por mí”.

También, entre la estela de sus recuerdos, cuenta el autor el encuentro cálido y de pocas palabras cuando, en 2003, fue nombrado Secretario Ejecutivo para la Comisión de Comunicación Social del Episcopado Argentino. Fue “profundamente sentido y, al despedirlo, besando su anillo, oí de sus labios un reza por mí”, escribe. Y, así, un largo etcétera de complementos circunstanciales que cuenta en el libro y que explican uno de los complementos directos más importantes de su vida: conocer a un hombre humilde, sencillo, cercano y coherente. 

Para alguien que entiende de música y que sabe apreciar el sonido de cada tecla que nace de un piano o de un violín, escuchar Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, el Requiem de Mozart o el Adagio de Albinioni es darle aliento a su respiración y encanto a su oído. Lo mismo sucede con la vida y con quien, confiado en una mano providente e infinitamente buena, se deja acariciar por todos y cada uno de los detalles que ésta tiene escritos en la piel de su memoria.

De esta manera lo recoge en la obra, con una síntesis hecha vida por las manos de alguien que conoce de cerca el pensamiento del sacerdote jesuita, del Papa de todos y, sobre todo, de aquel que, lo que antes hacía vestido de negro, ahora lo hace vestido de blanco. 

Carlos González García

* Aclaro que el antetítulo del artículo: “Un antiguo responsable de Prensa en el Arzobispado de Buenos Aires publica un libro sobre el Papa” es erróneo, y no es de mi responsabilidad, ya que como está escrito en mi currículum que figura en una de las solapas del libro citado, en esos años era Delegado de Prensa del Obispado de Avellaneda-Lanús, en la provincia de Buenos Aires.

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