jueves, 17 de octubre de 2013

CATEQUESIS DEL PAPA: “Para ser apóstol hay que rezar y anunciar el Evangelio”



Queridos amigos y hermanos del blog: eran las 9.50 de ayer por la mañana cuando el santo padre ha hecho su entrada en la abarrotada plaza de San Pedro despertando el entusiasmo de los fieles allí reunidos. Este miércoles el sol ha permitido que el tiempo que el papa ha pasado saludando haya sido más tranquilo. En una ocasión, incluso se ha detenido con el papa móvil delante de un grupo de peregrinos de un cuerpo de vigilancia uniformados, y el papa Francisco se ha puesto el casco, lo que ha provocado la sonrisa y aplausos de todos. Francisco ha bendecido con calma a los niños que le acercaban al jeep y ha saludado, con esa sonrisa que ya le caracteriza, a los peregrinos venidos de los cinco continentes.

Su se ha centrado sobre el significado de la Iglesia "apostólica". Ha mencionado el papa que al venir a Roma, quizá se piensa más en la importancia de los apóstoles. Pero es más que esto, ha dicho el papa, "significa subrayar la unión constitutiva que la Iglesia tiene con los doce hombre que Jesús un día llamó por su nombre". Les comparto el texto completo:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Cuando recitamos el Credo decimos "Creo en la Iglesia una, santa, católica y apostólica". No sé si alguna vez han reflexionado sobre el significado que tiene la expresión "la Iglesia es apostólica". Quizás alguna vez, viniendo a Roma, han pensado en la importancia de los apóstoles Pedro y Pablo, que aquí dieron sus vidas para llevar el Evangelio y dar testimonio.

Más aún. Profesar que la Iglesia es apostólica, significa hacer hincapié en la relación constitutiva que esta tiene con los apóstoles, con ese pequeño grupo de doce hombres que un día Jesús llamó a Él, los llamó por su nombre, para que permanecieran con Él y para enviarlos a predicar (cf. Mc. 3,13-19). "Apóstol", de hecho, es una palabra griega que significa "mandado", "enviado". Un apóstol es una persona que es enviada, y enviada a hacer algo; y los apóstoles fueron escogidos, llamados y enviados por Jesús para continuar su obra; es decir para rezar -ese es la primera tarea de un apóstol-, y segundo, para proclamar el Evangelio. Esto es importante, porque cuando pensamos en los apóstoles, podríamos pensar que ellos fueron enviados solo para anunciar el Evangelio, para hacer muchas obras. Pero en los primeros días de la Iglesia había un problema porque los apóstoles debían hacer muchas cosas y luego formaron a los diáconos, para que los apóstoles tuvieran más tiempo para orar y proclamar la Palabra de Dios.

Cuando pensamos en los sucesores de los apóstoles, los obispos, incluido el papa, porque él también es un obispo, debemos preguntarnos si este sucesor de los apóstoles primero que todo ora y luego proclama el Evangelio: esto es ser apóstol y por esta razón la Iglesia es apostólica. Todos nosotros, si queremos ser apóstoles como explicaré luego, debemos preguntarnos: ¿rezo por la salvación del mundo? ¿Predico el Evangelio? ¡Esta es la Iglesia Apostólica! Es una relación constitutiva que tenemos con los apóstoles.

A partir de esto me gustaría hacer hincapié muy brevemente en tres acepciones del adjetivo "apostólica", tal como se aplica a la Iglesia.

1- La Iglesia es apostólica porque está fundada en la oración y la predicación de los apóstoles, en la autoridad que les fue dada por el mismo Cristo. San Pablo escribe a los cristianos de Éfeso: "Ustedes son conciudadanos de los santos y miembros de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, teniendo como piedra angular al mismo Cristo Jesús" (2, 19-20). Compara, es decir, a los cristianos con piedras vivas que forman un edificio que es la Iglesia, y este edificio está fundado sobre los apóstoles, como columnas, y la piedra que sostiene todo es Jesús mismo.

¡Sin Jesús no puede existir la Iglesia! ¡Jesús es la base misma de la Iglesia, el fundamento! Los apóstoles vivieron con Jesús, escucharon sus palabras, compartieron su vida, sobre todo han sido testigos de su muerte y resurrección. Nuestra fe, la Iglesia que Cristo quiso, no se basa en una idea, no se funda en una filosofía, se fundamenta en el mismo Cristo. Y la Iglesia es como una planta que ha crecido a lo largo de los siglos, se ha desarrollado, ha dado sus frutos y sus raíces están firmemente plantadas en Él, y la experiencia fundamental de Cristo que han tenido los Apóstoles, elegidos y enviados por Jesús, permanece hasta nosotros. Desde esa pequeña planta hasta nuestros días: así es la Iglesia en todo el mundo.

2- Pero preguntémonos: ¿cómo es posible para nosotros conectarnos con ese testimonio? ¿Cómo puede llegar hasta nosotros lo que han experimentado los apóstoles con Jesús, lo que han oído de Él? Este es el segundo significado del término "apostolicidad”. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que la Iglesia es apostólica porque «conserva y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las palabras sanas oídas a los apóstoles» (n. 857). La Iglesia conserva a través de los siglos este precioso tesoro, que es la Sagrada Escritura, la doctrina, los sacramentos, el ministerio de los pastores, para que podamos ser fieles a Cristo y participar de su vida misma. Es como un río que fluye en la historia, se desarrolla, irriga, pero el agua que fluye es siempre la que comienza desde la fuente, y la fuente es el propio Cristo: Él ha resucitado, Él es el Viviente, y sus palabras no pasan, porque Él no pasa, Él está vivo, Él está con nosotros hoy aquí, Él nos oye y nosotros hablamos con él y Él nos escucha, está en nuestro corazón. ¡Jesús está con nosotros hoy! Esta es la belleza de la Iglesia: la presencia de Jesucristo en medio de nosotros. ¿Pensamos acaso lo importante que es este don que Cristo nos ha dado, el don de la Iglesia, donde lo podemos encontrar? ¿Pensamos acaso cómo es la misma Iglesia, en su camino a lo largo de estos siglos -a pesar de las dificultades, los problemas, las debilidades, nuestros pecados-, la que nos transmite el auténtico mensaje de Cristo? ¿Nos da la confianza de que lo que creemos es realmente lo que Cristo nos dijo?

3- El último pensamiento: la Iglesia es apostólica porque es enviada a llevar el Evangelio a todo el mundo. Continúa en el camino de la historia la misma misión que Jesús confió a los apóstoles: «Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mt. 28,19-20). ¡Esto es lo que Jesús nos dijo que hiciéramos! Insisto en este aspecto de la actividad misionera, porque Cristo invita a todos a "ir" al encuentro de los demás, nos envía, nos pide movernos para llevar la alegría del Evangelio!

Una vez más debemos preguntarnos: ¿somos misioneros con nuestras palabras, pero sobre todo con nuestra vida cristiana, a través de nuestro testimonio? ¿O somos cristianos encerrados en nuestro corazón y en nuestras iglesias, cristianos de sacristía? ¿Cristianos solo de palabras, pero que viven como paganos? Debemos hacernos estas preguntas, que no son un reproche. Yo también, me lo digo a mí mismo: ¿cómo soy cristiano, realmente con el testimonio?

La Iglesia tiene sus raíces en la enseñanza de los apóstoles, verdaderos testigos de Cristo, pero mira hacia el futuro, tiene la firme conciencia de ser enviada -enviada por Jesucristo-, de ser misionera, llevando el nombre de Jesús a través de la oración, el anuncio y el testimonio. Una Iglesia que se cierra sobre sí misma y en el pasado, una Iglesia que ve solo las pequeñas reglas de hábitos, de actitudes, es una Iglesia que traiciona a su propia identidad; ¡una Iglesia cerrada traiciona su propia identidad! Por ello, ¡descubramos hoy toda la belleza y la responsabilidad de ser Iglesia Apostólica! Y recuérdenlo: Iglesia Apostólica porque oramos -primera tarea-, y porque proclamamos el Evangelio con nuestra vida y con nuestras palabras.

1 comentario:

  1. Leyendo las palabras del Papa sobre el significado y sentido del término "apostólico" no se puede estar más de acuerdo, Padre Medina.
    La Iglesia nace con Cristo y en Cristo debe continuar su misión: una misión confiada a los Doce en aquel momento y, a través de ellos, a sus sucesores en cada tiempo, siempre en comunión, siempre en Cristo.
    Cristo está en la base de la Iglesia, porque pone sus cimientos y escoge a los primeros de una larga lista que se prolongará en la Historia. También en el día a día de ésta, pues sin Él difícilmente podría perdurar: Él siempre es savia nueva en ella, le marca el camino, la sostiene en la prueba. Pero Cristo también está en la cima, ya que la Iglesia está orientada a Él, sus frutos son para su mayor gloria: la Iglesia terrenal hunde las raíces en este mundo, pero alcanzará todo su sentido en la vida eterna.
    Como ese edificio que dice el Santo Padre, la Iglesia se levanta sobre Cristo y Cristo es la parte más alta, el remate perfecto. Pero entre la base y el remate son necesarias estructuras que desde la primera se alcen para conectar con la última.
    Ése es el sentido "apostólico", que la Iglesia se va construyendo sobre base firme (Cristo) y con un propósito claro, en comunión (pues si cada uno decidiera poner la piedra de diferente manera, el edificio cedería). Y que todas las piedras son imprescindibles, cada una con su función: desde el Santo Padre hasta el último fiel (¿Qué sería de un rebaño sin pastor o de un pastor sin rebaño?).
    Por eso la labor "apostólica" es competencia de todos, cada uno según su responsabilidad. Porque si todos formamos parte de esos muros, también estamos unidos a muchas otras piedras en ese muro, las cuales son necesarias y cuyo cuidado nos compete. Porque somos piedras, pero "piedras vivas", en el sentido de que si la de al lado (o nosotros mismos) falla, las cercanas deben ayudar a que ésta vuelva a adquirir firmeza y a sostenerla mientras se encuentra débil (para que el edificio no se resienta). En esto contamos también con la ayuda de Cristo y la comunión de los santos (es una Iglesia viva).
    En este sentido, es por medio del anuncio y de la oración como la Iglesia va reforzando esos muros, haciendo sus cimientos más profundos (en Cristo) y aumentando su grosor (cada vez más almas en la construcción de la Iglesia) y altura (un muro unido que va creciendo hacia su remate, Cristo).
    Como la respiración es necesaria para vivir, con la inspiración y espiración, la Iglesia también sigue una misma dinámica para seguir viva: inspira por medio de la oración (se nutre en ese diálogo con Dios, se llena de Él, de Vida) y espira por medio del anuncio, con el testimonio (lleva al Dios que hay en su corazón, esa Vida, a lugares donde no lo conocen, lo han olvidado o permanecen en un estado tibio). Ni se puede inspirar sin espirar esa vida (mero conocimiento de Dios, pero sin anuncio), como tampoco se puede espirar sin inspirar previamente (un anuncio dinámico, pero no nutrido por medio de la oración, sería inconsistente y al poco perdería su vigor).
    Todas las piedras tenemos que inspirar y espirar para mantener viva la Iglesia, teniendo claro cuál es nuestro fundamento y fin: Cristo. Y el papel tan importante que tenemos en esta gran construcción, siguiendo el ejemplo que nos han marcado muchas piedras que están antes que nosotros en ese muro (la fe hay que transmitirla para que ese muro no se quede a medio hacer y pueda llegar a Cristo).

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