martes, 5 de noviembre de 2013

INTENCIONES DEL PAPA: Mes de NOVIEMBRE de 2013

Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Francisco indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de noviembre de 2013 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Claudio Barriga, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.

La INTENCIÓN GENERAL para NOVIEMBRE 2013 es: “Que los sacerdotes que experimentan dificultades sean confortados en su sufrimiento, sostenidos en sus dudas y confirmados en su fidelidad”.

COMENTARIO PASTORAL: Es infrecuente encontrar un sacerdote que no recuerde las gracias que recibió en su ordenación. Muy probablemente evoca con gozo y emoción las primeras celebraciones de los sacramentos en que presidió a los fieles como Cristo habría querido y la Iglesia intenta. Casi ciertamente retendrá como inolvidable la reverencia inicial ante la Eucaristía mientras presidía a las comunidades en el aprecio por la Escritura y el amor al Señor en la fracción del pan. Probablemente recuerde todavía los nombres de las personas a las que consoló en el funeral de un pariente. Aunque le está prohibido siquiera mencionar algo de los pecados perdonados en el sacramento de la reconciliación, las consolaciones de su ejercicio inicial del sacerdocio permanecen en él. Estas experiencias primeras y otras posteriores in persona Christi animaron su sacerdocio. Si todo fuera perfecto en la vida, esa energía y compromiso nunca se debilitarían.

A medida que maduran, muchos sacerdotes logran con la gracia de Dios mantener y aumentar el santo idealismo del comienzo de su ministerio. A otros, en cambio, la intención del Santo Padre para este mes los toca vivamente. Las exigencias del ministerio sacerdotal afectan a la conciencia de cada sacerdote dotado de virtudes y limitado por debilidades. En condiciones favorables, esas exigencias ayudan a su santificación pero, en algunos pocos casos - que están al extremo contrario-, pueden terminar, desgraciadamente, hasta en las portadas de los diarios. Algunos sacerdotes producen grave escándalo público. Estos últimos casos hieren al Cuerpo de Cristo y a la credibilidad de muchísimos sacerdotes fieles que dan lo mejor de sí todos los días. Pero las luchas a las que se refiere el Santo Padre este mes no son todas de conocimiento público. Algunas están solamente en la conciencia del sacerdote, aquel lugar escondido donde él se ve a sí mismo como es, como un siervo orante que quiere hacer lo mejor de lo que es capaz para los fieles que le han sido confiados.

Las dificultades son múltiples y aquí sólo podemos mencionar unas pocas. Algunos sacerdotes fieles a su celibato sufren de soledad. Otros, están agotados o sobrecargados de preocupación por falta de tiempo para atender a la gente o por falta de dinero o de colaboradores para responder a las necesidades pastorales.

En estas condiciones, se va gestando en ellos el desaliento a pesar de su esfuerzo por mostrarse contentos ante los que encuentran. Otros, que se mantuvieron entusiastas durante los primeros diez o veinte años de ministerio, descubren que poco a poco fueron perdiendo el espíritu y se instalaron en una vida cómoda y no saben dónde encontrar apoyo. Otros enfrentan exigencias imprevistas sobre la fe y la doctrina que se comprometieron a predicar que les llegan de la cultura, del gobierno o de los medios de comunicación social y que no son capaces de enfrentar con ánimo porque ellos mismos tienen crecientes dudas. Otros sufren enfermedades físicas o ancianidad de las que los fieles se dan cuenta e intentan generosamente ayudarlos; pero otros (incluidos a veces algunos de los más jóvenes) sufren psicológicamente por enfermedades o adicciones ocultas que los amenazan, los hacen sufrir y, al fin, los destruyen. Por último, otros son directamente infieles a sus promesas sacerdotales, inmersos en un pecado grave viven un 'doble vida' por la cual su sacerdocio pende de un hilo que terminará por romperse si no recuperan un modo de vida digno de su vocación. Todos los mencionados buscan consuelo, apoyo y refuerzo.

Sostengamos con alegría a los sacerdotes que han recibido constante fuerza y vitalidad en su ministerio in persona Christi. Unámonos al Santo Padre en la intención de este mes por los sacerdotes que enfrentan dificultades para que encuentren consuelo en su sufrimiento, apoyo en sus dudas y refuerzo en su fidelidad.

P. Robert Geisinger, sj
Procurador General de la Compañía de Jesús
(Asistente jurídico del Superior General)
 
La INTENCIÓN MISIONERA para NOVIEMBRE 2013 es: “Que como fruto de la Misión Continental, las Iglesias en América Latina envíen misioneros a otras Iglesias”.

COMENTARIO PASTORAL: Cuenta San Pablo que mirando a Dios Padre en la eternidad, Dios Hijo oró así: -Porque no quieres sacrificios ni ofrendas, me diste un cuerpo humano. Porque no te agradan holocaustos ni víctimas expiatorias, te dije: Aquí voy, mi Dios, a realizar tu voluntad (ver Hb 10 6-7).

Por su parte, una leyenda narra que cuando volvió al cielo, los ángeles aplaudían a Jesús: ¡su amor al Padre -divino y también humano- había superado toda incoherencia, consiguiendo lo que nadie, desde el pecado de Adán! Uno le preguntó cómo había quedado la humanidad. Jesús contestó: - En la Tierra dejé un grupo de amigos que me ama mucho. -¿Sirve eso para algo?, quiso saber otro. –¡Es lo fundamental!, contestó Jesús, rotundo. La curiosidad angélica repreguntó  ¿Quedaron con algún trabajo? – ¡Con mucho trabajo!: Me vieron muerto y resucitado. Ahora, además de mi amor, conocen el del Padre. No podrán guardarlo. Desde Pentecostés corren contándoselo al mundo entero...

Lo cierto es que Jesús les había enseñado a discernir proyectos humanos: -Por sus frutos los conocerán, había dicho: El buen árbol da buenos frutos y el malo frutos malos. El árbol que no da buen fruto es cortado y arrojado como leña al fuego... Y respecto a la participación en su proyecto de vida nueva, había explicado: No entrará al Reino de los Cielos, quien me rece - ¡Señor esto, Señor aquello!, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial (ver Mt 7 15-21). Transcurrieron 1500 años. Generaciones de discípulos-misioneros anunciaron la Buena Noticia que confronta estilos de vida e inspira santidades. Entonces se descubrió «el nuevo mundo». Principalmente españoles y portugueses conquistaron, colonizaron y evangelizaron América, de México al sur.. A los quinientos años, en mayo de 2007, en presencia del Papa Benedicto XVI, la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, tuvo su 5ª asamblea. Fue en la ciudad de Aparecida (Brasil). Los obispos hicieron un balance de la vida de fe en el continente y discernieron como voluntad de Dios para ellos y sus diócesis la realización de una gran Misión Continental. Escribieron: «Se abre paso un nuevo período de la historia con desafíos y exigencias, caracterizado por el desconcierto generalizado que se propaga por nuevas turbulencias sociales y políticas, por la difusión de una cultura lejana y hostil a la tradición cristiana, por la emergencia de variadas ofertas religiosas... La Iglesia está llamada a repensar y relanzar su misión en las nuevas circunstancias. No puede replegarse. Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. ... Ello depende de hombre y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad... No resistiría una fe católica reducida a bagaje, a elenco de normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones parciales de las verdades la fe, a una participación ocasional en sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos que no convierten la vida.

Nuestra mayor amenaza «es el gris pragmatismo... en el cual aparentemente todo procede con normalidad pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad». A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida.... Nos encontramos ante el desfío de revitalizar nuestro modo de ser católico... para que la fe cristiana arraige más profundamente en el corazón de las personas y los pueblos... Esto requiere una evangelización mucho más misionera... (ver Ap 1-13).

En el siguiente COMLA (8º Congreso Misionero Latinoamericano) realizado en Quito (Ecuador) en 2008 (ver: www.celam.org/boletin/BoletinCELAM321.p df) fue el lanzamiento oficial de la Misión Continental. Todos recibieron los signos de la misión (La Biblia, un tríptico catequético, una oración, un cancionero misionero, celebraciones litúrgicas con sentido de misión, posters, material divulgativo, un logo, etc.). Y reafirmaron lo planteado en Aparecida: «En el proceso de formación de discípulos misioneros, destacamos 5 aspectos fundamentales que se compenetran y alimentan entre sí: a) el encuentro con Jesucristo... b) la conversión... c) el discipulado... d) la comunidad... e) la misión... (ver Aparecida 278).

El propósito de Aparecida fue claro: la «firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe». (Aparecida, 365).

La misión continental quiere ser permanente, pero el 9ª COMLA que se celebra entre los próximos 26 de noviembre y l de diciembre en Maracaibo (Venezuela) buscará recoger lo realizado y evaluarlo con los criterios del Evangelio. El Papa nos confía que nuestra oración ponga ante Dios el deseo de toda la Iglesia: que cada una y todas las diócesis de América Latina tengan generosidad y valentía para fructificar, enviando misioneros a otras Iglesias. Que así sea.

P. Juan Antonio Medina Ylla, sj
Secretario Nacional del Apostolado de la
Oración en Uruguay

No hay comentarios:

Publicar un comentario