jueves, 15 de agosto de 2013

COLUMNISTA INVITADO: Recensión de “Francisco, el Papa de todos” por Carlos García Costoya

Escribe: Carlos García Costoya*

La elección de Jorge Mario Bergoglio como pontífice de la Iglesia pilló a todo el mundo con el pie cambiado. Si recurrimos a un lenguaje, quizá mediático, quizá especulativo, se podría decir que los primeros meses de su pontificado han estado marcados por una concatenación de revoluciones.

La primera revolución fue la renuncia de Benedicto XVI, hecho desconocido en la Iglesia moderna, y que el papa sabio por excelencia, con sus mejores dotes de docente, está convirtiendo en normal. Esa misma naturalidad es la que lleva a Francisco, no sólo a aprender a convivir en una situación nueva para el papado, sino a aprovechar la sabiduría de su predecesor para firmar la primera encíclica escrita a cuatro manos, y para poner las primeras piedras en la necesaria reconstrucción del edificio humano que desde Roma sustenta la Iglesia universal.

Las tres siguientes revoluciones salieron directamente del cónclave. Por primera vez los cardenales eligieron un papa ajeno a la Vieja Europa, y como dijo el propio pontífice en su primer mensaje, lo fueron a buscar al fin del mundo, a la hermana Argentina, de donde también llegó el primer papa hijo de San Ignacio, y además también fue el primero que tomó el nombre de otro de los grandes santos, Francisco, con lo que quería dejar claro que no se iba a olvidar de los pobres. A estas tres revoluciones siguieron, y siguen, muchas otras, la renuncia a vivir en el apartamento pontificio, la cercanía de un papa que abraza y besa, y sobre todo, la humanidad de un vicario de Cristo que trata a su predecesor con el cariño de un hijo, que nos habla a todos con la dura sinceridad de un padre, y que recuerda la sabiduría de su abuela con los ojos enamorados de un nieto. Esta es su grandeza, no la sencillez del hombre que intentan presentar alejado de la doctrina, sino la magnificencia de un intelectual que desde una estructura tomista recurre a las palabras de su abuela para poner el mayor altavoz posible a las casi siempre ignoradas enseñanzas de Cristo. No es un papa que habla con las palabras de la abuela, sino es un pastor que reconoce a Cristo en la sabiduría de las cosas sencillas.

La llamada del Espíritu a ocupar la cátedra de Pedro despertó una reacción en los Medios, totalmente diferente a lo que ocurrió con los dos cónclaves anteriores. Juan Pablo II era un desconocido al que no se había tenido en cuenta, y al que se fue descubriendo poco a poco. Benedicto XVI no era, ni sorpresa ni desconocido, y desde el primer momento, y muchas veces a lo largo de su pontificado, se le juzgó teniendo en cuenta prejuicios de su etapa cardenalicia que no guardaban relación alguna con su ministerio petrino. Bergoglio no era ninguna de las dos cosas, no era conocido aunque sí se había hablado de él, pero se le consideraba del pasado; los días previos a su elección fueron muchos los que recordaron su “ruego fraternal” para no ser elegido en el cónclave que señaló a Benedicto XVI, motivo por el cual se le daba por amortizado y nadie le tuvo en cuenta.

La elección de Bergoglio, y sus primeros pasos, llevaron a que mucha gente se intentase subir a un carro que hasta entonces iba vacío. Desde el primer momento salieron expertos anunciando que ellos tenían el pálpito, cuando sus artículos y comentarios previos estaban llenos de cardenales papabile pero no del padre Jorge;  y también fueron muchos los que, desde el primer momento, se presentaron como amigos del Papa, cuando la realidad es que, muchos de ellos, no sólo no tenían relación personal alguna con el que fue arzobispo de Buenos Aires, sino que en sus abanderamientos anteriores a la elección se postulaban como adalides de la crítica más mordaz.

En esta coyuntura el libro escrito por el sacerdote y periodista José Antonio Medina Pellegrini cobra un valor especial, porque él no sólo conoce y trabajó con Bergolgio en la Conferencia Episcopal Argentina, sino también por el estudio que realiza de su doctrina y pensamiento, que analiza en sus orígenes y desarrollo, y que en ningún caso se limita a ese corta-pega de discursos y homilías bajados de Internet, que caracterizan la mayoría de las obras publicadas sobre el nuevo pontífice. El padre Medina hace realidad las palabras iniciales de la primera carta de San Juan: lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos (1 Jn 1, 3). Esta premisa inicial se recoge perfectamente en el muy bien elegido título, Francisco, el papa de todos; y es que esa es la realidad de un libro que quiere presentar al nuevo pontífice, no sólo como un padre para todos, sino que además está escrito para todo el mundo. No es una obra destinada a sacerdotes, religiosas o jóvenes, es una semblanza y reflexión sobre el nuevo vicario de Cristo dirigido a todas esas personas que quieren tener una primera imagen de su vida, trayectoria y pensamiento, marcada no sólo por el rigor personal, sino por el conocimiento de una persona que identifica, en cada gesto del nuevo pontífice, al padre Jorge con el que trabajó. Como indica el autor, Francisco no es un producto de marketing como algunos se empeñan en señalar, sino un papa que insiste en los mismos gestos del pastor que él conoció.

La estructura que el padre Medina ha elegido para Francisco, el papa de todos, responde a una triple visión del nuevo pontífice: la primera dedicada a la biografía del padre Bergoglio, la segunda a los primeros pasos del papa Francisco, y la tercera al pensamiento de un sacerdote, que lo manifiesta de la misma manera desde la cátedra de Pedro que predicando en la más humilde de las calles de cualquiera de nuestras ciudades.

La primera de las tres partes señaladas, la dedicada a la biografía del cardenal, comienza hace casi cien años en Italia, cuando la familia Bergoglio decidió vender todo lo que tenía para viajar a la tierra de promisión que representaba la Argentina. Los primeros pasos en su nueva patria fueron de trabajo duro, de sobreponerse a las penurias de una nueva vida, del matrimonio y la nueva familia de su hijo, y del nacimiento de sus nietos, entre los que se encontraba el futuro papa. El joven Jorge era un muchacho vivo y enamoradizo, pero sobre todo, totalmente entregado a una familia marcada por la enfermedad de una madre y la omnipresente presencia de una abuela que tuvo que hacer de madre de sus nietos.

Rosa Margherita, la abuela de Bergoglio, era una mujer con una profunda fe religiosa, sentimiento que no sólo transmitió a sus nietos cuando eran pequeños sino a lo largo de su carrera. Entre los muchos recuerdos que Bergoglio tiene de su abuela, y que de manera profusa aparecen recogidos en la obra, el padre Medina destaca dos por la trascendencia y profundidad que tienen, sobre todo por el momento en que fueron transmitidos. Cuando Bergoglio era seminarista fue su abuela quien le dio una de las lecciones teológicas de mayor profundidad : Celebra la Misa, cada Misa, como si fuera la primera y la última; y años después, cuando ya era religioso y sacerdote, en la carta que Rosa Margherita dejó escrita a sus nietos a modo de testamento, les dice que no hay nada que no se pueda solucionar delante del sagrario: Que éstos, mis nietos, a los cuales entregué lo mejor de mi corazón, tengan una vida larga y feliz, pero si algún día el dolor, la enfermedad o la pérdida de una persona amada los llenan de desconsuelo, recuerden que un suspiro al Tabernáculo, donde está el mártir más grande y augusto, y una mirada a María al pie de la cruz, puedan hacer caer una gota de bálsamo sobre las heridas más profundas y dolorosas.

El padre Medina destaca muchos de los aspectos que configuran la personalidad y ministerio del jesuita que llegó a arzobispo y cardenal, su labor pastoral e intelectual (incluyendo un libro del que fueron coautores el hoy papa y el padre Medina), su relación con Juan Pablo II y Benedicto XVI, y su devoción mariana que le lleva a proclamarse hijo de la Virgen Gaucha, ante la cual el cardenal Bergloglio proclamó: Nosotros necesitamos de su mirada tierna, su mirada de Madre, esa que nos destapa el alma. Su mirada que está llena de compasión y de cuidado. Y por eso hoy le decimos: Madre, regálanos tu mirada. Porque la mirada de la Virgen es un regalo, no se compra. Es un regalo de Ella. Es un regalo del Padre y un regalo de Jesús en la Cruz. Madre, regálanos tu mirada.

La segunda parte del libro la dedica a recorrer los primeros pasos del papa Francisco, desde la renuncia de Benedicto XVI, la coexistencia de un papa con un papa emérito, nunca de dos papas, el desarrollo del cónclave, el primer mensaje del nuevo pontífice, su lema y escudo, así como las palabras con las que fue recibido por los obispos argentinos.

La tercera y última parte de la obra recoge un compendio del pensamiento de Jorge María Bergoglio, de la siempre presencia de Dios en todas sus predicaciones, de su constante ruego de reza por mí, del compromiso con los pobres, de los retos de la nueva evangelización y de su inevitable idea de nación a la luz del Martín Fierro, para terminar con un diccionario de textos breves y una selección de oraciones escritas de puño y letra durante los años de ministerio argentino de Bergoglio.

Francisco, el papa de todos, es una obra fundamental para conocer la historia y personalidad de Jorge Mario Bergoglio, hoy papa Francisco. Evidentemente no es una obra definitiva porque no se refiere a su pontificado, pero sí es una obra iluminadora, y hasta para algunos profética, porque ese padre Jorge que José Antonio Medina conoció en sus años de trabajo común, es el que hoy lleva las sandalias del pescador. Los gestos, las sensibilidades, las pasiones y la forma de anunciar a Cristo, son las mismas, las que tenía el padre Jorge cuando viajaba en metro, y las que hoy tiene Francisco cuando habla, no sólo para todos los cristianos sino para todo el Orbe.

La obra escrita por el padre Medina es imprescindible para conocer los primeros pasos de este pontificado que está comenzando, y que en gran medida, no sólo reproduce los movimientos argentinos de Bergoglio, sino las proféticas palabras que desveló el cardenal de la Habana, Jaime Ortega, sobre las intervenciones del hoy papa Francisco en la reunión de cardenales previas al cónclave, en las que definía cómo creía que debía de ser el futuro Pedro, descripción que hoy está siguiendo paso a paso, en los que tiene como objetivo prioritario las periferias existenciales del hombre. Así es el nuevo papa, y así lo refleja el padre Medina en su Francisco, el papa de todos, donde se presenta a un papa argentino, a un papa hispanoamericano, a un papa del Mundo, que habla portugués, no con acento brasileiro sino gallego (de Galicia), grito de fe en la cuna del patrón Santiago, destino fundamental de millones de peregrinos, a donde más pronto que tarde peregrinará Francisco, y donde el santo de Asís entendió en su dimensión universal la llamada que Dios le hacía.

* Carlos García Costoya, es periodista y escritor, A Coruña, España, 1968, es conocido por sus libros dedicados a la divulgación histórica y mítica, así como varios anecdotarios. Es director de Xerión, Comunicación y Publicaciones S.L. y ha publicado, entre otros libros: El camino mágico de Santiago (1998); Las peregrinaciones jacobeas (1999); El camino de Santiago (1999); El abogado en familia (2000); Anécdotas de profesores (2000); El misterio del apóstol Santiago: mito y realidad del enigma jacobeo (2004) y Anécdotas de farmacéuticos (2008).

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