miércoles, 10 de julio de 2013

PAPA FRANCISCO: La responsabilidad fraterna frente a la globalización de la indiferencia


Crónica del viaje del Papa 
  Francisco a Lampedusa
       -8 de julio de 2013-

Queridos amigos y hermanos del blog: el padre Federico Lombardi, director de la Oficina de prensa de la Santa Sede, al terminar la breve pero intensa visita del Papa a Lampedusa, hizo un balance muy positivo de la misma, destacando el sentido de responsabilidad que el Papa ha dejado en las conciencias respecto al tema de la inmigración del sur al norte del mundo. Una invitación a la responsabilidad social, política y económica para vencer la indiferencia frente al fenómeno migratorio.

El Papa estaba muy conmovido por la acogida de la gente de Lampedusa, incluso en las últimas palabras que dijo antes de salir de la parroquia, y de ir al aeropuerto, dijo tan sólo cuatro palabras, pero de nuevo con mucha intensidad, palabras de agradecimiento a los habitantes de Lampedusa y los ha invitado a seguir siendo - digamos - un ejemplo también de acogida y de responsabilidad hacia estas personas necesitadas que acuden a sus costas, en sus casas.

Éste es sin duda el mensaje fundamental de este viaje. Esta mañana, hablando un momento con el Papa en el barco, justo saliendo de Cala Pisana, dijo: "Espero que entiendan el significado de este gesto”. Porque si uno llega a una isla en el centro del Mediterráneo, en un día maravilloso, con toda la gente en fiesta, también puede decir: "¿Qué es lo que ha venido a hacer el Papa?". ¡Ha sido un día de fiesta con esta comunidad! Ciertamente lo ha sido. Pero en primer lugar para el Papa era, y sigue siendo importante y significativo este gesto -como dijo en su homilía - "de llorar por los que murieron en el camino hacia una mejor condición de vida"; de solidaridad con todos los que sufren en este mismo camino y de solidaridad y aliento a todos aquellos que se dedican efectivamente a darles acogida para que puedan caminar hacia una vida mejor; y de aliento también muy fuerte para aquellos que, incluso a nivel de responsabilidad, puede tratar de crear las mejores condiciones para que esta nueva vida, para estas personas que han sufrido tanto y el sufrimiento, se pueda realizar de verdad. 

Esto es lo que el Papa ha pretendido hacer. Y la alegría del recibimiento no nos debe, de ninguna manera, hacerlo olvidar. "Hemos entendido el mensaje, queremos ponerlo y llevarlo a la práctica." Sí, por supuesto, es un día de gran fiesta cristiana, de renovación en la conciencia. Pero no hay que olvidar el poder de la Liturgia, que quería ser una liturgia de penitencia y de conversión, con muy fuertes mensajes a la responsabilidad. Una homilía que se cerraba con preguntas muy fuertes a nuestra conciencia y al mundo. Esto es lo que el Papa ha querido hacer con su viaje. Y es "feliz de que el mensaje haya llegado a la gente.

Durante la breve parada de descanso - por así decirlo -del almuerzo (comió muy poco, el Papa, de verdad... los sicilianos le habían preparado de todo, el Papa en cambio tomó 3 o 4 pequeñas cosas, un sándwich y de nuevo dispuesto a partir. Así pues, su sencillez sigue siendo la misma...) Yo tuve la oportunidad de decirle, por los ecos y por el seguimiento de la noticia, que su mensaje había calado, incluso a nivel internacional, con gran aceptación y con gran atención. Esto sin duda le gustó: el sentido de misión cumplida con la intensidad de esta mañana y que alcanza su objetivo de tocar las conciencias, despertar la conciencia del mundo de hoy.

Por tanto, tengo la impresión de un balance muy positivo de la visita. Una mañana muy intensa que, en poco más de cuatro horas, ha dado al mundo un verdadero testimonio, ¡que esperemos que quede! Este es también el problema de estos eventos, por supuesto, que no pasen solo en un día, sino que - digamos - vengan a formar parte de nuestra conciencia en profundidad. Ésta sin duda es la esperanza del Papa. Pero creo que- hemos aprendido a conocerlo y no le faltarán ocasiones para recordar estas cosas, y también con otros signos fuertes. Después también, hay que hablar del sentido de la disponibilidad y el compromiso en la organización de esta jornada, organizada en tan solo una semana... en el espacio de cinco días. Así que todos han trabajado mucho: de los marineros, a las fuerzas de seguridad, al alcalde, a los voluntarios, la Iglesia... Todos realmente se han movilizado para que esta jornada culminara con su significado y su propósito. Y el Papa de esto está muy agradecido.

Homilía del santo padre: 
 
¿Adán dónde estás? 
¿Cuántas veces he pensado 'no tengo nada que ver'?

Pidamos al Señor que borre lo que de Herodes 
ha quedado en nuestro corazón

'Inmigrantes muertos en el mar, aquellos barcos que en vez de ser una vía de esperanza fueron una vía de muerte'. Así titulan los periódicos. Cuando hace algunas semanas supe esta noticia, que lamentablemente otra vez un barco había naufragado, el pensamiento me volvía continuamente como una espina en el corazón que me traía sufrimiento. Y entonces sentí que tenía que venir hoy aquí a rezar. A cumplir un gesto de cercanía, pero también para despertar a nuestras conciencias. Para que lo que sucedió no se repita, no se repita, por favor.

Antes querría decir algunas palabras de sincera gratitud y aliento a ustedes habitantes de Lampedusa y Linosa, a las asociaciones, a los voluntarios y a las fuerzas de seguridad, que han mostrado y atienden a estas personas en los viajes hacia algo mejor. Ustedes son una pequeña realidad pero que ofrece un ejemplo de solidaridad. ¡Gracias!

Gracias también al arzobispo Mons. Francesco Montenegro, por su ayuda, su trabajo y su cercanía pastoral. Saludo gentilmente al alcalde, señora Giusi Nicolini, por lo que hace.

Un pensamiento va a los queridos inmigrantes musulmanes que esta noche inician el ayuno del ramadán. Con el deseo de abundantes frutos espirituales. La Iglesia les está cerca en la búsqueda de una vida más digna para ustedes y vuestras familias, a ustedes 'Osha'.

Esta mañana a la luz de la palabra de Dios que hemos escuchado querría proponer algunas palabras que sobre todo provoquen a la conciencia de todos, empujen a reflexionar y a cambiar concretamente ciertas actitudes.

¿Adán, dónde estás? Es la primera pregunta que Dios le hace al hombre después del pecado. ¿Dónde estás Adán? Adán es un hombre desorientado, que perdió su lugar en la creación porque cree que se ha vuelto potente, de poder dominar todo, de ser Dios.

Y la armonía se rompe el hombre se equivoca y esto se repite también en la relación con el otro que no es más el hermano que hay que amar, sino simplemente el otro que molesta mi vida, mi bienestar.

Y Dios pone la segunda pregunta: ¿Caín dónde está tu hermano? El sueño de ser potente, de ser grande como Dios, o peor, de ser como Dios, lleva a una cadena de equivocaciones que es cadena de muerte, lleva a derramar la sangre del hermano.

Estas dos preguntas de Dios resuenan también hoy con toda su fuerza fuerza. Tantos, entre nosotros, y me incluyo también yo, estamos desorientados, no estamos más atentos al mundo en el que vivimos, no cuidamos lo que Dios creó para todos y no somos ni siquiera capaces de cuidarnos los unos a los otros. Y cuando esta desorientación asume las dimensiones del mundo se llega a tragedias como aquella a la que hemos asistido.

¿Dónde está tu hermano? La voz de su sangre grita hasta mi, dice Dios. Esta no es una pregunta dirigida a los otros, es una pregunta dirigida a mi, a ti, a cada uno de nosotros.

Aquí nuestros hermanos y hermanas trataban de salir de situaciones difíciles para encontrar un poco de paz y serenidad, buscaban un lugar mejor para ellos y para sus familias, pero han encontrado la muerte. ¡Cuántas veces quienes buscan esto no encuentran comprensión, acogida y solidaridad! ¡Y sus voces suben hacia Dios!.

“¿Dónde está tu hermano? Quién es el responsable de este sangre? En la literatura española hay una comedia de Lope de Vega, que narra como los habitantes de la ciudad de Fuente Ovejuna asesinan al Gobernador porque es un tirano, y lo hacen de tal manera que no se sepa quién ha cumplido la ejecución.

Y cuando el juez del rey pide: '¿Quién ha asesinado al gobernador?' todos dicen: 'Fuente Ovejuna, Señor'.

¡Todos y nadie! También hoy esta pregunta emerge con fuerza: ¿Quien es el responsable de la sangre de estos hermanos y hermanas? ¡Nadie! Todos nosotros respondemos así: no, no soy yo, yo no tengo nada que ver, serán otros, no seguramente yo. Pero Dios nos pide a cada uno de nosotros: ¿Dónde está la sangre de tu hermano que grita hasta mi'?

Hoy nadie se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna; hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del servidor del altar, del que habla Jesús en la parábola del Buen Samaritano.

Miramos al hermano medio muerto en el costado del camino, quizás pensamos: pobrecito, y seguimos por nuestro camino, no es nuestra tarea; y con esto nos sentimos bien.

La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos vuelve insensibles a los gritos de los otros, nos hace vivir en burbujas de jabón, que son lindas, pero no son nada, son ilusión de lo superficial, de lo provisorio, que lleva a la indiferencia hacia los otros. Más aún, lleva a la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, no tenemos nada que ver, no nos interesa, no es mi problema!

Y vuelve la figura del 'innombrable de Manzoni'. La globalización de la indiferencia nos vuelve a todos 'innombrables', responsables sin nombre y sin rostro.

'Adán, dónde estás? ¿Dónde está tu hermano?, son las dos preguntas que Dios pone al inicio de la historia de la humanidad y que dirige también a todos los hombres de nuestro tiempo, también a nosotros.

Pero quisiera que nos planteáramos una pregunta: '¿Quien de entre nosotros ha llorado por este hecho o por hechos como este?, ¿por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Quién ha llorado por estas personas que estaban sobre la barcaza? ¿Por las jóvenes madres que llevaban a sus niños? ¿Por estos hombres que deseaban algo para apoyar a sus familias? ¡Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, del 'sufrir con': ¡es la globalización de la indiferencia! En el evangelio hemos escuchado el grito, el llanto, el gran lamento: 'Raquel llora a sus hijos... porque no están más'. Herodes ha sembrado muerte para defender su propio bienestar, la propia burbuja de jabón. Y esto sigue repitiéndose.

Pidamos al Señor que borre lo que de Herodes ha quedado también en nuestro corazón. Pidamos al Señor la gracia de llorar nuestra indiferencia, la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en quienes en el anonimato toman decisiones socio-económicas que abren la calle a dramas como este. '¿Quién ha llorado?'

Señor, en esta que liturgia que es una liturgia de penitencia, pedimos perdón por la indiferencia hacia tantos hermanos y hermanas. Te pedimos perdón por quien se ha acomodado, por quien se ha cerrado en su propio bienestar que lleva a la anestesia del corazón. Te pedimos perdón por aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que llevan a este drama.

'¿Adán, dónde estás?' '¿Dónde está la sangre de tu hermano?'. Amen.

“Faro y ejemplo para el mundo”,

el Papa Francisco alienta agradecido

¡Gracias Lampedusa faro de amor, tu valentía y hospitalidad son ejemplo para el mundo!... dijo el Santo Padre Francisco antes de la bendición final, al concluir la Misa que presidió en esta pequeña isla italiana, en el Mediterráneo, que durante algunas horas este lunes fue centro de gran parte de la atención internacional. Éstas fueron las palabras, que junto con su gratitud y sencillez, brotaron del corazón del Obispo de Roma:

«Antes de darles la bendición quiero agradecer, una vez más, a los habitantes de Lampedusa, por el ejemplo de amor, por el ejemplo de caridad y por el ejemplo de hospitalidad que están dando, que han dado y que nos dan aún. El Obispo dijo que Lampedusa es un faro ¡Que este ejemplo sea faro en todo el mundo, para que tengan la valentía de recibir a los que buscan una vida mejor! ¡Gracias por su testimonio! ¡Quiero agradecer también su ternura, que pude percibir en la persona de don Stefano! Él me contó en el barco lo que hace con su vicepárroco. ¡Gracias a ustedes y a don Stefano!»

Agradecimiento que el Papa reiteró encaminándose al aeropuerto, para volver al Vaticano, en el atrio de la Parroquia de San Gerlando, con su despedida de los numerosos feligreses, haciendo hincapié en su conducta tan humana y cristiana:

«¡Muchas Gracias! Gracias por su testimonio. Gracias por el calor de corazón que ustedes tienen. ¡Que el Señor los bendiga, que el Señor nos haga avanzar en esta conducta tan humana y tan cristiana! ¡Muchas gracias!»

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