viernes, 21 de junio de 2013

VIVENCIAS PERSONALES - Mi reencuentro con el Papa Francisco en Roma en la presencia de San José

Queridos amigos y hermanos del blog: la última vez que le vi al Cardenal Jorge Mario Bergoglio fue el 19 de marzo de 2010. Yo ya estaba viviendo en España y había terminado el Máster en Mística y Ciencias Humanas, con los carmelitas Descalzos en Ávila. Fui a Argentina en el mes de marzo y estando en Buenos Aires el día 19, Solemnidad de San José, fui a celebrar la Santa Misa en la Parroquia del “Patrocinio de San José”, situada en la calle Ayacucho 1072, del imaginario Barrio Norte, que comprende las zonas influidas por el recorrido de la avenida Santa Fe a través de los barrios de Retiro y Recoleta.

Esta parroquia del Patrocinio tiene para mí recuerdos imborrables porque durante algún tiempo celebré allí, el primer sábado de cada mes, la Misa en honor al Santo Padre Pío. Esas eran las misas de los Grupos de Oración del Padre Pío, a la cual asistía religiosamente el querido Juan Carlos Saravia, fundador del legendario grupo folclórico “Los Chalchaleros”, con quien pude entablar una cálida amistad que pervive hasta nuestros días, amistad que me une también a Margarita, su entrañable esposa.

San José, Patrono de la Iglesia Universal

Llegué, entonces, ese 19 para concelebrar en la Misa principal de la Fiesta de San José y allí en la sacristía entre muchos sacerdotes que estábamos hablando y saludándonos había uno -que ya estaba revestido- y que ante un Cristo Crucificado como sí solos estuvieran, estaba en el más profundo recogimiento: era el Cardenal Bergoglio.

Presidió la Santa Misa en la que con mucha devoción todos los sacerdotes presentes le acompañamos. Su homilía fue contundente, y todos los que estuvimos presentes tuvimos una experiencia de San José tan fuerte y tan vivencial, que salimos de esa misa sintiendo la presencia paternal y eficaz del Glorioso Patriarca.  Luego de la Misa me acerqué a saludarlo, y le comenté de mis estudios de post-grado en España, especialmente en el estudio de Santa Teresa de Jesús, y me dijo entonces: “Hacéle caso a la Santa Inquieta y Andariega, y pídele a San José que sea tu Padre en todo momento y circunstancia de la vida”. Y luego de un respetuoso abrazo, una vez más escuché de él: “Reza por mí”.

Tres años después, el 19 de junio de 2013, le vi por primera vez como Papa. Y San José estuvo muy presente, como siempre en la vida del Papa Francisco, y en la mía también. Sin San José es imposible entender la espiritualidad y la vivencia eclesial del Papa Francisco, quien eligió el día de su Fiesta (19 de marzo) para dar Solemne Inicio a su Servicio Petrino.

Al cumplirse los 100 días del inicio de su Pontificado- se hizo público un Decreto, fechado el 1 de mayo de 2013, memoria de San José Obrero, de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en el que se decreta que el «nombre de San José, Esposo de la Bienaventurada Virgen María, se añada de ahora en adelante en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV de la tercera edición típica del Misal Romano, colocándose después del nombre de la Bienaventurada Virgen María».

San José - cabeza de la Familia del Señor – su cuidado paterno a Jesús y a la Madre de Dios; hombre Justo, Patrono celestial de toda la Iglesia... son algunas de las virtudes que destaca este Decreto, haciendo hincapié en la devoción que en todo el mundo se le dedica, confirmada por el Santo Padre Francisco, «considerando la plenitud de la comunión de los santos que, habiendo peregrinado un tiempo a nuestro lado, en el mundo, nos conducen a Cristo y nos unen a Él».

Audiencia General del 19 de junio de 2013

La mañana en Roma se presentaba augurando una jornada de gran calor: al mediodía rondaba los 40º. La Plaza de San Pedro estaba llena de gente a más no poder y a las 9:45 en su jeep blanco el Santo Padre Francisco comenzó su recorrido de 45 minutos donde se prodigó en amor y ternura para con todos, especialmente para con los predilectos del Señor: los niños y los enfermos.

Ya en la Catequesis el Obispo de Roma se refirió al misterio de la Iglesia convocada por Jesús entre todos los pueblos, comunicándole su Espíritu y constituyéndola místicamente en su cuerpo vivo, que camina y actúa en la historia, que tiene a Jesucristo como cabeza que lo guía, lo alimenta y lo ayuda.

El Papa recordó que “como el cuerpo no puede sobrevivir separado de la cabeza, tampoco la Iglesia separada de Cristo. Debe permanecer unida a Él, permitiéndole que actúe en ella, que su palabra la guíe, que su presencia eucarística la nutra y anime, que su amor la fortalezca para ir en ayuda del necesitado”.

Nuestro encuentro al término de la Audiencia

Luego de la bendición final comenzó a saludar a todos los que por algún especial motivo habíamos podido acceder a su cercanía y tener una breve encuentro con él. La ternura de Dios y del Papa Francisco se desbordaron a raudales para conmigo. Desde una ubicación de preferencia: 1º fila, 1º butaca. Cuando llegó hacia donde yo estaba pude vivenciar un momento que no olvidaré jamás. Besé su mano, nos saludos con mucho cariño, le entregué el libro que he escrito sobre él. Compartimos recuerdos, bromas, y más de una reflexión serena y profunda.

Las fotos que acompaña este artículo son prueba de esos sentimientos compartidos. Experimentar la ternura de Dios a través del Santo Padre, de este “Pastor con olor a oveja” que Dios le ha regalado a su Iglesia y a la humanidad. Abrazo final y la ilusión de poder vernos con detenimiento antes de mi regreso a España y de compartir una Misa en la Capilla de la Casa Santa Marta.

Con mi bendición.

Padre José Medina

Santo Padre Francisco, Padre José Medina, y la Sra. Valeria Mazza junto con su esposo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario