miércoles, 12 de junio de 2013

VOCACIÓN: Una estudiante de 21 años se hace monja de clausura de las Carmelitas Descalzas


Cuando su padre le preguntó si había encontrado trabajo, le contestó que tenía "uno fijo para toda la vida". Llevaba su vocación en silencio desde hacía 4 años.
 
Afirma que la clausura es como "el corazón de la Iglesia, un órgano muy oculto y protegido, pero vital para el organismo".

Ana Oriol Freixa (Barcelona, 21), cuarta de siete hermanos, está terminando Enfermería en la Universidad Internacional de Barcelona (UIC). El pasado Lunes de Pascua comunicó a sus padres, Nacho y Beth, que el 22 de junio entra de Carmelita descalza en el convento que la orden de Santa Teresa de Jesús tiene en Igualada (Barcelona), donde 9 de las 18 monjas tienen menos de 40 años. La Priora tiene 41. "El Carmelo está lleno de gente joven", afirma alegre.

Aunque de pequeña era una niña inquieta y muy movida, sus padres no se sorprendieron cuando Ana, Anita para la familia, les anunció su decisión hace sólo unos días. El abuelo materno de Ana, Ton Freixa, en los años 70 acudía con frecuencia al convento de Igualada para rezar por su numerosa familia. Cuando llegaron los nietos, continuó acudiendo y las monjas le preguntaban por cada uno de ellos por sus nombres, también por Ana.

"Mi padre está emocionado", cuenta Beth, y añade pensativa "ahora entiendo qué hacía esta figurita de Santa Teresa tantos años en la habitación de mi hija"... Esta santa fundó la orden de las Carmelitas Descalzas en Ávila el 24 de agosto de 1562.

Ana quería estudiar Medicina pero se dio cuenta de que haciendo Enfermería "estaba más cerca de los enfermos". Su hermana Maria, sólo 10 meses mayor que ella, explica que Ana siempre ha sentido predilección por "los enfermos terminales", a los que le hubiera gustado dedicar su profesión si la hubiera ejercido.

El Domingo de Resurrección, el dia antes de que Ana anunciara a sus padres su decisión, María soñó que ella y su hermana entraban juntas en el Carmelo. "En el sueño, yo lo pasaba fatal y Ana estaba feliz". Las dos hermanas están muy unidas y Maria, aunque comprende la decisión, se siente "como partida por la mitad".

Como está terminando la carrera y haciendo los últimos exámenes antes de entrar en el convento, hacía poco que su padre le había preguntado como tenía el panorama profesional y si ya tenía trabajo. Ana le contestó que había encontrado "uno fijo y para siempre".

Tras un periodo de adaptación de 6 meses, en el que de forma excepcional podrá recibir la visita de sus padres más de una vez al mes, empezará el noviciado. Transcurridos tres años profesará en esta orden con los votos de pobreza, castidad y obediencia. A partir de ese momento, se llamará Ana Teresa del Corazón de Jesús y María, vestirá un hábito y unas sandalias de suelas de esparto y dedicará su vida "a la oración y al trabajo, que también es oración".

¿Tiene sentido la clausura en el siglo XXI?

Somos el corazón de la Iglesia. Al igual que este órgano -que no se ve porque está muy protegido por las costillas y rodeado por los pulmones- la clausura es vital para la Iglesia ahora y siempre, porque es la oración que aguanta la fe en el mundo.

¿Te asusta?

No sólo no me asusta sino que la amo, ¡es lo que quiero para mi vida!. Dentro me sentiré una mujer muy libre. Hace ya cuatro años que vi muy clara mi vocación aunque no se lo he comunicado hasta ahora a mi familia y amigos.

Viendo el curso de la sociedad, ¿para qué rezarás de forma especial?

Rezaré muy especialmente por los sacerdotes, algo tradicional en esta Orden. Desde pequeña, he tenido predilección por rezar por ellos y me dolía mucho ver si un sacerdote no hacía algo bien. No sabía que también era predilección de las Carmelitas descalzas...

¿Cómo te han reaccionado los amigos de la Facultad?

He encontrado tanto respeto como cierto relativismo, con respuestas del tipo "si tú eres feliz, pues ya está bien". A alguno le he contestado que no está bien cualquier decisión por el hecho de que a mi me guste, que hay cosas que no son buenas en sí mismas por mucho que a uno le apetezcan.

¿En que ha influido tu familia?

Sin duda, en el ambiente de piedad que he vivido en casa. Agradezco también a mis padres que me llevaran a la Parroquia de Santa Teresa de Barcelona a los 8 años. Allli he hecho muy buenos amigos, para quienes Dios también es el primero. De esta parroquia, en pleno corazón de Barcelona, han salido 11 sacerdotes y 6 monjas de clausura. Y todos tenemos menos de 30 años... El director espiritual nos ha exigido mucho.
 
¿Qué le dirías a una persona joven que siente la vocación pero que tiene miedo?

Que cuide mucho la dirección espiritual, la intimidad con Dios y muy importante... ¡que se calle! Estos cuatro años que ya tenía clara mi vocación no se lo he contado a nadie, ni a mis padres ni siquiera a mi hermana, sólo a mi director espiritual. Cuando hablas, el demonio abre una brecha y éste ¡la aprovecha!

Ana Minguella, Barcelona, para “Te interesa”, vínculo permanente:   

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