viernes, 3 de enero de 2014

INTENCIONES DEL PAPA: Mes de ENERO de 2014

Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Francisco indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de enero de 2014 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Claudio Barriga, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.


La INTENCIÓN GENERAL 
para ENERO 2014 es:  

“Para que se promueva un desarrollo económico auténtico, respetuoso de la dignidad de todas las personas y todos los pueblos.”

COMENTARIO PASTORAL: A algunos podría parecer extraño que el Papa nos invite, en pleno siglo XXI, a orar para que se promueva el desarrollo económico. Cae de maduro que todos, mujeres y hombres de este mundo, buscan y quieren vivir mejor. No se pueden negar los avances en la tecnología y las estructuras sociales que han permitido que vivamos con mayor salud, mayor seguridad, vivamos más años! Pero eso solo sucede en algunas “islas urbanas” de nuestro mundo globalizado. Lamentablemente se escuchan noticias que vienen de lugares donde no hay suficiente alimento, no hay seguridad, no hay salud, donde algunos mueren por viejas enfermedades o por hambre! Cada año el Papa reitera en su mensaje en el día mundial de la Alimentación las mismas dificultades, las mismas ambiciones, las mismas suplicas para que las Organizaciones mundiales prioricen la dignidad humana de cada ser humano sobre cualquier deseo particular. “Ciertamente, ante la muerte de comunidades enteras a causa del hambre y al abandono forzado de sus tierras de origen, es esencial la ayuda inmediata, pero se necesita también intervenir a medio y largo plazo para que la actividad internacional no se limite a responder solamente a las emergencias” (Benedicto XVI Mensaje a la FAO 2011).

Por ello más que nunca debemos pedir junto al Papa para que todos aquellos que tienen la responsabilidad de la economía y de las decisiones de gobierno promuevan un auténtico desarrollo económico. Sabemos que no es fácil, por ello deberemos poner a cada uno de estos líderes en nuestra oración. La economía no es una ciencia sencilla, es casi un arte. Como el reloj lleno de engranajes entrelazados que para que den la hora exacta deben estar perfectamente sincronizados por el relojero. La economía tiene cada uno de sus fundamentos entrelazados de manera que hacerlos funcionar para que el desarrollo sea real para todos, necesita de un calibrado muy minucioso. Inflación, trabajo, crecimiento, producción, consumo, inversión,… todas ruedas de un mismo reloj que deben estar coordinadas para dar el resultado justo.

Y lo más importante: el relojero, el ser humano que debe calibrarlo, cargado con sus intereses, sus preocupaciones, sus virtudes y pecados. “En efecto, la economía y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene sólo referencias egoístas” (Caritas in Veritate, 36). Por eso, rezamos para que cada ser humano que trabajando por el desarrollo de la economía de los países, tenga en primer lugar en su corazón la dignidad de todas las personas del mundo, para que verdaderamente sus acciones lleguen a todos y no solo a sus vecinos. Se hace casi imprescindible pedir al Señor que toque los corazones de todos, incluso nosotros podemos colaborar con nuestras acciones honestas y solidarias para que el desarrollo económico sea una realidad en cada rincón del universo.

“Si la comunidad internacional quiere actuar realmente «unida» contra el hambre, es preciso superar la pobreza mediante un desarrollo humano auténtico, fundado en la idea de persona como unidad de cuerpo, alma y espíritu. Hoy, en cambio, existe la tendencia a limitar la visión del desarrollo a la satisfacción de las necesidades materiales de la persona, sobre todo a través del acceso a la tecnología; un auténtico desarrollo no está simplemente en función de lo que una persona «tiene», sino que debe abrirse a los valores más elevados de la fraternidad, la solidaridad y el bien común.” (Benedicto XVI Mensaje a la FAO 2010).

P. Francisco Gismondi, sj
Trabaja en Roma en el Economato General de la Compañía de Jesús
 

La INTENCIÓN MISIONERA
para ENERO 2014 es:  

“Para que los cristianos de las distintas confesiones caminen hacia la unidad deseada por Cristo.”

COMENTARIO PASTORAL: ¿Cómo es que los cristianos estamos divididos, si llevamos el nombre de Cristo? El Hijo de Dios, efectivamente, ha venido al mundo para unir al género humano. Para realizarlo nos ofreció hasta su propia vida. Todo esto lo hizo para que pudiésemos recuperar la confianza en él y en los otros, superar las divisiones y vivir en comunión. Por lo tanto, nuestra división no sólo es un escándalo, sino también un impedimento para la evangelización, un obstáculo para dar testimonio del Señor y de su Buena Noticia.

Los primeros conflictos entre los discípulos de Cristo habían comenzado ya en su tiempo. Por eso Jesús le rezaba al Padre para que todos sean uno (cf Jn 17,21). Logró unirlos sobre todo con el sacrificio de su propia vida, con su muerte y resurrección. Esta experiencia de ser amados por Cristo les daba la fuerza para unirse a El y también a los otros discípulos – podían estar unidos a pesar de la gran diversidad de origen, de carácter y de cultura.

Aún cuando la base era el amor de Cristo y la confianza recíproca, las diferencias no fueron razones para la división, sino de enriquecimiento. Se habían creado diversos ritos y también varias Iglesias locales. Con el tiempo, aún ante la presión de diferentes intereses políticos egoístas, algunas de estas Iglesias se habían alejado una de la otra, hasta generar verdaderas divisiones internas. Los cismas nacieron al interior de las Iglesias, divisiones que desafortunadamente continúan aún hoy.

A través de la historia existieron diversas tentativas para superar estas divisiones. La Iglesia católica dio un paso muy importante en este sentido con el Concilio Vaticano II, un camino que aún debe continuar. Se realizaron muchos gestos relevantes y se publicaron muchos documentos comunes.

Si por una parte se dieron pasos importantes hacia un conocimiento y confianza recíprocos mayores, en los últimos años se habla no sólo de un enfriamiento de las relaciones y de un cierto detenimiento en el diálogo, sino de que existen nuevos conflictos provocados por algunas de las partes.

Todo esto demuestra que la unidad de la Iglesia no puede ser hecha sólo por nosotros. La comunión entre cristianos es un don del Espíritu Santo con el cual estamos llamados a colaborar. Cuanto más nos acercamos a Cristo en la oración, más nos acercaremos los unos a los otros y nos reconoceremos como hijos e hijas del mismo Padre, que es el único que nos puede unir.

P. Milan Zust, sj
Profesor de la facultad de misiología en la Pontificia Universidad Gregoriana

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